en silencio, los dos sentados
frente al Peñón de Gibraltar,
disfrutamos entre dos faros
regocijados, mirando al mar

llegan mis cartas a la orilla,
en tantos años olvidadas,
impregnadas de olor a mirra
y escritas en letra árabe clara

en ellas pregunto abrumado
cómo puede estar mal amarte,
si me cogiste de la mano
y del abismo me salvaste

que yo vivo para adorarte
y sin tu guía mi alma se hunde
¿no ven que todo mi ser arde
por que estés conmigo en la cumbre?

en pie lucharé hasta la muerte
si hace falta en contra del mundo,
mal que haya al este ni al oeste
quien me auxilie en este fin justo

que pueden cruzar montañas
e incluso hacer la luna añicos,
pero no tomarán mi espada
ni los besos que allí nos dimos