As salam´aleikum wa rahmatullah wa barakatuhu.

" INDAGAR sobre los sombríos aspectos de nuestro interior debería ser un ejercicio obligatorio para todos nosotros", dice la escritora Alba Pérez del Río (Barranquilla, Colombia, 1959) a propósito de su segunda novela, "El señor de Tambao", nueva incursión en esa geografía interna del mal por la que ya se desplazó con brillantez en "Jardín de moras", antecedente de este viaje de introspección tan largo y difícil como doloroso.

La narradora vuelve a empujar a sus personajes, entre medias verdades y medias mentiras, hacia un territorio neblinoso que tiene todos los visos de ser un infierno de superficie, en el que la moralidad y la conciencia siguen caminos opuestos, y en donde ellos giran como trompos hasta acabar siendo incapaces de percibir las realidades."

(...) Pero en un mundo del que Dios parece haber desertado y, con él, la noción del Paraíso, lo único que queda es un complicado rompecabezas que el lector debe resolver por su cuenta y que gravita aquí en torno al imaginario que todos han construido sobre el señor de Tambao-"un hombre de empeños breves", lo define rotunda-, que, parece incapacitarles a todos, con su poder de seducción, para elaborar un odio que les devuelva parte de la razón de la que él mismo parece haberles desposeído.

Pérez del Río ha vuelto a entregarnos una novela que es más que una aproximación costumbrista a la tragedia de un país convulsionado por una violencia fuera de toda escala."El señor Tambao", por el contrario, es una de esas contadas ocasiones en que la literatura saber mirar de frente a la culpa para generar conocimiento y sentimiento.Escribiendo más bajo la sombra de la "Divina Comedia" de Dante que la de algunos de sus contemporáneos, con esta novela a querido"descubrir nuestra propia fragilidad y su relación directa con fuerzas omnipresentes que nos gobiernan", recalca, "lo que problamente nos ayudará a comprendernos más y, por supuesto, a ser mejores.".

Una declaración de intenciones que no lastra en lo más mínimo el altísimo grado de buena literatura que encierran unas páginas de dejan, tras su lectura, una sensación de hondo sosiego.(...).

Muntassir.


Extraído de: Público,170409.
Culturas.Análisis.
Felipe Hernández Cava.