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Brigeco
24/12/2010, 20:10
Fariseos:

Abro este enlace porque me resulta interesante ese nombre, al parecer fueron los que vendieron a Jesús y lo mataron, eran judíos sacerdotes del templo de Salomón, a menudo hoy en día se utiliza esa palabra como insulto contra alguien, los fariseos no creyeron a Jesús, y lo politizaron dependiendo de ciertos intereses económicos y políticos de ciertos dirigentes del pueblo judío en su tiempo, se supone que pregonaban la paz y la ley judaica, pero que con los hechos no fue así, no reconocieron a Jesús como último profeta para su tiempo, en tanto que el cristianismo posterior si, y además en el islam aunque no es reconocido como último profeta si lo es como penúltimo profeta, y quería saber que me dierais vuestra opinión desde una perspectiva islámica sobre los fariseos, dado que en realidad hicieron como hacen muchos sacerdotes y dirigentes religiosos en todo el mundo, por lo tanto los dirigentes de las religiones no deben amparar ni representar las religiones, por ser inadecuados, aun así veo excesiva esa demonización de estos sacerdotes judíos,dado que además a Jesús lo mataron en realidad los romanos pero ellos contribuyeron dependiendo de su interpretación errónea de no reconocer a Jesús como profeta de Dios y saltándose las leyes religiosas, es decir sacando provecho para una élite religiosa, y quería saber que credibilidad se le da o se le debe dar hoy en día a los lideres religiosos de cualquier religión, sabiendo que son lo mismo y hoy en día se sigue politizando todo.

No se es una cuestión que me pregunto y me gustaría que me ayudarais.

Saludos

abdal-lah
28/12/2010, 08:35
salam Brigeco:

Tengo entendido que Los componentes del Gran Sanedrín que se supone juzgaron a Jesús -a-s.- por hechicería y blasfemia eran saduceos –tsedduqim- pues estos componían en su mayoría esa corte suprema, los fariseos eran una minoría y eran enemigos de los sabuceos, y que estos eran aristócratas que provenían de las elites dominantes y los fariseos eran de clases más humildes.

salam

Loyda
28/12/2010, 13:42
Sanedrín fue el nombre dado al concilio o consejo judío establecido en los últimos dos siglos a.C., y activo hasta el año 70 d.C.
Era un cuerpo de la aristocracia sacerdotal y de la nobleza compuesto de setenta y un miembros con sede en Jerusalén. Trabajaba bajo la dirección del sumo sacerdote y tenía funciones legislativas, ejecutivas y judiciales. Su autoridad variaba según el régimen político.
La existencia del concilio se atestigua desde comienzos del siglo II a.C. Antíoco el Grande (223–187 a.C.) dirige una carta a la gerousía, el senado de Jerusalén, cerca de 200 a.C. (Josefo, Antigüedades XII.iii.3). La palabra gerousı́a tiene la connotación de aristocracia gobernante y es común en los apócrifos y otros libros como sinónimo de «concilio» (Jdt 4.8; 1 Mac 12.6; 2 Mac 1.10; etc.; Filón, Embajada a Gayo, p. 229; Josefo, Antigüedades IV.viii.14)
El sumo sacerdote era el presidente del concilio. Sus miembros provenían de la aristocracia sacerdotal o eran laicos nobles; más tarde también participaron escribas, pertenecientes en su mayoría a los fariseos, pero hubo algunos de los saduceos. Bajo los primeros asmoneos, los saduceos constituían la mayoría y aprobaron leyes y ordenanzas favorables a sus interpretaciones. La reina Alejandra (78–69 a.C.) se identificó con los fariseos abrogando aquellas leyes y estableciendo otras que estos últimos respaldaban. Más tarde Herodes (37–4 a.C.), al comenzar su reinado y para aminorar el poder de la antigua aristocracia, mató a cuarenta y cinco miembros del concilio y le dio más participación a los fariseos que representaban menos amenaza para él. Durante el período de los procuradores (6–70 d.C.) el concilio se componía de la aristocracia sacerdotal, la nobleza que contaba con la simpatía de los saduceos y los eruditos de los fariseos.
Durante la época romana (63 a.C.—70 d.C.), en especial bajo los procuradores, este cuerpo era la última autoridad en Judea. Tenía injerencia no solo en cuestiones religiosas sino también en asuntos legales y gubernamentales, siempre y cuando no se violara la autoridad del procurador romano. Este último tenía que confirmar las sentencias de muerte aprobadas por el concilio .