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Tema: La Revolución Islámica de Occidente

  1. #71
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    29 jun, 09
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    Cita Iniciado por `Abdal-lâh Ver Mensaje
    Asatru: Un libro como el de Olagüe que es presentado como la Verdad, basándose en "argumentos incuestionables" no es tan inocente por descabellado que sea, ya sabemos casi todos que tipo de ideologias usan esos terminos, ideologias del tipo "Un solo pueblo bajo un solo Dios", "una, grande y libre", etc. No hay mas que ver el tono totalitario y fascistoide de alguno de sus lectores creyentes.

    `Abdal-lâh: <<El libro de Olagüe jamás se ha presentado como “la Verdad”, ni se basa en “argumentos incuestionables”, primero porque es un autor solitario y carece del respaldo de las instituciones académicas del Estado, así que acusarlo de que se presenta como la Verdad no es cierto, la Verdad no existe (pues solo Al-lâh es la Verdad) no puede ser presentado así.

    Además que una concepción de la Historia tenga el estatus de Oficial (por parte de los intereses del Estado) solo lo puede hacer las mismas instituciones del Estado, y para que ese Estado lo presente como “Oficial” se debe alinear con los intereses de ese Estado.

    La ideología oficial El estado español (nacionalista) siempre presento la Invasión Musulmana como una justificación para legitimar su nacionalismo excluyente (¿para cuando una Historia de España vista por los gallegos, andaluces, vascos y catalanes, e incluso musulmana) y ver a su oponente ideológico y cultural el Islam como extranjero y ajeno a España

    Estos nacionalistas son aquellos que ganaron exterminando en genocidio a los “otros” compatriotas hispanos como a los judíos y musulmanes y estos son quienes gracias a la tesis de la “extranjería de las dos religiones” han sido los que han utilizado eso de “Un solo pueblo bajo un solo Dios y Una grande y libre.

    Precisamente lo que hace Olagüe es atacar las bases histórica-ideológicas de los fascistas y totalitarios españoles que se han nutrido del “Mito de la Invasión extrajera árabe musulmana” para justificar sus tesis totalitarias (Un solo pueblo bajo un solo Dios y Una grande y libre), son precisamente estos (los que defienden el mito de la Invasión) quienes inventaron “la pureza de sangre de cristiano viejo”, antes que los nazis inventaran eso de “la pureza de la sangre aria”.

    Acusar de totalitarios los que defendemos la tesis de Olagüe es una soberana tontería y una falta de análisis (vaya que no te enteras de nada) o una mala fe., puesto que lo que se trata es de demostrar que no hubo extranjeros que mediante la violencia trajeron el Islam a la Península Ibérica, sino que fueron los hispanos quienes se convirtieron al Islam por motivos religiosos, intelectuales, ideológicos, económicos y sociales. El genio de la cultura musulmana en el Al-Andalus (casi toda la península, excepto unos montañeses bárbaros y paganos de ritos célticos) no fue obra de extranjeros violentos sino que fue obra de la voluntad de los habitantes de la Península Ibérica. Son los totalitarios españoles quien usan el mito del extranjero invasor dándole un valor que no tuvieron porque digamoslo una vez más: Islam en este país fue obra de los habitantes de la Península Ibérica. .

    Además la tesis del libro de Olagüe también es un antídoto contra los totalitarios musulmanes que también sostiene que el esplendor de la cultura musulmana en la Península Ibérica fue gracias a los “árabes extranjeros”, y que hoy tienen el derecho a volver a invadir España.

    La tesis atribuida a Bin Laden de la propiedad árabe de España se va al garete con la tesis de Olagüe: no hubo ninguna invasión de árabes en España sino que fueron los habitantes de la Península ibérica (lo que hoy se entiende por portugueses, andaluces, catalanes, castellanos etc) quienes se convirtieron libremente al Islam.

    En resumen la tesis de Olagüe es el antídoto contra el totalitarismo del nacionalismo español como del totalitarismo islamista.

    Porque unos y otros utilizan el Mito de la Invasión Árabe en la Península ibérica para legitimizar sus tesis totalitarias, solo hay que escuchar a Aznar y a Bin Laden (bueno a lo que le atribuyen por este elemento murió en 1999 por problemas renales)

    Asi que no tengo nada de totalitario, el único totalitario es usted; además de un mal "calificador", como de un mal "observador" y un pesimo "analista".

    Otra cosa Assatru, entonces debo deducir que usted se desdice de sus tesis de que el parentesco de españoles con los árabes es un mito, porque fue usted quien dijo que el parentesco entre español árabes es un cuento, a ver si se aclara porque si usted da credibilidad a la tesis totalitaria seudohistórica de la Invasión de Árabe entonces su afirmación no se entiende. Pero como usted no aportado ningún dato ni ninguna idea (que no sea la oficial del nacionalismo español) sobre el tema veo que va según va el viento nacionalista o de cara al Sol, usted como muchos oficialistas nacionales atacan a los árabes y al Islam sea como sea y ese perece su lema.

    Usted siga creyendo en fuentes tendenciosas que solo buscan mantner mitos, leyendas y ensalzar acontecimientos belicos, como esas cifras de combatientes que me a puesto en otro post jajajajajajaj.

    Que tenga buen día.

    Para empezar, no rechazo las tesis de Olague de plano, me parecen curiosas, pero las pongo en tela de juicio, o es que me las tengo que tragar como si fuesen palabra sagrada e irrefutable?.
    Sobre la mezcla genetica, el que hubiera invasion militar, no significa que despues hubiera mestizaje ni que la poblacion arabe fuese porcentualmente importante. En Toledo en 200 anhos hubo dos matrimonios mixtos segun figura en los archivos de la ciudad, la supuesta conviviencia armoniosa es un cuento falso para turistas (no entiendo porque razon, porque la historia real es mucho mas interesante). Si no hubo mestizaje apenas y la poblacion arabe era minoritaria ademas de ir siendo expulsada en varias oleadas pues su huella genetica entre los actuales habitantes de la Peninsula Iberica es muy pequenha.

  2. #72
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    La verdad es que la temática era interesante pero la verdad es que dan ganas de no intervenir puesto que como dice Asatru en cuanto difieres de la masa te "lapidan" con lo cual es una lastima que nunca se pueda opinar libremente sino en esta especie de "dictadura" donde el que se sale del pensamiento único es juzgado y condenado. Con lo que si eso pasa aqui imaginemos que pasaria en una tierra con tres religiones las otras dos estarían sometidas a la mas fuerte en cada momento es de sentido comun.

    Sobre la España musulmana existe mil teorías supongo que ninguna de ellas exacta y ademas depende de la época con alguna intención política a favor o encontra, lo que ha convertido a Al-Andalus en una victima de unos y otros en un tierra de leyenda imaginaria y en una tierra de convivencia ficticia porque por sentido común todos querrían el poder.

    De todas formas lo mas parecido a A--Andalus es el Reino de Taifas que es hoy en dia España, si no nos llevamos bien ahora como nos ibamos a llevar bien antes con tres religiones distintas, si ahora ser persigue en Cataluña al castellano hablante que hace pensar que antes no se persiguiera al judío, en fin todo muy bonito en el reino de la mitología en la realidad no hay mas que vernos ahora pero adivinar como fue nuestro pasado cada uno en su taifa y Dios en la de todos.

    Saludos,

  3. #73
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    En cuanto a los 1.000.000 a 5.000.000 de soldados persas la cosa es de risa.

    Es lógico que los griegos enemigos declarados de los persas inflaran el numero de los soldados enemigos, así su triunfo sobre ellos se convertía en una gesta para explicarla a sus nietos.
    En http://www.saberhistoria.com.ar/?m=20091126

    se lee:

    <<El mando de este ejército le fue encargado a Leonidas I, rey de Esparta y estaba conformado por entre 5000 y 7000 soldados de los cuales 300 hoplitas eran espartanos (a los que hay que sumar otros 600 ilotas, pues cada espartano llevaba dos siervos a su servicio), 500 de Tegea, otros 500 de Mantinea, 120 de Orcómeno y 1.000 hoplitas del resto de Arcadia: 400 de Corinto, 200 de Fliunte, 80 de Micenas, 700 tespios y 400 tebanos, además de 1.000 focenses y todos los locros.

    Relieve de Jerjes I

    En frente se encontraban las fuerzas persas dirigidas por el emperador Jerjes I y conformadas por alrededor de 250.000 y un millón de efectivos (según las fuentes griegas). Heródoto incluso llego a elevar el número de los soldados a varios millones. Las fuerzas asiáticas, cuyos pasos hacían temblar la tierra cuando avanzaban, habían acampado en una larga franja a lo largo de la orilla del mar. Habían llegado hasta allí cruzando el mar por el estrecho de Dardenelos, caminando sobre el más sofisticado sistema de barcos y pontones que se podía construir con la ingeniería de aquella época>>



    Heródoto como buen griego inflo descaradamente las cifras de los soldados enemigos. Podemos apreciar como se manipula la historia a conveniencia de quien la escribe.

    Las demás cifras paso de analizarlas, la verdad es que me cansa su estilo y sus planteamientos oficialistas más parecidos a la película de Hollywood; y me refiero a ese bodrio fascista-gaycaliforniano de la película “300” del director Zack Snyder.



    que pase una buena tarde.
    “El fenómeno del Libro Sagrado (Al-Qu`rân) regla de vida de este mundo y guía más allá de él (...) es la compresión del sentido verdadero del Libro. Pero el modo de comprender está condicionado por el modo de ser del que comprende y, recíprocamente, el comportamiento interior del creyente está en función de su modo de comprender.”. Henry Corbín. Historia de la Filosofía Islámica. Editorial Trotta. 1994 Madrid. pp. 19

  4. #74
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    Que bonito los relieves persas, y otras edificaciones de la época, muy bien conservados en los museos del Louvre y Pergamo una maravilla si vais por Paris o Berlin os lo recomiendo.

    Saludos,

  5. #75
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    Cita Iniciado por Asatru Ver Mensaje
    Burdo intento de mezclar a Perez Reverte con grupusculos de extrema derecha para intentar descalificar, es lo que siempre haces con todo el que no esta de acuerdo contigo o dice lo que no te gusta oir, en fin, ya te conocemos, es lo que siempre haces, llevar el debate al nivel de ninhos de 15 anhos. Desde luego esta respuesta tuya le da la razon a Perez Reverte en lo que dice mas alla de los datos historicos, aunque seguramente ni lo veas.

    Pasando al tema, si se puede, la adopcion voluntaria del islam en la Hispania romano visigoda me parece bastante inverosimil porque entre los antepasados de los andaluces, aparte del politeismo, la tendencia a la adoracion del principio femenino es mas que evidente. Solo hay que acudir a la arqueologia. Solo hay que ver el fervor del culto a Salambo, la Cibeles hispalense. Por supuesto todo esto fue sustituido y adaptado por el culto mariano perviviendo este culto a lo femenino, que en Andalucía fue y es mas que fuerte y arraigado. ¿Quieres decirme cómo iba a sustituir el Islam ese culto al principio femenino?.


    . ¿Cómo? Si lo he entendido bien niegas que haya existido el Islam en Andalucía, otras yo alucino.

    El culto mariano se implanta después de la guerra sucia contra los musulmanes, y fue una imposición represiva del catolicismoestatal.

    Quién no creía en la Madre de Dios: para la hoguera, la tortura y el expolio de sus tierras para dárselas a los participantes de la guerra, cuantos más "moros" matados más grande eran las tierras para los condes y demás señores feudales.

    Luego esos señores feudales como arma de represión y castigo impusieron el "derecho de pernada", vaya como hicieron luego los fascistas serbios violando a todas las mujeres musulmanas bosnias, y que estos llamaban y llaman: "turcas", alli eran "turcas" aqui "moras"

    que pase una buena tarde
    “El fenómeno del Libro Sagrado (Al-Qu`rân) regla de vida de este mundo y guía más allá de él (...) es la compresión del sentido verdadero del Libro. Pero el modo de comprender está condicionado por el modo de ser del que comprende y, recíprocamente, el comportamiento interior del creyente está en función de su modo de comprender.”. Henry Corbín. Historia de la Filosofía Islámica. Editorial Trotta. 1994 Madrid. pp. 19

  6. #76
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    Cita Iniciado por Hawah Hussain Ver Mensaje
    La verdad es que la temática era interesante pero la verdad es que dan ganas de no intervenir puesto que como dice Asatru en cuanto difieres de la masa te "lapidan" con lo cual es una lastima que nunca se pueda opinar libremente sino en esta especie de "dictadura" donde el que se sale del pensamiento único es juzgado y condenado. Con lo que si eso pasa aqui imaginemos que pasaria en una tierra con tres religiones las otras dos estarían sometidas a la mas fuerte en cada momento es de sentido comun.

    Sobre la España musulmana existe mil teorías supongo que ninguna de ellas exacta y ademas depende de la época con alguna intención política a favor o encontra, lo que ha convertido a Al-Andalus en una victima de unos y otros en un tierra de leyenda imaginaria y en una tierra de convivencia ficticia porque por sentido común todos querrían el poder.

    De todas formas lo mas parecido a A--Andalus es el Reino de Taifas que es hoy en dia España, si no nos llevamos bien ahora como nos ibamos a llevar bien antes con tres religiones distintas, si ahora ser persigue en Cataluña al castellano hablante que hace pensar que antes no se persiguiera al judío, en fin todo muy bonito en el reino de la mitología en la realidad no hay mas que vernos ahora pero adivinar como fue nuestro pasado cada uno en su taifa y Dios en la de todos.
    Saludos,
    Buenooooo, jajajja. Una muestra del pensamiento único y del nacionalismo excluyente, de eso de "Solo una Patria y un solo Dios".

    jajjaja "reino de taifas" y los catalanes perseguimos al castellano jajajjaja, tú ves demasiado Intereconomía y Popular Mariavisión.

    Alé y ve a ver como torturan y asesinan a los toros a lanzadas.

    Lo que hay que leer.
    “El fenómeno del Libro Sagrado (Al-Qu`rân) regla de vida de este mundo y guía más allá de él (...) es la compresión del sentido verdadero del Libro. Pero el modo de comprender está condicionado por el modo de ser del que comprende y, recíprocamente, el comportamiento interior del creyente está en función de su modo de comprender.”. Henry Corbín. Historia de la Filosofía Islámica. Editorial Trotta. 1994 Madrid. pp. 19

  7. #77
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    Cita Iniciado por Asatru Ver Mensaje
    Para empezar, no rechazo las tesis de Olague de plano, me parecen curiosas, pero las pongo en tela de juicio, o es que me las tengo que tragar como si fuesen palabra sagrada e irrefutable?.
    Sobre la mezcla genetica, el que hubiera invasion militar, no significa que despues hubiera mestizaje ni que la poblacion arabe fuese porcentualmente importante. En Toledo en 200 anhos hubo dos matrimonios mixtos segun figura en los archivos de la ciudad, la supuesta conviviencia armoniosa es un cuento falso para turistas (no entiendo porque razon, porque la historia real es mucho mas interesante). Si no hubo mestizaje apenas y la poblacion arabe era minoritaria ademas de ir siendo expulsada en varias oleadas pues su huella genetica entre los actuales habitantes de la Peninsula Iberica es muy pequenha.
    Pero quién dice que el texto de Olagüe sea "sagrado" para su información solo considero Sagrado el Al-Qur`ân. No juegue al despiste hombre. Déjese de rechazar los argumentos de Olagüe porque usted crea que lo considero sagrado, que ese prejuicio que usted me presupone no sea un obstáculo para que usted pueda apreciar la obra de Olagüe. Deje lo que yo crea o no y analice usted mismo las cosas y deje de prejuicios

    Que pase una buena tarde.
    “El fenómeno del Libro Sagrado (Al-Qu`rân) regla de vida de este mundo y guía más allá de él (...) es la compresión del sentido verdadero del Libro. Pero el modo de comprender está condicionado por el modo de ser del que comprende y, recíprocamente, el comportamiento interior del creyente está en función de su modo de comprender.”. Henry Corbín. Historia de la Filosofía Islámica. Editorial Trotta. 1994 Madrid. pp. 19

  8. #78
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    Fuente: http://www.linksole.com/5jevn5

    Los Árabes no invadieron jamás España


    Ignacio Olagüe

    Prólogo

    Cuando abandona el turista el Patio de los Naranjos y penetra en la Mezquita de Córdoba por el gran arco de herradura que encuadra su entrada principal, se encuentra de repente ante unas vistas insospechadas. Descubren sus ojos un bosque de columnas plantadas de modo simétrico. Sobrecogido por una atracción poderosa que le obliga a ir mas y más adelante, queda sorprendido desde los primeros pasos por el aliento de un soplo extraordinario, como si le rozara la cara el alma de este templo misterioso.

    A pesar suyo, he aquí que se siente arrastrado hacia un mundo desconocido, el cual podrá extraviar al irreflexivo, pero que fascina al espíritu sensible y advertido. Desconcertado, pronto comprende su incapacidad para establecer asociaciones de ideas entre estas impresiones tan fuertemente sentidas y su experiencia visual o el recuerdo de sus lecturas. Más o menos inconscientemente según su agudeza, percibe que no puede anudar relación alguna entre lo que contempla y las obras maestras de las civilizaciones antiguas de las cuales conserva en su memoria una visión indeleble: el Panteón, Santa Sofía, las góticas catedrales...

    Acostumbrado desde la infancia a calcular las dimensiones de un edificio desde su entrada con una mirada sencilla, en una intuición rápida, se da cuenta de su impotencia para medir el alcance de lo que ve. Si se adelanta, huyen las columnas y persiguiéndose se esfuman en el horizonte. En parte alguna descansa la vista para fijar su límite. Ninguna geometría euclidiana puede satisfacer su sentido del tacto. Le rodea el infinito por doquier, pues por todos lados se presenta la misma imagen, como reflejada por espejos múltiples.

    Decidido entonces, se enfrenta el visitante con los fustes que le asedian por cualquier parte. De estilo toscano, en general de mármol blanco y liso, algunos en ónice, a veces con formas salomónicas o entorchadas, su similar altura y la elegancia de su porte dan un parecido ademán a las calles que se abren ante su vista. Aprecia inmediatamente que son diferentes los capiteles, debido sin duda a orígenes distintos. Levanta los ojos y percibe que sostienen arcos de herradura que se persiguen de columna en columna, en gesto gracioso y frívolo, sin ninguna utilidad aparente, cuando en realidad sirven de armazón para sostener el demasiado frágil conjunto.

    Más alto aún, por encima de los contrafuertes sobre los cuales se apoyan los arcos de herradura, se yerguen ligeros pilares. Mantienen una segunda fila de arcos, éstos de medio punto, que soportan en la penumbra las vigas del techo y la carpintería de la techumbre. La ligereza producida por las piedras blancas alternando con ladrillos rojos del mismo espesor para componer en dos colores los arcos de herradura, la curva extremada de sus formas, la visión aérea de los dobles arcados producen una impresión inimaginable.

    Asombrado se adelanta el visitante por el bosque sagrado. Sé detiene en las partes reservadas del santuario. Y, a menos que la indiferencia no traicione su insensibilidad por las maravillas del arte y por los placeres con los cuales enriquecen el espíritu, no sabrá en un principio expresar su admiración. Sólo asomará a sus labios una palabra: ¡Qué extraño! En su sorpresa, al punto surgirá de lo más hondo de su conciencia una idea: ¡ En fin! He aquí este Oriente encantador, inaccesible, mágico». Abstraído lejos de sus menesteres cotidianos, ya se siente impulsado nuestro occidental por la manía de filosofar. Reaccionando ante la magia del espectáculo, en dulce sueño se perderá su pensamiento como su mirada extraviada por entre las columnas...

    ¡Qué placer el poder alcanzar esta mística del Islam! ¿Tan misteriosa no la sentirían los creyentes al abandonar sus babuchas para penetrar en la mezquita, como en lo suyo le ocurre al bautizado cuando entra en una catedral, cabeza descubierta? Mas en verdad, quedando estas preguntas sin respuesta inmediata, insensiblemente se le ocurrirán otros pensamientos y el recuerdo de los árabes se entremezclará insensiblemente en el flujo de sus asociaciones mentales, sueltas ya con toda libertad. Y así, después de haber recordado con escolar dictamen la hazaña de Carlos Martel que al fin y al cabo había detenido la oleada arábiga, no podrá menos que sentir cierta admiración por esta gente que a pesar de todo había emprendido grandes empresas. Recordará los ejércitos sarracenos, conquistadores de medio mundo, cuyos descendientes se habían asentado en estas tierras del Ándalus que tan gran civilización les debía.

    Emocionado y acaso aturdido, quizá no se le pasará por la cabeza que también la Bética había sido el teatro de otra civilización y cuna de emperadores romanos, y que Córdoba, la ciudad de la Mezquita, lo había sido antes de los Sénecas y de los Lucanos.
    Mas, ¡cuán suspenso hubiera quedado nuestro viajero si alguien interrumpiendo su soñarrera le hubiera susurrado al oído que era ya hora de despertar! Pues no habían conquistado los árabes esta ciudad y, con certeza, jamás construido este maravilloso monumento.

    Era la impronta en el cerebro de una enseñanza arcaica. Así, el mito de una soberbia caballería, arábiga en cuanto al jinete y a la cabalgadura, avanzando cual el simún en una nube de polvo, queda todavía fuertemente grabado en los espíritus, aunque hoy día algo descolorido por un más preciso conocimiento de la historia. Hasta nuestros trabajos, siguiendo a los analistas musulmanes y a los cronicones cristianos se había creído sin reparo alguno en la existencia de esta nube de langosta que se había abatido sobre Occidente. Como de acuerdo con este criterio habían traído dichos nómadas los elementos de una civilización que posteriormente se había desarrollado de modo sorprendente en el sur de la península, no suscitaba la Mezquita de Córdoba problema alguno. Ningún misterio traslucía. Lo que llamaba la atención del turista en su visita era el repentino contacto con el Islam, desconocido de los occidentales. Pertenecía al arte oriental la extraña belleza de tan sorprendente monumento y a la religión de Mahoma el encanto místico que desprendía.

    A fines del siglo pasado empezaron arqueólogos españoles a restaurar iglesias que habían sido construidas en tiempos de los visigodos. Una de ellas, dedicada a San Juan Bautista y situada en Baños de Cerrato (Venta de Baños), había sido edificada por Recesvinto en 661, de acuerdo con una inscripción colocada en el transepto, frente a la nave principal. El hecho era indiscutible. La fecha de su construcción muy anterior a la pretendida invasión de 711, y sin embargo poseía esta iglesia soberbios arcos de herradura. Pronto se los encontró por toda la península, algunos tan bellos como los cordobeses y... no eran musulmanes.

    Se han hallado hasta en Francia, orillas del Loire, que de acuerdo con la tradición jamás alcanzaron los árabes. En fin, se averiguaba en nuestros días que habían existido arcos de herradura en fechas anteriores a nuestra era cristiana. De tal suerte que se podía establecer el proceso de su evolución desde aquellos tiempos remotos hasta su magna florescencia bajo los califas cordobeses.

    Uno de los mitos de la historia occidental se venía abajo. El arco de herradura, cuyas curvas inverosímiles habían permitido las más extraordinarias extravagancias, no había sido traído de Oriente por los árabes invasores.

    Más aún. A medida que se incrementaban los estudios emprendidos sobre el arte de la civilización arábiga, se percibía que los principios arquitectónicos empleados en la construcción de la Mezquita de Córdoba escasas relaciones tenían con el Asia lejana. Así como el arco de herradura, aparecía que estas técnicas antaño estimadas por extranjeras pertenecían a la tradición local, ibérica, romana y visigoda. Pero se complicaba el problema tanto más por el hecho siguiente:
    Había sido construido este oratorio por los hombres y para los hombres. El arquitecto que dibujó los planos, no había dado suelta a su imaginación para satisfacer su capricho o su necesidad de creación artística. Sin menospreciar sus cualidades intelectuales, muy al contrario, había que reconocer sin embargo que las había puesto a disposición de una idea superior: la puesta en obra de una función para la cual había sido el templo objeto de un encargo, había sido construido y pagado. En una palabra, había sido edificado para la celebración de un culto religioso. Pero bastaba con pasearse por el bosque de sus columnas para darse cuenta de que este culto no pertenecía ni a la religión musulmana, ni a la cristiana. Pues la disposición interior de este monumento no ha sido concebida para el cumplimiento de las ceremonias prescritas por la liturgia de estas creencias.
    “El fenómeno del Libro Sagrado (Al-Qu`rân) regla de vida de este mundo y guía más allá de él (...) es la compresión del sentido verdadero del Libro. Pero el modo de comprender está condicionado por el modo de ser del que comprende y, recíprocamente, el comportamiento interior del creyente está en función de su modo de comprender.”. Henry Corbín. Historia de la Filosofía Islámica. Editorial Trotta. 1994 Madrid. pp. 19

  9. #79
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    Para decir sus plegarias en común, con sus genuflexiones y sus postraciones repetidas y hechas por todos los fieles con un mismo gesto, sólo necesitaban los musulmanes de un patio, como el que existía en la casa del profeta. Bastaba pues que el lugar, abierto a la intemperie pero cubierto por un tejado, permitiera la colocación de los muslimes en largas filas, formando un frente de tal suerte que pudieran con la vista seguir los gestos del encargado de la oración, el imán, situado ante todos ellos de cara al mihrab, aposento sagrado en donde se guarda el Corán. Por su parte, requiere el ritual católico un amplio espacio cubierto en el cual pueden los cristianos seguir el sacrificio de la misa celebrado por el oficiante. En ambos casos está fundada la liturgia en un mismo principio: el papel desempeñado por la vista en estas ceremonias.

    Así se explica con qué facilidad han adaptado los musulmanes las iglesias cristianas a su culto sin tener la necesidad de emprender grandes modificaciones en su arquitectura. Les bastaban escasas obras para transformar una basílica en una mezquita. Clásico es el ejemplo de Damasco en donde la sala de oraciones de la Gran Mezquita conserva aún la estructura requerida para el servicio anterior, cuando estaba bajo el patronato de San Juan Bautista. No ocurría lo mismo con la Mezquita de Córdoba. Perdidas en el bosque, las muchedumbres de los creyentes y de los fieles tuvieron sin duda alguna mucha incomodidad, los unos para seguir todos con un mismo movimiento los gestos del imán, los otros para comulgar espiritualmente con el celebrante en las distintas partes de la misa, quedando ambos ocultos por el juego de las columnas.

    Por esta razón, por causa de su interna configuración, había sido finalmente adoptado el principio de la basílica por los cristianos. Pues estaba concebida de tal suerte que podía el pueblo desde todos los lugares disfrutar de un espectáculo entonces muy concurrido: ver al basileus cumplir majestuosamente sus funciones. Se impuso esta concepción arquitectónica a partir del siglo IV porque permitía a los fieles observar los movimientos y seguir las oraciones de los sacerdotes. Esto es imposible en un bosque de columnas. Ahora se entiende por qué la Mezquita de Córdoba, a pesar del sacrilegio artístico de Carlos V, jamás llegó a convertirse en una catedral, sino en una feria de pequeños altares. Por todo lo cual se deduce que tanto los musulmanes como los cristianos sólo habían sabido adaptar a las necesidades de su culto un templo que no había sido construido para las ceremonias respectivas de sus religiones.

    Volveremos a ocuparnos de esta cuestión en la tercera parte de esta obra, cuando estudiemos la historia de la Mezquita de Córdoba. Por ahora es menester contestar solamente a una pregunta apremiante. Si el templo primitivo cuya interna configuración lo constituye un bosque de columnas, no ha sido construido ni para el culto musulmán, ni para el cristiano, ¿a qué rito o religión estaba destinado? ¿Cuál era el pensamiento que inspiraba el lápiz del arquitecto cuando dibujaba estas enigmáticas arquerías? ¿Qué aliento, qué llama podían unirle con el constructor? Pues, al fin y al cabo, quien paga impone su criterio. Sólo le toca al artista interpretarlo y realizarlo. ¿Qué fuerza poseía este soplo que les embargaba para que de esta colaboración surgiera una de las obras más geniales construidas por los hombres?

    Nadie ha respondido a esta pregunta porque nadie, que sepamos, la había hecho. Mas no puede escamotearse: Ahí está la obra. Entonces, basta con pensar en las dificultades de concepción, de construcción y de interpretación que plantea tan extraño bosque de columnas, para apreciar que encierra un enigma histórico. Nadie hasta nuestros días se ha esforzado en explicarlo. Por nuestra parte, en las páginas siguientes nos dedicaremos a desenmarañar este misterio. Por ahora podemos solamente adelantar que esta imbricado en uno de los grandes problemas de la historia universal.

    Por el alejamiento de los tiempos, por la ignorancia y la pasión religiosa, el trozo del pasado que ha visto al Islam propagarse por las orillas del Mare Nostrum ha sido sepultado como una ciudad antiquísima, bajo unos escombros imponentes, un alud de mentiras, de leyendas, de falsas tradiciones. De acuerdo con una interpretación primaria de la actividad humana, se había concebido la expansión del Islam, no como el fruto de una civilización, sino como el resultado de unas conquistas militares sucesivas y fulminantes. Idioma, religión, cultura no habían sido impuestos por la fuerza de la idea, sino con alfanjazos que habían diezmado a los guerreros oponentes y por el fuego que había aterrorizado las poblaciones indefensas. Con gran refuerzo de estampas resobadas se había descrito la invasión de Berbería, de la Península Ibérica y del sur de Francia, sin mencionar otras regiones cuyo problema no cuadra con los limites de esta obra.

    Ejércitos árabes en número inverosímil habían desbordado por todas partes como la oleada de un maremoto; lo que era un reto a la geografía y al sentido común. Era hora de apartar los residuos amontonados a lo largo de los siglos y destacar de este proceso las líneas generales de los acontecimientos. Sería entonces posible alcanzar el aliento que había dado tan singular vitalidad a estos tiempos oscuros, pero fecundísimos. El misterio de la Mezquita de Córdoba entonces podría quedar aclarado. Una más íntima comprensión de las resacas que a veces arrebatan a los hombres podría ser entendida. Nueva luz aclararía la evolución de la humanidad.


    Fin del Prólogo
    “El fenómeno del Libro Sagrado (Al-Qu`rân) regla de vida de este mundo y guía más allá de él (...) es la compresión del sentido verdadero del Libro. Pero el modo de comprender está condicionado por el modo de ser del que comprende y, recíprocamente, el comportamiento interior del creyente está en función de su modo de comprender.”. Henry Corbín. Historia de la Filosofía Islámica. Editorial Trotta. 1994 Madrid. pp. 19

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    Los Árabes no invadieron jamás España


    Ignacio Olagüe

    Capítulo1

    LA PRETENDIDA INVASIÓN ÁRABE


    Cronología según la historia clásica de las etapas principales de la expansión árabe. El avance de los invasores hacia el Oeste. Las ofensivas contra Tunicia. La conquista de África del Norte. La invasión de la Península Ibérica.

    Al empezar el siglo VII estaba asolado el Próximo Oriente por una larguísima rivalidad: Se oponían los bizantinos del emperador Heraclio a los persas del rey de los reyes, Kosroes II Parviz, apellidado Coroes, el victorioso. Ya centenaria, la guerra había sembrado el desorden en las regiones sometidas a los asaltos de estas fuerzas encontradas: Egipto, Palestina, Siria, Mesopotamia, las cuales estaban habitadas por pueblos abigarrados por su ascendencia y por su herencia cultural. Estaban incrementadas las pérdidas materiales por un desconcierto enorme, originado por un complejo religioso cuya crisis alcanzaba entonces el paroxismo.

    Para envenenar aún más la situación, una pulsación climática de largo alcance producía graves trastornos económicos, y la agitación de los nómadas que huían de la estepa carcomida por el desierto se incrementaba. En una palabra, una tensión sobrecargada agobiaba estas comarcas. Inevitable era una violentísima conmoción. Así un líquido saturado cristaliza al contacto con una molécula sobrante, recientemente adquirida, lo mismo una causa minúscula produjo efectos asombrosos. Era un sencillo camellero. No se sabe exactamente cómo se llamaba: Cuotain o Zobat. Se puso un apodo que ha llegado a ser celebérrimo, el de Muhammad, que quiere decir: el alabado.

    (Aquí Olagüe confunde los apodos que los bizantinos le dan a Muhammad -s.a.a.s.-por el nombre y el nombre por el apodo. El nombre Muhammad no es un apodo, sino el nombre propio puesto por sus padres, aparte de Muhammad -el adorador- tiene dos nombres más: Ahmad -El más fervoroso adorador-, Mustafà -el elegido-. Los paréntesis son míos)

    Desconcertados quedaron los historiadores ante la magnitud de los acontecimientos, sucediéndose con la rapidez del rayo. Herederos en gran mayoría de una disciplina escolar rígida por demás, adiestrados por sus maestros en el pasado de las naciones europeas cuyas luchas políticas rara vez alcanzaban una importancia universal, eran incapaces de comprender estas oleadas de fondo que habían trastornado el curso de la historia. Como el náufrago agarrado para salvarse a las tablas aún flotando, se esforzaban en apoyarse sobre fragmentos de documentos, librados por milagro de la erosión de los siglos, sin esforzarse en averiguar su verdadero valor como prueba; tanto más ya que eran generalmente inexpertos para situar los hechos descritos en la curva de la evolución humana. Pues no siempre poseían una clave para explicarlos, ni tan siquiera para lograr una comprensión aproximativa. Describieron la explosiva expansión del Islam siguiendo las crónicas árabes, escritas según el genio de cada analista mucho tiempo después de los acontecimientos que relataban y en una época en que esta religión había perdido su plasticidad primera.

    Obcecados, no se percataron de que sus textos se enfrentaban con las más sencillas evidencias del sentido común. Se hinchó la pequeña comunidad del Hedjaz en un Estado poderoso. Fue convertida la predicación de Mahoma en un ariete militar que iba a desbaratar las fronteras más alejadas, la molécula cristalizadora en una catapulta extraordinaria. Así están consignados los hechos en las obras más autorizadas:

    En el principio del siglo VII, cuando los persas logran algunas ventajas sobre los bizantinos y ocupan Damasco y Jerusalén en 614 y Egipto en 620, empieza Mahoma su predicación, a convertir al monoteísmo a las gentes de su tribu, los coraichitas. En 622, abandona la Meca por Medina. Con sus correligionarios prepara los años siguientes la vuelta a la ciudad santa. En 630, la ataca y manu militan se apodera de la misma.

    Muere diez años más tarde. Adiestrados en un cuerpo de ejército cuya potencia ofensiva era extraordinaria, siguiendo sus enseñanzas, emprenden sus fieles una serie de invasiones todas ellas positivas que les convertirán en los amos de medio mundo..

    En 635, dominan Siria por entero; en 637, se apoderan de Ctesifón; en 639, de Jerusalén y de la Palestina. De 639 a 641, son dueños de Mesopotamia en su totalidad y de 640 a 643, se hacen señores del Irán; en 647, es conquistada Trípoli. Dos años más tarde desembarcan en la isla de Chipre. En 664, invaden el Punjab; en 670, se hacen con el África del Norte. De 705 a 715, desciende el califa Welid 1 el valle del Indo hasta su desembocadura. De 711 a 713, asaltan y toman la Península Ibérica. En 720, se rinde Narbona. En 725, se deslizan los sarracenos hasta Autun. En fin, en 25 de octubre de 732, son aplastados en Poitiers por Carlos Martel.

    En un siglo habían constituido los árabes un imperio cuya extensión superaba poco más o menos los 15.000 kilómetros de longitud y su expansión por las mesetas de Asia Central se proseguía sin cesar.

    Comparada con esta gesta, la empresa del Imperio Romano o la propagación del cristianismo parecían proezas de orden secundario. Se halla el historiador ante acontecimientos únicos en la historia. Si piensa en los medios de comunicación de aquel entonces queda atónito. Sobrepasaba esta epopeya las posibilidades humanas y razón tenían los panegiristas del Islam en afirmar que había sido posible este milagro por la ayuda de la Providencia que había auxiliado a los discípulos de Mahoma. De ser así, el hecho no podía discutirse:

    Habían desplazado los muslimes a sus predecesores en los favores del Todopoderoso. Ya no eran los judíos, ni los cristianos los únicos elegidos del Señor. En sus tesis acerca de la historia universal no lograba la elocuencia de Bossuet superar este hecho evidente: Tratándose de recibir las gracias de la Providencia, el milagro musulmán excedía, ¡y en qué medida!, al milagro cristiano.

    No ha suscitado este aspecto maravilloso de tan rápida expansión del islam objeción alguna, ni por parte de los historiadores, ni de los mismos especialistas, que se han limitado a destacar tan asombroso carácter 1.

    Hasta nuestros días nadie ha puesto en duda la autenticidad de estos relatos. En todas nuestras lecturas —las que desgraciadamente no han podido agotar el tema— no hemos encontrado más que dos criterios que se oponen a lo que pudiéramos llamar la historia clásica: los estudios de Spengler que han situado el problema en su verdadero terreno y las dudas del general Brémond acerca de estas invasiones sucesivas y simultáneas. Desde un punto de vista militar hacen autoridad los argumentos de este autor porque son el fruto de un conocimiento práctico del Hedjaz y de- una experiencia guerrera del desierto; ambas enseñanzas quedan respaldadas por una dosis satisfactoria de sentido común 2.

    Para bosquejar una concepción mis racional de esta gigantesca transformación social y cultural —la que nos permitirá alcanzar nuestros objetivos—, tenemos que insistir en el análisis de la expansión del Islam hacia Occidente. Nuestros conocimientos acerca de la geografía y de la historia de estas regiones, nos ayudarán a desmontar el artilugio del mito. Desvanecido, nos será entonces posible reducir los acontecimientos a escala humana. No nos adentraremos en el laberinto del Próximo Oriente. La expansión de la evolución de las ideas religiosas en Asia, el análisis de los hechos económicos, sociales y políticos, nos obligarían a desarrollar encuestas incompatibles con las dimensiones de esta obra. Por ahora, con el concurso de los trabajos más recientes indagaremos los pormenores de esta cabalgata musulmana hacia el Occidente.

    De acuerdo con lo que aseguran las crónicas, hacia 642, después de muchas dilaciones se apoderan los árabes de la ciudadela de Alejandría y acaban por dominar Egipto. País tradicionalmente rico, poseían sus habitantes una cultura propia, por su lengua y por su arte. Cristianos monofisitas, fueron llamados coptos para distinguirlos de los imperiales bizantinos, los cuales, constituyendo una minoría, hablaban griego. Se estima la población de esta nación en una cifra aproximada que oscila entre los 18 y los 20 millones de habitantes 3.

    De ser así, se encontrarían los invasores recién llegados del desierto con una situación bastante incómoda, sumergidos por su corto número en una masa de gentes que pertenecían a un tipo racial y a una civilización distinta de la suya. Agricultores eran los egipcios, y enseña la Historia las profundas divergencias que en todos los tiempos han separado a los nómadas de los sedentarios. En cualquier caso, se nos quiere convencer de que desde una base tan poco segura han conseguido los árabes conquistar Tunicia, cuya capital, Cartago, se halla a unos tres mil kilómetros de Alejandría. Para atravesar esta enorme distancia es menester cruzar el desierto de Libia que ya pertenecía en aquellos años a las regiones más inhóspitas de la tierra. Según la historia clásica, se apoderaron los conquistadores mahometanos del norte de África con suma facilidad, como en un juego de manos. Sin embargo, los últimos trabajos de los especialistas no consideran con tan gran optimismo las etapas sucesivas de esta invasión. Concluyen estos autores que ha sido dominada Tunicia en cinco correrías que se escalonan desde 647 hasta 701; aunque ignoran todavía cómo fue realizada la última acción, la que favoreció el dominio del país.
    “El fenómeno del Libro Sagrado (Al-Qu`rân) regla de vida de este mundo y guía más allá de él (...) es la compresión del sentido verdadero del Libro. Pero el modo de comprender está condicionado por el modo de ser del que comprende y, recíprocamente, el comportamiento interior del creyente está en función de su modo de comprender.”. Henry Corbín. Historia de la Filosofía Islámica. Editorial Trotta. 1994 Madrid. pp. 19

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