No basta con renunciar a las cosas para escapar de la idolatría. El " no hay otra divinidad fuera de Dios" no se resuelve sólo con la pobreza. Porque el mal de la idolatría está más dentro de las cosas y los deseos. Exige llevar el esfuerzo, el yihad a la más honda entraña personal. Porque la verdadera idolatría no es sólo ni principalmente de cosas sino de corazón. No esta fuera del hombre sino en su ser más profundo.

El hombre por poco que intente ponerse en Camino, va a descubrir que tiene que emprender una difícil y muy exigente aventura interior: la de rendirse sin condiciones ni falsas razones. POrque el ego del hombre existe y es un déspota, se ha acostumbrado a ser el más fuerte, a dominar, seducir, poseer, convencer... Y ahora, ese ego no va a consentir, así porque sí, que se rinda a otro.

Autor: Emilio Galindo Aguilar.