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nuh musa
21/12/2010, 02:33
JESUS NO FUE CRUCIFICADO
17/08/10




Por Mahmud Husein.
Contenido:
Prólogo.Introducción.
Primera Parte:¿Quién fue Jesús?¿Cuál es el sentido de su apelativo "hijo de Dios"?El significado de "Mesías", la virginidad de María y los milagros.
Segunda Parte: ¿Cuál fue la misión de Jesús?¿En qué consiste el Reino de Dios?El poder de Jesús.
Tercera Parte: Jerusalén. El Apresamiento.
Cuarta Parte:La interpretación de las claves. El sacrificio y su reaparición.
Quinta Parte: Hechos extraños y enigmáticos. Secretos de la Crucifixión. La señal de Profeta Jonás.
Apéndice:La interpretación del sagrado Corán sobre el secreto de Jesús. La interpretación de los versículos: la Gente del Libro según el Islam. Los errores de la Gente del Libro. Las tradiciones islámicas sobre Jesús. Tradiciones sobre la Crucifixión. Las tradiciones sobre el final de los tiempos.


PRÓLOGO

Debemos primero advertir que existe una doble versión de Jesús, una muy popular y conocida, que podríamos llamar la versión “mitológica”, que no lo concibe en su real dimensión, creyendo que así lo enaltece, y atribuyéndole cosas que no le corresponden; y, segundo, una versión real de lo que fue Jesús, según surge de los evangelios y demás documentos más antiguos.

La función de los Profetas en la historia, en cuanto maestros de la humanidad, ha sido la de descubrir la realidad. Consistió en eliminar los cuentos y los mitos, y enseñar al hombre la verdad tal cual es, siendo ella el único medio de llegar a la plenitud del ser. El que no conoce es apto para admitir mitos y cuentos. Llegar a la verdad, a la realidad de las cosas, y aceptarlas como son, rechazando la mitología y el cuento, es un desafío muy grande para el alma humana.

El “Jesús” de la mitología es un “Jesús” neutro, inofensivo, como un sedante que se le ha dado a la gente para que no piense. Un “Jesús” forjado para otros fines diferentes al conocimiento verdadero, a la búsqueda de sí mismo, de la verdad por sí mismo, al esfuerzo por la propia plenitud y liberación. Esta falsificación se realizó por dos vías, por un lado alterando los textos originales, y por otro, cubriendo tales textos (pues en última instancia no pudieron ser totalmente amañados) a través de una doctrina que se llamó “la tradición”, a la que se le ha otorgado una categoría más importante que la que tienen los evangelios. Dicha “tradición” no es más que una interpretación histórica del cristianismo, adaptada a la mentalidad de una época, interpretación que sirvió de trampolín para la expansión del cristianismo en el imperio romano, y en general en occidente, por entonces degradado para el conocimiento espiritual y metafísico puro tal como el que traían los Profetas. Así se da una forma indebida al mensaje de Jesús, forma que en realidad lo oculta y lo distorsiona.

Con este opúsculo deseamos contribuir al esclarecimiento necesario de aquel mensaje. Nuestro propósito no es polémico sino educativo, pedagógico. Deseamos mostrar los velos que cubren algunos secretos sobre el significado metafísico de Jesús, sólo los velos, para que en ellos se vea la luz de la verdad resplandecer. Lo hacemos, además, como acto de desagravio al Mesías, al que ama nuestro corazón, el que ha sido injuriado a través de los siglos por los ignorantes y los malvados: “Y entonces vendrán a mí y dirán: “Muchos me dirán aquel Día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Y entonces les declararé: “¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!” (Mateo 7:22-23)






Introducción

La interpretación que se le da a la gente en general de los hechos acerca de Jesús el Mesías suena más bien, como ya dijimos en el prólogo, a mitología. La gente en su ignorancia acepta pasivamente todo lo que le presentan, que normalmente va dirigido a su sentimentalismo. Aunque hoy ya nadie cree en mitologías abiertamente como en el pasado, lamentablemente tampoco conocen la verdad, por lo cual hasta lo verdadero cae bajo la picota de la duda y es rechazado como falso.

Más aún y peor, en la actualidad tampoco se hace el esfuerzo de superar la mitología, más bien se la profundiza, se la multiplica y perfecciona, y se la exalta a través de muchos medios que llegan al pública masivo sin tamiz alguno, y es consumido como el alimento más preciado. La televisión, el cinematógrafo, la fantasiosa literatura que se inmiscuye en asuntos antes exclusivos de la investigación más rigurosa, debido a su gravedad, pero que alega que ha investigado y concluye dando una opinión caprichosa y sin fundamento, etc., son hoy los mentores de la verdad, y así lo acepta el público en general.

La degradación intelectual del presente no tiene parangón en la historia de la humanidad. La humillación que sufren los verdaderos pensadores es coincidente y directamente proporcional con la degradación social que sufre la población. Podemos decir sin equivocarnos que el caos en que se vive y la inseguridad que nos aflige son hijos de la degradación que los verdaderos referentes de la humanidad adolecen.

Esto se produce también en las ciencias en las que las humanísticas, como la filosofía, la psicología, la historia, la sociología y otras quedaron en manos de personas incapaces de plantearlas en su verdadera esencia, y que las ponen al servicio de la publicidad, de la producción dividendos, de una ideología política, y en definitiva del poder dominante, no de una reflexión seria y objetiva. Esta es la parodia de la ciencia.

La cultura se ha degradado, la curación por el espíritu, como se llamaba a cultivar el conocimiento, se ha mercantilizado. Los falsarios de cada sector simulan conocimientos y sólo responden a sus apetencias. Los ídolos dominan, no ya solamente a las masas que en su ignorancia los compran con parte de sus vidas, sino también a los pretendidos mentores de cada dominio. En definitiva, la idolatría de hoy es superior en degradación a la antigua.

Nosotros realizaremos aquí acerca de Jesús una especie de investigación detectivesca, o como la que realiza un juez en un caso delictivo, donde existe un crimen o un hecho sospechoso. Debemos estudiar no ya las palabras, lo que dice la gente, sino los acontecimientos, para formarnos un argumento, una idea de lo que realmente pudo haber pasado. Y por suerte tenemos datos suficientes sobre los hechos, datos que los “correctores” de las Escrituras no entendieron, porque de lo contrario los hubiesen borrado. En realidad no sabían que allí se encontraban las claves. Lo fundamental es que aún cuando existan agregados y distorsiones en los textos, lo que surge de los hechos es lo más importante.

Es cierto que debemos contar con que los textos han sido alterados a través del tiempo por parte de los escribas, a veces sin mala intención. Se afirma, por ejemplo, que la “Vulgata”, es decir la Biblia que estableció San Jerónimo en el siglo V, por orden del Papa de esa época, ya en el 1.500, cuando se editó por primera vez en imprenta, estaba tan corrupta que al cotejar varias no había dos párrafos iguales. Aunque repetimos, lo que surge de los hechos es lo más importante.

Quedarán no obstante muchos asuntos sin dilucidar, porque nuestro intento no es agotar este tema con un opúsculo como el presente, sino solamente abrir una puerta hacia los secretos de los hechos alrededor de Jesús el Mesías.


PRIMERA PARTE

¿Quién es Jesús?[1]

Comencemos, pues, con nuestro tema al que podemos llamar “el secreto de Jesús”. Trataremos sobre su significación, la función metafísica que él ha tenido en este mundo y que tendrá en el futuro, y por último su jerarquía entre los maestros de la humanidad. Deseo advertir, también, que no nos basaremos en otra cosa que los Evangelios, trataremos de descubrir el sentido de dichos textos en su pureza y espontaneidad.

Debemos partir de la idea de Jesús, como el Mesías esperado. Así fue mencionado reiteradamente por el Antiguo Testamento. Jesús mismo dice en el Evangelio de Juan: “

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21/12/2010, 02:41
Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. [...] Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro [...] Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí [...] No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza. Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. Pero si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras? (5:31,37, 39 y 45-47). Por su parte, en los rollos del Mar Muerto los esenios denominaron al Mesías “maestro de virtud”. Jesús constituyó, entonces, la culminación de los Profetas de Israel, y era esperado como el signo de los “últimos tiempos”, o del “fin de los días”, previos a la instauración entre todos los hombres del Reino de Dios. Esto mismo es lo que se interpretaba entonces.

Otra de las ideas imperantes era que el Mesías sería un descendiente de David, es decir de la tribu de Judá, y que antes de su venida debía reaparecer el Profeta Elías, de quién pensaban que sería un sumo sacerdote de la tribu de Leví. El Mesías vendría para todos los pueblos, no sólo para Israel.

¿Cuál fue el sentido de su apelativo “hijo de dios”?

En el Antiguo Testamento se designa al Mesías esperado como “siervo de Dios” y “Mesías”; su designación como “hijo de Dios”, que tanto se ha vulgarizado entre cristianos, no es frecuente en las profecías, ni mucho menos era entendida en el sentido que actualmente se la entiende en las teologías de las iglesias.

La expresión “hijo de Dios” aparece muchas veces en el Antiguo Testamento, referida a muchos Profetas, pero nunca antes de las teologías mencionadas se le habría ocurrido a nadie interpretarla como luego éstas lo hacen. Para los Profetas del Antiguo Testamento “hijo de Dios” no indica una “relación substancial” entre quien es de tal modo designado y Dios mismo, no se trataba de un ser especial “engendrado por Dios desde la eternidad”, como se sostiene en las iglesias, ni una de las “personas divinas”. Era solamente de un título de dignidad elevadísima, que otorgaba a quien lo poseía la categoría del mejor de los siervos de Dios entre los hombres, el amigo de Dios por excelencia. Era una expresión de dignificación, con un sentido metafórico aunque también muy concreto, pues no constituía un mero homenaje, sino una categoría espiritual efectiva. Pero nunca se la concibió, antes de que lo hiciera la teología eclesiástica, como una relación “esencial”, o “substancial”, o “real” entre la “Esencia de Dios” y una criatura cualquiera.

Citaré algunos lugares de la Biblia con la expresión “hijo de Dios”: Es aplicada a Adán, como en el evangelio de Lucas (3:38), y en el Génesis esa expresión, respecto de Adán, se deduce del contexto, aunque no figura literalmente (Gén. 1:26-27); a los descendientes de Set también le es aplicado ese apelativo (Gen. 6:1-2); y en Lucas figura así de los ángeles (20:36), lo mismo que en el libro de Job sobre los ángeles (1:6, 2:1, 38:7). De Salomón se dice textualmente en Crónicas: “...le he escogido a él por hijo mío, y yo seré para él padre” (libro 1º, 28:6), tal cual se dice en el bautismo de Jesús en el Jordán: “A éste he escogido por hijo muy amado” (Mt. 3:17).

Y entonces una voz que salía de los cielos clamó: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» A David los Salmos lo llaman “hijo de Dios” reiteradamente (2:7); en Daniel (3:25-26 y 28) figura el mismo apelativo referido a un “cuarto” (como así se lo menciona). “Siervo justo” o “hijo de dios” para los pueblos de esa época significaban lo mismo.

Por otra parte, el mismo Jesús llamó “hijos de Dios” a sus seguidores, y en general a todos los creyentes, cuando dice: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt. 5:9). También está el famoso: “Padre nuestro que estás en los cielos” (Mt. 6:9), por lo que se deduce la filialidad divina de todos los hombres (o al menos los que aceptan a Jesús) Hablando a los apóstoles él les dice: “Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento.

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Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros” (Mt. 10:19 y 20). Esto era lo que le pasaba al mismo Jesús, cuando él decía que era “su Padre” el que hablaba por él, como explica a sus seguidores. En consecuencia, tanto los términos “hijo” como “padre” en las escrituras sagradas, incluidos los evangelios, son muy diferentes a lo que afirma la teología.

Podemos, pues, extraer una conclusión de lo que hemos expuesto. La expresión “hijo de Dios” utilizada por el Antiguo Testamento respecto de Adán, por ejemplo, alude a un vínculo especial y directo entre Dios y el ser del cual se dice eso. Dios creó a Adán e insufló en él de Su Espíritu, es decir le transmitió algunos de los Atributos divinos, como el conocimiento, la voluntad libre, el discernimiento del bien y del mal, la misericordia, el amor, etc. Cuando un ser es enviado por Dios con la categoría de Profeta o Mensajero Suyo, el Antiguo Testamento puede llegar a designarlo como “hijo de Dios”, en el sentido de “el mejor siervo” como título dignificante, pues dicho ser es el delegado de Dios ante los hombres y el intercesor de los hombres ante Dios.

Por otra parte, Jesús asentó claramente su categoría de Profeta y de Mensajero de Dios, tal como los Profetas anteriores a él, diciendo: “Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá…” (Mt. 10:40-41) En una ocasión le preguntaron los seguidores de Juan el Bautista: “¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?” (Mt. 11:3), quedando implícito en la pregunta que Jesús era un Profeta esperado anunciado por el Antiguo Testamento, y en especial esperado por los discípulos de Juan el Bautista.

Su condición de “siervo de Dios” tampoco es negada por él. Dijo Jesús respondiendo al demonio: “También está escrito: ‘No tentarás al Señor tu Dios’” (Mt. 4:7), considerándose a sí mismo como siervo obediente de Dios y de la Ley revelada, y reiterando así lo que dice el Deuteronomio (6:16). Se define como “siervo” cuando expresa respecto de sí mismo: “Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto” (Mt. 4:10), aludiendo otra vez al Deuteronomio (6:13-14). Igualmente lo hace cuando dice: “Aquel que me ha enviado” y “Padre nuestro”, donde se iguala al resto de la gente, y cuando dice: “…por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios…” (Mt., 12:28), reconociendo en todos los casos su dependencia de Dios y del Espíritu Santo para realizar milagros. La misma consagración de Jesús para su misión mediante el bautismo del Jordán manifiesta su vínculo íntimo con el Espíritu Santo, gracias a lo cual él tiene la misión de transmitir la Revelación que el Espíritu le comunica, igual que todos los Profetas.

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Dice en Mateo: “Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio [Juan el Bautista] al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él [Jesús]” (3:16), lo cual indica que Jesús no poseía la categoría de Profeta antes de ese momento, y que le fue dada por Dios como a otros Profetas, siervos Suyos elegidos. La expresión: “...Pondré mi Espíritu sobre él” se refiere también a su consagración como Profeta. Y si ni Profeta era antes de ser consagrado, ¿cómo podemos pretender que era “Dios en persona”?

El significado de “Mesías”, la virginidad de María y los milagros

Consideremos primero una expresión muy interesante por su etimología, el significado de la palabra “Mesías”, y qué tiene que ver con la virginidad de María. “Mesías” significa “ungido” o “purificado”. Los semitas solían utilizar ungüentos y aceites, esencias aromáticas y perfumes para purificar sus cuerpos, y ofrecer al visitante o a la persona santa y venerable. Los reyes eran ungidos al acceder al trono, y también solían ungir los cadáveres como purificación final. Esto significa que la palabra “Mesías” o “ungido”, aplicada a Jesús, como último Profeta de Israel y el más destacado, se entendía como “el purificado, el que no tiene imperfección”. En los Salmos de Salomón el Mesías es considerado puro, y es por ello que debía nacer de una virgen, es decir de alguien de su misma categoría, pura como él.

Los musulmanes, sin embargo, no creemos que los pecados se transmitan de padres a hijos, y menos aún que el acto procreador entre un hombre y una mujer sea pecaminoso, y que debido a ello Dios determinó omitirlo en el caso de Jesús. Creemos, por el contrario, que el nacimiento del Mesías en el seno de una virgen es solamente un signo, una prueba más de las tantas que habría él de dar en su vida para demostrar que de verdad era el Mesías esperado. En el futuro se habrían de presentar en Palestina tantos falsos “mesías” y “profetas”, por lo que Dios quiso evidenciar un signo extraordinario en el nacimiento de Jesús, para distinguirlo de los falsarios. Ya antes en el tiempo en Israel habían aparecido muchos falsos “mesías” y “profetas”.

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El nacimiento virginal, entonces, no significa que Jesús fuera un dios o un semidiós, sino que, por el contrario, tuvo por fin convencer a sus contemporáneos sobre la veracidad de su misión. Para nosotros ese nacimiento no tiene una categoría superior al resto de los milagros que hicieron no sólo Jesús, sino también muchos de los Profetas que han existido.

Además, debemos saber que el nacimiento virginal de Jesús no fue el único milagro de ese tipo, sino que los nacimientos de María y de Juan el Bautista fueron también hechos milagrosos, dado que en ambos casos nacieron de una madre anciana que ya no podía procrear, y como respuesta a un ruego de sus padres. Sin duda que esos nacimientos tuvieron por fin convencer a los contemporáneos de María y Juan el Bautista sobre la superioridad de estos seres, a fin de que aquellos se beneficiaran espiritualmente, tal como en el caso de Jesús. El nacimiento milagroso de María constituyó indudablemente la preparación del nacimiento de Jesús, quien por ser Mesías, es decir inmaculado, debía tener una madre igual.[2]

En conclusión, los milagros sólo sirven para aceptar la verdad, no para otorgar la categoría espiritual a los Profetas y Mensajeros, la cual la otorga Dios directamente, por su libre Voluntad, sin necesidad de pruebas o de milagros, ni de justificaciones, aceptaciones o rechazos por parte de los hombres. El milagro es una Misericordia del Señor a favor de Sus siervos.

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Es lógico que un pueblo como el judío, acostumbrado a cuestionarlo todo, a rechazar a sus Profetas, y aún a asesinarlos, reciba una prueba de tal tamaño como la del nacimiento virginal, y aún más, la resurrección de muertos por parte de Jesús, la curación de sordos y ciegos de nacimiento, de leprosos y endemoniados, etc. Otros Profetas, como Moisés, Elías, Ezequiel, Daniel, etc., habían hecho muchos milagros, pero Jesús traerá milagros de la salud, de la vida, y no sólo vinculados a la naturaleza, como en el caso de Moisés. Estos hechos relativos a la vida y a la muerte son aún más impactantes para los pueblos, y por ello fueron reservados para el Mesías, en una época en que el pueblo judío estaba en una extrema desintegración, y cuando su escepticismo había llegado al máximo.




SEGUNDA PARTE

¿Cuál fue la misión de Jesús?

Su misión se puede sintetizar en la prédica del evangelio (que significa “la buena nueva” o “bienaventuranza”), constituida por la venida del Reino de Dios o Reino de los Cielos. Su misión principal fue el anuncio del Reino, ya que el mismo Jesús dice en Lucas: “También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado” (4:43), y en Mateo: “Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino” (4:23).

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Habían por entonces en Palestina grupos que no eran judíos, pero que seguían el Antiguo Testamento, como los samaritanos, quienes rechazaban ser llamados “judíos”; los quenitas y los recabitas, que eran tribus árabes del desierto que cumplían la ley de Moisés, y que también objetaban ser considerados “judíos”; los esenios, que se separaron del pueblo judío debido a su decadencia y corrupción, y que seguían un modo de vida más puro y estricto; los nazoreos, que abundaban en Galilea, y a los cuales quizás perteneciera Jesús. En conclusión, había entonces grupos numerosos aún entre los mismos judíos (como los zelotes), tanto grupos opuestos a los judíos, como antagónicos entre sí. Los judíos residían sobre todo en el sur de Palestina, alrededor de Jerusalén, y se consideraban a sí mismos los sucesores del reino de Judá, por lo cual se llamaron justamente “judíos”. Todos estos grupos esperaban, según el Antiguo Testamento, que se constituyera el Reino de Dios, y que el Mesías los liberara.

Dice en Mateo: “Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura” (6:33) Y entonces Jesús cuenta numerosas parábolas acerca del Reino. Dice en una de ellas: “El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra” (Mr. 4:26), y dice: “El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo” (Mt. 13:31) Otra parábola propuso a sus oyentes: “El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo” (Mt. 13:44); “también es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra” (Mt. 13:45-46); “también es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases” (Mt. 13:47)

Debido a la brevedad que pretendemos en este escrito no podemos explicar todo lo que implica cada una de estas frases, pues ello nos distraería de nuestro tema principal. Pero debemos saber que en ellas está anunciando todo lo por venir, el Islam, el Sagrado Corán, al Profeta Muhámmad, y que se tratan en realidad de profecías.

¿En qué consiste el Reino de Dios?

El Reino tiene tres interpretaciones diferentes, primero es un estado del corazón; segundo es el gobierno concreto instaurado por Dios entre los hombres a través de Sus Profetas y Mensajeros; tercero, es el anuncio de un Día Final, en el cual todo el Poder solamente pertenecerá a Dios. Los tres sentidos los encontramos en los evangelios.

Dice en Lucas: “Habiéndole preguntado los fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios, les respondió: El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: ‘Vedlo aquí o allá’, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros” (17:20-21) Es decir, se trata de un estado del corazón, que se produce en este mundo, no algo que sólo sucederá en el más allá.

En cuanto al segundo sentido del Reino, como gobierno concreto de Dios sobre los hombres, a través de Sus Profetas, Mensajeros y delegados, sabemos que era el sentido que predominaba desde antiguo, y que fue confirmado por Jesús en algunos pasajes de los evangelios, por ejemplo en Mateo: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones […] Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo’” (25:31-32 y 34) Según nuestra interpretación, el término “hijo del hombre” no se refiere solamente a Jesús, sino que tiene dos interpretaciones posibles, una la que se aplica a Jesús, identificable muy claramente, y otra la que se aplica al Profeta Muhámmad que estaba por venir en la gloria de Dios, con el Poder divino en la tierra.

Dice también Jesús: “Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino [los judíos] serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes” (Mt. 8:11-12). Habla de “oriente” y de “occidente”, es decir de este mundo, donde hay oriente y occidente, porque en el más allá no existen tales localizaciones. Y habla de “la mesa de Abraham, de Isaac y de Jacob”, es decir de la tradición en este mundo, en el más allá no hay “mesa de Abraham, Isaac y Jacob”, no será necesaria entonces una tradición que se deba enseñar a los seres, pues éstos vivirán de la experiencia propia, de la luz de Dios, una luz única, y conocerán sin necesidad de que ninguna tradición se transmita.

Brigeco
21/12/2010, 14:34
Son interesantes los enlaces sobre cristo que pones según el islam, yo creo que todo eso es cierto, pero también creo que existió un ser superior a todos los profetas de las tres religiones por lo que he podido estudiar y documentarme independientemente fuera un Dios o no,como hijo de Dios que eso no lo sabemos ni lo sabremos nunca, y en eso se basa el cristianismo actual, no se si en esto hay como tu dices de parte del cristianismo una intención de adormilar a la gente enalteciendo a Jesús como cristo mitificándolo a este profeta judío divino revolucionario con supuéstamente el auténtico cristo que seria Horus en el antiguo Egipto tomado de una religión ancestral que se pierde en el tiempo y del que toma elementos el judaísmo, el cristianismo y por lo tanto también el islam a través del cristianismo,pero sigo creyendo que este ser humano superior primigenio fuera el hijo de Dios o no existió realmente hace mucho mas de 12500 años antes del presente, con esto no digo que el judaísmo mienta, ni el cristianismo ni el islam, sino que todo lo que dicen es los tres libros sagrados es cierto, pero supuestamente Dios ha hablado al ser humano no solo a partir del judaísmo, sino desde hace mucho tiempo anterior, ya sea con enviados profetas o seres superiores para algunos la reencarnación de Dios en una época que no era como la actual ni como la imaginamos, sino muy distinta, es la teoria de las cuatro edades del mundo, en el islam y el cristianismo y el judaísmo también se cree sino me equivoco en ello, un ejemplo el paraíso, el limbo el infierno etc, y creo que no era solo un estado mental o espiritual sino físico, esto lo abalan otras culturas y ahora lo están cuestionando también muchos científicos, en una época que según las tradiciones de otras religiones y culturas que coinciden todas a la vez sucedían casos sorprendentes e inexplicables, pues bien mirándolo así es logico en ese sentido que en un tiempo muy anterior al actual existieran seres superiores que muchos los tomaran por dioses, de todo esto hablo en el apartado de dialogo interreligioso, y créeme si hay evidencias, de que ese cristo primigenio en el que se basa el cristianismo existió para adormilar a la gente o no exaltándolo o mitificándolo mas, ese ser superior existió de verdad, ademas los egipcios tomaron esa religión de otras anterior y en realidad no eran politeístas sino monoteístas.

Dejo un enlace muy interesante sobre Cristo, el cristianismo, el judaísmo con respecto a la antigua religión egipcia, la ultima parte no me convence, ya que identifica sin ningún dato al cristo profeta histórico de hace 2000 años con un hombre normal y niega a Dios, ya que estos puntos no los comparto, pero en cuanto al paralelismo de Horus e Ísis con la virgen María y el cristo enseñado por el cristianismo estoy completamente de acuerdo, porque ademas como dije ese Cristo u Horus existió realmente mucho tiempo atrás y era un ser humano superior, este enlace me da la impresión que dice medias verdades y creo que su objetivo es que la gente no crea ni en Dios ni en Cristo, cosa que no comparto, incluso siendo de otra religión, pero también dice verdades y creo que esta hecho por ciertas personas un tanto oscuras, o o incluso muchos dirían que son iluminatis, pero es interesante, no hay que olvidar lo que dice, que en parte es cierto, sobre el paralelismo del cristo cristiano y Horus(este + de 12500 años)personificándolo en un profeta divino judío de hace 2000 años, que este es el aceptado por el islam, pero no por el judaísmo.

Si se busca por internet y se documenta uno bien hay algo sobre todo esto, pero ya se sabe que también por internet hay cosas que son falsas, desde mi punto de vista parte de los antiguos dioses antiguos de las religiones de otras civilizaciones procedían del mismo ser superior o si acaso de unos pocos mas, fueran dioses o no, pero el mas significativo para nuestro tiempo es Horus y sobre todo en el cristianismo llegando al mundo actual, y cada cultura creo una religión y los convencionalizó culturalmente y los mitificó según cada una.Por cierto, cuanto mas conozco de todo esto mas sorprendente y mas verdadero me parece el islam, el judaísmo y el cristianismo, dicen la misma cosa, pero de diferentes maneras y cada religión una porción de la realidad, fragmentadas por intereses políticos, personalistas , culturales y nacionalistas, creando cada religión o cada cultura unas pautas o signos religiosos determinados, dogmas y convencionalismos.
Resumiendo, desde mi punto de vista existió el Jesús histórico de hace 2000 años tal como señala el Corán y del cual pones ejemplos, y tambien exitió el Cristo auténtico de la iglesia cristiana lo haya mitificado o no para el control social o adormilamiento de la gente, pero este Cristo existió mas allá de 12500 años y era un ser superior , hijo de Dios o no en la que la iglesia cristiana lo a personificado en el Jesús revolucionario judio y profeta de hace 2000 años que no tiene nada que ver porque son dos personas distintas, y también en su cronología.Espero que nadie se me ofenda por mis comentarios, ya que creo que no hay motivo.


http://www.youtube.com/watch?v=JMlQmu9UQqo

http://www.youtube.com/watch?v=9vzUN8Bhzyc

http://www.youtube.com/watch?v=0xLkBMRZhzs

Brigeco
21/12/2010, 17:12
Repito que esos dioses míticos egipcios existieron en la realidad, y eran seres humanos superiores inspirados por Dios mucho mas antiguos que la civilización egipcia, pongo mas enlaces del paralelismo de la religión egipcia con las religiones del libro, creo que no están en contradicción con ellas, es otra actualización mas moderna en las religiones de lo que ya fue y lleva siendo mucho tiempo basado en algo real, como ya pondré dentro de un tiempo respecto a los seres humanos primigenios superiores y antiquísimos inspirados por Dios que después se convirtieron en los dioses mitos de Egipto culturalmente egipticiados y convencionalizados según los dogmas de la religión de civilización egipcia y su astrología, estos antiguos seres humanos divinos inspirados por Dios adoptados por la civilización egipcia y a partir de esta a buena parte de las religiones del libro, se puede sentir también en otras religiones, tanto mesopotámicas contemporaneas del antiguo Egipto como orientales sean Indues o de la China, y todas parten de lo mismo, y nos adscribimos a la antigua religión egipcia porque es la mas antigua, la mas compleja y la mas completa, aunque bien es cierto que esos seres humanos en China, India, o Mesopotamia adquirieron nuevos simbolismos pero las funciones y la representatividad seguían siendo los mismos unos con otros que con respecto al resto de culturas y religiones.Ya pondré documentación de porque digo que esos seres humanos superiores antiquísimos inspirados por Dios existieron de verdad y no son solo mitos, en concreto Horus, Isis y Osiris.


http://www.youtube.com/watch?v=e1CWBKRWIg0

http://www.youtube.com/watch?v=v_ZmsRUmuWU

http://www.youtube.com/watch?v=xH66MsrmE50

http://www.youtube.com/watch?v=bg42JsMGsUc&feature=related

Brigeco
21/12/2010, 17:23
http://www.youtube.com/watch?v=8JoUN66uYQA&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=Sn20iWO2K1Q&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=0dr8Xb838WA&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=Sljr7CDuJgI&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=08Fi9dJJ7vI&feature=related

Brigeco
21/12/2010, 17:28
El Jesús profeta divino revolucionario de Judea de hace 2000 años no murió en la cruz:

http://www.youtube.com/watch?v=wa5JCtDO9wk&feature=related

nuh musa
22/12/2010, 00:11
Claro que no hay motivo para ello, Brigeco, y sí sobran para agradecerte por tanto aporte, sugerencia y motivación...Quien intenta reunir lo disperso, encontrar la unidad en la diversidad, como vos, merece todo el respeto...

Loyda
22/12/2010, 07:18
Debido a lo extenso del tema, a las contradicciones que he podido leer en el (y esto que solo lo he hecho por encima), y al poco tiempo de que dispongo, voy a intentar mostrar mi visión del asunto en forma de pequeños pensamientos e inquietudes surgidas a lo largo de dicha lectura.


La disertación en un principio asegura;

Debemos primero advertir que existe una doble versión de Jesús, una muy popular y conocida, que podríamos llamar la versión “mitológica”, que no lo concibe en su real dimensión, creyendo que así lo enaltece, y atribuyéndole cosas que no le corresponden; y, segundo, una versión real de lo que fue Jesús, según surge de los evangelios y demás documentos más antiguos.

Pero dos párrafos mas adelante nos dice;

El “Jesús” de la mitología es un “Jesús” neutro, inofensivo, como un sedante que se le ha dado a la gente para que no piense.

Ósea una versión que intenta enaltecer a Jesús pero que al mismo tiempo le hace neutro e inofensivo???, ¿ como se enaltece a alguien’?, ¿haciéndole neutro e inofensivo?. Quizás no comprendo muy bien lo que se pretende decir al calificar a Jesús o a la imagen que se ha dado de el como de alguien neutro, pero si esta palabra pretende significar lo que realmente significa no se que clase de evangelios ha leído la persona que escribe este texto;¿cual el el Jesus mitologico?, ¿Un Jesús indiferente que se abstiene de intervenir en asuntos conflictivos? En una palabra, “un Jesús que no se moja”, cuando nos es suficiente leer los evangelios para darnos cuenta de que Jesus no hace otra cosa que oponerse al poder religioso establecido y luchar hasta la muerte por cambiar el orden de las cosas. Es cierto que la manera de llevarlo a cabo no era la habitual ni la conocida pero por lo escrito nos queda lo suficientemente claro que Jesús ni se mostro indiferente, ni paso inadvertido, ni fue inofensivo. Los que vivieron con el lo tuvieron muy claro, de hecho les molesto e influyo, de la misma manera que molesta e influye todavía hoy a muchos.

Decir que se ha pretendido enaltecerle atribuyéndole características que no le corresponden, pero al mismo tiempo asegurar que estas características de las que se le ha dotado son neutralidad e indiferencia es contradecirse. Y si ya empezamos el largo estudio sobre una base de contradicción no sé yo lo que vamos a ser capaces de leer.

Salam.

Brigeco
25/12/2010, 11:17
Claro que no hay motivo para ello, Brigeco, y sí sobran para agradecerte por tanto aporte, sugerencia y motivación...Quien intenta reunir lo disperso, encontrar la unidad en la diversidad, como vos, merece todo el respeto...

Gracias Nuh Musa....yo tengo una teoría sobre todo esto,hay mas cosas que nos unen que las que nos separan, y en esto es en lo que se tiene que fijar y guiar la gente.

Un saludo

nuh musa
25/12/2010, 17:41
Gracias Nuh Musa....yo tengo una teoría sobre todo esto,hay mas cosas que nos unen que las que nos separan, y en esto es en lo que se tiene que fijar y guiar la gente.

Un saludo

Esta Navidad confirma lo que venís haciendo: CONOCIENDO (NACIENDO CON, según la etimología poética del apóstol PAUL CLAUDEL) ¡y Allah quiera que sea cierto en mi caso! Y ¡por Allah y su vocero, MEISTER ECKHARDT, que esta Navidad confirme también nuestros imperecederos naceres y renaceres en el INSTANTE¡