HADIZ Y SUNNAH

Durante las últimas décadas se han presentado muchas propuestas de reforma, y muchos médicos del espíritu han intentado crear un medicamento que cure el cuerpo enfermo del Islam. Pero hasta hoy todo ha sido en vano porque todos esos médicos listos –al menos los que se hacen escuchar en nuestros días- se olvidan sin excepción de recetar, junto a sus medicinas, tónicos y elixires, la dieta natural en la que se basó el desarrollo de los primeros años del paciente. Esta dieta, que es la única que el cuerpo del Islam, sano o enfermo, puede realmente aceptar y asimilar, es la Sunnah de nuestro Profeta Muhammad. La Sunnah es la clave que nos ayuda a entender el surgimiento del Islam hace más de trece siglos y ¿por qué no ha de ser también una clave para la comprensión de nuestra degeneración presente? La práctica de Sunnah es sinónimo de la existencia del Islam y su progreso y, por el contrario, su abandono es sinónimo de su descomposición y decadencia. La Sunnah es el armazón de hierro de la Casa del Islam; y si despojamos a un edificio de su armazón, ¿podrá sorprendemos el que se derrumbe como un castillo de naipes?

Esta simple verdad, aceptada casi unánimemente por todos los eruditos de la historia islámica, es hoy -como bien sabemos- menos popular que nunca por razones que están ligadas a la creciente influencia de la civilización occidental. A pesar de esto, sigue siendo verdad y es, de hecho, la única verdad que puede salvamos del caos y de la vergüenza de nuestra decadencia actual.

El término Sunnah es usado aquí en su significado más amplio, o sea, el ejemplo que el Profeta nos ofrece en sus actitudes, sus acciones y sus palabras. Su maravillosa vida fue una ilustración y una explicación del Corán, y no existe mejor forma de hacer justicia al Libro Sagrado que siguiendo a aquel a través del cual fue revelado".

Hemos visto que uno de los principales logros del Islam, y el que lo distingue de todos los demás sistemas transcendentales, es la completa armonización entre los aspectos morales y materiales de la vida humana. Esta fue una de las razones del fulgurante éxito del Islam dondequiera que surgió durante su apogeo. El Islam trajo a la humanidad el nuevo mensaje de que la Tierra no tenía que ser despreciada a fin de ganar el Cielo. Esta característica prominente del Islam explica el porqué nuestro Profeta, en su misión de guía apostólico de la humanidad, estaba tan profundamente interesado en la vida humana y su polaridad como fenómeno a la vez espiritual y material. No se demuestra, por lo tanto, una comprensión muy profunda del Islam si no se establece diferencias entre los dichos del Profeta que se refieren a asuntos puramente devociónales y espirituales y aquellos que tienen que ver con cuestiones sociales y de la vida cotidiana. La opinión de que estamos obligados a seguir aquellos mandatos que pertenecen al primer grupo, pero no estamos obligados a seguir los del segundo, es tan superficial y, en su espíritu, tan anti-islámica como la idea de que ciertas órdenes generales contenidas en el Corán iban destinadas solamente a los árabes ignorantes del tiempo de la Revelación y no a los refinados caballeros del siglo veinte. En el fondo de esto subyace una subestimación extraña del verdadero papel del Profeta árabe.

De igual forma que la vida de un musulmán debe ser dirigida hacia una cooperación plena y sin reservas entre su cuerpo y su espíritu, así también el liderazgo del Profeta abarca la vida como una entidad compuesta: una suma total de manifestaciones morales y prácticas, individuales y sociales. Este es el significado más profundo de la Sunnah. El Corán dice:

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"¡Pero no, por tu Señor! No serán (realmente) creyentes hasta que te acepten como arbitro en todo lo que sea motivo de litigio entre ellos y luego no sientan en su fuero interno objeción alguna a tu veredicto y lo acaten plenamente" (surah 4:65).



"Di (Oh Profeta): "Si amáis a Dios, seguidme, (y) Dios os amará y perdonará vuestros pecados. Dios es Indulgente, Misericordioso". Di: ¡Obedeced a Dios y al Enviado!" (surah 3:31- 32).

La Sunnah del Profeta es, por lo tanto, la segunda fuente de la Ley Islámica , después del Corán. De hecho, debemos considerar a la Sunnah como la única explicación vinculante de las enseñanzas coránicas; el único medio de evitar disensiones constantes sobre su interpretación y adaptación al uso práctico. Muchos de los versículos del Corán tienen un significado alegórico y pueden ser entendidos de diversas maneras. Y existen asimismo muchas cuestiones de importancia práctica de las que el Corán no se ocupa explícitamente. El espíritu que impregna el Libro Sagrado es ciertamente uniforme en toda su extensión; pero deducir de él la actitud práctica que debemos adoptar no es siempre un asunto sencillo. Dado que creemos que este Libro es la Palabra de Dios, perfecto en su forma y propósito, la única conclusión lógica es que no fue revelado para ser usado independientemente de la guía personal del Profeta que se encuentra contenida en el sistema de su Sunnah; y nuestra razón nos dice que no podría haber existido un mejor intérprete de las enseñanzas coránicas que aquel a través del cual fueron reveladas a la humanidad.

Y llegamos así a la importantísima cuestión de la autenticidad de las fuentes que nos revelan la vida y los dichos del Profeta. Estas fuentes son los hadices, o Tradiciones de los dichos y acciones del Profeta comunicados y transmitidos por sus Compañeros y recopilados críticamente en los primeros siglos del Islam. Muchos musulmanes modernos aseguran que estarían dispuestos a seguir la Sunnah si estuvieran convencidos de que pueden confiar en el cuerpo de hadices sobre el que se apoyan. Se ha puesto de moda en nuestros días el negar, en principio, la autenticidad de la mayoría de los hadices y, en consecuencia, de la Sunnah en su conjunto.

¿Se apoya esta actitud sobre una base científica? ¿Existe una justificación científica para rechazar los hadices como fuente fiable de la Ley Islámica ? Quienes se oponen al pensamiento ortodoxo deberían haber presentado ya argumentos realmente convincentes que demuestren, de una vez por todas, que las Tradiciones atribuidas al Profeta no son dignas de confianza. Pero no ha sido así. A pesar de todos los métodos empleados para cuestionar la autenticidad de los hadices en su conjunto, estos críticos modernos, en el Este y en el Oeste, no han sido capaces de respaldar sus críticas puramente subjetivas con argumentos extraídos de una auténtica investigación científica. Y les sería bastante difícil hacerlo, porque los recopiladores de las primeras colecciones de hadiz, en particular Bujari y Muslim, hicieron todo lo humanamente posible para someter a un examen muy riguroso la autenticidad de cada una de las Tradiciones -un examen mucho más riguroso que los que los historiadores occidentales aplican a cualquier documento histórico.