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Tema: Un Ta'wîl poético: la lectura activa de Rayuela (3)

  1. #1
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    14 nov, 09
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    Predeterminado Un Ta'wîl poético: la lectura activa de Rayuela (3)

    Un Ta'wîl poético: la lectura activa de Rayuela (3)
    Publicado por jorge fraga en lunes, julio 02, 2012 Etiquetas: Henry Corbin, Rayuela, Ta'wil, Teoría del Entusiasmo
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    «El ta’wîl», nos dice Henry Corbin, «es esencialmente comprensión simbólica, transmutación de todo lo visible en símbolos, intuición de una esencia o de una persona en una Imagen que no es ni el universal lógico, ni la especie sensible» (La imaginación creadora…, ed. cit., pp. 25-26 ).
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    Comprensión simbólica; transmutación de lo visible en símbolo: resulta difícil hacerse cargo de las palabras de Corbin si no somos capaces de discernir claramente en qué consiste un símbolo. Para una cultura secularizada como la nuestra, en la que el Cerco del Misterio –para usar la feliz terminología de Eugenio Trias– ha quedado relegado al olvido, el concepto «símbolo» difícilmente preservará su genuino carácter trascendente, en función del cual la Imagen simbólica deviene propiamente un pasaje entre los mundos; la irrupción, en el mundo de lo cotidiano, de una misteriofanía.
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    El islamólogo francés, plenamente consciente de estas dificultades, procura preservar desde el principio esta especifidad del símbolo:
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    Debemos volver aquí a la distinción, que consideramos fundamental, entre alegoría y símbolo: la primera es una operación racional que no implica el paso a otro plano del ser ni a otro nivel de conciencia; es la figuración, en un mismo nivel de conciencia, de lo que muy bien podría ser conocido de otra forma. El símbolo propone un plano de conciencia que no es el de la evidencia racional; es la «cifra» de un misterio, el único medio de expresar lo que no puede ser aprehendido de otra forma; nunca es «explicado» de una vez por todas, sino que debe ser continuamente descifrado, lo mismo que una partitura musical nunca es descifrada para siempre, sino que sugiere una ejecución siempre nueva.
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    Así pues el símbolo, entendido en estos términos, implica necesariamente una multiplicidad de niveles, tanto de realidad como de conciencia; ello constituye la base para el ta’wîl, al que Corbin llama también exégesis simbólica, y que consiste precisamente en realizar, a partir de un texto revelado, el paso de un nivel a otro.
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    La doble textualidad de Rayuela, su dualidad entre la novela Rayuela, por un lado, y el Rayuela insólito, por el otro, se corresponde perfectamente con la dinámica simbólica descrita por Corbin. La novela Rayuela pertenece al mundo de lo cotidiano; el Rayuela insólito, a su vez, pertenece al mundo del misterio. De acuerdo con ello, para llegar a ver el Rayuela insólito es necesario poner en funcionamiento esa «intuición» simbólica de la que habla el autor francés, y que implica el salto hacia un nuevo nivel de conciencia, distinto al habitual.
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    No soy yo, Jorge Fraga, quien lo dice: el propio texto de Rayuela habla de esto mismo. Y lo hace en numerosas ocasiones, en el momento más inesperado, aunque siempre de un modo más o menos disimulado; dando la impresión, por ejemplo, de que se está hablando de otra cosa. En cualquier caso, es prerrogativa del lector activo, su deber y su privilegio, el saber identificar esos momentos, pues forman parte integrante del dispositivo de una lectura abocada al entusiasmo. Siendo así, a este lector activo no le hace ningún favor la Teoría del Entusiasmo al señalarle alguna de esas ocasiones, como ya ha sucedido anteriormente –con las exégesis del cap. 84 y del cap. 97–, y como sucede ahora con este nuevo ejemplo extraído del cap. 54 de Rayuela. Las cursivas son mías:
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    Y tampoco su beso era para ella, no ocurría allí grotescamente al lado de una heladera llena de muertos, a tan poca distancia de Manú durmiendo. Se estaban como alcanzando desde otra parte, con otra parte de sí mismos, y no era de ellos que se trataba, como si estuvieran pagando o cobrando algo por otros, como si fueran los gólems de un encuentro imposible entre sus dueños. Y los Campos Flegreos, y lo que Horacio había murmurado sobre el descenso, una insensatez tan absoluta que Manú y todo lo que era Manú y estaba en el nivel de Manú no podía participar de la ceremonia, porque lo que empezaba ahí era como la caricia a la paloma (...) De alguna manera habían ingresado en otra cosa, en ese algo donde se podía estar de gris y ser de rosa, donde se podía haber muerto ahogada en un río (y eso ya no lo estaba pensando ella) y asomar en una noche de Buenos Aires para repetir en la rayuela la imagen misma de lo que acababan de alcanzar, la última casilla, el centro del mandala, el Ygdrassil vertiginoso por donde se salía a una playa abierta, a una extensión sin límites, al mundo debajo de los párpados que los ojos vueltos hacia adentro reconocían y acataban.
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    La exégesis corre de cuenta de cada uno.
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    marioingenito
    La esencia interior y absoluta de Dios se aparece como belleza(...)Pero la fuente original de la belleza sólo está en Dios, y se muestra en el espíritu del E N T U S I A S M A D O por él.(FICHTE)


    Lo allende lo racional, lo que lo reduce a una ínfima isla entre tantas del infinito mar de la CIFRA está, con toda la trascendencia y verdad postuladas por Platón y Miguel Cané, en su etimología, CEFER= CERO...


    Así como detrás de toda metáfora está el mito que no es ni un decir, ni un contar ( o remar) sino el SILENCIO, detrás de toda cifra está el CERO...

  2. #2
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    Predeterminado

    Apócrifas morellianas (28)
    Publicado por jorge fraga en martes, julio 17, 2012 Etiquetas: morelliana
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    Gloria a Dios que mediante su luz ha apartado las tinieblas de los corazones; en su equidad ha abierto lo que en el objeto de la búsqueda había quedado cerrado (...) Es un carisma dispensado a las inteligencias el consagrarse a la búsqueda; el desenlace de la búsqueda es el acto de encontrar. El signo que marca el acto de encontrar es la dulzura que se saborea en lo que se encuentra. De cualquier agua dulce lo aparente es lo que se bebe; pero lo oculto está velado. Quien lo busca no se cansa nunca de meditar, mientras que el común de las gentes no comprenden nada de lo que aquél busca.
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    El libro del sabio y del discípulo
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    3 comentarios:

    jorge fraga18 de julio de 2012 14:27
    "El libro del sabio y del discípulo" es un relato árabe del s. X. Henri Corbin le consagra el segundo capítulo de su libro "El hombre y su ángel", de donde procede este extracto (Barcelona, Destino, 1995, tr. de María Tabuyo y Agustín López). Corbin lo denomina 'relato de iniciación'; aunque en este caso se trata, propiamente, de un relato 'sobre' iniciación.

    En tanto que relato sobre la iniciación, "El libro del sabio y del discípulo" permite trazar algunas analogías entre su contenido y la recepción entusiasta de Rayuela. Para empezar, esta glosa que hace Corbin (pp. 95-96)sobre el prólogo del libro:

    "los dos temas centrales del libro: la resurrección de los muertos y la ética del legado confiado. (...) Esta resurrección pretende ser resurrección de los muertos en el sentido verdadero, es decir, de aquellos que están espiritualmente muertos, pues el sentido verdadero de la vida no es el de la vida biológica. La muerte espiritual es el desconocimiento, la agnôsia (jahl) o el agnosticismo bajo todas sus formas. La resurrección consiste en despertarse a este desconocimiento por el despertar a lo exotérico (bâtin), a lo invisible, a lo oculto. La resurrección consiste en despertarse de este desconocimiento por el despertar a lo esotérico (bâtin), a lo invisible, al sentido oculto. Todo lo que es aparente, todo lo exotérico (zâhir), tanto en relación a los fenómenos de la Naturaleza como a la letra de las revelaciones divinas, todo este phainômenon, implica un componente esotérico, el sentido oculto de una realidad invisible. El despertar del sueño de la consciencia exotérica (de la «Palabra perdida») es provocado por el ta’wîl, por la hermenéutica que promueve todas las cosas al rango de símbolos, y eso en toda la medida, y sólo en la medida, en que el ta’wîl opera eo ipso un nuevo nacimiento, el nacimiento espiritual. Ésta es la obra del iniciador, del sabio, al que, por esta razón, se le designa siempre como «padre espiritual»"

    En la página 100:

    "Dicho de otro modo: hemos preservado la integridad de la Palabra, su componente exotérico y su componente esotérico, mientras que otros han despilfarrado el Tesoro. Este tesoro despilfarrado es la Palabra perdida, el contenido esotérico de las Revelaciones, del que se dice que es como la hierba que verdea y que tiene la dulzura del agua del Éufrates, mientras que lo exotérico, reducido a sí mismo, son las hojas muertas...

    (¡Las hojas muertas! El autor del libro -¡en el siglo X, y desde Oriente!- hace una clara referencia al cap. 84 de Rayuela)

    ...o la espuma que tiene el sabor amargo de las aguas marinas"

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