Pequeño extracto del libro: La gnosis original egipcia IV. Comentarios de J. Van Rijckenborgh. Capítulo XXXII

La verdad se refleja en la manifestación universal y en cada cosa, sin que por ello sea aún verdad.

La verdad es la gloria perfecta, el bien absoluto; lo que no está mancillado por la materia, ni revestido por un cuerpo. La verdad es lo no-velado, radiante, inatacable, sublime e inmutable bien.

En el espacio de la manisfestación universal todo está eternamente ocupado en cambiar; lo uno va, lo otro viene; y cuando viene, el cambio se halla encerrado en su interior. Consecuentemente, lo siempre-cambiante es absolutamente falso con respecto a lo inmutable. Por eso declara Hermes que la verdad sólo puede morar en cuerpos eternos que representan la forma absoluta, la verdad.

Por lo tanto, existe una separación completa entre la verdad absoluta y la falsedad. Por falsedad no se debe entender mentira, tergiversación deliberada de la razón divina, sino todo y todos los que están en lo mutable, en la agitación de los opuestos y en la agitación de los desarrollos.

La verdad es absoluta. Falso es lo que está en desarrollo; aquello que aún no pertenece a la verdad. Si llamamos verdad a lo que esta´en desarrollo, entonces detenemos el desarrollo, lo ralentizamos y obstaculizamos, entonces comienza la cristalización y la falsedad fundamental se vuelva falsa, en el sentido de mentirosa y no divina. De ir bien, la verdad conduce a la falsedad al elevado rango de verdad. Por ello la verdad se manifestará siempre, para que lo fundamentalmente áún falso, se eleve progresivamente hacia ella.

Pero, preste atención, la verdad nunca puede ser destruida porque es libre e independiente de la creación y la criatura.