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Tema: Meditación sobre los atributos de dios

  1. #1
    Fecha de Ingreso
    27 mar, 11
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    Predeterminado Meditación sobre los atributos de dios

    (Imam Algazali)

    En el Nombre de Dios, El Clemente, El Compasivo


    Un frase favorita de Imam Algazali era:
    -Los atributos no son Dios ni cosa distinta de Dios.

    -No hay absolutamente nada semejante a Él.
    (Qur´an 42:11)

    La analogía o semejanza entre Dios y el hombre, que es lícito explicar aquí, es la que el devoto trata de conseguir aproximándose a Dios mediante la imitación de aquellos atributos divinos que el Señor ha mandado al hombre que procure hacérselos propios.

    Tales son la ciencia, la justicia, la caridad, la benevolencia, la bondad y misericordia para con sus semejantes, aconsejándoles y enderezándolos hacia la verdad y apartándolos del error, y otras cualidades loables, semejantes a éstas.

    Todas y cada una de ellas aproximan al hombre hacia Dios, no en el sentido material y grosero de la palabra, sino por medio de la semejanza de atributos y cualidades.

    La otra analogía, la que no es lícito manifestar en los libros, es la que se funda en lo que al hombre especifica y distingue; es decir, la semejanza con Dios, a que alude aquel texto del Qur´an:
    Si te preguntaren por el espíritu, diles:
    -El espíritu es cosa divina» (Qur´an 17:85)
    , palabras con las cuales se da a entender que el alma humana es cosa de Dios e indefinible para el entendimiento creado.

    Así, en efecto, lo confirma aquel otro texto en que dice el Señor:
    «Cuando hube adecuado —el cuerpo humano—, soplé en él de mi espíritu.» (Qur´an 15:29)

    Por esto, Dios hizo que sus ángeles se postrasen ante el hombre, como lo dan a entender aquellas otras palabras:
    «Hemos hecho nuestro vicario (jalifa) en la tierra» (Qur´an 2:30); ahora bien, no merecería el hombre ser vicario de Dios, si no fuese por esa semejanza que tiene con El.

    A ello aluden también estas palabras del Profeta (saw):
    «Dios creó al hombre a su imagen.»

    Y tan evidente es el sentido que le damos a este texto, que algunos hombres de cortos alcances, no concibiendo que haya más imagen ni forma que la exterior que los sentidos perciben, exageraron el sentido de ese texto deduciendo de él que Dios es corpóreo y de figura humana.

    Esta especie de analogía interna es también a la que hizo alusión el Señor en las siguientes palabras que dirigió a Moisés:
    «Estuve enfermo, y no me visitaste». A lo que Moisés replicó:
    -¡Cómo puede ser esto, ¡Oh Señor!».
    Y Dios le respondió:
    «Estuvo enfermo mi siervo fulano, y no le visitaste; si le hubieras visitado, me habrías encontrado junto a él».


    Esta semejanza con Dios no aparece evidente, no se manifiesta al espíritu,
    sino practicando constantemente las obras de piedad supererogatorias, después de haber cumplido exactamente todas las prescripciones religiosas.

    Así lo afirma el mismo Dios:
    «El hombre que me sirva no cesará de acercarse a mí, por medio de las obras supererogatorias, hasta que yo le ame. Cuando yo le ame, vendré a ser ya su oído con el que él oirá; su vista con la que él verá, y su lengua con la que él hablará.»

    -Pero sobre este asunto fuerza será detener la pluma, porque los hombres se han dividido, a propósito de él, en varias sectas.

    Unos, de limitados alcances, cayeron en el antropomorfismo, dando a Dios cuerpo. Otros, los panteístas, exageraron los límites de esa analogía o semejanza entre el hombre y Dios hasta la identificación, sosteniendo que la divinidad habita en el hombre; tan es así, que algunos han llegado a decir:
    «Yo soy Dios».

    Otros, los cristianos, se han obcecado hasta el punto de afirmar, que Jesús fue Dios, y que la humanidad de Jesús se revistió de la divinidad, en fin, que ambas se identificaron.

    Y así, muy pocos son los hombres que, sin caer en ninguno de los errores que envuelven todas esas opiniones, reconocen, no obstante, la realidad de esa misteriosa y secreta analogía. Esta causa quinta es la que más influye en el amor, y la que más vehemente lo engendra; pero también es la más difícil y rara de alcanzar.

    Acabamos de demostrar que estas cinco causas del amor tienen, respecto de Dios, aplicación, no metafórica, sino real y positiva, y ciertamente que en su más alto grado.
    Y por esto, los hombres inteligentes no conciben ni creen admisible otro amor que el que tiene a Dios por objeto; en cambio, son hombres necios y ciegos los que sólo creen posible el amor de las criaturas.

    Además, sea cualquier criatura el objeto de nuestro amor y por cualquiera de las causas estudiadas, siempre se concibe que amemos a otra que posea esa misma causa.

    Ahora bien, cuando el amor ha de dividirse entre varios objetos, sufre menoscabo y es imperfecto. Mas no hay criatura alguna que sea amable por algún concepto, sin que exista o pueda existir otra que también lo sea por idéntico motivo.

    En cambio, Dios posee atributos de infinita perfección y grandeza, que la criatura no posee ni puede poseer en ese mismo grado infinito.

    Luego así como Dios no tiene quien le iguale en atributos, así tampoco admite compañero en su amor; por tanto, no cabe disminución en el amor a Dios. Luego Dios es tan digno de nuestro amor, que no es digno de participar de él ningún otro ser.



    وصلى الله وسلم على نبينا محمد وآله وسلم

  2. #2
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    Predeterminado

    MEDITACIÓN SOBRE LOS ATRIBUTOS DE DIOS


    Una vez que los devotos aptos para este ejercicio hayan agotado las meditaciones anteriores que atañen a la relación y trato del hombre, en cuanto siervo, con Dios como Señor, deben dejar ya de meditar sobre sus propias almas, para elevarse a la meditación sobre la Majestad y Gloria de Dios y gozarse en su contemplación con los ojos del alma

    Este grado no se puede alcanzar de modo perfecto, sino después de haberse librado de todos los vicios y adquirido todas las virtudes. Si de tal contemplación aparece por acaso alguna muestra antes de llenado ese esencial requisito, será indudablemente una contemplación defectuosa, enfermiza, turbia, transitoria y débil, como el relámpago repentino y fugaz, que poco dura.

    El alma, en tal caso, será como el apasionado amante que logra por fin versé a solas con su amada, pero bajo cuyos vestidos lleva escorpiones y víboras que le atormentan sin cesar, enturbiando y amargando con su dolor el placer de la contemplación.

    No tiene más remedio, si quiere gozar a sus anchas de ese placer, que expulsar de sus vestidos las víboras y los escorpiones, es decir, sus pecados y vicios.

    Dos diferentes grados cabe concebir en la meditación sobre Dios:
    -Uno, el más alto, tiene por objeto y materia su esencia, atributos y nombres.
    -El otro, versa acerca de sus obras.


    La meditación sobre la esencia divina está vedada al hombre, porque la razón se queda como atónita y perpleja al considerarla. Ni siquiera los sinceros amigos de Dios pueden hacer más que tender su mirada hacia ella; pero aun entonces, se sienten incapaces de mantenerla fija en su contemplación.

    Al común de los hombres, cuando ponen los ojos del alma en la esencia gloriosa del Altísimo les pasa lo que al murciélago, cuando pretende mirar al sol:
    -Que no puede jamás conseguirlo, y por eso se oculta de día, y sólo de noche osa revolotear a la pálida luz del crepúsculo, que todavía cae sobre la tierra.

    La mirada de los amigos de Dios puede, en cambio, compararse con la del hombre cuando contempla al Sol:
    -Que puede mirarlo, aunque sir fijeza y continuidad, porque si se empeña en mantener la vista fija, es de temer que la pierda o que, al menos, se le debilite y enferme.

    Asimismo, la contemplación de la esencia de Dios engendra en el alma estupefacción, perplejidad y trastorno del entendimiento.

    Por eso, lo más acertado es abstenerse de meditar sobre temas que se refieran a la esencia y atributos de Dios, que la mayoría de las inteligencias humanas son incapaces de concebir, Es más:
    -Aun la exigua parte que de esta materia explican algunos sabios, que Dios está exento de lugar y dimensiones cuantitativas; que no está dentro ni fuera del mundo; que no está unido ni separado de él, etc.

    -Sirve tan sólo para turbar la razón de muchas personas que rechazan tales fórmulas, porque no son capaces de darles oído y mucho menos de comprenderlas o concebirlas.

    Y todavía hay hombres incapaces de concebir, respecto del ser de Dios, verdades mucho menos difíciles y abstrusas que ésas:
    -Cuando a tales personas se les dice que el ser de Dios es tan sublime y trascendente respecto de todo lo creado, que carece de cabeza, pies, manos, órganos, cuerpo extenso individual y concreto, con cantidad y volumen, rechazan tal afirmación porque estiman cabalmente que ella atenta a la Majestad y Gloria del Altísimo, hasta el punto de que alguno de estos llegó a decir que tal descripción, más que de Dios, era la de un melón de la India, porque el pobre opinaba que precisamente en los miembros corpóreos humanos se cifra y resume toda la grandeza y majestad posibles.

    Y esto es así, porque el hombre no comprende bien ni, por lo tanto, da valor, más que a sí mismo, y todo lo que no se le asemeja o se equipara a sus propios atributos, no concibe que sea importante ni grande.

    El colmo de la humana grandeza consiste, a sus ojos, en suponerse a sí mismo de hermosa figura y bello continente, sentado sobre un trono y rodeado de servidores dispuestos a ejecutar sus mandatos.

    Y ese mismo es el colmo que de la majestad divina concibe también. Es más:
    -Si la mosca tuviese inteligencia y se le dijese que su Creador carece de alas para volar y de patas y manos para andar, también se negaría a creerlo, diciendo:
    « ¿Cómo va a ser mi Creador más imperfecto que yo, incapaz de volar y sin alas? ¿Tendría yo órganos y facultades de obrar que a El le faltasen, siendo El quien me las ha dado?»


    Ahora bien, la inteligencia de la mayor parte de los hombres es muy parecida a la inteligencia de la mosca, pues bajo este respecto, el hombre es tan ignorante como ella.

    Por eso Dios reveló a uno de sus profetas:
    «No informes a mis siervos acerca de mis atributos, porque me negarán. Cuéntales de Mí tan sólo, lo que ellos sean capaces de comprender»



    Y DIOS SABE MAS

  3. #3
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    Predeterminado

    En el Qur´an no figuran de modo explícito los 99 nombres. Por otra parte, las diversas listas tradicionales en las cuales se enumeran los 99 nombres diferentes entre sí, de modo que las distintas versiones no pueden considerarse definitivas en exclusiva.

    Según otros:
    -No hemos podido determinarlos en su conjunto sino por medio de una verificada tradición (sahih), lo cual remitiría al hadiz mencionado a continuación:
    -En el citado hadiz es un comunicado del Profeta Muhammad (saw) de los 99 nombres.

    (Sahih Muslim Dikr 5 y 6, Sahih Bujari Tawhid 16, Surut 17, Da´awat 69, Tirmidi, Da´awat 82, Ibn Maya Du´a 10.)

    -No obstante , no hemos podido llegar a determinarlos en su conjunto de manera perfecta en ningún texto.


    Los Nombres del Verdadero (Al-Haqq) Enaltecido sea- pueden clasificarse en dos categorías:
    1.- Los nombres que nos ha enseñado y aquellos que ha reservado para Sí en Su ciencia de lo oculto y no conoce ninguna de Sus criaturas, según se desprende del fidedigno hadiz:
    -El Profeta Muhammad (saw) recomienda a quienes sufren la siguiente invocación:
    -!Dios mío! (...) Te pido por cada uno de los Nombres con los cuales a Ti mismo Te has llamado, o que has revelado en Tu Libro o has enseñado a alguna de Tus criaturas o Te has reservado para Ti en Tu ciencia de lo oculto, que hagas que El Qur´an se torne la primavera de mi corazón, la Luz de mi pecho, que libere mi tristeza y disipe mi pesar.
    (Ahmad 1/391)

    Y Dios sabe más.

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