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Tema: Las calderas de Aztlán o Las tentaciones de la carne en la conquista de la Nva.España

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  1. #1
    Fecha de Ingreso
    31 dic, 11
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    149

    Predeterminado Las calderas de Aztlán o Las tentaciones de la carne en la conquista de la Nva.España

    LAS CALDERAS DE AZTLÁN
    o
    Las tentaciones de la carne en la conquista
    de la Nueva España




    LA PETICION DE LLAVE


    ¿La llamaría o no la llamaría? Estar con ella no era, desde luego, un deseo que lo embargase, pero el no saber lo que andaría haciendo era una tortura peor que soportarla en persona.
    -¡Buenooo!
    -¿Hotel Ramiro?
    -Para servirle.
    -Con la habitación 306, por favor.
    -Le paso.
    -¡Buenooo!
    -¿Coca? Soy El Arbolito.
    -Ya me he dado cuenta. ¿Qué quieres? Salía en este momento y llevo prisa.
    -Voy a cenar con el ganadero, el apoderado y algunos de la prensa. ¿Te apetece venir?
    -Ni hablar. Me voy a Texcoco. Me he enterado de que hay unas peleas de gallos padrísimas.
    Era algo así lo que se había temido.
    -¿Son de ésas en las que se apuesta?
    -¡Quiá! No, claro que no: son de ésas en las que se reza el rosario, se toca el órgano y se imparte la bendición papal, mira tú. ¡Pues claro que se apuesta!
    -Coca, ten cuidado. ¿Con quién vas?
    -Con unos que he conocido y que me están esperando ahora mismo, conque adiós.
    -¡Coca, Coca, espera!
    Ni darle oportunidad siquiera de sugerirle que las personas que estarían en la cena podrían ayudarla a conseguir corridas para la temporada. ¡Nada! ¡A Texcoco! ¡Qué padrísimo ¿verdad?! ¿Y de qué se extrañaba¬? Desde el principio no las había tenido todas consigo y no obstante había dicho que sí. Esta temporada, por fin, él, El Arbolito, toreaba en México. Y no era poca la expectación por ver a un matador que, a pesar de sus cuatro años de novillero y otros tantos de alternativa, seguía virgen, es decir, sin que lo hubiera cogido nunca un toro ni para un revolcón ni para medio rasguño. Claro que siempre hay una primera vez. Pues en esas estaba, a punto de salir de viaje, cuando hubo que ingresar a Narciso de urgencia y operarlo, con lo que se quedó sin peón de confianza en la cuadrilla. Lo sensato entonces hubiera sido buscar hasta debajo de las piedras a otro que también le mereciera confianza y no cometer el dislate de contratar a Mercedes Alvarez Castaño, Coca, que ya en una ocasión, estando él todavía empezando, lo dejó en la estacada. Por la caridad entró la peste y fue tan blando que no supo resistirse a los ruegos de su postrado banderillero:
    -Ya que yo no puedo ir, hombre, por lo menos que vaya mi mujer.
    -Tu ex mujer.
    -Bueno, mi ex mujer. Pero mis hijos no son mis ex hijos y, ya que no lo gano yo, que lo gane su madre. Además te llevas una subalterna competente donde las haya, no me digas que no. Tú saca, saca tus estadísticas, Arbolito, y dime además si hay alguien en los ruedos hoy día que bregue a una mano como lo hace ella. Es torera de pies a cabeza y encima, valga la redundancia, tiene cabeza. Y con respecto al pasado, ya lo has visto: ha cambiado, y no me digas que ahora no tiene un honroso historial de formalidad.
    -Allí les va a resultar incómodo que lleve a una mujer.
    -¡Qué tontería! ¿Y, además, quién tiene que saber eso? Ya está mi nombre en todos los contratos y no necesitas ni siquiera decir nada, yo firmo ante notario todo lo que quieras. Lo más que puede suceder es que crean que soy un poco raro, pero mi hombría está más allá de semejantes pequeñeces.
    -Si ven a Coca, de lo que menos van a dudar es de tu hombría.
    ¿Para qué engañarse? Sí que hubiera podido resistirse a los ruegos de Narciso, pero en el fondo era un blando y, colmo de los colmos, Coca le caía bien. Pero, aun cayéndole bien, se temía que le iba a salir mal y ¿cómo pudo nunca imaginar otra cosa? Ella solita iba a perder en Texcoco tanto como él pudiera ganar en el Viejo y en el Nuevo Mundo en todas las temporadas de su vida. ¿Por qué él, que era tan comedido y tan bueno, tenía que dar con personas tan brutas? Y si, a las dos horas de haber aterrizado, ya decía "¡Buenooo!" al coger el teléfono y hablaba puro mexicano, Dios sabe lo que terminaría haciendo de ahí a las cuarenta y ocho que faltaban para la corrida, en este país de tentaciones bravas. En fin, ya que al parecer no podía evitarlo, era mejor que no pensara en ello, por lo menos de momento, así que se pidió una tilita, bebida de machos, y se preparó para salir.
    En la cena, al menos, se evadió de sus preocupaciones y estuvo lo bastante entretenido como para no acordarse de las amenazas que encerraba el haberse traído a aquella madre de todas las amenazas. Pero, al hallarse de nuevo en la habitación del hotel, la amenaza se le hizo presente y tan grande como lobo feroz.
    -¡Buenooo!
    -¿Hotel Ramiro?
    -Para servirle.
    -Con la habitación 306, por favor.
    ...
    -No contestan. ¿Quiere dejar algún mensaje?
    -No, gracias, no importa.





    Día siguiente

    Triiing, triiing...
    -Diga.
    -¡Arbolito, Arbolito!
    -¿Eres Coca?
    -¡No, la gallinita ciega soy! ¡Pareces dormido!
    -¿Qué hora es?
    -Las siete.
    -¡¿De la tarde?!
    -De la mañana, hombre. Pero ¿qué te pasa?
    -¡Te han dejado sin blanca en Texcoco, como si lo viera! ¿Es por eso por lo que me llamas¬?
    -¿A ti qué te dieron anoche en la cena? Te llamo para ir al Templo Mayor.
    -¿A misa?
    -No. La misa la dirán en la catedral. Lo que digo es el Templo Mayor, el teocali, pero no de misas. Es un museo y están todos los altares donde sacrificaban los antiguos mexicanos a los que hacían prisioneros y les sacaban el corazón en vivo.
    -¿Y de la cama también los sacaban en vivo?
    -¿Se te han pegado las sábanas?
    -¿Cómo que si se me han pegado las sábanas¬? Volví tarde anoche y quiero dormir. ¿A qué hora regresaste de Texcoco?
    -Yo vuelvo ahora.
    -¿Estás loca, Coca? Oye, entiende bien una cosa: si quieres tirarte a la vía del tren, drogarte o no dormir dieciocho noches seguidas, adelante, pero no mientras tengas un contrato conmigo. Como me falles el domingo porque no estés descansada o porque estés borracha o porque te apetezca hacerme esa gracia, te juro que en el Templo Mayor del San Teocali ese, se reanudan los sacrificios humanos justo después de la corrida.
    -¿Por qué estás tan nervioso? Eres un poco anormal ¿eh? Viene una a América, tiene una una sed natural por conocer otros mundos, ampliar horizontes e ilustrarse y le salen dándole una coña de balde sobre moralidad contractual... Pero ¿qué tendrán que ver los testículos para ingerir gramíneas? Anda, pégate una ducha y te paso a recoger en quince minutos, que si no te vas a apoltronar.
    -Pero...
    Nada. Le había colgado otra vez. Y tampoco iba a servir de mucho decidir no bajar porque, de todas formas, ya no iba a poder dormir. No es que no hubiera tenido intención de visitar la catedral, el zócalo, el Museo del Templo Mayor con su teocali y muchas más cosas, porque no era ningún apático, pero no a las siete de la mañana. A esa hora seguro que los celadores del museo todavía no habían echado la sangre fresca por las piedras viejas para que disfrutara Coca. Bueno, pasó a recogerlo en quince minutos como dijo.
    -No seas menso. Claro que no está abierto. Primero vamos a tomar un buen desayuno y ya verás como se te quitan esas pamplinas de dormir y dormir con tanto como hay que hacer en un país tan pujante. ¿De qué quieres los huevos, de hormiga o de gallina?
    -¿No los hay de puro conejo?
    -Podemos averiguarlo, pero la ironía está fuera de lugar. De no haber perdido el tiempo durmiendo desde que llegaste, ya te habrías enterado de que aquí se comen huevos de hormiga. ¡Deja ya de bostezar, caray! Pues te digo que se comen huevos de hormiga, pero no los tienen en todas partes y hay que saber encontrarlos.
    Ya se imaginaba él, ya, a los machos mejicanos de hormiguero en hormiguero tratando de encontrarles los huevos a las hormigas, no sabía si con radar o por palpaciones.
    -¿Te llevo a un sitio donde los tienen?
    -¿Está muy lejos el matadero?
    -¡Pero deja de decir incoherencias y de bostezar! Estamos en el Nuevo Mundo. Trata de que te aproveche un poco. ¡Anda que si no llego yo a venir contigo podrías marcharte de aquí tan virginal como viniste!
    Última edición por maite; 23/02/2012 a las 11:46

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