PDA

Ver la Versión Completa : LA INTÚICIÓN MISTICA Imam Algazali -Rahimullah-



chemlal
14/06/2011, 09:13
Explicación de la diferencia entre la inspiración y el estudio, o sea, entre el método de los sufíes para el descubrimiento de la verdad y el método de los filósofos.

Has de saber que los conocimientos que no son de evidencia inmediata sobrevienen al corazón de maneras diferentes y en diferentes circunstancias:
- Unas veces, asaltan de improviso al corazón, que los encuentra en sí mismo sin saber cómo, otras veces, los adquiere por medio del razonamiento discursivo y el estudio. El conocimiento que sobreviene sin adquirirlo por el arte de la demostración, se llama “inspiración” (Ilham).
- El que sobreviene por la demostración racional, se llama “instrucción o consideración” (itihar) y “observación” o “examen” (istihsar).

El primero, el que sobreviene al corazón sin arte, estudio ni esfuerzo del hombre, se subdivide a su vez, según que el sujeto ignore cómo y de dónde le ha venido, o que, por el contrario, vea cuál es la causa ocasional que le ha proporcionado aquel conocimiento, es decir, el ángel que se lo comunica al corazón.

-El primero de estos dos conocimientos se llama “inspiración” (Ilham) y “soplo” (naft) en el espíritu.
-El segundo se llama “revelación” (wahy), y es privativo de los profetas, como el otro lo es de los allegado y puros de corazón.

En cambio, el conocimiento que se adquiere por la demostración es propio de los sabios.

La esencial explicación del fenómeno cognoscitivo está en decir que el corazón humano es por su naturaleza apto para que en él se manifieste la esencia de verdad que hay en las cosas todas.

Tan sólo lo estorba a veces la interposición de las cinco causas que anteriormente se mencionaron, las cuales son como velos tendidos entre las esencias de estos conocimientos que se reflejan desde el espejo de la “Lámina-Lawh mahfud” en el espejo del corazón, al modo que la imagen que hay en un espejo se refleja en otro que esté enfrente de aquél.

El velo tendido entre ambos espejos se descorre, unas veces, con la mano y otras por el soplo del viento que lo levanta moviéndolo.

Así también, el soplo de la divina gracia levanta a veces los velos que cubren los ojos del corazón, y en éste como en un espejo se refleja entonces algo de lo que en la “Lámina-Lawh mahfud” del destino está grabado.

Unas veces, esto acaece en el sueño, y el corazón conoce por él lo que ha de suceder en lo futuro, pero sólo con la muerte se descorre ese velo por completo y se levanta del todo la cortina.

Otras veces, también durante la entregado en la Adoración, se descorre el velo por un oculto don de Dios, y tras la cortina del misterio aparece de pronto y brilla en los corazones alguno de aquellos conocimientos maravillosos, bien sea rápido y fugaz como el relámpago, bien persistente y continuo, pero hasta cierto límite, pues raras veces dura mucho.

La inspiración, según esto, no difiere de la ciencia adquirida por razonamiento, ni en cuanto al acto mismo de conocer, ni en cuanto a su sujeto, ni en cuanto a su causa.

La diferencia estriba tan sólo en la manera de suprimir el velo, que no depende del libre albedrío del hombre, sino es una Gracia que Dios otorga a quien quiere.

La “Inspiración” (Ilham) no difiere tampoco de la “revelación” (wahy) por ninguno de los motivos señalados, sino tan sólo por cuanto que en la revelación el sujeto ve al ángel que le inspira el conocimiento.

Después de esto has de saber que los sufíes sienten inclinación preferente hacia los conocimientos inspirados, más que hacia los aprendidos por el estudio. Por eso, no tienen deseo alguno de aprender las ciencias humanas, ni de estudiar los libros publicados, ni de examinar y discutir las opiniones recibidas y las pruebas en que éstas se fundan.

Antes bien, dicen que el método de alcanzar la verdad consiste en preparar el alma con el combate ascético, borrar sus cualidades vituperables y negativas, desatar los lazos todos que la sujetan al mundo y avanzar hacia Dios con puro y sincero deseo de servirle, porque, una vez logrado esto, ya es Dios el que se encarga del corazón de su siervo y el que toma sobre sí el cuidado de iluminarle con las luces de la ciencia.

Y cuando corre ya de cuenta de Dios la vida del corazón, fluye a raudales sobre éste la divina misericordia, brilla en él la luz, se ensancha el pecho, se le revela el misterio del reino espiritual, desaparecen de su faz los cendales crepusculares, por Gracia de la generosidad de Dios, y centellean en el fondo del corazón las esencias de las cosas divinas.

No tiene, pues, que hacer otra cosa el siervo, sino prepararse mediante la purificación del corazón, formando de presente un propósito firme con voluntad sincera y ardiente sed de cumplirle, y luego acechar no más con vigilante espera lo que Dios por su misericordia quiera revelarle.

Así es, pues, como a los profetas y a los allegados o Awliya Allah, se les revela la verdad y en sus pechos se derrama la luz, no mediante el aprendizaje, estudio y lectura de los libros, sino mediante el ascetismo (combatiendo las malas tendencias del ego).

Es decir, renunciando al mundo y desligándose de sus ataduras, vaciando el corazón de todos sus cuidados y dirigiéndose hacia Dios con puro y sincero deseo, pues quien se entrega a Dios, también Dios se entrega a él.

Entonces, cuando la voluntad es sincera y la intención pura, si el corazón persevera en el bien sin dejarse arrastrar por las pasiones ni preocuparse con vanos pensamientos que lo aten al mundo, comenzarán a brillar en él las vibrantes luces de la verdad.

Al principio, son como el fugaz relámpago que en seguida cesa, pero luego vuelven a brillar.

Aunque a veces se retrasa su aparición, y si vuelven, ya pueden durar más tiempo, aunque otras veces siguen siendo inestables y fugaces y asimismo, cuando son estables, duran unas veces mucho y otras poco, y en ocasiones aparecen seguidas las luces, sin solución de continuidad y semejantes unas a otras, aunque distintas, o también de un solo y el mismo género.

Porque los grados de iluminación que pueden alcanzar los iluminados y amigos de Dios con incontables, lo mismo que lo son sus grados de perfección y virtud.

En suma, pues, este método de los sufíes se reduce sencillamente a esto, de tu parte, primero, a la mera purificación, limpieza y pulimento del corazón y luego, a prepararte y esperar sin más.

Por lo que toca a los filósofos que emplean el razonamiento, no niegan la realidad de este método de los sufíes ni su posibilidad, ni tampoco niegan que con él se llegue, aunque raras veces, al término que hemos dicho, pues reconocen que tal es la naturaleza y origen de la mayor parte de los conocimientos de los profetas y santos.

Pero estiman que tal método es arduo y duro, que se tarda mucho en obtener sus frutos y que es, además, poco verosímil que se puedan cumplir todos los requisitos que exige.

Pues creen es poco menos que imposible desligarse hasta tal extremo el hombre de las ataduras mundanas, y si por ventura lo logra en algún momento, es todavía más inverosímil que dure, ya que basta el más insignificante y fugaz pensamiento o idea imprevista para turbar la serenidad del corazón, pues el mismo Profeta Muhammad (saw) dijo:
- Que el corazón del creyente da más vueltas que el agua hirviendo en la caldera.

Además — añaden — en medio de las prácticas del combate ascético, el temperamento se altera, el cuerpo enferma y el entendimiento se trastorna y perturba, y si previamente no se le ha disciplinado y educado con el estudio de las ciencias, nacen y arraigan en el corazón ideas fantásticas y falsas, en las que el alma reposa tranquila durante largo tiempo, y a veces la vida acaba sin disiparlas, antes de haber llegado a la meta apetecida.

-¡Cuántos sufíes emprendieron este método y luego vivieron durante veinte años obcecados con una sola de esas ilusorias fantasías, y si hubiesen, en cambio, estudiado de antemano y a fondo las ciencias humanas, habrían advertido al instante a qué obedecía el error de su ilusión!.

Por eso, es más seguro y más eficaz para el éxito emplear el método del estudio racional. El que hace lo contrario, dicen que se parece mucho al hombre que dejase de estudiar la ciencia del derecho pensando en que si el Profeta ( ) llegó a ser jurista por revelación e inspiración divina, sin necesidad de estudiar y aprender en los libros esa ciencia, también quizá logrará él igual resultado con la disciplina ascética asidua y constante.

El que tal pensara, se engañaría por cierto a sí mismo y malgastaría el tiempo de su vida entera sin fruto. Todavía se asemeja más, el que así obra, al labrador o al comerciante que dejasen de labrar o de negociar porque tuviesen la esperanza de encontrar un tesoro escondido, pues aunque tal encuentro fortuito sea posible, es en extremo inverosímil.

Por eso concluyen que lo primero que ha de hacer el hombre es aprender lo que los sabios han descubierto y entenderlo, y después, no hay ya ningún inconveniente en esperar a que Dios le revele, mediante el previo combate ascético, lo que a los sabios no se les descubrió todavía mediante el método racional.

chemlal
04/02/2012, 21:35
http://es.scribd.com/doc/52415692/LA-INTUICION-MISTICA-ILHAM-A-LA-LUZ-DEL-QUR%C2%B4AN-Y-LA-SUNNA-Sp