Tema: Qué sabes tú de la inquisición.

  1. #131
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    Gato sentado, debido a la extensión de vuestros mensajes y a la confusión que ha producido la duplicación de algunos, quedarán en suspenso hasta que la moderación disponga el tiempo suficiento para su lectura y aprobación

  2. #132
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    Estamos en un punto muerto debido a ciertas intransigencias e imposiciones.
    Tengo amigos católicos, es mas, convivo con muchos de ellos, este problema se ha planteado en mas de una ocasión y es dificil solventarlo; se necesita una cierta disposición para el diálogo, pero es imposible si una parte "afirma" ser poseedor de una sola Verdad con lo que aun sin pretenderlo, margina al otro. Se puede dialogar bajo una premisa de "según mis creencias" pero sin imponerlas como premisa. Hay frases que hacen daño por subestimar al otro, como poner en duda la Salvación o asegurar un Solo Camino.
    Nada tengo que ver de odios ni nada parecido a los católicos, siempre los he respetado, salvo en la manipulación de sus criterios contra los demas. Nunca he pretendido sincretización alguna ni de la Fe ni de las religiones, soy ante todo un musulmán de la Tradición, y no impongo mis creencias a nadie con Verdades (que las tenemos) precisamente para poder llegar a los puntos que puedan ser comunes y que hagan florecer un acercamiento interreligioso en lo mas primordial. Me siento orgulloso cuando veo a personas humildes en ello y sacan esos puntos, pero lógicamente me pondré siempre en guardia contra los defensores de su creencia como la unica viable, menospreciando a los demas, eso se llama fanatismo en todas las creencias y falta de espíritu de buena voluntad.
    Y, por supuesto no me gustan las insinuaciones y ofensas indirectas o directas sobre mi creencia para recalcar una y otra vez ciertas pretensiones evangelizadoras. Por mi parte no necesito que nadie ruegue por que vaya al redil católico considerándolo Unico, ya me encuentro estupendamente en un redil Recto y ni siquiera pretendo convencer a nadie de esa otra Unica Verdad; bajo de mis creencias particulares para acercarme al otro, pero no es así en este diálogo que mantenemos "impositivo" y carente de humildad.
    Espero y deseo que alguna ocasión seamos capaces de dialogar mas con el corazón que con la moral, pero las imposiciones obligan a ello, desapareciendo estas (que no es renegar, sincretizar o cambiar) podemos encontrarnos como lo que realmente somos; hermanos, todos hijos de un mismo Dios (sin asociados).
    Sobran en este debate comentarios sobre masones (en general los musulmanes ni lo somos y en ello nos encontramos casi como los propios católicos), ni de sincretizaciones fraternales que nadie desea en el fondo ni.....
    Sobran comentarios sobre traumas para justificar una rabia de falta de consolidación de una idea y falta mas un espíritu abierto y dispuesto.
    Y sigo diciendo que el tema principal es sobre la Inquisición y por supuesto su historiografía pero si hablamos de ello.......Lo que no quita que cada uno es libre de elegir el tema que desee.
    Mubaraq Ramadan
    Allahu al-Qalbi
    Salam

  3. #133
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    Estamos en un punto muerto debido a ciertas intransigencias e imposiciones.

    Aqui nadie impone nada mr. doc... lee quien gusta.

    Tengo amigos católicos, es mas, convivo con muchos de ellos, este problema se ha planteado en mas de una ocasión y es dificil solventarlo; se necesita una cierta disposición para el diálogo, pero es imposible si una parte "afirma" ser poseedor de una sola Verdad con lo que aun sin pretenderlo, margina al otro.

    Pues lo siento doc... la Palabra de Dios es clara... no puedo renegar de ella. ¿Usted renegaria del Coran?

    Se puede dialogar bajo una premisa de "según mis creencias" pero sin imponerlas como premisa.

    Nadie le impone nada, yo no le censuro, ni le alego que el Coran sea para usted revelado... sin embargo usted no puede aceptar que lo que dice la Biblia sea lo que yo creo como Verdad. Si Jesus dice que EL ES LA VERDAD, ¿por que habrai de renegar de El? aun mas. Si yo diario (a veces no) Como y bebo del cuerpo y sangre de Dios en el Altar y lo contemplo en el Sagrario, platico con El y se que el esta ahi presente en las especies del PAN Y EL VINO, ¿como podria negar la Verdad? seria ilogico y yo un traidor a la Fe que profeso... independientemente de si usted lo cree o no.

    Hay frases que hacen daño por subestimar al otro, como poner en duda la Salvación o asegurar un Solo Camino.

    Dijo el Señor, YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA... si le hace daño lo que dice la Palabra de Dios para los CRISTIANOS, ¿donde queda su tolerancia? a mi no me daña que el Coran diga tantas cosas (y muchas de ellas realidad)

    Nada tengo que ver de odios ni nada parecido a los católicos, siempre los he respetado, salvo en la manipulación de sus criterios contra los demas.

    Si citar la Palabra de Dios es para usted una manipulacion, lo siento, no puedo darle gusto, si sus amigos catolicos prefieren darle por su lado y no sostener la Verdad que es Cristo por amistad, estan fallando al evangelio "Si alguien quiere a su Padre o a su Madre mas que a mi, no es digno del Reino de los Cielos" (aplica en promocion para amigos, novias y añadidos)


    Nunca he pretendido sincretización alguna ni de la Fe ni de las religiones, soy ante todo un musulmán de la Tradición, y no impongo mis creencias a nadie con Verdades (que las tenemos) precisamente para poder llegar a los puntos que puedan ser comunes y que hagan florecer un acercamiento interreligioso en lo mas primordial.

    Yo no le impongo nada doctor... yo hablo de Jesus como lo que es para nosotros... la VERDAD y el UNICO camino, si usted me presenta el Jesus del Islam, que bien, (de hecho le eh leido y es genial) y a mi no me parecera una imposicion. Si no compartir. Yo no le puedo compartir ni a usted ni a nadie una verdad a medias o una media mentira, el Evangelio es el Evangelio y no puedo decir algo que no esta esta ahi Escrito.

    Me siento orgulloso cuando veo a personas humildes en ello y sacan esos puntos, pero lógicamente me pondré siempre en guardia contra los defensores de su creencia como la unica viable,

    El problema es que yo nunca le eh negado efectividad o verdad al Islam, pero como Catolico soy coherente con lo que la Iglesia Enseña sobre esto en la Nostra aetate:

    La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres. Anuncia y tiene la obligación de anunciar constantemente a Cristo, que es "el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn., 14,6), en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa y en quien Dios reconcilió consigo todas las cosas.

    Como ve, yo tengo una Obligacion primero ante Dios luego ante los hombres... Y no es mi soberbia como usted dice doc... es lo que yo creo y lo digo con humildad y verdad. Con sinceridad.

    menospreciando a los demas, eso se llama fanatismo en todas las creencias y falta de espíritu de buena voluntad.

    Nunca doc. eh menospreciado a nadie, es esa mania suya de querer que yo reniegue de mi Fe en pro de darle gusto a usted, entiendalo doctor, soy CATOLICO de verdad no light, no me interesa quedar bien con los hombres antes que Dios... Yo no puedo hablarle de algo contrario a la Escritura, si fuera un fanatico como usted dice, creame que ni me molestaria en contestarle... creo en que usted busca sinceramente a Dios, creo en que El se preocupa y ocupa de usted, creo que puede salvarse en la medida de su caridad. Nada mas. de ahi a considerar que hay vias alternas para llegar a casa, sorry mr. doc. En eso no creo y no es fanatismo, se llama ser coherente con lo que se cree, de lo contrario seria un relativista sincretico.

    Y, por supuesto no me gustan las insinuaciones y ofensas indirectas o directas sobre mi creencia para recalcar una y otra vez ciertas pretensiones evangelizadoras.

    Usted habla una y otra vez sobre la Inquisicion y lo mal que lo trato, decir un sarcasmo sobre hombres bombas y otras tonterias no es Ofender su creencia, (a menos que usted crea que realmente fue causa el Islam de semejantes bichos) cosa que yo no creo para nada... a diferencia de muchos por aca en America yo no me trago el cuento de los "terroristas islamicos", sin embargo usted si se encarga de hacer creer a los demas que la Inquisicion y sus errores son parte de nuestra Doctrina cuando no es asi... (deberia de leer un poco de Calvino para que vea quien si es terrible y se pretende juez de Dios, o si no preguntele a servet)

    Por mi parte no necesito que nadie ruegue por que vaya al redil católico considerándolo Unico, ya me encuentro estupendamente en un redil Recto y ni siquiera pretendo convencer a nadie de esa otra Unica Verdad; bajo de mis creencias particulares para acercarme al otro, pero no es así en este diálogo que mantenemos "impositivo" y carente de humildad.

    Pues es su forma de ver lo que cree, el mejor acto de caridad es orar por la conversion del Otro, por que si yo tengo esa Verdad (o usted la suya) lo mas bello es convidar esa verdad a los demas. Y seguire orando por usted y por los Judios en la Oracion del Viernes, orar unos por otros no hace mal a nadie. Es cosa de DIOS.

    Espero y deseo que alguna ocasión seamos capaces de dialogar mas con el corazón que con la moral, pero las imposiciones obligan a ello, desapareciendo estas (que no es renegar, sincretizar o cambiar) podemos encontrarnos como lo que realmente somos; hermanos, todos hijos de un mismo Dios (sin asociados).

    Yo dialogo (tal vez con usted no) con varios musulmanes entendiendo que a todos nos ha creado el mismo Dios, y que Dios quiere que todos se salven... y entiendalo, aqui no hay ninguna imposicion, solo que este gato no deja aun lado su conviccion Catolica solo para dialogar, eso seria hipocresia.

    Sobran en este debate comentarios sobre masones (en general los musulmanes ni lo somos y en ello nos encontramos casi como los propios católicos), ni de sincretizaciones fraternales que nadie desea en el fondo ni.....

    Pues no parece doctor, le asusta hablar de la Verdad Unica que si se puede tener en la Vida. (de ahi a la santidad solo hay que hecharle muchas ganas)

    Sobran comentarios sobre traumas para justificar una rabia de falta de consolidación de una idea y falta mas un espíritu abierto y dispuesto.

    Pues creame que no hay tal rabia, no me meto a internet para enojarme, (cosa bastante ridicula) y si un espiritu "abierto" es no renocer a JESUS delante de los hombres, PASO...

    Otra cosa "espiritu abierto" me suena que que todo entra y todo sale... es decir esta mas vacio que lleno... Prefiero un Espiritu enraizado en el SEÑOR.

    Y sigo diciendo que el tema principal es sobre la Inquisición y por supuesto su historiografía pero si hablamos de ello.......Lo que no quita que cada uno es libre de elegir el tema que desee.


    La Inquicion, vaya que tiene exito, parece telenovela de moda...

  4. #134
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    Historiador desmiente “leyenda negra” sobre la Inquisición
    MADRID, 16 Jun. 04 / 09:06 am (ACI)

    En una entrevista concedida al diario madrileño ABC, el profesor de la cátedra de Historia y encargado de la edición del documento presentado este martes en la Santa Sede que contiene las Actas del Simposio Internacional sobre la Inquisición realizado en el Vaticano en 1998, Agostino Borromeo desmintió algunas de las falsedades promovidas por la “leyenda negra” sobre la Inquisición.

    En la entrevista, el profesor de Historia en la Universidad de Roma La Sapienza y director del Instituto Italiano de Estudios Ibéricos, habló sobre el volumen de 800 páginas que recoge las conclusiones de 60 historiadores y expertos de todo el mundo.

    Borromeo aseguró al diario español que el trabajo presentado “rompe el tópico de que los acusados terminaban casi siempre en la hoguera”.

    Al precisar este primer aporte de la investigación, Borromeo señaló que aquel “procedimiento penal contra herejes comienza en 1231 y termina con la abolición de la última Inquisición, la de Roma, en 1870, después de haber tenido características distintas según los países y épocas. La Inquisición española -muy activa y que no fue abolida hasta 1834- juzgó en toda su historia a unas 130 mil personas, de las cuales fueron condenadas a muerte menos del dos por ciento”.

    “Durante mucho tiempo se confundieron juicios con condenas a muerte, y se pensaba en unas 100 mil ejecuciones, una cifra totalmente irreal. Aunque hubo sentencias de prisión y de galeras, la mayor parte de las condenas eran espirituales: peregrinaciones, penitencias, plegarias, etc.”, señaló el catedrático.

    Preguntado sobre las penas establecidas por la Inquisición en otros países, Borromeo declaró que “entre 1551 y 1647, el tribunal italiano de Aquileia condenó a muerte sólo al 0,5 por ciento. En cambio, los 13 mil 255 juicios de la Inquisición portuguesa entre 1450 y 1629 se tradujeron en un 5,7 por ciento de condenas a muerte.

    Al respecto, Borromeo precisó que “bien es verdad que también hubo muchos juicios a personas fallecidas, en cuyo caso se exhumaban los huesos y se quemaban. Pero el total de personas ajusticiadas por los diversos tribunales en toda su historia se sitúa en torno al 2 por ciento”.

    Al ser interrogado sobre las torturas, el profesor de La Sapienza expresó que además del tema de la hoguera, este tema constituía “la segunda sorpresa”.

    “Hemos descubierto que se aplicaba a menos del 10 por ciento de los procesados y siempre en condiciones mucho más benignas que en los juicios civiles del momento. La tortura nos choca hoy mucho -por desgracia menos, después de lo visto en Irak-, pero durante mucho tiempo formaba parte de la normalidad procesal. Era ‘la reina de las pruebas’, y a muchos delincuentes se les torturaba antes de interrogarles”, añadió.

    Agostino Borromeo explicó después que “no es lo mismo la Inquisición medieval que la de los siglos XVIII o XIX cuando la gente era mucho más sensible a la injusticia. En la Edad Media, la Inquisición era muy popular porque se veía al hereje como un enemigo, un peligro. Y la pena de muerte era entonces muy normal”.

    Finalmente, el director del Instituto Italiano de Estudios Ibéricos explicó algunos cambios en la historiografía al respecto. “Desde el siglo XVI, en que empezaron a circular opúsculos protestantes contra la Inquisición española, hasta pasada la mitad del siglo XX, la Inquisición fue un tema polémico. Algunos la utilizaban para atacar a la Iglesia, y otros respondían con apologías que llegaban a extremos ridículos, como decir que no eran tribunales de la Iglesia sino del Estado, lo que es falso”.

    “Durante sus primeros mil años, la Iglesia se opuso a la pena de muerte. Después la aceptó durante casi otros mil. Juan Pablo II ha pedido perdón por el antisemitismo y por el recurso a la violencia. Como historiadores, no nos corresponde juzgar sino clarificar”, concluyó.

  5. #135
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    I. ESPAÑA, LA INQUISICIÓN Y LA LEYENDA NEGRA

    Bailando con lobos, la película norteamericana que se pone del lado de los indios, ganó siete Oscars.
    Hacia mediados de los años sesenta el western se dispuso a experimentar un cambio; las primeras dudas acerca de la bondad de la causa de los pioneros anglosajones provocaron una crisis del esquema «blanco bueno-piel roja malo». Desde entonces, esa crisis fue en aumento hasta conseguir la inversión del esquema: ahora, las nuevas categorías insisten en ver siempre en el indio al héroe puro y en el pionero al brutal invasor.
    Como es lógico, existe el peligro de que la nueva situación se convierta en una especie de nuevo conformismo del hombre occidental PC, politically correct, como se denomina a quien respeta los cánones y tabúes de la mentalidad corriente.
    Mientras que antes se producía la excomunión social de todo aquel que no viera un mártir de la civilización y un campeón del patriotismo «blanco» en el coronel George A. Custer, ahora merecería la misma excomunión todo aquel que hablara mal de Toro Sentado y de los sioux, que aquella mañana del 25 de junio de 1876, en Little Big Horn, acabaron con la vida de Custer y con todo el Séptimo de Caballería.
    A pesar del riesgo de que aparezcan nuevos eslóganes conformistas, es imposible no acoger con satisfacción el hecho de que se descubran los pasteles de la «otra» América, la protestante, que dio (y da) tantas desdeñosas lecciones de moral a la América católica. Desde el siglo XVI las potencias nórdicas reformadas —Gran Bretaña y Holanda in primis— iniciaron en sus dominios de ultramar una guerra psicológica al inventarse la «leyenda negra» de la barbarie y la opresión practicadas por España, con la que estaban enzarzadas en la lucha por el predominio marítimo.
    Leyenda negra que, como ocurre puntualmente con todo lo que no está de moda en el mundo laico, es descubierta ahora con avidez por curas, frailes y católicos adultos en general, quienes, al protestar con tonos virulentos en contra de las celebraciones por el Quinto Centenario del descubrimiento ignoran que, con algunos siglos de retraso, se erigen en seguidores de una afortunada campaña de los servicios de propaganda británicos y holandeses.
    Pierre Chaunu, historiador de hoy, fuera de toda duda por ser calvinista, escribió: «La leyenda antihispánica en su versión norteamericana (la europea hace hincapié sobre todo en la Inquisición) ha desempeñado el saludable papel de válvula de escape. La pretendida matanza de los indios por parte de los españoles en el siglo XVI encubrió la matanza norteamericana de la frontera Oeste, que tuvo lugar en el siglo
    XIX. La América protestante logró librarse de este modo de su crimen
    Entendámonos, antes de ocuparnos de semejantes temas sería preciso que nos librásemos de ciertos moralismos actuales que son irreales y que se niegan a reconocer que la historia es una señora inquietante, a menudo terrible. Desde una perspectiva realista que debería volver a imponerse, habría que condenar sin duda los errores y las atrocidades (vengan de donde vengan) pero sin maldecir como si se hubiera tratado de una cosa monstruosa el hecho en sí de la llegada de los europeos a las Américas y de su asentamiento en aquellas tierras para organizar un nuevo hábitat.
    En historia resulta impracticable la edificante exhortación de «que cada uno se quede en su tierra sin invadir la ajena». No es practicable no sólo porque de ese modo se negaría todo dinamismo a las vicisitudes humanas, sino porque toda civilización es fruto de una mezcla que nunca fue pacífica. Sin ánimo de incodar a la Historia Sagrada misma (la tierra que Dios prometió a los judíos no les pertenecía, sino que se la arrancaron a la fuerza a sus anteriores habitantes), las almas bondadosas que reniegan de los malvados usurpadores de las Américas olvidan, entre otras cosas, que a su llegada, aquellos europeos se encontraron a su vez con otros usurpadores. El imperio de los aztecas y el de los incas se había creado con violencia y se mantenía gracias a la sanguinaria opresión de los pueblos invasores que habían sometido a los nativos a la esclavitud.
    A menudo se finge ignorar que las increíbles victorias de un puñado de españoles contra miles de guerreros no estuvieron determinadas ni por los arcabuces ni por los escasísimos cañones (que con frecuencia resultaban inútiles en aquellos climas porque la humedad neutralizaba la pólvora) ni por los caballos (que en la selva no podían ser lanzados a la carga).
    Aquellos triunfos se debieron sobre todo al apoyo de los indígenas oprimidos por los incas y los aztecas. Por lo tanto, más que como usurpadores, los ibéricos fueron saludados en muchos lugares como liberadores. Y esperemos ahora a que los historiadores iluminados nos expliquen cómo es posible que en más de tres siglos de dominio hispánico no se produjesen revueltas contra los nuevos dominadores, a pesar de su número reducido y a pesar de que por este hecho estaban expuestos al peligro de ser eliminados de la faz del nuevo continente al mínimo movimiento. La imagen de la invasión de América del Sur desaparece de inmediato en contacto con las cifras: en los cincuenta años que van de 1509 a 1559, es decir, en el período de la conquista desde Florida al estrecho de Magallanes, los españoles que llegaron a las Indias Occidentales fueron poco más de quinientos (¡sí, sí, quinientos!) por año. En total, 27.787 personas en ese medio siglo.
    Volviendo a la mezcla de pueblos con los que es preciso hacer las cuentas de un modo realista, no debemos olvidar, por ejemplo, que los colonizadores de América del Norte provenían de una isla que a nosotros nos resulta natural definir como anglosajona. En realidad, era de los britanos, sometidos primero por los romanos y luego por los bárbaros germanos —precisamente los anglos y los sajones— que exterminaron a buena parte de los indígenas y a la otra la hicieron huir hacia las costas de Galia donde, después de expulsar a su vez a los habitantes originarios, crearon la que se denominó Bretaña. Por lo demás, ninguna de las grandes civilizaciones (ni la egipcia, ni la romana, ni la griega, sin olvidar nunca la judía) se creó sin las correspondientes invasiones y las consiguientes expulsiones de los primeros habitantes.
    Por lo tanto, al juzgar la conquista europea de las Américas será preciso que nos cuidemos de la utopía moralista a la que le gustaría una historia llena de reverencias, de buenas maneras, y de «faltaba más, usted primero».
    Aclarado este punto, es preciso que digamos también que hay conquistas y conquistas (y en películas como la muy premiada Bailando con lobos se empieza a entender) y que la católica fue ampliamente preferible a la protestante.
    Como escribió Jean Dumont, otro historiador contemporáneo: «Si, por desgracia, España (y Portugal) se hubiera pasado a la Reforma, se hubiera vuelto puritana y hubiera aplicado los mismos principios que América del Norte ("lo dice la Biblia, el indio es un ser inferior, un hijo de Satanás"), un inmenso genocidio habría eliminado de América del Sur a todos los pueblos indígenas. Hoy en día, al visitar las pocas "reservas" de México a Tierra del Fuego, los turistas harían fotos a los supervivientes, testigos de la matanza racial, llevada a cabo además sobre la base de motivaciones "bíblicas".»
    Efectivamente, las cifras cantan: mientras que los pieles rojas que sobreviven en América del Norte son unos cuantos miles, en la América ex española y ex portuguesa, la mayoría de la población o bien es de origen indio o es fruto de la mezcla de precolombinos con europeos y (sobre todo en Brasil) con africanos.

  6. #136
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    La Inquisición

    La Inquisición fue y sigue siendo un tribunal polémico para el gran público. Los historiadores se han ocupado de esta institución de modo científico y sin prejuicios ideológicos, especialmente desde un Congreso internacional celebrado en Cuenca en 1978. Recientemente la Santa Sede ha convocado en Roma a expertos de diversos credos y nacionalidades para clarificar la actuación histórica del Santo Oficio. Sobre este argumento responde para Escritos ARVO, Beatriz Comella, autora del libro La Inquisición española (Rialp, 1988; 3ª edición en noviembre 1999).

    ¿CUÁNDO Y POR QUÉ NACIÓ EL TRIBUNAL DE LA INQUISICIÓN?

    El primer tribunal inquisitorial para juzgar delitos contra la fe nació en el siglo XIII. Fue fundado por el Papa Honorio III en 1220 a petición del emperador alemán Federico II Hohenstaufen, que reinaba además en el sur de Italia y Sicilia. Parece que el emperador solicitó el tribunal para mejorar su deteriorada imagen ante la Santa Sede (personalmente era amigo de musulmanes y no había cumplido con la promesa de realizar una cruzada a Tierra Santa) y pensó que era un buen modo de congraciarse con el Papa, ya que en aquella época el emperador representaba el máximo poder civil y el Papa, el religioso y, era conveniente que las relaciones entre ambos fueran al menos correctas. El romano pontífice exigió que el primer tribunal constituido en Sicilia estuviera formado por teólogos de las órdenes mendicantes (franciscanos y dominicos) para evitar que se desvirtuara su misión, como de hecho intentó Federico II, al utilizar el tribunal eclesiástico contra sus enemigos.

    ¿Existía en el siglo XIII alguna razón de justificara la creación de ese tribunal que consideraba la herejía como delito punible?

    Conviene aclarar que los primeros teólogos cristianos de la talla de Tertuliano, San Ambrosio de Milán o San Martín de Tours sostuvieron que la religión y la violencia son incompatibles. Eran más partidarios de la doctrina evangélica que recomienda corregir y amonestar a quien dilapida el bien común de la fe. La represión violenta de la herejía es, como ha señalado Martín de la Hoz, un error teológico de gravísimas consecuencias, implicado en la íntima relación que de hecho se trabó entre el poder civil y la Iglesia en la Edad Media. La herejía pasó a ser un delito comparable al de quien atenta contra la vida del rey, es decir, de lesa majestad, castigado con la muerte en hoguera como en el siglo IV, bajo los emperadores Constantino y Teodosio.

    A principios del siglo XIII aparecieron dos herejías (albigense y valdense) en el sur de Francia y norte de Italia. Atacaban algunos pilares de la moral cristiana y de la organización social de la época. Inicialmente se intentó que sus seguidores abandonaran la heterodoxia a través de la predicación pacífica encomendada a los recién fundados dominicos; después se procuró su desaparición mediante una violenta cruzada. En esas difíciles circunstancias nace el primer tribunal de la Inquisición.

    Es lógico, pues, que la Inquisición resulte una institución polémica.

    Desde luego, porque, afortunadamente, hoy sabemos que es injusto aplicar la pena capital por motivos religiosos. Los católicos de fin del siglo XX conocemos la doctrina del Concilio Vaticano II sobre la libertad religiosa, que coincide, en sus planteamientos básicos con la de muchos teólogos cristianos de los cuatro primeros siglos de nuestra era. Por este motivo, el Papa Juan Pablo II en su Carta Apostólica Tertio Milenio Adveniente (10-11-94) ha subrayado la necesidad de revisar algunos pasajes oscuros de la historia de la Iglesia para reconocer ante el mundo los errores de determinados fieles, teniendo en cuenta la unión espiritual que nos vincula con los miembros de la Iglesia de todos los tiempos.

    ¿Entonces, la «leyenda negra», más que leyenda es una realidad histórica?

    Es preciso advertir que la polémica sobre la Inquisición se nutre de otra actitud muy distinta a la ya expuesta; me refiero a la ignorancia histórica, la falta de contextualización de los hechos, el desconocimiento de las mentalidades de épocas pasadas, la escasez de estudios comparativos entre la justicia civil y la inquisitorial... Todo esto contribuye a formar no sólo una polémica justificada sino una injusta leyenda negra en torno a la Inquisición.

    ¿Qué hay, pues, de verdad sobre la actividad de la Inquisición, concretamente en España?

    Se formaron los primeros tribunales en 1242, a partir de un Concilio provincial de Tarragona. Dependían del obispo de la diócesis y, por regla general, su actuación fue moderada. Con la llegada de los Reyes Católicos al poder, el Santo Oficio cambió de modo notable. Isabel y Fernando consideraron que la unidad religiosa debía ser un factor clave en la unidad territorial de sus reinos. La conversión de las minorías hebrea y morisca era la condición para conseguirlo; algunos se bautizaron con convencimiento, otros no y éstos fueron perseguidos por la Inquisición.

    En 1478 los Reyes Católicos consiguen del Papa Sixto IV una serie de privilegios en materia religiosa, entre ellos, el nombramiento del Inquisidor General por la monarquía y el control económico del Santo Oficio. Por otra parte, la actitud de los cristianos ante las comunidades judía y morisca en España fue muy variada a lo largo de la Historia. Había judíos asentados en España desde el final del Imperio Romano. Durante la etapa visigoda fueron tolerados y perseguidos en distintas épocas. Algunos reyes castellanos y aragoneses supieron crear condiciones de convivencia pacífica, pero el pueblo llano no miraba con buenos ojos a los hebreos prestamistas (el interés anual legal de los préstamos ascendía al 33%); además se les consideraba, de acuerdo con una actitud muy primaria, culpables de la muerte de Jesucristo. El malestar se transformó a finales del siglo XIV en revueltas y matanzas contra los judíos en el sur y levante español.

    Los Reyes Católicos no sentían animadversión personal contra los hebreos (el propio rey Fernando tenía sangre judía por parte de madre) y en su corte se hallaban financieros, consejeros, médicos y artesanos hebreos. Los judíos vivían en barrios especiales (aljamas) y entregaban tributos directamente al rey a cambio de protección. El deseo de unión religiosa y de evitar matanzas populares impulsaron a los Reyes a decretar la expulsión de los judíos españoles (unos 110.000) en marzo de 1492. La alternativa era recibir el bautismo o abandonar los reinos, aunque se preveían consecuencias económicas negativas en los territorios españoles. Sólo unos 10.000 hebreos se adhirieron a la fe cristiana y, entre ellos, bastantes por intereses no religiosos. Entonces surgió el criptojudaísmo, la práctica oculta de la religión de Moisés mientras se mantenía externamente el catolicismo. Contra estos falsos cristianos, como se ha dicho, actuó la Inquisición.

    Respecto a los moriscos, unos 350.000 en el siglo XV, la política fue similar. Se intentó de modo más o menos adecuado su conversión tras la toma de Granada, pero al comprobar que su asimilación no era satisfactoria se procedió a la expulsión de los no conversos, tras violentos enfrentamientos, en 1609, bajo el reinado de Felipe III. Durante el siglo XVII aparece con fuerza el fenómeno social de la limpieza de sangre: para acceder a determinados cargos u oficios era necesario ser cristiano viejo, es decir, no tener sangre judía o morisca en los antepasados recientes.

    ¿Qué delitos juzgaba el Tribunal de la Inquisición y cuáles eran las penas?

    Inicialmente el tribunal fue creado para frenar la heterodoxia entre los bautizados: las causas más frecuentes eran las de falsos conversos del judaísmo y mahometismo; pronto se añadió el luteranismo con focos en Sevilla y Valladolid; y el alumbradismo, movimiento pseudo-místico. También se consideraban delitos contra la fe, la blasfemia, en la medida que podía reflejar la heterodoxia, y la brujería, como subproducto de religiosidad. Además, se perseguían delitos de carácter moral como la bigamia. Con el tiempo se introdujo el delito de resistencia al Santo Oficio, que trataba de garantizar el trabajo del tribunal.

    La pena de muerte en hoguera se aplicaba a hereje contumaz no arrepentido. El resto de los delitos se pagaban con excomunión, confiscación de bienes, multas, cárcel, oraciones y limosnas penitenciales. Las sentencias eran leídas y ejecutadas en público en los denominados autos de fe, instrumento inquisitorial para el control religioso de la población.

  7. #137
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    Desde el siglo XIII, la Iglesia admitió el uso de la tortura para conseguir la confesión y arrepentimiento de los reos. No hay que olvidar que el tormento era utilizado también en los tribunales civiles; en el de la Inquisición se le dio otra finalidad: el acusado confeso arrepentido tras la tortura se libraba de la muerte, algo que no ocurría en la justicia civil. Las torturas eran terribles sufrimientos físicos que no llegaban a mutilar o matar al acusado.

    Una figura inevitable en la polémica sobre la Inquisición es Torquemada. ¿Es tan fiero el león como lo pintan? ¿Qué hubo en los juicios contra Carranza y Antonio Pérez?

    Fray Tomás de Torquemada fue Inquisidor General entre 1485 y 1496. Gozó de la confianza de los Reyes Católicos. Lo cierto es que no existe todavía una biografía definitiva sobre este importante personaje. Desde luego sentía animadversión hacia los judíos e influyó decisivamente en el decreto de expulsión de 1492, sin embargo no era sanguinario, como cierta leyenda injustificada pretende hacernos creer, aunque sí es obvio que presidió el tribunal en años de intensa actividad . No obstante, redactó una serie de normas y leyes para garantizar el buen funcionamientos del tribunal y evitar abusos.

    Carranza era arzobispo de Toledo y Primado de España. Fue acusado injustamente de luteranismo y condenado a la pena capital por la inquisición española; por tratarse de un prelado, la causa se inició con el permiso de Roma y fue revisada por el Papa que no vio motivos proporcionados para tal veredicto. Aunque éste no llegó a aplicarse, Felipe II destituyó a Carranza para subrayar la autonomía del tribunal español respecto a la Santa Sede. Antonio Pérez era secretario del rey y fue acusado de asesinato; como consiguió huir de la justicia de Castilla, la Inquisición le imputó de ciertos cargos para poder detenerlo. El reo salió de España y dio a conocer su caso en las cortes de Francia e Inglaterra. Es un claro ejemplo de utilización política del tribunal por parte del rey, que supo airear oportunamente su antiguo secretario. Por otra parte, los casos de Carranza y Pérez ponen de relieve algo característico del Tribunal de la Inquisición: su poder no hacía distinciones a la hora de acusar a prelados, cortesanos , nobles o ministros; fue, en ese sentido, un tribunal democrático con una jurisdicción sólo inferior a la del Papa.

    ¿Cuál fue la actitud del Santo Oficio español ante la brujería?

    En España hubo pocos casos de brujería en comparación al resto de Europa. Fue un fenómeno más destacado entre la población bautizada de los territorios americanos, por el apego a sus ritos y tradiciones seculares. En la Península fueron desgraciadamente famosas las brujas de Zugarramurdi (Navarra) condenadas en 1610. Desde entonces se tuvo en cuenta la acertada observación de un inquisidor, para quien cuanto menos se hablara de ellas, menos casos habría; la Inquisición prefirió considerarlas personas alucinadas o enfermas.

    Otra cuestión espinosa que suscita la Inquisición es el número de víctimas ¿es posible saber cuántas fueron?

    La Inquisición tuvo una larga vida en España: se instauró en 1242 y no fue abolida formalmente hasta 1834 durante la regencia de María Cristina. Sin embargo, su actuación más intensa se registra entre 1478 y 1700, es decir, durante el gobierno de los Reyes Católicos y los Austrias. En cierto sentido no se puede calcular el número de personas afectadas por la Inquisición: la migración forzosa de millares de judíos y moriscos; la deshonra familiar que comportaba una acusación del tribunal durante varias generaciones; la obsesión colectiva por la limpieza de sangre, lo hacen imposible.

    Respecto al número de ajusticiados no hay datos definitivos porque hasta ahora no se han podido estudiar todas las causas conservadas en archivos. Aunque parciales, son más próximos a la realidad los estudios realizados por los profesores Heningsen y Contreras sobre 50.000 causas abiertas entre 1540 y 1700: concluyen que fueron quemadas 1.346 personas, el 1,9% de los juzgados. Es posible, aunque la cifra no sea definitiva, que los ajusticiados a lo largo de la historia del tribunal fueran unos 5.000. Afortunadamente, el cristianismo, a diferencia de las ideologías, tiene siempre una doctrina buena, cierta y definitiva que le permite rectificar los errores prácticos en los que pueden incurrir algunos de sus miembros: el Evangelio.

    y nadie justifica los errores...

  8. #138
    xisca Guest

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    Cita Iniciado por Yazira Ver Mensaje
    Gato sentado, debido a la extensión de vuestros mensajes y a la confusión que ha producido la duplicación de algunos, quedarán en suspenso hasta que la moderación disponga el tiempo suficiento para su lectura y aprobación

    uuufffff!!! no me extraña..........

  9. #139
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  10. #140
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