Autor: Housain Labrass
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Hasta hace no mucho tiempo, algunos escolares musulmanes advertían sobre la globalización y el espacio virtual y la liberación de la información y el acceso al pasado y al presente en la red. Las implicaciones de ello son de dimensiones insospechadas. Pero en este breve artículo quería resaltar solo algunos aspectos en lo relacionado con la realidad de los musulmanes y su debate en la esfera de Internet.


Había factores que ayudaban antes ha solventar o a adormecer con cierta comodidad las discrepancias entre diferentes corrientes de pensamiento o posiciones políticas enfrentadas. El debate sobre dichas discrepancias quedaba encerrado en un circulo de élite ya sea en el ambiente académico o político y el ciudadano común no tenía acceso a dichos debates, desconoce los fundamentos que forman dichas discrepancias y era un mero seguidor o imitador. De hecho los maestros les decían a sus estudiantes la típica expresión "este tema se queda en el ámbito académico no es un tema a tratar con Al-´aammah o los comunes, es decir, el resto de musulmanes", aunque es cierto que no siempre era así. Esto era en una época en el que para acceder a una obra o un libro para estudiarlo o encontrar a un maestro que te enseñara implicaba todo un sacrificio y a veces viajes de largas semanas y aislarse y alejarse del entorno familiar...


No obstante, hoy en día cualquier persona, sea o no un musulmán, puede en cuestión de unas horas acceder a gran parte del legado de la historia del Islam, las diferentes escuelas, tendencias, corrientes con unos clicks de ratón. Sólo tiene como requisito manejar un grupo de idiomas, pocos conocimientos de informática y acceso a Internet. Y esto supone una ventaja nunca antes conocida y al mismo tiempo una gran desventaja.


En la esfera digital hay de todo, por ejemplo permite poder contar con la mayor maquinaria de propaganda que la humanidad haya conocido para aquél que cuente con los medios necesarios. Y esa es la gran desventaja, ya que el usuario común se encuentra desprotegido ante el bombardeo de dicha propaganda, desconoce sus métodos, sus fines, sus fundamentos...


Esta propaganda ha ayudado a que el discurso sectario esté omnipresente ya no sólo entre musulmanes de formación media sino incluso entre académicos, profesores, intelectuales, periodistas, etc...
Según observo, ahora, un musulmán se presenta ante otro como tal, la primera pregunta que se le plantea para definir su identidad es si es Sunni, Shia, salafi, etc...


Más aún, dichos títulos se usan como una etiqueta despectiva, por ejemplo, para alinear a alguien se le dice ¡Cuidado ese es Shia!, es decir, cuidado ese no está en nuestra alineación, no es de nuestro grupo, no es de los que están bien guiados, no es de los que podrá entrar al paraíso. Cuando planteas que dichas etiquetas están condenadas por el Corán, por ejemplo la aleya de la Azora de Los Aposentos Privados:



OH VOSOTROS que habéis llegado a creer! No os apodéis despectivamente unos a otros: puede que esos [ quienes desprecian] sean mejores que ellos; ni las mujeres unas de otras: puede que esas [quienes desprecian] sean mejores que ellas. Y no os difaméis unos a otros, ni os insultéis con motes [ofensivos]; mala es toda imputación de iniquidad después de [haber alcanzado] la fe; y los que [siendo culpables de ello] no se arrepientan –¡ésos, precisamente, son los malhechores! (11)


Bien, pues esta aleya y las que se le parecen no hacen efecto alguno en la actitud de los musulmanes que están alineados de forma identitaria, ya que el referente de su creencia y su comportamiento no es el Corán, ni es la Sunnah como se presume, sino el grupo, la corriente, El Sheij fulano, el maestro fulano, Ibn fulano e Ibn mengano. El Corán se convierte en un talismán, un símbolo y la Sunnah en un lema y en un título identitario.


Los predicadores se empapan de hadices que ni ellos mismos saben a ciencia cierta su validez ni en qué se pueden usar y en que no. Para conquistar la mente del musulmán no dicen en sus prédicas la expresión "según fulano el Mensajero habría dicho..." sino que usan directamente la expresión "El Mensajero dijo..." y esto es para que el receptor no tenga la oportunidad de plantearse si realmente el Mensajero dijo tal o tal cosa o hay alguna posibilidad de que el transmisor no esté en lo cierto.


Lo que hace que el discurso actual produce una generación irracional cuya creencia no está basada en convicciones meditadas, pensadas, razonadas sino en creencias pasionales, emotivas, viscerales... Por eso, el discurso de la prédica se basa en lo que hace llorar o reír, de ahí que siempre se habla de las anécdotas, las historias, los relatos... porque lo que se busca no es despertar la razón sino la emoción.


Ahora los sabios no son los profesores, maestros e investigadores sino las estrellas de televisiones, los telepredicadores, los que dominan la retórica, los que se dejan largas barbas y se muestran con vestimentas folclóricas.


Todo ello asienta un discurso tendencioso entre los musulmanes, un discurso que enfrenta unos a otros. Y esto también se ha globalizado. Aquí en España, esta realidad no es una excepción, tanto entre musulmanes recién emigrados con toda la carga cultural y lo que ello implica, como entre las nuevas generaciones o entre los que han abrazado recientemente el Islam en los último treinta años.


Ante esta realidad, se pueden tomar dos posturas principales. La primera es reproducir el sectarismo aquí en España o en Occidente, si se me permite el término, y reproducir los enfrentamientos que se están llevando a cabo en Oriente y en gran parte de África. Y eso es sencillo, sólo hay que dejarse llevar por la propaganda y muchos de los predicadores.


La segunda postura, consiste en tomar una posición neutra o independiente, y conocer el legado, estudiarlo, investigarlo, compararlo sin alinearse a una tendencia o corriente. Instituir estructuras académicas para el estudio y la investigación, dotarse de las herramientas necesarias, intercambiar conocimientos, por ejemplo, aquellos que han estudiado en las diferentes universidades "islámicas" de las diferentes corrientes intercambien sus pareceres y experiencias y generar espacios de debate. Y para ello se hacen valer de la ventaja de la globalización y el acceso a la información y contribuir en la constitución de bases que ayuden a los demás musulmanes a dotarse de los elementos necesarios para comprender el Mensaje del Islam en sus diferentes dimensiones, lejos de las alineaciones, disputas políticas y sectarias y las discusiones bizantinas.