Los negros que fueron blancos

Juan Carlos de la Calwww.elcorresponsal.com

Extraído de Rebelión


Algunos ciudadanos benineses, negros como el carbón pero con apellidos como Esteve, García, Mora, Bandera o Guerra, son descendientes de los Arma, aquellos moriscos expulsados que conquistaron toda esta zona que circunda la curva que el río Níger hace antes de su desembocadura.





Algunos nombres hispanos en Benín hablan de una historia remota: la expulsión de España, en el siglo XVII, de los moros. Algunos ciudadanos benineses, negros como el carbón pero con apellidos como Esteve, García, Mora, Bandera o Guerra, son descendientes de los Arma, aquellos moriscos expulsados que conquistaron toda esta zona que circunda la curva que el río Níger hace antes de su desembocadura.

Philip es negro como el tizón, como sus hijos, como sus nietos, como sus vecinos y compatriotas benineses. Sin embargo, se apellida Esteve y en su familia siempre circuló la leyenda, transmitida de generación en generación, de que sus antepasados fueron un día blancos, "venidos del norte, de más arriba del desierto, del otro lado del mar...". Su padre se llamaba Salustiano, que no es un nombre africano. Ni siquiera, francés. El cartel con su nombre aparece colgado en la puerta del taller de reparación de motores que tiene en un barrio de Cotonou, la capital de Benín.

Patrice se apellida Mora y también tiene una historia que narrar.Recuerda cómo, de pequeño, le contaban la anécdota que protagonizó uno de sus antepasados cuando vio por primera vez a un hombre blanco: "Sucedió hace mucho, mucho tiempo, en la época en que mi familia vivía más allá de Burkina, en una pequeña aldea junto al gran río (el Níger). Un día apareció un misionero blanco y todos los miembros de la tribu salieron corriendo excepto el brujo, que le ofreció al forastero sal y agua como símbolo de hospitalidad. Después de que el religioso se hubiera marchado, la gente volvió al poblado y le dijo al hechizero: "¿Cómo es que no has huido del demonio blanco?" "Porque nosotros también fuimos blancos...", respondió.

Pero Patrice y Philip no son los únicos negros con apellidos españoles en este pequeño país de la costa occidental africana que se encuentra a 3.800 kilómetros de España. "Durante los años que llevo investigando he encontrado gente que se llama Aguiar, Bandera, García, Gómez, Guerra, Sastre, Seguí... y así hasta una treintena de nombres. También hay algunos pueblos, sobre todo en el norte, con denominaciones hispanas, como por ejemplo Molla, Tampobre, Banda, Tio, Tuya, Mahou... La mayoría son descendientes de los Arma, los moriscos expulsados de España en el siglo XVII que conquistaron toda esta zona que circunda la curva que el río Níger hace antes de su desembocadura", asegura Roberto Llorens, vicecónsul honorario de España en Benín, que ha pasado años estudiando estas pistas.

La historia de estos descendientes de españoles está íntimamente relacionada con la epopeya protagonizada por aquellos moriscos en lo que es hoy territorio de Malí tras su expulsión de la Península.

La historia nos dice que en octubre de 1590, un ejército "hablando el castellano, compuesto de 4.000 granadinos, 500 europeos, 60 cristianos, 1.500 caballeros árabes y 1.000 auxiliares camelleros con 8.000 camellos llevando las provisiones y el material de guerra salieron de Marraquech y atravesaron el desierto..." Aquel ejército, el primero que osó cruzar las dunas del Sáhara con cañones, caballos y arcabuces tenía un sueño: crear una nueva Andalucía a orillas del mítico río Níger, que entonces evocaba las fértiles y añoradas tierras bañadas por el Guadalquivir.A su mando iba un tal Diego de Guevara, "hombre de ojos azules" y miembro de una acomodada familia morisca del pueblo almeriense de Cuevas de Almanzora, que fue expulsado de España junto a un grupo de hombres. En su peregrinaje fue a parar a la entonces floreciente ciudad de Marraquech -de la que luego tomaría su nombre el hoy Reino de Marruecos-, dominada por una nueva dinastía que ambicionaba entrar en el juego de las grandes potencias conquistando el imperio Songhay, sucesor del de Malí, la mayor agrupación política conocida en el occidente africano. Sus emperadores controlaban el oro producido en el Sudán, la sal (artículo de primera necesidad en el desierto) y los esclavos, cuya demanda era constante en el mundo islámico.

Pachá español

El sultán Al Mansour, referente de la dinastía marroquí, acogió de brazos abiertos a Guevara -que había demostrado su habilidad militar en la batalla de Alcazarquivir (1578)- y escogió a sus mejores hombres como guardia personal. Más tarde nombró al español Caïd de la ciudad y, posteriormente, Pachá de su ejército. Así, el almeriense pasó a la historia con el nombre de Pachá Djouder.

El viaje fue duro y el español perdió dos tercios de sus hombres debido al calor, el paludismo y la falta de provisiones. Tras ir conquistando todas las pequeñas aldeas que encontraban a su paso, la expedición se enfrentó por fin al compacto ejército del reino de los Songhay, al que vencieron el 13 de marzo de 1591 en Tombidi, ya en las cercanías del río Níger. A pesar de que eran 10 veces superiores en número, los bravos guerreros africanos huyeron ante el fragor de las armas de fuego de los andalusíes.

Dicen las crónicas que los africanos pusieron 1.000 vacas como parapeto contra las balas "pero cuando escucharon el ruido de la fusilería huyeron alocadas contra las propias fuerzas del Askya (emperador) aplastando a muchos de ellos". Algunos historiadores aseguran que el apodo de Los Arma viene de esta batalla porque cuando los guerreros songhay les atacaban ellos gritaban ¡al-arma!, ¡al arma!

Los soldados del Pachá trataron de seguir su conquista hacia el Sur, pero se encontraron con los terrenos pantanosos de lo que hoy es Burkina Faso y, tras sufrir muchas bajas, decidieron regresar a Tombuctú, donde se instalaron definitivamente. Los jefes se casaron con las princesas de la dinastía shongay y los soldados con plebeyas del mismo pueblo, formando así la casta de Los Arma, que controló todos estos territorios de la curva del Níger hasta 1737, en que fueron vencidos por los tuareg en la batalla de Taya.

Casi un siglo antes, a mediados del 1600, la comunidad recibió a nuevos moriscos españoles de los 300.000 en total que fueron expulsados de los reinos de Valencia, Aragón, Mallorca y Castilla.Entre estos había un grupo de africanos mandingas que habían llegado al levante español -al pueblo de Cocentaina, por ejemplo- entre 1516 y 1521 a bordo de barcos negreros y que también fueron devueltos a su tierra. "Seguramente ellos fueron los que llevaron a algunos de esos blancos hasta sus tierras de origen en Benín", asegura Roberto Llorens, nacido en la citada localidad alicantina.

...sigue