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Tema: Fingir el orgasmo por patriotismo - Juan José Millás

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    Predeterminado Fingir el orgasmo por patriotismo - Juan José Millás

    Angela Merkel y Mariano Rajoy son una pareja sadomasoquista en la que ella pone el sado

    JUAN JOSÉ MILLÁS 27 JUL 2012 - 00:28 CET

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    Archivo Adjunto 1193







    Angela Merkel y Mariano Rajoy son una pareja sadomasoquista en la que ella pone el sado y él el maso. Así que cuando la canciller azota el culo del gallego, nos castiga a todos los españoles por haber sido malos. Lo que al principio parecía un juego inocente, una mera representación de burdel democristiano, ha devenido con el tiempo en porno duro de casa de putas ultraliberal. Ahora los látigos son de verdad, los moratones auténticos y si bien es cierto que usted y yo no hemos hecho nada para llegar a esta situación de mierda, Merkel y Rajoy, dos perversos de los que hacen historia, están logrando que nos lo creamos hasta el punto de que ya hay voces procedentes de la derecha y la extrema derecha que piden más castigo en sus editoriales y artículos de fondo.
    —Hemos sido malos, seño, péguenos, péguenos. Así, así, más fuerte, agggg, qué gusto. ¿Da usted su autorización para que eyaculemos?
    Y ahí está la madame, ataviada de correas y hierros, dándonos fuerte en el IVA, en las pensiones, en la paga extraordinaria, en la prestación de desempleo, dejando caer cera fundida sobre los pezones de los enfermos terminales, clavando agujas en la educación, en la justicia, aplicando corrientes eléctricas en las condiciones de trabajo y en lasdescondiciones del paro. Y todo le parece poco, pues cada día se presenta con un nuevo instrumento de tortura sin que la prima de riesgo afloje por eso su presión o las Bolsas nos den un respiro.
    En cierto modo, las relaciones entre Merkel y Rajoy metaforizan las existentes entre los países del norte y los del sur de Europa, que se casaron en un rapto de locura política de consecuencias trágicas sin hacer siquiera separación de bienes (juntamos lo tuyo y lo mío y lo llamamos euro). La sociedad de gananciales, a la hora de la separación, crea tantas complicaciones que hay parejas que prefieren seguir juntas sin amor a divorciarse. Europa y España ya no se quieren, quizá no se han querido nunca, pero como el piso en el que vivimos es de las dos, no queda otro remedio que aguantar. Nos podemos ir de casa, claro, pero para vivir en un camping, que no es plan.
    Rajoy ganó las elecciones con un programa de dos patas: según la primera, él era un hombre medicina, un brujo, de modo que su mera presencia en la habitación del moribundo le haría revivir. De acuerdo con la segunda, era también un latin lover ante el que la dura Merkel, hija de un pastor luterano y formada en las Juventudes Comunistas de la RDA, caería rendida como una adolescente ante George Clooney. Ignoramos quién pudo convencerle de que tenía una gracia que no se podía aguantar, pero lo cierto es que Rajoy transmitió al contribuyente la idea de que él, al contrario de Zapatero, gustaba mucho a la señora Merkel, de quien procede todo el bien y todo el mal al que un europeo puede aspirar en función de sus gustos y disgustos.
    —No es cuestión de programa político —vino a decir Mariano—, es cuestión de seducir o no seducir a los mercados y a la señora Merkel. Cuando yo gobierne, los inversores nos pedirán de rodillas que les dejemos invertir en nuestro suelo.
    Se le votó por eso, pues conociendo a la canciller tampoco resultaba del todo inverosímil que bebiera los vientos por un sujeto con maneras de auxiliar administrativo de los de vuelva usted mañana y aquí faltan dos pólizas. Al fin y al cabo, la señora, como hemos dicho, viene de la religión y del comunismo, un corsé explosivo de burocracia ciega y obediencia irracional al mando. Más dudoso era que Rajoy se enamorara de Merkel, no le concedemos esa capacidad, la de enamorarse, pero creímos que podía fingir el orgasmo por patriotismo.
    El fingimiento, de hecho, no se le da mal: nos hizo creer que la crisis era de confianza y que subir el IVA de “los chuches” constituía una indecencia y que las niñas que nacieran bajo su mandato serían, sin excepción, rubias y de ojos azules. No dijo una verdad, una sola, pero logró que aceptáramos la mentira como animal de compañía, de modo que desde entonces nos acostamos con ella, nos levantamos con ella y la sacamos a pasear varias veces al día para que la mentira haga sus necesidades, que recogemos en una bolsita de plástico con la que volvemos a casa para comérnosla frente a la tele. Estamos comiendo mierda por un tubo.
    Esto de que Rajoy mintiera sin rubor y a todas horas, incluso cuando la mentira careciera de objetivo sexual o político reconocible, conectaba oscuramente con la idiosincrasia del español medio, pues si Merkel, como se ha dicho, viene de las Juventudes Comunistas, nosotros venimos de la novela picaresca. Quiere decirse que necesitábamos un listillo capaz de hacer creer a los tontos centroeuropeos que estábamos concediéndoles un crédito cuando en realidad se lo estábamos solicitando. Y la verdad es que Rajoy creyó haberlo logrado, pues volvió de uno de aquellos viajes a territorio hostil jactándose de haberles hecho la picha un lío a todos, lo que celebró marchándose al fútbol.
    La mentira carece de piernas, de modo que le pillamos enseguida, claro. Pero él, lejos de arredrarse, continuó vendiéndonos la especie de que tenía completamente sometida a Angela Merkel.
    —Hasta me ha invitado a dar un paseo romántico en barco —presumió a través de sus portavoces, que filtraron profusamente las imágenes de aquel encuentro vendiéndolas como un idilio en el que la frígida mandataria se había rendido a los encantos de nuestro latin lovergallego, valga la contradicción.
    Lo del paseo en barco, visto con perspectiva, constituyó uno de esos momentos en los que el sádico levanta ligeramente la presión sobre el masoquista para atizarle más fuerte después. Y nos atizó, vaya si nos atizó, con todas las medidas que Rajoy desgranó en el Parlamento reconociendo que no eran suyas porque él era un mandado.
    —No tengo libertad para escoger.
    En efecto, había devenido en un esclavo sexual de la señora. Lo lógico es que ante esa falta de autonomía intelectual y política, hubiera dimitido. Pero se ve que le ha cogido gusto al maso, que practica fuera, con Merkel, y al sado, que practica dentro, con usted y conmigo. Y a aguantar. Lo que hace falta es que sea para bien.

    Archivo Adjunto 1193

    Próxima entrega, el lunes: Cristóbal Montoro / Luis de Guindos.
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    Fuente:
    http://cultura.elpais.com/cultura/2012/07/26/actualidad/1343327829_638090.html

    Última edición por babel; 15/08/2012 a las 16:28
    Dios está separado de nada y nada está separado de Dios. Todos somos UNO. Nada más importa. Dios AMA cada ser humano que ha vivido, que vive o que vivirá...

  2. #2
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    Predeterminado

    Livamu... Hola...

    Mientras ando releyendo y corrigiendo mis mensajes, me "distraigo" leyendo estas excelentes notas que has puesto.

    Es un placer enorme encontrarse con alguien que escribe sobre los poderosos con tanta dureza, al mismo tiempo que con tanto humor.

    A primera vista parece sorprendente que en el "Boletin Oficial" del Gobierno Español se permita la publicación de estas notas que son verdaderas editoriales (aunque no las firme el editor).

    Pero, en realidad, es la manera en que la ultraderecha neoliberal más rancia se convierte en "potable" para muchos lectores que no son ni de derecha ni neoliberales.

    Porque el verdadero poder en España (y en la Argentina y en la mayoría de los países) que controla a "falsimedias" como El País, necesita suavizar las salvajadas que sostiene en lo político y en lo económico y, para ello, nada mejor que el suplemento cultural "de izquierdas" de un "diario de derechas".

    En la Argentina sucede lo mismo con el "multi-falsimedia" Clarin que edita todos los sábados la Revista Cultural Ñ, en la que se publican notas asombrosamente "progres".

    En fin... pero no por ser un ardid de la ultraderecha nos privaremos de disfrutar de la pluma de Juan José Millás.

    Una vez más, gracias por ponerlo y poner los enlaces a las otras notas que son instructivas y desopilantes.

    Un saludo

    Jorge Aldao

  3. #3
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    Predeterminado Un cañón en el culo - Juan José Millás

    Un cañón en el culo

    La primera operación que efectúa el terrorista económico sobre su víctima es la del terrorista convencional, el del tiro en la nuca

    JUAN JOSÉ MILLÁS 14 AGO 2012 - 01:21 CET

    http://cultura.elpais.com/cultura/20...87_015708.html




    Si lo hemos entendido bien, y no era fácil porque somos un poco bobos, la economía financiera es a la economía real lo que el señor feudal al siervo, lo que el amo al esclavo, lo que la metrópoli a la colonia, lo que el capitalista manchesteriano al obrero sobreexplotado. La economía financiera es el enemigo de clase de la economía real, con la que juega como un cerdo occidental con el cuerpo de un niño en un burdel asiático. Ese cerdo hijo de puta puede hacer, por ejemplo, que tu producción de trigo se aprecie o se deprecie dos años antes de que la hayas sembrado. En efecto, puede comprarte, y sin que tú te enteres de la operación, una cosecha inexistente y vendérsela a un tercero que se la venderá a un cuarto y este a un quinto y puede conseguir, según sus intereses, que a lo largo de ese proceso delirante el precio de ese trigo quimérico se dispare o se hunda sin que tú ganes más si sube, aunque te irás a la mierda si baja. Si baja demasiado, quizá no te compense sembrarlo, pero habrás quedado endeudado sin comerlo ni beberlo para el resto de tu vida, quizá vayas a la cárcel o a la horca por ello, depende de la zona geográfica en la que hayas caído, aunque no hay ninguna segura. De eso trata la economía financiera.

    Estamos hablando, para ejemplificar, de la cosecha de un individuo, pero lo que el cerdo hijo de puta compra por lo general es un país entero y a precio de risa, un país con todos sus ciudadanos dentro, digamos que con gente real que se levanta realmente a las seis de mañana y se acuesta de verdad a las doce de la noche. Un país que desde la perspectiva del terrorista financiero no es más que un tablero de juegos reunidos en el que un conjunto de Clicks de Famóbil se mueve de un lado a otro como se mueven las fichas por el juego de la Oca.

    La primera operación que efectúa el terrorista financiero sobre su víctima es la del terrorista convencional, el del tiro en la nuca. Es decir, la desprovee del carácter de persona, la cosifica. Una vez convertida en cosa, importa poco si tiene hijos o padres, si se ha levantado con unas décimas de fiebre, si se encuentra en un proceso de divorcio o si no ha dormido porque está preparando unas oposiciones. Nada de eso cuenta para la economía financiera ni para el terrorista económico que acaba de colocar su dedo en el mapa, sobre un país, este, da lo mismo, y dice “compro” o dice “vendo” con la impunidad con la que el que juega al Monopoly compra o vende propiedades inmobiliarias de mentira.

    Cuando el terrorista financiero compra o vende, convierte en irreal el trabajo genuino de miles o millones de personas que antes de ir al tajo han dejado en una guardería estatal, donde todavía las haya, a sus hijos, productos de consumo también, los hijos, de ese ejército de cabrones protegidos por los gobiernos de medio mundo, pero sobreprotegidos desde luego por esa cosa que venimos llamando Europa o Unión Europea o, en términos más simples, Alemania, a cuyas arcas se desvían hoy, ahora, en el momento mismo en el que usted lee estas líneas, miles de millones de euros que estaban en las nuestras.

    Y se desvían no en un movimiento racional ni justo ni legítimo, se desvían en un movimiento especulativo alentado por Merkel con la complicidad de todos los gobiernos de la llamada zona euro. Usted y yo, con nuestras décimas de fiebre, con nuestros hijos sin guardería o sin trabajo, con nuestro padre enfermo y sin ayudas para la dependencia, con nuestros sufrimientos morales o nuestros gozos sentimentales, usted y yo ya hemos sido cosificados por Draghi, por Lagarde, por Merkel, ya no poseemos las cualidades humanas que nos hacen dignos de la empatía de nuestros congéneres. Ya somos mera mercancía a la que se puede expulsar de la residencia de ancianos, del hospital, de la escuela pública, hemos devenido en algo despreciable, como ese pobre tipo al que el terrorista por antonomasia está a punto de dar un tiro en la nuca en nombre de Dios o de la patria.

    A usted y a mí nos están colocando en los bajos del tren una bomba diaria llamada prima de riesgo, por ejemplo, o intereses a siete años, en el nombre de la economía financiera. Vamos a reventón diario, a masacre diaria y hay autores materiales de esa colocación y responsables intelectuales de esas acciones terroristas que quedan impunes entre otras cosas porque los terroristas se presentan a las elecciones y hasta las ganan y porque hay detrás de ellos importantes grupos mediáticos que dan legitimidad a los movimientos especulativos de los que somos víctimas.

    La economía financiera, si vamos entendiéndolo, significa que el que te compró aquella cosecha inexistente era un cabrón con los papeles en regla. ¿Tenías tú libertad para no vendérsela? De ninguna manera. Se la habría comprado a tu vecino o al vecino de tu vecino. La actividad principal de la economía financiera consiste en alterar el precio de las cosas, delito prohibido cuando se da a pequeña escala, pero alentado por las autoridades cuando sus magnitudes se salen de los gráficos.

    Aquí están alterando el precio de nuestras vidas cada día sin que nadie le ponga remedio, es más, enviando a las fuerzas del orden contra quienes tratan de hacerlo. Y vive Dios que las fuerzas del orden se emplean a fondo en la protección de ese hijo de puta que le vendió a usted, por medio de una estafa autorizada, un producto financiero, es decir, un objeto irreal en el que usted invirtió a lo mejor los ahorros reales de toda su vida. Le vendió humo el muy cerdo amparado por las leyes del Estado que son ya las leyes de la economía financiera, puesto que están a su servicio.

    En la economía real, para que una lechuga nazca hay que sembrarla y cuidarla y darle el tiempo preciso para que se desarrolle. Luego hay que recolectarla, claro, y envasarla y distribuirla y facturarla a 30, 60 o 90 días. Una cantidad enorme de tiempo y de energías para obtener unos céntimos, que dividirás con el Estado, a través de los impuestos, para costear los servicios comunes que ahora nos están reduciendo porque la economía financiera ha dado un traspié y hay que sacarla del bache. La economía financiera no se conforma con la plusvalía del capitalismo clásico, necesita también de nuestra sangre y en ello está, por eso juega con nuestra sanidad pública y con nuestra enseñanza y con nuestra justicia al modo en que un terrorista enfermo, valga la redundancia, juega metiendo el cañón de su pistola por el culo de su secuestrado.

    Llevan ya cuatro años metiéndonos por el culo ese cañón. Y con la complicidad de los nuestros.

    Próxima entrega, el viernes: Benedicto XVI-Tarcisio Bertone

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