Deberíamos cuestionarnos cada uno de nosotros la parte de responsabilidad que nos concierne en la injusta, perversa y corrupta sociedad en la que vivimos? Étienne de la Boétie escribió que la servidumbre voluntaria es lo que explica el éxito de cualquier tiranía y que este consentimiento del sujeto es lo que la hace posible.

¿Pero quien es Étiene de la Boétie? Se trata de un pensador francés que escribió su Discurso sobre la servidumbre voluntaria en 1546 (Ed.Trotta, Madrid 2010) y que lo inició afirmando: “Por el momento, yo no querría sino comprender cómo es posible que tantos hombres, tantos pueblos, tantas villas, tantas ciudades, tantas naciones soporten a veces a un solo tirano, que tiene por poder el que ellos le dan, que tiene el poder de perjudicarles tanto como ellos quieran aguantarle, y que no podría hacerles daño alguno si ellos no prefirieran sufrirle a contradecirle”.
Y aquí nos encontramos, todavía casi 500 años después intentando denunciar, clarificar, concienciar ante la opinión ilustrada, este mecanismo de la servidumbre voluntaria que continúa aún enquistado en lo más profundo de la especie humana para intentar, con nuestra denuncia, fortalecer a los movimientos ciudadanos de resistencia a la multitud de formas a través de las cuales esta servidumbre se manifiesta. Encontramos en la Boétie una tesis sorprendente: la tiranía es consecuencia de la servidumbre y no lo contrario, la servidumbre no remitiría a un poder exterior que se ejerce contra el sujeto sino que sería una consecuencia de la relación que el sujeto mantiene consigo mismo.
Uno de los instrumentos que la tiranía del poder ha utilizado y cada vez utiliza más exigentemente es su derecho a clasificarnos y evaluarnos y nuestra obligación de someternos a sus evaluaciones. De esta manera la evaluación ha inundado, imperceptiblemente, nuestra vida cotidiana.
No se trata de un tema nuevo. Estamos comprobando que es muy antiguo en la historia y en nuestras vidas. Todos hemos sido precoz y permanente evaluados: en relación a nuestros hermanos, nuestros primos, los hijos de amigos, de vecinos y de nuestros compañeros de colegio. Durante nuestra escolaridad, en el Instituto y en la Universidad. Pero también en la actividad deportiva, en los grupos de amigos y en la relación con las personas del otro sexo. Y luego en nuestra acceso a la vida laboral y durante toda la duración de esta.
La práctica de esta evaluación por comparación comienza ya muy tempranamente en el grupo familiar. Procedimiento por el cual alguien o algunos se sienten no queridos, rechazados o excluidos. Lo cual los puede dejar marcados de por vida. Las comparaciones pueden ser con hermanos, familiares, vecinos o amigos. A continuación prosigue el proceso en la escolaridad, que constituye un rito de iniciación a un mayor sometimiento arbitrario a la autoridad. Puntualidad, disciplina, silencio, quietud, obediencia, contenidos inútiles y absurdos, calificaciones clasificatorias y castigos que se continuarán en el hogar. Acompañan este proceso las religiones, también evaluantes y clasificatorias en buenos y malos, justos y pecadores.
Al finalizar la enseñanza obligatoria la mayor parte de los jóvenes estarán ya aborregados, listos para la obediencia a los jefes y para la servidumbres voluntaria. Preparados para, en el mejor de los casos, entrar al mercado de trabajo con un salario miserable, sin limitación de horarios ni de jornadas de trabajo. Los padres habrán colaborado a este aborregamiento exigiendo mejores calificaciones, castigando las que han considerado inferiores a sus exigencias y los suspensos. Las madres habrán permanecido al lado de sus hijos haciendo deberes y tomando lecciones hasta las 12 de la noche, sábados, domingos, festivos y en vacaciones. Todo el grupo familiar habrá probablemente jugado su papel para que se cumpla el proceso de sometimiento a la servidumbre voluntaria. El 20% de la población infantil, los que se rebelan a esta sumisión, es diagnosticada y obligada a ingerir medicamentos domesticadores con la complicidad de sus padres.
Ell poder de la evaluación es tiránico porque lo que en esencia pretende es conseguir el consentimiento del sujeto a esta operación. Con este consentimiento, con esta servidumbre, dejamos de lado lo incomparable de cada uno y pasamos a formar parte de esa masa evaluada. Esa masa aborregada consumidora sumisa de lo que los amos de los mercados necesiten vender para obtener así mayores beneficios y acumular más riquezas
En todos los ámbitos, pero especialmente en el sector sanitario, al estar este orientado por una política de cifras, el ser humano queda reducido a un conjunto de conductas mensurables y se deja de lado lo más propiamente humano que es su subjetividad. El instrumento más tiránico y arbitrario es el manual de psiquiatría, el DSM, que pretende evaluarnos mediante tests universales, y a partir de ellos diagnosticarnos como hiperactivos, afectados por déficit de atención, por fobia social, por negativismo desafiante, por bipolares, por deprimidos, trastornos obsesivos compulsivos, dificultades en el aprendizaje, por estados de ánimo, emocionales, hábitos alimentarios y comportamientos, por nuestros problemas familiares, conyugales o religiosos. Cada uno de los mencionados se corresponde con una descripción diagnóstica del DSM-IV por la cual podemos ser evaluados y tratados coercitivamente mediante métodos cognitivos-conductuales y medicación. Y en caso de resistirnos a ello ser sancionados escolar, académica, familiar o laboralmente o incluso ser ingresados en un hospital psiquiátrico contra nuestra voluntad..
Esta prepotencia sometedora, invasora, de la intimidad individual, del DSM nos indica que el Gran Hermano del 1984 de George Orwell ha tomado la contemporánea forma del Gran Amo Evaluador que se está apoderando de nuestros frágiles estados democráticos y pretende someternos a sus veleidades totalitarias, proclamando por una parte el fundamentalismo de la libertad del mercado y del consumo, pero intentando además someter nuestras ideas, nuestro pensamiento y nuestros particulares modos de vida y de goce a su mezquina política de beneficios económicos, apoderamiento de riquezas y manipulación del poder.
La culminación de este proceso es que el individuo llega a considerar a los otros como responsables de sus desgracias El sujeto se exhibe así como una víctima inocente e impotente de circunstancia que le son ajenas. En contraposición a ello La Boétie afirma que la tiranía se engendra a partir de la voluntad de servir. Agrega que esto sucede con tanta frecuencia que no nos sorprende ver a los hombres “servir miserablemente encantados y fascinados por el nombre de uno solo”. Se pregunta: “¿Cuál es la causa de que tantos hombres se sometan al poder de uno solo?” Su respuesta es que “Los hombres no desean la libertad”, porque “si la deseasen, la obtendrían”. “Sus desgracias no vienen del enemigo sino de aquél cuya grandeza ellos mismos sostienen”. “El tirano nunca ve su poder asegurado hasta que no llega al punto de que ningún hombre bajo su dominio ha perdido todo valor”. El Discurso de la Boétie fue quemado públicamente, por orden de la tiranía, en Burdeos en 1579 habiendo salido en su defensa su amigo Michel Montaigne, el gran filósofo y político del Renacimiento, heredero y depositario de sus papeles quien afirmó que “a nadie le va mal durante mucho tiempo sin que él mismo tenga responsabilidad en ello”.
Javier Peteiro es médico en A Coruña y Miguel Gómez Ediciones acaba de publicar su libro El autoritarismo científico, en el que el autor intenta distinguir entre la ciencia y las falsas ciencias al servicio del Amo, a las que califica como el cientificismo que impregna el discurso social dominante. y que pretende dictarnos lo que es bueno o malo, lo que debemos hacer y el como hacerlo, intentando anular la libertad de elección, al punto de que lo supuesto científicamente correcto pasa a ser también lo políticamente correcto. Y lo coercitivamente justificado. Por ejemplo que se nos obligue legalmente a ser vacunados de una inexistente pandemia de gripe o se nos obligue a medicar a nuestros hijos de inexistentes trastornos como el de hiperactividad, el déficit de atención o el de negativismo desafiante. ¿Es verdad, como afirmó La Boétie hace 500 años, que no queremos la libertad porque si la deseásemos la obtendríamos? Es cierto que intentan anular nuestra libertad de elección, pero la decisión es nuestra, la responsabilidad es de cada uno.
Don Quijote afirmó que ”por la libertad y por la honra se puede y se debe aventurar la vida” y Margaret Mead, la pionera de las antropólogas escribió: “No dudes de la capacidad de tan sólo un grupo de ciudadanos conscientes y comprometidos para cambiar el mundo. De hecho siempre ha sido así”.


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