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Ver la Versión Completa : El espejismo de la materia oscura y la energía oscura



isae1959
13/03/2010, 07:52
Salam, saludos

Están nuestros amigos los astrofisicos obsesionados en comprender y descubrir la naturaleza de la materia oscura (la fuerza que mantiene más cohesionadas a las galaxias de lo esperado) y la energía oscura (la fuerza que aleja las galaxias entre sí de forma acelerada). Hablar de algo oscuro es admitir un absoluto desconocimiento. Mi teoría es que no existen ni materia ni energía oscura, sino solo fluctuaciones locales de una fuerza que podríamos asimilar a la gravedad.

Los hechos son: 1) Los datos disponibles parecen demostrar que el universo está sufriendo una expansión acelerada en los últimos tiempos en contra de lo que podría predecir la lógica y los astrónomos tratan de explicar este fenómeno con la existencia de una energía oscura de la que se desconoce su naturaleza, origen y porqué parece fluctuar con el tiempo. 2) Parece existir mucha más materia que la visible en cada galaxia para poder explicar su velocidad de rotación y a eso le llaman materia oscura.

Parece que las demás fuerzas no varían con el espacio-tiempo. Todos los tipos de estrellas y la repetición de los elementos químicos parecen comportarse de manera que demuestran la exquisita invariabilidad de las fuerzas y constantes naturales. Pero si admitimos que hay fluctuaciones de una fuerza desconocida relacionada con la cohesión de la materia y que denominamos energía oscura, ¿porqué no podemos imaginar que la gravedad pueda fluctuar a gran escala? La repetición del comportamiento de las estrellas y el hallazgo de todos los elementos de la tabla periódica se debe a que las demás fuerzas son constantes para explicar la formación de los diferentes átomos pero no es necesario que la gravedad tome siempre el mismo valor para formarlos. Basta con que en ciertas zonas tome los mismos valores para poder dar origen a los mismos fenómenos, aunque en otras zonas no de origen a nada en absoluto. Si hubiera fluctuaciones de la fuerza gravitatoria en el espacio-tiempo, se podría explicar ambos sucesos “oscuros” y sobre todo, explicaría la no uniformidad del universo actual. Los astrónomos están desorientados con las irregularidades que presentaba el universo incluso desde su mismo principio. Las radiación cósmica de fondo, el mapa de microondas de diversa intensidad que fotografía los primeros instantes de nuestro universo sería el mapa de estas fluctuaciones de la gravedad, evidentes desde el principio. En las zonas donde más predomine una fluctuación con una gravedad de mayor magnitud, se formarían las galaxias y eso explicaría la asociación de la energía oscura a las galaxias, porqué las galaxias parecen estar cohesionada por más gravedad de la calculada según nuestros parámetros terrestres. No debemos olvidar que vivimos en un suburbio alejado del centro de la Vía Láctea y aunque desde nuestro sistema solar parece que la gravedad crece con la disminución al cuadrado de la distancia, nadie ha medido nunca su valor en el centro de nuestra galaxia. Es más, no se podría medir, porque en el centro de cada galaxia hay un enorme agujero negro, que coincidiría con el punto de mayor valor de la gravedad en cada galaxia. Se podría argumentar que si la fuerza de gravedad fluctuara hacia una magnitud mayor hacia el centro de una galaxia, nos evitaríamos tener que invocar una materia oscura para producir el mismo efecto.

Hay varios físicos teóricos que admiten que si la gravedad no disminuyera con el inverso del cuadrado de la distancia, como pasa en nuestro sistema solar, sino que se mantuviera constante con la distancia a escalas mucho más grandes, a nivel intergaláctico digamos, entonces el universo debería expandirse. Esto se debería a que la masa de una galaxia o un grupo de galaxias es siempre menor que la masa de la materia que la envuelve, por una simple cuestión numérica. El volumen de un objeto es siempre menor que el volumen externo a un objeto o conjunto de objetos, y por tanto si la gravedad no disminuyera con el cuadrado de la distancia, habría más masa que tiende a expandir que la masa que tiende a cohesionar un sistema en su conjunto. Esto explicaría no solo la expansión del universo, sino que nos parece que se expande más rápidamente en época reciente, porque las fluctuaciones detectables a media escala nos confunden.

Sería esta fuerza de gravedad dentro del universo como algo que oscila y fluctúa enormemente a grandes distancias y sería menos perceptible esta oscilación cuanta más pequeña sea la escala. Las fluctuaciones serían como movimientos en expansión y contracción de una gelatina inmensa, movimientos más notorios cuanto mayor fuera la escala. A nivel local puede dar origen a valores mayores y duraderos como para permitir la formación de galaxias y en otras regiones, los valores bajos impedirían la acreción de la materia. La fuerza de la gravedad en su conjunto daría origen a la expansión del universo. La radiación cósmica de fondo sería el mapa de estas fluctuaciones e inhomogeneidades de la gravedad y la materia en su mismo origen.

Puede incluso que las fluctuaciones de la gravedad sean la misma causa de la existencia de las partículas elementales. Si esto fuera así podríamos entender más fácilmente la sopa cuántica de partículas que se crean y se destruyen constantemente en el vacío que teoriza la mecánica cuántica. Las fluctuaciones en la fuerza de la gravedad serían menores cuanto menor sea la distancia, y a distancias muy pequeñas solo puede variar sobre su valor basal tan minúsculamente que solo da tiempo a formar partículas de corta vida, pero se necesitaría una fluctuación mayor de la gravedad que encontraríamos a una escala más grande para que las partículas estables pudieran existir. Incluso podría pensarse que el origen del Big Bang fue una inconmensurable fluctuación de la gravedad que dio origen a todas las partículas de nuestro universo. Una fluctuación exagerada e improbable, pero que podría ocurrir con un lapso lo suficiente grande.

Es posible que si existieran, las fluctuaciones de la gravedad tuvieran una naturaleza fractal/caótica. No puedo dejar de mirar el mapa de la radiación cósmica de fondo y la distribución de las galaxias, en forma de telaraña, sin considerar cuan parecidas son a una figura de naturaleza fractal. No es de extrañar, porque la mayor parte de lo que podemos observar en la naturaleza comparte también esta naturaleza caótica e impredecible pero comprensible en términos matemáticos (es la definición de fractal, pero eso ya es otro tema).

emir-pervana-495
14/03/2010, 06:43
Pego aquí una cita que tal vez resulte de interés:

"Puesto que hemos sido conducidos a hacer alusión a las «supervivencias» que dejan en la mentalidad común, teorías en las que los sabios mismos ya no creen, y que aún así no continúan ejerciendo menos su influencia sobre la actitud de la generalidad de los hombres, será bueno insistir un poco más en ello, ya que en eso hay algo que puede contribuir también a explicar algunos aspectos de la época actual. A este respecto, conviene recordar primero que uno de los principales caracteres de la ciencia profana, cuando deja el dominio de la simple observación de los hechos y quiere intentar sacar alguna cosa de la acumulación indefinida de detalles particulares que es su único resultado inmediato, es la edificación más o menos laboriosa de teorías puramente hipotéticas, y que necesariamente no pueden ser nada más, dado su punto de partida completamente empírico, ya que los hechos, que en sí mismos son siempre susceptibles de explicaciones diversas, no han podido y no podrán garantizar nunca la verdad de ninguna teoría, y, como lo hemos dicho más atrás, su mayor o menor multiplicidad no supone nada a este respecto; así tales hipótesis, en el fondo, están mucho menos inspiradas por las constataciones de la experiencia que por algunas ideas preconcebidas y por algunas de las tendencias predominantes de la mentalidad moderna. Por lo demás, se sabe con qué rapidez siempre creciente esas hipótesis, en nuestra época, son abandonadas y reemplazadas por otras, y estos cambios continuos bastan muy evidentemente para mostrar su poca solidez y la imposibilidad de reconocerles un valor en tanto que conocimiento real; es así como toman cada vez más, en el pensamiento de los sabios mismos, un carácter convencional, y por consiguiente irreal, y en eso también podemos observar un síntoma del encaminamiento hacia la disolución final. En efecto, esos sabios, y concretamente los físicos, no pueden apenas estar enteramente engañados con semejantes construcciones, cuya fragilidad, hoy día más que nunca, conocen demasiado bien; no solo se «usan» rápidamente, sino que, desde su comienzo, aquellos mismos que las edifican no creen en ellas más que en una cierta medida, sin duda bastante limitada, y a título en cierto modo «provisorio»; y, muy frecuentemente, parecen considerarlas incluso menos como verdaderas tentativas de explicación que como simples «representaciones» y como «maneras de hablar»; es todo lo que son en efecto, y hemos visto que Leibnitz había mostrado ya que el mecanicismo cartesiano no podía ser otra cosa que una «representación» de las apariencias exteriores, desprovisto de todo valor propiamente explicativo. En esas condiciones, lo menos que se puede decir de ello es que hay en eso algo bastante vano, y que, seguramente, es una extraña concepción de la ciencia aquella de la que procede semejante trabajo; pero el peligro de esas teorías ilusorias reside sobre todo en la influencia que, solo por eso de que se titulan «científicas», son susceptibles de ejercer sobre el «gran público», que las toma completamente en serio y que las acepta ciegamente como «dogmas», y eso no solo mientras duran (y frecuentemente apenas han tenido el tiempo de llegar a su conocimiento), sino incluso y sobre todo cuando los sabios las han abandonado ya y mucho tiempo después, debido al hecho de su persistencia, de la que hablábamos más atrás, en la enseñanza elemental y en las obras de «vulgarización», donde, por otra parte, son presentadas siempre de una manera «simplista» y resueltamente afirmativa, y no como las simples hipótesis que eran en realidad para aquellos mismos que las elaboraron. No es sin razón como acabamos de hablar de «dogmas», ya que, para el espíritu antitradicional moderno, se trata en efecto de algo que debe oponerse y substituir a los dogmas religiosos; un ejemplo como el de las teorías «evolucionistas», entre otras, no puede dejar ninguna duda a este respecto; y lo que es también muy significativo, es el hábito que tienen la mayoría de los «vulgarizadores» de salpicar sus escritos de declamaciones más o menos violentas contra toda idea tradicional, lo que muestra muy claramente el papel que están encargados de jugar, aunque sea inconscientemente en muchos casos, en la subversión intelectual de nuestra época.
Ha llegado a constituirse así, en la mentalidad «cientificista» que, por las razones de orden en gran parte utilitario que hemos indicado, es, a un grado o a otro, la de la gran mayoría de nuestros contemporáneos, una verdadera «mitología», no ciertamente en el sentido original y transcendente de los verdaderos «mitos» tradicionales, sino simplemente en la acepción «peyorativa» que esta palabra ha tomado en el lenguaje corriente. Se podrían citar innumerables ejemplos de ello; uno de los más llamativos y de los más «actuales», si se puede decir, es el de la «imaginería» de los átomos y de los múltiples elementos de especies variadas en los que han acabado por disociarse éstos en las teorías físicas recientes (lo que hace que ya no sean átomos, es decir, literalmente «indivisibles», aunque se persiste en darles este nombre a pesar de toda lógica); «imaginería» decimos, ya que sin duda no es más que eso en el pensamiento de los físicos; pero el «gran público» cree firmemente que se trata de «entidades» reales, que podrían ser vistas y tocadas por cualquiera cuyos sentidos estuvieran suficientemente desarrollados o que dispusiera de instrumentos de observación bastante poderosos; ¿no es eso «mitología» del tipo más ingenuo? Eso no impide que ese mismo público se mofe a todo propósito de las concepciones de los antiguos, de las que, bien entendido, no comprenden la menor palabra; ¡admitiendo incluso que haya podido haber en todos los tiempos deformaciones «populares» (todavía una expresión que hoy día se ama mucho emplear a diestro y siniestro, sin duda a causa de la importancia creciente acordada a la «masa»), es permisible dudar que hayan sido nunca tan groseramente materiales y al mismo tiempo tan generalizadas como lo son ahora, gracias a la vez a las tendencias inherentes a la mentalidad actual y a la difusión tan elogiada de la «enseñanza obligatoria» profana y rudimentaria! (...)" (René Guénon; "el reino de la cantidad y los signos de los tiempos")