Niños a 6.000 euros y niñas a 500



ARITZ PARRA desde Shanghai

29 de octubre de 2009.- "Comience a pensar como si jamás hubiese tenido un hijo". Wang Jie, de 48 años, recuerda las palabras que le soltó aquel policía porque le congelaron el alma. "Por poco me quedó paralizado", relata. "En Año Nuevo chino, cuando eche de menos a mi hijo, ¿me podrá usted prestar al suyo durante unos días?", respondió Wang al oficial.

A estas alturas, el pequeño Wang Lei debe tener 15 años. Hace ya diez que desapareció, una tarde de agosto, en 1999. Y no en una provincia remota de China, sino en el céntrico barrio Hongkou de Shanghai. Un empleado del padre en el negocio de electrodomésticos se lo llevó de la mano, como quien no quiere la cosa. El chaval lo conocía, así que marchó sin problemas. El secuestrador dijo que se lo llevaba al servicio y hasta ahora.

"Simplemente, desapareció", recuerda desconsolado Wang.

A pesar de los logros de China en muchos otros campos, todavía hoy, miles de niñas y, sobre todo, niños como Lei, desaparecen cada año a manos de mafias o intermediarios. Aunque no hay un registro oficial de cifras, los desaparecidos se calculan entre 30.000 y 60.000 al año, según publica hoy el China Daily.

La mayoría de los menores son vendidos a familias que no tienen hijos. Los chicos pueden llegar a costar más de 60.000 yuanes (unos 6.000 euros), pero según la prensa local, el precio de ellas se ha llegado a rebajar hasta los 5.000 (unos 500 euros). Porque en China prevalece la mentalidad pragmática de una sociedad mayoritariamente rural que sigue valorando más a ellos que a ellas.

También acaban siendo víctimas de redes de prostitución o explotados en minas, fábricas de ladrillos o cualquier otro tipo de actividades. Existen sospechas, incluso, de que algunos terminan siendo adoptados en el extranjero.

En el caso de los Wang, el secuestrador fue detenido poco después en Guangxi, una provincia al sur del país. Lo metieron en la cárcel, pero no le consiguieron arrancar ni una palabra de dónde, cuándo o a quién había vendido al pequeño Lei.





"En Shanghai dicen que Guangxi queda lejos, fuera de su jurisdicción, y en Guangxi dicen que no se pueden hacer cago de un caso que se originó en Shanghai", cuenta su padre. La policía acabó por escurrir el bulto y aconsejar lo propio al matrimonio.

Ellos, sin embargo, hicieron de la búsqueda su razón de vivir. La madre, Tang Weihua, de 40 años, se sumió en una depresión y acabó perdiendo todo el cabello. Luego, se distrajo, por decirlo de alguna forma, fundando una organización de padres y madres en su misma situación. La llamaron 'Baobei Huijia', 'Bebés a casa', que suena a grito desesperado.

Wang y Tang han hecho más de 50 viajes al sur del país en la última década. Él ha rastreado Guangxi, se ha arruinado pagando por informaciones ridículas y, a menudo, falsas y reconoce que hasta contrató a algunas bandas de traficantes de menores para que localizasen al pequeño Lei.

La esperanza
El martes, una llamada volvió a dar algo de fuelle a la búsqueda de Wang y Tang. El Ministerio de Seguridad Pública pedía a la madre que echase un vistazo a su web. Acababan de publicar las fotografías y datos de docenas de menores rescatados de sus secuestros.

Muchos niños no sabían sus nombres originales y la policía necesitaba identificarlos. "Había uno de 15 años que podría haber sido mi hijo, pero cuando llame a la policía, dijeron que ya habían encontrado a sus padres", cuenta un día después Tang. "Mirando esas caras, una por una, pensé que tendría suerte. Me llené de esperanza".





Se trata de la primera vez que el Ministerio de Seguridad Pública recurre a internet para tratar de reunir a las familias. Lo hace porque la información de ADN cruzada con la base de datos nacional no ha dado resultados.

La operación constituye además el penúltimo paso de una enconada campaña para poner fin al tráfico de mujeres y menores que, durante el último medio año, ha logrado localizar a 2.008 menores. Esto ha dado un vuelco a la situación, según las familias, que hasta hace poco criticaban el inmovilismo de las autoridades.


"Esta vez están haciendo un gran trabajo", dice Tang. "Muchos niños han sido rescatados y muchas familias se han reunido. Aunque no es mi caso, me alegro muchísimo".