Moderacion

Una tercera característica es la moderación o armonía entre lo divino y lo humano, lo espiritual y lo material, lo individual y lo colectivo y así sucesivamente. El Corán presta la debida atención a todos los hechos de la vida y a todas las necesidades del hombre, y los trata de tal manera que ayuda a éste a conseguir los nobles objetivos de su ser. Por esta característica de moderación, el Corán llama a los musulmanes una Nación justiciera (2:143) y con esta "moderación" los considera la mejor nación que jamás haya surgido para la humanidad, porque encomiendan el bien, prohíben lo ilícito y creen en Dios" (3:110).

La sabiduría coránica actúa en tres dimensiones principales: hacia dentro, hacia fuera y hacia arriba. Hacia dentro, penetra en los rincones más recónditos del corazón y alcanza las mayores profundidades de la mente. Se dirige al saludable cultivo del individuo desde su interior. Esta penetración hacia dentro es diferente y llega mucho más lejos que cualquier otro sistema legal o ético, porque el Corán habla en nombre de Dios y somete todas las cosas a El.

La función hacia fuera del Corán abarca todos los caminos de la existencia y los principios de todos los asuntos humanos, desde los puramente personales hasta las más complejas relaciones internacionales. El Corán llega a áreas desconocidas para cualquier sistema jurídico o código de moral laico; y, es inaccesible a cualquier doctrina religiosa popular. Lo más destacado del Corán, a este respecto, es que contempla las transacciones humanas de tal forma que les da un sabor divino y un toque moral. Hace palpable la presencia de Dios en todas las transacciones, y así le reconoce como la primera fuente de orientación y la meta final de todas las transacciones. Es la guía espiritual del hombre, su sistema jurídico, su código de moral y, sobre todo, su forma de vida.

En su función hacia arriba el Corán se centra en el único y supremo Dios. Todo lo que fue, lo que es o lo que será, debe analizarse y verse a través de este enfoque, la presencia activa de Dios en el Universo. El hombre es sólo un depositario en el vasto dominio de Dios, y el único objetivo de su creación es adorar a Dios. No caben pretextos para el aislamiento o el retiro pasivo de la vida. Es una abierta invitación al hombre para que incorpore realmente, en la tierra, las excelentes cualidades de Dios. Cuando el Corán se centra en Dios, en su atención ascendente, abre ante el hombre nuevos horizontes de pensamiento, le conduce a niveles inigualados de elevada moralidad, y le pone en conocimiento con la fuente eterna de la paz y la bondad. Entender que Dios es la única meta definitiva del hombre supone una revolución contra las tendencias populares del pensamiento humano y las doctrinas religiosas, una revolución cuyo objetivo es liberar a la mente de la duda, al alma del pecado, y emancipar la conciencia de la subyugación.

La sabiduría coránica es concluyente, en todas sus dimensiones. Ni condena ni tortura la carne, ni desatiende el alma. No "humaniza" a Dios, ni deifica al hombre. Todo está cuidadosamente colocado, en el lugar que le corresponde, dentro del esquema total de la creación. Existe una relación proporcionada entre las obras y las recompensas, entre los medios y los fines. La sabiduría coránica no es neutral. Es exigente, y sus demandas son recibidas con júbilo por todos los bienaventurados que han recibido raciocinio y entendimiento.

La sabiduría del Corán pide pensamientos sinceros y obras piadosas. unidad de propósitos y deseos de buena voluntad. "He aquí el libro indudable que es la guía de los timoratos...'' (2:2). "He aquí el Libro que te hemos revelado, para que saques a los humanos de las tinieblas a la luz..." (14:1 ).