SURAS MEDINENSES

Así pues, después de haber enfrentado, durante trece años, la encarnizada oposición de los enemigos del Islam, sobrevino la emigración del Profeta y de la mayoría de los musulmanes a Medina. esto marca otra etapa (el tercer estadio de la prédica del Profeta).

La comunidad musulmana triunfante se organizaba en un Estado ordenado. Sobrevino, entonces, un encuentro armado que los enfrentó a su acérrimos enemigos -en cuyas filas también se contaban judíos y cristianos, sin contar los musulmanes "hipócritas" los pseudomusulmanes- que se habían infiltrado en su rebaño.

Al cabo de diez años de esfuerzo, finalmente, el Profeta pudo consolidar la comunidad de los creyentes y extender su mensaje al resto del mundo.

Paulatinamente se operaron cambios y cada uno traía aparejados sus problemas. Así Dios, en su Infinita Sabiduría, revelaba al Profeta (la paz y la bendición sean con él) suras y versículos pertinentes al momento, situaciones y problemas. Por ello, algunos adquirían el tono de un amonestador y otros la forma de normas o decretos de un legislador. Otros adoptaron el tono de un maestro o de un reformador y enseñaban los principios y métodos pertinentes a la organización de la comunidad para construir un Estado llamado a ser cimiento de cultura y civilización. También los versículos guiaban para solucionar los problemas de la vida o impartían instrucciones para tratar a los hipócritas e incrédulos infiltrados. Además, eran guiados convenientemente para saber comportarse con los monoteístas (a las "gentes del libro"), con los poderes beligerantes y con sus propio aliados.

Otros versículos los capacitaba para ser justos y dignos vicarios del Creador del Universo. A tal fin instaban al creyente a observar los principios de la Moral Islámica para un recto actuar -en la paz y en la guerra, en la adversidad y en la prosperidad, en la victoria y en la derrota.

En otras palabras, estas aleyas preparaban al creyente para elevarse y perfeccionarse y así ser dignos adeptos y prosélitos de las más elevadas virtudes, para proseguir la propagación del Islam como sucesores del Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él).

Para concluir, no debemos dejar de citar las aleyas que exhortaban a los monoteístas a convertirse al Islam, así como a los incrédulos y a los que se habían desviado del sendero de Dios (hipócritas y apostatas, etc.). o los amonestaba, reprendía o estigmatizaba por su falta de piedad y dureza de corazón, advirtiéndolos de la suerte que les estaba reservando, reprendiéndolos por el olvido de las lecciones de la historia y acontecimientos del pasado, a fin de que no tengan la menor duda en cuanto a la adopción de los modos errados de vida.

EL ESTILO DEL CORÁN

Hemos dejado bien explícito en qué circunstancias el sagrado Corán fue revelado al Profeta (la paz y la bendición de Dios sean con él). Es, por ende, obvio que no puede tener uniformidad de estilo que caracteriza a otros libros de religión. También debemos tener presente que las aleyas de] Corán (tanto extensas como las breves) fueron reveladas al Mensajero de Dios para que predicase:- o sea, para que exhortase e instase de viva voz. Por lo tanto, no podían tener el estilo de un texto escrito. Este texto coránico es de una naturaleza muy peculiar, por consiguiente, su estilo había de ser sin igual. Dios confió al Profeta una misión sagrada y, para ello, tenía que apelar tanto a los sentimientos como al intelecto de las gentes; tenía que dirigirse a las más diferentes mentalidades y enfrentarse a situaciones inimaginables durante el transcurso de su misión.

Por ello, es evidente que, en tales condiciones, su prédica debía ser transmitida esencialmente de viva voz para apelar a los sentimientos y emociones y, así, poder transformar a los humanos para que fuese posible la transformación y organización de la comunidad islámica al influjo de los principios del Islam, cuyo mensaje está contenido en el Corán.

En su tarea de reformador, el profeta preparó, renovó, educó y purificó el alma de sus seguidores al transmitirles de viva voz, la palabra del Creador, a él revelada, en suras y versículos. A tal fin, también debía inculcarles el sentido del coraje y del honor, rebatiendo los argumentos de los opositores evidenciando los vicios y flaquezas mortales, etc. Resulta, harto evidente, la pertinencia de las repeticiones insistentes de ciertos versículos que son resaltados con especial persistencia, aunque a veces de formas diferentes para evitar la monotonía, en un lenguaje hermoso y apropiado para el sublime objetivo:- la transformación, mejora y perfección del hombre para transformar, promover y perfeccionar la comunidad humana.

Por otra parte, todas las suras coránicas contienen referencias a la esencia del Islam: - La Unidad de Dios, sus atributos, el Juicio Final, la Eternidad de la otra vida, el castigo y la recompensa, la profecía, la creencia en el libro, etc... Todos ellos aleccionan instando a la piedad, fortaleza y paciencia; la sumisión, fe y confianza en Dios, y otras virtudes esenciales para la perfección y salvación del hombre. Sin estas cualidades y virtudes presentes en las diferentes etapas, la comunidad musulmana no hubiera podido prosperar en su verdadero espíritu.

ORDEN DEL TEXTO DEL CORÁN

Una pequeña reflexión -a la luz de la diferencia que existe entre las Suras Mecanas (*) y las Suras Medinensas (**) -responderá a la cuestión del por qué los capítulos (Suras) del Corán no fueron colocados en el orden en que fueron revelados. Esta cuestión es importante, pues ha sido empleada por los enemigos del Islam para urdir mal entendimientos acerca del Corán y formular ridículas conjeturas acerca del orden actual de las Suras. Estos pretenden que los adeptos del Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) reunieron y publicaron el Corán sin un orden preestablecido, como por ejemplo, en razón del tiempo o cualquier otro factor, simplemente tratando de colocar los capítulos más largos en el comienzo.

Estas conjeturas se explican por qué desconocen la sabiduría del Corán. No obstante, ser el libro perenne, válido para todos los tiempos, tenía que ser revelado gradualmente, en el curso de veintitrés años, de acuerdo con las necesidades y requisitos de las diferentes etapas de la prédica del profeta. Es obvio que la secuencia de las revelaciones durante la prédica, en su inicio no podía se la adecuada al completarse la Revelación. En un principio el Corán se dirige a las gentes que ignoran todo de la esencia profunda de la Fe Islámica; y por tanto, tenía que inculcarles, naturalmente, los principios más elementales. -Tenía que darles a conocer sus derechos y deberes para la regulación de sus vidas, por ello el orden era diferente. Su preparación para la programación del Mensaje a toda la humanidad; la imprescindibilidad de advertirles de los peligros que aparecieron entre los seguidores de los primeros Profetas.

Primeros Profetas -para ponerles en guardia- imponían ese orden. Por ello, las Suras: -"ALBAQARA" (la Vaca) las Medinensas y no "AL ALAQ" y las Mecanas tenían que encontrarse al principio del Corán.

Además para la finalidad del Corán no es pertinente la agrupación por asuntos. A fin de evitar la parcialidad en cualquier etapa de su estudio, es esencial que las Suras estén, como lo están, intercaladas entre las Suras Reveladas en Medina, y que las Suras Reveladas en Medina (medinesas) sigan a las de Meca, y que las Suras reveladas en el inicio de la prédica se ordenaron entre las que fueron reveladas en época posterior.

Todo lo expuesto fue así dispuesto para que la misión del Islam completo permaneciera siempre ante el lector. De ahí la sabiduría del orden actual.

Cabe resaltar que el orden del Corán fue establecido por el mismo Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) inspirado por Dios. Cuando una Sura le era revelada, el Profeta la dictaba textualmente a uno de sus amanuenses, ordenando en qué lugar de la Sura en que debían ser colocadas. Igualmente en el caso de un pasaje o versículo que no constituía una Sura independiente, el Profeta daba instrucciones para insertarlo en su debido lugar en la Sura de que había de formar parte.

Además el Profeta solía siempre recitar el Corán durante la oración (3) y en otras ocasiones siempre en el mismo orden y daba instrucciones a sus compañeros para que los recitaran en este mismo orden.

Así pues, es un hecho irrefutable que el orden actual del Corán fue establecido por el Profeta, al completarse la revelación, bajo la inspiración de Dios Creador del Universo.