Es un proceso continuo que requiere muchísimo tiempo de evolución. Lo
comienza el espíritu antes de iniciar la fase humana y no lo termina nunca, ya
que siempre hay algo nuevo que aprender respecto al amor. Como el
aprender a hablar, no hay otra forma de desarrollar el amor que no sea través
de la interacción constante con otros seres. En las primeras etapas, cuando el
ser espiritual está escasamente desarrollado, experimenta el amor que otros
seres más avanzados sienten hacia él en forma de emociones. Esto le hace
sentir bienestar. También ha de experimentar lo que es la ausencia de amor,
es decir, el egoísmo de otros seres que, al igual que él, todavía no son
capaces de amar. Esto le hará sentir emociones de malestar, pero también le
permitirá reconocer, aprender a distinguir mejor entre la ausencia y la
presencia de amor y a valorar la presencia de amor, lo cual servirá de
estímulo para poder desarrollar en sí mismo los sentimientos. Es decir, antes de
ser capaz de amar, el ser espiritual se sensibiliza como receptor del amor de
otros seres más avanzados, que le sirven de ejemplo de lo que es ser emisor
de amor. También ha de convivir con otros seres con el egoísmo igual o más
acentuado que ellos mismos, que son un ejemplo de lo que es la ausencia de
amor. Todas estas interacciones le motivarán el desarrollo, primero de las
emociones, y más tarde de los sentimientos.
Una vez el espíritu reconoce el amor que ha recibido de los demás es cuando
está preparado para ser un emisor de amor. Serán los seres que le amaron los
primeros hacia los que se le despertarán los primeros sentimientos de afecto
(usualmente hacia algún miembro de su familia), mientras que el resto de
seres, los que se comportaron con egoísmo hacia él, serán enemigos, y los
que nunca tuvieron relación con él, simplemente serán seres por los que
sentirá indiferencia. En esta etapa, el espíritu es apasionado en los amores,
vengativo y rencoroso en los desamores. Llegará otra etapa más avanzada
en que el ser ya no querrá perjudicar a los que le hicieron daño, porque se da
cuenta que el sufrimiento en sí mismo es algo negativo, incompatible con el
amor, abandonando la venganza como forma de resarcimiento por el daño
recibido. Esta etapa la podríamos denominar amor condicional avanzado.
Llegado cierto momento, cuando el grado de comprensión y de sensibilidad
del ser ha aumentado considerablemente, ya está preparado para dar el
gran salto, el de querer a todos los demás seres de la creación, incluyendo a
aquellos que le odiaron y le despreciaron y le hicieron sufrir lo indecible. Es
decir, ha entrado en la etapa final, en la que se alcanza el amor
incondicional, aquel amor que predicaron los seres avanzados como Jesús
cuando decían “ama a tu enemigo”. Por supuesto, esto no ocurre de la
noche a la mañana. Serán necesarios millones de años de evolución para
recorrer el camino desde la primera a la última etapa.