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Tema: Crece el antisionismo entre los judíos

  1. #41
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    15 dic, 08
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    Predeterminado

    Cita Iniciado por Juan-Freedman-353 Ver Mensaje
    Estimados amigos
    Dentro del judaismo exixten infinidad de opiniones y posiciones diversas.
    Yo me pregunto: ¿Donde están los Palestinos que quieren la paz con Israel?.
    Hamas ha dicho que no reconocerá nunca al Estado de Israel.
    ¿Donde están los disidentes de ese pensamiento?
    Espero respuestas, tengo esperanzas
    Juan-Freedman-353... Hola...

    Aquí tiene algunas respuestas a las preguntas de su mensaje

    Un saludo

    Jorge Aldao

    El reconocimiento implicaría su aceptación de que merecen ser tratados como seres infrahumanos
    Qué significa para los palestinos “el derecho de Israel a existir”

    John V. Whitbeck
    The Christian Science Monitor

    Traducido por S. Seguí

    Desde las elecciones palestinas de 2006, Israel y gran parte de los países occidentales vienen afirmando que el principal obstáculo para cualquier progreso de la paz en Oriente Próximo lo constituye el rechazo de Hamás a “reconocer a Israel” o a “reconocer la existencia de Israel” o a “reconocer el derecho de Israel a existir”.

    Estas tres formulaciones verbales han sido utilizadas por Estados Unidos, Israel y la Unión Europea como un argumento que justifica el castigo colectivo del pueblo palestino. Éstas frases han sido también utilizadas por los medios de comunicación, los políticos, e incluso los diplomáticos –una u otra, de una manera intercambiable— como si quisieran decir la misma cosa. Y no es así.

    “Reconocer a Israel” o a cualquier otro Estado constituye un acto de legal y diplomático formal por parte de un Estado en relación con otro. Es inadecuado —hasta desatinado— hablar de que un partido político o un movimiento declare su reconocimiento diplomático de un Estado. Hablar de que Hamás “reconozca a Israel” es utilizar un tipo de discurso impreciso, confuso y engañoso, a fin de enmascarar las demandas reales que se hacen a los palestinos.

    “Reconocer la existencia de Israel” parece a simple vista un reconocimiento relativamente correcto de una realidad. Sin embargo, esta frase implica serios problemas prácticos. ¿Qué “Israel”? ¿Dentro de qué fronteras? ¿Estamos hablando del 55% de la Palestina histórica que recomendaba para el Estado judío la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1947? ¿O quizás del 78% de la Palestina histórica ocupada por el movimiento sionista en 1948 y que ahora la mayor parte del mundo considera “Israel”?. ¿O del 100% de la Palestina histórica ocupada por Israel desde junio de 1967 y que figura como “Israel” (sin “líneas verdes”) los libros de texto de los escolares israelíes?

    Israel nunca ha definido sus propias fronteras, porque para hacerlo habría de establecer límites a las mismas. Sin embargo, si esto fuese todo lo que se pide de Hamás, sería posible que el partido político gobernante reconociese como un hecho real que el Estado de Israel existe hoy dentro de unas determinadas fronteras. De hecho, la dirección de Hamás lo ha hecho así efectivamente en las últimas semanas.

    “Reconocer el derecho de Israel a existir”, que es lo que ahora se le exige a Hamás y a los palestinos, es un asunto enteramente diferente. Esta formulación no tiene que ver con formalismos diplomáticos, ni siquiera con una simple aceptación de las realidades presentes, sino que impone un juicio moral.

    Hay una diferencia enorme entre “reconocer la existencia de Israel” y “reconocer el derecho de Israel a existir”. Desde una perspectiva palestina, la diferencia es del mismo orden que la diferencia existente entre pedir a un judío que reconozca que el Holocausto sucedió y pedirle que afirme que el Holocausto estuvo moralmente justificado. Para los palestinos, reconocer la existencia de la Nakba –la expulsión de la gran mayoría de los palestinos de su patria, en los años 1947 y 1949— es una cosa. Sin embargo, reconocer que la Nakba estuvo justificada es un asunto enteramente diferente. Para los pueblos judío y palestino, el Holocausto y la Nakba, respectivamente, representan catástrofes e injusticias de una escala inimaginable, que ni pueden ser olvidadas ni perdonadas.

    Pedir que los palestinos reconozcan “el derecho de Israel a existir” es exigir que un pueblo que ha sido tratado como si estuviera formado por seres infrahumanos y despojado de los derechos humanos básicos proclame públicamente que efectivamente es infrahumano. Implicaría la aceptación de los palestinos de que merecen lo que se les ha hecho y se le sigue haciendo cada día. Ni siquiera los gobiernos estadounidenses del siglo XIX exigieron a los indígenas norteamericanos supervivientes que proclamasen públicamente la “justicia” de la limpieza étnica llevada a cabo por los colonialistas europeos, como condición previa hasta a la discusión de qué clase de reservas podían recibir. Tampoco se les impuso a los nativos norteamericanos vivir en condiciones de bloqueo económico y amenaza de muerte por inanición hasta que abandonasen el orgullo que pudiera quedarles y aceptasen la citada “justicia”.

    Hay quien piensa que Yasser Arafat aceptó el argumento con el fin de salir del ostracismo y de la demonización, y ganarse el derecho a que fuesen los americanos, directamente, quienes le leyesen la cartilla. Pero de hecho, en su famoso discurso de 1988, en Estocolmo, aceptó “el derecho de Israel a existir en paz y seguridad”. Este lenguaje, significativamente, se refiere a las condiciones de existencia de un Estado que, de hecho, existe. No tiene nada que ver con la cuestión existencial de la ”justicia” del despojo y la dispersión del pueblo palestino de su patria con el fin de crear un espacio para otro pueblo venido del extranjero.

    La concepción original de la frase “el derecho de Israel a existir” y su uso como pretexto para no entablar conversaciones con los líderes palestinos que siguen defendiendo los derechos de su pueblo se atribuye al ex secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger. Es muy probable que los países que siguen empleando esta frase lo hagan con total conocimiento de lo que implica, moral y psicológicamente, para el pueblo palestino.

    No obstante, muchas personas de buena voluntad y valores morales pueden ser llevadas a engaño por la simplicidad superficial de la frase “el derecho de Israel a existir” y llegar a pensar que constituye una exigencia razonable. Y si el “derecho a existir” es razonable, entonces su rechazo debe de representar algo perverso, y no la necesidad profundamente sentida por los palestinos de afirmarse en su autorespeto y dignidad como seres humanos a todos los efectos. Que esta necesidad es sentida profundamente es algo que demuestran las encuestas: el porcentaje de población palestina que aprueba el rechazo de Hamás a aceptar esta exigencia excede en gran medida el porcentaje de población que votó por armas en enero de 2006.

    Las personas que reconocen la importancia crítica de alcanzar la paz entre israelíes y palestinos, y que desean verdaderamente un futuro decente para ambos pueblos deben reconocer que la exigencia de que Hamás reconozca “el derecho de Israel a existir” no es razonable, es inmoral y es imposible de cumplir. Por consiguiente, deben insistir en que se retire este obstáculo a la paz, se levante el estado de sitio económico de los territorios palestinos y se reanude la búsqueda de una paz basada en algún tipo de justicia con la urgencia que merece.

    Fuente: http://www.csmonitor.com/2007/0202/p09s02-coop.html

    John Whitbeck es jurista internacional y autor del libro “The World According to Whitbeck”. Ha sido asesor de funcionarios palestinos en sus negociaciones con Israel.

    Fuente. Rebelión.org

  2. #42
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    Predeterminado

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    Juan-Freedman-353... Hola...

    Aquí tiene algunas respuestas a las preguntas de su mensaje

    Un saludo

    Jorge Aldao

    El reconocimiento implicaría su aceptación de que merecen ser tratados como seres infrahumanos
    Qué significa para los palestinos “el derecho de Israel a existir”

    John V. Whitbeck
    The Christian Science Monitor

    Traducido por S. Seguí

    Desde las elecciones palestinas de 2006, Israel y gran parte de los países occidentales vienen afirmando que el principal obstáculo para cualquier progreso de la paz en Oriente Próximo lo constituye el rechazo de Hamás a “reconocer a Israel” o a “reconocer la existencia de Israel” o a “reconocer el derecho de Israel a existir”.

    Estas tres formulaciones verbales han sido utilizadas por Estados Unidos, Israel y la Unión Europea como un argumento que justifica el castigo colectivo del pueblo palestino. Éstas frases han sido también utilizadas por los medios de comunicación, los políticos, e incluso los diplomáticos –una u otra, de una manera intercambiable— como si quisieran decir la misma cosa. Y no es así.

    “Reconocer a Israel” o a cualquier otro Estado constituye un acto de legal y diplomático formal por parte de un Estado en relación con otro. Es inadecuado —hasta desatinado— hablar de que un partido político o un movimiento declare su reconocimiento diplomático de un Estado. Hablar de que Hamás “reconozca a Israel” es utilizar un tipo de discurso impreciso, confuso y engañoso, a fin de enmascarar las demandas reales que se hacen a los palestinos.

    “Reconocer la existencia de Israel” parece a simple vista un reconocimiento relativamente correcto de una realidad. Sin embargo, esta frase implica serios problemas prácticos. ¿Qué “Israel”? ¿Dentro de qué fronteras? ¿Estamos hablando del 55% de la Palestina histórica que recomendaba para el Estado judío la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1947? ¿O quizás del 78% de la Palestina histórica ocupada por el movimiento sionista en 1948 y que ahora la mayor parte del mundo considera “Israel”?. ¿O del 100% de la Palestina histórica ocupada por Israel desde junio de 1967 y que figura como “Israel” (sin “líneas verdes”) los libros de texto de los escolares israelíes?

    Israel nunca ha definido sus propias fronteras, porque para hacerlo habría de establecer límites a las mismas. Sin embargo, si esto fuese todo lo que se pide de Hamás, sería posible que el partido político gobernante reconociese como un hecho real que el Estado de Israel existe hoy dentro de unas determinadas fronteras. De hecho, la dirección de Hamás lo ha hecho así efectivamente en las últimas semanas.

    “Reconocer el derecho de Israel a existir”, que es lo que ahora se le exige a Hamás y a los palestinos, es un asunto enteramente diferente. Esta formulación no tiene que ver con formalismos diplomáticos, ni siquiera con una simple aceptación de las realidades presentes, sino que impone un juicio moral.

    Hay una diferencia enorme entre “reconocer la existencia de Israel” y “reconocer el derecho de Israel a existir”. Desde una perspectiva palestina, la diferencia es del mismo orden que la diferencia existente entre pedir a un judío que reconozca que el Holocausto sucedió y pedirle que afirme que el Holocausto estuvo moralmente justificado. Para los palestinos, reconocer la existencia de la Nakba –la expulsión de la gran mayoría de los palestinos de su patria, en los años 1947 y 1949— es una cosa. Sin embargo, reconocer que la Nakba estuvo justificada es un asunto enteramente diferente. Para los pueblos judío y palestino, el Holocausto y la Nakba, respectivamente, representan catástrofes e injusticias de una escala inimaginable, que ni pueden ser olvidadas ni perdonadas.

    Pedir que los palestinos reconozcan “el derecho de Israel a existir” es exigir que un pueblo que ha sido tratado como si estuviera formado por seres infrahumanos y despojado de los derechos humanos básicos proclame públicamente que efectivamente es infrahumano. Implicaría la aceptación de los palestinos de que merecen lo que se les ha hecho y se le sigue haciendo cada día. Ni siquiera los gobiernos estadounidenses del siglo XIX exigieron a los indígenas norteamericanos supervivientes que proclamasen públicamente la “justicia” de la limpieza étnica llevada a cabo por los colonialistas europeos, como condición previa hasta a la discusión de qué clase de reservas podían recibir. Tampoco se les impuso a los nativos norteamericanos vivir en condiciones de bloqueo económico y amenaza de muerte por inanición hasta que abandonasen el orgullo que pudiera quedarles y aceptasen la citada “justicia”.

    Hay quien piensa que Yasser Arafat aceptó el argumento con el fin de salir del ostracismo y de la demonización, y ganarse el derecho a que fuesen los americanos, directamente, quienes le leyesen la cartilla. Pero de hecho, en su famoso discurso de 1988, en Estocolmo, aceptó “el derecho de Israel a existir en paz y seguridad”. Este lenguaje, significativamente, se refiere a las condiciones de existencia de un Estado que, de hecho, existe. No tiene nada que ver con la cuestión existencial de la ”justicia” del despojo y la dispersión del pueblo palestino de su patria con el fin de crear un espacio para otro pueblo venido del extranjero.

    La concepción original de la frase “el derecho de Israel a existir” y su uso como pretexto para no entablar conversaciones con los líderes palestinos que siguen defendiendo los derechos de su pueblo se atribuye al ex secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger. Es muy probable que los países que siguen empleando esta frase lo hagan con total conocimiento de lo que implica, moral y psicológicamente, para el pueblo palestino.

    No obstante, muchas personas de buena voluntad y valores morales pueden ser llevadas a engaño por la simplicidad superficial de la frase “el derecho de Israel a existir” y llegar a pensar que constituye una exigencia razonable. Y si el “derecho a existir” es razonable, entonces su rechazo debe de representar algo perverso, y no la necesidad profundamente sentida por los palestinos de afirmarse en su autorespeto y dignidad como seres humanos a todos los efectos. Que esta necesidad es sentida profundamente es algo que demuestran las encuestas: el porcentaje de población palestina que aprueba el rechazo de Hamás a aceptar esta exigencia excede en gran medida el porcentaje de población que votó por armas en enero de 2006.

    Las personas que reconocen la importancia crítica de alcanzar la paz entre israelíes y palestinos, y que desean verdaderamente un futuro decente para ambos pueblos deben reconocer que la exigencia de que Hamás reconozca “el derecho de Israel a existir” no es razonable, es inmoral y es imposible de cumplir. Por consiguiente, deben insistir en que se retire este obstáculo a la paz, se levante el estado de sitio económico de los territorios palestinos y se reanude la búsqueda de una paz basada en algún tipo de justicia con la urgencia que merece.

    Fuente: http://www.csmonitor.com/2007/0202/p09s02-coop.html

    John Whitbeck es jurista internacional y autor del libro “The World According to Whitbeck”. Ha sido asesor de funcionarios palestinos en sus negociaciones con Israel.

    Fuente. Rebelión.org
    Salam Jordi:

    Muy buenooooo

    `Abdal-lâh
    “El fenómeno del Libro Sagrado (Al-Qu`rân) regla de vida de este mundo y guía más allá de él (...) es la compresión del sentido verdadero del Libro. Pero el modo de comprender está condicionado por el modo de ser del que comprende y, recíprocamente, el comportamiento interior del creyente está en función de su modo de comprender.”. Henry Corbín. Historia de la Filosofía Islámica. Editorial Trotta. 1994 Madrid. pp. 19

  3. #43
    marta-lozano-339 Guest

    Predeterminado

    Menos parla y mas acción, la manera de ayudar a los Palestinos es aunando esfuerzos y enviando peticiones a AVAAZ y AMNESTY INTERNATIONAL, las cartas firmadas por miles de personas son presentadas a los mismos representantes de los gobiernos y debemos tener fe en que serán escuchadas. Las injusticias, vejámenes y atrocidades cometidas sobre estas personas no deben permitirse mas, inscribanse y envíen, envíen, envíen!!!!


    http://www.es.amnesty.org/index.php

    http://www.avaaz.org/es/index.php

  4. #44
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    Predeterminado De cómo una valiente judía plantó cara a los sionazis del AIPAC

    Escrito por: Cordura el 06 Mar 2012 - URL Permanente

    «No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, más bien denunciadlas»
    (Pablo de Tarso, Efesios 5: 11).

    Los grandes medios no destacarán que anteayer, Liza Behrendt, una joven judía estadounidense de 22 años, irrumpió de manera totalmente pacífica en la sesión de apertura de la asamblea del AIPAC, poderoso grupo de presión sionista. Portaba una pancarta que rezaba: “Los asentamientos violan los valores judíos”. Además de defender los derechos palestinos, su intención era denunciar la marginación que sufren por parte del citado grupo los judíos pacifistas de Estados Unidos. Y, como fondo, oponerse a las ansias guerreras del sionismo contra el pueblo iraní (ver también).

    Liza es miembro de Jewish Voice for Peace (Voz Judía por la Paz), cuyas ejemplares tomas de postura ya hemos reflejado en este blog al menos una vez. Su acción se encuadraba en la campaña Occupy AIPAC.

    En el vídeo aquí enlazado puede verse el gesto valiente de Liza y su voluntad, reiterada a gritos una y otra vez, de no dejarse silenciar.


    El AIPAC

    Es conocida la influencia del llamado “lobby judío” en Estados Unidos. Nombre incorrecto, a propósito, pues más bien debería decirse “lobby pro 'israelí'”; o aún mejor, “lobby sionista”. Hablamos, en cualquier caso, de un poderoso entramado de organizaciones que defienden, no siempre limpiamente, los intereses del sionismo internacional. En particular, de su gran referente: el estado de “Israel”.

    En el seno de ese entramado, con la función de asegurar el férreo apoyo del régimen estadounidense a dicho estado, destaca el AIPAC (American Israel Public Affairs Committee), autodefinido como «el lobby pro Israel en Estados Unidos». Congregando en su seno, según afirma su sitio en Internet, a «judíos y no judíos, religiosos y seculares, afroamericanos y latinos». Todos ellos, unidos por su defensa del enclave sionista. Al que, por cierto, la misma web llama “estado judío”.

    Recuerda el nada subversivo diario El Mundo que el AIPAC es «el segundo grupo de presión más importante de EEUU, tras la AARP, es decir, la Asociación Nacional de Jubilados. La diferencia es que la AARP tiene 40 millones de miembros, y en EEUU cada día se retiran 10.000 personas, mientras que AIPAC representa a los intereses de un estado extranjero. AIPAC, además, destaca por defender las posiciones más 'duras' del estado de Israel.» La organización declara tener cien mil miembros.

    Ocurre que estos días el AIPAC celebra su asamblea anual y, como de costumbre, ante ella comparecen prominentes mandatarios de los regímenes estadounidense e “israelí”. Esta vez lo han hecho, por parte del segundo, el primer ministro, Benjamin Netanyahu, y el Nobel de la Paz, presidente Shimon Peres; y por parte del primero merece especial reseña la presencia de los presidentes del Senado, Mitch McConnell, y de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi; la del ministro de Defensa, Leon Panetta; y, por supuesto, la del también Nobel de la Paz, presidente Barack Obama.


    Irán en el punto de mira


    Basta mirar ahora mismo la portada de la web del AIPAC para comprobar qué es lo que preocupa a esta gente en la última jornada de su asamblea anual: “Irán”, “Irán”, “Irán”, “Irán”, “Irán”... Según los medios, en su encuentro con Obama, Netanyahu le dijo impúdicamente que «Israel aún no ha decidido si atacar Irán». El otro le aseguró que, en cualquier caso, «EEUU siempre guardará las espaldas de Israel». Algo que suena claramente a: “Si decides atacar, nosotros lo apoyaremos.” Militarmente, por supuesto.

    Todo ello, a pesar de que hasta las 16 agencias de inteligencia estadounidenses coinciden, una vez más –la anterior ocasión notoria fue en 2007–, en que no existen evidencias de que Irán esté fabricando armas nucleares. Dato no desdeñable, habida cuenta de que el supuesto programa nuclear bélico de Irán viene siendo la excusa empleada desde hace años para acosarlo y legitimar la agresión contra él. Ese mismo desmentido, sorprendentemente, también se les “escapó” a los ministros de Defensa estadounidense, Panetta, e “israelí”, Ehud Barak.

    Pero nada de eso parece mitigar la obsesión por bombardear Irán. De hecho, suena cada vez más la hipótesis de un ataque “israelí” en los momentos decisivos –otoño de este año– previos a las presidenciales estadounidenses. Es tal el grado de ultrasionismo de esa sociedad, y sobre todo de sus políticos –la honrosísima excepción es el antibelicista Ron Paul–, que seguramente Obama se vería obligado a “guardar las espaldas” de sus socios “israelíes”.

    ¿Por qué esa obsesión? ¿Realmente puede temer “Israel” por su seguridad a manos de Irán? Sus gobernantes saben que este país no posee armas nucleares y que no hay señales de que aspire a poseerlas. Tampoco ignoran que el régimen islámico persa nunca ha atacado a otro país. Y que sería suicida por su parte, aun teniendo esas armas, usarlas contra “Israel”, potencia nuclear respaldada a su vez por la superpotencia imperial.

    Las razones sionistas de fondo para atacar a Irán son mucho más oscuras. Tienen que ver con la cuestión palestina y con los planes del gobierno hebreo y otros sectores a ese respecto –incluyendo a buena parte de los “evangélicos” estadounidenses–. Y seguramente son las mismas que las que movieron al imperialsionismo a liquidar al régimen de Sadam en Irak (es significativo que en el mapa que aparece ahora mismo en la portada de la web del AIPAC no se considere ya a ese país como una amenaza –ver signos de admiración–, a pesar de estar gobernado por musulmanes chiítas; en prevención de que lo quiten, reproducimos el mapa a la derecha de estas líneas), así como a la Libia de Gadafi, y las que le mueven a hacer lo mismo con la Siria de Asad. Todos ellos, regímenes nítidamente pro palestinos. Explicar esto, y sus entresijos, requeriría otro artículo, esperamos que próximo, pero parece evidente que por ahí andan las razones del extremado violentismo de los sionazis.

    La cual no impide que la web del AIPAC declare que el grupo se viene dedicando a «promover la paz entre Israel y sus vecinos».


    Empañando la fiesta del AIPAC...


    Con tan siniestro marco de fondo, resulta aún más admirable la intervención de Liza, quien logró empañar en cierta medida la fiesta belicista del peligroso AIPAC (en el vídeo puede apreciarse cómo una sionista intenta evitar que los amigos de la joven graben su acción. «¡Ignoradla!», les dice).

    Denunciaba así las obras tenebrosas de quienes se empeñan en dirigir a su antojo los destinos del mundo. En contra, como les dijo Liza, de los genuinos valores judíos.

    http://lacomunidad.elpais.com/periferia06/posts
    Boicot a los ocupantes de Palestina
    http://foro.webislam.com/showthread.php?t=837

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