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Tema: Sufíes, masones del Islam(Aporte frat:. del Q:. H:. Federico S:.)

  1. #1
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    Predeterminado Sufíes, masones del Islam(Aporte frat:. del Q:. H:. Federico S:.)

    Sufíes, masones del Islam


    Los sufíes forman una antigua masonería espiritual cuyos orígenes nunca han podido ser averiguados ni datados. Tampoco ellos, por su parte, demostraron excesivo interés en tales averiguaciones, contentándose con señalar la localización de sus ideas en distintos lugares y épocas. Aunque por lo común se les confunde con una secta musulmana, lo cierto es que los sufíes se acomodan a cualquier religión, del mismo modo que los "masones libres y aceptados" utilizan en sus logias aquellos libros sacros -la Biblia, el Corán, la Torah- que estén reconocidos por un estado temporal. Y si consideran al Islam como "soporte" del sufismo es porque, a su modo de ver, la enseñanza secreta de éste se encuentra tanto en el fondo de dicha religión como de cualquier otra. Según Ali el-Hujwiri, uno de los primeros y . autorizados escritores sufíes, Mahoma dijo: "Quien escuche la voz del pueblo sufí y no diga aamin (amén) quedará señalado como un necio ante Dios." Otras muchas tradiciones relacionan a Mahoma con los sufíes. Y fue a la manera sufí como el profeta ordenó a sus seguidores respetar a los pueblos del Libro, es decir, a aquellos que poseen sus propias Escrituras sagradas, grupo en el que más tarde se incluyó a los zoroástricos.

    (...)


    Queridos hermanos : No suscribo las tendencias y criterios humanistas, evolucionistas y análogos, propio del neosufismo a lo Idries Shah u Omar Alí Shah, pero que afecta gravemente ya sin remedio ni posibilidad de recuperación a todas las tradiciones. Hecha esta salvedad, comparto la plancha anterior porque allende y aquende sus juicios desborda de contenido muy valioso.

  2. #2
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    Predeterminado Sufíes, masones del Islam II,

    Corriente librepensadora

    Los sufíes no son una secta porque no están sujetos a dogmas por sencillos que sean, ni utilizan lugares de culto. No tienen ciudad sagrada, ni instituciones monásticas, ni organización religiosa de ninguna clase. Incluso les disgusta verse designados por un nombre específico, ya que esto pudiera tomarse por inclusión en una forma doctrinal. El vocablo sufíno es más que un mote -como puede serio cuáquero- que aceptan de buen grado. Se refieren a ellos mismos como amigos o iguales entre sí y se identifican por ciertas dotes naturales, costumbres, aptitudes y maneras de pensar. Las diversas escuelas sufíes se formaron alrededor de unos maestros; pero en ellas no se concede ningún grado, y sólo funcionan en beneficio de quienes desean perfeccionarse por su contacto con otros sufíes. El trazo peculiar de la signatura sufí figura en una literatura muy dispersa, desde por lo menos el segundo milenio antes de Cristo, y aunque su mayor impacto en la civilización tuvo lugar entre los siglos VIII Y XVIII, los sufíes continúan hoy día tan activos como siempre. Su número se acerca a los cincuenta millones. Lo que hace difícil clasificarlos o encuadrarlo$ es que su identidad no se basa en términos morales o psicológicos tal como los conocemos habitualmente, sino que el que entiende y penetra, ése es un sufí. Y aunque la conciencia de dicho ingrediente secreto puede agudizarse por contacto con sufíes más expertos, no existen entre ellos graduaciones jerárquicas, sino tan sólo el reconocimiento tácito de la mayor o menor capacidad de un colega.
    El sufismo ha adquirido cierto aroma oriental a causa de la larga protección que le dispensó el Islam, pero el sufí es tan corriente en el este como en el oeste, y lo mismo puede ir vestido de general que de campesino, ser mercader, abogado, maestro, ama de casa o desarrollar cualquier otro tipo de actividad. "Estar en el mundo pero no ser del mundo", liberarse de ambiciones, codicias, jactancias intelectuales, ciegas obediencias a usos y costumbres o temor a personas de más alto rango, tal es el ideal sufí.
    Los sufíes respetan los ritos de cualquier credo siempre que coadyuven a favorecer la armonía social, pero amplían las bases doctrinales de toda religión cuando es posible, definiendo sus mitos desde un enfoque superior, como por ejemplo, al considerar a los ángeles representaciones de las más nobles facultades humanas. Se ofrece al adicto un "jardín sagrado" en el que cultivar su entendimiento, pero no se le pide que se haga monje o ermitaño, como en el caso de los místicos convencionales. Su formación se basa en la experiencia -"el que comprueba, sabe"-, no en argumentos filosóficos. La más antigua teoría conocida sobre la evolución es de origen sufí; pero aunque los darwinianos la emplearon en el curso de la gran controversia del siglo XIX, el concepto sufí se aplica más al individuo que a las razas. El lento progresar del niño hasta llegar a adulto es sólo un estadio en el desarrollo de potencias superiores cuya fuerza dinámica se basa en el amor y no en el ascetismo o la inteligencia.
    (...)

    Queridos hermanos : No suscribo las tendencias y criterios humanistas, evolucionistas y análogos, propio del neosufismo a lo Idries Shah u Omar Alí Shah, pero que afecta gravemente ya sin remedio ni posibilidad de recuperación a todas las tradiciones. Hecha esta salvedad, comparto la plancha anterior porque allende y aquende sus juicios desborda de contenido muy valioso.

    mariocesar

  3. #3
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    Predeterminado Sufíes, masones del Islam III,

    Por la vía amorosa

    El conocimiento se alcanza por el amor, tomando a éste en el sentido poético de la perfecta devoción a una musa que, no obstante los aparentes dislates que pueda cometer o lo irracional que su conducta nos parezca, sabe perfectamente lo que hace. Rara vez otorga a su poeta señal de sus favores, pero compensa su devoción con un impulso vivificante. Así, el árabe español de Murcia llamado Ibn el-Arabi (1165-1240), al que los sufíes consideran su poeta máximo, escribió en su Tarjuman el-Ashwaq (Intérprete de los deseos):
    "Aunque me incline ante ella como es de rigor pero ella no devuelva mi saludo, ¿tengo derecho a alguna queja? Una mujer hermosa no está obligada a nada".
    Este tema amatorio entró más adelante a formar parte del culto extático a la Virgen María, quien hasta las Cruzadas no había ocupado una posición demasiado importante en la religión cristiana. Y hoy día se la venera con mayor intensidad precisamente en aquellas partes de Europa que estuvieron más influidas por lo súfico. Ibn el-Arabi habla de sí mismo en los siguientes términos:
    "Mi religión es el Amor. Unas veces me llaman pastor de gacelas (sabiduría divina), otras monje cristiano, o sabio persa. Mi amada es trina y al mismo tiempo una. Muchas son las cosas que parecen tres, pero son únicas. Ella no tiene nombre, por no poner límites a quien toda limitación resulta incierta."
    Los principales propagadores del pensamiento sufí fueron sus poetas, quienes lograron la misma reverencia que los ollamhs o maestros bardos de la Irlanda medieval primitiva, y utilizaron un lenguaje secreto similar, basado en referencias metafóricas y en cifrados verbales. El sufí persa Nizami escribe: "Bajo la lengua del poeta se esconde la llave del tesoro". Dicho lenguaje secreto actuaba como defensa contra la vulgarización o institucionalización de unas maneras de pensar aptas tan sólo para quienes se creen capaces de entenderlas, y asimismo, contra posibles inculpaciones de herejía o de desobediencia a las autoridades. Citado ante una inquisición islámica en Alepo, que le acusaba de inconformismo, Ibn el-Arabi declaró que sus poemas eran metafóricos y que se referían al mensaje divino del perfeccionamiento humano por medio del amor a Dios. Citó como precedente la incorporación a las Escrituras hebreas del amatorio Cantar de los Cantares salomónico, interpretado oficialmente por los sabios fariseos como metáfora del amor de Dios hacia Israel, y por las autoridades del catolicismo como metáfora del amor de Dios hacia su Iglesia.

  4. #4
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    Predeterminado Sufíes, masones del Islam IV

    En su forma más evolucionada, dicho lenguaje secreto utiliza raíces consonánticas semitas, con las que ocultar y revelar significados. Incluso los estudiosos occidentales parecen no haber caído en la cuenta de que las populares Mil y una Noches poseen un contenido súfico. Su título en árabe, AIf layla wa layla, es una frase cifrada indicadora de su contenido y de sus intenciones principales, a saber: "Fundamento de los Protocolos". Sin embargo, lo que a primera vista pudiera parecer ocultismo oriental es en realidad una antigua y conocida forma de pensamiento originada en Oriente. Muchos escolares ingleses y franceses empiezan sus lecciones de historia con la mención de sus antepasados druidas arrancando muérdago de un roble sagrado. Aunque César atribuía a los druidas la posesión de misterios ancestrales y un lenguaje secreto, la ceremonia en cuestión parece tan inocua -el muérdago se sigue utilizando en los adornos navideños- que pocos lectores se detendrán a reflexionar sobre su auténtico significado. Y en cuanto a la creencia popular de que los druidas emasculaban virtualmente al roble, no es más que una mención carente de sentido.
    Cualquier otro árbol, planta o hierba al que se dé el nombre de sagrado posee cualidades especiales.


    La madera del aliso es impermeable y de sus hojas se extrae el tinte rojo real. El abedul cobija al hongo alucinógeno de "casquete"; el roble y el fresno atraen al rayo que alumbra el fuego sagrado; la raíz de mandrágora es antiespasmódica; las amapolas contienen opio; la hiedra tiene hojas tóxicas, y sus flores ofrecen a la abeja la miel tardía. En cambio, las bayas del muérdago no tienen propiedad alguna medicinal, aunque son tragadas con avidez por los palomos silvestres y otros pájaros no migratorios que también las comen durante el invierno. Las hojas carecen asimismo de toda propiedad, y la madera, aunque dura, vale para bien poco. ¿Por qué motivo, pues, se ha venido considerando al muérdago como la más sagrada de las plantas y una especie de curalotodo? La respuesta tal vez resida en que los druidas la consideraban como emblema de sus creencias. En realidad se trata de un árbol que no lo es y que se adhiere lo mismo a un roble que a un manzano, un álamo, un haya, un ábrogo e incluso a un pino. Crece y se conserva verde, nutriéndose de las ramas superiores cuando el resto del bosque parece dormido, y se dice que su fruto es capaz de curar afecciones anímicas. Sus retorcidas ramas se cuelgan del dintel de las puertas invitando a los besos festivos. El simbolismo es evidente si se le compara con las ideas súficas. En efecto, el pensamiento súfico no es un árbol por sí mismo, como sucede con las religiones, sino que se integra en un árbol ya existente; conserva su verdor aun cuando el árbol permanezca dormido (las religiones mueren por culpa del formalismo) y la fuerza que lo impulsa es el amor, pero no una pasión animal ordinaria o un afecto puramente doméstico, sino el sorprendente y repentino reconocimiento de un amor tan sublime y elevado que hace brotar alas del corazón. De manera curiosa, la zarza ardiente en la que Dios se apareció a Moisés en el desierto está considerada por los actuales especialistas bíblicos como una acacia envuelta en el rojo resplandor del follaje de un 10canthus, que es la equivalencia oriental del muérdago.

  5. #5
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    Predeterminado Sufíes, masones del Islam V

    La diosa Bridget

    Aunque no menciona el muérdago u otro locanthus, ellos son el emblema visible del secreto fluir de las ideas a que estas líneas se refieren.
    La diosa o musa irlandesa Bridget tenía un aspecto triple, igual que pasa con la musa que cita Ibn el-Arabi; y no sólo por ser a la vez ninfa, doncella y anciana, sino por presidir tres reinos espirituales: el de la poesía, el de la curación y el del trabajo manual. No importa demasiado si dicho concepto es irlandés o si vino de Oriente junto con los complicados arabescos del arte medieval de la iluminación y las curiosas formas persas o arábigas de los poemas irlandeses del siglo IX. A este propósito mencionaremos una bien conocida cruz céltica de dicha época en la que figura la fórmula árabe Bismillah er-Rahman, er-Rahim ("En nombre de Alá, el Misericordioso, el Bondadoso"), prueba de ,que el sufismo concuerda con ambas religiones.
    Tal vez convenga resaltar que el arte y la arquitectura islámicos más nobles son sufíes, y que la curación de enfermedades, sobre todo las psicosomáticas, se practica normalmente por los sufíes actuales como deber natural, aunque no hasta haber estudiado durante un mínimo de doce años. También los ollamhs eran sanadores y estudiaron doce años en las escuelas de su tierra boscosa. El médico sufí no debe aceptar pago alguno superior al importe de un puñado de cebada, ni imponer su voluntad sobre el paciente, como hacen la mayoría de los psiquiatras, sino que, tras sumirlo en un estado de profunda hipnosis, le obligará a diagnosticar su propia dolencia y a prescribir la cura. El médico indica entonces cómo impedir la reincidencia de los síntomas. Ahora bien, la demanda de curación debe proceder del propio enfermo, no de su familia o de quienes deseen verlo restablecido.


    Tras ser conquistadas por los sarracenos en el siglo VIII, España y Sicilia se convirtieron en centros de civilización islámica famosos por su austeridad religiosa. Pero los estudiosos que, procedentes de tierras del norte, afluían a ellas con el fin de comprar obras árabes para su traducción al latín, no se interesaban por la doctrina islámica ortodoxa, sino únicamente por la literatura sufí y por algún que otro tratado científico. Las canciones de los trovadores -palabra que no guarda relación alguna l con trovar o encontrar, sino con la raíz arábiga trb, que significa "tocador de laúd" han quedado definitivamente establecidas como de origen sarraceno. El profesor Guillaume señala en The Legacy of Islam que poesía, romances, música y bailes, especialidades sufíes, fueron tan mal acogidos por las autoridades ortodoxas del Islam como por los obispos cristianos. En realidad lo árabe, aunque propagador de la religión musulmana y del pensamiento súfico, permaneció independiente de ambos.
    Según sabe todo sufí, adentrarse en el tema del amor conduce al éxtasis. Pero si los místicos cristianos consideran el éxtasis como una unión con Dios, y en consecuencia el punto culminante del perfeccionamiento religioso, los sufíes tan sólo le conceden valor en el caso de que el devoto vuelva otra vez al mundo y continúe viviendo en él de acuerdo con su propia experiencia. La literatura occidental ha quedado influida de manera profunda por el tema del perfeccionamiento espiritual conseguido a través del amor, difundido de manera especial por los árabes españoles del siglo X Ibn Masarra de Córdoba, Ibn Barrajan de Sevilla, Abu Bakr de Granada (aunque mallorquín de nacimiento) e Ibn Qasi de Agarabis en Portugal. El sabio sufí más conocido fue Averroes (Ibn Rushd), que vivió en el siglo XII y transformó el pensamiento escolástico cristiano.

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    Predeterminado Sufíes, masones del Islam VII

    La diosa Bridget

    Aunque no menciona el muérdago u otro locanthus, ellos son el emblema visible del secreto fluir de las ideas a que estas líneas se refieren.
    La diosa o musa irlandesa Bridget tenía un aspecto triple, igual que pasa con la musa que cita Ibn el-Arabi; y no sólo por ser a la vez ninfa, doncella y anciana, sino por presidir tres reinos espirituales: el de la poesía, el de la curación y el del trabajo manual. No importa demasiado si dicho concepto es irlandés o si vino de Oriente junto con los complicados arabescos del arte medieval de la iluminación y las curiosas formas persas o arábigas de los poemas irlandeses del siglo IX. A este propósito mencionaremos una bien conocida cruz céltica de dicha época en la que figura la fórmula árabe Bismillah er-Rahman, er-Rahim ("En nombre de Alá, el Misericordioso, el Bondadoso"), prueba de ,que el sufismo concuerda con ambas religiones.
    Tal vez convenga resaltar que el arte y la arquitectura islámicos más nobles son sufíes, y que la curación de enfermedades, sobre todo las psicosomáticas, se practica normalmente por los sufíes actuales como deber natural, aunque no hasta haber estudiado durante un mínimo de doce años. También los ollamhs eran sanadores y estudiaron doce años en las escuelas de su tierra boscosa. El médico sufí no debe aceptar pago alguno superior al importe de un puñado de cebada, ni imponer su voluntad sobre el paciente, como hacen la mayoría de los psiquiatras, sino que, tras sumirlo en un estado de profunda hipnosis, le obligará a diagnosticar su propia dolencia y a prescribir la cura. El médico indica entonces cómo impedir la reincidencia de los síntomas. Ahora bien, la demanda de curación debe proceder del propio enfermo, no de su familia o de quienes deseen verlo restablecido.


    Tras ser conquistadas por los sarracenos en el siglo VIII, España y Sicilia se convirtieron en centros de civilización islámica famosos por su austeridad religiosa. Pero los estudiosos que, procedentes de tierras del norte, afluían a ellas con el fin de comprar obras árabes para su traducción al latín, no se interesaban por la doctrina islámica ortodoxa, sino únicamente por la literatura sufí y por algún que otro tratado científico. Las canciones de los trovadores -palabra que no guarda relación alguna l con trovar o encontrar, sino con la raíz arábiga trb, que significa "tocador de laúd" han quedado definitivamente establecidas como de origen sarraceno. El profesor Guillaume señala en The Legacy of Islam que poesía, romances, música y bailes, especialidades sufíes, fueron tan mal acogidos por las autoridades ortodoxas del Islam como por los obispos cristianos. En realidad lo árabe, aunque propagador de la religión musulmana y del pensamiento súfico, permaneció independiente de ambos.
    Según sabe todo sufí, adentrarse en el tema del amor conduce al éxtasis. Pero si los místicos cristianos consideran el éxtasis como una unión con Dios, y en consecuencia el punto culminante del perfeccionamiento religioso, los sufíes tan sólo le conceden valor en el caso de que el devoto vuelva otra vez al mundo y continúe viviendo en él de acuerdo con su propia experiencia. La literatura occidental ha quedado influida de manera profunda por el tema del perfeccionamiento espiritual conseguido a través del amor, difundido de manera especial por los árabes españoles del siglo X Ibn Masarra de Córdoba, Ibn Barrajan de Sevilla, Abu Bakr de Granada (aunque mallorquín de nacimiento) e Ibn Qasi de Agarabis en Portugal. El sabio sufí más conocido fue Averroes (Ibn Rushd), que vivió en el siglo XII y transformó el pensamiento escolástico cristiano.

  7. #7
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    Predeterminado Sufíes, masones del Islam VIII

    En toda la literatura europea abundan las referencias a la deuda contraída con los sufíes. La leyenda de Guillermo Tell figuraba ya en el Parlamento de las Aves de Attar (siglo XII) mucho antes de su aparición en Suiza. Y el que las agrupaciones de arqueros alemanes (si hemos de creer al Malleus Maleficarum, manual sobre la caza de brujas, del año 1460) disparasen sus armas "en nombre del diablo" contra unas manzanas colocadas de la misma manera que en Guillermo Tell, indica la influencia sarracena. El mismo don Quijote, que ara-goneses, catalanes y provenzales pronuncian Kishotte, parece el más español de los españoles, pero el propio Cervantes reconoce que se valió de fuentes árabes para crearlo.


    Los eruditos han desechado dicha atribución, considerándola una broma quijotesca, pero la verdad es que el relato de Cervantes sigue con frecuencia de muy cerca las historias de Sidi Kishar, legendario maestro sufí que a veces se compara a Nasrudin, incluso en el famoso episodio de los molinos de viento (en su caso, de agua) a los que también confundió con gigantes. La palabra española Quijada -el nombre verdadero de Don Quijote, según Cervantes- deriva de la misma raíz árabe kshr que Kishar, reteniendo su significado de "muecas amenazadoras". El beato Ramón Llull, místico y mártir mallorquín, admite haber escrito su famoso poema LIibre d'Amic e Amat (1283) siguiendo un modelo sufí. Y fray Anselm Turmeda, místico cristiano catalán convertido al islamismo, era conocido también como el iluminado sabio sufí Abdulla el-Tarjuman, es decir, "el Intérprete".



    Ilustraciones persas de Las Mil y una Noches. Su traductor, Richard Burton, fue el primer investigador en señalar la estrecha relación que existe entre masonería y sufismo, aunque carecía de conocimientos suficientes para profundizar en ella.


    Fray Roger Bacon, que enseñó filosofía en Oxford, donde está enterrado, había estudiado en la España sarracena; pero evitó toda referencia a los iluminados por temor a ofender a las autoridades universitarias, designando las ideas de los mismos con el nombre de "orientales", palabra que en árabe está formada de la misma raíz que iluminismo. El profesor Asín de Madrid y sus adjuntos han identificado la relación de Bacon con los iluminados de la escuela de Córdoba fundada por Ibn Masarra (883-931). Dicha escuela fue impulsada por el sabio súfico judío Salomón ben Gabirol (1021-1058), conocido entre los sarracenos como Suleiman ibn Yahya ibn Jabriol, y entre los cristianos como Avicebrón. Se concede actualmente que Avicebrón ejerció una influencia notable en la fundación por San Francisco de Asís de la orden Franciscana, en la que Bacon ingresó en 1247. Cierto pasaje de una de las obras en latín de Bacon menciona la teoría evolucionista de los sufíes:
    "Esto no lo conocen ni los filósofos naturales ni toda la cohorte de escritores latinos. y como dicha ciencia no es sabida por la generalidad de los estudiantes, se infiere necesariamente que ignoran cuánto depende de ella por lo que a la generación de los seres animados respecta, plantas, animales y hombres. Porque al no saber lo que fue anteriormente, ignoran lo que viene después".

    Interpretaciones erróneas

    Aunque Fray Bacon era mirado con recelo porque estudiaba las "artes negras", no por ello la palabra negro tiene el significado de maligno, sino que se trata de un juego de palabras derivado de las raíces árabes fhm y fhhm, que se pronuncian fecham y facham con el significado respectivo de negro y sabio. Lo mismo sucede con el escudo heráldico de Hugues de Payns,

    La imagen muestra una tariqa sufí -la escuela donde los maestros ayudan a perfeccionarse a quienes lo deseen- y un grupo de dervi. ches ejecutando la danza sagrada del sema, con sus típicos giros que perduran en la actualidad.
    nacido en 1070, fundador de la orden de los Caballeros Templarios, en el que se ven tres cabezas de sarracenos colocadas como si estuvieran acabadas de cortar en el combate, pero que significan en realidad testas de la sabiduría.
    Los sufíes musulmanes tuvieron la buena fortuna de protegerse contra las acusaciones de herejía muy en especial gracias a los esfuerzos de EI-Ghazali, (1050-1111) al que se conoce en Europa como Algazel, quien llegó a convertirse en la más alta autoridad doctrinal del Islam, reconciliador de los mitos religiosos del Corán y la filosofía racionalista. Pero aun así fueron víctimas de frecuentes persecuciones en países de instrucción deficiente, donde se veían obligados a adoptar contraseñas secretas, ademanes y otros subterfugios con los que protegerse. En Occidente no existió un cristiano sufí con suficiente influencia eclesiástica como para apoyar a sus colegas en las grandes asambleas clericales; pero las ideas sufíes continuaron obrando como fuerza secreta, de desarrollo paralelo al de la cristiandad ortodoxa. De ahí la admiración, mezclada de suspicacia, con que eran considerados Fray Roger Bacon, el beato Ramón Llull y otros sufíes a los que se atribuían poderes y doctrinas extrañas.


    Dijimos al principio que "los sufíes forman una ántigua masonería espiritual..." En realidad, la masonería tuvo como origen una sociedad sufí. Se la conoció por vez primera en Inglaterra bajo el reinado de Aethelstan (924-939) y fue introducida en Escocia bajo el disfraz de un gremio de artesanos a principios del siglo XIV, gracias sin duda a los Caballeros Templarios. (Existe entre los masones cierta oscura tradición relativa a un origen artesano sarraceno. En el Dictionary of Dates, Haydn cita a los historiadores masónicos indicando: "Se dice que arquitectos de la costa africana de religión mahometana, lo llevaron a España hacia el siglo IX". El que los estadios sucesivos marquen el paso por ciertas experiencias espirituales, alegorizadas por el ritual, no es comprendido de manera muy clara).
    Su reforma en el Londres de principios del siglo XVIII por un grupo de sabios protestantes que tomaron por hebreos sus términos sarracenos, ha oscurecido muchas de sus primitivas tradiciones. Richard Burton, traductor de Las Mil y una Noches, que era masón y sufí, señaló por vez primera la estrecha relación entre ambas sociedades; pero no estaba lo suficientemente instruido en ninguna de ellas como para comprender que la masonería había partido de un grupo sufí. Idries Shah Sayed demuestra ahora que tal nombre fue una metáfora que significa "reedificación" o reconstrucción del hombre en su aspecto espiritual, a partir del hundimiento, y que los tres instrumentos de trabajo que actualmente se exhiben en las logias masónicas representan tres posiciones para la oración.

    Aprender observando

    Según los principios académicos ingleses, un pez no es el maestro más adecuado para enseñar ictiología. De modo parecido, la mayoría de los libros y artículos modernos sobre los sufíes tienen por autores a profesores de universidad europeos y americanos con mentalidad historicista, que nunca se sumergieron en las profundidades del sufismo. .
    Los maestros sufíes tratan de disuadir a los discípulos que llegan con "las manos vacías", es decir, los que carecen de un innato sentido del misterio central. En lo que respecta a la tradición literaria o a la terapéutica, el discípulo no aprende tanto siguiendo las enseñanzas de sus maestros como observando el modo en que se resuelven los problemas del vivir cotidiano. No debe abrumarle con preguntas, sino aceptar confiadamente lo que en un principio le pueden parecer cosas ilógicas o absurdas, pero que a la larga adquieren un significado definido. Muchas de las principales paradojas sufíes están presentes en historietas cómicas, especialmente las que tienen por personajes principales a Khoja (el maestro) Nasrudin, y también en las fábulas de Esopo, al que los sufíes consideran como antepasado suyo.

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