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la verdad
16/05/2011, 00:29
Un examen crítico más cercano desde el punto de vista del sentido común y la lógica, revela nuevos absurdos inherentes a los episodios de la Crucifixión y la Ascensión, tal y como son presentados por los cristianos de hoy. Ya hemos hablado bastante del tema del retorno de Jesús a su cuerpo humano. Solo queremos añadir al tema lo que hubiera ocurrido a dicho cuerpo en el supuesto de que Jesús finalmente ascendiera.



Cuando enfrentamos a los cristianos con la cuestión de qué es lo que le ocurrió al cuerpo de Jesucristo, algunos sugieren que, a medida que ascendía hacia su Padre celestial, su cuerpo carnal se desintegraba y desaparecía en medio de un gran brillo. Esto plantea una cuestión fundamental. ¿Si la salida de Jesús de su cuerpo humano tenía lugar en medio de un suceso tan explosivo, por qué no ocurrió lo mismo en el instante de su supuesta primera muerte? La única referencia que tenemos en la Biblia sobre la muerte de Jesús procede de cuando estaba aún colgado en la cruz y, en palabras de San Mateo: "Abandonó el espíritu". Aparentemente no ocurrió otra cosa que una suave salida del alma desde el cuerpo. ¿Habríamos de asumir que, después de todo, no murió en la Cruz, ya que de haber abandonado el cuerpo, debió haber explotado de forma similar también en aquella ocasión? ¿Por qué sólo ocurrió la segunda vez que Jesús dejó su cuerpo? Bajo estas circunstancias sólo quedan dos caminos para continuar adelante.



1. Que la persona de Jesús no permaneció eternamente confinada al cuerpo humano después que su alma volviera a él, y que durante sus ascenso desechó su cuerpo humano y ascendió sólo como un espíritu de Dios.



Este planteamiento no lo apoyan los hechos ni es concebible porque nos llevaría al callejón sin salida de creer que Jesús murió dos veces. La primera vez en la Cruz y la segunda vez en la Ascensión.



2. Que permaneció confinado dentro de su armazón humano eternamente.



Esta idea no puede ser aceptada por ser absolutamente repulsiva e inconsistente con la dignidad y la majestad de la imagen de Dios.



Por otro lado, tenemos el punto de vista del sentido común: "Sería un error entender la ascensión de Jesús como una especie de antiguo viaje al espacio, y entender que el cielo es un lugar más allá del sol, la luna y las galaxias. La verdad no está aquí ni allí" (7). La confección de esta historia tan estrafalaria, por tanto, sólo pudo estar motivada por el dilema sin solución al que se enfrentaban los cristianos durante el período naciente del cristianismo. Cuando Jesús desapareció de la escena, obviamente surgiría la cuestión de qué había pasado con él. Los primeros cristianos no podían resolver el dilema admitiendo abiertamente que, ya que no llegó a morir nunca, no tenía sentido la cuestión de dónde estaba el cuerpo que dejó atrás y, que, de hecho, su cuerpo le acompañaba durante el curso de su emigración. De esta manera se hubiera resuelto fácilmente el problema de la desaparición de su cuerpo. Pero era una confesión imposible de realizar. Quienes se hubieran atrevido a admitir que Jesús había sido visto vivo y alejándose progresivamente de Judea, se enfrentaban al peligro de ser condenados por la Ley Romana como cómplices del crimen de escapar de la justicia.



Buscar refugio en la invención de una historia como la ascensión de Jesús a los cielos ofrecía una opción más segura, por estrafalaria que fuera la idea. No obstante implicaba un cierto grado de consentimiento con la falsedad. Debemos, pues, rendir tributo a la integridad de los primeros discípulos, quienes, a pesar de este apuro no buscaron refugio en afirmaciones falsas. Todos los escritores de los Evangelios prefirieron guardar silencio sobre este tema en vez de refugiarse tras una cortina de humo de declaraciones confusas. No hay duda de que debieron sufrir la mofa de sus adversarios, pero prefirieron sufrir en silencio.



El silencio misterioso por parte de quienes conocían los auténticos acontecimientos, ha sido sin duda el principal responsable de sembrar la semilla de la duda en las mentes de los cristianos de las generaciones posteriores. Debieron preguntarse: ¿Por qué, después de que el alma de Jesucristo hubiera partido, no hay mención alguna del cuerpo que dejó detrás? ¿Dónde fue y qué le ocurrió? ¿Por qué el alma de Cristo volvió al mismo cuerpo si es que lo hizo? Estas cuestiones vitales y sin respuesta pudieron dar lugar a otras cuestiones ¿Si la revitalización significaba la vuelta al mismo cuerpo, qué le ocurriría a Jesucristo tras el segundo período de su encarcelamiento en el armazón carnal? ¿Permaneció encerrado eternamente en ese cuerpo para no ser liberado nunca de él? Por otro lado, si el alma de Jesús, una vez más, salió del mismo cuerpo, ¿esta resucitación era temporal o permanente?. Si no permaneció encerrado en él ¿qué le ocurrió a su cuerpo tras su segunda muerte? ¿Dónde fue enterrado? ¿Dónde existe mención de ello en los archivos y crónicas?



Parece ser que estas cuestiones, aunque no fueran planteadas al principio, surgieron con fuerza durante los últimos siglos cuando tuvieron lugar intensos ejercicios filosóficos por parte de los teólogos cristianos respecto al misterio de Cristo y todo lo referente a su personalidad. Al parecer, algunos escritores poco escrupulosos intentaron sortear estos problemas interpolando los doce últimos versículos en el Evangelio de San Marco, atribuyéndole falsamente la afirmación de que Jesús había sido visto ascender al cielo en el mismo cuerpo.



Las manos de la invención tampoco respetaron el Evangelio de Lucas, donde la inserción ingeniosa de las palabras "y fue elevado al cielo" en 24:51 sirvió el propósito del interpolador. De esta forma, silenció los interrogantes de una vez para siempre. Al menos un misterio del dogma cristiano quedaba así resuelto, pero ¡ay! ¿a que precio? A costa de todas las cosas nobles que tenían relación con la verdadera imagen santa de Jesucristo. Los hechos de Cristo fueron así sacrificados en el altar de la ficción. Desde entonces, el cristianismo continuó con su transformación, incontrolada e impetuosa, de la realidad a la ficción.



Sabemos con certeza que los judíos estaban descontentos y molestos al no encontrar el cuerpo de Jesucristo (8). Deseaban estar seguros de la muerte de Jesús y para ello necesitaban la prueba universalmente aceptada de la muerte, es decir, la presencia del cuerpo muerto. Su queja, presentada ante Pilatos, muestra de manera evidente su preocupación ante la posible desaparición (9).



La respuesta simple y verdadera, no obstante, radica en que puesto que Jesús no murió de la forma en que se creía, la cuestión de su cuerpo desaparecido era totalmente irrelevante, y, manteniendo su promesa debió dejar Judea en busca de las ovejas perdidas de la Casa de Israel. Obviamente no podía ser visto de nuevo.
http://islamahmadia.com/content/%C2%BFqu%C3%A9-pas%C3%B3-con-el-cuerpo-de-jes%C3%BAs

amigo
03/06/2011, 18:03
Bueno que quieres que diga de esto,me parece una version mas del canal DISCOVERY CHANNEL. jejejeje

Que Allah nos proteja de estas mentiras.

Nuestro profeta Muhammad que la paz este con el nos advirtio que las tribulaciones vendrian del este( y que el Dajjal tambien vendra del este)

Rayham
17/06/2011, 18:13
Paz.

Para los evangélicos-protestantes, sigue siendo un misterio-creemos por fe- pero, sinceramente, es algo que no sabemos.La última noticia habla de Cachemira.

Non nobis.

Rayham
17/06/2011, 20:33
Paz.

Para los evangélicos-protestantes, sigue siendo un misterio-creemos por fe- pero, sinceramente, es algo que no sabemos.La última noticia habla de Cachemira.

Non nobis.

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Paz.

No hay que descartarlo como posibilidad.

Porque semánticamenete, en arameo," cache" significa lugar donde domir,estar tranquilo, sogegado; de ahí deriva la palabra "catre", cama, y le acompaña la palabra "mira".

Que sería dormido-muerto-, en Cachemira.

Non nobis.

X-X

Badr
18/06/2011, 21:38
¿Por qué ha de ser más razonable o denotar más fe creer que un profeta ha ascendido en cuerpo y alma a los cielos, lo que quiere que pueda entrañar eso y lo que quiera que se pueda entender por cielos, que creer que un profeta, como todos los profetas ha muerto y puede haber sido enterrado en un lugar determinado, si no se aportan pruebas en contrario?

¿Son menos otros profetas o menos verdaderos o menos de Dios si no se les atribuye algo igual o análogo? ¿Por qué entonces hacerse de cruces por que de un profeta en concreto no se crea lo que no se cree de ningún otro ni tampoco se da ninguna prueba concluyente de lo que se afirma?

Esta claro que cada cual cree lo que cree, pero ¿por qué denostar o hacer aspavientos cmo si el de enfrente fuera blasfemo o tonto o de mala fe porque alguien no vea o no crea lo que otro cree como si o hubiera visto y lo pudiera certificar?

Aquí nadie somos Dios y en principio nos aplicamos lo mejor que sabemos a entender lo que seamos capaces.

Demos gracias a Dios de que somos así de tontos, si no a lo peor seríamos más soberbios todavía.

Solo sabemos lo que Él nos deja saber. ¡Alabado sea y piedad nos tenga!

Salaam