Shalom.

Al igual que muchos observadores, he estado registrando el movimiento hacia una sociedad global.Para mí, este estudio ha durado tres décadas.Una de mis primeras voces de alerta fue cuando empecé a examinar los planes de estudio de los estudios sociales de las escuelas públicas junto a mi esposa, Janet.Estábamos preocupados acerca de los materiales usados en algunos de los salones de clase de nuestros niños.Pronto descubrimos un movimiento agresivo en marcha para devaluar la noción de soberanía nacional y enseñarles a los niños a verse a sí mismo como "ciudadanos globales".Una fuente para este movimiento educacional (de hecho había muchos en ese entonces) fue un grupo llamado "Más allá de la guerra".Sucedió que estaban celebrando una conferencia en una ciudad grande cerca de nosotros, así que asistimos.

El tema era la resolución de los conflictos, algo que muchos cristianos considerarían una misión digna.El problema, si embargo, no venía del gran tema en general, sino sobre la estrategia de implementación.Pronto estuvo claro que la conferencia culpaba de mucho de "nuestros" conflictos mundiales a dos causas fundamentales;(1) nacionalismo malsano y (2) ortodoxia religiosa, particularmente de la clase del cristianismso conservador.

La cura esa simple: enseñar a la siguiente generación a ser más global en su forma de pensar y menos nacionalista e identificar cualquier forma religiosa rígida o absoluta como una enemiga de la paz.Agún tiempo después un legislador estatal me pidió que testificara en contra de un proyecto de ley que le habría requerido a cada estudiantes a ser enseñado sobre "educación de la paz global".Lo hice felizmente.Pero a pesar de que esa propuesta radical fuera derrotada, el movimiento filosófico detrás de ella persiste.

Por Graig L.Parshall.
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