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Tema: Los profetas y la luz de Muhammad

  1. #41
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    10 may, 10
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    Salam aleikum

    Hermano Aliyasin

    Una explicación perfecta muchas gracias hermano.

    Ma'salama

  2. #42
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    Predeterminado Assalam

    Cita Iniciado por aliyasin Ver Mensaje
    b., as salam alaykum,

    Repasando la discusión, creo que refleja lo explicado aquí:

    http://foro.webislam.com/showthread.php?t=5994

    Es idéntico el "no hay evidencia en el Corán" al de "no evidencia en el hadiz". Son formas similares de afrontar la revelación desde la modernidad, y también similares formas de no acertar ni una.

    Se habla de que cada letra del Sabio Corán tiene 70.000 significados, y eso cada letra. Eso significa que una persona racional, por más que quiera adentrarse en su conocimiento, nunca podrá abarcarlo. Porque el ser humano, cuando se limita a su ser físico, no puede ir más allá del nivel de los animales. En cambio, un hombre sí puede llegar más lejos que los ángeles (¿o acaso los modernistas niegan el viaje nocturno, que celebraremos dentro de poco?), y en realidad esa es la meta del ser humano. Es decir, nuestro fin último no está en este mundo, sino que nuestro verdadero lugar está en el cielo (y digamos en el conocimiento de lo que significa el "ruh", algo que Dios no muestra a cualquiera: "Te preguntan por el espíritu. Di: «El espíritu procede de la orden de mi Señor». Pero [del que] no habéis recibido sino poca ciencia."[17:85]).

    También nos muestra de qué modo la modernidad enseña a la gente a buscar las "pruebas literales" y desdeña el "ilm al-yaqin", el conocimiento de la certeza, que no es algo que está en los libros, sino que nos ganamos a pulso -con permiso de Dios- (y con suerte superar el grado "mineral" como describe Rumi -qs- para convertirnos finalmente en hombres... que si alguien ha llegado a los 40 y no es humilde no es un verdadero hombre...).

    Salam
    Buena explicacion aliyasin, que Allah swt te de baraka y nos aleje de
    shaitan y del fuego eterno.
    ínna llâha wa malâ:ikatahu yusallûna ‘alà n-nabí*
    yâ: ayyuhâ l-ladzîna â:manû sallû ‘aláihi wa sallimû taslîma*

    (Ciertamente, Allah y sus ángeles bendicen al Profeta. ¡Oh, vosotros, los que habéis abierto vuestros corazones a Allah! bendecidlo y saludadlo con frecuencia.)

  3. #43
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    NABÍ Y RASÛL

    Un nabí, un Profeta, aquél que trae la buena nueva, es un siervo de Allah enviado por Allahu Ta’ala a la gente con leyes para su guía. Todos los anbiyâ (plural de nabí) son hombres. Los ÿunún y las mujeres no pueden ser considerados anbiyâ. El wahy, la revelación de Allahu Ta’ala es transmitida a un nabí a veces directamente o a veces mediante un málak, ángel, ser de luz. Incluso el sueño de un nabí es revelación. Los anbiyâ son libres de cometer ma’siat, de revelarse contra la obediencia de Allah, de hacer lícito aquello que Él ha declarado lícito e ilícito aquello que Él ha declarado lícito. Los anbiyâ son siempre los mejores y más exaltados en aquello que hacen. Allahu Ta’ala bendice a los Sus Anbiyâ escogidos con el conocimiento del gháyb, lo oculto, como hechos del futuro, la condición interior de los hombres, etc. Excepto los mala-ika (plural de málak) y los anbiyâ, ninguna otra creación de Allahu Ta’ala es ma’sum, que no cometen ma’siat.

    Respetar, amar, honrar y obedecer a los anbiyâ es obligatorio para el musulmán. El amor de un nabí es la concreción del îmân. La menor falta de respeto hacia un nabí es Kufr, ceguera espiritual, velamiento del corazón hacia Allah, es decir, que conduce a que uno salga del Islam.

    Rasûl, mensajero, es un siervo de Allahu Ta’ala que ha sido enviado a los hombres con una Shari’a, con un camino que conduce a Allah. Los rúsul (plural de rasûl) no son necesariamente humanos, también los hay entre los mala-ika. Todo nabí es rasûl pero no todo rasûl es nabí. En la nubûwwa, la función de nabí, todos los anbiyâ son iguales, pero son diferentes en un rango espiritual. Nadie puede convertirse en nabí por su ‘ibâda o taqwà. Es por la Gracia de Allah que la nubûwwa es conferida a una persona. Ya no habrá más anbiyâ después de Sidnâ Muhammad (Salalahu aleyhi wa salam). Es imposible que aparezca ningún otro nabí, puesto que las Puertas de la Nubûwwa han sido selladas después de la misión del Profeta Muhammad (Salalahu aleyhi wa salam ), el Sello de los Anbiyâ. Aquél que se proclame nabí, o que diga que otro nabí puede ser enviado, o que Rasûlullah (Salalahu aleyhi wa salam ) no es el Sello de los Anbiyâ, es un káfir, no es musulmán.

    Los anbiyâ viven en sus tumbas. Sólo experimentan la muerte por unos instantes, ya que Allah promete que “cada alma probará la muerte”. Después de ésta, vuelven a la vida. Allah les ha dado el riçq, el sustento para que sigan viviendo en sus tumbas. Incluso hacen ‘ibâda. Allahu Ta’ala ha impedido que la tierra consuma los cuerpos de los anbiyâ. Esta forma de vida en las tumbas no es convencional, como la de los humanos en la tierra. Pero es vida. Allah dice en el Corán que sus siervos justos, los shuhadâ, los mártires-testigos y sus seres escogidos, en definitiva, siguen viviendo en sus tumbas.

    El número exacto de Anbiyâ sólo es conocido por Allahu Ta’ala, que mandó enviados a todos y cada uno de los pueblos y tribus. Por este motivo, es mejor no fijar un número de ellos. Aceptarlos y amarlos a todos es parte de la ‘aqîda de los musulmanes. Este amor es la base de nuestro îmân. En el Corán aparecen solamente unos cuantos anbiyâ: Sidnâ Adam, Sidnâ Nuh, Sidnâ Da’ud, Sidnâ Sulaimân, Sidnâ Yahia, Sidnâ Hud, Sidnâ Ayyûb, Sidnâ Idrís, Sidnâ Çakariya, Sidnâ Shu’aib, Sidnâ Ya’qub, Sidnâ Yunus, Sidnâ Ilyâs, Sidnâ Îbrâhîm, Sidnâ Is-haq, Sidnâ Alyas’a, Sidnâ Dhu-l-Kifl, Sidnâ Sâleh, Sidnâ Mûsà, Sidnâ Harûn, Sidnâ ‘Isa y Sidnâ Muhammad al-Mûstafâ (aleihimu s-salam).

    Allahu Ta’ala creó a nuestro amado Nabí (Salalahu aleyhi wa salam) de su propia Nûr, Luz, y de esta Luz creó el universo entero. En realidad, sólo Allahu Ta’ala conoce el verdadero rango de Sidnâ Muhammad (Salalahu aleyhi wa salam). Los ÿunún, los humanos y los malaika, incluido Sidnâ Yibril (a.s.) no podemos comprender cuán elevado es su rango.

    El Profeta (Salalahu aleyhi wa salam) ha sido bendito por Allahu Ta’ala con un sinfín de mu’aÿiçat, prodigios. Partió la luna en dos, levantó de nuevo el sol que se ponía, hizo que las piedras pronunciaran la kalima at-tâyyiba, el enunciado fundamental del Islam, no hay más Verdad que Allah y Muhammad es su Mensajero. Los animales, los árboles y las plantas mostraron respeto hacia él (Salalahu aleyhi wa salam). Pero la mu’aÿiça más grande que le fue regalada por Allahu Ta’ala es el Corán, que es un Camino para la Guía para el universo entero.

    Musulmanesandaluces.org
    ínna llâha wa malâ:ikatahu yusallûna ‘alà n-nabí*
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  4. #44
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    Predeterminado Assalam

    Allah adornó al Profeta Muhammad (SAS) con Sus Luces Divinas y Sus Modales. Luego agregó más diciéndole: "Ciertamente eres de una naturaleza sublime" (Coran 68:4).

    El Profeta Muhammad (s.a.s.) era el de más coraje entre la gente, el más justo y el más generoso. Solia caminar entre sus enemigos, solo y sin custodia. No temió a nada en este mundo. Era el más modesto entre los hombres, el más sincero y el más piadoso. Nunca hablaba solo para pasar el rato, prefirió el silencio a la palabra. Nunca mostró orgullo, aunque era el mas elocuente disertante.

    Allah dio al Profeta Muhammad (s.a.s.) maestría en política y maestría en conducta privada. Aunque no leía ni escribía, Allah lo elevó de la tierra de la ignorancia, y le enseñó los mejores de los modales y lo mejor de la ética.

    Él era el más gentil de los hombres, el más tolerante, y el más misericordioso, como Allah mismo lo llamo, "El mas amable y el misericordioso" (Coran 9:128)

    Convocó a todos hacia Allah. Nunca humilló al pobre. Nunca temió a rey alguno. Siempre eligió el camino menos complicado según la voluntad de Allah (Coran2:185,20:2)

    Se reía sin hacer sonido, nunca lo hacía en voz alta. Siempre decía, "Sirve a tu gente". Solía ordenar sus cabras, servir a su familia, emparchar su ropa. Caminaba descalzo para visitar a los pobres, aunque estos fuesen incrédulos (Kafir) o hipócritas (Munafiq). Visitaba las tumbas de los creyentes y los saludaba. Se entrenó con la espada, el arco y la flecha, andaba a caballo, en camello y burro. Comía con los pobres. Siempre aceptaba los regalos agradecido, aunque fuese un sorbo de leche y premiaba por ello. Nunca se alimentó de la caridad, sino que inmediatamente la pasaba a los pobres. Nunca se guardó un dinar o un dirham en su casa, si no fuese para dárselo a los pobres. Nunca volvía a su casa hasta haber gastado en los demás todo lo que Allah le había dado.

    Era muy bueno con su familia y sus amigos. Decía, " Que a mis espaldas caminen los ángeles". Su compañerismo era el compañerismo de la paciencia y la modestia. El que discutía con él, veía paciencia en él. No respondía a aquellos que lo insultaban. Nunca se volvió contra alguien en ira y jamás usó mal lenguaje. Nunca se enojó por si mismo, sino sólo se enojaba por su Señor. Solía comer con sus sirvientes. Nunca golpeó a nadie con su mano (excepto en el Yihad). Nunca castigó por un error, siempre perdonó. Su siervo Anas dijo, " En toda mi vida, jamás él me cuestionó, por qué hiciste esto, o por que no hiciste aquello'".

    Utilizaba lo que encontraba, sea de algodón o de lana, pero en general usaba prendas de algodón. Le gustaba la ropa verde. Abu Hurayra dice, "Lucía camisas holgadas, capas, turbante y manto. Usaba el turbante con un velo para el rostro y con la punta suelta. Faja en la cintura, y túnica". Jabir ibn Samurah dice "Ví al Profeta (s.a.s.) en una noche de luna llena. Tenía una capa roja sobre su cuerpo. Miré atentamente hacia él y luego hacia la luna. Seguramente, era mas hermoso que la luna misma. Solía usar un turbante blanco, uno negro y a veces uno rojo. Solía dejar una tira en la parte trasera de su turbante”. Imam Tabari dijo, "Tenía un turbante de siete brazos de largo". Tenía un turbante llamado ' las nubes' que le regalo Ali . Usaba un anillo de plata en la mano derecha grabado con las palabras 'Muhammadun Rasul Allah'. Usaba medias de cuero en sus pies. Le gustaban los perfumes y los aromas agradables.

    Nunca buscó la facilidad y la comodidad. Su colchón estaba hecho de hojas de árbol. Tenía una gran capa que solía poner sobre el suelo, sobre la cual se sentaba. A veces dormía sobre una estera de junco o directamente sobre el suelo.

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  5. #45
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    La fuerza del amor hacia el Profeta (s.a.s.) está relacionada con la fortaleza del Imán del musulmán. Cuando su Imán crece, su amor por el Profeta (s.a.s.) crece igualmente. Amar al Profeta (s.a.s.) es un acto de obediencia a Allah y un medio de acercarse a Él. Amar al Profeta (s.a.s.) es una de las obligaciones dentro del Islam.

    Se ha narrado que Anas dijo: El Profeta (s.a.s.) dijo: “Ninguno de vosotros cree realmente hasta que yo le soy más querido que su padre, su hijo y que todo el mundo.” (Transmitido por Al-Bujari y Muslim)

    El Shayj Ahmad Kutty, profesor del Islamic Institute de Toronto, Ontario, Canadá, dice:

    “Nuestro amor hacia el Profeta (s.a.s.) aumenta si leemos su Sira (biografía) y estudiamos con diligencia los ejemplos que jalonan su vida a través de la Sunna. Tales estudios han motivado a miles de sabios a través de los siglos a dedicar toda su vida a estudiarla y a trasmitirla. Las librerías están llenas de estos libros.

    Para incrementar el amor hacia el Profeta (s.a.s.), pensemos lo siguiente:

    1.Pensad en este humilde siervo de Allah que nunca se cansó de recordarse a sí mismo que él era tan solo un humilde siervo de Allah. Él dijo, “Soy un siervo de Allah; me alimento como un siervo, me siento como un siervo y camino como un siervo.”

    2.Pensad en la nobleza de su conducta y en su compasión para con los más vulnerables, las mujeres, los niños y los animales. Sabemos que lloraba por la muerte de un niño, y que sentía compasión ante el dolor de un niño que perdió a su ruiseñor.

    3.Pensad en sus cualidades como un jefe que nunca encontraba faltas en los demás. El joven que le prestó servicio a lo largo de 10 años dijo, “Serví al Mensajero de Allah durante 10 años, y ni una sola vez me censuró por algo que hubiera hecho mal o por cualquier falta que hubiera cometido”.

    4.Por su excelente moral y conducta, se ganó el amor de todos aquellos que le rodearon, hombres y mujeres, jóvenes y viejos. Incluso sus enemigos reconocieron que nunca habían visto tales expresiones de amor manifestadas a ningún líder temporal o espiritual antes de él.

    5.Su falta de egoísmo y su altruismo hicieron que sus más enconados enemigos se tornaran en ardientes admiradores dispuestos a entregar sus vidas por él y por su misión. Recordad a ‘Umar, Safwan, ‘Ikrimah, Jalid y muchos otros que una vez fueron sus más fieros adversarios.

    6.El Profeta (s.a.s.) nació como huérfano y murió como huérfano. En otras palabras, su estilo de vida nunca cambió. Le dijo a una persona que sentía miedo ante su poder, “¡No hay razón alguna para que me temas! No soy un rey, sino el hijo de una anciana de la tribu de Quraysh que solía alimentarse para sobrevivir de carne desecada!”

    7.Se opuso siempre con energía a toda forma de adulación y de adoración de su persona hasta el punto de que prohibió a su gente que se pusiera de pie en señal de reverencia hacia él. Poco antes de su muerte, una de sus más severas advertencias dirigidas a sus seguidores fue, “¡No me veneréis tal y como los cristianos veneraron a Jesús, el hijo de María. Yo tan solo soy un siervo de Allah y Su Mensajero!”

    Que Allah derrame sus mejores bendiciones sobre Su siervo y Mensajero Muhammad, sobre su familia y compañeros; y que Allah nos ponga a todos bajo su estandarte en el Día de la Resurrección. Amén.”
    ínna llâha wa malâ:ikatahu yusallûna ‘alà n-nabí*
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  6. #46
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    Si repasamos la biografía de Sidnâ Muhammad (sallà llâhu ‘aláihi wa sállam) observaremos fácilmente una característica que la diferencia notablemente de los relatos sobre las vicisitudes de otros profetas: su historicidad. Efectivamente, el Profeta del Islam nos es presentado como personaje histórico, con fuentes fidedignas para el conocimiento detallado de su vida. Son pocos los elementos fabulosos que rechazaría un historiador ‘positivista’ (la Apertura del Pecho, la Revelación, el Viaje Nocturno, y poco más). Todo lo demás es creíble para cualquiera, y más si tenemos en cuenta el rigor en la trasmisión de esas noticias.

    La biografía del Profeta del Islam -Sidnâ Muhammad (s.a.s.)- resulta chocante a los creyentes de otras confesiones. Es ‘demasiado humano’. Efectivamente, nada tiene que ver lo que los musulmanes saben acerca de Muhammad (s.a.s.) con las estrafalarias historias de Jesús o de Buda. La vida de Muhammad (s.a.s.) es menos ‘espiritual’, entendiendo por ‘espiritual’ el surrealismo propio de las religiones al uso.

    Quizás porque la época del Profeta es próxima a nuestros días, la información sobre su vida es abundantísima: el ‘realismo’ de los árabes (pueblo sin imaginación y poco dado a las fabulaciones, según algunos clásicos del arabismo) ha permitido que se nos trasmitiera su biografía de un modo que lo sitúa en coordenadas que nos resultan reconocibles y aceptables. Leer su biografía con equidad nos lleva a reconocer a un genio, a un personaje de ‘su tiempo’ que supo hacer uso de su realidad para construir una nación. Sin embargo, en todo ello, sin necesidad de mitologías, los musulmanes leen muchísimas más cosas que pasan desapercibidas a los occidentales.

    El hecho de que los profetas anteriores sean indocumentables por la historia moderna nos puede permitir comprender mejor su valor como arquetipos de realidades espirituales profundas. Los sufíes han sido expertos en descubrir la significación mística de cada profeta anterior a Muhammad (s.a.s.), gracias a que lo histórico no estorba a la hora de enfocar a esos personajes. Pero si Sidnâ Muhammad (s.a.s.) es arquetipo de algo, lo es del Ser Humano... Con él no caben disgresiones que lo aparten de su verdadera realidad, su condición de hombre. Por ello, los sufíes ven en él el prototipo del al-Insân al-Kâmil, el Ser Humano Pleno. ¿Qué quiere decir esto?

    Los musulmanes subrayamos constantemente la condición humana de Sidnâ Muhammad (s.a.s.). Ningún musulmán se permite la más mínima ligereza al respecto: Muhammad (s.a.s.) fue un ser humano, y nada más. El Corán insiste en ello, y describe al Profeta como hombre que comía y bebía lo que comen y beben los hombres, y se paseaba por los mercados como el resto de los mortales. También la Sunna (la Enseñanza personal del Profeta) no deja lugar a dudas: Muhammad (s.a.s.) jamás pretendió ser otra cosa que un ser humano. Muhammad (s.a.s.) fue ‘ábdullâhi wa rasûluh, un esclavo de Allah y su Mensajero... Él se realizó en la sujeción a Allah, reconociendo su dependencia absoluta de la Verdad que lo creó.

    Esta es la base a la que no renuncia ningún musulmán. Pero resulta que es la base para algo prodigioso. Es la base para saber lo que es un ser humano. Gracias a Muhammad (s.a.s.) podemos reflexionar sobre la nobleza y grandeza de la condición humana. Muhammad (s.a.s.) se trasforma entonces ante nosotros en una luz extraordinaria que ilumina el más grande de los secretos. Y así lo expresan los sufíes cuando hablan de la Luz de Muhammad (s.a.s.), el Nûr Muhammad, cuyo surgimiento se celebra en el Máwlid.

    El Ser Humano es el califa, la criatura soberana, la que hace historia. El ser humano es la criatura que ‘contiene’ a Allah (Allah ha dicho: “No me abarcan ni los cielos ni la tierra, pero sí me contiene quien se abre a Mí”), por tanto, las honduras del Ser Humano son infinitas. Sidnâ Muhammad (s.a.s.), siendo un hombre normal, es el signo de esa inmensidad humana. Por su ‘normalidad’ es válido como modelo. Al resaltar su condición humana, lo hacemos preeminente ante nosotros, lo convertimos en nuestro ‘señor’ (sayyid), en nuestro guía, y él mismo fue consciente de ello cuando dijo: “Soy el señor de los descendientes de Adán, y no es vanagloria”.

    Muhammad (s.a.s.) es, por tanto, un secreto infinito, su alcance es desmesurado, su naturaleza es un misterio, porque es capaz de albergar lo que no tiene ni principio ni final. Se trata de una joya de valor incalculable, de un esencia absoluta (al-Haqîqa al-Muhammadía, la Esencia Muhammadiana). Podemos, por tanto, hablar de Muhammad usando términos aparentemente exagerados y que sin embargo no alcanzan a describir esa realidad califal. El poeta sufí dijo: “No pronuncies lo que los cristianos han dicho de Jesús; por lo demás, puedes decir sobre Muhammad lo que quieras que nunca exagerarás”. Es decir, recuerda siempre su condición humana, y con ello vuela intentando descubrir las inmensidades que hay recogidas en esa magnífica naturaleza creada por Allah.

    Sidnâ Muhammad (s.a.s.) es el ‘arquetipo’ de todas esas cosas, pero aún hay mucho más. El Islam declara la Unidad y Unicidad de Allah, y la acompaña de la mención del nombre de Muhammad (s.a.s.): lâ ilâha illâh Muhámmadun rasûlullâh, No hay más Verdad que Allah y Muhammad es el Mensajero de Allah... Quien pronuncie de corazón esa doble frase pasa a ser considerado musulmán. No es suficiente proclamar la Unidad del Señor de los Mundos, hay que sumarle la condición de mensajero de Muhammad (s.a.s.). Muhammad (s.a.s.) fue el Profeta, el Mensajero de Allah, el que nos lo dio a conocer, el que exteriorizó esa infinitud que albergaba en su interior. Y ello no es cualquier cosa. La Revelación no es un hecho anecdótico. No consiste en que Allah le contara unas cosas a Muhammad -en mediación de Yibrîl- y él nos las trasmitiera. El Profeta no era un periodista. El Profeta es un hecho telúrico, es un seísmo, una inversión de todo. El Profeta es una Verdad en sí mismo.

    Los sufíes, y los musulmanes en general (salvo aquellos para los que, sin ellos mismo darse cuenta, el Profeta es poco más que un simple periodista), han apreciado la radicalidad que hay en las afirmaciones anteriores. Los sufíes han sabido que, lo mismo que para conocer a Allah hay que derribar antes a todos los ídolos, para conocer lo que significa Muhammad hay que retirar muchos velos. Y han sabido que para intimar con él y con su secreto hay que enamorarse de él (s.a.s.).

    El amor apasionado por Profeta no es fanatismo: es el método que hay que seguir para alcanzar su corazón y descubrir ahí las inmensidades que alberga el ser humano en lo más íntimo de sí. Los musulmanes, y especialmente los sufíes, buscan una relación real con el Profeta que los asome a esos espacios infinitos donde está la esencia del ser humano. Y el Máwlid, la fiesta que tendrá lugar pronto, es una ocasión para indagar en los sentimientos que aún es capaz de desatar el Profeta, sumergiendo al que lo ama en su luz. Y también la visita a su Tumba en Medina es una forma de acercarse físicamente a quien no desligó la grandeza de la condición humana...

    allâhumma sálli ‘alà sayyidinâ Muhámmadin

    ¡Allahumma! Bendice a nuestro señor Muhammad,

    il-fâtihi limâ úgliqa

    quien abrió lo que estaba cerrado,


    wa l-jâtimi limâ sábaqa


    selló lo que había antes,

    nâsiri l-háqqi bil-haqqi

    auxilió la Verdad con la Verdad

    wa l-hâdî ilà sirâtika l-mustaqîm

    y es guía por tu sendero recto

    wa ‘alà âlihi

    -así como a los suyos-

    háqqa qádrihi wa miqdârihi l-‘azîm

    con una bendición conforme a la medida de su valor inmenso.
    ínna llâha wa malâ:ikatahu yusallûna ‘alà n-nabí*
    yâ: ayyuhâ l-ladzîna â:manû sallû ‘aláihi wa sallimû taslîma*

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  7. #47
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    El amor hacia el profeta s.w.s en el coran y la sunna.

    http://www.luzdelislam.com/content.p...r-n-y-la-Sunna
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  8. #48
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    Obedecer y seguir al Profeta s.w.s

    http://islammexico.org.mx/Rasulullah...Obediencia.htm
    ínna llâha wa malâ:ikatahu yusallûna ‘alà n-nabí*
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