3. Muhammad fue el único profeta que cumplió su cometido y finalizó su trabajo en vida, antes de morir. El Corán afirmaba que la religión de Dios había sido perfeccionada, se había completado el favor de Dios con los creyentes, y se había salvaguardado y continuaría preservada la verdad de la revelación (Corán, 5:2 y 10:91). Cuando murió, la religión del Islam estaba completa y la comunidad de creyentes musulmanes se encontraba firmemente establecida. El Corán quedó registrado en vida suya y se conservó en su versión total y original. Todo ello indica que la religión de Dios ha sido completada por Muhammad en concepto y en aplicación, y que el Reino de Dios ha sido establecido aquí en la tierra. La misión de Muhammad, su ejemplo y sus logros, han demostrado que el Reino de Dios no es un ideal inalcanzable o algo del mundo futuro, sino también de este mundo, algo que existió y floreció en el tiempo de Muhammad y que puede existir y florecer en cualquier época en que existan verdaderos creyentes y hombres de fe. Por ello, si algún hombre estaba destinado para culminar la misión de los profetas, ¿Quién podría hacerlo sino Muhammad?. y si algún libro había sido designado para poner fin a la Revelación ¿Cuál mejor que el Corán? El cumplimiento real de la misión de Muhammad en la tierra y el registro auténtico de todo el Corán en su vida no dejan indicio de duda, en mente alguna, en lo que se refiere a la creación de que fue el último profeta.

4. El decreto divino de que Muhammad es el último profeta se basa en la autenticidad pura y original del Corán, en las realizaciones únicas y definitivas de Muhammad, en la universalidad de¡ Islam y en la aplicabilidad de las enseñanzas coránicas a cada situación, edad y hombre. Es la religión que trasciende todas las fronteras y atraviesa todas las barreras de raza, color, edad y condición de riqueza o prestigio. Es la religión que asegura a todos los hombres la igualdad y la fraternidad, la libertad y la dignidad, la paz y el honor, la guía y la salvación. Esta es la pura esencia de la religión de Dios y la clase de ayuda que El siempre ha prestado al hombre desde, los albores de la historia. Con Muhammad y el Corán ha culminado la evolución religiosa. Ello no significa, sin embargo, el final de la historia o la terminación de la necesidad humana de la guía divina. Se trata sólo del comienzo de un nuevo enfoque, la inauguración de una nueva era en la que el hombre ha recibido suficientemente toda la orientación divina y los ejemplos prácticos que precisa. Esta guía divina está contenida en el Corán, la revelación más auténtica e incorruptible, de Dios, y todos estos ejemplos prácticos se encuentran en la personalidad de Muhammad. Si hubiera de venirnos un nuevo profeta o una nueva escritura revelada, ¿qué añadirían a la calidad de las profecías, o a la verdad del Corán?, Si se trata de preservar la palabra de Dios o guardar la verdad de la Revelación, esto se ha conseguido a través del Corán. Si se trata de demostrar que puede aplicarse en la historia la Ley de Dios, o que el Reino de Dios puede ser establecido en la tierra, todo ello ha sido probado por Muhammad. Y se pretende dirigir al hombre hacia Dios por el camino recto de la vida. Esto ha sido claramente establecido por el Corán y por Muhammad. El hombre no necesita nuevas revelaciones ni nuevos profetas. Lo más urgente para él es despertarse, abrir la mente y avivar su corazón. Lo que ahora necesita es utilizar las revelaciones de que dispone, utilizar los recursos que posee y extraer de los inagotables tesoros del Islam lo que ha incorporado, preservando y perfeccionando la pureza de las anteriores revelaciones.


5. Dios decretó que Muhammad sería el último profeta y así lo fue, Ningún profeta anterior a Muhammad ha hecho, realizado o donado tanto como él. Y nadie de los que han pretendido posteriormente ser profetas han llevado a cabo nada comparable a lo que él hizo. No obstante, este decreto divino se anticipó a los grandes acontecimientos históricos que siguieron. Anuncié al hombre la buena nueva de que entraría en una nueva etapa de madurez intelectual y de altura espiritual y de que, a partir de entonces, habría de prescindir de nuevos profetas o revelaciones, para realizarse así mismo con ayuda de los ricos legados de profecías y revelaciones, que encontramos en Muhammad y sus predecesores. Se anticipó el hecho de que las culturas, razas y regiones del mundo podrían aproximarse cada vez más entre sí y que la humanidad podría vivir con una religión universal, en la que Dios ocuparía el lugar justo y en la que el hombre adquiriría su plena entidad. Fue un testimonio solemne del gran papel que representaría el conocimiento avanzando y el firme compromiso intelectual, en términos de llevar al hombre hacia Dios. Y es cierto que si el hombre puede combinar su conocimiento avanzado y su firme potencia¡ intelectual con el espiritual y las enseñanzas morales del Corán, no puede dejar de reconocer la existencia de Dios y adaptarse a la Ley Divina.



La etapa histórica de los profetas terminó con Muhammad para demostrar al hombre que es posible madurar por su propia iniciativa, dar a la ciencia una oportunidad de obrar correctamente y explorar el vasto dominio de Dios, proporcionar a la mente la posibilidad de reflexionar, y profundizar en los grandes misterios. La naturaleza del Islam ofrece grandes dosis de flexibilidad y viabilidad y puede hacer frente a cualquier situación. El Corán es, por su naturaleza, universal y constantemente revelador Y su guía es segura, está exenta de dudas. La naturaleza del mensaje de Muhammad es tal que se dirige a todos los hombres y a todas las generaciones. Muhammad no fue simplemente un líder racial o un liberador nacional. Fue y continúa siendo un personaje histórico y el mejor modelo para quien busca a Dios. Todo hombre puede encontrar en él algo que aprender, así como excelentes ejemplos de bondad y piedad a seguir. Y en él puede encontrar toda generación la esperanza perdida.