Aqui os dejo la noticia

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Cae la noche en cualquier ciudad española. Miramos al cielo y lo quedebería ser un manto de estrellas es en realidad un montón de luz artificial de color blanco. Se trata de la contaminación lumínica, un tipo de contaminación que pasa más desapercibida para los ciudadanos que otros tipos de contaminación como la del aire, el suelo o la auditiva; pero que igualmente representa un peligro para nuestra salud. Los biólogos denuncian la preceria situación de los cielos españoles, muy saturados por la contaminación lumínica.

Entre los efectos negativos del uso excesivo que se hace de la iluminación artificial, a parte del derroche económico que supone mantener encendidas las farolas y los edificios iluminados toda la noche, destacan los que padecemos personas y animales. Algunas especies de animales que realizan sus actividades vitales por la noche no pueden realizarlas por el exceso de luz, lo que acaba provocándoles alteraciones biológicas.

También las personas sufrimos la alteración de nuestros ritmos biológicos a causa de la contaminación lumínica. La exposición a luces brillantes como las luces blancas LED hacen que dejemos de producir melatonina, una hormona que se segrega por la noche y que sirve para que el reloj biológico de nuestro organismo se mantenga “en hora”. La contaminación lumínica puede alterar nuestro sueño y provocar insomnio, diabetes, obesidad, depresión, acelerar nuestro envejecimiento y reducir la fertilidad.

La sociedad no está concienciada respecto a este problema y las consecuencia que tiene sobre ella. Tampoco las administraciones se han preocupado mucho al respecto, y buena prueba de ello es la gran cantidad de leyes de toda índole y de diferentes niveles que existen en España respecto a la protección del cielo. Además de la Ley de Calidad del Aire y Protección de la Atmósfera, de ámbito estatal, las Baleares, Navarra, Catalunya, Andalucía, Madrid, Extremadura, Castilla y León y Cantabria tienen leyes propias, pero a la hora de la verdad cada municipio actúa como quiere.


La excepción la encontramos en la isla de La Palma. En esta isla de la provincia de Tenerife está vigente desde 1988 la Ley del Aire, que se hizo expresamente después de la inauguración del Observatorio del Roque de los Muchachos. Aunque la ley nació para garantizar la calidad del cielo para el uso científico, no solo protege el cielo, sino que también ha permitido ahorrar energía, y ha servido de inspiración para otras administraciones.

Para acabar con este problema, medidas como la iluminación de las vías en vez de los edificios, una orientación vertical y no horizontal de la luz o el uso de focos cálidos en lugar de las luces blancas LED son algunas recomendaciones que hacen los expertos. Aunque el ministerio de Industria intentó regularlo, las administraciones no han hecho grandes esfuerzos para cumplir la ley al 100%; y solo la crisis ha llevado a algunas a apagar las luces que no sea estrictamente necesarias para que se pueda ver bien.