«Un eremita se retiró a una montaña, y en sueños, Dios le dijo:
«Vete a fulano el zapatero y pídele que ruegue por ti.»

Fue en su búsqueda y al hallarlo le preguntó:
-Que prácticas de devoción eran las que hacía con frecuencia.

Y le respondió el zapatero:
- Ayunaba durante el día y trabajaba para ganarse la vida, dando de limosna una parte de lo que ganaba y empleando el resto en el sustento de la familia.

El eremita regresó a su montaña diciendo para sí:
«Efectivamente, lo que hace es bueno, pero no es como, el consagrarse por completo al servicio de Dios.»

Por segunda vez, Dios le dice en sueños:
«Vete a fulano el zapatero y dile:
-¿A que es debido la palidez que tienes en el rostro?

Fue a él y se lo preguntó, y el zapatero le dijo:
«No veo persona alguna, sin que me ocurra pensar que ella se salvará y que yo me condenaré.»

Entonces exclamó el eremita:
«¡Por esta humildad sí que logró la perfección!»