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Tema: Para Muntassir

  1. #21
    Loyda Guest

    Predeterminado


    Capítulo 19


    - Mira. ¡Aquí viene David! Sonrisas burlonas, algunas risitas entrecortadas y alguna risa débil.
    - ¡Mira! Nada menos que David.
    Otra vez las vivas sonrisas irónicas, un ademán y la silenciosa diversión.
    - Ese no es David – Le dijo un jovencito a su tutor mientras ambos caminaban por la orilla de la calle. ¿Por qué dicen eso?
    ¡Ese hombre no es David!
    - Es cierto, niño, no es David. Es Absalón el que sale por la puerta.
    - ¿Por qué lo llaman David?- Preguntó el muchacho mientras volvía la cabeza para mirar sobre su hombro al donairoso joven que iba en el carro precedido por cincuenta hombres que corrían delante.
    - Porque nos recuerda a David cuando era joven. Y porque estamos muy contentos de que un joven tan excelente tome algún día el lugar de David. Tal vez también porque Abasalón es mejor parecido que David. Quizá sea el hombre más hermoso de nuestra época.
    - ¿Reinará Absalón dentro de poco? En todo caso, ¿qué edad tiene David? ¿Está apunto de morir?
    - Claro que no, muchacho. Veamos... ¿cuántos años tiene David? Es probable que la misma edad de Saúl cuando terminó su reinado.
    - ¿Cuántos años tiene Absalón?
    - Casi la misma edad de David cuando Saúl trató violentamente de matarlo.
    - David es de la edad de Saúl. Absalón es de la edad de David cuando se convirtió en rey – reflexionó el muchacho.Caminaron en silencio por un rato hasta que el muchacho, obviamente absorto en sus pensamientos, habló otra vez.
    - Saúl fue muy severo con David, ¡no es así?
    - Sí, muy severo.
    - ¿Va a tratar el rey David a Absalón del mismo modo? ¿Será David severo con Absalón?
    El tutor se detuvo para considerar el asunto, pero el muchacho prosiguió.
    - Si David trata con crueldad a Absalón, ¿se portará Absalón con tanta misericordia como David se portó con Saúl?
    - Niño, el futuro nos lo dirá sin duda.
    ¡Oh, haces preguntas formidables! Si cuando crezcas puedes dar respuestas así serás sin duda conocido como el hombre más sabio de la tierra.
    Los dos se volvieron y entraron por las puertas del palacio.

  2. #22
    Loyda Guest

    Predeterminado

    Capítulo 20

    Animaba al corazón el conocer a un hombre que veía las cosas con tanta claridad. Era perspicaz. Sí, es era el adjetivo que mejor lo describía: perspicaz. Podía adentrarse en lo profundo de cualquier problema.
    Los hombres se sentían seguros sólo por el hecho de estar en su compañía. Incluso anhelaban pasar tiempo con él. Al hablar con este hombre, se daban cuenta de que ellos mismos eran más sabios de lo que habían pensado. Tal descubrimiento los hacía sentir bien. A medida que debatían problema tras problema y solución tras solución, los hombres comenzaban a desear con ansia el día en que este hombre fuera su caudillo. Él pudiera rectificar tantas injusticias. Él les confería una sensación de esperanza.
    Pero este hombre perspicaz e imponente nunca apresuraría deliberadamente el día de su propio reinado. De esto estaban seguros. Era demasiado humilde y demasiado respetuoso del actual gobernante. Los que estaban cerca de él comenzaron a sentirse un poco de frustrados por el hecho de que tuviera que seguir esperando por tiempos mejores, cuando al fin reinara este hombre.
    Cuanto más conversaban con él, tanto más comprendían que había cosas fuera de lugar en el reino. Sí, cosas incorrectas en las que nunca antes habían pensado. Y problemas. Sí, salían a la luz problemas en los ni siquiera habían soñado nunca. Sí, en realidad crecían en sabiduría y perspicacia.
    A medida que pasaban los días venían más y más personas a escuchar. La noticia se difundía calmadamente. “En este lugar hay alguien que comprende los problemas y tiene soluciones para ellos.” Venían los frustrados, escuchaban, hacían preguntas, recibían respuestas excelentes y comenzaban a abrigar esperanzas.
    Aprobaban sus juicios. Nacían los sueños. A medida que el tiempo transcurría, tales reuniones aumentaban. Las ideas se convertían en historias; relatos de injusticias que otros pudieran considerar insignificantes. ¡Pero no este oyente! Él era compasivo. Y a medida que hablaban los que lo rodeaban, parecían aumentar en número y gravedad de las injusticias descubiertas. Con cada nueva historia, los hombres se conmovían más ante la injusticia, que ahora parecía estar desenfrenada.
    Pero el joven sabio se sentaba sosegadamente y no añadía ni una palabra a estas murmuraciones. Es que era demasiado magnánimo. Siempre clausuraba las conversaciones vespertinas con una humilde palabra de condescendencia hacia los que tenían la responsabilidad de gobernar.
    No obstante, que este hombre se pudiera sentar tranquilamente para siempre era pedir demasiado. Este interminable desfile de injusticias estaba destinado a agitar aun al más respetable de los hombres. Hasta el más puro de corazón se enojaría. (¡Y este hombre era, sin duda, el más puro de corazón en todo el reino!)
    Un hombre tan compasivo no podía tolerar estos sufrimientos ni permanecer silencioso para siempre. Tan magnánimo personaje algún día tendría que dar su opinión.
    Por último, sus seguidores, que él juró que no tenía, casi palidecieron. Sus críticas en cuanto a las fechorías del reino no sólo crecían sino que abundaban. Todos querían hacer algo acerca de estas interminables injusticias.
    Parecía que al fin el joven príncipe consentiría en la acción. Al principio fue sólo una palabra; más tarde, una oración. Saltó el corazón de aquellos hombres. El júbilo reinó. Al fin la nobleza se levantaba para tomar medidas. ¡Pero no fue así! Él les advirtió que no tomaran sus palabras en sentido equivocado. Sí, lamentaba aquella situación, pero no podía hablar contra los que gobernaban. No, absolutamente no. No importaban cuán grandes y justificados fueran los motivos para quejarse. Él no hablaría contra el rey.
    Sin embargo, se lamentaba más y más. Era obvio que algunas informaciones lo llevaban al paroxismo. Por último, se manifestó su justa cólera, convertido en controlado y severo mensaje de fuerza.
    - ¡Estas cosas no deben suceder!
    Luego se puso de pie, con los ojos llameantes.
    - Si yo fuera el gobernante, esto es lo que haría...
    Y con estas palabras empezó a arder la rebelión. Es decir, empezó a arder en todos, menos en uno. No fue así en el más noble y puro de los hombres presentes.
    La rebelión había estado durante años en su corazón.

  3. #23
    Loyda Guest

    Predeterminado

    Capitulo 21

    -¡Sabio!
    -Sí.
    -Sabio, ¿pudiera concederme unos minutos?
    -Por supuesto. Tengo muchísimo tiempo.
    -¿Acaba de venir de una reunión en casa de Absalón?
    -Sí, así es.
    -¿Le molestaría compartir conmigo algunas de sus impresiones mientras estuvo allí?
    -¿Usted quiere decir una impresión general de Absalón y sus partidarios?
    -Sí, eso sería suficiente.
    -Bueno, he conocido muchos hombres como Absalón. Muchísimos.
    -Entonces ¿cómo es él?
    -Es sincero y ambicioso. Tal vez sea una contradicción; no obstante, esa es l verdad. Es probable que se proponga hacer lo que dice; pero su ambición perdurará mucho más tiempo después que descubra su ineptitud para cumplir lo que promete. Cuando se llega al poder, corregir la injusticia se vuelve secundario.
    -Lo siento, Sabio; pero no entiendo.
    -Hay dos cosas que persisten en mi mente. En una reunión, mientras Absalón hacía preguntas, fue muy categórico en afirmar que debe haber más libertad en el reino. A todo el mundo le gustó eso. Él dijo que "un pueblo tiene que ser guiado únicamente por Dios, y no por los hombres". Dijo también que "los hombres sólo deben hacer lo que ellos piensan que Dios quiere que hagan". Creo que esas fueron sus palabras. En otra reunión habló de las excelentes perspectivas que tiene par el reino de Dios, de las grandiosas hazañas que puede realizar el pueblo. Por otra parte, habló de muchos de los cambios que él haría en cuanto a la manera de gobernar el reino. Aunque él parecía no advertirlo, había enunciado dos proposiciones incompatibles. Muchos cambios y más libertad.

    Sí, en efecto, él me recuerda a muchos otros hombres con quienes he tropezado a lo largo de los años.
    -Sabio, creo que entiendo lo que ha dicho: pero no estoy seguro de cuál es el asunto que usted quiere destacar.
    -Los sueños de Absalón. Sueños de lo que debe ser, de lo que será. Él dice: "Esto es lo que haré". Pero para realizar esos sueños, necesita la cooperación del pueblo. ¡Ah, este es el asunto que los hombres pasan por alto! Tales sueños se apoyan totalmente en la premisa de que el pueblo estará con el nuevo caudillo, y que todos verán las cosas como el líder las ve. Tales hombres no pueden imaginar los problemas en su reino futuro. Es posible que el pueblo lo siga, y es posible que no.
    -El pueblo – continuó el Sabio – seguirá a su líder a lo sumo por algunos días. Nunca está mucho tiempo con ninguno. Por lo general, la gente hace lo que le place. Se le puede disuadir para que no lo haga por algún tiempo. La gente no trabaja demasiado duro, aun cuando esté siguiendo a Dios. ¿Qué hará Absalón cuando el pueblo deje de seguirlo voluntariamente? ¡Ah, aquí está el problema! Es que no hay reino sin discordia. Hasta Dios tuvo sus criterios en el cielo. Todos los reinos siguen una trayectoria irregular. Y la gente, sobre todo el pueblo de Dios, nunca sigue ningún sueño al unísono. No, tomará tiempo el realizar lo que él dijo esta noche. No todos estarán dispuestos a acompañarlo. ¿Estará aún así decidido a convertir en realidad sus sueños? Si es así, entonces Absalón tiene al menos un recurso: la dictadura. O recurre a ella o verá pocos- si es que alguno- de sus grandes sueños realizados. Si se convierte en dictador, puedo asegurar que en un futuro no lejano habrá exactamente el mismo descontento que hay ahora con el rey actual. Sí, si Absalón llega a ser rey, poco después usted verá nuevas reuniones como esta de la que acabo de venir esta noche... sólo con nuevos rostros, nuevos sueños y nuevos planes para una nueva rebelión... ¡esta vez contra Absalón! Entonces, cuando Absalón se entere de semejantes reuniones y de debates acerca de una rebelión, tendrá solo un recurso.
    -Sabio, ¿qué opina que hará él?
    -Los rebeldes que llegan al poder mediante las rebeliones son intolerantes con los demás rebeldes y sus rebeliones. Cuando Absalón se enfrente con la rebelión, se convertirá en un tirano. Su perversidad será diez veces la que ahora le atribuye a tu rey. Él aplastará la rebelión y gobernará con mano de hierro... y mediante el terror. Eliminará toda oposición. Esta es siempre la última etapa de las rebeliones altisonantes. Tal será el rumbo de Absalón si destrona a David.
    -Pero, Sabio, ¿no han sido beneficiosas algunas rebeliones, al derrotar déspotas brutales?
    -¡Oh, sí, algunas! Pero le recuerdo que este reino es particular es diferente de todos los demás. Este reino está formado por el pueblo de Dios. Es un reino espiritual. Puedo decirle enfáticamente que ninguna rebelión en el reino de Dios es atinada, ni puede ser plenamente bendecida.
    -Sabio, ¿por qué dice tal cosa?
    -Por muchas razones. Una es evidente. En el reino espiritual, un hombre que esté en la cabeza de una rebelión ya ha demostrado –no importa cuan grandioso sean sus discursos ni cuan angelicales sean sus métodos- que tiene una naturaleza inclinada a la crítica, un carácter sin principios y motivos ocultos e su corazón. Francamente, es un ladrón. Crea la tensión y el descontento dentro del reino, y luego toma el poder o lo socava con sus seguidores. Une a los partidarios que consigue para establecer su propio dominio. Es un comienzo lamentable, basado en el fundamento de la insurrección. No, Dios nunca aprueba la división en su reino.
    -Me resulta curioso –prosiguió el Sabio- que los hombres que se sienten competentes para dividir el reino de Dios no se sientan capaces de irse a alguna otra parte, a otra tierra, para erigir un reino completamente nuevo. No, ellos tienen que robar el reino de otro líder. No he visto la excepción. Siempre parecen necesitar al menos algunos partidarios previamente moldeados a su gusto. Comenzar solo y con las manos vacías asusta al mejor de los hombres. Eso también indica claramente lo seguro que están de que Dios está con ellos. Cada una de sus palabras, si verdaderamente se analizan, habla de su inseguridad. Hay muchas tierras intactas y sin dueño. Hay mucha gente en otro sitios que esperan para seguir a su verdadero rey, a un verdadero hombre de Dios. Repito (y hay quienes dicen que repito lo mismo con frecuencia). ¿Por qué los "aspirantes a reyes y profetas" no se marchan silenciosos y solos, encuentran a otra gente en otro sitio, y allí erigen el reino que imaginan? Los hombres que dirigen las rebeliones en el mundo son hombres indignos. No hay excepciones. Y ahora debo irme. Tengo que unirme al desfile que pasa.
    -Dígame, Sabio, ¿cómo se llama usted?
    -¿Mi nombre? Soy la Historia.

  4. #24
    Loyda Guest

    Predeterminado

    Capitulo 22

    David estaba en pie en el balcón de la terraza de su palacio. Las luces de las casas en la Ciudad Santa titilaban allá abajo. Un hombre se le acercó por detrás. David suspiró y, sin volverse, dijo:
    Sí, Joab, ¿qué sucede?
    ¿Lo sabes?
    Lo sé – respondió calmadamente.
    ¿Cuánto tiempo hace que lo sabes?
    Preguntó Joab con inquieta sorpresa.
    Meses, años, tal vez una década. Quizá lo he sabido durante treinta años.
    Después de esta respuesta, Joab no estaba seguro si estaban hablando de la misma persona. Después de todo, Absalón no tenía mucho más de treinta años.
    Señor, hablo de Absalón – dijo con cierta indecisión.
    Del mismo que hablo yo – aseguró el rey.
    Si lo has sabido por tanto tiempo, ¿porqué no lo detuviste?
    Me pregunto lo mismo.
    ¿Quieres que lo detenga yo?
    ¡David se volvió violentamente! En un momento, la pregunta de Joab había resuelto su dilema.
    ¡No lo harás! No le dirás una sola palabra, ni lo criticarás. No permitirás que nadie más hable críticamente de él ni de sus acciones. No permitiré que lo detengas.
    Pero entonces, ¿no tomará el reino?
    David suspiró otra vez, suave y lentamente. Vaciló por un momento. No sabía si llorar o sonreír. Luego sonrió débilmente y contestó:
    Si, tal vez lo hará.
    ¿Qué harás? ¿Tienes algún plan?
    No, ninguno. Sinceramente, no sé qué hacer. He librado muchas batallas y he resistido muchos asedios. Por lo general, he sabido que hacer. Pero en esta ocasión, sólo puedo recurrir a la experiencia de mi juventud. Me parece que la línea de conducta que seguí aquella vez es la mejor que puedo seguir ahora.
    ¿Y cuál fue esa línea de conducta?
    No hacer absolutamente nada.

  5. #25
    Loyda Guest

    Predeterminado

    Capítulo 23

    David se quedó solo otra vez. Pausada y sosegadamente recorrió el jardín de su terraza. Por último, se detuvo y habló en voz alta para sí.
    He esperado, Absalón; he aguardado y observado durante varios años. Me he preguntado una y otra vez "¿Qué hay en el corazón de este joven?" Y ahora lo sé. Harás lo inconcebible. Dividirás el mismo reino de Dios. Todo lo demás era palabrería.
    David permaneció un instante silencioso. Luego, casi asustado, habló con la voz apagada.
    Absalón no vacilaba en dividir el Reino de Dios. Ahora lo sé. Él busca seguidores. ¡Al menos no los rechaza! Aunque parece magníficamente virtuoso e ilustremente noble, sin embargo, divide. Sus partidarios aumentan, aun cuando convincentemente afirme que no tiene ninguno.
    Por largo rato David no dijo nada. Finalmente con una sombra de agudeza en sus palabras, comenzó a hablar consigo mismo.
    Muy bien, buen rey David, tienes una cuestión resuelta. Estás en medio de una discordia y pudieras muy bien ser destronado. Ahora a la segunda cuestión.
    Hizo una pausa, levantó la mano y, casi con el fatalismo dibujado en su rostro, preguntó:
    ¿Qué haré? El reino está en peligro inminente. Parece que estoy ante la alternativa de perderlo todo o de convertirme en un Saúl. Puedo detener a Absalón. Sólo necesito ser un Saúl. ¿Me convertiría en un Saúl en mi vejez? Creo que el Señor mismo aguarda mi decisión.
    ¿Ahora seré un Saúl? – Se preguntó a si mismo, esta vez en voz alta.
    Una voz detrás de él le respondió.
    Buen rey, él no ha sido ningún David contigo.
    David se volvió. Era Abisai que se había acercado sin anunciarse.
    Es un lugar concurrido esta terraza.
    Dijo David con ironía.
    ¿Señor? – preguntó Abisai.
    Nada. Basta decir que no me han faltado visitantes hoy, un día en que yo hubiera preferido la soledad. ¿Qué me dijiste? O más bien, ¿qué decía yo?
    Preguntabas: "¿Seré un Saúl para Absalón?" y yo te respondí: "Él no ha sido para ti ningún joven David".
    Nunca desafié a Saúl; nunca intenté dividir el reino mientras él reinaba. ¿Eso es lo que quieres decir?
    Mucho más que eso – respondió con firmeza Abisai -. Saúl fue un malvado contigo y atormentó tu vida. Respondiste sólo con respeto y angustia reservada. Las desgracias de aquella época procedían sólo de una parte. Todas cayeron sobre ti. Sin embargo, pudiste haber derrotado a Saúl. Antes que hacer eso, recogiste lo tuyo y abandonaste el reino. Preferiste huir antes que causar la división. Arriesgaste tu vida en pro de la unidad, y cerraste tu boca y tus ojos ante todas sus injusticias. Tenías más motivos para rebelarte que cualquier hombre en la historia de este o cualquier otro reino que jamás haya existido. Absalón tiene que deformar la realidad violentamente para inventar su lista de injusticias... pocas de ellas significativas, pudiera yo añadir. ¿Absalón se ha comportado con tú? ¿Absalón te respeta? ¿Absalón procura preservar el reino? ¿Absalón se niega a hablar contra ti? ¿Absalón rechaza los seguidores? ¿Absalón se marcha del país para impedir la división? ¿Absalón es respetuoso? ¿Absalón soporta el sufrimiento en callada agonía? ¿Caen sobre Absalón todas las desgracias? ¡No, él, sólo es magnánimo e inocente!
    Las últimas palabras de Abisai salieron con contenida indignación. Luego prosiguió, más solemnemente esta vez.
    Sus motivos para quejarse no tienen importancia comparados a los motivos legítimos que tuviste con respecto a Saúl. Nunca ha sido injusto con Absalón.
    David lo interrumpió con una sonrisa irónica.
    Parece que tengo el don de hacer que los ancianos y los jóvenes me odien sin motivo. En mi juventud, me atacaron los ancianos; ahora que soy anciano, me atacan los jóvenes. ¡Magnífica proeza!.
    Mi opinión – prosiguió Abisai- es que Absalón no es ningún David. Por lo tanto, te pregunto: ¿Por qué no detienes su rebelión? Detén a ese miserable...
    Cuidado, Abisai. Recuerda que él también es hijo de rey. Nunca debemos hablar mal del hijo del rey.
    Buen rey, te recuerdo que incluso una vez rehusaste levantar la espada o la lanza contra Saúl. Repito. Día y noche Absalón habla contra ti. Un día, dentro de poco, levantará contra ti un ejército. Aún más, una nación. ¡Esta nación! El joven Absalón no es el joven David. ¡Te aconsejo que lo detengas!
    Abisai, me pides que me convierta en Saúl - respondió David con pesadumbre.
    No, digo que él no es ningún David. ¡Deténlo!
    Y si lo detengo, ¿Todavía seré un David? Si lo detengo, ¿no seré un Saúl? – preguntó el rey mientras su mirada penetrante se fijaba en Abisai -. Para detenerlo, tengo que ser un Saúl o un Absalón.
    Mi rey y mi amigo, a veces pienso que estás algo loco.
    Sí, motivos tienes para pensar así – dijo David con una sonrisa.
    Apreciado rey, Saúl era un rey malo. Absalón es de cierto modo una juvenil reencarnación de Saúl. Sólo tú eres invariable. Tú eres siempre el pastorcito quebrantado de corazón. Dime sinceramente, ¿qué es lo que te propones hacer?
    Hasta ahora no he estado seguro. A partir de ahora ya lo estoy: En mi juventud no fui un Absalón. En mi vejez no seré ningún Saúl. En mi juventud según tus propias palabras, fui David. En mi vejez tengo el propósito de seguirlo siendo, aun cuando me cueste un trono, un reino y tal vez la cabeza.
    Abisai no dijo nada por un rato. Lugo habló lentamente, cercionándose de que comprendía la importancia de la decisión de David.
    No fuiste un Absalón; no será un Saúl. Señor, si no estás dispuesto a bajarle los humos a Absalón sugiero que nos preparemos a evacuar el reino porque seguro que Absalón gobernará.


    Continua

  6. #26
    Loyda Guest

    Predeterminado

    Sólo tan seguro que como Saúl mató al pastorcito – respondió el anciano y sabio rey.
    ¿Qué cosas? – preguntó Abisai sobresaltado.
    Piensa en eso, Abisai. Una vez Dios libró a un pastorcito indefenso de un rey loco y poderoso. Él puede todavía librar a un rey anciano de un joven rebelde y ambicioso.
    Desestimas a tu adversario – replicó Abisai.
    Tú desestimas a mi Dios – respondió David serenamente.
    ¿Pero por qué, David? ¿Por qué no luchar?
    Te responderé. Y si recuerdas, porque tú estabas allí, ¡una vez respondí de la misma manera a Joab en una cueva hace ya mucho tiempo! Es mejor ser derrotado, incluso asesinado, que aprender los métodos de... de un Saúl, o los un Absalón. El reino no es tan valioso. Déjenlo que lo ocupe si es la voluntad de Dios. Repito: No aprenderé los métodos de los Saúles o los Absalones.
    Y ahora- prosiguió David – como ya soy anciano, añadiré algo que pudiera no haber sabido entonces. Abisai, ningún hombre conoce su propio corazón. Indudablemente, yo no conozco el mío. Sólo Dios lo conoce. ¿Defenderé mi pequeño reino en nombre de Dios? ¿Arrojaré lanzas, conspiraré, dividiré... y mataré el espíritu de los hombres, si no sus cuerpos, para proteger mi imperio? No moví un dedo para ser hecho rey, para preservar el reino. ¡Ni siquiera el Reino de Dios! Dios me puso aquí. No soy responsable de tomar ni de mantener el poder. ¿No comprendes que tal vez sea la voluntad de Dios que sucedan estas cosas? Me imagino que, si Dios lo decidiera, aun en estas circunstancias Él pudiera proteger y defender el reino. Como antes dije ningún hombre conoce su corazón. Yo no conozco el mío. ¿Quién sabe lo que hay en realidad en mi corazón. Pudiera ser que ante los ojos de Dios ya no soy digno de gobernar. Tal vez Él ha terminado conmigo. Quizás sea su voluntad que gobierne Absalón. Sinceramente, no lo sé. Pero si esta es su voluntad, yo la deseo. ¡Que termine Dios conmigo! Cualquier joven rebelde que alza su mano contra uno a quien considera un Saúl, o cualquier rey anciano que alza su mano contra uno a quien considera un Absalón, pudiera, en realidad, estar alzando su mano contra la voluntad de Dios.
    ¡De ninguna manera alzaré mi mano! –concluyó David -. ¿No me vería yo un poco extraño tratando de permanecer en el gobierno cuando Dios desea que mi gobierno caiga?
    ¡Pero tú sabes que Absalón no debe ser rey! – replicó Abisai con desaliento.
    ¿Lo sé? Nadie lo sabe. Sólo Dios lo sabe y Él no ha dicho nada. No lucharé para ser rey ni para permanecer como tal. Que Dios venga esta noche y me quite el trono, el reino y –dijo esto casi balbuceando- ... y su unción. Busco su voluntad, no su poder. Repito. Deseo su voluntad más que una posición de liderazgo. Él puede terminar conmigo.
    Rey David- dijo una voz detrás de los dos hombres.
    ¡Sí? ¡Oh, un mensajero! ¿Qué sucede?
    Absalón quiere verlo un momento. Desea pedir permiso para ir a Hebrón a fin de ofrecer un sacrificio.
    David – dijo Abisai ásperamente -, ¿sabes lo que eso realmente significa, no es así?
    Sí.
    ¿Y sabes lo que hará si le permites ir?
    Sí.
    David se volvió al mensajero y le dijo:
    Dile a Absalón que iré en seguida.
    David dio una última mirada a la quieta ciudad, se dio vuelta y caminó hacia la puerta.
    ¿Le permitirás que vaya a Hebrón?- Preguntó Abisai
    Se lo permitiré - dijo el rey de reyes -. Sí, se lo permitiré.
    Después e volvió al mensajero.
    Ya es tarde para mí. Me iré a acostar cuando termine de hablar con Absalón. Haz que uno de los profetas, o un escriba, venga mañana para consultar con él. Pensándolo mejor, envíame a Sadoc, el sumo sacerdote. Pregúntales si se puede reunir conmigo aquí mañana después del sacrificio vespertino.
    Abisai habló de nuevo, esta vez en voz baja. La admiración brillaba en su rostro.
    Gracias, buen rey.
    ¿Por hacer qué? – preguntó desconcertado el rey mientras se volvía en la entrada.
    No por lo que hayas hecho, sino por lo que no has hecho. Gracias por arrojar lanzas, por no rebelarte contra los reyes, por no poner en peligro a un gobernante que era tan vulnerable, por no dividir un reino, por no atacar a los jóvenes Absalones, que se parecen muchísimo a los jóvenes Davides, pero que no lo son.
    Hizo una pausa y luego prosiguió.
    - Y gracias por sufrir, por estar dispuesto a perderlo todo. Gracias por darle plenos poderes a Dios para terminar tu reino, incluso destruirlo, si es su voluntad. Gracias por sentar un ejemplo para todos nosotros. Y sobre todo – sonrió con júbilo – gracias por no consultar con los adivinos

  7. #27
    Loyda Guest

    Predeterminado

    Capitulo 25

    - Gracias por venir, Sadoc.-Mi rey.- Eres un sacerdote de Dios. ¿Pudieras contarme una vieja historia?
    - ¿ Qué historia, mi rey?- ¿Conoces la historia de Moisés?- La conozco.- Cuéntamela.- Es muy larga. ¿La contaré toda?- No, no toda.- Entonces, ¿qué parte?- Cuéntame de la rebelión de Coré.
    El sumo sacerdote contempló fijamente a David con ardiente mirada. David devolvió la mirada de asombro, también con los ojos llameantes. Ambos hombres se comprendieron mutuamente.
    - Te contaré la historia de la rebelión de Coré y de la conducta de Moisés en medio de aquella rebelión. Muchos hombres se han enterado de la historia de Moisés. El es el supremo ejemplo del ungido de Dios.
    El verdadero gobierno de Dios se apoya no en un hombre, sino en el contrito corazón de un hombre. No hay fórmula ni método para el gobierno de Dios; sólo hay un hombre con un corazón contrito.Moisés era tal hombre. Coré no lo era, aunque fuera primo hermano de Moisés.Coré quería la autoridad que tenía Moisés.Una mañana apacible, se despertó Coré.No hubo discordia entre el pueblo de Dios aquella mañana; pero antes que terminara el día él había encontrado a 252 hombres que estaban de acuerdo con sus acusaciones contra Moisés.
    - ¿Entonces había problemas en la nación cuando gobernaba Moisés? - preguntó David.
    - Siempre hay problemas en los reinos - respondió Sadoc -. Siempre. Además, la habilidad para ver esos problemas es realmente una facultad muy común.
    David sonrió y preguntó.
    - Pero, Sadoc, sabes que han existido reinos y gobernantes injustos, así como simuladores y mentirosos que han dirigido y gobernado. ¿Cómo puede decir un pueblo humilde cuál es un reino con defectos pero conducido por hombres de Dios, y cuál es un reino indigno de la obediencia de los hombres? ¿Cómo puede saberlo un pueblo?
    David se detuvo. Se dio cuenta de que había dado con lo que más deseaba saer.
    Con pesadumbre, habló otra vez.
    - y el rey.. . ¿cómo puede saberlo?¿Puede saber si él es justo? ¿Puede saber si las acusaciones son de gran valor?¿Hay alguna indicación?
    Las últimas palabras de David eran ansiosas.
    - David, buscas una lista que baje del cielo. ¡Aun cuando existiera semejante lista, aun si hubiera una manera de saberlo, los hombres malvados ordenarían sus reinos de modo que se ajustaran a la lista! Y si hubiera una lista y un buen hombre cumpliera a perfección sus requisitos, habría quienes declaren que no había cumplido ni uno de los requisitos enumerados en ella. David, desestimas el corazón humano.
    - Entonces, ¿cómo lo sabrá el pueblo?
    - N o lo sabrá.
    - ¿ Quieres decir que en medio de cien voces que presentan mil demandas, el humilde pueblo de Dios no tiene ninguna seguridad de quién sea de veras el ungido para ostentar la autoridad de Dios, y quién no lo sea?- Nunca estará seguro.- Entonces, ¿quién lo sabe?
    - Sólo Dios lo sabe; pero no lo dice. - ¿No hay entonces esperanza para los que tienen que seguir a hombres indignos?
    - Sus nietos podrán verlo con claridad.Ellos lo sabrán. ¿Pero los que están enredados en el drama? Nunca estarán seguros. No obstante, algo bueno resulta de todo esto.
    - ¿Qué es?
    - Tan cierto como que sale el sol, será examinado el corazón de los hombres. A pesar de las muchas demandas, y contra demandas, serán revelados los móviles ocultos del corazón de los comprometidos. Esto pudiera no parecer importante a juicio de los hombres, pero es fundamental ante Dios y los ángeles. Tiene que conocerse el corazón. Dios se ocupará de que se haga.
    - Desprecio tales pruebas - respondió David cansadamente -. Aborrezco las noches como esta. Sin embargo, parece que El me envía muchísimas cosas a mi vida para probar mi corazón. Otra vez esta noche descubro que mi corazón está siendo probado. Sadoc, hay algo que me preocupa por encima de todo. Tal vez Dios ha terminado conmigo. ¿Hay alguna manera de saberlo?
    - Buen rey, no sé de ningún otro gobernante en toda la historia que siquiera hiciera la pregunta. La mayoría de los· demás hombres se hubieran abalanzado sobre su adversario, o incluso su supuesto adversario, para hacerlo pedazos. Pero para responderte, no sé cómo puedes estar seguro de que Dios haya terminado o no contigo.
    David suspiró y reprimió un sollozo.
    - Entonces continúa con la historia. Coré tenía 252 seguidores, ¿no es así? ¿ Qué sucedió después?
    - Coré se acercó con su tropa a Moisés y Aarón. Le comunicó a Moisés que no tenía ningún derecho a ejercer toda la autoridad que desempeñaba.
    - Bueno, los hebreos somos consecuentes, ¿no es así? - dijo riendo David.
    - No, David, es consecuente el corazón del hombre - replicó Sadoc.
    - Dime, ¿ cuál fue la reacción de Moisés ante Coré?
    - A los cuarenta años Moisés había sido un hombre soberbio y obstinado, nada diferente de Coré. No puedo decir lo que pudiera haber hecho a los cuarenta. A los ochenta años era un hombre quebrantado de corazón. El era . . .
    - El hombre más manso que jamás haya vivido - interrumpió David.
    - El hombre que debe ser quien porta el cetro de la autoridad de Dios. De otro modo el pueblo de Dios vivirá aterrorizado. Sí, un hombre quebrantado de corazón se enfrentó a Coré. y creo que ya sabes lo que hizo Moisés, David. No hizo nada.
    - Nada. jAh, qué clase de hombre!
    - Se postró delante de Dios. Eso fue lo único que hizo.
    - ¿Por qué lo hizo, Sadoc?
    - David, tú tienes que saberlo mejor que cualquier otro. Moisés sabía que sólo Dios lo había puesto para que, se encargara de Israel. No había nada que requiriera hacerse. Aquellos 253 hombres se apoderarían del reino, o Dios reivindicaría a Moisés. Moisés lo sabía.
    - Los hombres encontrarían difícil imitar semejante vida, ¿no es así? Sin duda que un farsante no podría simular tal entrega, ¿no es cierto? Pero dime, ¿ cómo Dios reivindicó a Moisés?
    - Moisés dijo a los hombres que volvieran al día siguiente con incensarios e incienso. . . y Dios decidiría el asunto.
    - ¡Bien! - gritó David -. ¡Bien!- exclamó otra vez todavía más alto -. A veces Dios lo dice - dijo con entusiasmo.¿Qué sucedió después?
    - Coré y dos de sus partidarios fueron tragados por la tierra. Los otros 250 murieron por.. .
    - No importa. Basta decir que se probó que Moisés tenía autoridad. .. ¡ dada por Dios! ¡Dios lo dijo! El pueblo supo quién tenía realmente la autoridad de Dios, y al fin Moisés tuvo reposo.
    - No, David. ¡El no encontró reposo ni el pueblo estuvo satisfecho con la respuesta de Dios! El mismo día siguiente toda la congregación murmuró contra Moisés y todos habrían muerto a no ser por las oraciones de Moisés.
    - ¡Y los hombres luchan para convertirse en reyes! - David movió la cabeza con perplejidad.
    Sadoc hizo una pausa y luego prosiguió.
    - David, observo que estás perturbado por el interrogante de cuál es la verdadera autoridad y cuál no es. Quieres saber qué hacer con una rebelión, si en realidad es una rebelión y no la mano de Dios. Abrigo la esperanza de que encuentres lo único virtuoso que puede hacerse y que lo hagas. De tal modo nos enseñarás a todos.
    Se abrió la puerta. Abisai entró apresuradamente.
    - ¡Buen rey! Tu hijo, tu propia carne y sangre, se ha proclamado rey en Hebrón.A primera vista, parece que todo Israel se ha ido tras él. Se propone ocupar el trono.Marcha hacia Jerusalén. Algunos de tus amigos más íntimos se han ido tras él.
    David se apartó y dijo algo para sí mismo, pero fuera del alcance de los oídos de los demás.
    - ¿Tercer rey de Israel? ¿Se suceden los líderes del Reino de Dios de esta manera?
    Sadoc, no seguro de si debía estar oyendo las palabras de David o no, le dijo:
    - ¿Mi rey?
    David se volvió con los ojos humedecidos por las lágrimas.
    - Al fin - dijo David serenamente -, al fin se resolverá este asunto. Tal vez mañana alguien más lo sabrá además de Dios.
    - Tal vez - dijo Sadoc -, pero tal vez no. Tales cuestiones pudieran debatirse aun después que todos estemos muertos.
    - Con todo, eso pudiera ser mañana - dijo riendo David -. Ve, Abisai, cuéntale a Joab. Lo encontrarás en la torrecilla del muro oriental.
    Abisai salió como había entrado, de prisa y furioso.
    - Me pregunto, Sadoc - dijo David en tono meditativo -, si un hombre puede presionar a Dios hasta el punto que El tenga que decirlo.

  8. #28
    Loyda Guest

    Predeterminado

    Capitulo 26

    Abisai atravesó rápidamente el patio, entró por la puerta abierta junto a la torrecilla del muro oriental, y subió por la escalera de caracol. Adentro, en la parte superior de la escalera, Joab miró desde arriba a Abisai, iluminado por la luz de una antorcha, y comenzó a bajar de prisa. A la luz parpadeante de las antorchas, se encontraron los dos, examinándose ambos atentamente el rostro.
    Habló AbisaL
    - ¿Te has enterado, Joab?
    - ¡Estoy enterado! La mitad de la ciudad se ha despertado con la noticia a medianoche. ¿Cómo puede ser eso, Abisai?¡Un hijo contra su propio padre!
    - Cuando los reinos son vulnerables, los hombres tienen visiones estrafalarias.
    - y sacrificarán cualquier cosa por satisfacer su ambición - añadió Joab con enfado -. ¿ Qué piensas de todo esto, Abisai?
    _ ¿Qué pienso yo? - respondió Abisai, uniendo al enojo de Joab su propia cólera -. ¡Esto! Absalón no tiene autoridad en el reino. No posee función ni facultad alguna; pero se ha levantado para dividir el reino. Ha alzado su mano contra el mismo ungido de Dios. .. ¡ contra David! David, quien nunca ha hecho ni ha hablado una sola palabra contra él.
    _ ¿ Que qué pienso? - aumentó el tono de su voz -. Esto: Si Absalón, que no tiene autoridad, comete esta acción; si Absalón, quien es una nulidad, divide el mismo reino de Dios - ahora su voz tronaba-;amigo, si Absalón hace todas estas perversidades ahora, ¿qué haría ese hombre en nombre de la sensatez si llegara a ser rey?

  9. #29
    Loyda Guest

    Predeterminado

    CAPITULO 27
    Otra vez David y Sadoc estaban solos..
    - ¿Y ahora qué harás, David? En tu juventud no pronunciaste ni una sola palabra en contra de un rey indigno. ¿Qué harás ahora con un joven igualmente indigno?
    - Sadoc, como antes dije - respondió David -, estos son los momentos que más aborrezco. No obstante, frente a toda. razón, juzgo en primer lugar mi propio corazón y decido en contr.a de sus intereses. Haré lo que hice bajo la autoridad de Saúl. Dejaré el destino del reino solamente en las manos de Dios.Pudiera ser que El haya terminado conmigo. Tal vez he pecado grandemente y no soy digno ya de conducir al pueblo.Sólo Dios sabe si es así, y parece que no lo dirá.
    Luego, apretando el puño, pero con un tono irónico en la voz, añadió enfáticamente.
    - Pero hoy daré a las circunstancias amplio margen para que se exprese este inexpresivo Dios nuestro. ¡No conozco otro modo de provocar tan extraordinario suceso a excepción de no hacer nada! El trono no es mío. Ni para poseerlo, ni para ocuparlo, ni para protegerlo ni para conservarlo. Abandonaré la ciudad. El trono es del Señor. No seré un estorbo para Dios. Ningún obstáculo, ninguna acción de parte mía hay entre Dios y su voluntad. No tiene nada que le impida hacer su voluntad. Si no voy a seguir siendo el rey, nuestro Dios no encontrará dificultades en hacer que Absalón sea rey de Israel. Ahora es posible. ¡Hágase la voluntad de Dios!
    El verdadero rey se volvió y silenciosamente abandonó la sala del trono, el palacio, la ciudad. Caminó y caminó . . . hasta internarse en la intimidad propia de los hombres de corazón puro.

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