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durruti
01/09/2010, 18:18
Toda la teoria de que no hubo invasion arabe/musulmana choca un poco con lo admitido, no obstante yo ya habia leido sobre la teoria de Claudio Sanchez Albornoz en su libro la España Musulmana en la que sostiene que la "invasion" fue obra de guerreros bereberes de Ifriquilla que pasaron con Tarik y que no encontraron oposicion dadas las condiciones que tenian los campesinos hispanos de casi esclavitud, y que se islamizaron en masa porque lo que ofrecia el Islam era mejor que lo que tenian.
Y esa fue la causa de la rapida ocupacion de la peninsula.

Salam

abdal-lah
01/09/2010, 19:24
Toda la teoria de que no hubo invasion arabe/musulmana choca un poco con lo admitido, no obstante yo ya habia leido sobre la teoria de Claudio Sanchez Albornoz en su libro la España Musulmana en la que sostiene que la "invasion" fue obra de guerreros bereberes de Ifriquilla que pasaron con Tarik y que no encontraron oposicion dadas las condiciones que tenian los campesinos hispanos de casi esclavitud, y que se islamizaron en masa porque lo que ofrecia el Islam era mejor que lo que tenian.
Y esa fue la causa de la rapida ocupacion de la peninsula.


Si creo recordar (hace muchos años que leí el libro de Ignacio que Tarik ni existió sino que fue un personaje de leyenda.

Nunca hubo ocupación sino que los "españoles" hicieron una revolución......

Pues podrías leer la síntesis del libro y podríamos comentarlo, creo que podría ser interesante y ameno... si quieres claro.

salam

durruti
01/09/2010, 21:14
Si creo recordar (hace muchos años que leí el libro de Ignacio que Tarik ni existió sino que fue un personaje de leyenda.

Nunca hubo ocupación sino que los "españoles" hicieron una revolución......

Pues podrías leer la síntesis del libro y podríamos comentarlo, creo que podría ser interesante y ameno... si quieres claro.

salam
De acuerdo lo leere y lo comentamos; una de las cosas que mas me gusta es la historia del Islam.

Salam

latifa6
01/09/2010, 21:16
Si creo recordar (hace muchos años que leí el libro de Ignacio que Tarik ni existió sino que fue un personaje de leyenda.

Nunca hubo ocupación sino que los "españoles" hicieron una revolución......

Pues podrías leer la síntesis del libro y podríamos comentarlo, creo que podría ser interesante y ameno... si quieres claro.

salam

Salam,
Me gustaría, a mi también participar. A qué libro te refieres? La España Musulmana?

latifa6
01/09/2010, 21:42
Si creo recordar (hace muchos años que leí el libro de Ignacio que Tarik ni existió sino que fue un personaje de leyenda.

Nunca hubo ocupación sino que los "españoles" hicieron una revolución......

Pues podrías leer la síntesis del libro y podríamos comentarlo, creo que podría ser interesante y ameno... si quieres claro.

salam

Salam,
No me conforma esa expresión: "genes norte africanos"... de qué estamos hablando?? de tribus berebers u otros?? Lo siento pero la sóla exrepsión "norteafricanos" se me queda vacía.

abdal-lah
02/09/2010, 07:53
Salam

Perdón mi proposición va para todo el mundo y no solo para Durruti.

Latifa para leer el libro de Ignacio Olagüe titulado: La Revolución islamica en Occidente hay dos formas, comprar el libro en internet:
http://www.casadellibro.com/
http://www.libreria-mundoarabe.com/

Enlace para leer el libro online en http://www.islamyal-andalus.org/
Y un resumen en http://bibliotecanacionandaluzasevil...-occidente.pdf

Para mi punto lo mejor es leer el libro original sea en internet o en papel. Como la cuestión más importante son las fuentes, Ignacio Olagüe hace un exhaustivo análisis crítico de estas fuentes. Su trabajo critico y de investigación sobre las fuentes lo encuentro genial y riguroso. Y las notas de las fuentes están al final del libro original y no se encuentran en el resumen del libro, que esta en la última dirección que puse. Para mi es lo mejor del libro y lo mejor que haya leído sobre está historia. Las fuentes son la clave para entender la construcción del mito de la invasión árabe en la Península Ibérica, y Olagüe lo sabia.
Si queréis abrimos un hilo para el tema y cada uno que opine

Salam .

abdal-lah
02/09/2010, 09:26
As-Salam`Aleikum:

Bueno empiezo con un pequeño resumen sobre el tema y del libro realizado por los hermanos musulmanes andaluces
http://www.e-andalus.com/joomla/index.php?option=com_content&view=article&id=47:los-arabes-jamas-invadieron-espana&catid=3:newsflash


Los árabes jamás invadieron la Península Ibérica

Algunos historiadores cuestionan la versión oficial según la cual el Islam se implantó violentamente en la península, después de una invasión árabe, en el año 711. Argumentan que el Islam ni se impuso ni era ajeno a los hispanos, que lo abrazaron libre y mayoritariamente. En su opinión, la imposición musulmana no fue tal. Se trató de un “invento” promovido por la Iglesia con objeto de encubrir su derrota ante los cristianos unitarios, seguidores del arrianismo que predicó Prisciliano.

¿Ocurrió la historia tal y como nos la han contado? ¿Es posible que, en el siglo VIII de nuestra era, un ejército musulmán cruzara el estrecho de Gibraltar, derrotara a las tropas visigodas y avanzara victorioso hasta el punto de llegar a someter a casi todo el territorio peninsular? ¿Un puñado de bereberes pudo someter a 20 millones de hispanos durante varios siglos? En contra de esta hipótesis tenemos el hecho de que los documentos de la época no contienen referencias a aquella terrible invasión que, de ser cierta, habría supuesto para los peninsulares todos los males inimaginables. Las primeras noticias no aparecen hasta las crónicas latinas y musulmanas del siglo IX, a seis generaciones (150 años) de los hechos que se relatan, cuando el Islam estaba ya firmemente arraigado en la península.

Algunos investigadores, tras comprobar que los musulmanes atribuían a sus correligionarios victorias imposibles y que los cristianos omitían consignar cualquier aspecto de lo que estaba sucediendo en su suelo, concluyen que el mito ha pervivido, contra toda lógica, porque ha interesado mantenerlo. Entre los musulmanes, porque les proporcionaba una pátina de gloria; entre los cristianos ortodoxos, porque encubría ante su propio pueblo lo que en realidad fue un fracaso social y religioso.

La guerra civil que estalló en la Península Ibérica a principios del siglo VIII , explicada como conflicto político y disfrazada más tarde como invasión de potencia extranjera, tuvo su auténtico origen en unos hechos que se remontan a cuatro siglos antes, al enfrentamiento producido entre dos corrientes cristianas: los unitarios o arrianos, que negaban que el Hijo fuera igual al Padre –según premisa, Jesús no era Dios – y los trinitarios, adheridos al dogma predicado por san Pablo, que mantenían que hay tres personas distintas –Padre, Hijo y Espíritu Santo- en un solo Dios verdadero.

Por tanto, para aproximarnos a la verdad de los que sucedió realmente en el año 711, cuando un contingente de guerreros del norte de África, entre los que predominaban los bereberes, cruza el estrecho de Gibraltar, derrota a las tropas visigodas lideradas por Don Rodrigo y se establecen en la Península Ibérica, tendremos que remontarnos al siglo IV.

En el año 325, el emperador Constantino acababa de convocar un concilio en Nicea para zanjar las disputas teológicas que estaban perjudicando al imperio. Fue una fecha crucial, porque el dogma de la Trinidad se impuso y se incluyó en la religión oficial, mientras que se reafirmaba la excomunión del obispo alejandrino Arrio, que murió en el 336, el día anterior al fijado por el emperador para obligarle a reconciliarse con la Iglesia. Un siglo después, su mensaje obtuvo un eco imprevisible.

EL MARTIRIO DE PRISCILIANO

Las ideas que Arrio había predicado en Oriente fueron propagadas por Prisciliano en la Península Ibérica y en el sur de la Galia. Este controvertido personaje nación en el seno de una familia senatorial en el 340 –se cree que en Galicia- y comenzó su predicación hacia el 370. Era un hombre culto, ascético, vegetariano y que no hacía distinción entre los hombres y mujeres en cuestión de nombramientos relacionados con el culto, unos principios que retomarán siglos después los cátaros.

Los libros de Arrio fueron quemados y apenas quedan obras de Prisciliano. De los signos externos y sacramentos del arrianismo sólo se sabe, por referencias de sus enemigos, el empleo de alguna forma de tonsura y que el bautismo se realizaba mediante tres inmersiones, quizá en correspondencia con la trilogía "cuerpo, alma y espíritu" o "cuerpo físico, astral y mental". Prisciliano tuvo que soportar durante toda su vida pública el acoso teológico y personal de los obispos trinitarias , temerosos de su creciente influencia entre el clero y la población.

El último acto de esta historia tuvo lugar en el año 385 en la ciudad de Tréveris, donde el emperador Máximo le hizo acudir para que se defendiera de la acusación de hechicería lanzada por sus adversarios. Hubo un juicio, viciado por intereses clericales e imperiales, y una condena: a Prisciliano le cortaron la cabeza. Fue el primer hereje que sufrió pena de muerte. Curiosamente, el propio emperador Máximo fue ejecutado tres años después por orden de Teodosio.

Unamuno sugiere que quien está enterrado en Compostela no es el Apóstol Santiago, sino Prisciliano, lo cual daría idea de la extensión e importancia que alcanzaron sus doctrinas. Lo cierto es que su ejecución afianzaría el arrianismo en el país. Por otra parte, hacia el año 460 tomó el poder en la península el monarca godo Eurico, quien se convirtió a la fe arriana y truncó así las ambiciones de los que no habían dudado en matar a Prisciliano con tal de acabar con sus ideas.

LA ABJURACIÓN DE RECAREDO

En el año 587, el rey godo Recaredo se alió con los trinitarios por conveniencias políticas y, en nombre propio y en el de todo su pueblo, abjuró del arrianismo que habían practicado los anteriores monarcas godos. Se prohibió el culto arriano y se iniciaron brutales persecuciones contra sus seguidores y también contra los judíos, quienes hasta entonces habían practicado su religión libremente. Los arrianos de la península y del sur de Francia se sublevaron y tuvieron que soportar durante el siglo siguiente robos, violaciones, asesinatos y reducción a la esclavitud, perpetrados por elementos de la oligarquía goda y del propio clero.

La tensión se rebajó cuando el rey godo Vitiza subió al trono en el 702 y comenzó a deshacer los entuertos de sus antecesores: declaró una amnistía contra los perseguidos y les restituyó sus bienes; detuvo las medidas hostiles contra los judíos y convocó el XVIII concilio de Toledo, cuyas actas, sospechosamente, se han perdido. El grueso de los historiadores opina que fueron destruidas porque eran contrarias al Cristianismo ortodoxo romano. A la muerte de Vitiza, en torno al año 709, todo cambió. La nobleza y los obispos impidieron que su hijo Achila, que era menos de edad, ocupara el trono, y eligieron en su lugar al que la historia ha conocido como Don Rodrigo, un jefe militar afín a sus intereses. Estalló entonces una guerra civil entre los partidarios de éste, probablemente seguidores del Cristianismo establecido, y quienes apoyaban a los sucesores de Vitiza, más comprometidos con las creencias unitarias o arrianas, que veían en Don Rodrigo a un usurpador del trono visigodo.

seguiremos ...inxa Al-lâh

abdal-lah
02/09/2010, 09:30
Al mando de la Bética estaba Rechesindo, el antiguo tutor del hijo de Vitiza. Rodrigo lo mató en una escaramuza y entró en Sevilla sin oposición. Entonces los partidarios de la estirpe de Vitiza, los debilitados unitarios, pidieron ayuda a su correligionario Taric, gobernador de la provincia visigótica de Tingitana (la actual Tánger), en el norte de Marruecos, que había sido nombrado por Vitiza y con cuyo reinado mantenía estrechas relaciones comerciales.

Taric era, probablemente, de raza goda, como apunta la sílaba "ic" , hijo en lengua germánica. Uno de los jefes militares era Yulián, de origen romano, a quien la leyenda de la invasión convirtió en el traidor conde Don Julián. Taric cruzó el estrecho con guerreros de diversas etnias, integrados en la causa unitaria, entre los que abundaban los bereberes. La presencia de estas ropas no provocó una especial reacción entre la población autóctona, ya que la petición de auxilio a fuerzas extranjeras era una práctica muy corriente en Hispania.

Los judíos, que habían sido ferozmente perseguidos por los monarcas godos después de que éstos abandonaran la fe arriana, acogieron favorablemente a los recién llegados.

Los expertos subrayan que sólo un estado puede organizar una invasión militar. Y no existe entonces un imperio arábigo, sino tribus y pequeños caudillos frecuentemente enfrentados entre sí y carentes de gobierno, administración y ejército.

Según el historiados Ignacio Olagüe, "en las crónicas latinas y bereberes aparecen los godos como un grupo aparte que guerreaba contra un enemigo que no era español, ni cristiano, ni hereje, sino anónimo; es decir, sarraceno". Lo que no se podía decir, o lo ignoraba el cronista, era que los godos luchaban contra la masa del pueblo, contraria a la oligarquía dominante.

En pleno siglo IX, veremos que los musulmanes llevaban 140 años en la península, tenían desde hacía un siglo la capital del reino en Córdoba, la más importante y refinada ciudad de Occidente por entonces, con un millón de habitantes, y es evidente que no habían forzado la conversión masiva de indefensos cristianos, ni siquiera hacían proselitismo de su fe ni alardes de su culto. ¿Qué fe seguían entonces los andaluces? Lo más probable es que se tratara del arrianismo tradicional, en discreta evolución hacia el islamismo, que la mayoría de la población acabaría abrazando, igual que adoptó paulatinamente la lengua árabe en sustitución del latín. No hubo imposición, sino lenta seducción. Y no se trataba de una fe extranjera.

Asín Palacios y otros arabistas mantienen que el islamismo es una suma de creencias o sincretismo, que tiene en su base lo arriano y lo judaico. Se comprende el respeto de los musulmanes hacia las "gentes del Libro", con las que comparten lo esencial: el sometimiento a un solo Dios con el que pueden comunicarse directamente y desde cualquier lugar.

Incluso los investigadores que respaldan la teoría de la invasión juzgan extraño que un puñado de árabes pudiera influir tan profunda e inmediatamente en 20 millones de hispanos. El historiador Olagüe sintetiza su perplejidad en tono irónico: "Tuvo entonces lugar una mutación formidable, como se produce en el teatro un cambio de decoración, España, que era latina, se convierte en árabe; siendo cristiana, adopta el Islam; de practicar la monogamia, se transforma en polígama, sin protesta de mujeres. Como si hubiera repetido el Espíritu Santo el acto de Pentecostés, despiertan un buen día los españoles hablando la lengua del Hedjaz (árabe). Llevan otros trajes, gozan de otras costumbres, manejan otras armas. Los invasores eran 25.000. ¿Qué había sido de los hispanoromanos?"

Se ha querido transmitir la idea de que España era poco menos que un erial artístico e intelectual hasta que la fecundó el Islam. Sin embargo, el historiador Bonilla San Martín apunta que "el movimiento priscilianista, los trabajos de los concilios de Toledo, las predicciones de los escritores, atestiguan en la España de los siglos IV y V una cultura excepcional. La invasión goda, lejos de sofocar este progreso, la acrecentó y estimuló notablemente". De hecho, los estudiosos mantienen que el arte arábigo fue una prolongación del íbero y del visigótico.

El árabe no empieza a generalizarse por escrito en España hasta la segunda mitad del siglo IX. Es entonces cuando florecen las ciencias, la filosofía y la poesía. La rica lengua árabe es el instrumento; el genio lo aportan aquellos que vivían ya en Al-Andalus y los que llegaron como invitados, tanto del mundo islámico como del cristiano, sin distinción de étnicas.

No obstante, innovaciones arquitectónicas como el arco de herradura no son una aportación arábiga; éste existía en Oriente y puede verse en varias construcciones de España y Francia anteriores al Islam. Tampoco parece obra suya la mezquita de Córdoba, ni nació mezquita. Este templo, bosque de columnas, es incompatible con el culto musulmán y con el cristiano, ya que ambos exigen espacios diáfanos para seguir al oficiante.

En suma, demasiadas incógnitas a la hora de analizar un periodo que fue trascendental para la posterior evolución de la sociedad española y que la historiografía oficial ha catalogado, de forma excesivamente parcial y simplista, como una invasión y una conquista.

EL EMIR DE LOS OJOS AZULES

Se cuenta que Abd al-Rahmán, primer emir de Al-Andalus, que unificó el país bajo su mandato y fijó su capital en Córdoba, en cuya mezquita se hizo entronizar en el año 755, era el único superviviente de la destacadísima familia Omeya, exterminada por los abasíes. Las cónicas musulmanas lo llaman El Emigrado, extraño apodo cuando todos los árabes de España eran igualmente emigrados. No se sabe como llegó aquel joven a la península ni cómo adquirió su elevada condición, que defendió con las armas los 30 últimos años de su vida.

Aunque era de puro origen semita, la descripción que de él se hace corresponde a un germano: alto, de piel blanca, pelirrojo y de ojos azules, características físicas que heredarían sus descendientes. Ibn Hazam de Córdoba habla de ello en su obra El Collar de la paloma, escrita hacia el año 1030: "De Al-Nasir y de Al-Hakam al-Mustansir me contaron el visir mi padre y otras personas que eran rubios y de ojos azules. Lo mismo ocurría con Hisam al-Muyyad, Mamad a-Mahdi y Abd al-Rahman al Murtada, pes yo los contemplé y visité muchas veces y vi que eran rubios y de ojos azules. Y lo mismo sus hijos, sus hermanos y todos sus allegados. Lo que no sé es si su gusto por las mujeres rubias era una preferencia connatural en todos ellos o una tradición que tenían de sus mayores y que ellos siguieron".
El padre de Ibn Hazam, visir del califa Omeya Hisam II, destronado por Almanzor, defendió siempre el derecho divino de los Omeyas al trono.

Ese y otros aspectos ofrecen un curioso paralelismo con la estirpe de los merovingios, también tenida por sagrada. Los merovingios pertenecían a la tribu de los sicambros, aunque ellos se consideraban descendient4s de Troya. Su último rey, Dagoberto II, fue asesinado en el año 679. El autor directo o instigador fue su mayordomo, Pipino de Heristal, que procuró exterminar a los descendientes de su rey.

Pero se dice que, hubo un superviviente, el príncipe Sigisberto IV, nacido en el año 676. El nombre de Dagoberto II fue excluido de la historia de Francia para encubrir otra fechoría: la iglesia había logrado la conversión del poderoso rey merovingio Clodoveo en el año 496 a cambio de un pacto que lo ataba a él y a su estirpe a perpetuidad. El pacto fue vergonzosamente traicionado al reconocer la Iglesia a la dinastía nacida de los crímenes de aquel mayordomo, cuyo descendiente más famoso fue el emperador Carlomagno. De Sigisberto IV nada se sabe.

Puede que aún viviera cuando Abd al-Rahman guerreaba en Al-Andalus, que incluía parte del sur de Francia. Diversos historiadores afirman que Abd al-Rahman no descendía de los Omeyas, Esta ascendencia habría sido un invención posterior para legitimar la dinastía en España. ¿De quién descendía entonces El Emigrado y de donde llegó en realidad? La ficción genealógica tiene dos causas que a veces coinciden: ocultar la verdadera identidad o ennoblecerse. En aquella época se alteraban los apellidos o se amañaban escudos.

Cualquier engaño valía con tal de parecer hidalgo, hijo de godo. O todo lo contrario, por que en la España islámica la manía genealógica era tomar apellidos que enraizaran con el Profeta o sus familiares, como prueba de pureza étnica y religiosa. Emilio García Gómez sugiere que el poeta Ibn Hazam era un cristiano convertido al Islam.

Traductores de Ibn Arabi, considerado por los musulmanes como el maestro de maestros, sospechan que le inventaron a posteriori apellidos nobles para encubrir que no era árabe. Hay quien dice que en vida se llamaba Jalil ha-Arabi: Amigo de los Árabes. En Al-Andalus, con el cambio de cultura y de idioma, la confusión, intencionada o no, resultaba inevitable. Así, podemos encontrar autores hebreos citados en las crónicas latinas con nombres cristianos y nombres cristianos arabizados en las crónicas musulmanas.

LA RECONQUISTA OTRO MITO

"Una reconquista de seis siglos no es una reconquista". Con esta frase zanja Ortega y Gasset la cuestión en su España invertebrada. Tampoco duró seis siglos el intento. Menéndez Pidal escribe el Realismo de la epopeya española, que este ideal de la reconquista aún no había cuajado en el siglo XIII en la mente de los caudillos norteños. "Ni siquiera en Sancho el Mayor, un rey navarro tan poderoso, hubo ninguna idea de reconquista", concluye nuestro erudito historiador.

fin

abdal-lah
02/09/2010, 09:52
salam

Perdonad pero los links que he puesto no se abre el libro digital. Pero he descubierto un link que si se baja el libro de Olagüe por capítulos.

Pero yo pondré aquí lo que se refieren a las fuentes y la critica de estas, se que la critica de las fuentes es lo más pesado del libro pero yo consideró que es lo más importante.

Salam

el link es:
http://www.linksole.com/5jevn5

Asatru
02/09/2010, 11:20
Interesante, pero leyendo por encima lo que has puesto detecto un error en la cuestión de la población. Es imposible que hubiera 20 millones de habitantes en el siglo VIII. El censo de Aranda de 1769 daba una población para España de 9.159.999. El censo de Foridablanca en 1787 dió un resultado de 10.268.110. Los 20 millones no se alcanzarían hasta principios el siglo XX.
Así que en el siglo VIII en toda la Península Ibérica no debía haber más de 5 millones de habitantes.

abdal-lah
02/09/2010, 11:45
As- Salam `Aleikum:

Bueno os pongo la crítica a las fuentes sobre el origen del Mito de la Invasión Árabe en la Península Ibérica. Creo que los que sois más aficionados a la Historia lo encontrareis muy interesante, los que nos gusta la Historia sabemos que son las fuentes las que construirán la Historia. Para lo que no estén acostumbrados a leer críticas de las fuentes igual se os hace pesada la lectura, pero os aconsejo que la leais.


Los Árabes no invadieron jamás España
Ignacio Olagüe

El contexto histórico

Sorprendido quedará el lector al saber que no existen testimonios contemporáneos que describan la invasión de España por los árabes, o que tengan alguna relación con estos acontecimientos. Lo mismo nos ocurrió hace treinta años cuando lo averiguamos al empezar estos estudios. ¡Con qué rutina se han repetido en todos los textos variaciones similares sobre un mito creado en la Edad Media! ¿No se refieren todavía algunos a un testigo presencial de estos hechos, el obispo Isidoro Pacense, cuando hace ya más de un siglo que se ha demostrado su carácter fabuloso?

No sólo se ha escrito este episodio de la historia patria de un modo descabellado, sino aun sin la más elemental documentación. «Época fecunda para el novelador y el poeta, pero que es una laguna en los anales de la península», escribía Dozy en sus Recherches; pues, «desde el reinado de Vamba hasta el de Alfonso III de León, ni los cristianos del Norte, ni los árabes y mozárabes del Mediodía escribieron nada que conozcamos» (Saavedra)21.

Ante esta situación y el laconismo de las crónicas latinas no dudaron los antiguos historiadores: Recogieron sencillamente en los viejos manuscritos árabes, escritos varios siglos después de los episodios que relatan, recuerdos de aventuras más o menos fantásticas emprendidas por caudillos bereberes, los cuales adaptados a fábulas egipcias han constituido la base histórica según la cual había sido España invadida por ejércitos llegados nada menos que desde el desierto de Arabia.

El mismo problema, la ausencia de una documentación contemporánea, se plantea por aquellas fechas en todo el ámbito mediterráneo, en África del Norte como en el Próximo Oriente, en España como en el Imperio Bizantino. Por una extraordinaria coincidencia no queda un solo texto, ninguna obra literaria de esta época, una de las decisivas en la evolución de la humanidad. Esto se explica por una idéntica causa, imperante en todos estos lugares: la efervescencia de las luchas religiosas, la pasión que ha aniquilado todo documento cuya supervivencia podía perjudicar los ideales defendidos en terribles guerras civiles.

«Durante diez siglos, nos dice Louis Bréhier, historiador renombrado del Imperio Bizantino, de Procopio (siglo V) a Phrantzes (siglo XV) con la ayuda de una serie de crónicas, de historias políticas, de biografías, de memorias conservadas en numerosos y excelentes códices, nada ignoramos de la historia de Bizancio. Cada siglo ha producido una crónica y un historiador.

Sólo existe un vacío desde el fin del siglo ViI hasta el principio del IX, período de la invasiones árabes y de las luchas iconoclastas. Se han perdido las crónicas de esta época, pero nos dan obras posteriores la substancia de los acontecimientos»22. No aportan estas obras posteriores ninguna luz, en Bizancio, en Toledo, como en Córdoba. Y no podía ser de otro modo, pues se trata de una constante histórica: Nada es tan difícil como reconstruir un estado de opinión desaparecido. Al cambiar, se ha esfumado. Incapaces son los cronistas siguientes de resucitarlo en sus páginas, tanto mis que ignoraban la importancia del juego de las ideas en la sociedad para el desarrollo de los acontecimientos.

Un episodio concreto e importante: un terremoto, la muerte del príncipe, una epidemia, el asedio de una gran ciudad, un eclipse, produce un impacto preciso en las mentes y queda el recuerdo en la tradición. Una opinión que esta en el aire, al modificarse o desaparecer no deja ningún rastro; sobre todo en aquellos tiempos remotos en que eran escasos los documentos escritos. Para comprender su impotencia, basta con advertir las dificultades con que han tropezado los historiadores para esclarecer el ambiente del siglo XVI con sus discusiones teológicas y sus guerras civiles. A pesar de ser una época tan cercana a nosotros no ha podido ser bien conocida hasta nuestros días.

Eran infranqueables los obstáculos, sobre todo cuando era contrario el ambiente desaparecido al existente en los días en que escribía el cronista. ¿Quién sería capaz en aquellos tiempos en que no se había creado método alguno de investigación histórica, de alcanzar la comprensión de una opinión que no era ya la suya, pero que había sido anteriormente compartida por los de su raza y de su nación? Si con un esfuerzo genial le hubiera sido posible entender el drama anterior ¿hubiera podido exponerlo con todo realismo a sus compatriotas sin ser quemado vivo o sin que le arrancaran los ojos como era costumbre en los dominios del basileus?

Es fácil estudiar en nuestros días los diferentes momentos vividos por la humanidad y averiguar lo que separa aquellos en que impera un dogmatismo rígido, de otros en que lograba florecer el espíritu critico.

En otros tiempos, en un ambiente paralizado por la esclerosis, sin posibilidad de evolución, no era posible comprender y menos explicar a los demás cómo se había formado esta parálisis en los espíritus. Según pretenden los psicoanalistas, conocido el origen de la psicosis, se desvanece. Si hubieran podido concebir los bizantinos cómo y por qué un número importante de sus antepasados —en gran parte provinciales asiáticos, poseedores de su misma tradición cultural—, se habían convertido a otro complejo de ideas religiosas evolucionando hacia el Islam, hubiera quedado su dogmatismo resquebrajado, su Estado teocrático amenazado en sus bases.

En estas condiciones, de acuerdo con sus medios podían estos eruditos emprender la fantástica tarea de escribir la historia del mundo; pero en cuanto tenían que exponer los hechos ocurridos en los siglos VII y VIII, en los que se había realizado una gigantesca mutación religiosa, se estrellaban contra una pared, mejor dicho se perdían en la niebla que los envolvía. Como era menester proseguir adelante, se metieron en el único camino propiciatorio entonces conocido: el mito creado por un complejo desconocido por ellos, la invasión de las provincias por los árabes.

La comprensión de acontecimientos ocurridos dos o trescientos años antes era difícil de alcanzar tanto para los cronistas bizantinos y latinos, como para los musulmanes. Por esto, convenía el mito a todo el mundo, sobre todo en los días en que un dogmatismo rígido imperaba en los dos campos enfrentados. Era más cómodo para el intelectual cristiano enunciar que una potencia enemiga, lejana y anónima, había invadido una parte del territorio, que confesar la existencia de otra opinión, distinta de la que dominaba en sus días, y a la que se habían adherido una gran parte de sus antepasados. Era más conveniente para el cronista árabe ensalzar las proezas de los abuelos, lo que enardecía el amor propio colectivo, que también reconocer la misma verdad en sentido opuesto: la florescencia de otras ideas, diferentes de las que sojuzgaban ahora a las mentes.

No podían desprenderse de esta servidumbre las crónicas cristianas o arábigas que se han ocupado de la pretendida invasión de España o hacen a ella referencia. Sobre todo las primitivas en las que arraigan las raíces del mito. No se trata de una cavilación arbitraria por nuestra parte.

Tenemos los testimonios suficientes para demostrar la existencia de este estado de opinión en el siglo IX. Por ejemplo, recelaron los intelectuales musulmanes de los hechos ocurridos en su tierra, tales corno sin duda eran entonces referidos, y para averiguar la verdad de lo sucedido se dirigieron a sabios egipcios para ser instruidos. Insistiremos en este incidente en el capitulo duodécimo, cuando tratemos de la formación de la leyenda. Por ahora nos basta saber que los autores orientales consultados transpusieron a la Historia de España su interpretación de los acontecimientos que habían trastornado Egipto en el siglo VII. Lo mismo que la tierra de los Faraones, había sido invadida la península por los árabes.

Mas, como para su entendimiento se encontraba este país en los fines del mundo, les pareció que debía de ser fantástico y misterioso. Por esto en sus escritos se transforma la anécdota en cuento de hadas.

continuaremos ...........inxa Al-lâh

abdal-lah
02/09/2010, 11:49
Qué aventuras! Muza y sus árabes luchan contra estatuas de cobre que lanzan flechas sin fallar el objetivo. Se equivoca nuestro héroe, embiste una ciudad habitada por genios, los cuales le recomiendan cortésmente el irse con su música a otra parte; orden que el guerrero por demás escamado se apresura a cumplir. Encuentra en el tesoro toledano abandonado por los godos un cofre en donde había encerrado Salomón unos diablejos de mala catadura.

Ignorante del maleficio abre Muza esta caja parecida a la de Pandora y antes de tomar las de Villadiego le dice uno de los prisioneros saludándole como si fuera el rey de Israel: «¡Qué bien me has castigado en este mundo!». Cierto, con el tiempo han eliminado los historiadores estos relatos maravillosos, pero ninguno se ha atrevido a mandar al cesto de los papeles la esencia de la fábula que les sirve de base. Y a pesar de este origen egipcio tan sospechoso, conocido desde los trabajos de Dozy, se ha mantenido en todas las historias el mito de la invasión.

Por otra parte, han sido escritos los textos árabes más importantes después de las crisis almoravide y almohade que con acierto Marçais ha llamado la contrarreforma musulmana; movimiento de ideas que en el Magreb y en Andalucía estabiliza y fija en el XI y en el XII la creencia islámica. Antes de estas fechas no había logrado la nueva religión en estas regiones periféricas el dogmatismo que hoy día le caracteriza.

Antes no estaban separados por un foso infranqueable el cristianismo y el mahometismo. Estaban entremezclados, como lo apreciaremos en un capítulo próximo; componían un magma creador en extremada ebullición. Fue lentamente, con el curso de los siglos, cuando atraídos por polos opuestos apareció la divergencia posterior.

Ahora se entiende la importancia de la fecha de esta contrarreforma para el análisis de los textos árabes. Los que son posteriores a esta reacción pertenecen a autores de los que conocemos perfectamente la personalidad. Han sido escritos en una época en que el ambiente religioso era del todo distinto al que existía cuatro siglos antes, cuando ocurrieron los hechos. Apoyarse en estas crónicas para escribir la historia de los siglos VII y VIII conduce a un manifiesto anacronismo; como si los historiadores europeos para exponer los acontecimientos de la Edad Media en Occidente buscasen su documentación en los escritos polémicos de autores del XVI, obsesos por las guerras de religión.

Es precisamente a partir del siglo XII, en razón de esta contrarreforma, cuando ha adquirido el mito su última contextura. No pudiendo los historiadores musulmanes explicar racionalmente estos acontecimientos, para salir del apuro habían echado mano de la divinidad. Había intervenido la Providencia para dar a los creyentes la superioridad de las armas. Milagrosa había sido la expansión del Islam en España. Con una atenta condescendencia había favorecido esta gesta para ayudar a los partidarios del Profeta. Adelantábanse en varios siglos los historiadores y teólogos musulmanes a las tesis de Bossuet.

En estas condiciones deben rechazarse los textos árabes escritos en los tiempos de la contrarreforma o después de ella para el estudio de la génesis del Islam en el Magreb y en la Península Ibérica. Pueden acaso ser útiles para el análisis de la historia posterior a la invasión; no tienen autoridad alguna para aclarar o resolver el problema que nos interesa. Ocurre lo mismo con los escritos latinos aparecidos por las mismas fechas, pues han seguido sus autores a los musulmanes.

En sus obras históricas introdujo Jiménez de Rada (siglo XIII) en Occidente el mito de la invasión en su versión definitiva. Aderezó para ello con el aliño oriental la salsa occidental. Habían sido aherrojadas las poblaciones por el fuego y el hierro. No padecía por ello la fe de los cristianos; pues la sarrarina había sido un justo castigo del cielo motivado por los pecados cometidos en tiempos de los reyes godos. Más tarde, de rondón se coló la novela: La seducción de la hija del conde de Ceuta por Rodrigo, el rey de Toledo, había sido la gota que hizo rebosar el vaso. Pues para vengar el honor de su hija, había dirigido el padre el desembarco de los musulmanes en la costa andaluza.

Se desencadenaba entonces la cólera divina. Abandonados por el Sumo Hacedor, habían sido los cristianos sumergidos por una oleada imponente de caballería arábiga que había asolado el país con la fuerza del simún llegado caliente del desierto.

Para los objetivos de esta obra sólo poseen las crónicas latinas anteriores al siglo XI un cierto interés, desde luego muy desigual. No aporta ninguna de ellas una relación ordenada de los acontecimientos políticos, nacionales e internacionales. Pero las más antiguas redactadas ciento cincuenta años después de la pretendida invasión, más cercanas al ambiente que existía al principio del VIII, insinúan a pesar de todo un Cierto reflejo, tenuísimo, de lo que había sido, que no se encuentra en las posteriores. De aquí un gran contraste con las bereberes. Se puede en ellas señalar palabras, expresiones, que derivan de un estado de opinión ya lejano, las que en nada se emparientan con la interpretación clásica.

Se puede destacar en estos textos las raíces del mito y discernir su futura evolución. Nada semejante se puede hacer con las bereberes, que difieren grandemente de las cristianas. Compuestas en el Xl no se sustraen a la transformación de la sociedad en que alientan. El presente les enmascara el pasado. Incapaces son sus autores de apartar la niebla que les rodea, niebla tan opaca que les difumina el hecho de las generaciones anteriores con su modo de ser y sus problemas. Se destacan de las posteriores. Menos dogmáticas que las de la contrarreforma, laicas a veces, son manifestaciones de tradiciones locales norteafricanas.

No abrigamos por nuestra parte duda alguna. Han existido en el VIII y en el IX textos que representaban el pensamiento de los partidarios hispánicos del unitarismo; es decir, de los premusulmanes. Escritos en latín, han sido perseguidos por los cristianos ortodoxos y abandonados por los recién convertidos al Islam, los cuales habían aprendido el árabe olvidando la lengua de sus mayores. Han desaparecido.

Tan sólo se halla un eco de este ambiente, energético y en plena evolución, en algunas crónicas posteriores, de las que dos han llegado hasta nosotros: Una cristiana que se había atribuido a un fantástico Isidoro Pacense, otra escrita en árabe cuyo autor es Abmed al Rasis. Ambas reflejan un sabor muy particular, sus redactores habían vivido en el sur de la península, las llamamos por esta razón: andaluzas.

Por ser su filogenia distinta difieren grandemente de las bereberes, pertenecen a un género histórico que denota una influencia bizantina.
Con toda probabilidad sus creadores conocían bibliografía griega, de primera mano como en el caso del texto latino, por traducciones probablemente en cuanto al Moro Rasis. Poco influidas por las crónicas egipcias, contrastan con las bereberes que al fin y al cabo sólo son unos epítomes de recitales contados de generación en generación por las tribus de Marruecos.

Ajbar Machmua es el prototipo de las mismas. Escrita hacia 1004, reúne en un conjunto bastante incoherente el relato de aventuras vividas por antepasados marroquíes, desembarcados en España en el VIII. Estas hazañas han sido embellecidas y exageradas en cada generación de narradores de tal suerte que estos mercenarios o aventureros de la acción y acaso de la idea que han intervenido en las luchas emprendidas por los partidarios de la Trinidad y los discípulos del unitarismo, han sido transfigurados en héroes legendarios.

Después de la interpretación dada por los egipcios y los autores de la contrarreforma, era fácil a los historiadores y a los especialistas contemporáneos empalmar estas acciones individuales con los grandes hechos del «milagro». Convertidos anteriormente en poesía por la leyenda, fueron entonces asimilados a seres históricos en carne y hueso. Volvían a recobrar una apariencia humana, pero en nada se parecían al modelo original. Disfrazábase el héroe de conquistador, el conquistador del lugarteniente de un poder lejano y misterioso que por eliminación tenía que ser el de Damasco: lo que era ya una flagrante inexactitud histórica.

Así se plica cómo la lectura de estas crónicas produce en el hombre de ciencia perplejidad y estupefacción. No sólo existe un abismo según que sean cristianas o musulmanas, hispánicas o bereberes; no concuerdan los hechos ni en las que están escritas en el mismo idioma. Son las arábigas más prolijas que las latinas, pero están ambas plagadas de errores, cuentan fábulas inverosímiles, pecan de anacronismo. En cada escrito son distintos los hechos.

Reconocen todos los autores estas deficiencias; pero nadie, que sepamos, ha seguido los consejos del historiador alemán Félix Dahn, que en el siglo pasado advertía: Ha podido ser Roderico el último rey de Toledo, pero de cierto no sabemos más que su nombre visigodo23. Los especialistas, incluidos los contemporáneos, no podían admitir que su erudición tan penosamente adquirida para nada sirviera. En 1892, con gran sinceridad se oponía Eduardo Saavedra a tan lógica e ingrata deducción. «Las crónicas están plagadas de hipérboles, contradicciones y anacronismos; pero si por motivos tales hubiésemos de cerrar la puerta al estudio de una época, cerrojar con desprecio cuanto acerca de ella nos dicen los antiguos, vendrían a quedar en blanco muchas de las más importantes páginas de la historia universal»24.

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abdal-lah
02/09/2010, 11:52
Así, los autores, los unos sin mencionarlo, los otros con vocerío, han saqueado los viejos pergaminos para embadurnar con tinta estos folios nítidos. Mejor pertrechados, han eliminado los modernos los errores más patentes, las leyendas más fantásticas, los anacronismos evidentes por demás. Como no se atrevían con el fondo de la cuestión, se repetían en sus obras las contradicciones de los antiguos manuscritos, como lo hemos apreciado en el capítulo anterior.

Nos permiten ahora estas consideraciones reunir en grupos independientes las crónicas, no en razón de sus autores o del idioma en que están escritas, sino de acuerdo con su filogenia:

Las crónicas egipcias. Pertenecen al siglo IX, pero reflejan a veces conceptos anteriores a la fecha en que las redactaron sus autores. Recogen ya los elementos del mito que empezarán a ser difundidos en España. A nuestro juicio, coincidente con la mayoría de las opiniones, las que interesan a nuestro problema son:

a) Una crónica sobre la historia de la conquista de Egipto por los árabes. Ha servido de modelo para la descripción de las pretendidas invasiones posteriores. Tiene por autor al egipcio Ibn Abd alHakam, muerto en 871. Han sido recogidas estas tradiciones fabulosas por autores, sean bereberes como Ibn alKotiya, sean árabes como Ibn Adhari, Al Makari, etc.

b) El Tarikb de Ibn Habib, teólogo musulmán español, muerto en 83.

Dozy ha demostrado que el verdadero redactor del texto ha sido su discípulo: Ibn Abi al Rica, quien mezcla su propio saber con las enseñanzas de su maestro. De acuerdo con ciertos acontecimientos en la obra mencionados —la amenaza que mantiene sobre Córdoba la rebelión de Ibn Hafsun—, ha debido ser redactado en 891.

c) La crónica Adadith al Imama Wa-s-Sivasa, Relatos concernientes al poder espiritual y temporal. Por mucho tiempo ha sido atribuida al conocido escritor Ibn Cotaiba (828-889). Dozy ha demostrado que ha sido compuesta en 1062. Posee el mismo ambiente fabuloso que las anteriores.

Desde un punto de vista estrictamente documental no poseen, ni gozan hoy día estos textos de ninguna autoridad. Interesantes son solamente para reconstruir las raíces del mito de la expansión del Islam por el mundo. Por orden cronológico se deben de agrupar las restantes crónicas del modo siguiente:

Las crónicas latinas de autores nórdicos que pertenecen a los siglos IX y X.

Las crónicas andaluzas que son del X.

Las crónicas bereberes que pertenecen al siglo XI. En las posteriores los únicos textos que merecen una lectura atenta son las obras de Ibn Kaldún (1332-1406), historiador tunecino de origen andaluz.

En el apéndice primero damos una relación de estas crónicas, con la crítica de sus fuentes y de sus códices, en la lista de los textos, anteriores y posteriores al siglo VIII, que nos han servido para este estudio. Por su importancia hacemos un análisis crítico de la llamada Crónica latina anónima, antiguamente atribuida al obispo Isidoro Pacense, en el apéndice segundo.

Si se eliminan las egipcias y los textos cuyas fábulas reproducen, se advierte que las únicas crónicas merecedoras de alguna consideración se cuentan con los dedos. De acuerdo con su génesis presentan ciertos caracteres generales que les son comunes.

Conviene subrayados para reconstruir la orientación que tuvieron los acontecimientos. Sin embargo, no debemos hacernos ilusiones. «Aportan más detalles las crónicas árabes que las cristianas sobre el reinado de Roderico, el último rey de Toledo, escribe Levi-Provençal en 1950. Lar unas y las otras son naturalmente muy posteriores al siglo VIII y los relatos que nos dan parecen de una autenticidad sospechosa»25.

Esta atinada observación hecha por un autor que goza de gran autoridad a pesar de no haber sabido desprenderse del mito de la invasión, permite juzgar el alcance histórico de estos manuscritos. Como documento es muy escaso. Temerario sería fundarse en ellos para esforzarse en reconstruir los acontecimientos del siglo VIII.

Sabiamente nos tenemos que contentar con averiguar los términos de su evolución. Mas, como lo apreciaremos en las próximas páginas, la lectura de estos textos es insuficiente para determinarlos: el peligro del tropiezo se esconde tras cada palabra. Para poder recoger de la misma alguna utilidad, es menester emplear dos métodos críticos diferentes:

El uno concierne al ambiente que se desprende de las crónicas, con lo cual será posible destacar las raíces del mito y acercarnos a los hechos auténticos, el otro tiene por objeto la reconstrucción del contexto histórico; para lo cual es menester encuadrar los hechos referidos en la evolución general de las ideas-fuerza que dominaban en aquel tiempo y que por esta razón han dado un sentido a los acontecimientos.

CARACTERES GENERALES

a) Lo maravilloso en las crónicas latinas

Se caracterizan las crónicas latinas por un elemento maravilloso de tipo religioso descrito con gran ingenuidad, inexistente en las que llamamos andaluzas o bereberes. Las árabes posteriores, como hemos dicho, se amparan tras un razonamiento teológico. En ambos casos se trata de la intervención de la divinidad. Mas, cuando en las cristianas viene la Virgen en socorro de sus paladines para ayudarles a mejor asestar sus estocadas sobre la cabeza de los infieles, en las musulmanas redactadas por autores de mayor altura intelectual interviene la Providencia para favorecer la expansión del Islam de modo menos aparatoso, pero Continuo y eficaz. Por el contrario, las bereberes se distinguen sobre todo por su carácter novelesco.

Los conocimientos adquiridos en nuestros días nos enseñan que los acontecimientos del siglo VIII son producto de una competición religiosa; superan y envuelven los actos políticos que adquieren de este modo un aspecto secundario. Mas no tratarán los cronistas cristianos de explicar lo ocurrido en el VIII con argumentos teológicos, como lo harán más tarde Jiménez de Rada y otros para contestar a los contrarreformlistas musulmanes. Tenían que explicar a sus lectores el descalabro sufrido. Siempre ha sido difícil reconocer una derrota y en todos los tiempos se ha impuesto el laconismo para confesar en el pergamino o en el papel tan penosa verdad. Así, corroe en tal grado la susceptibilidad a estos autores que no se atreven a decir quién es este enemigo que les ha metido en cintura.

Siempre está designado de modo vago e impreciso. Ninguna alusión a un Estado extranjero que manda sus ejércitos a invadirles. Poseen los relatos incluidos un carácter local, jamás desbordan los límites de una región determinada. No puede deducirse una visión de conjunto que alcanzara a la península. Dado su anonimato, no se sabe con qué clase de personajes tienen que habérselas los cristianos. El herético infiel, caldeo o árabe, mejor dicho sarraceno, lo mismo puede ser un vecino aparecido por el lugar desde una provincia próxima, que un aventurero recién llegado de Asia. Es fácil entender las consecuencias de este mutismo: Había favorecido con un ambiente de imprecisión nebulosa la creación y la evolución del mito.

En cuanto dejan de estar cohibidos por su condición de vencidos, recuperan los latinos del IX el estilo que impera en los textos anteriores de la época visigoda. Poseen la misma contextura y como en ellas se expande lo maravilloso con encantadora buena fe. He aquí un ejemplo típico: Cuando en 587 abjura del arrianismo Recaredo se sublevan en muchas partes los partidarios de esta herejía. Arrianos que habitan en unas regiones cuyo conjunto en otros trabajos hemos llamado «entidad pirenaica», toman las armas en Cataluña y en Septimania. Según la crónica de Juan de Biclara, que la redacta un año antes de morir, en 590, estaban acaudillados por los condes Granisto y Wildigerio, secundados por el obispo Atalogo.

El rey que residía en Toledo envía para someterlos al duque Claudio, gobernador de Lusitania. Consigue una derrota aplastante sobre el enemigo, pero estima nuestro cronista: eran los heréticos sesenta mil y sólo contaba el vencedor... ¡con trescientos hombres!


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abdal-lah
02/09/2010, 11:57
En los años de la invasión tuvo lugar una batalla en Covadonga, en las inmediaciones de una gruta dedicada a la Virgen, nos informa la crónica de Alfonso III. Se oponen los cristianos a un enemigo llamado de modo sucesivo: caldeo, luego árabe. Los ponen en huida. Ciento-veinticuatro mil quedan aniquilados. Sesenta mil logran escapar por los montes asturianos.

Acosados en un valle que algunos suponen ser el Deva, cae sobre ellos un trozo de la montaña y los sepulta. No es un hecho único en la historia, pues así comenta nuestro cronista:
«No crean ustedes que se trate de un milagro estúpido o de una fábula. Acuérdense cómo en el Mar Rojo ha salvado el cielo a Israel de la persecución de los egipcios; lo mismo ha aplastado con la masa enorme de una montaña a estos árabes que persiguen a la Iglesia del Señor» 26.

El carácter maravilloso de estos relatos, rasgo propio de la época, se ha conservado hasta nuestros días tanto en las obras de los historiadores y de los especialistas, como en los manuales escolares.

Para los antiguos era incómodo poner en armonía los hechos históricos con sus principios religiosos, fueran cristianos o mahometanos, tanto más que ni los unos, ni los otros, estaban adiestrados en ejercicios teológicos o sencillamente exegéticos. Muchas veces no querían los más modernos enzarzarse en discusiones enojosas.

En fin, numerosos autores contemporáneos eludían el problema por considerarlo anticuado y superado. Por todo lo cual, el carácter fabuloso de estos acontecimientos, cuyo origen —no hay que olvidarlo— pertenece al siglo IX, se mantiene aún en pie; se trate de la invasión de España por los árabes, de las batallas de Covadonga o de Poitiers, de la venida a España de Santiago o de su entierro en Compostela, del descalabro sufrido por Rolando en el valle de Roncesvalles.

Había intervenido un complejo religioso no sólo en la redacción de los textos, sino en la de los comentarios, fueran cristianos o musulmanes, antiguos o modernos. Sin embargo, es interesante observar cómo en el curso del progreso constante de las ciencias históticas, mostraban algunos autores del siglo XVIII un espíritu crítico que luego no se encuentra en los del siglo pasado, ni en los actuales. Ponía en guardia, por ejemplo, el padre Feijoo a sus lectores acerca de las descripciones que se hacían de la batalla de Poitiers, en donde la novela era más importante que la veracidad histórica27.

Otros, expertos en disciplinas teológicas, querían deslindar los terrenos para conciliar sus principios religiosos, a veces rígidos en demasía, con una interpretación científica de los hechos. El más representativo de estos eruditos es el padre Flórez. Nos detendremos unos momentos en algunos juicios suyos porque nos permitirán mejor comprender el espíritu con el cual han sido concebidos y redactados los viejos códices.

Gozaba Flórez de genio crítico suficiente para distinguir el oro del oropel. Sin embargo, impulsado por el complejo común de la época, daba sin reparo por auténticos hechos inverosímiles; en su tiempo se podían discutir con desenfado; en el nuestro prefieren la gran mayoría de los autores dar la callada por respuesta.

Comentando la crónica de Juan de Biclara no pone en duda la veracidad de la empresa según la cual el conde Claudio había derrotado a sesenta mil herejes con sólo trescientos hombres. No son despreciables sus argumentos: Ningún error en la lectura del texto; ningún cero añadido. Contemporáneo era el cronista de los acontecimientos. Habían ocurrido próximos al lugar en donde residía.

No era un simple el testigo. Se le considera como la personalidad más competente en humanidades de su tiempo. Había permanecido largo tiempo en Constantinopla para ampliar estudios, como ahora se dice. Isidoro de Sevilla le envidiaba sus conocimientos del griego 28. Abad del monasterio de Biclara, por sus méritos fue nombrado obispo de Gerona. No se puede dudar ni de sus conocimientos, ni de su buena fe. Por otra parte, escribe Flórez:

«Como tomó (el conde Claudio) las armas por la fe, verás que teniendo éste de su parte al Dios de los ejércitos, no es mucho que con pocos venza a muchos. Ni es tan exorbitante el suceso, que no tenga otros ejemplares, los cuales no por ser maravillosos, son increíbles, sino ciertos»29.

Había puesto nuestro hombre el dedo en la llaga. No cabía duda alguna. Al recoger el relato de este encuentro contado con simpleza, mala intención o sencilla estupidez, había discurrido Juan de Biclara del mismo modo que nuestro erudito del XVIII. Ahora bien, ya enfrentado con materias profanas, recobraba Flórez el sentido común. Algunas páginas más lejos del texto comentado, explica cómo Childeberto I, rey de Francia, había invadido los territorios de Amalarico que lo era de Toledo. Y encuentra natural que poseyendo éste menos fuerzas hubiera sido vencido en el campo. «La respuesta fue venir con un ejército superior a las fuerzas de Amalarico y por lo tanto vencerlo» 30.

Cuando interviene lo maravilloso en favor del contrincante religioso, entonces se enfada nuestro agustino. Se puede leer una extravagante historia de Mahoma en un texto anónimo que prosigue la Historia de los godos, de San Isidoro. Había sido atribuida a San Ildefonso. Se sabe hoy día que ha sido escrita dos o tres siglos después de su muerte, en 667. «Otra parte de la continuación insinuada incluye la historia de Mahoma, diciendo que vino a España a predicar sus errores: que puso púlpito en Córdoba: que San Isidoro había ido a Roma y al volver supo el nuevo predicador que estaba en su provincia, que envió ministros para que le prendiesen; pero que no tuvo efecto por cuanto apareciéndole el demonio al mentido Profeta, le previno que huyese. ¡Oh santo Dios! ¡Que se atribuya esto a San Ildefonso! ¡Y que se haya creído! Tales eran los siglos»31

No se daba cuenta nuestro crítico de que también él se había tragado bolas de igual tamaño. Como tantos en similares circunstancias, tenía dos medidas para un solo y mismo objeto.

Exorbitante le parecerá acaso al lector que un sabio distinguido del Siglo de las Luces haya podido creer en la derrota de sesenta mil hombres, despachados por trescientos. Le contestaremos que asimismo resulta tan extraordinario que eruditos especializados del siglo XX hayan aceptado la conquista y dominio en quince años de los inmensos territorios comprendidos entre la Pequeña Sirte o golfo de Gabes y los Pirineos. Sin embargo este despropósito está admitido en todos los textos y se enseña en todas las escuelas de la tierra. Nos encontramos también con dos medidas. ¿Por qué?

En el primer caso todo el mundo ha practicado algún deporte, tiene alguna idea acerca de estas competiciones atléticas o ha sufrido la experiencia de la guerra y sus combates. Parece evidente que a menos de poseer una superioridad técnica aplastante (bocas de fuego o bombas atómicas), manejando ambos contendientes el mismo armamento como era el caso en aquella época, desaparecía la minoría ante la masa. No podía un hombre derribar a dos mil.

En el segundo caso los especialistas, los historiadores y el público en general no tienen un suficiente conocimiento de los problemas geográficos concernientes al tema. Están obsesos por el prejuicio histórico que llevan incrustado en la mente por obra de una enseñanza milenaria. Por otra parte, no ha existido hasta ahora otra interpretación que pudiera sustituir a la por todos aceptada. Pudieron contestar:

Se ha hablado árabe, ha existido una civilización árabe en España...
Estamos ahora en condiciones para disecar este complejo, aislando sus dos principales premisas: un prejuicio, el que sea, que se acrecienta con la fuerza de la rutina; la ausencia de un espíritu crítico, debido a una cierta pereza mental favorecida por una imposición milenaria. Si creían todos en la invasión, era poco probable que se esforzara alguno en buscar una solución a un problema que no había sido planteado. Asimismo, fácil es hacer responsable del carácter maravilloso de estos antiguos textos a sus autores. Eran hombres como nosotros. Si padecían prejuicios que nos parecen exorbitantes, ¿quién no los tiene hoy día?

Cuando escribía su crónica el abad de Biclara, estaba dominado por un complejo religioso; pero su razonamiento era en todo punto lógico. En su tiempo todo el mundo creía en los relatos fabulosos del Antiguo Testamento. Si hace algunos siglos han ocurrido hechos tan extraordinarios, ¿por qué no pueden repetirse en nuestros días? El razonamiento podía también adquirir un carácter profano. Ha realizado Sansón hazañas inverosímiles. ¿Por qué razón no haría lo mismo mi compatriota Claudio?

Era difícil, en verdad, tirar la primera piedra al abad. Sin embargo había cometido una falta. Para empezar a escribir el relato de una acción sucedida no lejos de su residencia, tenía ante todo que asegurarse de la veracidad de los testimonios aportados. Hubiera debido de interrogar a los testigos presénciales de la batalla, confrontar sus declaraciones, precisar la cuantía de las fuerzas enfrentadas, averiguar las incidencias del combate: en una palabra, hubiera debido de realizar una investigación. Lo que no ha hecho.

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abdal-lah
02/09/2010, 12:01
Mas es justo reconocer dos atenuantes: No existía en aquella época tal método de trabajo y por otra parte, no está al alcance de cualquiera llevar a buen término estas indagaciones. Enseña la experiencia cotidiana la falta de sentido crítico en la mayoría de la gente.

Por donde resulta que no es tan fácil como lo parece a primera vista encontrar un buen testigo: es decir veraz por su juicio y por sus condiciones de observación. Daremos de ejemplo el hecho ocurrido hace pocos años y que hemos leído en los periódicos.

Un domingo, en una ciudad norteña, van a almorzar a una venta afamada, situada al borde de la carretera principal, unos amigos amantes del arte culinario, dato interesante que demuestra que los protagonistas tenían una cierta cultura. El más madrugador trae unos hongos recientemente cogidos. ¿Son comestibles? Discusiones entre el donante, la cocinera y los demás comensales. Por fin se llega a un acuerdo. Se condimentarán, pero antes de saborearlos se les dará a probar a un gato; pues según opinión unánime es muy sensible la raza felina al veneno de los champiñones. Como a la prueba resiste relamiéndose el testigo, todos a comer, reír, beber, cantar. El buen humor es general y contagioso, pues se unen unos vecinos de mesa al orfeón improvisado... De repente se desliza un rumor, se afina, engrandece, estalla cual bomba horrorosa: ¡El gato acaba de fallecer! Es general la desbandada. Todos suben a sus coches para alcanzar con velocidad suma la casa de socorro más próxima. Hay que buscar un antídoto al envenenamiento: Vomitivos, lavados de estómago, toda la farmacopea está puesta en uso. Grandísimo es el susto. Lloran las familias. Creen los compadres próximo su fin... y algunos llaman al cura para confesar sus pecados a fin de no perder el autobús que lleva al paraíso... Unos días más tarde se supo la verdad de lo ocurrido: Había muerto el gato,... ¡pero aplastado por un taxi!

Enseña este ejemplo.., y podrían aducirse otros, con qué facilidad se desliza el error en la interpretación de los acontecimientos cotidianos, hasta los más anodinos, por gente de inteligencia normal. ¿Qué sería en los tiempos antiguos en donde los hombres de categoría superior eran pocos y superabundante la masa inculta? Nos puede responder el lector que existe puesto a punto desde el Renacimiento un método científico elaborado precisamente para impedir que pudiera caer el historiador en semejantes deslices. De acuerdo. Pero según nuestro leal saber y entender, se corroe el método científico ante los prejuicios, sean religiosos, sean nacionalistas o de cualquier otra categoría.

Si se aplicara con honradez intelectual, la mitad de lo que cuentan los textos acerca de los acontecimientos ocurridos en los tiempos antiguos y modernos, tendría que suprimirse.

Creen los historiadores que ha sido invadida España por unos nómadas llegados desde el Hedjaz, sin habérseles ocurrido medir en un mapa el camino que era menester andar, ni tampoco estudiar en obras de geografía los obstáculos que era necesario vencer en tan larguísimo viaje. Se asegura en todos los textos que la reconquista empieza con la batalla de Covadonga, sin haber advertido que en esta arrollada sin salida alguna sólo pueden pelear unos cuantos guerreros y no centenares de miles, como lo aseguran las crónicas.

Más complejo es el caso del padre Flórez, pues prejuicio religioso y espíritu crítico se enredan en su mente. Tiene razón cuando rechaza la fábula mahometana. Perdido en su lejana Arabia, en guerra con sus compatriotas de la Meca, ¿qué objeto tenía la visita del Profeta a orillas del Guadalquivir? Pero se ha empeñado el buen padre, páginas antes, en demostrar la autenticidad del mito de Santiago, sin darse cuenta de que caía en el mismo pecado 4ue acababa de censurar. ¿Qué objeto perseguían estos discípulos del Apóstol en Galicia? ¿Qué motivo les había arrastrado a emprender tan largo periplo para enterrar su cuerpo en los campos compostelanos, en este fin del mundo, en este finisterre del que de seguro jamás había oído hablar? 32.

Para nuestras tesis revisten estas discusiones gran interés, pues nos permiten apuntar un juicio más exacto acerca del valor, como documento histórico, de las crónicas antiguas. El gazapo de Juan de Bidara se convierte entonces en un testimonio informativo. Nos consta la personalidad de este cronista. Vive en lugares próximos a la acción referida. No es un hombre de escasas luces. Sin embargo, nadie da fe a los términos de su relación. ¿Por qué? Porque en nuestros días no existe prejuicio alguno acerca de la competición que oponía a arrianos y trinitarios. Rinden en este caso el máximo, juicio crítico y método.

Pero lo que se le ha negado al abad, se ha admitido en lo que nos concierne. Por veraces han sido tenidas las crónicas antiguas por la gran mayoría de los historiadores. Nadie ha puesto en duda el hecho de una invasión árabe, pese a ignorar la personalidad de los autores de estos textos, fabulosos en sus detalles. Se han tomado en serio unos cuentos que eran el fruto de ciento cincuenta años de habladurías. Fallaban ante el complejo, juicio crítico y método científico.

También se puede deducir de estas consideraciones otra enseñanza:
En el tiempo se han mantenido ciertas fábulas, otras han sido rechazadas. ¿Por qué esta selección? Antiguamente, como en nuestros días, existían corrientes de opinión; lo que llamamos ideas-fuerza, cuyo dinamismo hemos estudiado en otra obra33. Las que favorecían o no contradecían la generalidad de los conceptos admitidos, se mantenían en pie: así el mito de la invasión.

Desaparecían las otras. ¿Por qué no había prendido la fábula de la predicación de Mahoma en Andalucía? Porque era contraria a la convicción de los cristianos entonces imperante. Rechazaban en bloque todo lo que se refiriese a una predicación del Islam. Una sola interpretación del hecho hispano admitían: el hierro y el fuego. Estos eran la clave de su derrota. Por el contrario, era el mito de Santiago un bálsamo para curar sus llagas. Daba un vigor renovado a su nacionalismo naciente, tierno arbusto necesitado de cuidados miles. Por mimetismo removió la leyenda Occidente entero.

Con la evolución creadora del mito, lo accesorio, los cuentos maravillosos de las crónicas se olvidaban. De pie, sólo quedaba la estructura general, razón de todo lo demás: la invasión. Mas, el rememorar las fantasías y lo maravilloso de estos textos, fundamentos de la historia de España, producía disgusto, si no escándalo. Nuestra no es la culpa. Ahí están los códices con sus leyendas y sus fábulas. Si se admite el mito, es decir lo allí escrito, hay que tragarlas también.

b) Lo novelesco en las crónicas bereberes

Si los cuentos que nos relatan las crónicas latinas tienen el mérito de poner de punta los escasos cabellos de los eruditos, ¿qué será con la lectura de los textos árabes, en nuestro caso de los pertenecientes a la tradición bereber? Queda superado el complejo religioso musulmán. Leyéndolos se adentra el lector en un mundo fantástico e irreal. No se trata de analizarlos para extraer unos hechos históricos, «historietas» más o menos acarameladas. Se encuentra uno ante una literatura de mera imaginación, íntimamente emparentada con los cuentos de las mil y una noches.

Juzgue el lector por sí mismo: A los pocos meses de haber conquistado España, se enemistaron Muza y Taric, enfrentados en una violenta querella. Tales extremos alcanzó que se vieron obligados a ir a Damasco para justificarse ante el Califa, dejando el país abandonado sin el mando de una autoridad reconocida, lo que es ya inverosímil e increíble. No se imagine el lector que tuviera por causa el desacuerdo una divergencia de opinión con respecto a los graves problemas políticos que el dominio de tan gran territorio planteaba. Nada de eso. Se trataba de la posesión de una mesa de gran precio que se hallaba en el tesoro de los reyes godos, encontrado en Toledo. Cada uno de estos adalides pretendía tener derecho al objeto extraordinario. ¡Qué presa! Había pertenecido a Salomón.

seguiremos ...........inxa Al-lâh

abdal-lah
02/09/2010, 12:05
Ualid ibn Abd el Malek (705-715) acababa de morir. Su hermano Solimán le sucedió en el trono y tuvo que resolver el litigio. Taric acusaba a su jefe. El había encontrado el mueble maravilloso. Muza, celoso de sus proezas, no solamente se lo había quitado, sino que ante sus guerreros le había cruzado la cara con su fusta.

Contestaba el árabe que era merecido el castigo porque infringía constantemente Taric la disciplina. Replicaba entonces el bereber que le había pegado Muza enfurecido al ver la mesa coja, pues le faltaba un pie. Delicado era el problema. ¿Quién se había hecho el primero con este objeto inestimable? ¿No era menester para fallar el pleito invocar el genio de su primer propietario, el gran Salomón, ducho en similares enredos? De repente sacó Taric de bajo su manteo la prueba irrefutable que le acreditaba como el primer raptor... el pie que había roto, como demostración de su hallazgo.

Muza fue condenado. Según algunos, en recompensa sin duda por haber conquistado España, a pesar de su vejez recibió una tanda de palos que le mandaron por la posta al otro mundo. Nos confiesa Ajbar Machmua que pagó simplemente una multa importante... y también le ayudó el disgusto a emprender el último viaje. Se fue Taric con su mesa no se sabe adónde. Y lo mis extraordinario del caso: Jamás volvieron los dos conquistadores a España, cuando su presencia parecía indispensable para poner un término a las rivalidades que enardecían a sus subordinados.

De acuerdo con lo que se nos cuenta, se convirtieron estos líos en guerras civiles entre árabes que duraron nada menos que sesenta años 34.

En estos cuentos de hadas surge un hecho sorprendente. Su hallazgo fue obra de Dozy, hace ya más de cien años. Lo hizo constar en la segunda edición de sus Recherches, en 1860. Sin embargo, nadie ha tenido la valentía de inferir las legítimas consecuencias que del mismo se deducen. Nos dice Habib en su obra Tarikh cómo estuvo en El Cairo estudiando con maestros egipcios. Esto ocurrió en la primera parte del siglo IX. Y una de las cosas interesantes para un español de las que tuvo conocimiento, fue el papel desempeñado por Muza en la conquista de España, enseñanza que adquirió de un sabio cuyo nombre no menciona.

Supo también del desembarco de Taric por obra de un doctor de la misma nacionalidad: Abd Allah ibn Wahb. Dada la bibliografía que ha llegado hasta nosotros, Habib es el primer hispano que habla de estos acontecimientos; con lo cual resulta que la noticia de la llegada de los árabes a España, desde un punto de vista estrictamente documental, pertenece a la tradición egipcia y no a la hispánica.

Más aún. Demostraba Dozy que el relato de estas hazañas invasoras era simplemente una reedición, adaptada a un país fabuloso, la Península Ibérica, de las fábulas maravillosas que se contaban en Oriente acerca de las guerras civiles del siglo VII. Transmitidas de boca en boca, habían sido transcritas al papel según los caprichos o las necesidades de cada autor.

Ocurría entonces algo grande. Demostraba la investigación que algunos de estos relatos eran más antiguos que el Islam. Tenían otros un origen bíblico. Hechos similares se contaban de siglo en siglo. He aquí algunos ejemplos recogidos por el eminente orientalista:

Se puede leer en la crónica de Ibn Abd alHakán lo siguiente:

«Cuando los musulmanes se apoderaron de la isla, los dos únicos habitantes que encontraron fueron unos hombres que trabajaban en las viñas. Hiciéronles prisioneros. Después mataron a uno de ellos, lo despedazaron y lo cocieron en presencia de los demás (cristianos). Al mismo tiempo cocieron otra carne en diferente vasija, y cuando estuvo en sazón, arrojaron ocultamente ¡a carne del hombre y re pusieron a comer de la otra. Los demás trabajadores de las viñas que vieron esto, no dudaron que estaban comiendo la carne de su compañero. Puestos después en libertad fueron refiriendo por toda España que comían carne humana y contaban lo que había sucedido con el hombre de las viñas» 35.

Por lo visto era el truco eficaz. Atemorizados por las costumbres de estos árabes de Taric, se habían rendido los andaluces al conquistador para no ser objeto de guisos suculentos.

Cuando emprendió Dozy estos estudios se hallaba impresionado por una sensacional lectura. Acababa de leer la crónica bereber Ajbar Machmua, cuyo texto era entonces desconocido de los especialistas. Entusiasmado, exageró un poco su importancia, al creer que gozaba de autoridad propia: su autor no había recibido influencia egipcia alguna. No era exacto.

En la cita que hemos hecho en el capitulo anterior acerca del asedio de Mérida por Muza, se menciona el terror que inspiraban estos «devoradores de hombres». Había pues leído la Historia, de alHakam. Por otra parte, nuestro orientalista describía su larguísima ascendencia: Jbn Adhari cuenta que el príncipe Ibrahim, fundador de la dinastía aglabita, había sacado gran partido de este truco, para conquistar parte del Magreb del que fue soberano en 809.

Era ya un lugar común en el norte de África a principios del siglo IX. Desde aquella fecha se ha convertido en un tema del folklore universal. Adhemar lo cita con motivo de las hazañas realizadas por Roger el Normando, y Guillermo de Tiro atribuye el mismo hecho a Bohemundo de Antioquía.

Cuando invade Abd al Asis Levante, estaba gobernado por Teodomiro, nombrado probablemente por Roderico a cuyo bando pertenecería. Comprendiendo su inferioridad no quiso luchar en campo abierto y se encerró en la ciudad amurallada de Orihuela. Ante el número escaso de sus guerreros tuvo la idea de colocar en los muros, detrás de los hombres, a las mujeres del lugar, una lanza en la mano, la cabellera flotando sobre sus hombros de acuerdo con la moda masculina visigoda. Asustado al ver tanta gente, no se atrevió Abd el Asis a dar el asalto y concertó un pacto con su enemigo.

Conocemos el texto por una interpolación del siglo XII y hacemos su crítica en el apéndice primero. Mas ocurre que ha demostrado Dozy que esta treta había sido ya empleada en Oriente, noventa años antes, por los defensores de la villa de Hadjr (¿Hadr en Mesopotamia?), asediada por Jalid 36.

El episodio más notable repetido es aquel por el cual se convierte Muza en un profeta de estampa similar a los del Antiguo Testamento. Se lee en el Tarikb de Ibn Habib y en el Adadith atribuido a su discípulo «cómo al ruego de Muza se cayeron las murallas de una fortaleza enemiga por sí mismas, como las de Jericó al trompeteo de Josué» (Dozy).

Se comprenderá entonces el poco crédito de que gozan las crónicas árabes y bereberes. Ni las unas, ni las otras nos describen o nos explican cómo se ha realizado la invasión de España y a cuenta de quién. No interesan los hechos históricos. De lo que se trata es de divertir al lector. De aquí el juicio inapelable de Gauthier: «Exceptuando a un occidental a medias, como el gran Ibn Kaldún, los pretendidos historiadores árabes son pobres analistas, desprovistos de juicio crítico, absurdos, secos, ilegibles. Es muy sencillo: Jamás ha habido historia en Oriente»37.

Existen todavía mayores dificultades. Si, por una parte, no estaba muy adiestrado en los métodos propios de las ciencias históricas el espíritu que ha inspirado la redacción de los textos árabes, también es menester reconocer que jamás se habían atrevido los orientalistas occidentales a zarandear los prejuicios musulmanes. No se trata sólo de las crónicas, los mismos textos fundamentales del Islam —aunque su idioma haya sido estudiado desde un punto de vista filológico— no han sido nunca objeto de análisis en razón de la crítica.

Así, ha habido que esperar el año 1953 para que un arabista, Blachére, se enfrentara con el problema de fechar las suras del Corán. En estas condiciones se impone un hecho evidente: Tiene que escribirse de nuevo la historia del Islam y la de la civilización árabe.
En resumidas cuentas, para alcanzar una comprensión aproximativa de los acontecimientos ocurridos en España a principios del siglo VIII, hay que dar prioridad, a pesar de sus defectos, a las crónicas latinas y andaluzas. Servirán las bereberes para confirmar las noticias, muy concisas, que nos dan las primeras.

Un nombre, un acontecimiento que se halle simultáneamente en varios textos, demostrarán la existencia de una tradición en una área suficientemente extensa para que se pueda deducir la veracidad relativa de un hecho histórico. Pues no hay que olvidar el contexto que envuelve las crónicas primitivas: Han sido escritas desde fines del IX hasta principios del XI. En lapso de tiempo tan largo las leyendas egipcias, que son anteriores a los códices norteños, han podido cruzar el Estrecho y extenderse por el ámbito de la península.

Contrariamente a las autóctonas o las de cualquier otra procedencia, se han mantenido en la historia porque pertenecían al cuerpo mismo de la civilización árabe y las otras no gozaban de apoyo alguno.

Dicho esto, la operación matemática y crítica resultante de la confrontación de los textos es elemental, dado el poquísimo número de manuscritos existentes. Se reduce a estas palabras:

A la muerte de Vitiza una competición opuso diversos pretendientes al trono vacante: de una parte, los hijos del difunto; de otra, Roderico nombrado rey en Toledo de acuerdo con el derecho germánico consuetudinario. Los primeros eran menores de edad y sus partidarios para vencer a Roderico pidieron socorro al gobernador de la provincia Tingitana, al norte de Marruecos, que estaba bajo el dominio de los monarcas visigodos. Adicto al bando de Vitiza —probablemente le debería el cargo— mandó en auxilio de los hijos de su patrono unos centenares de guerreros rifeños que cruzaron el Estrecho.




continuaremos .......inxa Al-lâh

abdal-lah
02/09/2010, 12:11
Con estos refuerzos sus partidarios vencieron a Roderico en un combate que tuvo lugar en 711 en el sur de Andalucía, entre Cádiz y Algeciras. Esto fue el principio de una serie de guerras civiles entre diversos caudillos para alcanzar el poder, que duraron sesenta años.

EL CONTEXTO HISTORICO

Quedaba reducida la invasión de España por los árabes a un episodio vulgar, sin alcance alguno, que había sido posteriormente transfigurado en un hecho legendario. Entonces se encuentra el historiador ante un problema hasta ahora insoluble: ¿Cuál era el lazo, en que consistía la relación de causa a efecto que vinculaba el acto militar con la conversión de las poblaciones hispánicas al Islam? ¿Cómo deducir de este hecho la expansión de la civilización árabe en España? Conscientes de esta dificultad, para no afrontarla, han aceptado ciegamente los especialistas contemporáneos el mito y sus consecuencias.

Por tal motivo se cuentan con los dedos las obras dedicadas al estudio de estos acontecimientos. Rarísimos han sido los autores, dotados de un espíritu verdaderamente científico, que en presencia de tales complejidades han confesado con suma franqueza su impotencia, como Georges Marçais, el historiador de Berbería. Insistiremos en el capítulo próximo en este asunto. Por ahora deduciremos de nuestros conocimientos últimamente adquiridos dos proposiciones:

1. El mito llegado de Egipto se ha apoyado para desarrollarse en el paso del Estrecho por algunos centenares de bereberes. Si no ha sido este episodio el fruto de la imaginación oriental, ha sido posteriormente transformado en una invasión responsable de la propagación de la civilización árabe en la península.

2. No existe ninguna relación de causa a efecto entre el acto militar —si ha existido- y la presencia en España de una cultura arábigo-andaluza.

Nos consta hoy día que la expansión del Islam y de la civilización árabe por el mundo se ha realizado, no por la acción de ofensivas militares, sino por la propagación de ideas-fuerza. Sucedió así con el Islam como con otros movimientos similares que tuvieron lugar en el pasado o que pueden observarse en el presente. Dedicaremos el capítulo próximo a este estudio.

En la segunda parte de esta obra, demostraremos cómo la evolución de las ideas, sobre todo de las religiosas, se ha realizado en la Península Ibérica de modo paralelo al mismo movimiento que se producía simultáneamente en Oriente y que desembocaba en un estado de opinión premusulmán; lo que ha permitido a la doctrina de Mahoma propagarse con rapidez en un ambiente favorable. Para la demostración de esta evolución de ideas estamos mejor pertrechados que para el análisis de la pretendida invasión.

Poseemos una importante documentación epigráfica que describiremos en su lugar de acuerdo con las necesidades de la discusión. Por otra parte, existen diseminados por el país monumentos arquitectónicos, entre ellos la Mezquita de Córdoba, que serán objeto de descripción y estudio en la tercera parte de esta obra. La evolución del arte confirmará la evolución de las ideas.
Existe una literatura latina cuya lectura hace comprensible la oposición que ha dividido a los hispanos en partidarios de la Trinidad y partidarios de la unicidad, rivalidad que se puede observar desde el siglo IV’ hasta la mitad del siglo IX. La autenticidad de estos textos es indiscutible. Copias hechas en vida de sus autores, escritas en excelentes manuscritos, se guardan en las bibliotecas catedralicias, nacionales y en la del Escorial.

Componen un conjunto único. Por su originalidad, su calidad y su número se distinguen de los demás escritos de la Alta Edad Media. Compuestos en latín con una letra y una pintura de miniatura propias, pertenecen en su gran mayoría a la ortodoxia cristiana; se conservan algunos heterodoxos. Se encuentra en esta literatura la documentación requerida para seguir la evolución de las ideas que conducirán a lo que llamamos el «sincretismo arriano»; estado de opinión que determinará los hechos de los siglos VIII y IX; es decir, la cristalización del Islam en la Península Ibérica.

Se han salvado las obras de Prisciliano por una verdadera casualidad. Las obras de carácter heterodoxo que nos permitirían seguir el paso de un estado premusulmán al Islam, han sido sistemáticamente destruidas. Sabemos que los libros arrianos fueron quemados después de la conversión de Recaredo. Como los españoles tardaron aproximadamente dos siglos en dominar el idioma árabe y escribirlo, los textos que más pudieran interesarnos del VIII y del IX fueron escritos en latín. Pero los cristianos que vivían con los musulmanes, los mozárabes, los destruyeron cada vez que caían en sus manos para impedir el contagio de sus maleficios. Cuando aparecieron textos árabes escritos por premusulmanes o musulmanes españoles, había desaparecido el «sincretismo arriano» como estado de opinión. Se nos esfumaba el eslabón decisivo.

Para reconstruirlo, como ocurre tantas veces en la historia de las ideas religiosas, tenemos que apoyarnos en los argumentos empleados por sus contrarios para combatirlo; argumentos naturalmente tendenciosos. Se ha conservado una parte de la literatura cristiana mozárabe. Han sido escritas estas obras por autores que en su mayoría vivían en Córdoba a mitad del siglo IX. Copias de las mismas nos han llegado en excelentes códices de la misma época. Componen una base determinante para alcanzar nuestros objetivos. Reunimos estos escritores y sus códices en un todo, con una denominación propia: Escuela de Córdoba. Hacemos de los mismos un breve análisis crítico en el apéndice primero.

....................Notas----------------
21 Eduardo Saavedra: Estudio sobre la invasión de los árabes en España, Madrid, 1892, p. 2. Dozy: Recherches. T. 1, p.

22 Louis Bréhier: Le monde bizantin, t. m, p. 344.

23 Félix Dahn: Dic Konigue der Germtmen, Munich y Wurtzburg, 1861.71, t.V, p. 226. (Apud Saavedra. Ibid.)

24 Saavedra: ibid., p. 2.

25 Levi.Provençal: Hástoire des musulmana d’Espagne, t. 1, p. 3.

26 Citamos por la crónica rótense. Edición Gómez Moreno: Las primeras crónicas de la Reconquiste: El ciclo de Alfonso III, Boletín de la Historia, 1932, p. 615.

27 Feijoo: Teatro crítico, t. VI: Apología de algunos personajes famosos en la historia. La observación de Feijoo es atinadísima. Sólo dan de la batalla los cronicones unos datos escasísimos, pero los historiadores describen el encuentro como si lo hubieran presenciado: movimientos de tropas, arengas, consejos de guerra, muertos, heridos, prisioneros... No se trata de historia, sino de novela.

28 Thompson: ibid., p. 38. Sobre el tema ver: Jacques Fontaine: Isidore de Seville et La culture classique ¿aras L’Espagne wisigotldque, Paris, 1959. t. II, p. 849 y as.

29 Flórez: España sagrada, t. V, pp. 215.218.

continuaremos .....inxa Al-lâh

abdal-lah
02/09/2010, 12:14
30 Flórez, Ibid., t. V, p. 250.

31 Flórez, Ibid., t. V, pp. 235-286.

32 Nunca ha reconocido Roma las leyendas medievales en torno de la figura de Santiago y de sus relaciones con España. Las ha tolerado como piadosas tradiciones locales o nacionales. García Villada ha resumido en el primer tomo de su Historia eclesiástica de España las controversias que el tema ha suscitado sin tomar una postura determinada en la discusión. En la nota 204 damos el resultado conseguido en sus trabajos sobre el tema por Monseñor Duchesne.

33 Ignacio Olagüe: La decadencia española, t. II, primera parte, Madrid, 1950.

34 En esta historia desempeña el bereber el papel simpático. Las crónicas árabes son unánimes: Muza era árabe, pero las marroquíes insisten siempre en el carácter nacional de Taric, el bereber. Así pues, el malo es el extranjero; el bueno es el marroquí, perseguido por la envidia que suscitan sus proezas.

Gracias a su ingenio sabe vencer los maleficios de su enemigo que es un extraño a la tierra. En otro capítulo comentaremos la tradición según la cual Taric era el gobernador de la provincia situada al norte de Marruecos; es decir la Tingitana. Era, si fuera cierta, godo y amigo de Vitiza que le diera el cargo. De ser así, la transfiguración de los hechos históricos en leyenda alcanzaba también a este personaje, de acuerdo con el movimiento general de las ideas. El godo se había convertido en bereber.

35 La crónica de lbn al Hakam ha sido traducida por Slane y publicada en francés como apéndice de su traducción de la Historia de los beréberes de Iba Kaldún. Citamos por los extractos de la misma publicados por Lafuente Alcántara que siguen a su traducción de la crónica bereber Ajbar Maclimua.

36 Dados estos antecedentes resulta muy sospechoso todo el episodio y por consiguiente el célebre tratado de Teodomiro, el cual, a pesar de la copia tardía del texto en donde aparece, había sido considerado como uno de los rarísimos documentos que tuvieran una relación con la invasión de España. Hacemos en el apéndice primero una crítica del mismo, para que no se nos acuse de haber echado a priori al cesto de los papeles un testimonio que pudiera interpretarse como contrario a nuestras tesis.

37 E. F. Gauthier: Moeurs et coutumes des musulmana, Payot, p. 10, Paris. A pesar de haber nacido en Túnez, es un occidental a medias Ibn Kaldún, por su origen andaluz y su educación hispánica.
----------------------------------------

Fin del capitulo 3

Bueno os dejo unos días tranquilos para que leáis todo esto, pero continuaremos...inxa Al-lâh...

abdal-lah
02/09/2010, 14:25
Interesante, pero leyendo por encima lo que has puesto detecto un error en la cuestión de la población. Es imposible que hubiera 20 millones de habitantes en el siglo VIII. El censo de Aranda de 1769 daba una población para España de 9.159.999. El censo de Foridablanca en 1787 dió un resultado de 10.268.110. Los 20 millones no se alcanzarían hasta principios el siglo XX.
Así que en el siglo VIII en toda la Península Ibérica no debía haber más de 5 millones de habitantes.


Cierto, Ignacio Olagüe, si no recuerdo mal, habla de este tema, un poco de paciencia por favor que ya llegaremos a este tema.

latifa6
02/09/2010, 21:44
Salam

Perdón mi proposición va para todo el mundo y no solo para Durruti.

Latifa para leer el libro de Ignacio Olagüe titulado: La Revolución islamica en Occidente hay dos formas, comprar el libro en internet:
http://www.casadellibro.com/
http://www.libreria-mundoarabe.com/

Enlace para leer el libro online en http://www.islamyal-andalus.org/
Y un resumen en http://bibliotecanacionandaluzasevil...-occidente.pdf

Para mi punto lo mejor es leer el libro original sea en internet o en papel. Como la cuestión más importante son las fuentes, Ignacio Olagüe hace un exhaustivo análisis crítico de estas fuentes. Su trabajo critico y de investigación sobre las fuentes lo encuentro genial y riguroso. Y las notas de las fuentes están al final del libro original y no se encuentran en el resumen del libro, que esta en la última dirección que puse. Para mi es lo mejor del libro y lo mejor que haya leído sobre está historia. Las fuentes son la clave para entender la construcción del mito de la invasión árabe en la Península Ibérica, y Olagüe lo sabia.
Si queréis abrimos un hilo para el tema y cada uno que opine

Salam .


As - Salam Aleikom, hermano

Gracias, leeré estos post´s y los enlaces de forma detenida.

Muchas gracias.

Salam.

durruti
02/09/2010, 22:12
He revisado toda la documentacion que has enviado y me parece interesante, aunque rompe con todos los conceptos aceptados, asi que me he puesto a revisar mis libros, para ver si alguien ha esbozado algo antes. Ya contare lo que vea.

Gracias de nuevo

Salam

durruti
05/09/2010, 17:06
Aun no he podido conseguir el libro, parece que esta dificil, pero no imposible. Entretanto he aprovechado para revisar liibros y contrastarlos con el resumen que tengo. Y ahi paso mis comentarios:
Las primeras noticias no aparecen hasta las crónicas latinas y musulmanas del siglo IX, a seis generaciones (150 años) de los hechos que se relatan, cuando el Islam estaba ya firmemente arraigado en la península.
Segun Roger Collins hay una crónica del año 745 posiblemente escrita en Toledo Que es lo mas cercano a los hechos, en cuanto a documentos se refiere
La guerra civil
.? Podría ser mas bien un enfrentamiento entre facciones rivales que luchaban por el reinado y el poder?

Medidas hostiles contra los judíos
(un decreto del año 694condenaba a la esclavitud a los judíos que no se bautizasen)

Don Rodrigo a un usurpador del trono visigodo.
Parece ser que en 710 hubo dos reyes por un lado Rodrigo que dominaba en sur y el oeste de la península y Agila II que reino en la Tarraconense y la Septimania también en 710. Cuando los musulmanes entran en 711 Rodrigo estaba peleando en el norte.

Los judíos, que habían sido ferozmente perseguidos por los monarcas godos después de que éstos abandonaran la fe arriana,
El decreto del año 694 condenaba a la esclavitud a los judíos que no se bautizasen, acogieron favorablemente a los recién llegados.

Los godos luchaban contra la masa del pueblo, contraria a la oligarquía dominante.

La debilidad del reino visigodo puede atribuirse a:
División entre las clases elevadas en torno a la sucesión del trono.
Descontento en los sectores sociales ante los privilegios de las clases superiores.
La dudosa fidelidad del ejercito.
La persecución de los judíos.

. No hubo imposición, sino lenta seducción. Y no se trataba de una fe extranjera.
La seducción puede deberse mas bien a que fuera de las clases dominantes visigóticas,El rey,la nobleza y los altos funcionarios además del alto clero,el resto eran hispano romanos libres, antiguos esclavos manumitidos, rusticae, judíos y esclavos urbanos y agrícolas.
Y por lo tanto con unas condiciones de vida de esclavitud o cercana a ella, siendo como eran gentes del libro, la opción de ser musulmanes era mejor que seguir siendo cristianos.
Cristianos que por otro lado lo serian de inercia, ya que entiendo que los niveles intelectuales y de pensamiento, sobre todo en la gran masa de la población debía de ser muy baja.
Nada tenían que perder los estratos mas bajos de la sociedad, mientran que la oligarquía terrateniente llegar a pactos y ser “dimini” mejor que pelear.

El historiador Olagüe sintetiza su perplejidad en tono irónico: "Tuvo entonces lugar una mutación formidable, como se produce en el teatro un cambio de decoración, España, que era latina, se convierte en árabe; siendo cristiana, adopta el Islam;
Según Victor Morales Lezcano, el Islam se fundamenta en 5 principios básicos, fáciles de seguir y de comprender.
De practicar la monogamia, se transforma en polígama, sin protesta de mujeres.
Las mujeres por lo que supongo tenían poco que decir, el cristianismo no daba precisamente palabra a las mujeres.
Como si hubiera repetido el Espíritu Santo el acto de Pentecostés, despiertan un buen día los españoles hablando la lengua del Hedjaz (árabe). Llevan otros trajes, gozan de otras costumbres, manejan otras armas. Los invasores eran 25.000. ¿Qué había sido de los hispanoromanos?"
Es de suponer que la transformación no se produce en un dia, pero si entendemos que los hispanoromanos y los godos eran gentes del libro y que el Islam los respeta, pudieron bien fácilmente permanecer en su religión y progresivamente hacerse musulmanes.

Tampoco parece obra suya la mezquita de Córdoba, ni nació mezquita.
No nació mezquita, era un templo cristiano que fue comprado a los cristianos por Ad el Ramman I

Es verdad que hay demasiadas incognitas porque no hay demasiada documentación y donde faltan los documentos empiezan las especulaciones y las hipótesis.

". Lo que no esta claro es si Ad el Ramman, era hijo de una mujer de raza semítica o bien de alguna mujer de raza europea. Cuando posiblemente nace, los musulmanes ya habían accedido a territorios bizantinos y pudiera ser que en sean mujeres de otras procedencias las que hicieras mestizajes con los musulmanes. Por otro lado podía teñirse con alheña. Ibn Hazam , habla solo por referencias ya que cuando el escribe es en 1030 y Ad el Ramman llega a Al Andalus en 755.

. ¿De quién descendía entonces El Emigrado y de donde llegó en realidad?
La duda es aceptable, hay 5 años desde la matanza de los Omeyas y su llegada aquí, y es un periodo oscuro de su vida, ahora bien, podría haber sido ayudado por gentes fieles a los omeyas, ya que las clases dirigentes, de los territorios conquistados habrían sido nombradas por omeyas y aunque ya no estuvieran en el poder si podrían estar a lo largo de todo Egipto e Ifriquilla.

No se si esta claro mi comentario si no es asi por favor decirmelo y tratare de ser mas claro

Salam

abdal-lah
08/09/2010, 10:59
salam


Volvamos a la critica de las fuentes.


Los Árabes no invadieron jamás España

Ignacio Olagüe


Apéndice 1

• LAS FUENTES Y SU CRITICA
• TEXTOS ANTERIORES AL SIGLO VIII
• DOCUMENTOS Y TEXTOS POSTERIORES AL SIGLO VIII
• DOCUMENTOS Y TEXTOS POSTERIORES AL SIGLO IX
• CRÓNICAS LATINAS
• FINES DEL X Y PRINCIPIOS DEL XI



Las obras de Prisciliano

Descontando algunos escritos de importancia escasa se habían perdido las obras principales de Prisciliano. En 1885, descubrió Jorge Schepps en la biblioteca de la Universidad de Wurzburgo once opúsculos de este autor en un manuscrito anónimo del siglo V o de principios del VI, escrito con letra visigótica española. En 1889, emprende la Academia Imperial de Viena su publicación en el Tomo XIII del Corpus Exlesiasticorum Latinorum, siendo atendida la impresión por este mismo erudito. Bonilla San Martín los incluyó en su edición revisada de la Historia de los heterodoxos españoles de Menéndez y Pelayo, en apéndice de su tomo II (Victoriano Suárez, Madrid, 1917) por cuyo texto citamos.


Los concilios hispánicos

Se conservan las actas de los concilios celebrados en la Península Ibérica durante la Alta Edad Media en varios y excelentes códices: unos quince aproximadamente. Los más importantes, el Codex Vigilanus y el Codex Emilianense se encuentran en la Biblioteca del Escorial. Por vez primera han sido publicados estos textos en colección por el padre benedictino Saenz de Aguirre, el cual vivió en el siglo XVII. Han pretendido algunos eruditos que era este apellido un pseudónimo. Tiene por fecha la edición príncipe: 1639. Su título: Collectio máxima conciliorum omnium Hispaniae..., etc. Romae, Jacobi Komarek (4 volúmenes). Ha sido reproducida en 1753 55 también en Roma por Antonio Fulgoni en seis volúmenes in folio. En su España Sagrada ha publicado el padre Flórez numerosos extractos en latín y en castellano, referentes a ciertos cánones de estos concilios.

Puede encontrar el lector curioso la lista de los celebrados en Toledo, con un resumen de sus acuerdos en la Enciclopedia Espasa (tomo 62, pp. 479 82). Se incluye también una discusión acerca del último, el XVIII, cuyas actas han desaparecido. En 1963, en edición preparada por José Vives, con la colaboración de Tomás Marín Martínez y de Gonzalo Martínez Díaz, ha publicado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid el texto latino con una traducción española de los Concilios visigóticos e hispano romanos; es decir, de los treinta y siete concilios celebrados en la península desde el año 300 al 694. Desgraciadamente la edición no es crítica y no suelta prenda alguna acerca del último toledano. Sigue el texto del Codex Vigilanus.


Las obras de Isidoro de Sevilla

Se guardan todavía cerca de dos mil manuscritos de las obras de San Isidoro, escritos en la Edad Media. Posee la Biblioteca del Escorial numerosos códices pertenecientes a los siglos IX y X; el más antiguo de ellos data del siglo VII. Se debe a Somnius la primera edición de las obras completas (París, 1580). La reproduce o en ella se apoya la de Juan Grial, Madrid, 1599, reproducida por Bartolomé Ulloa: Divi Isidori hispalensis opera..., etc., Madrid, 1778. Según Brunet esta última edición es más exacta y completa que las anteriores. El jesuita Arévalo ha dado otra versión que se ha considerado por mucho tiempo como un modelo del género: San Isidori hispalensis opera omnia..., etc., Roma, Antonio Fulgoni, 1797 1803 (siete volúmenes). Es el texto seguido por Migne en su Patrología latina. Lindsay en 1911 ha publicado en Oxford una edición crítica de las Etimologías, de las cuales ha dado una versión española Cortés y Góngora en la Biblioteca de Autores Cristianos (Madrid, 1951).

Por su carácter enciclopédico conserva aún la obra de Isidoro de Sevilla un interés enorme. Pero con respecto a nuestros estudios y a las tesis que defendemos tiene unas limitaciones que nos sorprendieron cuando la estudiamos. Por de pronto no es su autor un historiador... o no quiso serlo. Su Historia de los godos nos defraudó, cuando pacientemente la leímos con la esperanza de encontrar en ella datos que nos pudieran ser de alguna utilidad. Posteriormente encontramos un juicio parecido al nuestro en la obra de Thompson: The Goths in Spain (0xford Press, 1969) de la cual se ha hecho una edición en español: Los godos en España (Alianza Editorial, Madrid, 1971). “Como panegírico de los godos puede haber tenido algún propósito concreto; como historia es indigna de haber sido escrita por el famoso sabio. Apenas hubiera podido decir menos, si no hubiera escrito nada” (p. 19).

Hemos apuntado en el texto que San Isidoro debía de tener algún complejo o estar sujeto a presiones que le han impedido hablar con libertad acerca de la herejía arriana en España. Es sencillo: la ignora. Se explica su postura —y en esto coincidimos con el criterio del señor Thompson— en cuanto se asimila con el enfoque seguido por todos los intelectuales hispanos católicos de la época al tratar de las relaciones de Hermenegildo con su padre, Leovigildo, del cual están todos de acuerdo en que había sido un gran rey. Pero, en el siglo VII, cuando el catolicismo se había convertido ya en la religión oficial de los gobernantes ¿cómo interpretar este silencio? ¿Debe culparse a la labor de los copistas que pudieran haber suprimido párrafos o juicios incompatibles con la posterior evolución de las ideas o, sencillamente, a voluntad determinada del autor?

Cabría preguntarse en este caso si no habrá adoptado esta postura para no embarullar más una cuestión ya suficientemente espinosa de por sí, de la cual era mejor no hablar; lo que se traduciría por un hecho que inducimos, pero que resulta difícil confirmar con textos, a saber: El contraste manifiesto entre la política religiosa oficial del Estado y el ambiente realmente existente en las poblaciones. Lo único por ahora que nos importa dejar en claro es el siguiente dato incontrovertible: La obra del enciclopedista sevillano en poco o en nada sirve para analizar la evolución de las ideas religiosas en su tiempo y en la España que conoció.


Historia de los francos de Gregorio de Tours

Se puede leer en la Patrología latina de Migne. En esta obra como en los textos siguientes, se extrae de su lectura noticias interesantes que permiten una mayor comprensión del ambiente religioso existente en la península.


Crónica de Juan de Bidara

Juan era un godo católico, nacido en Portugal, en Santarem (Scallabis). Hombre de gran cultura vivió unos doce años en Constantinopla, dedicado al estudio de las humanidades. Dominó perfectamente el griego; por lo cual, dicen, le tenían celos Leandro e Isidoro que lo sabían mal (Fontaine). Fundó y fue abad del monasterio de Bidorum, cuyo emplazamiento se ignora, pero que estaba situado en el Pirineo catalán. Acabó su vida siendo obispo de Gerona. Relata su crónica los acontecimientos ocurridos entre los años 567 y 590. Según Thompson puede compararse este texto a las grandes crónicas escritas por galos en el siglo anterior.

Vitas sanctorum patrum emeritensium

Escritas por un autor desconocido. J. N. Garvin ha publicado edición, la más moderna que conocemos, en Washington, en 1946. Es fuente importante para averiguar lo poco que sabemos de las luchas religiosas entre arrianos y católicos en los siglos VI y VII. Durante mucho tiempo se ha atribuido esta obra al diácono Pablo de Mérida.

seguiremos.......inxa Al-lâh

abdal-lah
08/09/2010, 11:02
DOCUMENTOS Y TEXTOS POSTERIORES AL SIGLO VIII

Las monedas

Los numismáticos han descrito monedas que pertenecen al principio del siglo VIII. (Ver nuestra nota 216.) Se encuentran en las Bibliotecas Nacionales de París y de Madrid. Se distinguen fácilmente de las monedas visigóticas. Llevan éstas generalmente una cruz erguida sobre varios escalones. En el siglo VII la cruz presenta la forma de la tau griega.

En Las monedas arábigas de lbn Meruane, que serán los prototipos o modelos de la familia de los dinares, está substituida la cruz por una columna que lleva un pequeño disco. (Es curioso el observar en Quintanilla de las Viñas unos dibujos grabados en las paredes exteriores que se parecen a los de algunas monedas, sean visigóticas, sean arrianas).

Las monedas acuñadas en España, como lo afirma su leyenda, no son arábigas, pero son distintas de las visigóticas. El texto está grabado en latín, no en árabe. Son anónimas, pero no mahometanas, pues no hacen referencia alguna al Profeta. Son unitarias. Así se desprende del texto que los numismáticos han leído en una de sus caras. En el anverso llevan una estrella, emblema de los unitarios; el de los trinitarios está formado por el alfa y omega del alfabeto griego.

Están de acuerdo los numismáticos en que estas monedas anónimas han sido acuñadas a principios del siglo VIII. Después aparecen monedas bilingües y por fin en el siglo IX modelos similares a los dinares arábigos. Para los fines de este estudio sólo nos interesan las fórmulas arrianas de las monedas primitivas. Abandonamos por consiguiente a los especialistas con sus discusiones para fechar las monedas posteriores, en las cuales es muy difícil hacer coincidir la fecha de la indicción con la de la Héjira. De nuestros estudios sobre los textos de la Escuela de Córdoba se desprenden algunas enseñanzas que pueden orientar en la solución de estos problemas: Hemos demostrado que los cristianos de Córdoba tan sólo han sabido de la existencia de Mahoma en el año 850. Si en verdad monedas acuñadas con la fecha de la Héjira circulaban ya por Andalucía antes de que San Eulogio emprendiese su viaje a Navarra, resultaría muy extraordinario que los dichos cordobeses no se hubieran preocupado por los símbolos y las fechas de las que empleaban en su uso diario.

Por otra parte demuestra Álvaro de Córdoba en su Indiculus su ignorancia en el manejo de la cronología mahometana. En una obrita publicada en 864, cuenta el Abate Sansón que los cristianos de Córdoba se habían visto obligados a pagar últimamente un un impuesto extraordinario de cien mil sueldos de oro. Centum millia solidos. No emplea la palabra dinares. (Apologeticus, Lib. U, 8. Flórez: España sagrada, t. XI, página 385.) No demuestra esto evidentemente que no existieran en estas fechas monedas arábigas hispanas, sino que su uso era poco frecuente en Andalucía Occidental. Por otra parte es probable, visto el proceso diferente de arabización sufrido Por las provincias ibéricas, que la acuñación de las monedas o el empleo de dinares orientales fuesen más frecuentes en el litoral mediterráneo que en el interior de la península.

El tratado de Teodomiro

Cuenta el Moro Rasis en su crónica que Abd el Aziz, hijo de Muza ibn Nosaïr, que había concertado con Teodomiro, gobernador de la provincia levantina, un tratado según el cual se establecía una especie de modus vivendi entre las dos partes. Como el godo se había rendido en un combate, aceptaba el patronato del primero a cambio de la libertad religiosa y del respeto de la persona y de los bienes de sus vasallos. Se comprometía entre otras capitulaciones a pagarle un tributo anual. Miguel Casiri (1710 1791) ha publicado en su Biblioteca arábigo hispana escurialensis (1750-70) el texto de este tratado, extraído del Diccionario biográfico del escritor murciano, Adh-Dhabbi, muerto en 1203. Se esfuerza este autor en corregir los errores y rectificar las omisiones existentes en un trabajo llamado: Cenizas ardientes, escrito por Abu Abd Allah al Momaïdi. El título del libro de Dhabbi es por demás sugestivo: “para satisfarer el deseo de aquel ue realiza investigaciones acerca de la historia de los hombres del andaluz”.

El pacto concluido entre las dos partes ha sido reproducido por Codera en su Biblioteca arábiga hispana (t. III, p. 259) y por Simonet en su Historia de los mozárabes, en el apéndice n.º 1. Mariano Gaspar Remiro en su obra Historia de Murcia musulmana, Zaragoza, 1905, da una traducción del texto algo diferente de la de Simonet.
Ha sido redactado este documento el 5 de abril del año 713. Si es así, puede admitirse como el único testimonio político escrito que poseemos acerca de los acontecimientos ocurridos en el curso de la guerra civil. Sin embargo, cabe preguntar: ¿Qué valor merece un documento redactado en el principio del siglo VIII, del cual no queda sino una copia inserta en una obra del siglo XII? Según nuestro real saber y entender, punto de vista forzosamente sugestivo, creemos que pueden ser auténticos los términos generales del acuerdo; es decir, las condiciones de la capitulación del gobernador de Levante. Si han existido modificaciones del texto, interpolaciones u omisiones, es probable que hayan más perturbado la forma de su redacción que el fondo de la materia tratada.

En aquellos tiempos no existía rigor alguno científico en la copia de textos más antiguos. Dados los años transcurridos seguía el copista los caprichos de su pluma en la presentación de un texto, sin preocuparle la transformación del ambiente religioso o cultural. En una palabra, respetaría el sentido histórico de lo pactado, pero modernizando el estilo, como diríamos hoy día. Hemos ya mencionado en nuestro estudio actos similares, ocurridos en fechas muy anteriores, cuyas alteraciones nos constan. Así, por ejemplo, es seguro que las firmas de los contratantes han sido arabizadas, pues sabemos de hechos similares realizados en fechas mucho más tempranas.

Sea lo que sea, se desprenden de la lectura del texto, tal cual ha llegado hasta nosotros, algunas observaciones importantes:

I. Así reza el preámbulo según la traducción de Simonet: “En el nombre de Dios clemente y misericordioso. Escritura [otorgada] por Abdelaziz ben Muza ben Nosaïr a Theodomiro ben Agobdux, Que se aviene o se somete a capitular, aceptando el patronato y clientela de Dios y la clientela de su Profeta (con quien Alah sea fausto y propicio) con la condición de que no se impondrá dominio sobre él, ni sobre ninguno de los suyos...”, etc.

II. Se desprende de la redacción de este preámbulo una concepción estrictamente unitaria de acuerdo con los términos de la contienda. Ahora bien, existe una repetición de conceptos que induce a la sospecha de una interpolación. Habiéndose invocado el nombre de Dios en las primeras palabras del texto, parece una redundancia una segunda advocación, tanto más que la idea de clientela de Dios va seguida de la de clientela del Profeta; pero, si se advierte que la segunda frase constituye una locución ritual de uso corriente en la sociedad islámica, cabe la sugerencia de una interpolación tardía debida a la fuerza de la costumbre en el copista que escribe en el siglo XII. Así aparece una advocación a la persona del Profeta en un texto redactado a principios del VIII, cuando era desconocida su existencia por aquellas fechas en Andalucía.

III. En la redacción de este protocolo no representa Abd el Aziz ningún poder extranjero, como debiera de aparecer en un documento tan importante si se sigue la historia clásica. Estipula y firma el vencedor en nombre propio. No se hace referencia ni al califa de Damasco, ni al responsable y jefe de la conquista: Muza ibn Nosaïr. Se dice sencillamente que es hijo de un tal Nosaïr, sin estipular su rango como lo hubiera exigido la circunstancia de haber guerreado en su nombre y con sus tropas.
Esto, sea dicho, sin considerar la autenticidad del episodio del que depende el tratado. Ver: Capítulo III y nota 36.

IV. Confirma este documento el contexto que hemos establecido de acuerdo con otros testimonios: Con la muerte de Vitiza, las diversas provincias del reino visigodo, mejor dicho sus gobernadores, se hacen independientes. ¿Era Teodomiro la autoridad suprema de Levante nombrado por el rey difunto? ¿Era partidario de Roderico? ¿Se había pasado de un bando a otro? No lo sabemos. En el documento habla y firma en nombre propio.

Textos que se refieren al adopcionismo

En el curso del siglo VIII han envenenado las pasiones varias herejías. La más importante ha sido el adopcionismo, difundido por las más altas autoridades religiosas hispanas, sin duda para luchar contra la expansión del unitarismo. Pues el adopcionismo es una concesión hecha al movimiento de ideas unitarias que dominaban entonces en la Península Ibérica. El momento de su mayor alcance se sitúa entre los años 780 y 808. Según la historia clásica ha tenido lugar esta efervescencia heterodoxa en un tiempo en que estaban dominados y subyugados los cristianos por los árabes mahometanos. En lugar de unirse para luchar en contra del enemigo común, se dividen. Encabeza el movimiento herético el arzobispo de Toledo.

Adquiere entonces el adopcionismo una tal fuerza expansiva que se cuela la idea más allá del Pirineo. Se reúne en Francfort un concilio formado por obispos galos y germanos para condenarlo y como consecuencia de estas discusiones aparece una literatura importante en España y en el resto de Occidente. En lo que concierne a España son los únicos textos teológicos que sabemos con certeza pertenecen al siglo VIII. Ahora bien, en ninguno, tanto en los hispanos como en los extranjeros, se hace referencia al Islam dominando la península, herejía que era más importante y universal que el adopcionismo. He aquí los títulos de los textos que se conservan en nuestros días:

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abdal-lah
08/09/2010, 11:05
I. Dos cartas del Papa Adriano I, que ha ocupado la silla de San Pedro desde 772 a 795. Fueron dirigidas a su legado en España, Agila, enviado precisamente para combatir la herejía. Han sido publicadas por el padre Flórez en el tomo V de su España sagrada.

II. Los escritos de Elipando, arzobispo de Toledo (783 808), el gran animador del movimiento. La mayor parte de los mismos se hallan en un manuscrito del XI que se guarda en la Biblioteca de la Catedral de Toledo. Son:

a) La carta de Elipando a los obispos de las Galias reunidos en Francfort, publicada por primera vez por Menéndez y Pelayo en el apéndice XI del tomo II de su Historia de los heterodoxas.

b) Carta de Elipando a Carlomagno. Flórez. Ibid., t. V.

c) Carta de Elipando a Migecio. Flórez. Ibid., t. V.

d) Cartas a Alcuino y a Félix que se hallan en las obras de Alcuino: Contra Felicem libri septem, epistola ad Elipandum, libelli contra efipandum. La carta de Félix ha sido publicada por Meniéndez y Pelayo en el apéndice n.9 XII del tomo II de sus Heterodoxos. Las demás están reproducidas por Migne en su Patrología latina.

e) Carta al abate Fidel, de la cual extractos han sido citados por Beato de Liébana en su Apologeticus en contra de Elipando. Han sido publicados por el padre Flórez (Ibid., t. V) y por Menéndez y Pelayo que los tradujo al español en sus Heterodoxos (edición de Bonilla, t. 11, pp. 284 5).

III. Beato de Liébana y Etherius: Liber Etherii adversus Elipandum sive de adoptione Christi Filii Deí. Existen de este tratado dos manuscritos en la Biblioteca de la catedral de Toledo, de los cuales el más antiguo debe fecharse a fines del siglo X o a principios del XI. Se guarda otro de la misma época en la Nacional de Madrid. Ha sido publicado por Migne (G. L, t. XCVI).

DOCUMENTOS Y TEXTOS POSTERIORES AL SIGLO IX

Texto anónimo

En un viaje emprendido por Navarra en los años 850 851, encontró San Eulogio en la librería del monasterio de Leyre un opúsculo anónimo que relataba la vida de Mahoma. Extrañado de las hazañas de este profeta que desconocía a pesar de ser natural y de vivir en Córdoba, la capital de los musulmanes hispanos, se apresuró a darlo a conocer a sus amigos; por lo cual se incluyó en sus obras. Francisco de Lorenzana lo ha publicado al final del tomo II de su Collectio S. S. Adrum ecciesiae toletanae, Madrid, Ibarra, 1785, pp. 550 552. Incluimos su traducción en el capítulo duodécimo.

La Escuela de Córdoba

Agrupamos en una escuela que llamamos de Córdoba a unos escritores latinos que escribieron a mediados del siglo IX. Forman un conjunto notable, pues no existen textos que nos hayan alcanzado pertenecientes a años anteriores o posteriores. Como los textos árabes de esta época son escasísimos y más en manuscritos contemporáneos, constituyen una fuente de información directa de aquellos tiempos; como un oasis en mitad de la soledad de un desierto histórico. Por estas razones su importancia es capital. Desgraciadamente son tendenciosos en su gran mayoría, no solamente porque sus autores se caracterizan por una fe cristiana extremada, la que llevará a San Eulogio a un martirio suicida, sino porque dentro del campo trinitario en oposición al unitario premusulmán, representan una opinión que hoy día se calificaría de integrista.

Sus primeros escritos publicados desde el año 40 en adelante —para el 60 se habrá agotado ya la savia creadora— fueron dirigidos en contra de los unitarios, como los arríanos o los acéfalos, y luego en contra de los musulmanes. Ahora bien, no sólo representan sus ideas lo que se podría llamar la extrema derecha del partido católico; no debe olvidar el lector, como lo advertimos a lo largo de nuestro estudio, que representan una situación ideológica existente en Andalucía occidental.

Sería temerario querer extender a la península un estado de opinión que era propio de la capital musulmana: Debía estar, por ejemplo, el Islam mucho más desarrollado en Almería y en el litoral mediterráneo cuyas poblaciones estaban más cercanas de Oriente y por consiguiente más influidas por las ondas invasoras, que en Galicia, en donde el mahometismo por estas fechas era con toda probabilidad una entelequia.


La obra de Esperaindeo La obra de San Eulogio

Con fundamento se puede dar al teólogo abate Esperaindeo el título de fundador de la Escuela. Sus más ilustres representantes, como Eulogio y Álvaro, lo han venerado como a un maestro. Nació con toda probabilidad a fines del siglo VIII, pues en 851, según testimonio del Santo, era ya un anciano (ver nota 229). No se sabe de dónde era oriundo, pero pasó casi toda su vida en Córdoba; pues formó en esta ciudad a sus discípulos más esclarecidos. Por esta razón llamamos Escuela de Córdoba a este conjunto de escritores andaluces que eran nativos de la misma o que mantenían con sus intelectuales relaciones cuyos frutos han llegado hasta nosotros. He aquí la lista de sus obras:

I. Apologeticus en contra de los unitarios, principalmente arrianos. De esta obra se posee sólo el capítulo sexto que San Eulogio, incluyó en su Memoriale Sanctorum (1,7).

II. Las actas de los mártires de Sevilla, Adulfo y Juan, citadas por Eulogio en su Memoriale, las que también se han perdido (Lib. II, cap. VIII, 9).

III. Un tratado pequeño acerca de la Trinidad. En una de sus cartas, la VII de su Epistolario, le había pedido Álvaro que refutase a unos herejes unitarios que recientemente hacían proselitismo. Se guardaba este opúsculo en el manuscrito de la catedral de Córdoba que contiene sus cartas; pero por razones que se desconocen se le separó del códice, de tal suerte que se ha dado durante mucho tiempo por perdido. Desconocieron su existencia Masdeu, Vicente de la Fuente, Amador de los Ríos y Menéndez y Pelayo cuando en su juventud escribió los Heterodoxos. Sin embargo, se conservaba una copia del texto en un manuscrito de procedencia cordobesa, el Códice Samuélico, que se halla en el archivo capitular de la catedral de León (n.º 22, fol. 5 8). El canónigo archivero, Carlos Espinos (1741 1777), hizo del mismo una copia que vino a parar a manos del hermano o padre Pablo Rodríguez del monasterio de Sahagún. Tuvo de ello conocimiento el cardenal Lorenzana que lo editó por vez primera en su Collectio (Madrid, 1785, pp. 639 42). José Madoz en su edición crítica de las cartas de Álvaro la ha publicado en contestación a la de su discípulo (cartas VII Y VIII). Las fecha con anterioridad al año 840. José Madoz: Epistolario de Álvaro de Córdoba. C. S. I. C., Madrid, 1947.

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durruti
08/09/2010, 23:00
Cronica mozarabe 754. Las calamidades de España ante la irrupción musulmana

¿Quién podrá pues narrar tan grandes peligros? ¿Quién podrá enumerar desastres tan lamentables? Pues aunque todos los miembros se convirtiesen en lengua, no podría de ninguna manera, la naturaleza humana referir la ruina de España ni tantos y tan grandes males como esta soportó. Pero para contar al lector todo en breves páginas, dejando de lado los innumerables desastres que desde Adán hasta hoy causó, cruel, por innumerables regiones y ciudades, este mundo inmundo, todo cuanto según la historia soportó la conquistada Troya, lo que aguantó Jerusalén, según vaticinio de los profetas, lo que padeció Babilonia, según el testimonio de las Escrituras, y, en fin, todo cuanto Roma enriquecida por la dignidad de los Apóstoles, alcanzó por sus mártires, todo esto y más lo sintió España, tanto en su honra, como también de su deshonra, pues antes era atrayente, y ahora está hecha una desdicha.
Crónica mozárabe de 754, cap. 6. Ed. J. E. LÓPEZ PEREIRA.

Ocupación de España por los musulmanes
En la era del 749, mientras por dichos enviados [Tariq y otros] se devastaba España y se combatía con gran furor, no solo contra los enemigos, sino también entre sí, Muza (...) entró hasta la ciudad real de Toledo, castigando a las ciudades vecinas con mala paz fraudulenta, y a algunos nobles, señores varones que de algún modo se habían quedado, llegando a Toledo huyendo de Opas, hijo del rey Egica, los mató con la espada en el patíbulo, y con este motivo mató a todos con la espada.
De este modo, no solo la España Ulterior, sino también la Citerior, hasta Zaragoza, antiquísima y floreciente ciudad, abierta ya por manifiesto juicio de Dios, la despobló con la espada, el hambre y el cautiverio; destruyó, quemándolas con el fuego, las bellezas ciudadanas; envió a la cruz a los señores y poderosos del siglo, y descuartizó con los puñales a los jóvenes y pequeños. Y así incita a todos con semejante terror, y algunas ciudades que habían quedado, viendose forzadas, piden la paz, y persuadiendo o burlando con astucia a algunos no de modo acostumbrado, concede lo pedido.
Pero, los que habiendola obtenido, se niegan a obedecer, aterrados por el miedo, e intentan huir a los montes, mueren de hambre y de diversas muertes. Y en la misma desgraciada España, en Córdoba, en la antigua sede patricia, que siempre había sido la más opulenta de las ciudades vecinas y hacían las delicias del reino visigodo, colocan el inhumano reino.
Crónica Mozárabe del 754. Ed. MOMMSEN, Chron. minora, II, 353. En GARCÍA GALLO, Manual de Historia del Derecho Español, vol. II, Antología de fuentes del Antiguo Derecho, pp.432-433.

Conquistas de Tárik en la Península Ibérica
Marchó enseguida Tárik a la angostura de Algeciras, y después a la ciudad de Écija: sus habitantes, acompañados de los fugitivos del ejército grande, saliéronle al encuentro, y se trabó un tenaz combate, en que los musulmanes tuvieron muchos muertos y heridos. Dios les concedió al fin su ayuda, y los politeístas fueron derrotados, sin que los musulmanes volviesen a encontrar tan fuerte resistencia. Tárik bajó a situarse junto a una fuente que se halla a cuatro millas de Écija, a orillas de su río, y que tomó el nombre de «fuente de Tárik».
Infundió Dios el terror en los corazones de los cristianos cuando vieron que Tárik se internaba en el país, habiendo creído que haría lo mismo que Tarif, y huyendo hacia Toledo, se encerraron en las ciudades de España. Entonces Julián se acercó a Tárik y le dijo: «Ya has concluido con España: divide ahora tu ejército, al cual servirán de guías estos compañeros míos, y marcha tú hacia Toledo». Dividió, en efecto, su ejército desde Écija y envió a Moguits Ar-Romí, liberto (...) a Córdoba, que era entonces una de sus mayores ciudades, y es actualmente fortaleza de los muslimes, su principal residencia y capital del reino, con 700 caballeros, sin ningún peón, pues no había quedado musulmán sin caballo. Mandó otro destacamento a Rayya, otro a Granada, capital de Elvira, y se dirigió él hacia Toledo con el grueso de las tropas.
Moguits caminó hasta llegar a Córdoba y acampó en la alquería de Xecunda, en un bosque de alerces que había entre las alquerías de Xecunda y Tarçail. Desde aquí mandó algunos de sus adalides, quienes cogieron y llevaron a su presencia un pastor que andaba apacentando su ganado en el bosque. Pidíole Moguits noticias de Córdoba, y dijo que la gente principal había marchado a Toledo, dejando en la ciudad al gobernador con 400 defensores y la gente de poca importancia. Después le preguntó por la fortaleza de sus murallas, a lo que contestó que eran bastante fuertes, pero que sobre la puerta de la Estatua, que es la del puente, había una hendidura, que les describió. Llegada la noche, se acercó Moguits y favoreciendo Dios su empresa con un fuerte aguacero, mezclado con granizo, pudo con la oscuridad aproximarse al río, cuando los centinelas habían descuidado la guardia por temor al frío y a la lluvia, y solo se escuchaban algunas voces de alerta, dadas débilmente y a largos intervalos. Pasó la gente el río, que solo distaba del muro 30 codos, o menos, y se esforzaron por subir a una muralla: más como no encontrasen punto de apoyo, volvieron a buscar al pastor, y habiéndole traído, les indicó la hendidura, que si bien no estaba a la haz de la tierra, tenía debajo una higuera. Entonces se esforzaron por subir a ella, y después de algunas tentativas, un musulmán logró llegar a lo alto. Moguits le arrojó la punta de su turbante, y por este medio treparon muchos al muro. Montó Moguits a caballo y se colocó delante de la puerta de la Estatua, por la parte de afuera, después de haber dado orden a los que habían entrado de que sorprendiesen la guardia de esta puerta, que es hoy la del puente: en aquel tiempo estaba destruido y no había puente ninguno en Córdoba. Los muslimes sorprendieron, en efecto, a los que guardaban la puerta de la Estatua, llamada entonces de Algeciras, mataron a unos y ahuyentaron a otros (...) Moguits se dirigió al palacio del rey, más este al saber la entrada de los musulmanes, había salido por la puerta occidental de la ciudad, llamada puerta de Sevilla, con sus 400 ó 500 soldados y algunos otros, y se habían guarecido en una iglesia dedicada a San Acisclo, que estaba situada en la parte occidental y era firme, sólida y fuerte. Ocupó Moguits el palacio de Córdoba, y al siguiente día salió y cercó al cristiano en la iglesia, escribiendo a Tárik la nueva conquista.
El destacamento que fue hacia Rayya la conquistó, y sus habitantes huyeron a lo más elevado de los montes; marchó enseguida a unirse con el que había ido a Elvira, sitiaron y tomaron su capital y encontraron en ella muchos judíos. Cuando tal les acontecía, en una comarca reunían todos los judíos de la capital y dejaban con ellos un destacamento de musulmanes, continuando su marcha el grueso de las tropas. Así lo hicieron en Granada, capital de Elvira, y no en Málaga, capital de Rayya, porque en esta no encontraron judíos ni habitantes, aunque en los primeros momentos de peligro allí se habían refugiado.

AJBAR MACHMUA [Colección de tradiciones], «Crónica anónima del siglo XI», Trad. E. Lafuente, Col. «Obras arábigas de Historia y Geografía», Madrid, 1867, pp. 20-31. Recoge: C. SÁNCHEZ ALBORNOZ y A. VIÑAS, Lecturas históricas españolas, Madrid, 1981, pp. 35-37.


Salam

durruti
08/09/2010, 23:16
Como el documento es demasiado largo lo he tenido que cortar y este es el resto del anterior mensaje:

Fueron después a Todmir, cuyo verdadero nombre era Orihuela, y se llamaba Todmir del nombre de su señor [Teodomiro], el cual salió al encuentro de los musulmanes con un ejército numeroso, que combatió flojamente, siendo derrotado en un campo raso, donde los musulmanes hicieron una matanza tal, que casi los exterminaron. Los pocos que pudieron escapar huyeron a Orihuela, donde no tenían gente de armas ni medio de defensa; más su jefe Todmir, que era hombre experto y de mucho ingenio, al ver que no era posible la resistencia con las pocas tropas que tenía, ordenó que las mujeres dejasen sueltos sus cabellos, les dio cañas y las colocó sobre la muralla de tal forma que pareciesen un ejército, hasta que él ajustase las paces. Salió enseguida a guisa de parlamentario, pidiendo la paz que le fue otorgada (...) Después de haber puesto en noticia de Tárik las conquistas alcanzadas y de haber dejado allí [con Teodomiro] algunas tropas (...) marchó el grueso del destacamento hacia Toledo para reunirse con Tárik.
Moguits permaneció tres meses sitiando a los cristianos en la iglesia, hasta que una mañana vinieron a decirle que el cristiano [principal] había salido, huyendo a rienda suelta en dirección a la sierra de Córdoba, a fin de reunirse con sus compañeros en Toledo, y que había dejado en la iglesia a sus soldados. Moguits salió en su persecución solo y le vio que huía en su caballo (...) llegó a un barranco donde su caballo cayó y se desnucó. Cuando llegó Moguits (...) se entregó prisionero, siendo el único de los reyes cristianos que fue aprehendido, pues los restantes o se entregaron por capitulación o huyeron a Galicia. Después volvió Moguits a la iglesia, hizo salir a todos los cristianos y mandó que les cortasen la cabeza, tomando entonces esta iglesia el nombre de la iglesia de los prisioneros. El cristiano principal permaneció preso para ser conducido ante el emir de los creyentes. Reunió Moguits en Córdoba a los judíos, a quienes encomendó la guarda de la ciudad, distribuyó en ella a sus soldados y se aposentó en el palacio.
Tárik llegó a Toledo, y dejando allí algunas tropas, continuó su marcha hacia Guadalajara, después se dirigió a la montaña, pasándola por el desfiladero que tomó su nombre, y llegó a una ciudad que hay en la otra parte del monte, llamada Almeida [La Mesa], nombre debido a la circunstancia de haberse encontrado en ella la mesa de Salomón, hijo de David, cuyos bordes y pies, en número de 365, eran de esmeralda verde. Llegó después a la ciudad de Amaya, donde encontró alhajas y riquezas, y (...) volvió a Toledo en el año 93.
AJBAR MACHMUA [Colección de tradiciones], «Crónica anónima del siglo XI», Trad. E. Lafuente, Col. «Obras arábigas de Historia y Geografía», Madrid, 1867, pp. 20-31. Recoge: C. SÁNCHEZ ALBORNOZ y A. VIÑAS, Lecturas históricas españolas, Madrid, 1981, pp. 35-37.

Estos son algunos de los documentos a los que me referia en otro mensaje y con los que Pierre Guichard se apoya en su España Musulmana para aseverar sus hipotesis sobre la conquista de Hispania en 711.

Salam

abdal-lah
09/09/2010, 12:35
Salam amigo durruti:

Aún no se ha finalizado con la critica a las fuentes; pero lo que trata Olagüe es precisamente hacer una análisis crítico de ese material que has colgado. Y ese material es precisamente la fuente del Mito de la Invasión Árabe en España

Y ese material (tanto las crónicas muzárabes como AJBAR MACHMUA) es lo que Olagüe considera un cuento chino. Y todo su esfuerzo critico va en esa dirección, muchas gracias por colgarlo pero ese material es el que Olagüe pone en cuestión y no aporta nada a los que estamos hablando sino solo repetición.

Solo se echa un vistazo a esas crónicas uno se da cuenta que es todo un cuento chino, tanto la referencia muzárabes como las AJBAR MACHMUA, unas y otras solo son relatos descaradamente idealizados e ideológicos y totalmente míticos para ensalzar a sus respectivos partidos (unos a los cristianos y otros a los musulmanes).

No se tú has las leído lo que as colgado, Y si lo has leído te pregunto: ¿pero cual es tú opinión? porque no has manifestado ninguna opinión al respecto, cosa que me extraña como también me extraño que no te hayas mojado sobre el racismo contra los gitanos en otro hilo; poco te comprometes querido amigo, y lo digo con todo el cariño.

Resumiendo, para mí como conocedor de la filosofía de la historia y como aficionado a la sociología solo puedo estar de acuerdo con Olagüe sobre las crónicas de un lado y de otro: es claramente puro cuento chino. Lo que me extraña que otros se crean esas tonterías y eso que tienen carrera y cátedra y el beneplácito de sus amos: El Estado- Nación, y los especialistas que se creen esa sarta de tonterías solo demuestran que son unos “funcionarios esclavos del sueldo de su amo".
.
Una vez más se me demuestra que la ideología pesa más que el sentido crítico, la honradez y el sentido común.


Salam

durruti
09/09/2010, 15:09
Salam

Si he leido lo que he puesto, y mi intencion era simplemente el tener a la vista los documentos que Olague cuestiona, y para que cuando tengamos todas las criticas a esos documentos , podamos tener una vision mas completa de ambas opiniones.
Y yo por mi parte espero tener en unos dias el libro de Olague, que tengo encargado, porque me ha sido imposible bajarlo de Internet (es que soy megatorpe).
Mi interes, en ningun momento ha sido cuestionar la idea de Olague.
En cuanto tenga un criterio sobre ello lo pasare, aunque vaya por delante que me parece que todos los autores tienen algo de razon, aunque no toda la razon, y no se si la razon que tiene cada uno es suficientemente convincente, porque creo que estamos de acuerdo en que los documentoe son confusos y en algunos casos contradictorios.
En cuanto al tema de los gitanos, estoy viendo como se define al final en las instituciones, aunque yo creo que fui de los primeros en pronunciarme, ?recuerdas que dije que en mi opinion el problema era que eran pobres? Si fueran ricos no habria caso.
Era lo mismo que pasaba en Marbella en tiempos de Gil, lo que me molestaba eran los "moros " pobres, que a los arabes ricos ya los adulaba.

Seguimos hablando

Salam

Asatru
09/09/2010, 15:34
Parece que Olagüe no disfruta de mucho crédito entre los historiadores:


17/08/2005 DOLORES Bramon


Se acaba de reeditar un libro nefasto y erróneo ya en su primera edición. Figura como libro de historia y en realidad es de ciencia-ficción. Se trata de una obra de Ignacio Olagüe publicada por primera vez en París en 1964 y que, bajo el título de Les arabes n´ont jamais envahi l´Espagne (Los árabes nunca invadieron España) , sostiene que no hubo invasión de musulmanes en Hispania en el año 711. Según su autor (1903-1974), el islam andalusí nació como consecuencia de una evolución espontánea del cristianismo hispánico que desembocó en una guerra civil entre unitarios y trinitarios, cuya documentación habría sido destruida por la intelligentsia del Vaticano.

La Fundación Juan March, que había patrocinado la obra, entendió perfectamente su mensaje y al encargarse de su traducción al castellano le cambió el título, de forma que esta falacia llegó a los lectores españoles como La revolución islámica en Occidente (Madrid, 1974).

Con pretensiones de historiador, Olagüe llena más de 500 páginas, la mayoría de las cuales son tan discutibles como las que tratan de un imposible paso por el Estrecho por parte de los 7.000 bereberes de Tariq y de los 18.000 árabes comandados por Musa. "¿Cómo lo lograron --se pregunta-- sin contar con una flota? Se dice que el conde Julián les proporcionó cuatro lanchas. A lo sumo --escribe-- cabrían 50 hombres en cada una. La travesía duraría un día; dos con el regreso. Eso supone 35 viajes en la primera oleada con un total de 70 días, sin contar los de mala mar, numerosos en Gibraltar. Los visigodos les impedirían pasar. Pero pasaron y se quedaron".

Rechazada la intervención foránea de árabes y bereberes en la introducción del islam en Hispania, Olagüe se esfuerza, incluso con pretendida erudición, en hacer creer que se produjo entre los visigodos una revolución ideológica y religiosa similar a la que tuvo lugar en Oriente con la predicación de Mahoma. Se estableció, así, en la Península, un "estado de opinión premusulmán". El resto, la rápida aceptación del nuevo credo, es obra pacífica de mercaderes. De este modo, presenta la expansión del islam medieval como resultado de la propagación de ideas-fuerza, según terminología del autor, y no por la acción de campañas militares.


ES OBVIO QUE ningún historiador debería hablar de este libro. El profesor Guichard ya le respondió oportunamente en la prestigiosa revista Annales E.S.C. con un excelente artículo que fue traducido al castellano con el título de Los árabes sí que invadieron España. Las estructuras sociales de la España Musulmana . Demuestra, con razón, que estructuras sociales importadas de Oriente y del norte de Africa se implantaron fuertemente en Al Andalus a partir del siglo VIII. Otro argumento de peso es el de las numerosas palabras de origen árabe que tenemos y que sólo pueden derivar del contacto directo con arabófonos, algo imposible si se aceptara que la única invasión masiva fue la de los almorávides (siglo XI), que eran de habla bereber.

Todavía es útil hablar de este disparate seudohistórico porque las tesis de Olagüe siguen teniendo éxito entre bastantes españoles convertidos al islam. La obra ya lleva cuatro años colgada en internet (www.webislam.com) con una introducción también desaforada del converso Umar Ribelles. Mi experiencia docente con alumnos interesados en el islam, musulmanes o no, me recuerda año tras año que la lectura de este libro no debe hacerse sin preparación historiográfica. Contiene demasiados disparates y se corre el riesgo de creer que el estricto monoteísmo que nació en Arabia mediante la predicación de un profeta aquí surgió por obra y gracia de las luces hispánicas.

Al margen de esta reedición, circula también otro importante disparate. Con el título de Un acontecimiento arqueológico de gran magnitud , la agrupación Yama´a Islámica de Al Andalus ha colgado (www.islamyal-andalus.org) un escrito firmado por Alí Manzano en el que quiere demostrarse que el islam llegó a la Península Ibérica ya en tiempos de Mahoma. La argumentación cita obviamente a Olagüe y el acontecimiento es el hallazgo en X tiva de una lápida con versículos del Corán y otras inscripciones en árabe datada en el año 48 del calendario islámico y que corresponde al 648 del cómputo gregoriano.

Todos sabemos que al hablar de la fecha en que sucedió algún hecho del siglo pasado no mencionamos el inicio, el mil novecientos, y que con la cifra de la decena y la unidad nos basta. Con la documentación escrita a menudo sucede lo mismo y a la fecha en cuestión le falta la centena, que es un 4. Corresponde, por tanto, a nuestro año 1036.


ESTAS interpretaciones resultan peligrosas porque desde algunos sectores islámicos presentes hoy en España se está proponiendo una visión que tiende a considerar que hay --y que ha habido-- musulmanes de primera y de segunda categoría. Los mejores serían, naturalmente, los que habrían llegado ellos solos a la idea del monoteísmo sin la necesidad de ninguna predicación. Después habría el resto --los mal denominados moros --, que habrían necesitado la presencia y la intervención de un Enviado.

Todo esto no es nada bueno, dadas las circunstancias en que hoy vive el islam en España. Uno de los principales problemas es, precisamente, la dificultad de llegar a una verdadera cohesión y representatividad entre las distintas realidades sociales, económicas y culturales de los hombres y las mujeres que hoy conforman la comunidad de musulmanes.

*Profesora de Estudios Islámicos


http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=198479

abdal-lah
09/09/2010, 18:28
Sala Asatru:

Conozco a la profesora Bramon y con todos los respetos a ella solo diré que es la típica funcionaria con carrera y carente del mínimo espíritu critico que da el ganarse la vida haciendo la pelota a los medios inmateriales de control social del Estado-Nación (por tanto, nacionalista).

Por otro lado es normal las criticas contra Olagüe por aparte de los historiadores oficiales, pues este arremete contra una de la fabulas gestadas por el ProtoEstado-Nación y luego aprovechada por el Estado-Nación llamado España. Aquí en este país cuando cuestionas los Mitos Fundacionales del Estado-Nación Español te echan los lobos (y a Olagüe se los echaron y aún hoy se los echan) ya sea cuando cuestionas el Mito del descubrimiento de America como cuando cuestionas el Mito de la Invasión Árabe o como cuando cuetiones cualquier mito fundacional del Estado Español.

Si hubo invasión que la Sra. Bramon nos explique dónde están los genes árabes en la población actual que vive en España (cuando Olagüe escribió su libro no existía aún eso de rastrear los genes). Y usted Asatru también sostiene que no existe tal parentesco de los españoles con los árabes. Miré usted que curioso que tiene toda la razón y por primera vez usted y yo estamos de acuerdo.

En cuanto a la interpretación que hace la profesora Bramon sobre la “peligrosidad” de la tesis de Olagüe y de que “tenemos una visión que de hay musulmanes de primera y de segunda”, eso si que es ciencia-ficción o mejor dicho: miedo-ficción, observe que apela al “temor islámico” para sustentar su tesis. En resumen la Sra Bramon es una trabajadora más de los Mitos Fundacionales del Estado Español, su cultura de base la traiciona y pone en tela de juicio su "independencia intelectual".

Asatru las cosas ya están escritas y creo que somos lo suficiente inteligentes y adultos para que cada uno juzgue por si mismo, lea los argumentos de Olagüe y los que no están de acuerdo con él y juzgue por usted mismo.

Lea usted las fuentes de unos (cristianos) y de otros (musulmanes) y juzgue si se cree todas esas sartas de tonterías que solo huelen a nacionalismo (fuentes cristianas) puro y duro y mitología ideológicas-religiosas (fuentes musulmán-egipcios) por otro.


Posdata: El trabajo de Olagüe nos obstante necesita de una revisión como de cualquier pensador, como las revisiones de los trabajos de cualquier otro autor. Puesto que los conocimientos siempre hay que estar revisándolos y actualizándolos.



Salam


¡Que tenga buena lectura!

abdal-lah
09/09/2010, 19:12
salam durruti:


Perdona pues, si es verdad me dijiste eso de los gitanos. Se me había olvidado, perdón.

Ok es razonable que leas antes de decir nada, perdona pero como me doy cuenta enseguida de esas fabulaciones pienso que los demás también se dan cuenta.

Perdón.

Salam

abdal-lah
10/09/2010, 10:07
La obra de San Eulogio

Perteneció Eulogio a una familia acomodada que vivía en Córdoba en la primera parte del siglo IX. Predispuesto por su temperamento místico, le alcanzó al regreso de su viaje a Navarra (949‑950) la verdadera importancia y difusión de las herejías unitarias que dominaban en España, sobre todo en su tierra natal. Para combatirlas se le ocurrió predicar el martirio a las vírgenes cristianas de Córdoba en la descabellada creencia de que la sangre vertida podría detener el proceso de islamización del país, que años antes había con ahínco favorecido Abd al Ramán II. Tuvo esta predicación efectos contrarios y nefastos para la minoría cristiana cordobesa. Ante las revueltas populares motivadas por los actos y los martirios de las vírgenes sacrificadas, la autoridad musulmana le hizo responsable de la alteración del orden público y fue encarcelado. Nombrado arzobispo de Toledo por la fama sin duda alcanzada por sus escritos, no pudo tomar posesión de su cargo, pues acusado de alterar las relaciones entre las dos comunidades religiosas fue condenado por un sínodo provincial y por la justicia del sultán. (Hechos todavía no muy bien esclarecidos dadas las pasiones existentes en aquel entonces y el divorcio cada vez más acentuado que se estableció desde estos años en adelante entre los españoles).

Más tarde, aprovechando las buenas relaciones conseguidas para concertar un tratado con el monarca cordobés, obtuvo Alfonso III el permiso para trasladar el cuerpo del mártir a Oviedo, en donde fue recibido con grandes manifestaciones el 9 de enero de 884. Iba acompañando el féretro un manuscrito con las obras del escritor, copia reproducida acaso mientras vivía o poco después de su muerte; pues sólo transcurrieron veinticinco años entre el fallecimiento de Eulogio y la recepción del códice, el cual ha sido piadosamente conservado hasta nuestros días en la biblioteca de la catedral de Oviedo.

En un viaje por Asturias el historiador Ambrosio de Morales tuvo la suerte de conocerlo y publicó en 1574 las obras de San Eulogio con un importante estudio: Divi Eulogii cordubensis martiris doctoris et electi archiepiscopi toletaní opera..., etc., Compluti Joannes Iñigues a Lequerika excudebat. Existen las siguientes reimpresiones: Andrea SchotI, Hispana illustrata.... etc., Francfort... (1603‑1605), tomo IV; Flórez, España sagrada, tomos X y XII; Lorenzana, Collectio..., etc., 1785; Migne, tomo CXV, P. L. Citamos por las ediciones de Flórez y de Lorenzana.

Epistola ad Wilesindum Episcopun; Ponpilonense. Carta escrita por Eulogio desde Córdoba a Vilesinde, obispo de Pamplona, para agradecerle su hospitalidad durante su viaje a Navarra. Está fechada en 15 de noviembre de 851. (Ver nota 235.) La publicó Lorenzana en su Collectio, t. II, pp. 536‑7.

Documentum martyriale, escrito en la cárcel a fines del año 851 para alentar a las vírgenes Flora y María a padecer el martirio.

Memoriale Sanciorom, compuesto en tres partes o libros. Las dos primeras han sido escritas en 851, pues lo comunica el autor al lector al principio del segundo libro. (Ver nota 229.) Acabó la tercera parte en su segunda prisión en 856. Se encuentran en este texto indicaciones notables acerca de la vida en Córdoba por aquellos años.

Apologeticum martyrum, escrito en 857. Relata el autor el martirio de Roderico y de Salomón. Da en esta obra los detalles de su viaje a Navarra y cuenta el hallazgo que hizo en la librería del monasterio de Leyre de un opúsculo que reseña una biografía de Mahoma. La importancia de este texto es en verdad extraordinaria. Ha sido publicado por Lorenzana y damos la traducción en castellano en el capítulo decimonono. Las noticias que nos da Eulogio, su ignorancia acerca de la existencia de un profeta llamado Mahoma y el revuelo que produjo en el escritor sevillano Juan Hispalensis el anuncio del descubrimiento que le comunica su amigo el viajero, están confirmados por el hecho de que el manuscrito en que están reseñados estos datos es contemporáneo del autor.


La obra de Álvaro de Córdoba

Era este intelectual un mestizo de judío y germano, según él mismo nos lo confiesa: “Eo quod ex Israelis stirpe descendens cuncta mihi glorier dicta...” (carta XVIII, 5) y más lejos: “an ego qui et fide et gente hebreus sum...” Por otra parte, al final de la XX carta de su Epistolario se vanagloria de descender de familia goda. Lo picante del asunto consiste en que vienen a cuento estas confidencias a propósito de sus discusiones con Eleazar que era un germano convertido al judaísmo. Con Eulogio representa Álvaro la postura extrema e intransigente de la minoría cristiana cordobesa. Es el autor de la Escuela que ha ejercido mayor influencia en sus contemporáneos y en el siglo siguiente.

Ha compuesto versos en latín de valor desigual y dos tratados de moral: la Confessio Alvari y el Liber Scintillarum, que no hemos leído por suponer que no interesan a nuestros estudios. Han llegado hasta nosotros los siguientes textos:

Epistolarum Alvari, epistolario en el cual doce cartas son de su pluma y ocho de sus corresponsales. Se encuentran en un manuscrito escrito con letra visigótica menuda del siglo IX o del siglo X, que se guarda en la librería de la catedral de Córdoba. Han sido objeto de intercambio de 849 a 861, año en que probablemente murió. Flórez consiguió una copia del códice y publicó estas cartas en su España sagrada, tomo XI, pp. 81‑218. En estos últimos años José Madoz ha dado a la imprenta una edición crítica de las mismas: Epistolario de Álvaro de Córdoba. C.S.I.C., Madrid, 1947.

La vida de San Eulogio. Se encuentra en el códice de la librería de la catedral de Oviedo que contiene las obras de San Eulogio. Ha sido publicada esta biografía con sus obras completas por Ambrosio de Morales, en 1574. Existen varios manuscritos antiguos de este texto con otras obras de Álvaro en dos códices que se guardan en la Biblioteca de Palacio. También se conoce un manuscrito que había pertenecido a la de San Millán que apunta Flórez y que se encuentra hoy día en la Academia de la Historia. Ambrosio de Morales ha citado otros tres códices que se hallaban en los monasterios de Sahagún, de la Espina y en la iglesia de Mondoñedo. La Nacional de Madrid conserva un soberbio códice del siglo X que contiene con otros textos la vida de San Eulogio.

Indiculus luminosus. Anuncia el autor que la obra se compone de dos partes, pero no se conoce más que la primera, sea que Álvaro no ha redactado la segunda, sea que se ha perdido. Ha sido escrita en el año 854, como lo indica el texto. Ha tenido este libro una influencia importantísima en la formación del mito arábigo entre la minoría cristiana española. Se halla el texto, en los códices anteriormente mencionados. Flórez lo ha publicado en su España sagrada, t. XI. pp. 219‑275, gracias a la copia que consiguió del códice de Córdoba.


La obra del abate Sansón: Apologetiras Sansonis abatis cordubensis

Como lo indica el autor al principio del capítulo IV, ha sido escrita esta obra en el año 864. Debía de componerse de tres partes, pero no escribió Sansón más que las dos primeras. Poco sabernos del autor, sino que nos describe las desgracias que padeció con motivo de las discusiones teológicas en que se enzarzó con el heresiarca Hostegesis, obispo de Málaga. Interesante desde el punto de la evolución de las ideas religiosas, es extraordinario su valor documental para el historiador de esta época de la que tan poco sabernos; pues levanta un poco nuestro abate el velo que nos esconde tan extraña sociedad andaluza. Así, nos dice las íntimas relaciones que mantenía el obispo con los hijos del gobernador de Málaga. Entre otras menudencias le acusa de haberse con ellos solazado en fiestas orgiásticas: lo que demuestra que los españoles y tanto más un obispo a pesar de sus diferencias religiosas no estaban por aquel tiempo enfrentados de modo irreductible. Salvo error, existe un solo ejemplar de esta obra. Escrito sobre pergamino se guarda en la Nacional de Madrid. Pertenece su letra al siglo IX o a principios del X. Notas marginales en árabe le adornan. Las ha reproducido Simonet en su añejo t. VIII de su Historia de los mozárabes de España, p. 816. El padre Flórez ha publicado el Apologeticus en su España sagrada, t. XI, p. 325.


Juan de Sevilla

Existen dos escritores del mismo nombre que vivieron en Sevilla en la misma época. El uno, más viejo, era obispo de Sevilla: “Joannes Hispalensis sedis Episcopus et metropolitanus”. Firma las actas del Concilio de Córdoba, que tuvo lugar en 839, para condenar las herejías de los acéfalos. Era llamado por los musulmanes Said Almatran y según Jiménez de Rada había escrito en árabe un comentario a las Sagradas Escrituras. Se le ha atribuido, por lo visto sin fundamento, una traducción de la Biblia al mismo idioma. “Sin embargo, escribe Simonet, es de extrañar que en los escritos de los autores mozárabes que florecieron en Córdoba durante el resto del siglo IX, no se halle noticia ni memoria alguna de un prelado y escritor tan insigne.” En Historia de los mozárabes de España, p. 325. El caso, en efecto, no puede ser más extraño. ¿Han sido dos el prelado y el arabista, que hubiera vivido en fechas posteriores? ¿Se puede inducir de dicho silencio que el prelado arabista representaba una opinión política que no compartían los intransigentes mozárabes cordobeses?

abdal-lah
10/09/2010, 10:08
Conocemos mejor la personalidad de Juan de Sevilla, escritor laico y casado, el cual mantuvo una correspondencia y una controversia teológica con Álvaro de Córdoba. Dos de sus cartas dirigidas a Álvaro se han conservado en su Epistolario. En la sexta va añadido un breve resumen de la biografía de Mahoma, encontrada por Eulogio en Leyre, de la que por lo visto recibió un extracto o dicho resumen del viajero. Tanto le Úripresionó que fue motivo de intercambio de pareceres entre los dos escritores, el sevillano y el cordobés. Reviste el hecho para nuestras tesis una importancia extraordinaria, porque confirma el asombro sentido por Eulogio en Leyre. No se trataba de una opinión particular. Igual era la ignorancia que se tenía de Mahoma, tanto en Córdoba como en Sevilla.

Crónica de Alfonso III

Discuten todavía los historiadores por esclarecer quién fue su autor. Opinan algunos que es obra del mismo rey Alfonso; otros que encargó su redacción a Sebastián de Salamanca, por lo cual ha sido llamada por muchos autores antiguos: Chronicon sebastiani. Empieza el relato con los acontecimientos ocurridos en el reinado de Vamba y termina con la muerte del rey de León, Orduño I; es decir, desde 672 hasta 866. Está fechada la crónica en 883. La ha publicado Flórez en el tomo XIII de su España sagrada. Pero no presenta esta crónica la enjundia intelectual, ni el valor documental e histórico de la del monje Vigila. Es mucho más enrevesada, escrita con un criterio infantil o primario, en una palabra arcaica, que le resta autoridad en comparación con la albeldense.

El códice de Roda nos ofrece el texto más antiguo de esta crónica. Gómez Moreno ha hecho de la misma una edición en el año 1932: Las primeras crónicas de la Reconquista. El ciclo de Alfonso III, Boletín de la Academia de la Historia. Las crónicas albeldense y de Alfonso III tienen escaso interés para un estudio científico de los acontecimientos ocurridos en España a principios del siglo VIII. Han pasado ciento cincuenta años desde los hechos reseñados. El ambiente ideológico ha cambiado y lo sucedido que nos pudiera interesar está esfumado en las nieblas del pasado, si no olvidado; lo que se dice, desvirtuado por la opinión imperante en su tiempo. Son únicamente interesantes estos textos para el estudio de la evolución del mito.



FINES DEL X Y PRINCIPIOS DEL XI

En esta época tardía en comparación con la fecha de las guerras civiles del VIII, aparecen textos arábigos, es decir, escritos en árabe. Tres crónicas destacan, aunque sólo dos ofrecen un cierto interés. Los hechos inverosímiles que describen son la fuente de las leyendas que han florecido a lo largo de la Edad Media, fábulas paralelas al mito de la invasión de España, las cuales han sido fielmente recogidas por las crónicas cristianas del XII y del XIII, para formar posteriormente el fondo del Romancero. Poseen un cierto denominador común las dos más importantes, pero su fuente de información es distinta.

Ajbar Machmua, enraíza sus noticias en la antigua tradición que alienta la sociedad bereber marroquí; mientras que la Crónica del Moro Rasis respira el ambiente andaluz más influido por los acontecimientos, luego más veraz. Pero en ambos casos los acontecimientos históricos han sido disfrazados por el ambiente musulmán y árabe que imperaba en las fechas de su redacción. De aquí la importancia dada en el texto, sobre todo en el marroquí, a episodios fabulosos, más propios de recitadores orientales que de auténticos historiadores; lo que apunta, si no tuvieramos otros elementos de juicio, su origen egipcio. Como si esto fuera poco, han sido estos textos lastimados por interpolaciones.


Crónica del Moro Rasis

Ahmed al Rasi-Atariji, es decir, el cronista por excelencia, probablemente era andaluz y vivió en el siglo X. La crónica que lleva su nombre cuenta los acontecimientos en los cuales intervino Roderico, la invasión de España por los árabes y los hechos de los sultanes y de los califas, hasta el año 976. Se ha perdido el texto original que se supone estaba escrito en árabe, aunque no pueda afirmarse positivamente En el siglo XIV o en el XV según los autores, un moro llamado Mohamed, sin letras pues él mismo lo confiesa, leyó en voz alta y en portugués un texto de esta crónica redactada en árabe a un sacerdote, llamado Gil Pérez, ignorante del árabe ¡pero que traducía lo oído en portugués al castellano... !

Se divide el texto recogido de modo tan singular en tres partes: la primera se ocupa de geografía y las siguientes de historia. En un principio se describe la situación existente en España antes de la invasión, luego los acontecimientos posteriores.

Dadas estas circunstancias han tenido que admitir todos los autores que el texto traducido del portugués suscita grandísimos recelos. Ignoramos si se trata del texto original de Rasis o de otro cualquiera que hubiera leído Mohamed. Y aún de ser original resulta indudable que ha sido mutilado, interpolado, confitado según los gustos de las épocas posteriores. Mas entonces, siendo esto incontrovertible, ¿cómo extraer del fondo antiguo, si lo conserva, las noticias que pudieran revestir un valor histórico?

Pascual Gayangos ha advertido en su tiempo que a juicio suyo la última parte pertenece a un autor arábigo, pero no la segunda en la que se cuentan los hechos y aventuras de Roderico. Opina que han sido inspirados por una novela célebre: La crónica del rey don Rodrigo con la destrucción de España, escrita en 1443 por Pedro del Corral. (Pascual Gayangos: Memoria sobre la autenticidad de la crónica denominada del Moro Rasis, Madrid, 1850, Memorias de la Real Academia de la Historia, t. VIII.) Saavedra cree en la autenticidad del texto en lo concerniente a los acontecimientos desde la muerte de Roderico hasta la llegada de Alher y que la novela ha sido compuesta con las noticias dadas por el texto de Rasis. (Eduardo Saavedra: Estudio sobre la invasión de los árabes en España, Madrid, 1892.) Menéndez y Pelayo en su gran obra acerca de los orígenes de la novela se contenta con destacar las afinidades que existen entre la obra histórica y la imaginaria. Según nuestro leal saber y entender, el fondo histórico que debe de pertenecer al Moro Rasis se enlaza con la tradición andaluza, existente en el siglo X; exactamente lo mismo ocurre con el Anónimo latino en otros tiempos atribuido a un fabuloso obispo, Isidoro Pascense, a cuya crónica dedicamos el apéndice n.º II. En estas condiciones tan sólo muy escasos hechos descritos deben ser admitidos y aún con gran cautela: aquellos que pueden ser confirmados por otros testimonios, siempre y cuando no estén desmentidos por el contexto histórico. Así, por ejemplo, hemos recogido de esta obra los datos que se refieren a las hambres que asolaron a España en los siglos VII y VIII (capítulo octavo) porque de antemano hemos reconstruido la historia del proceso de desecación del Sahara (capítulo V). Pascual Gayangos ha publicado el texto de esta crónica en el trabajo anteriormente citado. Saavedra ha añadido en apéndice a su estudio fragmentos inéditos que tratan de la historia de los últimos reyes godos. Citamos por esta traducción.


Ajbar Machmua

No se trata de la obra de un historiador, ni aun de la de un cronista de talla menor. Recoge el texto unos cuantos relatos tradicionales en él Rif, cuyo valor es desigual. Dozy, entusiasmado por el hallazgo entonces reciente de este manuscrito, encontraba en estas fábulas el testimonio sincero de los incidentes de la conquista. Le han seguido los historiadores posteriores. En nuestros días Levi-Provençal le imita para describimos e ilustramos acerca de los conflictos que dividían a las tribus árabes recientemente asentadas en España y los hechos victoriosos de Abd al-Ramán, el Emigrado. Para nosotros reúne este libro de aventuras una colección de relatos tradicionales, eminentemente bereberes y rifeños, los cuales deben conservar algo del recuerdo de las acciones emprendidas por los antepasados en la guerra civil hispana, tradición que se habrá mantenido con mayores o menores ocurrencias en las familias y en las tribus del país. Hacia 1007 tuvo la idea un intelectual mahometano de habla arábiga de recoger esta tradición oral en un texto que nos ha alcanzado. En estas condiciones, transcurridos trescientos años en que la faz de esta parte de la tierra se había transformado fundamentalmente, hechos que pudieran haber poseído un cierto valor histórico han sido envueltos en clima de tal contextura que resulta dificilísimo, si no imposible, distinguir el oro del barro que lo envuelve. Esto lo confirma el ambiente imaginativo en que está escrito; pues no sólo es fácil reconocer fábulas egipcias que han servido para describir otros acontecimientos ocurridos en aquella nación, sino relatos que pertenecen al folklore del Mediterráneo oriental, cuyos orígenes remontan a veces hasta los tiempos bíblicos. En 1867 publicó Emilio Lafuente Alcántara el texto de esta obra y su traducción en el tomo primero de la Colección de crónicas arábigas, editada por la Real Academia de la Historia.

(el subrayado es mío)

abdal-lah
10/09/2010, 10:09
CRÓNICAS LATINAS

Sólo nos han llegado del siglo IX dos crónicas latinas que nos cuentan los acontecimientos políticos ocurridos en España en los siglos VIII y IX. Son contemporáneas, a tal punto que se supone fueron escritas en el mismo año, el 883. Sus autores fueron monjes que vivían en el norte de la península, en la región que llamamos «entidad pirenaica»; pues abarca desde un punto de vista geográfico, histórico y cultural las dos vertientes de este sistema orográfico y los montes cantábricos.


Crónica albeldense.

Se halla en un códice renombrado del Escorial: el Codex Vigitanus, que lleva por fecha de su redacción la del año 976. Se distinguen en esta crónica dos partes:

La primera, la más antigua, redactada en el siglo IX, tiene por autor un monje del monasterio de San Millán de la Cogolla, sito en la Rioja. Por esta razón muchas veces ha sido llamado este texto: Crónica emilianense, de San Millán, en latín: Emilianus. (No confundir con el Codex emilianense que se guarda también en la Biblioteca del Escorial y es tan célebre como el anterior.) Han afirmado numerosos historiadores que era su autor un monje llamado Dulcidius, el cual habría escrito la historia de los últimos reyes godos y los incidentes de la guerra civil.

Hacia mitad del siglo décimo el benedictino Vigila que vivía en el monasterio riojano de Albelda, sito en la orilla derecha del Iregua que desemboca en el Ebro, cerca y después de Logroño, escribió la segunda parte que comprende los acontecimientos ocurridos en el reinado de Alfonso 111. Excelente calígrafo, poeta a sus horas, es este monje el autor del texto y del manuscrito. Por tal razón lleva su nombre: vigilanus.

De ser así, está compuesta la Crónica albeldonse de dos textos que han sido escritos en dos fechas distintas. Ochenta y tres años los separan. Vigila no es un fraile cualquiera y vulgar. Poseía conocimientos extensos y su libro constituye una pequeña pero extraordinaria enciclopedia de los conocimientos de la época. Hemos encontrado en sus páginas una de las mis antiguas reproducciones de la numeración decimal, con signos de origen arábigo. Las cifras muy enguirnaldadas están escritas como en las grafías semitas de derecha a izquierda. Se acaba la numeración con la cifra nueve, pues en esta época se desconocía aún el signo cero. Hemos reproducido texto y grafía en el tomo tercero de nuestro Decadencía española, Madrid, 1950.

El benedictino P. Luciano Serrano en el tomo III del Homenaje ofrecido a Meníndez y Pidal, Madrid, 1925, afirma que Vigila es el autor principal de la Crónica albeldense, que puso mano en, la primera parte, acaso modificándola, y luego acabó el relato, de los acontecimientos posteriores. Ha sido publicada esta crónica por el padre Flórez en su España sagrada, t XIII. Citamos por esta edición. Un párrafo olvidado se encuentra en la Colección de crónicas arábigas de la Academia de la Historia de Madrid, tomo I de Emilio Lafuente Alcántara. Otro texto del parágrafo 78 que tampoco había sido reproducido en la edición de Flórez ha sido añadido en nota al discurso de recepción a la Academia de la Historia de Madrid, pronunciado por Manuel Olíver y Hurtado, en 1866.Crónica de lbn Alcotiya

En árabe quiere decir Ibn Alcotiya: el hijo de la Goda. Descendía el autor de esta crónica de Sara, nieta de Vitiza; de aquí el apodo. En vano busca en ella el lector recuerdos de los últimos reyes visigodos que se hubieran mantenido en la tradición familiar. El proceso de arabización dominante en los tiempos de su redacción, finales del X o principios del XI en que generalmente se fecha, ha borrado en la mente del autor todo indicio que pudiera referirse a otro ambiente anteriormente existente. Es este carácter el que da a la crónica todo su interés. Pues si el recuerdo de una tradición real – y ¡de tal abolengo!– no ha podido mantenerse en un descendiente en tan pocas generaciones, ¡qué se va a pedir a los demás! El texto íntegro de esta crónica ha sido publicado con una traducción española por Pascual Gayangos en el tomo II de la Colección de crónicas árabes, citada por la Academia de la Historia.

Los numerosos textos posteriores dada su fecha reciente no poseen valor alguno documental más o menos aprovechable. Son trabajos pseudo‑históricos, escritos además con los prejuicios ya iniciados en el norte de África en el siglo XI y que posteriormente fueron hinchados por la contrarreforma musulmana llevada a cabo por almoravides y almohades.


seguiremos ..inxa Al-lâh

abdal-lah
13/09/2010, 15:37
Crónica de lbn Alcotiya

En árabe quiere decir Ibn Alcotiya: el hijo de la Goda. Descendía el autor de esta crónica de Sara, nieta de Vitiza; de aquí el apodo. En vano busca en ella el lector recuerdos de los últimos reyes visigodos que se hubieran mantenido en la tradición familiar. El proceso de arabización dominante en los tiempos de su redacción, finales del X o principios del XI en que generalmente se fecha, ha borrado en la mente del autor todo indicio que pudiera referirse a otro ambiente anteriormente existente. Es este carácter el que da a la crónica todo su interés. Pues si el recuerdo de una tradición real – y ¡de tal abolengo!– no ha podido mantenerse en un descendiente en tan pocas generaciones, ¡qué se va a pedir a los demás! El texto íntegro de esta crónica ha sido publicado con una traducción española por Pascual Gayangos en el tomo II de la Colección de crónicas árabes, citada por la Academia de la Historia.

Los numerosos textos posteriores dada su fecha reciente no poseen valor alguno documental más o menos aprovechable. Son trabajos pseudo históricos, escritos además con los prejuicios ya iniciados en el norte de África en el siglo XI y que posteriormente fueron hinchados por la contrarreforma musulmana llevada a cabo por almoravides y almohades.


Apéndice 2

Los Árabes no invadieron jamás España

Ignacio Olagüe

• LA CRÓNICA LATINA ANÓNIMA

Se han apoyado los historiadores que han estudiado la invasión de España en un texto por todos juzgado fundamental: había sido escrito por un testigo que había asistido a los acontecimientos: Isidoro Pacense, obispo de Pax Julia, hoy día: Beja, pueblo que se halla en la provincia de Badajoz, de aquí el título de la obra que antiguamente se ha llamado Crónica de Isidoro Pacense. Era su autor un intelectual renombrado, especializado en la historia de su tiempo. Cita los títulos de varios 4bros que había redactado sobre asuntos diferentes. Se han perdido (393). Por todo lo cual, los acontecimientos que conciernen a los últimos reyes visigodos, los episodios de la invasión y los primeros años de dominación de los extranjeros están descritos en un texto contemporáneo, ya que el relato acaba en el año 754. Desgraciadamente no existe otro texto de aquel tiempo para confrontar los datos expuestos. Reza su título original: Epitoma (o epitome) imperatorum vel arabum epbemerides atque hispaniae chronographiae sub uno volumine collecta.

Existen varios manuscritos, todos pertenecientes a fechas más recientes que el siglo VIII. Cinco posee nada menos la Nacional de Madrid. Se hallan algunos insertos en otras crónicas más modernas, como el Chronicon ab initio mundi usque aera 1170, el Chronicon iriense y el Chronicon liber. Gozan dos copias de mayor autoridad: la más antigua, a juicio del paleógrafo Tailhand, está escrita con “una magnífica letra visigótica y probablemente debe ser fechada hacia mediados del siglo X” (394). Estuvo el manuscrito en un establecimiento religioso de Zaragoza, luego en la Inquisición de Madrid y actualmente se halla en la Academia de la Historia. Sólo se conservan cuatro folios en su estado actual, pues anteriormente se componía de ocho y medio. Estaba precedido por otro texto y lo mismo ocurre al otro manuscrito que se encuentra en la Biblioteca del Arsenal de París. Adornado con letra francesa del siglo XIV, es copia de un texto anterior escrito con letra visigótica española. Como el escribano o amanuense encargado de componer el códice ignoraba las artimañas de esta antigua letra, aparecen en el texto errores y oscuridades, pero según criterio de Tailhand que los ha estudiado se trata del texto más completo.

Ha sido por vez primera publicada esta crónica por Sandoval en su Historia de los cinco obispos, Pamplona, 1615. El padre Flórez la ha incluido en el tomo VIII de su España sagrada. El jesuita francés Tailhand ha reproducido en facsímil hecho en heliograbado los dos manuscritos anteriormente citados, el de la Academia de la Historia y el del Arsenal, en una edición crítica con largos y numerosos comentarios. Teófilo Martínez Escobar ha publicado en el siglo pasado una traducción española en la “Revista de Filosofía, Literatura y Ciencias de Sevilla”.

Estos dos manuscritos más antiguos no llevan el nombre de su autor. Hacia fines del siglo XII Pelagio, obispo de Oviedo, incluyó el texto en una crónica con carácter universal que acaba en el año 1170. (Su título es el del primer códice que hemos mencionado anteriormente que guarda la Nacional de Madrid.) Conocida también con el título de Códice ovetense contiene el Anónimo en lugar preeminente y nuestro Pelagio le puso una pequeña introducción que empieza en estos términos:

“Incipit liber cronicorum ab exordio mundi usque era MCLXX. Carisimi frates, si cronicam hanc quam aspicitis, bono animo eam legatis, invententi quomodo junior Isidorus Pacensis ecclesie eps. sicut in Veteri Testamento et Novo, et per Spiritum Santum intellexit. (395)

Desde entonces han creído los historiadores en el testimonio de Pelagio: no sólo había existido un obispo Isidoro Pacense, llamado junior para distinguirlo del mayor: Isidoro de Sevilla; era también este personaje el autor de la crónica que había servido de base al Ovetense para escribir su historia universal.

Hace más de un siglo se dio cuenta Dozy del error de Pelagio. En 1860, en la segunda edición de sus estudios sobre la historia y la literatura española en la Edad Media, advirtió que el amanuense que había copiado por cuenta de Pelagio la Historia de los reyes godos de Isidoro de Sevilla había leído mal el nombre de Isidorus hispalensis epis. “Está claro, escribía, que ha saltado la sílaba His y que ha escrito Pacensis en lugar de Palensis” (396). En 1883, Fernández Guerra confirmó la hipótesis de Dozy y acusó de ligero al obispo de Oviedo (397).

Dos años más tarde Tailhand demostró documentalmente el error. En su estudio crítico sobre el Anónimo reprodujo la página de un códice de la Nacional de Madrid, que contenía la crónica con el corte desdichado del nombre del ilustre sevillano: o sea, al final de una línea: Isidori y en la siguiente Palensis, en lugar de Hispalensis. Por lo cual concluyó Tailliand: “Acepió Pelagio esta equivocación sin dificultad. (No cotejó la copia con el original, diríamos nosotros.) Mas no conociendo obispado alguno llamado Palensis en España, substituyó esta lectura por la de Pacensis que frecuentemente encontraba repetida al pie de las actas de los antiguos concilios hispanos visigóticos” (289). Como por lo visto no era este despiste lo suficientemente abultado siguió erre que erre con sus extravagancias nuestro Pelagio, atribuyendo además a este junior una obra del auténtico Isidoro y a este último, para sin duda desagraviarle, ¡un texto de Julián de Toledo!

Con lo expuesto era de aquí en adelante incorrecto mencionar esta crónica con la paternidad de Isidoro Pacense, lo que naturalmente hicieron catedráticos, escritores y demás comentadores de la historia patria... ¡hasta el autor de la voz: Isidoro Pacense, en la Enciclopedia Espasa! ¿Qué título darle? Tailhand siguiendo los apuntes de Dozy reconocía que el autor anónimo había tenido lazos muy íntimos con la ciudad de Córdoba, en la que probablemente había vivido durante mucho tiempo. Por consiguiente le dio por título: El anónimo de Córdoba. Más tarde, en 1890, el historiador Hinojosa empleó argumentos similares para apreciar que era Toledo la ciudad que había merecido los favores del autor. Intituló el texto: El anónimo de Toledo) Fue seguida esta denominación por Mommsen en 1894, por Schevenkow en una tesis de doctorado del mismo año, y, por Simonet en su Historia de los mozárabes de España (400). Sin embargo, estimaba Saavedra, en 1892, que debía de llamarse con mayor sencillez: Crónica latina anónima, pues a su parecer –y creemos con razón– no existe argumento alguno válido para darle un calificativo toledano o cordobés, aunque era indudable que había residido el autor por mucho tiempo en dicha ciudad andaluza 401).

Ahora bien, apuntados estos pormenores, no han estudiado estos sabios distinguidos el verdadero problema que plantea el texto: la fecha de su redacción. Unánime era la opinión. Como había vivido este cronista a mediados del siglo VIII había visto con sus propios ojos los horrores de la invasión y asistido al asalto sarraceno. Su testimonio era tanto mas excepcional ya que era el único testigo de estos hechos del cual conservaron memoria los historiadores. Pues, extraviados por el mito se habían olvidado del adagio clásico: Testis unus, testis nullus. Surge entonces una Pregunta: ¿Sobre qué bases se apoya esta unanimidad? Poca duda ofrece la respuesta: Como los acontecimientos descritos en la crónica acaban en el año 754, se había supuesto sin mayores averiguaciones que en esta fecha precisa había terminado el autor la redacción de su relato.

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abdal-lah
13/09/2010, 15:39
Posee, en efecto, la Crónica latina anónima un epílogo en donde expone el autor sus ideas acerca de la cronología del mundo desde sus principios hasta su fin con el propósito de hacer coincidir las eras diferentes, cristiana, bizantina y mahometana, que el autor ha manipulado. Pues no encajan, sin duda porque ignora que el año mahometano se compone de meses lunares. Planteada así la cuestión, ocurre que el texto de este análisis empieza con las siguientes palabras:

§ 78. Fiunt igitur ab exordio mundi usque eram coleptam septingentesi~ nonagesiman saecundam, anuo imperii Constanfini decimo, Abdellab Alesremi amiralmuminin IIII, Spaniae Yusif patriae VII, Arabum CXXXVI...

En su edición crítica interrumpe en este punto su lectura Tailhand para hacer el siguiente comentario: terminado el año 136 de la Héjira el 26 de junio del año 754, se desprende que en uno de los seis primeros meses de este año y con certeza antes del 27 de junio, el Anónimo de Córdoba había acabado su crónica rimada (402). Para este especialista y para la mayoría de los autores queda determinada la fecha de la obra por estas palabras: “ab exordio mundi usque eram coeplam...”, “desde el origen del mundo hasta la era empezada”. ¿Es esto legítimo?

Según nuestro leal saber y entender, las palabras no dicen más que lo que expresan: La era empezada es la que en su curso acaba el relato de los acontecimientos descritos. Nada más dice el texto y nos parece absurdo y fantástico empeñarse en querer fijar la fecha de un texto con una interpretación abusiva de sus términos. Del mismo modo pudiera decirse de un historiador contemporáneo, autor de una historia de los tiempos de Felipe II, que había vivido en el siglo XVI porque acababa su relato con la muerte del monarca.

Si el Anónimo hubiera querido fechar su trabajo, lo hubiera consignado en términos precisos al principio o al final de su crónica, como era costumbre en la Alta Edad Media. Así lo han hecho constar en algunas de sus obras los compatriotas del autor, Eulogio y Álvaro de Córdoba, los cuales lo han a veces mencionado también en el del texto. Hemos dado varios ejemplos de esta costumbre a lo largo de este estudio. Pero aún hay más. Cabe una pregunta: ¿No ha sido truncado el texto en su parte final? ¿Acaba el que conocemos tal cual lo escribió el autor? Existen razones para dudarlo.

Muchos recelos suscita el epílogo de la Crónica latina anónima. Acaba de modo muy extraño, por no decir anormal, con una frase de San Julián que no viene a cuento. Lo menos que se puede decir es que aparece a contrapelo, dejando en suspenso el discurso del autor... y la atención del lector. Se ha producido probablemente un corte y una interpolación. Tanto más que el texto de la edición paleográfica y crítica de Tailhand posee una particularidad singularísima: rimada está la crónica en su totalidad, salvo precisamente el epílogo cronológico. ¿No es esto sospechoso?

Son verosímiles todas las suposiciones. La más razonable consiste en pensar que ha sido obra el epílogo de mano ajena al autor anónimo. En vista de las discordancias existentes acerca de las fechas de los acontecimientos, un monje más ducho en cronología se habrá esforzado con un texto en prosa para mayor claridad en poner las fechas en consonancia. El sería el autor de la “era coeptam” y de la frase de San Julián, si además no hubiera quizá intervenido para todo complicarlo la torpeza de un amanuense que hubiera dejado las frases sin concordancia. Que todo el pastel acabara en cola de pescado, como dice Horacio, no debe de extrañar. La sorprendente invención de un obispo Pacense enseña la falta de formalidad de estos frailes más duchos en caligrafía que en precisiones históricas.

Aparece entonces manifiesta la evidencia: si se admite que la crónica ha sido escrita a mediados del siglo VIII, surgen tan numerosos los contrasentidos históricos, que ha podido afirmar en su tiempo Dozy en sus Recherches que había sido esta crónica la más maleada, truncada e interpolada de todas las de la Edad Media. Por el contrario, decimos nosotros, si pertenece a una fecha posterior, sea a fines del siglo IX, sea a principios del siglo X, por lo menos desaparecen los anacronismos. En este caso su valor como documento histórico se compagina con el de los otros textos que han sido redactados cuando el mito de la invasión estaba consolidado y por consiguiente reflejan un ambiente que era el adecuado en su tiempo, pero no el que había existido en fechas anteriores.

Para admitir que esta crónica pertenece al siglo VIII se requieren dos circunstancias: o bien consta la fecha de la obra en el texto de una manera terminante; o bien, existen manuscritos fechados en este siglo o cuyo análisis paleográfico permite suponer que han sido escritos en esta fecha. Como ninguno de estos requisitos se cumple –el texto no está fechado y el códice más antiguo que conocemos se atribuye a mediados del siglo X–, se impone incontrovertible la siguiente conclusión: sólo el contexto histórico puede precisar la época de su redacción.

Pues bien, el análisis comparativo de esta crónica con los textos de los siglos IX y X, nos demuestra que la interpretación tradicional resulta inadmisible. El texto anónimo no ha sido compuesto en el VIII, sino en fecha muy posterior. El testigo excepcional que había visto con sus propios ojos la conquista de España por los árabes se desvanece, como antes se había disuelto en la nada la persona del obispo Isidoro Pacense. Para asentar esta afirmación nos apoyamos en los argumentos siguientes:

1. Basta la lectura de la Crónica latina anónima para comprender que la leyenda de la invasión de España por los árabes estaba ya asentada cuando su autor redactaba el texto. Pertenece sin embargo al primer equipo que propaga la noticia. De acuerdo con nuestros trabajos sabemos que ha empezado a cuajar el mito en el ambiente hispano cristiano después de las obras de la Escuela de Córdoba. Por consiguiente, si se sitúa la crónica en la evolución de las ideas en España, como un punto en una curva, se deduce que debe de pertenecer a una fecha posterior a la mitad del siglo IX. Por esta razón, de fecharla con anterioridad, surgen numerosos los anacronismos. Por ahora nos basta con señalar la diferencia de estilo que aleja esta crónica rimada de los relatos escritos por los cronistas del siglo IX.

Como en su florescencia se acompaña siempre una leyenda con una gran dosis de poesía, posee el texto anónimo un valor literario que no transparece en las más antiguas crónicas. Contrasta la descarnada aridez que las caracteriza con el aliento de la rimada. Su sencilla melodía es ya sintomática. Los cronistas del IX nos transmiten las noticias con el estilo de los telegrama de agencia; el autor desconocido goza de un aliento que entre todos le distingue, pero muestra también la objetividad propia del historiador.
Acudamos a un ejemplo: está acompañada la leyenda de la invasión de España por otro hecho maravilloso: la invasión de Francia por los árabes, aniquilados en Poitiers por Carlos Martel. Tuvo lugar el combate en 732. Nuestro autor escribe en 754; es decir 21 años más tarde.

Vive en tierra musulmana y es conocido el hecho de que los cronistas bereberes o andaluces de esta religión ignoran o atenúan la pretendida derrota de sus antepasados. Por otra parte, los occidentales que nos cuentan el acontecimiento, los monjes Teófano, Pablo Diácono y el de Moissac, son lacónicos, inciertos y fabulosos: lo que ha inducido a los historiadores contemporáneos franceses, Emanuel Berl entre ellos, a sospechar de tal aventura a pesar de desconocer el alcance de nuestras tesis. En realidad no saben muy bien estos frailes lo que ha ocurrido. Escriben de acuerdo con ciertos rumores, un son que no podía menos de serle agradable porque se esforzaban con ello por anima a su fe y a la de su parroquia. Nuestro Anónimo sabe muy bien lo ocurrido y no ignora los detalles importantes. No cae en fábulas infantiles como Pablo Diácono. ¿No asegura éste que 375.000 árabes, es decir la totalidad probablemente de los habitantes de Arabia en aquel tiempo han perecido en la batalla? Describe las operaciones preliminares de los asaltantes y los movimientos tácticos de Carlos Martel.

En una palabra, hace obra de historiador que se esfuerza en ser objetivo contando lo que ocurre en los dos campos enemigos. ¿Por que? No sólo porqué tiene mayor genio que los cronistas anteriores, sino también porque goza de la perspectiva que da el tiempo transcurrido, lo que los más ancianos no podían alcanzar.

¿Cómo desde su lejana Andalucía está mejor enterado que el monje de Moissac? Sugiere Tailhand que ha podido recibir alguna información oral o escrita de algún galo-franco, testigo ocular del acontecimiento... y ¿por qué no de algunos de los derrotados? Nada en su texto deja traslucir el testimonio del que ha presenciado un hecho importante; lo que siempre desprende un tufo sugestivo.

Es probable, si no seguro, que ha manipulado textos árabes, latinos o bizantinos que desconocemos. Lo indudable está en la objetividad del intelectual que desde su alta torre domina el rumor popular. Y esto... porque el tiempo ha deshecho las fábulas inverosímiles que el cronista más cercano de las campanadas populares, crédulo, ha creído con toda ingenuidad.

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abdal-lah
13/09/2010, 15:42
De haber escrito nuestro Anónimo su crónica en el año 754, no hubiera podido sustraerse al ambiente de los vencidos con que tropezaría por la calle. Siendo cristiano ¿cómo no desacredita a los enemigos de su fe? Mas no lo ha hecho. ¿Cómo no indisponerse con la autoridad y los intelectuales musulmanes, doloridos por desastre tan cercano, si hubiera descrito la paliza sufrida por sus conciudadanos herejes? ¿Por qué, dadas estas circunstancias, no ha reducido el episodio a algunas palabras breves y concisas? No le vemos, al contrario, arriesgarse en larga parrafada que no podía menos que comprometerle. Sencilla es la respuesta a tal pregunta: escribe el Anónimo en una época en que la batalla de Poitiers, transfigurada por el mito, ha quedado en lejano episodio guerrero. No suscita el hecho pasión alguna.

Si se acepta la interpretación tradicional acerca de la fecha de nuestra crónica, hay entonces que admitir que el relato más importante y objetivo de la batalla de Poitiers tiene su origen en el campo de los vencidos, mientras que los vencedores no nos han transmitido más que relatos fabulosos. ¿No es esto extraordinario? Si la crónica ha sido escrita dos siglos más tarde, todo cambia. Ha podido el autor desempeñar el papel de un historiador. Tan sólo por imposición del mito ya cuajado quedaba desvirtuado el sentido de los acontecimientos. La incursión hacia la llanura francesa emprendida por pirenaicos había sido transfigurada en una invasión de Occidente por los árabes, como la prolongación natural de la de España.

2. Cuando describe el Anónimo la invasión de España por los árabes, un soplo patético conmueve el relato y al lector transmite una intensa emoción. Las grandes ciudades, ricas y pobladas, de repente son destruidas y quedan desiertas. Arden como antorchas los monumentos más suntuosos. Aterrorizados sus habitantes son reducidos a esclavitud, los hombres encadenados y marcados con hierros candentes, los potentados crucificados, los niños y los críos apuñalados. Paraliza el terror a aquellos que todavía pudieran luchar. Atraídos con bellas promesas se esfuerzan los timoratos en negociar.

Fatalmente son engañados de modo alevoso. Rotos los acuerdos, extiende por doquier el enemigo su poder, cual una epidemia que se expande. Se multiplican los males como en el Apocalipsis y no tiene nuestro cronista la suerte del Evangelista. No puede enumerarlos todos. Hubiera necesitado, asegura, ¡que se hubieran transformado sus miembros en otras tantas lenguas! Con la descripción de estas desgracias ha cambiado el tono. Patético al principio, se ha convertido en apocalíptico.

890 Quis enim narrare queat tantapericula?
Quis dinumerare tan importuna naufragia?
Nam si omnia membra
Verterentur in linguas,
Omnino nequaquara Spaniae ruinas,
Vel ejus tot, tantaque mala
Dicere poterit humana natura.
Sed ut in brevi cuncta
Legendi renotem pagella,
Relictis soeculi innumerabilibus,
Ab Adam usque nunc, cladibus
Quas infinitis regionibus
Et civitatibus Crudelis intulit
Mundus iste immundus,
Quidquid historialiter capta Troia pertulit;
Quidquid Hierosolima,
Praedicta per prophetaram eloquia,
Baiulavit;
Quidquid Babylonia
Per scripturaram eloquia
Sustulit;
Quiquid postremo Roma
Apostolonim nobilitate decorata,
Martyrialiter confecit,
Omnia et tot Spania, quondam deliciosa,
Et nunc misera effecta,
Tam in honore quara in de decore experivit.

“¿Quién sería capaz de referir tantos peligros? ¿Quién de enumerar tan terribles desastres? Pues si todos los miembros se convirtiesen en lenguas, aún así, jamás pudiera hombre alguno publicar la ruina y los males tan grandes y sin cuenta que afligieron a España. Mas para hacer notar al lector en pocas palabras todas estas desgracias, omitiendo las innumerables que el enemigo cruel suscitó en el mando por los infinitos países y ciudades, desde Adán hasta el presente, cuanto la historia nos refiere de la destrucción de Troya, cuanto sufrió Jerusalén conforme al vaticinio de los profetas, cuanto Babilonia padeció según el testimonio de las Escrituras, cuanto finalmente el martirio trajo sobre Roma ennoblecida por los Apóstoles, otro tanto y mucho más, España, en algún tiempo venturosa y ahora sumida en la desgracia, experimentó así en su honra como en su infamia.”

(Reproducimos el texto latino sin las variantes recogidas por Tailhard, para que advierta el lector el impacto de la rima sobre el discurso. Pertenece la traducción a Teófilo Martínez Escobar.)

Cuando se explaya nuestro Anónimo en términos tan dolorosos, se deja enardecer por el ambiente creado por el mito y no por la objetividad del historiador, como resplandece en otros lugares. Pues nos dicen las crónicas bereberes que los invasores eran demasiado pocos para realizar devastaciones tantas en territorio tan extenso. Mas el recuerdo tenaz de las guerras civiles entonces ocurridas se mantenía aún en la memoria de las gentes y la fábula con el curso del tiempo había transformado las verdaderas causas de la tragedia. No era el invasor el responsable, ni la causa de tanto mal; en la mente del autor era universal en razón de la evolución histórica. Mas ahora, suena al oído del lector advertido otro son ya conocido.

¿Por qué las desgracias padecidas por España eran más grandes que aquellas aguantadas por el mundo desde Adán hasta la fecha en que escribe el Anónimo? ¿Por qué dejaban atrás las que Troya, Jerusalén, Babilonia y Roma habían padecido? Quedaba ahora la causa esclarecida: tan extraordinario enemigo de todos había sido el más imponente... Entonces, ilumina el texto una nueva luz. Este adversario; tan cruel... ¿no era la Bestia profetizada por Daniel? ¿No había calculado su ruina y desaparición Álvaro de Córdoba en su Indiculus? ¿No existe un estrecho parentesco entre ambos textos, el de Álvaro y el del Anónimo? ¿No están alcanzados ambos por el mismo soplo apocalíptico? Está uno dispuesto a creerlo: ¿No había leído el Anónimo la obra del Cordobés?

4. Confiese Tailhand en su estudio que la Crónica latina anónima ha tenido el destino de tantas obras notables que han logrado resonancia muchos años después de la muerte de sus autores. Esto es muy cómodo para proponer concordancias de fechas inverosímiles. Seamos, sin embargo, condescendientes. Aceptemos el hecho tradicional. Acabado ha sido el libro en 754 y ha dormido varios siglos en un cajón. El problema que plantea el texto no queda con ello resuelto, ni muchísimo menos. No es el Anónimo un testigo ocular que cuenta lo que ha visto, como lo han dicho los que no han leído su obra, es un historiador que emplea fuentes diversas y múltiples. Es un sabio. Mas, ¡oh maravilla!, su saber sobrepasa y con creces los conocimientos de los autores de la Escuela de Córdoba. Sabe, por ejemplo, el año en que Mahoma y sus discípulos se han apoderado de Arabia, de Siria, de Mesopotamia. (Hemos reproducido el texto a ello referente en el párrafo II del capítulo octavo.) Sus noticias acerca de la historia de los emperadores bizantinos, sobre las guerras que los opusieron a los persas con motivo de la política interna de los califas, acerca de los hechos que tuvieron lugar en el norte de África, de la batalla de Poitiers y de otros pormenores, grandísimas son. El hecho es evidente: muestra una erudición que no poseían ni muchísimo menos los autores del siglo IX en general.

Conoce los últimos acontecimientos que ocurrieron en el Punjab lejano que acababan de conquistar las tropas de Walid I. “Ulit... vir totius prudentiae... Indiae fines vastando edomuit". De acuerdo con la historia clásica le llega esta noticia a Córdoba unos treinta años más tarde, pues han ocurrido estos hechos de 705 a 715. Está muy bien informado. Mas su saber no es obra de una inspiración divina. Ha leído libros, viajeros han traído noticias a la ciudad en donde reside. En una palabra, ha existido en Córdoba una opinión que el Anónimo refleja. Pero los intelectuales del IX que residen en la misma ciudad de Córdoba ignoran por lo visto lo que sabían los cristianos cultos, sus conciudadanos del siglo anterior. No es solamente la Crónica anónima la olvidada, sino ¡toda la bibliografía de que se ha servido nuestro historiador! Tan es así que Eulogio tuvo que ir a Navarra para enterarse de la existencia de un Profeta llamado Mahoma.

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abdal-lah
13/09/2010, 15:44
5. Son el Anónimo y Álvaro de Córdoba los autores latinos hispanos que para fines distintos han empleado la cronología de la Héjira. Cierto, se equivocan los dos en su empleo. Ignora el primero que se cuenta el año mahometano por meses lunares, de donde un desfase con la cronología bizantina e hispánica. Mas ¿puede compararse su erudición en la materia para establecer una concordancia entre ellas y la era mahometana con los balbuceos de Álvaro? Si hubiese realizado sus trabajos el Anónimo en el siglo VIII era lógico suponer que Álvaro tuviera mayores conocimientos que él pues vivía un siglo más tarde que su supuesto antepasado y en una ciudad que llevaba siglo y medio de arabización. Sin embargo no ocurre así. Resulta más ducho el Anónimo en cronologías de tal manera que se atreve a establecer paralelismos internacionales, tema vedado a Álvaro.

No se trata de un problema subalterno de erudición. El empleo de la cronología es de uso diario en la sociedad. Si hubieran invadido España los árabes en el año 711, el cálculo de la Héjira con la era cristiana hubiera sido aprendido... ¡qué otro remedio! por los intelectuales cristianos después de unos meses de aprendizaje. No ocurre así. Siglo y medio después de la supuesta invasión de España no poseen de este cómputo los autores de la Escuela de Córdoba más que una idea bastante lejana de la realidad: lo que demuestra que la adaptación de los hispanos a esta cronología distinta a la tradicional, como todos el resto del proceso de arabización, se ha realizado a pasos contados y con no pocos tropiezos. Si nuestro Anónimo hubiera vivido en Córdoba en el siglo VIII, demostraba su obra que sus conciudadanos hispanos eran más duchos en el cálculo de la era mahometana que sus descendientes que poseían en su haber más de un siglo de arabización. Lo que es absurdo.

6. Inexorablemente se impone un hecho indiscutible. Ignoran los autores de la Escuela de Córdoba la existencia de nuestro Anónimo y de su crónica. Citan a menudo textos del siglo VIII, no dicen palabra alguna sobre una obra escrita en su ciudad, por un paisano y correligionario, ni tampoco acerca de las demás obras de este historiador. Sin embargo había vivido largo tiempo en Córdoba. Nos consta la curiosidad intelectual de un Eulogio que trae de Navarra, cuando su viaje, libros para los amigos y los estudiosos. En esta época no se amontonaban en los desvanes los códices como hoy día los libros baratos. El analfabeto y el inculto sabían su alto valor, como hoy día lo intuye el vulgo de los brillantes sin ser capaz de estipular su verdadero precio. Se puede dar por seguro que no hubieran desconocido los autores de la Escuela de Córdoba la existencia de un libro escrito un siglo antes, texto que les hubiera podido enseñar muchas cosas que ignoraban. Ocurre lo mismo con los autores posteriores que tampoco lo mencionan: el monje del primer texto de la albeldense, Sebastián de Salamanca, Vigila, el benedictino de Silos, Lucas de Tuy. Hay que esperar la fecha de 1243 para que Rodrigo Jiménez de Rada hiciera uso del mismo en su Historia de Rebus Hispaniae, pues Pelagio había sido simplemente un mal editor de esta crónica que le venía al dedo para componer una historia universal.

¿Qué concluir? Si ha sido compuesto este libro en el siglo VIII resulta inverosímil su olvido a lo largo de cinco siglos. Si ha sido escrito en el X, el hecho ya se explica: en esta época estaba dominada la España cristiana por los ejércitos de Abd al-Ramán III y de Almanzor. Reducida está al mínimo la vida intelectual en el norte de España. Sólo en el siglo XI empiezan los cristianos alentados por Cluny a levantar cabeza. Se comprende entonces su olvido en estos años oscuros.

7. En su estudio crítico Tailhand apunta dos dificultades que se presentan en el texto que poseemos de la Crónica anónima. En modo alguno duda de que se trata de interpolaciones. Cierto, en los textos que no son seguros, puede el más listo quedar sorprendido por una interpolación. Pero enseña la experiencia que las interpolaciones en los textos latinos se intercalan generalmente con alguna razón importante. No se suele modificar un texto para enunciar simplezas. Suelen ser la consecuencia de discusiones teológicas que envenenan los espíritus hasta la mala fe, las que inspiran estas supercherías. Las interpolaciones con las que tropieza el paleógrafo francés no pertenecen a este orden de ideas. Ninguna razón mayor, por lo menos aparente, ha podido inducirlas. En el primer caso se trata de un eclipse de sol, en el segundo del elogio fúnebre de un prelado. Estamos convencidos de que se trata de anacronismos, si naturalmente se admite que el texto pertenece a mediados del siglo VIII.

He aquí la primera dificultad:

1081 Per idem, tempus, incipiente era
Septingentesima quinquagesima septima,
Anno arabum centesimo, in Spania,
Deliqium, solis, ab hora
Diei septima,
Usque in horam nonam, factum, stellis visentibus, a nonnullis esse
Dignoscitur.
A plurisque on nisi tempore Zamae successoris hoc apparuisse
Convincitur (403)
En estos términos comenta Tailhand esta noticia: “Tengo dudas muy serias sobre la autenticidad de este pasaje. Sería, en efecto, sorprendente que en la época en que escribía su crónica el autor, es decir en 754, treinta y cinco años después de este eclipse, no haya podido, ni con el testimonio de sus contemporáneos ni con los recuerdos personales determinar de un modo preciso en qué emirato había ocurrido el fenómeno” (404).

Si ha sido redactado el texto en 754 la observación de Tailhand es justa, pero desaparece la dificultad si ha sido escrita la crónica mucho mis tarde. Más lejos, en el verso 1727, se presenta otra dificultad todavía mucho mayor. En los mejores textos que nos han llegado, es decir en el códice de Alcalá que ha utilizado el padre Flórez y en el del Arsenal del que da Tailhand una copia en facsímil, se lee el párrafo siguiente:

69 Huitis tempore, vir sanctisimus et ab ipsis
Cunabulis in Dei persistens servitio,
Cixila in sede manet Toletana...
Et quia ab ingressione Arabum
In suprafata ecclesiam esset
Metropolitanus est ordonatus.
Apostolicatus peragrens in ca charitate
Quam nonabat vitae
Huius terminum dedit (405).

En su tiempo Flórez había percibido ya el anacronismo, pues sabía que Cixila había fallecido en la segunda parte del siglo VIII (406). Tailhand resuelve la dificultad en un santiamén.

“Ni Sandoval, ni Berganza, ni Mariana han leído esta noticia en sus manuscritos del Anónimo de Córdoba. Si fuese de este escritor, se halla aquí fuera de lugar, en medio de un relato que interrumpe bruscamente. En realidad se trata de una interpolación del final del siglo VIII, cuyo autor habría que buscarlo entre los clérigos de la Iglesia de Toledo. Pues es evidente que el Anónimo no ha podido hacer en su crónica acabada en 754 el elogio fúnebre de un prelado muerto en 783” (407).

Importa señalar que según el propio Tailhand el Manuscrito del Arsenal es el mejor que conocemos. Así se explica que este párrafo y otros más falten. en los que son incompletos. ¿Por qué no son estos otros textos ellos también interpolaciones? Si hubiera que emplear con ello el mismo criterio de selección la crónica quedaría mutilada en su mayor parte. Con un similar método de investigación habría que mandar al cesto el texto entero inservible. Pero Tailhand obseso por la fecha de 754 no se ha dado cuenta de esta parcialidad, pues la misma norma debe aplicarse en todos los casos sin hacer distinciones. Ha sido redactada la Crónica latina anónima en fecha posterior a la época en que escribían los autores de la Escuela de Córdoba. Como el códice más antiguo conocido pertenece a la mitad del siglo X, ha debido de ser escrita en este lapso de tiempo: es decir, o al final del siglo IX o a principios del X. En estas condiciones no ha podido asistir el autor ni a la invasión de España ni a las guerras civiles que se prolongaron gran parte del siglo, como se había creído hasta ahora.

Para su época posee la obra del Anónimo un gran valor. Representa un esfuerzo científico notable. Lo mismo sucede con el trabajo del monje Vigila, el enciclopedista del monasterio de Albelda; por lo cual ambas crónicas han sido distinguidas por todos los historiadores. Han sido escritas por intelectuales de gran inteligencia; mas es menester reconocer que el andaluz ha sido favorecido por la alta cultura que existía por todo el ámbito de su tierra. Escritor profesional, con certeza sabía el árabe que se hablaba ya corrientemente en la España del sur. Acaso poseía conocimientos suficientes de griego para establecer la cronología y la historia de los emperadores bizantinos. Sin duda alguna había leído libros latinos que pertenecían al partido arriano; por esto discierne el lector un respeto indudable para los partidarios de la unicidad que huelga en los otros textos latinos que conocemos. Mientras que la gran generalidad de los frailes nórdicos lanzan injurias en contra de Vitiza o de Opas, el Anónimo adopta una postura que parece más objetiva. Los cronistas bereberes coincidirán con él en estos pormenores, sin duda porque han bebido ellos también en la misma fuente, sea oral, sea escrita.

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abdal-lah
13/09/2010, 15:46
En el siglo X se había formado ya la leyenda. No podía por consiguiente, ignorando la evolución de las ideas que había tenido lugar por todo el área mediterránea, rectificar los hechos fabulosos que iban cuajando en un mito. A pesar de ello se puede extraer de este texto el eco del ambiente revolucionario de los siglos anteriores. En el curso de nuestro estudio hemos ya mencionado cómo distinguimos los dos tiempos de la crisis que tuvieron lugar en Oriente, fundándonos en su opinión: se habían apoderado los sarracenos de Siria y de Mesopotamia más por la subversión que por actos de guerra. Asimismo había ocurrido en España cuando la invasión: más había sido destrozado el país por el furor intestino que por la acción del enemigo:

849 Dun por supranomatos missos Spania vastaretur,
et niMium, no solum hostilí, verum etiam intestino furore,
confligeretur.

Por otra parte vivía el autor cristiano en un ambiente hostil que se propagaba con fuerza extraordinaria. En el siglo X la divergencia que separa a los españoles ha alcanzado formas irreductibles e irreversibles. Dos religiones, dos civilizaciones se enfrentan. Entonces impresionado por la riqueza material e intelectual de los musulmanes, no puede menos que reconocer con respeto la importancia del campo enemigo. No gesticula cual monigote como tantos cronistas norteños sumidos en la barbarie, ni pierde el tiempo en cálculos proféticos para averiguar la fecha de su destrucción. Un espíritu de tolerancia se trasluce bajo su pluma. El genio del “primer renacirniento” empieza a cuajar. Por esta razón la Crónica latina anónima es un signo precursor de tiempos nuevos. Pero no se alcanza su testimonio, si no se la sitúa en su siglo y en su contexto histórico.

fin del apéndice 2.

abdal-lah
14/09/2010, 08:37
Apéndice 3

• LOS TESTIMONIOS ARQUEOLÓGICOS

ARTE IBERO-ANDALUZ

Se conservan testimonios suficientes, sobre todo de orden literario, para saber que han existido en la península del siglo V al VIII basílicas cristianas con carácter suntuario que han sido destruidas en las guerras civiles de la revolución. Tenemos constancia de su magnificencia por los elementos decorativos que se han hallado en sus antiguos emplazamientos. Las más renombradas eran las de Santa Leocadia en Toledo y la de Santa Eulalia en Mérida, que Prudencio comparaba con las de Roma, dé las cuales no desmerecían. A pesar del canon XXXVI del Concilio de Elvira estaban recubiertos sus muros con pinturas o mosaicos que representaban escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento. Escribió Prudencio unos poemas comentándolas. Ignoramos si poseían estas basílicas arcos de herradura y por consiguiente si deben ser induidas en la escuela del arte ibero-andaluz, ya que no se guarda ningún testimonio acerca de su arquitectura. Por los elementos decorativos que se han podido recuperar sabemos que eran muy similares a los monumentos de Ravena. Sólo queda un testigo excepcional del arte suntuario de la época: la obra maestra del arte ibero-andaluz, el templo primitivo de la Mezquita de Córdoba408.

Se hallan en el sur de España los monumentos religiosos más antiguos, poseen un carácter rústico y popular. Se caracterizan por sus arcos de herradura, por sus ábsides externos rectangulares o formando en el plano un arco de herradura, por la talla de la piedra. Se encuentran en estado de ruinas, como las de San Pedro de Alcántara, cerca de Málaga, la basílica de Alcaracejos en las cercanías de Córdoba y un supuesto baptisterio en Galia la Grande en los alrededores de Granada. Era importante la basílica de Cabeza del Griego, en la provincia de Cuenca. Se descubren con frecuencia nuevos hallazgos, por lo cual no podemos establecer aquí un inventario. Solamente mencionaremos por su interés una piscina circular del siglo VI en Aljezares, cerca de Murcia, que refleja una influencia africana. El de las basílicas latino-africanas no era por consiguiente un caso aislado.

MONUMENTOS ANTERIORES AL SIGLO VIII

Han querido los arqueólogos y los historiadores del arte distinguir en los monumentos religiosos de la Alta Edad Media dos tipos de construcción: la basílica latina y la iglesia cruciforme bizantina. Pero, ya en 1934 se oponía Torres Balbás a semejante concepción:

«Realmente son estas edificaciones de tal variedad, de disposiciones tan diferentes que desafían todos los intentos de agrupamiento y clasificación clásicas en la arqueología medioeval»409. Estamos de acuerdo con esta opinión; tanto más que habiendo roto con nuestros estudios los moldes de una tradición política, traslucen estas diferentes ideas creatrices el magma precursor que dará vida a la revolución.

Se distinguen perfectamente en el siglo VII diversas ideologías que hierven en el crisol: ortodoxia trinitaria, gnosticismo, arrianismo, judaismo, y otros movimientos menores, como asimismo aparecen edificaciones dispares: basílicas latinas, iglesias cruciformes, basílicas africanas, etc. Con la evolución del tiempo las ideas religiosas se concretaran en dos polos ya opuestos y precisos: lo unitario, lo trinitario. Las concepciones arquitectónicas cristalizarán en dos tipos determinados: la iglesia cruciforme, la basílica africana. Así, el arte ibero-andaluz se diversifica en dos ramas; un modelo religioso de concepción iconoclasta que se convertirá en arte arábigo-andaluz, y unas formas figurativas y antropomorfas que se prolongarán, dándole intensa vida, en el arte románico del Pirineo.

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abdal-lah
14/09/2010, 08:39
San Juan de Baños

Se puede considerar esta basílica como el prototipo de las basílicas cristianas construidas en el tiempo de los reyes visigodos de esta religión. Se encuentra en Baños de Cerrato, a un kilómetro de la estación ferroviaria de Venta de Baños, entre Burgos y Valladolid. Indica una inscripción colocada ante el transepto, en la parte más visible, que ha sido edificada en 661 por Recesvinto en honor de San Juan Bautista, del cual se conserva una estatuilla con rasgos clásicos que algunos estiman que pertenece al siglo VI. Sigue esta iglesia el plano de las basílicas latinas, con tres naves y tres absides rectangulares. Los arcos de herradura que descansan sobre columnas y capiteles romanos probablemente de reempleo se distinguen por su largo vuelo. De acuerdo con los testimonios que poseemos concernientes a este estilo de arquitectura dentro de la tradición ortodoxa, San Juan de Baños es la primera iglesia que en fecha tan lejana ha sido concebida para una perspectiva interior realizada por medio de arcos de herradura de gran tamaño. Por esta razón y por la fecha segura de su edificación, a pesar de ciertos elementos adLlitidos como orientales, está considerada esta iglesia como el modelo de las basílicas visigodas, en las cuales la talla de la piedra, el plano latino y el estilo general han sido luego imitados en las posteriores hasta el siglo X. Posee frisos esculpidos, pero no hay figuras antropomorfas; ignoramos si sus muros laterales antes del VIII estaban revestidos con pinturas o con mosaicos.

Las iglesias más importantes de esta época son las de San Fructuoso de Montelios, en los alrededores de Braga, en Portugal; la cripta de la catedral de Palencia y San Pedro de la Mata, en la provincia de Toledo. Poseen estos monumentos —y asimismo otros mas o menos bien conservados que no podemos reseñar— idénticos caracteres. Están adornados con motivos esculpidos de decoración floral. Ninguna figura humana ha sido en ellos representada ni en las paredes exteriores o interiores, ni en los capiteles de sus columnas. En cierto sentido son iconoclastas, por lo menos en lo que se nos alcanza y de acuerdo con los testimonios que se han conservado410.

No ocurre lo mismo con dos monumentos importantísimos: la iglesia de San Pedro de la Nave y la ermita de Santa María de Quintariilla de las Viñas que presentan bajorrelieves iconográficos de suma importancia. Dada su calidad en ciertos casos y a pesar de la ingenuidad de sus rasgos, induce a pensar este hecho que todavía se mantenía en esta época tardía algo que recordaba el oficio de los maestros de los tiempos romanos. ¿No sería el alejamiento de estos monumentos la causa de su sencillez primitiva? Sabemos por la Crónica latina anónima que Vamba (672-680) mandó poner estatuas en los lugares más visibles de las murallas de Toledo que había reconstruido. ¿Poseían la misma factura rústica? Lo ignoramos. Pero sabemos de algunos fragmentos, algunos mutilados (cuatro escenas del Nuevo Testamento esculpidas en la pila bautismal de la iglesia toledana de San Salvador y un capitel que se guarda en el Museo Arqueológico de Córdoba con los cuatro evangelistas) que enseñan la tradición de una escuela de maestros ya duchos en el arte. El capitel de Córdoba que se estima del siglo VI posee un aliento clásico.

Esto demuestra que las obras del arte noble no nos han alcanzado. Los dos monumentos figurativos que vamos a describir con los interrogantes numerosos que plantean pertenecen al arte rústico y popular. Se han conservado hasta nuestros días por su apartamiento de las grandes vías de comunicación y de las aglomeraciones urbanas importantes.

Confirma este hecho lo que sabemos por el estudio de la evolución de las ideas. En la enorme confusión que existía a principios del siglo VIII, estaban los artistas divididos —según los encargos que recibian, no segun su criterio personal lo que forzosamente nos escapa— de acuerdo con la evolución divergente de las ideas religiosas: Iconoclastas eran los unitarios, partidarios de la representación figurativa los trinitarios. Ahora bien, esta división simplista alcanza este carácter esquemático por razón de nuestra actual visión retrospectiva. En la época se presentaban los hechos de modo mucho más complicado. No estaban definidos los conceptos tan a rajatabla, como se presentan ahora en perspectiva. Existían numerosas situaciones intermedias: Una iglesia gnóstica, como Quintanilla de las Viñas, podía ser tan figurativa como un claustro románico; basílicas ortodoxas, como las mal llamadas «mozárabes», pertenecer al campo iconoclasta como el templo arriano de la Mezquita de Córdoba.

A fines del siglo VII se presenta la situación del modo siguiente:

Los monumentos religiosos importantes pueden situarse de acuerdo con sus manifestaciones artísticas en dos ramas opuestas: Pueden ser iconoclastas o figurativos. Con el transcurso del tiempo, pasado el siglo X, se identificarán con dos civilizaciones: la cristiana y la arábigo-musulmana.

La rama figurativa está representada en el VII por San Pedro de la Nave y por la heterodoxa Quintanilla de las Viñas, cuyo gnosticismo se desvanecerá para siempre en el siglo siguiente, mientras que San Pedro queda como el testigo de las fuentes visigóticas del arte romanico. Sin embargo, no poseemos ninguna obra del siglo IX o del X que pueda servirnos de eslabón en esta filogenia indiscutible. Hay que atribuir esta carencia a dos posibles causas: o bien a la desaparición de monumentos sitos en el norte de la península que hubieran sido destruidos, o bien a que no hayan existido en razón de la ola iconodasta que hubiera todo arrebatado hasta los Pirineos. Este contagio ha sido tan importante que la docena de basílicas de los siglos IX o X que se conservan en perfecto estado, anteriormente llamadas «mozárabes» como si no fueran cristianas, son todas iconoclastas.

Por esta razón dividimos la rama iconoclasta en dos secciones de acuerdo con la representación de una ideología religiosa diferente, la cristiana y la musulmana, las cuales, para entender bien el fenómeno sociológico, no eran en este tiempo tan opuestas como lo son hoy día.

La cristiana, seguirá la tradición visigótica representada por San Juan de Baños: arcos de herradura, plano de la basílica latina, ábsides rectangulares, etc., rama que se fundirá, en gran parte estrangulada, con la reacción cluniacense para dar vida al arte románico pirenaico.

La musulmana, que nace con el pensamiento unitario arriano, representado por el templo primitivo de la Mezquita de Córdoba. Mis tarde florecerán estas concepciones en el arte arábigo-andaluz, como describimos su evolución en el capítulo decimotercero.

San Pedro de la Nave

Es la más interesante de las iglesias cristianas pertenecientes al arte andaluz. Goza de una unidad de estilo notable que la realza al grado de obra maestra. Situada en el valle del Esla, no muy lejos de Zamora, ha sido recientemente inundado su emplazamiento por un embalse de grandes dimensiones. Su construcción en piedras talladas ha permitido su desmonte pieza por pieza numeradas y ser reconstruida en una altura, a la salida del pueblo de El Campillo.

Está su plano emparentado con el de Santa Comba de Bande: una cruz colocada en el interior de una basílica latina, distribuida en tres naves y reforzada por un ábside rectangular. Toda ella está abovedada. Pero son las esculturas íntimamente fundidas con la severidad y el dorado de la piedra, las que le dan su gran importancia, pues convierten este monumento en algo único en su género y en su época.

Destaca la mano de un gran artista. Según Torres Balbás (1934) que ha sido seguido por los autores posteriores, se pueden distinguir dos hechuras: un cincel rudimentario que ha labrado los frisos de la nave principal y los muros del transepto, así como los capiteles a la entrada de la basilíca cuyos motivos son diferentes: símbolos solares, cruz de malta que abunda en los tiempos visigodos, tallos ondulados que sostienen racimos triangulares, etc.; y, por otra parte, la impronta de un gran maestro que ha esculpido los cuatro capiteles situados a los lados del altar mayor: dos cuyos temas decorativos son similares a los de Quintanilla realzados con frisos que representan los mismos motivos, y dos capiteles iconográficos, joyas del arte andaluz, que describen el sacrificio de Abraham y la estancia de Daniel en la jaula de los leones. Los cuatro capiteles a su vez están flanqueados en los costados por personajes encantadores, concebidos con sabrosa simplicidad: San Pedro, San Pablo, San Felipe y Santo Tomás.

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abdal-lah
14/09/2010, 08:41
Schlunk ha visto los temas decorativos de los frisos ondulados en el interior del palado de Diocleciano, en Spalato, y cenefas muy parecidas en Sicilia, en el sur de Italia, en Dalmacia; por donde parecería que la influencia bizantina y hasta helenística se trasluce en San Pedro de la Nave. Mas los capiteles iconográficos parecen ser auténticamente hispanos. Salvo error, son los más antiguos que se conocen, a excepción del de Córdoba que pertenece a otra factura y a otro arte. Su filiación con los capiteles románicos es evidente.

Según Schlunk hay que distinguir en San Pedro de la Nave tres elementos diferentes:

a) una ejecución tradicional representada por frisos geométricos tallados al cincel, como los de San Juan de Baños; tradición iconoclasta apuntamos nosotros.

b) Una influencia oriental, helenística y bizantina, con frisos compuestos con tallos, máscaras y animales.

c) Una tradición iconográfica hispana.

Este arte de esculpir cuyos antecedentes hemos mencionado ya alcanzan aquí su verdadero rasgo hispánico en la reproducción peculiar de los cuatro evangelistas. Schlunk ha sabido apreciar los rasgos autóctonos que los distinguen de las demás representaciones extranjeras. Aquí el escritor sacro y el animal componen un mismo cuerpo, mientras que en el resto de Occidente se dibuja perfectamente cada evangelista con dos figuras separadas. Así están reproducidos estos extraños evangelistas en los códices miniados de los siglos IX y que no han sufrido la influencia de la ola iconoclasta, como ocurre en algunos casos. Se encuentran en particular en los Beati, los comentarios al Apocalipsis de Beato de Liébana. Ocurre lo mismo con los temas del Antiguo Testamento, esculpidos en los capiteles de San Pedro de la Nave. Han sido copiados de estos mismos códices con tal fidelidad que las mismas palabras son repetidas y a veces en el mismo lugar dentro de la composición de la figura. Por lo visto el maestro encargado de la talla calcaba las miniaturas existentes en los manuscritos. Como se ha mantenido desde el VI, fecha del capitel de Córdoba, una tradición y una escuela en el arte de cincelar capiteles, es de suponer que han florecido muchos más que no conocemos. Este hecho ha decidido a Schlunk a ingresar en el grupo de los arqueólogos que datan San Pedro de finales del siglo VII411.

Se posee un cartulario según el cual hizo Alfonso III donación de esta iglesia en el año 907. Era pues anterior. Aparte de las razones expuestas en nota, la fecha del VII ha sido admitida por la mayoría de los arqueólogos por sus rasgos arquitectónicos similares a otros monumentos del siglo y por su epigrafía. Nos unimos a esta gran mayoría de autores, tanto más que los capiteles iconográficos de San Pedro, como los de Quintanilla, han tenido que ser hechos antes de la revolución, de sus guerras civiles y del impacto que en todos los sectores de la población hispana tuvo la ola iconoclasta.

Santa María de Quintanilla de las Viñas

Hemos hecho la descripción de este monumento en el capítulo VII, en donde establecemos la conexión gnóstica existente entre esta ermita castellana y los textos de Khenoboskión, descubiertos hace pocos años cerca de este pueblo en el alto Egipto, y la iglesia de Kñm de Baouit en esta misma región. Daremos ahora alguna información complementaria para fechar su construcción, para presentar un esquema de las discusiones que han tenido lugar a propósito de sus inscripciones y para comentar las otras esculturas a las que no hemos hecho referencia en el texto.

A. Fecha de la ermita

Una gran discusión ha opuesto y dividido a los arqueólogos: Arturo Krnsley Porter, Pérez de Urbel, Camón Aznar, sostienen el criterio de que este monumento debe fecharse a principios del siglo VIII. Al contrario, Orueta, Gómez Moreno, Torres BaIbís, Helinuth Schlunk y Elie Lambert afirman que pertenece al VII. Nuestro estudio acerca de la evolución de las ideas en España permite esclarecer con nueva luz este problema y acaso resolverlo de modo definitivo.

Por de pronto conviene apuntar una observación preliminar que explica esta diversidad de opiniones. Algunos de los estudiosos citados no se han percatado o no han valorado en toda su importancia, como lo ha hecho notar Elle Lambert, que la iglesia de Santa María de Quintanilla nunca ha sido acabada en su construcción primitiva y que más tarde había sido objeto de otros trabajos para sacar partido a lo que se había hecho.

Ha quedado pues inacabada la construcción primitiva. Quedan en pie solamente una parte del transepto y el ábside rectangular. Han demostrado las excavaciones que existe un plano basilical latino consistente en tres naves pequeñas, pero solamente una parte de los basamentos han sido encontrados. La nave central acaso haya sido recubierta con un armazón de madera, quedando lo demás abovedado como el transepto. La interrupción de los trabajos es un hecho indiscutible. Existen sobre las paredes exteriores del ábside rectangular, seis medallones colocados para recibir labrados en la piedra monogramas con letras enlazadas al estilo visigótico. Tres solamente han sido esculpidos, los otros no lo han sido. Existen por otra parte en el interior de la iglesia bloques grandes de piedra, adornados con bajorrelieves, con reproducciones antropomorfas que dan la impresión de jamás haber sido colocados en el sitio para el cual estaban destinados.

Sabemos por un cartulario que hubo en estos mismos lugares un convento de benedictinas que recibieron una donación de los condes de Lara, el 28 de enero de 923. En vista de la exigüedad de los basamentos descubiertos no ha debido de ser construido el convento en el mismo emplazamiento de la iglesia, sino al lado o en los alrededores.

Lo confirma el texto de la donación: A los Santos, a los gloriosos, a los patronos poderosos y venerables, cuyas reliquias se hallan en la basílica de Santa María fundada conjuntamente con el monasterio cercano, en ¡a proximidad de ¡a villa de Lara..., etc.412 Había sido adaptado el templo primitivo a las necesidades de las benedictinas.
Tal como hoy día se manifiesta a nuestros ojos, es el fruto este monumento no sólo de dos ¿pocas constructoras, sino también de dos concepciones religiosas diferentes. En razón de sus esculturas iconográficas ha sido edificada la parte antigua antes de la oleada iconoclasta y la victoria de los unitarios. Queda reforzado el argumento por los caracteres arquitectónicos del edificio. Así lo han reconocido la gran mayoría de los arqueólogos. Como ya lo había sospechado Elie Lambert, los acontecimientos del siglo VIII habían interrumpido los trabajos que acababan de empezar. La revolución había asimilado lo que quedaba del gnosticismo en el norte de España. No interesaba ya proseguir con los trabajos. La obra había sido abandonada hasta el siglo X.

Nadie hasta ahora se había atrevido a enfrentarse con el verdadero problema planteado por ermita tan extraña, es decir, por los bajorrelieves astrológicos del santuario. Salvo error u omisión por nuestra parte, descontando al holandés Grondijs, los historiadores no habían tenido la valentía de declarar o no se habían percatado de que no eran ortodoxos; ya que de ser así la interpretación general del monumento tenía que ser planteada diferentemente de lo que había sido hasta ahora. Sabemos por los investigadores que han descifrado los textos de Khenoboskión que los símbolos representados en Quintanilla son gnósticos. A nuestro juicio la personalidad del varón adornado con signos solares transparece con toda daridad. Se trata de Cristo-sol, el demiurgo-luz. Por este solo carácter la atribución del templo a una cofradía gnóstica no puede ponerse en duda; por lo menos en el estado actual de nuestros conocimientos que pueden ser modificados por nuevos descubrimientos.

Este hecho confirma las enseñanzas con que la arqueología nos había ilustrado. Existen en Quintanilla dos edificios: un templo gnóstico cuyas partes inacabadas fueron adaptadas a las necesidades de las religiosas que lo transformaron en la capilla del monasterio. Así se explica que hubieran sido edificados con un espíritu diferente. Pues era inconcebible que el oratorio de las monjas hubiera sido decorado con símbolos paganos o heterodoxos. Por otra parte, el templo gnóstico no podía coexistir con el monasterio cristiano. Se debe pues concluir que pertenecen ambos a épocas distintas.

Quintanilla no es el único ejemplo en la historia en que un monumento religioso haya sido empleado para una finalidad distinta de aquella para la cual había sido concebido. En España el ejemplo más rotundo lo constituye la adaptación del tempo arriano de Córdoba a la liturgia musulmana y cristiana.

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abdal-lah
14/09/2010, 08:43
B. Las inscripciones

Uno solo de los bajorrelieves lleva la siguiente inscripción que hemos reproducido en el capítulo VIII: OC EXIGUUM EXIGUA 0FF DO FLAMMOLA VOTLJM D. Es el solo texto existente en el monumento. Según Elie Lambert puede leerse de dos maneras distintas: Hoc exiguum exigua of fert domina Flammola votum deo, o bien, Hoc exiguum exigua of fertum Domino Flammola votum dedit.

«Lo que nos es más que un detalle para el sentido general que se puede atribuir a estas palabras», nos asegura este distinguido arquei5-logo que ha sido amigo nuestro. Mas para nosotros no resulta así. Una tercera lectura puede también hacerse: Hoc exiguum exigua of fert domina Flammola votum dedit. Eliminando una alusión a la divinidad que puede ser interpretada en un sentido personal, la última lectura nos parece más en consonancia con el tema astrológico a que concierne y con la ofrenda de la donante que no era cristiana. Nos parece más adaptada al simbolismo gnóstico; interpretación que en última instancia tendría que ser revisada por especialistas en la materia.

Los monogramas de los medallones exteriores son mucho más oscuros, pues llevan letras y no frases. Han sido objeto de diversas y numerosas interpretaciones. Ninguna ha resuelto el enigma planteado. las letras están enlazadas. Si se sueltan, los tres medallones cincelados dan según Lambert las siglas siguientes:
F D E
A N A N R N
L L C

Recomponen otros autores las letras de modo diferente y dan diferentes lecturas que coinciden más o menos con las del arqueólogo francés. La de Pérez Urbel nos parece ajena al contexto histórico. Lambert es el autor que ha estudiado el problema con más detalle y con un criterio más preciso. Ignorando el carácter gnóstico del monumento por razón de la fecha de la publicación de su trabajo, ve en los monogramas los nombres de los artistas que han hecho las esculturas; lo que nos parece excesivo dudo el sitio tan preferente que ocupan; es decir, en medio del paraíso terrestre representado por los bajorrelieves exteriores. Sin embargo, este arqueólogo ha reunido varios elementos que dan a la discusión una nueva orientación. Acaso sea en el futuro resuelto el enigma en este sentido. los presentamos a la consideración del lector, dada su importancia, con ciertas sugerencias que nos han despertado.

I. No son los monogramas particulares de Quintanilla. De acuerdo con la abundancia de los que conocemos, se puede afirmar que existía entonces una moda que se ha mantenido en toda la Alta Edad Media. A veces bastaba una letra para reconocerse como hoy día la contrasefla que se da al centinela. Sabemos por ejemplo que ei alfa y el omega entrelazados conjuntamente componían una sigla que era el distintivo de los trinitarios. Los arrianos italianos han colocado letras romanas en las togas de los personajes dibujados en los mosaicos del baptisterio de Ravena. Como lo han hecho notar algunos autores, las de Quintanilla están entrelazadas de modo similar a las que penden de las coronas votivas del tesoro de los reyes visigodos de Guarrazar.

II. Si los medallones compusieran todos juntos una frase, la inscripción quedaría incompleta y la frase truncada, ya que de los mismos tres están sin esculpir. Como cada monograma está separado del más vecino por otros dos medallones florales, las palabras, de componer una frase, se encontrarían demasiado alejadas las unas de las otras.

III. René Dussaud ha indicado a Lambert cómo rosáceas ana-logas a aquellas que han sido esculpidas sobre los medallones intermedios, constituyen una decoración empleada casi exclusivamente en los osarios judíos hasta el siglo II de la era cristiana. Esta tradición, anadimos nosotros, hubiera podido mantenerse en los siglos posteriores, envuelta en el movimiento gnóstico.

IV. Esta hipótesis reforzaría la observación de Lambert, según la cual el alfabeto empleado sería semita. Compuesto exclusivamente de consonantes, no aparecería otra vocal que la A, que corresponde a la letra Alef del hebreo. Sería por consiguiente consonántico.

V. De acuerdo con estas ideas traduce Lambert el primer monograma de la manera siguiente: E A N 1 por Fanuel o por Fenquel, nombre propio particularmente hebreo, toponímico o de persona. Mí amigo el profesor Maldonado liga la F con la 1 en una sola letra más grande: E, lo que da: a E n, es decir, Enea, siendo repetida la letra E. Ceán Bermúdez y Lambert están de acuerdo en el segundo monograma que leen D A N 1, o sea Daniel. Para el tercero están divididas las opiniones: los unos leen: fecerunt; otros: Jrancus, nombre judio corriente en Castilla.

VI. Por fin nota Lambert que las letras de los monogramas son idénticas por su forma y su particular ejecución —un hueco formando tira entre dos lineas en relieve— con las que componen las palabras Sol y Luna de los bajorrelieves del interior. La filiación gnóstica de los monogramas se halla así confirmada. Por consiguiente habría que buscar la interpretación de las palabras reconstituidas en textos gnósticos.

En este caso, como ya lo había sospechado Georges Gailard413, parecería que los monogramas tendrían que ser interpretados como invocación a los profetas o a personajes míticos que tendrían relación con la gnosis egipcia o con su adaptación hispana. La mención de Daniel se explicaría por la nombradía de sus profecías que en aquel tiempo estaban de moda; por lo cual alcanzaban igual renombre entre los ortodoxos como entre los heterodoxos. Pertenecía a la clase de los iluminados, de los que según la creencia de la seda, «sabían», de donde su apodo griego. Por otra parte, Eneas representa el mito de la predestinación.

En cualquier caso, se desprende de este contraste de pareceres un concepto dominante. Señalan los monogramas una inspiración judaica, cosa que no debe olvidar el futuro investigador, a menos daro está que aparezcan datos nuevos. Pero este carácter semítico señalado cuadra perfectamente con la interpretación más idónea de los bajorrelieves y con el problema que envuelve la existencia del gnosticismo en la península en época tan tardía. Estas consideraciones no se oponen al contexto histórico, muy al contrario. Nos consta que muchas de las modas existentes en el Mediterráneo oriental y las diversas heterodoxias que se habían difundido por la península, habían sido muchas veces alentadas por elementos o comunidades judías; pues la inquietud espiritual de esta familia semita ha debido de ser constante en los tiempos pasados como en los actuales. De aquí el odio de los cristianos.

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abdal-lah
14/09/2010, 08:46
C. Los bajorrelieves

Existen dos bloques esculpidos del mismo modo y composición que los del arco triunfal. El uno representa dos ángeles con largas faldas acanaladas. Sostienen un cuadro que encierra el busto de un personaje el cual lleva una cruz griega en la diestra. El ángel que se halla a su derecha también lleva en la misma mano otra cruz griega, pero más pequeña. Esto ha sido el motivo que ha decidido a la gran mayoría de los autores a apreciar la filiación cristiana de este monumento. No es así. Salvo error de información, es la cruz un símbolo reconocido por los gnósticos quienes consideran a Cristo como uno de sus más grandes profetas. Algunas sedas, como la de Khenoboskión, identifican a Cristo con el demiurgo-luz. Por otra parte, los bajorrelieves que no son astrológicos ocupan una situación jerárquica inferior en relación con su representación iconográfica.

Esto no puede dudarse.

1) El bajorrelieve más importante de Quintanilla es aquel que se encuentra a la derecha del altar mayor, de cara a la asistencia. Normal es que sea así —siempre que esta disposición fuera la que existía en el siglo VII—. Cristo-Salvador-Luz ocupa el lugar preeminente por lo menos en la gnosis egipcia. Por esta razón lleva la inscripción con la donación de Donna Flanimola.

2) los personajes que ostentan símbolos astrológicos están encuadrados en sendos medallones, sostenidos por ángeles. Los otros dos, no.

3) Los cuatro ángeles de los bajorrelieves astrológicos llevan un nimbo en torno de la cabeza; los otros cuatro restantes no los llevan. Son de categoría inferior.
La preeminencia jerárquica de los personajes con símbolos astrológicos es indiscutible, pues de la misma depende su situación dominante en el santuario. No creemos que se trate de un reempleo. Si este cambio se hubiera realizado en fechas posteriores, hubieran tenido más suerte los otros bajorrelieves menos comprometedores para ocupar un lugar preferente. Por la talla y colocación de las piedras que componen el gran arco triunfal florido en herradura, los bajorrelieves de las Impostas hacen cuerpo con las columnas y el conjunto. Su gran belleza probablemente ha obrado aquí también en su conservación. Las monjas y los demás religiosos no se han ocupado mayormente de los símbolos astrológicos; en su fe ingenua se trataba de Cristo y de su Madre. Otro bajorrelieve representa un personaje femenino: Sin estar encuadrado en un medallón como los más principales está rodeado por dos ángeles. ¿Trátase de Donna Flammola? Se encuentran también otros dos bloques esculpidos mucho más pequeños: Reproducen bustos de personajes aislados, encuadrados en marcos rectangulares. Uno de ellos lleva un libro, el Otro sostiene el brazo derecho replegado sobre el pecho.

MONUMENTOS POSTERIORES A LA REVOLUCIÓN (SIGLOS IX Y X)

1. Monumentos Musulmanes

Como dedicamos el capitulo decimocuarto al estudio de la Mezquita de Córdoba, no nos ocupamos por ahora ni de la descripción del templo arriano primitivo, ni de sus posteriores ampliaciones. La sola fábrica, que interesa a nuestras tesis es la Mezquita de Toledo, llamada de Bíb Mardon, hoy día conocida por ermita del Cristo de la Luz.
Está fechada en el año 330 de la Héjira (1000 E.C.). No queda más que el tramo abovedado que anteriormente precedía al mirhab. Ha sido transformada en iglesia cristiana. Como ocurre en Córdoba, algunos autores han supuesto que en razón de sus analogías arquitectónicas con las iglesias del siglo VII había sido anteriormente un santuario visigodo. «La analogía de su plano COn el de las construcciones cristianas es notable», escribe Elie Lambert en un estudio que ha dedicado a esta mezquita. Su arquitecto, Muza ibn Alí, conociendo los abovedamientos sobre arcos de herradura cruzados de la Mezquita de Córdoba consiguió en Toledo mejorar su estructura con tal suerte que se considera Bib Mardon como el prototipo del género. La parte que se ha conservado y donde según Lambert se guardaba la Maqsura, comprende no ya tres «témpanos» o espacios comprendidos entre los arcos diagonales y los de entrada, como en el mirhab cordobés, sino que forma un cuadro compuesto por nueve «témpanos» separados por arcos de herradura que descansan en el centro sobre cuatro columnas. El «témpano» del medio es más alto que los ocho que le rodean y constituye el conjunto una auténtica construcción central. La bóveda principal está a su vez superpuesta por otra bovedilla.

«Cosa importante digna de notarse, según Lambert, lo son los arcos que sostienen esta bovedilla. En número de dos se cruzan en la clave cortándose en ángulos rectos, exactamente como io harán más tarde los arcos ojivales en los “témpano?’ góticos compuestos por un Ølano cuadrado. Han conocido pues los arquitectos árabes y empleado desde el fin del siglo X, para robustecer sus abovedamientos, no sólo el principio de la arista, sino también el principio del sistema de arcos cruzados en forma de cruz, que más tarde constituirá en Francia la bóveda de érucería.»

En su tiempo debía de ser la pequeña mezquita de Bib Mardon un monumento modesto entre las que han existido en Toledo. Para el arqueólogo francés es sabido que han venido a esta ciudad numerosos francos que por sus riquezas quedaron impresionados. Supone entonces que a su regreso habrían flevado consigo a su tierra, entre otros conocimientos científicos y literarios, estos principios nuevos de arquitectura, los cuales florecerían más tarde en Occidente414.

2. Monumentos cristianos

Existen en la península unas veinte iglesias cristianas cuya fecha oscila entre el siglo IX y el siglo X. La mayor parte más bien de este último. Han sido llamadas iglesias «mozárabes» hasta nuestros días, pues se había dado este apelativo a los cristianos que vivían bajo la dominación árabe. Desde hace algunos años ha sido combatida esta denominación por los historiadores del arte, cuando se dieron cuenta de que el mote no representaba concepción alguna artística que fuera particular a estos españoles sometidos o no a una ley extranjera. Al contrario pertenecen estos monumentos a la misma evolución arquitectónica anterior, caracterizada por las basílicas visigodas. Poseen pues estas iglesias el mismo estilo iconoclasta que aquéllas.

Se puede casi afirmar que lo manifiestan de modo aún más acentuado.
En otros términos, habían resistido los cristianos que las habían construido a la imposición teológica unitaria, pero habían sucumbido a la oleada iconoclasta cuyas raíces remontaban nada menos que al Concilio de Elvira. Se manifiesta así el predominio de un mismo principio estético para toda la población, aunque los preceptos religiosos fueran diferentes. De tal suerte que se puede afirmar sin temeridad que en España durante la Edad Media los mismos artistas y maestros de taller construían y ornamentaban con igual estilo y primor lo mismo las basílicas, que las mezquitas y las sinagogas.

De este hecho puede deducirse un corolario. A pesar del vandalismo intransigente de que hicieron gala los musulmanes y los cristianos para destruir o desfigurar los monumentos religiosos de la parte adversa, tenemos la suerte de gozar en nuestros días de los medios suficientes para reconstruir en sus líneas generales los edificios —iglesias, mezquitas y conventos— que se esparcían en aquel entonces por todo el ámbito peninsular. Esto permite apreciar que las diferencias que pudieran distinguirlas, fueran construidas estas fábricas en tierras del sur o norteñas, son mínimas; no más importantes que los rasgos que pudieran apreciarse por haberse edificado en regiones distintas, pero pertenecientes al mismo credo.

Como ya lo hemos indicado existe una sola excepción, el islote ovetense reducido a los tres monumentos del Naranco de Oviedo, que no pertenecen al arte andaluz. Gómez Moreno ha estudiado en obra ya clásica estas iglesias «mozárabes»415. He aquí una lista de las más importantes:

Santa María de Melque, pequeña ermita de la provincia de Toledo, descubierta por nuestro amigo, el conde de Cedillo. San Juan de la Peña, monasterio aragonés cercano a Jaca, en donde se guardaba en la Edad Media el Santo Graal. San Salvador de Valdediós, en el valle asturiano de Villaviciosa. San Miguel de Villardeveyo, en Asturias, en donde existen varias iglesias que conservan aún testimonios del arte andaluz. Santa Cruz de Montes, en León, interesante por sus inscripciones. San Pedro de lurosa en Portugal. San Miguel de la Escalada que representa el arte suntuario de aquella época con la Mezquita de Córdoba. Su valor artístico y arquitectónico es muy grande: Construido el monasterio en 913 por monjes andaluces en el estilo dominante en Córdoba poaquellas fechas, permite la reconstrucción imaginaria de los monumentos existentes anteriormente en aquella ciudad. Su magnífico nartex compuesto de columnas de mármol y de arcos de herradura permite suponer cómo era el de la Mezquita de Córdoba que ponía en comunicación la sala hipóstila con el Patio de los Naranjos. Su rica decoración cincelada pertenece a la mis pura tradición visigótica.
Construidos también por monjes andaluces emigrados son la magnífica iglesia de San Cebrián de Mazote y San Martín de Casta. ñeda. San Pedro de Montes en el Bierzo conserva una importante inscripción del siglo X. La tradicional Santa María de Bamba. Las dos iglesias conjuntas de San Miguel de Olerduela, en el Panadés. El monasterio de Sahagún. La espléndida Santa María de Lebeña que conserva en 930 el estilo tradicional de las iglesias visigóticas. Santiago de Peñalba, admirable por la obra de sus maestros en la talla de la piedra. San Miguel de Celanova en Galicia. Santo Tomás de las Ollas en el Bierzo. San Millán de Suso cuya iglesia rupestre con sus arcos de herradura imponentes en la penumbra impresiona.


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abdal-lah
14/09/2010, 08:48
Existen también iglesias pintadas. La más renombrada es la basílica de Santu.llano o de San Julián de los Prados, en las puertas de Oviedo, cuyos restos de pinturas son importantes; no pertenece el arte andaluz. Se emparenta más bien con las iglesias de Ravena. San Baudelio, de fecha tardía (¿siglo Xl?) con su espléndida colección zoológica nos enseña lo que habían sido los lienzos pintados de aquellos monumentos de la Alta Edad Media hispana antes de haber sido destruidos por la rabia iconoclasta.


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408 Ver: Arr hispaniae, t. II. Helmuth Schlunk: Arte visigodo y asturiano, editorial Plus.Ultra, Madrid, 1947. Pedro de Palol Salellas: Arqueología paleocristiana y visigoda, pp. 17 y ss., 1954.
409 Torres Balbás, Leopoldo: El arte de la Alta Edad Media y del período romantco en España. Historia del arte, t. VI, p. 156, Labor.
410 En su libro 19 de las Etimologías que trata de los navíos, de los edificios y de los trajes, analiza San Isidoro los procedimientos diversos con los cuales se decora una casa. Describe los techos, la manera de revestir las paredes, sea con mosaicos, sea con figuras humanas amoldadas en estuco o en yeso, sea con pinturas humanas cuyo origen egipcio recuerda; no suelta prenda sobre las esculturas. Isidoro no podía ignorar su extraordinario número en la antigüedad hasta en su propia Andalucía. Se esculpían en su tiempo, como lo testimoniaremos más adelante. ¿Por qué este silencio?
411 Se fundan los pocos arqueólogos que estiman que San Pedro pertenece al siglo x, en la primera observación del mismo Helmuth Schlunk que había visto la similitud de los dibujos de los Beati con los capiteles, siendo los códices posteriores al viii. Mas el reciente descubrimiento del capitel de Córdoba ha atrasado el nudo del problema. Demostraba que la ejecución de capiteles era muy anterior, como asimismo los temas de los Beati. Había pues que reconocer que se identificaban éstos con un amplio movimiento de ideas. Se habían convertido en lugares comunes. En una palabra, pertenecían al folklore de la Alta Edad Media hisparnca.
412 Enciclopedia Espasa. Apéndices, t. VIII p. 1.129-30, 1933.
413 Gaillard, Georges: <L’Information Artistiques>, pp. 8-11, nov.-dic. 1955. Apud. Lambert, Elie: Comps es rendus de l’Académie des Jnscriptions..., París, 1955. L’Egli.se visigothique de Quintanilla de las Viñas, p. 491.
414 Lambert, Elie: Art mu.sulman et chrétien dans la Péninsule lbéríque, página 39.
415 Gómez Moreno: lglesia,s mozárabes, 2 vol., Madrid, 1919.


fin del Apéndice 3

abdal-lah
14/09/2010, 08:52
Apéndice 4

• LA ARQUETA DE PAMPLONA

La arqueta de Pamplona es un trabajo en marfil de importancia extraordinaria por los dibujos cincelados que la adornan. Caracteriza el arte andaluz en la época del califato (siglo X). Siempre ha cansado la admiración de los que la han contemplado la riqueza de su ornamentación y su valor artístico. La finura del trabajo ha extrañado a muchos historiadores que estaban predispuestos a creer que la labor del cincel, escultura aunque fuera en obras con carácter de miniatura, estaba por estas fechas en España poco más o menos que en pañales. Constituye para nuestros estudios un testigo excepcional, pues testimonia sin lugar a dudas el momento en que la escuela ibero-andaluza se transforma insensiblemente en arábigo-andaluza.

Sin embargo, han creído muchos autores, carentes de nuestra información, poder apreciar en esta obra una influencia asiática lejana. ¿No estaban representados elefantes armados y dispuestos para el combate? El hecho era indudable: el origen de estas imágenes era indostánico, retransmitidas hasta la lejana Andalucía por mediación del Irán. Nos convenceremos más adelante de lo erróneo de este juicio. Por el momento basta dejar constancia de que esta joya magnífica representa la fusión de elementos autóctonos con otros helenísticos, llegados probablemente a través del arte bizantino, cuyo origen remontaba nada menos que a la época visigoda. Tan sólo un hecho apunta la llegada de tiempos nuevos: Rodea a la arqueta una cenefa ornamental compuesta por una inscripción en espléndidas letras cuficas: señalan la expansión del árabe y del Islam por la Península Ibérica.

Era frecuente en la Grecia antigua y en el mundo helenístico el uso de arquetas de tamaño más o menos reducido que estaban revestidas con láminas de marfil cincelado. Desarrollaron esta técnica los bizantinos y se conservan en los museos maravillosos trabajos de los siglos V y VI. Sin acudir al extranjero y sin salir de España se guarda en la catedral de Oviedo, con los tesoros de su Cámara Santa, un importante dístico bizantino del siglo V; lo que demuestra que estas labores eran conocidas en la península en los tiempos visigodos.

Cuando construyó Abd al Ramiin III el palacio de Medina Azahara, se organizaron en sus dependencias talleres de toda clase: de encuadernación que completaba un importantísimo scriptorium, de joyería, de platería, etc. Con el impulso dado por un gran maestro llamado Halaf416, pronto fueron apreciados por la alta sociedad los objetos de marfil cincelado que producía. El éxito fue muy grande. Cuando se encontraba esta técnica en completa decadencia en Oriente, en donde no se conocen de esta época más que productos atípicos, los cordobeses se distinguen por su originalidad y la perfección de su ejecución. Consiguió así la escuela de Azahara continuar con prestigio la tradición bizantina creando un estilo personal417. Nuestro amigo Ferrandis los ha estudiado en un texto importante. En su inventario ha enumerado unos treinta y cuatro objetos que han llegado hasta nuestros días; las arquetas merecen una atención particular en razón del trabajo realizado. Singulares por su belleza, eran ofrecidas por los califas a los personajes de la corte, como regalo de boda o como simple obsequio del amante a la mujer querida, como lo testimonian las inscripciones en ellas grabadas.

Servían en general para guardar las joyas. Con el curso del tiempo y con la llegada de los cristianos estos objetos deseados y por fin robados por los vencedores acabaron, sin duda para hacerse perdonar los pecados cometidos, por ser donados a iglesias u oratorios renombrados para que en ellas se conservaran reliquias. Con la misericordia divina, sin duda habrán sido atendidos estos deseos, porque gracias a estas donaciones piadosas, pero no desinteresadas, han podido ser conocidas estas maravillosas muestras del arte andaluz.

En aquella época no existía ni telón de acero, ni tan siquiera de bambú, entre las comunidades unitarias y trinitarias. Como los intercambios culturales se realizaban normalmente por toda la península, la técnica de la escuela de Azahara, iniciada hacia 964, fecha del objeto más antiguo conocido de esta procedencia418, fue imitada con inusitada rapidez por los cristianos. Se sabe de un taller existente a fines del siglc X en el monasterio de San Millan de la Cogolla, ya célebre por su scriptorium. Se conservan dos fragmentos de cruz y un altar portátil pequeño de dicha procedencia. En otros dos fragmentos de cruz que se guardan en el Arqueológico de Madrid, destaca una cenefa vertical en donde están dibujados los mismos temas zoológicos que en los de Córdoba: leones, águilas, grifos, corzos, con la misma ornamentación vegetal; aunque estima Ferrandis que su ejecución es algo inferior a los originales.

Fue regalada la arqueta de Pamplona al monasterio de Leyre, cuyos monjes no tuvieron repugnancia en convertir este objeto frívolo y pagano en relicario. Se conservaron en ella durante mucho tiempo los restos de dos santas desconocidas, Munilona y Alodia. Más tarde pasó a la iglesia de Santa María la Real de Sangüesa, de donde fue a parar a la catedral de Pamplona. Después de algunos incidentes la hizo suya la Diputación de Navarra que la tiene expuesta al público en el museo de la ciudad.

De acuerdo con su estilo ibero-andaluz está recubierta la arqueta por abundante follaje esculpido, cuyo origen es helenístico (ataurique), en donde se distinguen piñas, cepas de vid, árboles simbólicos de la vida (hom), acantos en forma de volutas, entre los cuales se hallan diseminados pájaros, animales y algunos hombrecitos que cabalgan las ramas o se asoman entre las hojas como si estuvieran en una ventana. Se trata de la misma técnica de ejecución y del mismo estilo según los cuales han sido esculpidas las magníficas láminas de mármol de la segunda y tercera ampliación de la Mezquita de Córdoba y sobre todo del mismo palacio de Azahara. Frisos lobulados delimitan en el ataurique escenas determinadas: En lugar preeminente a la derecha del cofre destaca un personaje majestuosamente sentado. Debe de representar a Abd el Malik, el hijo de Almanzor, que ha encargado la obra al artista, o acaso al mismo califa. A su costado se apresuran dos cortesanos con las insignias de su cargo (?). El uno lleva un banderín y le ofrece un vaso para que se refresque; tiene el otro en la mano un instrumento con largo mango que pudiera ser un espantamoscas. En el lado opuesto otros dos individuos, cortesanos o familiares, están sentados: el uno al modo oriental, el otro al occidental, lo que no deja de tener su miga como testimonio del proceso de la evolución de las costumbres. Entre las dos escenas, bajo la cerradura tosca (probablemente colocada por los frailes, la original sin duda habiendo sido rota en el saqueo) tres músicos, dos flautas y un laúd, tocan una serenata.

Los paneles formando medallones en las partes laterales de la arqueta representan escenas de guerra: jinetes montando caballos se amenazan. Hecho notable: llevan estribos, cuyo origen es chino; sin duda se trata de una de las primeras representaciones de este nuevo modo más cómodo de cabalgar. Otros montan a horcajadas en elefantes. Medallones sugieren los placeres de la caza. Un escudero lleva en el puño un halcón; cazadores persiguen la caza a punta de lanza, otro empinado sobre el lomo de un elefante tensa su arco hacia el objetivo.

Existen luchas entre animales. Los medallones laterales están ocupados por paneles representando grifos, ciervos o corzos devorados por leones.

Una cenefa con una inscripción en árabe da la vuelta a la arqueta. La elegancia de las letras cúficas se une con extraordinaria armonía con la decoración en ataurique para fundirlas con las escenas en un conjunto de gran belleza. Ferrandis la ha traducido en estos términos:

En el nombre de Alá, bendición de Alá, prosperidad, alegría y esperanza de buenas obras para Hacbib Se*Jo-Daulah (la espada del Estado) Abd el Malik, hijo de Almanzor. Que Dios le asista. Esto es lo que ha sido mandado hacer por su orden balo la dirección del jefe de los eunucos Nomein ibn Mohamed el Almiri, su esclavo, en el año cinco y noventa y trescientos. (395 dc la Héjira, o sea, 1005 de la era cristiana.)
Han participado varios artistas en el cincelado de los paneles de marfil. Lo sabemos por sus firmas. Halir ha hecho la escena del hombre que se defiende y se ampara con un escudo en su lucha contra un león. En la pierna de un cono atacado por unas fieras, se lee ejecutado por Suhadah o Saadat; en otro panel bajo la figura del personaje importante, se descifra: Hecho por MilkfaJ,; a la izquierda, en la pierna de otro corzo se certifica que ha sido Raxad, el que ha realizado el trabajo.

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abdal-lah
14/09/2010, 08:56
La composición del conjunto es notable. El cincel alcanza una gran finura en el atauriqu~ y ciertos animales están diseñados del natural, así las liebres apuntadas en varias posturas que enseñan el sentido de observación que tenían estos artistas. Guardan los grifos el hieratismo propio de su condición, mientras que demuestran los leones el esfuerzo realizado para copiarlos de modelos bizantinos419. Esto contrasta con la gallardía de los jinetes, sobre todo de aquel que lleva en su puño un halcón. El hecho es indudable: Ha visto al natural estas escenas el artista; mas es torpe en cuanto tiene que dibujar los personajes. le falta oficio para expresar los rasgos del semblante humano. No en vano pesan los siglos de iconoclastia, pues es demasiado grande el contraste entre la gracia con que modela los temas vegetales y zoológicos, y la torpeza que demuestra al tratar la figura del hombre.

Han querido ver algunos autores en estas escenas de guerra o de caza alegorías orientales. Así, la escena del corzo o del ciervo atacados por fieras representaría la fábula iraniana de la lucha del bien contra el mal. Nos parece esto excesivo, pues en este caso habría que dar un carácter simbólico a todas las escenas reproducidas. ¿Qué significado habría que dar a la que nos muestra al califa o su ministro bebiendo con sus cortesanos? ¿Qué significarían los leones deshaciéndose a dentelladas o los músicos tocando?420 Creemos que no debe uno perderse en esta clase de conjeturas sin testimonios seguros que acrediten la existencia de un simbolismo. Nos parece más prudente atenernos, contentarnos con lo que los artistas han querido expresar, es decir, escenas de corte: cuando el amado que ha regalado la arqueta con el propósito de que la amada no le olvide, sale para la guerra o de caza, cuando contempla los animales de su jardín zoológico, etc. Pues no hay que olvidar el destino de tal joya: fomentar el recuerdo del ausente. Dos temas sólo nos merecen un comentario aparte por su origen oriental: el grifo y el árbol de la vida.

Tiene el grifo en España larga tradición que se remonta con otros hechos parecidos a la influencia cartaginesa. Los numantinos gustaban de reproducir dragones o animales imaginarios en sus cerámicas. Pero en época más moderna estos animales fantásticos habían perdido su abolengo extraordinario. Plinio y su seguidor, nuestro Isidoro de Sevilla, creían como los demás sabios de la antigüedad en la existencia de estos seres que nadie había visto. Los miniaturistas del IX los han pintado con frecuencia para ornar los textos apocalípticos de los Beati. Tan antigua tradición que era floreciente en la época visigoda seguía manteniéndose en el ambiente artístico de la época del califato.

Y del arte ibero-andaluz pasaría a enriquecer el románico con otros elementos del antiguo folklore hispano. Lo mismo sucede con el árbol de la vida que ya aparece en lugar preferente en Quintanilla de las Viñas. Se hace corriente su representación en el arte ibero-andaluz y en virtud de la misma evolución ya apuntada, ha sido esculpido con otros temas zoológicos y vegetales en los capiteles románicos de Silos, de Elne, de Moissac, etc.

Así pues, la ejecución de la arqueta, su estilo y los temas decorativos que la ornamentan, pertenecen al arte bizantino en íntima simbiosis con el viejo folklore ibérico. Pero esta fusión de elementos cuyo origen es tan diferente aparece en el arte andaluz en fecha muy anterior a la pretendida invasión de los árabes en España. Testimonio inapelable lo constituye Quintanilla, cuyos temas de decoración están reproducidos en la Mezquita de Córdoba, en la ampliación de Abd al Ramán II, y en los objetos del taller de Medina Azahara. Ahora bien, cuando en la ermita burgalesa el lazo de unión de estos elementos dispares está constituido por la representación de principios gnósticos, en la arqueta de Pamplona la cenefa con su escritura cúfica señala el tiempo de otra simbiosis. En una palabra, salvo la invocación en lengua árabe no existe en esta pequeña obra maestra, como asimismo en los demás objetos del taller cordobés, ningún testimonio que pudiera hacer sospechar que esta joya y la escuela a que pertenece pudieran haber padecido una influencia oriental reciente.

¿Y los elefantes? Podrían inducir a error a un naturalista que no estuviera avezado en materia tan singular como la que vamos a tratar. Por esto, era normal que equivocaran a los historiadores, como a un Marçais que los califica de «asiáticos», resumiendo una opinión unánime dentro de esta gens distinguida. Y era que los elefantes dibujados en los píxides y arquetas cordobeses no eran elefantes normales. Bastaba una observación atenta de los mismos para que se diera cuenta ei advertido de que se trataba de elefantes enanos. Y así, de golpe y porrazo, sin más, entraban estos elefantes de Medina Azahara en una larga discusión que hace años dividió a los paleontólogos y a los zoólogos acerca de un problema que ha sido resuelto tan sólo hace muy pocos años.

Se han descubierto en grutas de Sicilia, de Malta y más tarde de Chipre y de Creta, es decir, en las islas del Mediterráneo oriental, osamentas de géneros diversos de elefantes enanos fósiles, los cuales se hallan en los niveles del pleistoceno. Algunos autores, como Vaufray que hizo de los mismos un estudio sistemático en 1929421, propusieron que estas formas degeneradas (la especie más grande alcanza sólo los dos metros y la más pequeña los noventa centímetros, cuando las normales alcanzan con facilidad los cuatro metros y el elefante africano aún más) eran los testigos de una evolución regresiva en razón del hecho de que habían vivido aislados en unas islas, es decir, en un ambiente hostil para su habitat. La especie había degenerado. No cansaremos al lector con las discusiones en que se enzarzaron los sabios acerca de esta degeneración de sabor lamarkiano, pues un hecho acabó con todas las dudas. Eran los descubrimientos sucesivos de otros yacimientos, mas entonces continentales, realizados al principio en Italia, luego en España, que demostraban que la insularidad de estos proboscidios no era la causa de su enanismo; pues elefantes enanos en la misma época habían vivido en el continente. En lo que concierne a la Península Ibérica, nuestro maestro, el gran paleontólogo José Royo, ha determinado la presencia de la especie enana Elephas iolensis, Pornel, en una cueva próxima a Valencia con un material que pertenece al musteriense422. Es decir, que al final del último período glaciar formas enanas de elefantes poblaban las regiones mediterráneas. Volviéndose cada vez más adversas sus condiciones de vida, habían acabado estas especies por desaparecer.

Se mantuvieron, sin embargo, en Africa del Norte hasta los tiempos históricos. Sabemos todos desde nuestra edad escolar que los elefantes de Aníbal eran de talla más bien pequeña, comparada con la de los demás africanos de la zona ecuatorial. Restos numerosos de los mismos se encuentran hoy día en el norte de Africa. En estas condiciones el problema se concretaba del siguiente modo: ¿Estaban em parentadas las especies continentales europeas con géneros que habían vivido en épocas históricas recientes? En este momento de la discusión fue resuelto el problema por la aparición en los bosques del Congo de una especie enana viviente. Al principio fue acogida la noticia con escepticismo, luego hubo que rendirse ante la evidencia. El testigo estaba presente ante nuestros ojos. Fue descrito como Loxodonta africana pumilio, por Loak. Su altura es poco más o menos similar a la especie pleistocena: Paleoloxodon mnaidriensis, Leith-Adanis, o sea, dos metros.

Planteada así la cuestión, cabe preguntar: ¿Son en verdad enanos los elefantes de la arqueta? Basta con contemplarlos para apreciar que no son mayores que burros. Esto suscita varios comentarios:

1. Los orientales que conocían el gran elefante de la India lo han reproducido muchas veces. Lo mismo lo hicieron los bizantinos que han copiado modelos persas. Tenemos un espléndido testimonio de este hecho en el tapiz de Aquisgrán, tejido en Constantinopla en el año 1000, el cual fue posteriormente donado a la catedral de la ciudad alemana cuando se abrió en la misma la tumba de Carlomagno. ¿Qué hace entonces resaltar el artista que hizo el boceto? Sobresalen en el dibujo las enormes dimensiones del animal que siempre impresionan a las masas. Silos artistas de Azahara hubieran reproducido modelos bizantinos o persas, hubieran insistido en este carácter deterrni. nante que contrasta con la estatura del hombre. No lo han hecho. Por otra parte, basta comparar el elefante bizantino de Aquisgrán con los de Córdoba para apreciar que las guarniciones de las bestias son dif e-rentes en ambos casos. Si jamás hubiera visto un elefante el artista cordobés y hubiera copiado un modelo bizantino u otro similar, no se le hubiera ocurrido inventar unos arreos especiales para la montura de sus jinetes. Si se compara el elefante de Aquisgrán con los de Azahara, es menester reconocer que las reproducciones andaluzas a pesar de su infantil encanto están más cerca de la realidad zoológica. Se trata de verdaderos elefantes, mientras que el bizantino muestra una fantasía que indica que el artista no los ha visto jamás y los dibuja de memoria, fundándose en reproducciones.

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abdal-lah
14/09/2010, 08:59
2. En un intercambio de ideas que tuvimos con Elle Lambert sobre este asunto nos hizo la sugerencia el arqueólogo francés de que la pequeñez de los elefantes pudiera ser simbólica: el hombre dominando su cabalgadura con la potencia de su inteligencia. Le contestamos que el mismo simbolismo tendría que existir en este caso con el tamaño de los caballos, que a todas luces son también pequeños, aunque no lleguen a ser enanos. Sus dimensiones están en justa proporción con las de los que los montan. Existen caballos pequeños y no puede compararse el caso con el hecho de que el artista hubiera reducido el tamaño del elefante al de un asno.

3. Ya había notado Ferrandís que existe en ciertos objetos cordobeses un fallo en la proporción entre animales y figuras humanas. La observación es cierta. Mas esta desproporción es manifiesta en algunos casos muy particulares. Así, la escena reproducida en el píxide n2 368-1.880 del Museo Victoria yAlberto de Londres, en la que un elefante enano lleva un palanquín que contiene una forma humana más grande que el artefacto. El contraste está todavía más acentuado por el hecho de que el animal está encuadrado por dos personajes que son más grandes ¡que el elefante y su carga...!

Basta con ver este dibujo para convencerse de que se trata de la obra de un principiante o de un artista incompleto que domina el ataurique, pero que se pierde en cuanto tiene que tratar formas corpóreas. No se puede comparar este píxide con la arqueta de Pamplona, obra de varios autores de cierta fama, desde el momento en que dejan constancia de su labor con su firma. La mayoría de las obras del taller de Azahara son anónimas.

4. Los elefantes de la arqueta han sido dibujados del natural. El de la derecha hinca sus manos delanteras en postura corriente en todos los burros. Como tienen poco más o menos el mismo tamaño el jinete de la izquierda se asienta en las partes traseras del animal, como lo hacen los expertos en la asinina caballería, para no pasar en un momento de apuro por encima de las orejas del testarudo. Verídicos y vistos del natural son estos detalles; no son el fruto ni de la fantasía como en el tapiz de Aquisgrán, ni de una tradición de escuela. Los artistas de Azahara han visto Iinetes cabalgar elefantes enanos. ¿Cómo ha sido esto posible?

Los enanos del pleistoceno continental han desaparecido de Occidente con el fin del último glaciar; sus descendientes que pertenecían a la fauna residual del norte de Africa sin duda han sido exterminados en los primeros siglos de nuestra era. En el VI, según San Isidoro, habían desaparecido de Marruecos. Estas especies no han servido de modelo a los artistas de Medina Azahara.

Los ejemplares andaluces se parecen a los elefantes de la especie congolesa, aunque en el dibujo aparecen con alzada algo menor. Es de suponer, por otra parte, que el área de su habitat era entonces mucho más extenso que actualmente. Podría alcanzar el Níger y el Senegal.

Si fuera así, aunque no hubieran vivido en estas regiones en estado salvaje, podrían haber sido domesticados, como ocurre hoy día con la especie viviente que los congoleses emplean en sus faenas forestales o agrícolas423. Como las relaciones entre los marroquíes y las tierras de los morenos eran entonces más frecuentes que actualmente en que el desierto se interpone como una barrera, es posible que ejemplares pudieran haber sido llevados a este país como objeto de curiosidad por domesticadores de animales sabios.

En esta época Marruecos y Andalucía poseían una civilización de primer orden que Occidente ha heredado sin saber de fijo su procedencia. Abd al Rarnán III no era el único prócer aficionado a los animales exóticos. Ha durado la moda de guardarlos en los jardines de los palacios durante una gran parte de la Edad Media. Cualquier señor importante tenía bestias salvajes o más o menos domesticadas. Célebre es la hazaña del Cid que para domarlo cogió por la melena a uno de sus leones que se había enfadado424. Poseemos la documentación requerida para saber los pormenores del fantástico palacio de Medina Azahara, construido por el califa para una de sus esposas. Veinte mil personas en él vivían. Más de cuatro mil columnas de mármol ornamentaban sus salas. En las principales, fuentes de mercurio lucían con miles de reflejos. Y sabemos también que entre tantas maravillas existía un jardín zoológico, en donde se guardaba toda clase de animales exóticos que admiraban cordobeses y extranjeros. Las especies más raras allí estaban expuestas. Inmensas jaulas guarda. ban pájaros con los plumajes más sorprendentes. No eran todas estas especies españolas. Procuraba Africa la mayor parte de los huéspedes del califa: leones, antílopes diversos, monos, chacales, avestruces, etc. Y ¿por qué no elefantes enanos que dejarían pasmados a los mayores como maravillados a la chiquillería?

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416 Según José Ferrandis cuya obra fundamental nos sirve de guión en esta investigación (Marfiles árabes de Occidente, 2 vols., Madrid, 1940), se conservan en la hora presente dos arquetas firmadas por este artista. Pertenecen a la primera época de la escuela de Azahara. Estima este especialista que se distinguen entre las demás por una mejor ejecución. Es verdad que no reproducen ni animales, ni figuras humanas. En nuestro entender, gozan los artistas que han cincelado ios temas de la arqueta de Pamplona, treinta años después de Halaf, de una técnica excelente en el arte del ataurique. Cuando tienen que representar figuras humanas manifiestan cierta torpeza, en razón sin duda de los siglos iconoclastas transcurridos. Por otra parte ignoramos si Halaf sobresalía también en esta práctica.

417 «En general, el sistema ornamental de los objetos de marfil no alcanza un elevado nivel y nos ofrece una escala indicadora del punto en que quedó detenido el arte ornamental del Occidente islámico, al no ser fecundado por las influencias orientales. La mayoría de los objetos son tan vagos, que hasta la fecha resulta poco segura su localización, si se exceptiían los productos españoles> Historia del arte, t. VI, Labor. Las artes industriales en el Islam, por Ernst Diez, p. 113. «Poco a poco, se libera el artista hispanoárabe de La influencia bizantina y adquiere en las artes decorativas una personalidad bien definida que de modo particular se destaca en el arte del marfil.> Ferrandis: Ibid., t. 1, p. 17.

418 Se trata de un píxide que se conserva en el Museo Arqueológico de Madrid. Lleva la fecha 353 de la Héjira, o sea, el año 964 de la era cristiana. Ha sido objeto de encargo por el califa Al Hakán II para su esposa Aurora, según se desprende de una inscripción grabada.

419 Pertenece la liebre como elemento decorativo al folklore hispano. Desde los tiempos ibéricos hasta los modernos la ha tomado el artista del natural. El Museo numantino de Soria tiene varias vasijas de esta localidad adornadas con este roedor esquematizado. No - lo ha hecho el Cordobés con los leones, aunque ha podido observarlos en la casa de fieras de Medina Azahara. Ha encontrado quizá más cómodo copiarlos del modelo hierático bizantino, del cual tendría numerosas reproducciones ante los ojos. Tenían la costumbre los artistas de aquel imperio de representarlo con la cabeza vuelta hacia atrás, hacia el cielo, en la misma postura que el león del cofre que muerdo el escudo del hombre atacado. Basta compararle con aquellos leones que lamen los frutos del árbol de la vida, cincelados en una lámina de marfil que se halla en el Museo de Arte Bizantino de Atenas. Tienen la misma postura. Se trata del mismo dibujo original.

420 En otro píxide del Museo del Louvre se pueden ver dos leones que se devoran mutuamente.

421 Vaufrey, Raymond: Les éléphants najas des ¡Les meditérranéennes. Archives de l’Institut de paléontologie humaine du Prince de Monaco. Masson, éditeurs, 1929.

422 Estudios sobre las cuevas paleolíticas valencianas. Coya Negra de Bellas, Gonzalo ViSes Masip, Francisco Jordá y José Royo Gómez. Servicio de investigación prehistórica de la Diputación de Valencia, a.’ 6, Editorial Doménecb, Valencia, 1947.

abdal-lah
14/09/2010, 09:00
423 En un estudio acerca de ciertos aspectos interesantes de la evolución de los mamíferos, el paleontólogo italiano, Piero Leonardi, después de haber analizado el philum de los elefantes enanos reproduce una fotografía del Congo que muestra el Pomilio domesticado y empleado para derribar árboles. Estudios geológicos, a.0 18, p. 257, Madrid, 1953.

424 Tan importante ha sido esta tradición en España que existen en el idioma español unas diez palabras por lo menos derivadas de la palabra león, cuando en francés según el Larousse no se emplean más que dos: lion- lionne y lionceau.

fin del apéndice 4

abdal-lah
14/09/2010, 09:04
Epílogo

Coinciden los testimonios arqueológicos y la Historia del Arte con los textos de la Escuela de Córdoba, que nos han permitido reconstituir la evolución de las ideas. En el curso de la confrontación que hemos emprendido de ambas fuentes de información, destaca como punto de convergencia un hecho de importancia extrema: Es a mediados del siglo IX cuando fue transformado en mezquita el templo de Córdoba. No era el acto del Emir, obra proseguida por sus sucesores, el fruto de un capricho o de un aliento pasajero, como la Historia nos ha dado tantos ejemplos. Era la coronación de la propagación de una idea. Venía el Islam a llenar un vacío provocado por la debilidad y la ausencia del cristianismo, en virtud de un juego de fuerzas constituido por el dinamismo de un cierto número y la ausencia de otras de signo contrario que les podían hacer oposición; juego que la Iglesia hispana y sus compadres los reyes godos no habían sabido o podido controlar.

Nos enseñan los textos cristianos y los testimonios arqueológicos la lentitud del proceso evolutivo. Se han desarrollado paso a paso a lo largo de un camino que para ser recorrido había necesitado varios siglos de esfuerzos. No podía ser de otra manera. El florecimiento de una nueva cultura, aunque hubiera germinado en tierra favorable, requería su tiempo. Sucedía lo mismo en Oriente, en las regiones que habían dado el ser a la civilización árabe. Por esta razón la historia de las construcciones arquitectónicas y la de las obras artísticas eran paralelas y sincrónicas en España, en donde las hemos estudiado, con la evolución de las ideas.

Era entonces fácil de comprender el mecanismo en virtud del cual la cultura romano cristiano goda se había de repente metamorfoseado en musulmana arábiga. Era tan brusca transformación el fruto de la apariencia debido a nuestros escasos conocimientos históricos. No podía haber sido revolucionada y trastornada una nación en tres años, como nos lo enseña la historia clásica, por obra y milagro de un fiat creador. Había requerido una lenta evolución de varios siglos.

Componen los testimonios que nos aporta la Historia del Arte un argumento definitivo en contra de los relatos legendarios que se han enseñado en la escuela. Es plástico, visual. No es menester dominar la complejidad de la historia de las ideas ni estar adiestrado en la crítica histórica. Si ejércitos árabes hubieran invadido España en 711, hubieran traído con ellos los principios arquitectónicos y artísticos que se explayaban entonces en Oriente con exuberancia. Los hubieran impuesto de modo autoritario. De ello quedarían muestra y prueba en las paredes de la Mezquita de Córdoba. Testimonios de todo género nos enseñarían que habían cumplido su función religiosa al servicio del Islam desde el comienzo de la invasión, no desde la mitad del siglo IX.

En realidad, se trata de una constante histórica. Cuando una nación importante —acontecimiento poco frecuente en la historia— ha estado sumergida y dominada por una potencia invasora, se paralizan inmediatamente las manifestaciones propias de su cultura, a veces en un grado tal que se muere y se fosiliza. Así ocurrió cuando los musulmanes persas invadieron la India cuando los turcos se apoderaron de Bizancio, cuando los españoles hicieron la conquista de Méjico. Fueron aniquiladas estas naciones. El hecho de que hubieran dado ya lo mejor de su genio, que hubieran agotado ya su energía creadora, no modifica en nada el planteamiento del problema. Explica solamente su anemia pasajera o definitiva la facilidad con que estos pueblos habían sido vencidos. Nada similar existe en la historia de España. Según la leyenda había sido aherrojada la nación por un enemigo extranjero, lejano, exótico, que traía en sus equipajes con una nueva civilización un arte nuevo. Mas, si se analizan los elementos del problema, se encuentra el historiador ante la imposibilidad de percibir tan siquiera los síntomas del cataclismo. Ahí están los documentos. Nada de ruptura violenta con el pasado. Ningún hiatus. Prosigue su propio desenvolvimiento la evolución de las ideas religiosas, intelectuales y artísticas, como si ningún nómada hubiera intervenido para perturbarla.

Como el fondo cultural de la población, no habían sufrido alteración alguna los principios artísticos y arquitectónicos en el curso de los años que siguieron a la pretendida invasión. Si de repente se hubieran hecho dueños los árabes de la Península Ibérica, en la misma se hubiera desarrollado un arte nuevo anteriormente desconocido. La escuela ibero andaluza no hubiera podido evolucionar hacia la arábigo andaluza. Bajo la dominación turca desapareció totalmente el arte bizantino. Ocurrió lo mismo en Méjico en donde el arte del Renacimiento desplazó al azteca. Por tal motivo es posible afirmar con certeza que si Andalucía hubiera sido invadida en el S.VIII por los árabes, no revestiría la Mezquita de Córdoba las formas arquitectónicas que todos admiramos.

Hubieran sido soterradas en el inconsciente colectivo las viejas tradiciones. Nuevos conceptos llegados más tarde de Oriente no hubieran fermentado la masa de las ideas entonces en hervor, como la levadura que levanta el amasijo. Hubiera sido la civilización árabe la masa, no la levadura. Hasta Occidente se hubiera extendido su propia contextura. No hubiera florecido una cultura nueva en la España del sur.

Se impone por consiguiente el hecho: no ha sido la expansión del Islam hacia el oeste el resultado de una sucesión de invasiones militares milagrosamente logradas, sino de un clima revolucionario que ha permitido el brote de nuevos conceptos. Por lo cual, se puede concluir que los acontecimientos políticos concebidos como la consecuencia de acciones guerreras son aparentes, como lo son ciertos fenómenos. físicos o biológicos.

Son efímeras las conquistas de las armas cuando no son el producto de la propaganda. Ha sido la historia de los hombres el fruto del juego de las ideas fuerza, difundiéndose en razón de su energía, retrocediendo por el hecho de su anemia; pero siempre en relación con circunstancias geográficas y culturales, favorables o perjudiciales.

Se desprende de nuestra rectificación una enseñanza e interesa la historia de Francia... y más allá a la historia universal. Pierde el lugar trascendental que hasta ahora había ocupado en los Anales de la Humanidad la batalla de Poitiers, en la que Carlos Martel había roto la expansión de los árabes por Occidente. Pues resultaría muy extraordinario que hubiera aniquilado este guerrero a sus ejércitos, si anteriormente no se hubieran encontrado en la Península Ibérica... y con antelación en el norte de África. Con mayor verosimilitud se trataba de un sencillo combate en que se habían opuesto gentes del sur y del norte de las Galias. No era el primero, ni sería tampoco el último. Ahora bien, ¿por qué los historiadores cristianos que escribían mucho tiempo después de los acontecimientos, habían dado un carácter mítico a esta batalla en la que la civilización cristiana había sido salvada, principio fabuloso que se ha mantenido hasta la era atómica ... ?

En nuestro entender se plantea el problema en los términos siguientes: la separación entre Francia y España por una línea que corre por los picos del Pirineo, es el resultado de un proceso que se ha desarrollado a lo largo de la Edad Media. En los tiempos antiguos Francia y España como las concebimos hoy día no existían. Después de la dislocación del Imperio Romano, surgió en Occidente una multiplicidad de entidades locales que según la geografía, la tradición y las circunstancias tomaron las formas más diversas: núcleos monárquicos, ciudades independientes con apariencias más o menos republicanas, relaciones de tipo feudal entre siervos y grandes propietarios, costumbres ancestrales diferentes en cada valle o en cada merindad... Con el curso del tiempo se condensaron en Francia y en España dos polos energéticos en el norte y en el sur de estos territorios. Atraídas sus ramificaciones las unas hacia las otras en razón de ciertas particularidades históricas, se desarrolló a costa de las regiones intermedias que las separaba, esta amplia y laxa confederación de poderes locales, los cuales unidos por una cultura común que remontaba al magdaleniense, componían desde el siglo V una entidad social y política, vertebrada sobre un marco etnográfico y geográfico preciso: el Pirineo.



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abdal-lah
14/09/2010, 09:06
Las comarcas situadas en el sur de Francia, Aquitania, la Narbonense, la Provenza, pertenecían a las provincias romanas consideradas como unas de las más ricas del Imperio. Eran también de las Galias las más desarrolladas en las actividades culturales. Por esta razón han estado, dada su situación geográfica, en constante relación con el polo energético del sur, la cultura andaluza que florecía en el marco de la civilización árabe, provocando la admiración de los extraños. Tanto más cuanto que había estado unida con el Mediodía francés por lazos políticos largo tiempo. La entidad pirenaica y la mayor parte de la península habían formado por varios siglos un imperio con los visigodos. Por otra parte, el impacto del unitarismo había sido en sus poblaciones tan poderoso que según lo poco que nos ha contado el Biclarense habían sido las primeras, como lo hemos ya referido, en sublevarse contra las pretensiones de Recaredo después de su abjuración.

Cuando el sincretismo arriano a partir del siglo V empezó a lograr raigambre en la península no pudo seguir el sur de Francia el mismo proceso de evolución. Era objeto de fuertes presiones por parte de los francos norteños. Bárbaros y miserables, bajo el pretexto de la cruzada contra la herejía, predicada y alentada por los monjes, venían hacia el sur en busca de sus riquezas, los productos alimenticios que da el sol y que eran entonces los sinónimos del poder. Había empezado esta ofensiva desde la conversión de Clodoveo en el siglo VI, cuando en Vouillé, en 507, venció a los visigodos arrianos. Se prolongó hasta 1213; pues en Muret, cerca de Tolosa, fueron aniquilados los meridionales franceses por Simón de Monfort y sus gentes de lengua de oϊl, a pesar del socorro aportado por el jefe de la Confederación, Pedro I de Aragón, llegado desde las Navas de Tolosa para ayudar a su vasallo el conde de Tolosa, Raimundo VI. El pretexto de la guerra era siempre el mismo: la herejía. En este caso, la cruzada contra los albigenses.En este orden de ideas debe entenderse la batalla de Poitiers, librada a poca distancia de la anterior de Vouillé. Gentes del sur, gascones y vascones, vascos del Pirineo, tolosanos y demás afines, con el refuerzo de aventureros alistados que habían huido del valle del Ebro diezmado por la pulsación, trataron sin duda de probar fortuna en una excursión por las riberas del Loire. Era un acontecimiento que se debe situar en la rúbrica de los sucesos cotidianos de aquel entonces. Mas los monjes que escribían las crónicas del reinado, alentados por el mismo prejuicio cristiano, alabaron al Dios de los ejércitos que había dado la victoria a los francos de Carlos Martel, porque defendían el cristianismo en contra del invasor, herético, extranjero y exótico ¡miserable hijo de Satanás! Así se convirtió el enemigo en un anónimo, en el sarraceno. Con la expansión de la leyenda española se hinchó el perro y se convirtió la acción de Poitiers en un acto extraordinario que había salvado de los árabes a la cristiandad.

La misma alteración de los acontecimientos podía desprenderse de las canciones de gesta que seguían el mismo influjo de la opinión y entre las cuales se distinguía por su inverosimilitud histórica la que describía la muerte de Rolando en los desfiladeros de Roncesvalles. Había sido de esta suerte convertido el valiente caballero no sólo en un campeón de las armas nórdicas, sino también en un verdadero mártir de la fe. Para convencerse basta, cotejar los poemas franceses e hispanos, divergentes en razón del mito porque han sido creados en ambientes distintos. Para el galo trovador, es el sarraceno un enemigo fantástico que goza de relaciones particulares con el mismísimo diablo. Para el poeta peninsular el musulmán es un hermano, cierto equivocado, pero que aparece en los relatos a veces más simpático que el héroe cristiano. Como hace tiempo que se ha apercibido la crítica de estas divergencias, han sido reducidos los hechos recitados a su debida proporción; y así, en los textos competentes la hazaña de Rolando ha sido insertada en el mundo de las leyendas. No podía ocurrir lo mismo con la batalla de Poitiers, porque para ello hubiera sido menester destruir el formidable complejo que se había formado en la tradición.

Si ahora oteando por encima de la anécdota, damos un paso adelante hacia la comprensión de los tiempos pasados para alcanzar los movimientos de fondo que agitaban entonces a las masas, se advierte que las poblaciones de la entidad pirenaica poseían un sentido crítico que podríase emparentar con estos tiempos aciagos en que habían dominado el sincretismo arriano y los recuerdos de su persecución.

En términos muy generales, se trataba de un mundo hirviente de ideas en donde el racionalismo greco romano había ejercido una acción importante en la evolución de las ideas religiosas. Sucedía lo mismo en Oriente en donde acaso había favorecido la génesis del arrianismo. Mas la oleada mística irrumpiendo desde Asia sobre Occidente alcanzaba también el sur de las Galias con sus frondosas ramificaciones, desde el judaísmo tradicional hasta los movimientos irracionales como la gnosis y demás escuelas dualistas.

Mas para los cristianos norteños, bárbaros e incultos, que no perdían el tiempo en disquisiciones teológicas, eran las gentes del sur paganos, pero paganos ricos. Había que salvarles del infierno en la otra vida, imponiéndoselo en la presente. La hipocresía religiosa escondía el afán de lucro y de pillaje. Ha sido esto una constante histórica. Si estaba el infiel envilecido por la miseria, no había cruzada. Conspiraban los saharianos no para conquistar y convertir el África negra, sino Marruecos y Andalucía; lo mismo, a orillas del Sena soñaban muchos con enriquecerse a costa de arrianos, cátaros y albigenses.

Así fue como la entidad pirenaica quedó dominada por gentes del norte y del sur, como atenazada, emparedada por dos poderosos. Reviste en España el problema mayor complejidad porque desde el siglo XI en adelante fueron asimilados los cruzados castellanos y afines por la cultura de los vencidos que deslumbraba al caballero pobre y famélico. En el sur de Francia ocurrió lo contrario. La cultura del Mediodía fue aherrojada no sólo por la espada, sino también por un cristianismo bárbaro y medieval que requirió mucho tiempo para ilustrarse. Pero en la acción desaparecieron con las libertades políticas muchas de las flores de la cultura de lengua de oc.

En nuestros días ha sido rememorada esta gesta y sus envilecimientos a los lectores actuales con gran espectacularidad. Se han emprendido estudios sobre la cruzada de los albigenses. Como pertenecen estos hechos a tiempos más recientes, al XIII, se conserva una mayor documentación para conocer los episodios de la invasión norteña.

¿Qué sabemos acerca de la cruzada en contra de los arrianos llevada a cabo en el VIII? Solamente nos consta que desapareció la herejía de modo por lo menos aparente. Mas dejó la agresión en herencia un estado de opinión que a pesar de esconderse en el subconsciente colectivo se transparenta de vez en cuando en la superficie. Se trata de un juicio crítico llevado a veces a extremos apasionados, como un cierto anticlericalismo exagerado, que contrasta con la mayor religiosidad de los nórdicos. Por esta razón se ha considerado desde la Alta Edad Media el Mediodía francés como tierra de herejes.
Anida en el inconsciente colectivo de las poblaciones como un movimiento de rebeldía congénita. De lo más hondo de los corazones se manifiesta esta disposición, como una fuente resurgente, a la menor ocasión, sea política o religiosa. Así, después de las guerras y revueltas de los albigenses volvió a resurgir el entusiasmó de las masas por la Reforma, que no era otra cosa que una protesta contra el poder constituido, el de los reyes en París o el del obispo de la ciudad eterna. Desde entonces hasta la tercera República, se aprovecharon estas gentes de las innumerables ocasiones que les procuraban los vaivenes de la política para alzar la voz y manifestar su oposición. Pues quedaba oculto en las masas campesinas un desafecto hacia el hombre del norte que antaño había impuesto su ley por el hierro y por el fuego.

No se ha traducido solamente este complejo insistente por el rencor popular, acto estrictamente negativo. Ha permitido también la expresión de valores positivos, limitados a la vida intelectual.

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abdal-lah
14/09/2010, 09:07
El juicio crítico que en Oriente había desempeñado un papel importante en la evolución de las ideas religiosas, logró florecer en un estallido de conceptos científicos y filosóficos. Fue transmitida esta labor a Andalucía en donde alcanzó en el XI y en el XII la mayor exuberancia de su genio creador. Fue entonces cuando estos intelectuales franceses que mantenían con España relaciones frecuentes supieron recoger y retransmitir al resto de Occidente los nuevos conocimientos recién adquiridos en matemática, en astronomía, en ciencias naturales, en medicina en geografía..., etc. De aquí la nombradía de las universidades de Montpellier y de Toulouse. Compite con el latín la lengua de oc como instrumento de expresión científica. Procedimientos literarios fueron imitados. Algunos ingenios de altura descorrieron el velo que escondía ciertas verdades filosóficas; lo que suscitó las iras de Alberto Magno y de Tomás de Aquino. Mas fue posible esta acción porque existía aún bajo las cenizas enfriadas un fuego que no se había completamente apagado. Sin el recuerdo de un espíritu crítico que pertenecía a tiempos pasados, hubiera sido inadecuada la transmisión de las enseñanzas de la cultura andaluza y por ello hubiera sufrido el genio del Renacimiento.

El juicio crítico, recuerdo del sincretismo arriano, ha llegado a ser el carácter dominante de nuestra civilización occidental; es decir, de su minoría ilustrada. Es interesante observar hoy día que este genio se ha mantenido vivo contra viento y marea en las masas del Mediodía galo, aunque pudiera ocurrir un similar fenómeno en otras regiones de la nación vecina. Era la supervivencia del testimonio de tiempos pasados que se traducía en el campesino iletrado por lo que se podría llamar una sabiduría escéptica.

Puede estudiarse este mismo hecho en muchos otros lugares. Caracteriza, por ejemplo, al labriego andaluz aunque por otros motivos. Mas, tenían en común que esta sabiduría escéptica era el fruto de las grandes lecciones del pasado. No podían ser comprendidas si no se había previamente apreciado en su justa medida el alcance de estas olas de fondo que en el curso de la Edad Media habían trastornado una parte de Occidente, cuando en la confusión de las ideas el meridional francés —y podríamos incluir en el mismo concepto a los andaluces y a otros hispanos— habían sido transfigurados en sarracenos.

Fuente: http://www.linksole.com/5jevn5

Fin de la critica de la fuentes.

Asatru
15/09/2010, 10:23
Alguna invasion norteafricana quizas si que la hubo. Esta bien este articulo, aunque supongo diran que Perez Reverte es un fascista, de la derechona nacionalcatolica, islamofobo y todo eso por no creerse el cuento de las mil y una noches del paraiso perdido de Al Andalus:

Ya ni siquiera se estudia en los colegios, creo. Moros y cristianos degollándose, nada menos. Carnicería sangrienta. Ese medioevo fascista, etcétera. Pero es posible que, gracias a aquello, mi hija no lleve hoy velo cuando sale a la calle. Ocurrió hace casi ocho siglos justos, cuando tres reyes españoles dieron, hombro con hombro, una carga de caballería que cambió la historia de Europa. El próximo 16 de julio se cumple el 798 aniversario de aquel lunes del año 1212 en que el ejército almohade del Miramamolín Al Nasir, un ultrarradical islámico que había jurado plantar la media luna en Roma, fue destrozado por los cristianos cerca de Despeñaperros. Tras proclamar la yihad -seguro que el término les suena- contra los infieles, Al Nasir había cruzado con su ejército el estrecho de Gibraltar, resuelto a reconquistar para el Islam la España cristiana e invadir una Europa -también esto les suena, imagino- debilitada e indecisa.

Los paró un rey castellano, Alfonso VIII. Consciente de que en España al enemigo pocas veces lo tienes enfrente, hizo que el papa de Roma proclamase aquello cruzada contra los sarracenos, para evitar que, mientras guerreaba contra el moro, los reyes de Navarra y de León, adversarios suyos, le jugaran la del chino, atacándolo por la espalda. Resumiendo mucho la cosa, diremos que Alfonso de Castilla consiguió reunir en el campo de batalla a unos 27.000 hombres, entre los que se contaban algunos voluntarios extranjeros, sobre todo franceses, y los duros monjes soldados de las órdenes militares españolas. Núcleo principal eran las milicias concejiles castellanas -tropas populares, para entendernos- y 8.500 catalanes y aragoneses traídos por el rey Pedro II de Aragón; que, como gentil caballero que era, acudió a socorrer a su vecino y colega. A última hora, a regañadientes y por no quedar mal, Sancho VII de Navarra se presentó con una reducida peña de doscientos jinetes -Alfonso IX de León se quedó en casa-. Por su parte, Al Nasir alineó casi 60.000 guerreros entre soldados norteafricanos, tropas andalusíes y un nutrido contingente de voluntarios fanáticos de poco valor militar y escasa disciplina: chusma a la que el rey moro, resuelto a facilitar su viaje al anhelado paraíso de las huríes, colocó en primera fila para que se comiera el primer marrón, haciendo allí de carne de lanza.

La escabechina, muy propia de aquel tiempo feroz, hizo época. En el cerro de los Olivares, cerca de Santa Elena, los cristianos dieron el asalto ladera arriba bajo una lluvia de flechas de los temibles arcos almohades, intentando alcanzar el palenque fortificado donde Al Nasir, que sentado sobre un escudo leía el Corán, o hacía el paripé de leerlo -imagino que tendría otras cosas en la cabeza-, había plantado su famosa tienda roja. La vanguardia cristiana, mandada por el vasco Diego López de Haro, con jinetes e infantes castellanos, aragoneses y navarros, deshizo la primera línea enemiga y quedó frenada en sangriento combate con la segunda. Milicias como la de Madrid fueron casi aniquiladas tras luchar igual que leones de la Metro Goldwyn Mayer. Atacó entonces la segunda oleada, con los veteranos caballeros de las órdenes militares como núcleo duro, sin lograr romper tampoco la resistencia moruna. La situación empezaba a ser crítica para los nuestros -porque sintiéndolo mucho, señor presidente, allí los cristianos eran los nuestros-; que, imposibilitados de maniobrar, ya no peleaban por la victoria, sino por la vida. Junto a López de Haro, a quien sólo quedaban cuarenta jinetes de sus quinientos, los caballeros templarios, calatravos y santiaguistas, revueltos con amigos y enemigos, se batían como gato panza arriba. Fue entonces cuando Alfonso VII, visto el panorama, desenvainó la espada, hizo ondear su pendón, se puso al frente de la línea de reserva, tragó saliva y volviéndose al arzobispo Jiménez de Rada gritó: «Aquí, señor obispo, morimos todos». Luego, picando espuelas, cabalgó hacia el enemigo. Los reyes de Aragón y de Navarra, viendo a su colega, hicieron lo mismo. Con vergüenza torera y un par de huevos, ondearon sus pendones y fueron a la carga espada en mano. El resto es Historia: tres reyes españoles cabalgando juntos por las lomas de Las Navas, con la exhausta infantería gritando de entusiasmo mientras abría sus filas para dejarles paso. Y el combate final en torno al palenque, con la huida de Al Nasir, el degüello y la victoria.

¿Imaginan la película? ¿Imaginan ese material en manos de ingleses, o norteamericanos? Supongo que sí. Pero tengan la certeza de que, en este país imbécil, acomplejado de sí mismo, no la rodará ninguna televisión, ni la subvencionará jamás ningún ministerio de Educación, ni de Cultura.

http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/546/la-carga-de-los-tres-reyes/

abdal-lah
15/09/2010, 13:06
Alguna invasion norteafricana quizas si que la hubo. Esta bien este articulo, aunque supongo diran que Perez Reverte es un fascista, de la derechona nacionalcatolica, islamofobo y todo eso por no creerse el cuento de las mil y una noches del paraiso perdido de Al Andalus:

Ya ni siquiera se estudia en los colegios, creo. Moros y cristianos degollándose, nada menos. Carnicería sangrienta. Ese medioevo fascista, etcétera. Pero es posible que, gracias a aquello, mi hija no lleve hoy velo cuando sale a la calle. Ocurrió hace casi ocho siglos justos, cuando tres reyes españoles dieron, hombro con hombro, una carga de caballería que cambió la historia de Europa. El próximo 16 de julio se cumple el 798 aniversario de aquel lunes del año 1212 en que el ejército almohade del Miramamolín Al Nasir, un ultrarradical islámico que había jurado plantar la media luna en Roma, fue destrozado por los cristianos cerca de Despeñaperros. Tras proclamar la yihad -seguro que el término les suena- contra los infieles, Al Nasir había cruzado con su ejército el estrecho de Gibraltar, resuelto a reconquistar para el Islam la España cristiana e invadir una Europa -también esto les suena, imagino- debilitada e indecisa.

Los paró un rey castellano, Alfonso VIII. Consciente de que en España al enemigo pocas veces lo tienes enfrente, hizo que el papa de Roma proclamase aquello cruzada contra los sarracenos, para evitar que, mientras guerreaba contra el moro, los reyes de Navarra y de León, adversarios suyos, le jugaran la del chino, atacándolo por la espalda. Resumiendo mucho la cosa, diremos que Alfonso de Castilla consiguió reunir en el campo de batalla a unos 27.000 hombres, entre los que se contaban algunos voluntarios extranjeros, sobre todo franceses, y los duros monjes soldados de las órdenes militares españolas. Núcleo principal eran las milicias concejiles castellanas -tropas populares, para entendernos- y 8.500 catalanes y aragoneses traídos por el rey Pedro II de Aragón; que, como gentil caballero que era, acudió a socorrer a su vecino y colega. A última hora, a regañadientes y por no quedar mal, Sancho VII de Navarra se presentó con una reducida peña de doscientos jinetes -Alfonso IX de León se quedó en casa-. Por su parte, Al Nasir alineó casi 60.000 guerreros entre soldados norteafricanos, tropas andalusíes y un nutrido contingente de voluntarios fanáticos de poco valor militar y escasa disciplina: chusma a la que el rey moro, resuelto a facilitar su viaje al anhelado paraíso de las huríes, colocó en primera fila para que se comiera el primer marrón, haciendo allí de carne de lanza.

La escabechina, muy propia de aquel tiempo feroz, hizo época. En el cerro de los Olivares, cerca de Santa Elena, los cristianos dieron el asalto ladera arriba bajo una lluvia de flechas de los temibles arcos almohades, intentando alcanzar el palenque fortificado donde Al Nasir, que sentado sobre un escudo leía el Corán, o hacía el paripé de leerlo -imagino que tendría otras cosas en la cabeza-, había plantado su famosa tienda roja. La vanguardia cristiana, mandada por el vasco Diego López de Haro, con jinetes e infantes castellanos, aragoneses y navarros, deshizo la primera línea enemiga y quedó frenada en sangriento combate con la segunda. Milicias como la de Madrid fueron casi aniquiladas tras luchar igual que leones de la Metro Goldwyn Mayer. Atacó entonces la segunda oleada, con los veteranos caballeros de las órdenes militares como núcleo duro, sin lograr romper tampoco la resistencia moruna. La situación empezaba a ser crítica para los nuestros -porque sintiéndolo mucho, señor presidente, allí los cristianos eran los nuestros-; que, imposibilitados de maniobrar, ya no peleaban por la victoria, sino por la vida. Junto a López de Haro, a quien sólo quedaban cuarenta jinetes de sus quinientos, los caballeros templarios, calatravos y santiaguistas, revueltos con amigos y enemigos, se batían como gato panza arriba. Fue entonces cuando Alfonso VII, visto el panorama, desenvainó la espada, hizo ondear su pendón, se puso al frente de la línea de reserva, tragó saliva y volviéndose al arzobispo Jiménez de Rada gritó: «Aquí, señor obispo, morimos todos». Luego, picando espuelas, cabalgó hacia el enemigo. Los reyes de Aragón y de Navarra, viendo a su colega, hicieron lo mismo. Con vergüenza torera y un par de huevos, ondearon sus pendones y fueron a la carga espada en mano. El resto es Historia: tres reyes españoles cabalgando juntos por las lomas de Las Navas, con la exhausta infantería gritando de entusiasmo mientras abría sus filas para dejarles paso. Y el combate final en torno al palenque, con la huida de Al Nasir, el degüello y la victoria.

¿Imaginan la película? ¿Imaginan ese material en manos de ingleses, o norteamericanos? Supongo que sí. Pero tengan la certeza de que, en este país imbécil, acomplejado de sí mismo, no la rodará ninguna televisión, ni la subvencionará jamás ningún ministerio de Educación, ni de Cultura.

http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/546/la-carga-de-los-tres-reyes/


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abdal-lah
15/09/2010, 14:34
Escribe Asatru: <<<<Alguna invasion norteafricana quizas si que la hubo. Esta bien este articulo, aunque supongo diran que Perez Reverte es un fascista, de la derechona nacionalcatolica, islamofobo y todo eso por no creerse el cuento de las mil y una noches del paraiso perdido de Al Andalus>>:

`Abdal-lâh<<Vaya, pues si en el siglo XI, asi que antes de eso nada. Julio Pio Baroja sostiene que la islamización de los bereberes se dan muy tarde (siglo XII), Ibn Jaldun sostiene que aún es su época no estaban islamizados (XII) y algunos autores modernos dudan aún de la islamización de los bereberes.

En cuanto a Reverte no es que sea un “fascista de la derecho nacionalistacatólica, islamofobo”, simplemente es bobo, un idiota que sabe escribir para las masas, es uno de los miles de seudoescritores que péndula por nuestro país lleno de analfabetos literarios y que es un éxito de ventas y llena los bolsillos a los ejecutivos de las editoriales que son del Opus Dei.

Por un lado para esos ejecutivos que se enriquecen con los best seller y para esos ignorantes literarios que leen en el metro y en los aeropuertos; por un lado temenos a gente como la Sra Bramon que es son funcionarios que van de izquierda y por otro a periodistas (como de abogados) que se meten en el negocio de los libros de masas. Amigo Asatru tú nivel es muy bajo porque no me presentas a especialistas o escritores con peso inrtelectual, porque si sigues a nos traera a todos los representantes de la cultura popular por no decir vulgar.

Vemos las boberias que dice el tipo este:

Reverte: <<Ya ni siquiera se estudia en los colegios, creo.>>.
`
Abdal-lâh: <<Vaya que afirma una cosa pero en realidad no la sabe, empieza bien el hombre este.

Reverte: <<Moros y cristianos degollándose, nada menos. Carnicería sangrienta. Ese medioevo fascista, etcétera. Pero es posible que, gracias a aquello, mi hija no lleve hoy velo cuando sale a la calle>>.

`Abdal-lâh: <<Vaya una gran justificación para esos actos sangrientos, que su hija no lleve pañuelo, ¡deú meu!.el pañuelo convertido en el símbolo del peor de los males que le pueden ocurrir a una mujer. ¡Ajo , Ajo contra el pañuelo!; Tanta guerra y tano ir por el mundo para leer este estupendo comentario>>.

Reverte: <<Ocurrió hace casi ocho siglos justos, cuando tres reyes españoles dieron, hombro con hombro, una carga de caballería que cambió la historia de Europa. El próximo 16 de julio se cumple el 798 aniversario de aquel lunes del año 1212 en que el ejército almohade del Miramamolín Al Nasir, un ultrarradical islámico que había jurado plantar la media luna en Roma, fue destrozado por los cristianos cerca de Despeñaperros. Tras proclamar la yihad -seguro que el término les suena- contra los infieles, Al Nasir había cruzado con su ejército el estrecho de Gibraltar, resuelto a reconquistar para el Islam la España cristiana e invadir una Europa -también esto les suena, imagino- debilitada e indecisa.
Los paró un rey castellano, Alfonso VIII. Consciente de que en España al enemigo pocas veces lo tienes enfrente, hizo que el papa de Roma proclamase aquello cruzada contra los sarracenos, para evitar que, mientras guerreaba contra el moro, los reyes de Navarra y de León, adversarios suyos, le jugaran la del chino, atacándolo por la espalda. Resumiendo mucho la cosa, diremos que Alfonso de Castilla consiguió reunir en el campo de batalla a unos 27.000 (jajjajjaja) hombres, entre los que se contaban algunos voluntarios extranjeros, sobre todo franceses, y los duros monjes soldados de las órdenes militares españolas. Núcleo principal eran las milicias concejiles castellanas -tropas populares, para entendernos- y 8.500 catalanes y aragoneses traídos por el rey Pedro II de Aragón; que, como gentil caballero que era, acudió a socorrer a su vecino y colega. A última hora, a regañadientes y por no quedar mal, Sancho VII de Navarra se presentó con una reducida peña de doscientos jinetes -Alfonso IX de León se quedó en casa-. Por su parte, Al Nasir alineó casi 60.000 (ostrassss jjjajajajaja) guerreros entre soldados norteafricanos, tropas andalusíes y un nutrido contingente de voluntarios fanáticos de poco valor militar y escasa disciplina: chusma a la que el rey moro, resuelto a facilitar su viaje al anhelado paraíso de las huríes, colocó en primera fila para que se comiera el primer marrón, haciendo allí de carne de lanza.

`Abdal-lâh: Obsérvese como se le ve el plumero ideológico-cultural a Reverte, los del bando moro eran “voluntarios” fanáticos, es decir “chusma” que se le promete el paraíso con las mejores chicas de ELLE jajajajjaja, y como no, el rey moro los pone a primera fila, ¡que malos son los reyes moros! pa que se coman el marron jajjajaja. Reverte lee más la basura rollo Vladimir Bartol con sus asesinos de Alamut que ese personaje inventado por los neocom: Bin Laden.

Reverte<<La escabechina, muy propia de aquel tiempo feroz, hizo época>>.

`Abdal-lâh: <<Yo le aconsejaría a Reverte un curso sobre el siglo IX, X, XI, XII, igual apredia algo. En esa epoca no habia batallas de multitudes (eso es un cuento mitologico nacionalista) sino asedios a ciudades fortificadas, las batallitas con esa cantidad (que si 27.000 que si 60.000) de hombres es una patraña de las miles que hay>>.

Reverte: <<En el cerro de los Olivares, cerca de Santa Elena, los cristianos dieron el asalto ladera arriba bajo una lluvia de flechas de los temibles arcos almohades, intentando alcanzar el palenque fortificado donde Al Nasir, que sentado sobre un escudo leía Corán, o hacía el paripé de leerlo -imagino que tendría otras cosas en la cabeza-, había plantado su famosa tienda roja>>.

`Abdal-lâh: <<Ya tubo que salir el Al-Qur`ân si no lo pone se hernia el tio jajajajaj. Cuando Reverte se da cuenta de la bobada que escribe, dice: <<bueno hace el paripé etc>> jajjaja Y luego añade tienda “roja” jajajaj se le va la olla igual tenía en mente al Lister (general rojo a ordenes de Moscu en la guerra civil), sus amos del Opus Dei de la editorial se ponen contentos cuando menciona lo "rojo", asi como sus lectores que añoran la “camisa azul” y a los Requetes.

Reverte: <<La vanguardia cristiana, mandada por el vasco Diego López de Haro, con jinetes e infantes castellanos, aragoneses y navarros, deshizo la primera línea enemiga y quedó frenada en sangriento combate con la segunda. Milicias como la de Madrid fueron casi aniquiladas tras luchar igual que leones de la Metro Goldwyn Mayer. Atacó entonces la segunda oleada, con los veteranos caballeros de las órdenes militares como núcleo duro, sin lograr romper tampoco la resistencia moruna. La situación empezaba a ser crítica para los nuestros -porque sintiéndolo mucho, señor presidente, allí los cristianos eran los nuestros-; que, imposibilitados de maniobrar, ya no peleaban por la victoria, sino por la vida. Junto a López de Haro, a quien sólo quedaban cuarenta jinetes de sus quinientos, los caballeros templarios, calatravos y santiaguistas, revueltos con amigos y enemigos, se batían como gato panza arriba. Fue entonces cuando Alfonso VII, visto el panorama, desenvainó la espada, hizo ondear su pendón, se puso al frente de la línea de reserva, tragó saliva y volviéndose al arzobispo Jiménez de Rada gritó: «Aquí, señor obispo, morimos todos». Luego, picando espuelas, cabalgó hacia el enemigo. Los reyes de Aragón y de Navarra, viendo a su colega, hicieron lo mismo. Con vergüenza torera y un par de huevos, ondearon sus pendones y fueron a la carga espada en mano. El resto es Historia: tres reyes españoles cabalgando juntos por las lomas de Las Navas, con la exhausta infantería gritando de entusiasmo mientras abría sus filas para dejarles paso. Y el combate final en torno al palenque, con la huida de Al Nasir, el degüello y la victoria>>.

`Abdal-lâh: <<Jjajajaj los tres reyes dice, igual son los tres Reyes Magos jajajajjajaja, vaya peliculero que es este Reverte, bueno no es extraños sus libros se convierten en guiones para el malisimo cine español. Jajajjajaja
.
Reverte: <<¿Imaginan la película? ¿Imaginan ese material en manos de ingleses, o norteamericanos? Supongo que sí. Pero tengan la certeza de que, en este país imbécil, acomplejado de sí mismo, no la rodará ninguna televisión, ni la subvencionará jamás ningún ministerio de Educación, ni de Cultura>>.

`Abdal-lâh: <<Si Reverte si, seguro que si tú haces un guión los proximos en mandar que seguro serán los peperos (la FAES seguro que te lo financia) te hacen una serie que se emitirá el alta definición jajjajaja para tener al populacho racista español distraido.

anda, anda, anda, Spam mucho Spam.


.

Azalais
15/09/2010, 19:09
Salam hermano Addal-lâh.

Me ha resultado muy interesante el artículo. Es una prueba más de las muchas que estoy encontrando últimamente de que la historia que nos enseñaron en las escuelas (supongo que es la misma que enseñan ahora) no tiene nada que ver con la verdadera História. Sin ir más lejos hace poco investigando sobre el papel de la mujer en la edad media descubrí que también hubo trobadoras. El nombre que he tomado viene de una de ellas Azalaís de Porcairagues, trobadora occitana del siglo XII. Curiosamente en el segundo post, si no me equivoco, mencionas a los trobadores y las diferencias que hay en sus poemas al hablar de los árabes dependiendo del lugar de procedencia.

Salam.

amr
15/09/2010, 21:32
Comienzo diciendo que no he leído la totalidad del hilo, aunque entreveo el fin argumentativo del mismo, que los árabes no invadieron la Península. Desde luego no al modo en que se ha dado ha conocer en los medios académicos oficiales, en el corpus de la Historia hispánica.

A propósito de la historia hispánica, considero inevitable recurrir a las fuentes y crónicas en torno al siglo IV en la misma línea que empieza este hilo en el mensaje #7, del cual resalto este párrafo:

Por tanto, para aproximarnos a la verdad de los que sucedió realmente en el año 711, cuando un contingente de guerreros del norte de África, entre los que predominaban los bereberes, cruza el estrecho de Gibraltar, derrota a las tropas visigodas lideradas por Don Rodrigo y se establecen en la Península Ibérica, tendremos que remontarnos al siglo IV.

En el año 325, el emperador Constantino acababa de convocar un concilio en Nicea para zanjar las disputas teológicas que estaban perjudicando al imperio. Fue una fecha crucial, porque el dogma de la Trinidad se impuso y se incluyó en la religión oficial, mientras que se reafirmaba la excomunión del obispo alejandrino Arrio, que murió en el 336, el día anterior al fijado por el emperador para obligarle a reconciliarse con la Iglesia. Un siglo después, su mensaje obtuvo un eco imprevisible.

EL MARTIRIO DE PRISCILIANO

Las ideas que Arrio había predicado en Oriente fueron propagadas por Prisciliano en la Península Ibérica y en el sur de la Galia. Este controvertido personaje nación en el seno de una familia senatorial en el 340 –se cree que en Galicia- y comenzó su predicación hacia el 370. Era un hombre culto, ascético, vegetariano y que no hacía distinción entre los hombres y mujeres en cuestión de nombramientos relacionados con el culto, unos principios que retomarán siglos después los cátaros.

Los libros de Arrio fueron quemados y apenas quedan obras de Prisciliano. De los signos externos y sacramentos del arrianismo sólo se sabe, por referencias de sus enemigos, el empleo de alguna forma de tonsura y que el bautismo se realizaba mediante tres inmersiones, quizá en correspondencia con la trilogía "cuerpo, alma y espíritu" o "cuerpo físico, astral y mental". Prisciliano tuvo que soportar durante toda su vida pública el acoso teológico y personal de los obispos trinitarias , temerosos de su creciente influencia entre el clero y la población.

El último acto de esta historia tuvo lugar en el año 385 en la ciudad de Tréveris, donde el emperador Máximo le hizo acudir para que se defendiera de la acusación de hechicería lanzada por sus adversarios. Hubo un juicio, viciado por intereses clericales e imperiales, y una condena: a Prisciliano le cortaron la cabeza. Fue el primer hereje que sufrió pena de muerte. Curiosamente, el propio emperador Máximo fue ejecutado tres años después por orden de Teodosio.

Unamuno sugiere que quien está enterrado en Compostela no es el Apóstol Santiago, sino Prisciliano, lo cual daría idea de la extensión e importancia que alcanzaron sus doctrinas. Lo cierto es que su ejecución afianzaría el arrianismo en el país. Por otra parte, hacia el año 460 tomó el poder en la península el monarca godo Eurico, quien se convirtió a la fe arriana y truncó así las ambiciones de los que no habían dudado en matar a Prisciliano con tal de acabar con sus ideas.

Lo creo porque la génesis del cristianismo ortodoxo (Credo Niceno) en las postrimerías del Imperio ofrecen una panorámica espectacular para entender la mentalidad católica, cuyas estructuras no sólo dogmáticas, sino mentales, van a permanecer firmes en la España de los RR.CC., es decir, traspasaran la Meseta como un viento feroz que se perderá en la noche de los tiempos, vientos que soplarán barriendo lo que todavía quede del viejo contencioso priscilianista, antes arrianista. Solo que en esta ocasión, Prisciliano, Arriano u otros herejes tienen rostro y entidad cutural religiosa independiente: judíos y musulmanes.

El tema que aquí se trata, si fue islamizada o no España por la fuerza, puede comprenderse de manera inducida mirando al futuro teatro de la piel de toro a través de las fuentes.

Despiués de haber leído el libro TEODOSIO (Gonzalo Bravo, 2010), recomiendo su lectura a tenor de su interesante y documentada relación de fuentes históricas. Pero también del propio libro se tiene esa visión panorámica. Se nos explica cómo era la cultura y la vida entonces a través de los personajes que marcaron el siglo, pero no sólo en la Diócesis Hispánica. En este siglo (S. IV), efectivamente se alumbra y queda estableciido el Credo Niceno, el único permitido en todo el Imperio, que para entonces ya estaba dividido entre Oriente y Occidente. Con Teodosio llega el definitivo triunfo de la ortodoxia, y junto con Constantino, ambos convertidos al cristianismo fervorosamente, constituyen sus máximos representantes.

A Teodosio se le atribuye origen hispánico, y aunque no lo fuere, está de una manera u otra relacionado con la nobleza hispánica, con lo que cabe presuponer ciertas tendencias pro-ortodoxas entre los nobles de la Península por afinidades políticas más que por las propias de la fe. No pasaba este grupo más que de un escaso número de cargos políticos algunos de los cuales recaídos por afinidad sanguínea; en el caso opuesto está de hecho Magno Máximo, hispánico también, aunque usurpador del trono de Occidente, fue su ambición política lo que le enfrentó a Teodosio encontrando la muerte a manos de éste, al margen de la cuestión prisciliana que le tocó resolver condenando al Obispo de Ávila, el arriano Prisciliano, al martirio, acusado de herejía y maniqueísmo, tres años después.

En este siglo se completa el Códice Teodosiano, documento de la época que recoge el famoso Edicto de Tesalónica de 380. Será la primera vez que un Emperador cristiano ordena asuntos en el seno de la Iglesia, haciendo la distinción explícita a christianorum catholicorum nomen los que siguen la doctrina ortodoxa establecida en el Concilio de Nicea sobre los demás, los dementes vesanosque a los que se les negará la Iglesia, se les perseguirá como infames y herejes. Serán los obispos arrianos por antonomasia a quienes va dirigido este Edicto. Tras este Edicto se reúne en Constantinopla un nuevo Concilio en 381, la idea ahora consistía lograr la legitimidad religiosa de la que adolecía su promulgación política, y lo consigue, saliendo de este segundo Concilio Ecuménico reforzada la Iglesia Católica como la única representante de la creistiandad, todas las iglesias son entregadas a los obispos nicenos, lo que supuso la confiscación de innumerables templos y sus obispos arrianos condenados.

Se sientan las bases en este siglo IV la línea romana en materia religiosa, símbolo de la unidad de la Iglesia que va a marcar la línea dura patrística en siglos venideros, sumirá en la oscuridad el mensaje evangelizador en pos del Dogma durante el período medioevo, trayendo más intolerancia que luz y sobre estos fundamentos aparece el Islam de nuevo con un mensaje profético revelatorio que prende rápidamente en las conciencias, hallando en lo que aún queda de arrianismo, básicamente adoptado por los godos hispánicos, un nexo de unión con los primitivos cristianos.

Es importante tener presente la cuestión Arriana que viene ya de lejos, y que en la Península, por entonces, provincia romana de Hispania, se sustancia en la cuestión prisciliana para comprender el espíritu de intolerancia plasmado en la población cuando tres siglos más tarde, siglos que por otra parte son de época oscura y de bajo desarrollo de la cultura y la sociedad, irrumpe con fuerza, que no con violencia, el Islam.

durruti
15/09/2010, 23:32
[QUOTE=`Abdal-lâh;65943]¿Esto es lo que nos puedes aportar?

Por favor ahorrate la basura.[/QUOTE

Por favor abdal lah, ya se que tu hablas como sientes, pero debemos todos pensar que cada uno aporta ideas o documentos segun su parecer, que sirven para enriquecer el dialogo y para sacar conclusiones mas maduradas.
Si no fuera asi, y no nos respetaramos todos, algunos articulos que se pegan en los post serian objeto de palabras muy gruesas de algunos foreros, y no es asi.

Yo personalmente no le tengo mucho aprecio a Perez Reverte, por que considero que ultimamente ha encontrado un filon de plagio en los Episodios Nacionales del otro Perez, el 2° literato español Gal-Dos, el 1° es Unam-Uno.

Te lo digo con el mejor de mis aprecios.

Salam

abdal-lah
16/09/2010, 08:19
[QUOTE=`Abdal-lâh;65943]¿Esto es lo que nos puedes aportar?

Por favor ahorrate la basura.[/QUOTE

Por favor abdal lah, ya se que tu hablas como sientes, pero debemos todos pensar que cada uno aporta ideas o documentos segun su parecer, que sirven para enriquecer el dialogo y para sacar conclusiones mas maduradas.
Si no fuera asi, y no nos respetaramos todos, algunos articulos que se pegan en los post serian objeto de palabras muy gruesas de algunos foreros, y no es asi.

Yo personalmente no le tengo mucho aprecio a Perez Reverte, por que considero que ultimamente ha encontrado un filon de plagio en los Episodios Nacionales del otro Perez, el 2° literato español Gal-Dos, el 1° es Unam-Uno.

Te lo digo con el mejor de mis aprecios.

Salam

Salam durruti.

Si tienes razón, pido disculpas por mi reacción. Pido perdón a quien ofendí.

Pero solo diré una vez más que hoy en día muchos van de sustentar los valores occidentales como de la razón, la ciencia, el sentido critico y todas esas cosas, pero cuando se trata a analizar documentos históricos se olvidan (misteriosamente) de esos valores occidentales.

Nadie se cree (especialistas serios claro) hoy en día que hubiera batallas en los siglos X; XI; XII que participaran 87.000 tíos (actualmente el ejercito español cuenta con 70.000) degollándose a tuti plein. Y calificando al enemigo “como come niños” y de más malos que la quiña:p.

Me perece bien que admires al Reverte, pero con ese artículo demuestra un proceso mental repleto de tópicos y poca capacidad critica. Solo hay que leerlo para darse cuenta de las banalidades que dice.

Yo como musulmán no me creo las tonterías que escribieron los musulmanes sobre la invasión y sus gestas míticas ante los cristianos, ser lo que soy no me nubla la vista y mi capacidad critica.

Yo no se amigo Durruti si has leído trabajos serios sobre esa época, y que opinión te merece esa sarta de bobadas que reproduce el Reverte. Y no se cual es tú formación literaria, pero amigo Durruti solo hay que echar un vistazo a la biografía- bibliografía de Reverte y por quienes son editados sus libros para darse cuenta de qué va el tema. Reverte escribe como un "periodista", sus libros tienen todos los ingredientes que el gran público que quiere leer y él lo sabe y se lo da.

Pero como no soy crítico literario solo puedo remitirte a estos para analizar la obra de Reverte.

La novela histórica es un buen genero literario y hay buenos autores (un ateo como Gore Vidal, o el mistico Robert Graves son geniales), pero hoy en día la gente no quiere leer Historia y les gusta más las novelitas con trasfondo histórico y sobre todo que no sean “pesadas” sino amenas como las que escribe el abogado Idelfonso Falcones de Sierra, o como ese espabilado llamado Noah Gordon por solo poner dos ejemplos, de escritores mediocres.

Estos autores son los típicos inventos de los ejecutivos de las multinacionales del libro. Y carecen de cualquier valor literario, son simplemente bets seller que van dirigidos a un publico acostumbrado a los pelis de Hollywood y solo pide “distraerse sin pensar”. No digo más porque asi no se me va la olla criticando y se pueden ofender.

Salam

Asatru
16/09/2010, 09:34
[QUOTE=`Abdal-lâh;65943]¿Esto es lo que nos puedes aportar?

Por favor ahorrate la basura.[/QUOTE

Por favor abdal lah, ya se que tu hablas como sientes, pero debemos todos pensar que cada uno aporta ideas o documentos segun su parecer, que sirven para enriquecer el dialogo y para sacar conclusiones mas maduradas.
Si no fuera asi, y no nos respetaramos todos, algunos articulos que se pegan en los post serian objeto de palabras muy gruesas de algunos foreros, y no es asi.

Yo personalmente no le tengo mucho aprecio a Perez Reverte, por que considero que ultimamente ha encontrado un filon de plagio en los Episodios Nacionales del otro Perez, el 2° literato español Gal-Dos, el 1° es Unam-Uno.

Te lo digo con el mejor de mis aprecios.

Salam

Un libro como el de Olagüe que es presentado como la Verdad, basándose en "argumentos incuestionables" no es tan inocente por descabellado que sea, ya sabemos casi todos que tipo de ideologias usan esos terminos, ideologias del tipo "Un solo pueblo bajo un solo Dios", "una, grande y libre", etc. No hay mas que ver el tono totalitario y fascistoide de alguno de sus lectores creyentes.

Asatru
16/09/2010, 10:01
Ademas No hay una posición más antihistórica que inventar una teoría y luego manipular los hechos para que se acomoden a nuestra teoría y sirvan a nuestros deseos. Eso es lo que pasa con las teorías de Olague.
Los historiadores que estudian esa época, nunca jamás citan, ni toman en serio a Olague o a la duquesa de Medina Sidonia.

Asatru
16/09/2010, 10:43
[QUOTE=durruti;66003]
Nadie se cree (especialistas serios claro) hoy en día que hubiera batallas en los siglos X; XI; XII que participaran 87.000 tíos (actualmente el ejercito español cuenta con 70.000) degollándose a tuti plein. Y calificando al enemigo “como come niños” y de más malos que la quiña:p.
Salam

Los especialistas "serios" y los no serios saben que si. Los ejercitos de la antiguedad y el medioevo basaban su fuerza en el numero, no se puede comparar con ejercitos de la era moderna que basan su fuerza en la tecnologia mucho mas que ne el numero, por lo tanto la comparacion es absurda.


Ejercitos de la antiguedad, mas de mil anhos antes de le epoca de la que hablamos y por lo tanto con menos poblacion:

Ejército del Imperio Aqueménida: 1.000.000 a 5.000.000 (según los historiadores griegos).
Ejército del Imperio romano: 300.000 soldados (una reserva de 1 a 7 millones de ciudadanos, dependiendo de la población imperial y del historiador, aunque les era imposible movilizarlos al mismo tiempo a todos).
Ejército Asirio: 1.700.000 soldados.
Ejército del Egipto Nuevo: 600.000 soldados.
Ejército de la Confederación de Tribus Galas: 3.000.000 de guerreros.
Etiopía y Nubia: 1.000.000 de soldados.

brisam
16/09/2010, 11:02
Los historiadores que estudian esa época, nunca jamás citan, ni toman en serio a Olague o a la duquesa de Medina Sidonia.

Estaría bueno, si lo hicieran, lo primero que se descubriría es la falta de rigor de los historiadores oficialistas. Las fuentes utilizadas tanto por Olague como por la duquesa de Medina Sidonia están al alcance de todos, incluídos esos "historiadores" que han preferido mirar para otro lado en orden de mantener las tésis oficiales favorables a los poderes establecidos.

durruti
16/09/2010, 12:16
[QUOTE=durruti;66003]

Salam durruti.

Si tienes razón, pido disculpas por mi reacción. Pido perdón a quien ofendí.

Pero solo diré una vez más que hoy en día muchos van de sustentar los valores occidentales como de la razón, la ciencia, el sentido critico y todas esas cosas, pero cuando se trata a analizar documentos históricos se olvidan (misteriosamente) de esos valores occidentales.

Nadie se cree (especialistas serios claro) hoy en día que hubiera batallas en los siglos X; XI; XII que participaran 87.000 tíos (actualmente el ejercito español cuenta con 70.000) degollándose a tuti plein. Y calificando al enemigo “como come niños” y de más malos que la quiña:p.

Me perece bien que admires al Reverte, pero con ese artículo demuestra un proceso mental repleto de tópicos y poca capacidad critica. Solo hay que leerlo para darse cuenta de las banalidades que dice.

Yo como musulmán no me creo las tonterías que escribieron los musulmanes sobre la invasión y sus gestas míticas ante los cristianos, ser lo que soy no me nubla la vista y mi capacidad critica.

Yo no se amigo Durruti si has leído trabajos serios sobre esa época, y que opinión te merece esa sarta de bobadas que reproduce el Reverte. Y no se cual es tú formación literaria, pero amigo Durruti solo hay que echar un vistazo a la biografía- bibliografía de Reverte y por quienes son editados sus libros para darse cuenta de qué va el tema. Reverte escribe como un "periodista", sus libros tienen todos los ingredientes que el gran público que quiere leer y él lo sabe y se lo da.

Pero como no soy crítico literario solo puedo remitirte a estos para analizar la obra de Reverte.

La novela histórica es un buen genero literario y hay buenos autores (un ateo como Gore Vidal, o el mistico Robert Graves son geniales), pero hoy en día la gente no quiere leer Historia y les gusta más las novelitas con trasfondo histórico y sobre todo que no sean “pesadas” sino amenas como las que escribe el abogado Idelfonso Falcones de Sierra, o como ese espabilado llamado Noah Gordon por solo poner dos ejemplos, de escritores mediocres.

Estos autores son los típicos inventos de los ejecutivos de las multinacionales del libro. Y carecen de cualquier valor literario, son simplemente bets seller que van dirigidos a un publico acostumbrado a los pelis de Hollywood y solo pide “distraerse sin pensar”. No digo más porque asi no se me va la olla criticando y se pueden ofender.

Salam
Me parece que tu o yo hemos omitido una palabra de mi mensaje, creo que dije que yo personalmente NO le tengo mucho aprecio a Perez Reverte.

En cuanto a las cifras de las batallas creo que estan muy infladas en algunos casos, con este motivo he vuelto a leer libros que tenia y otros que he comprado, y por ejempo en uno de ellos estiman que el total de musulmanes que pasaron entre 711 Y 718 eran de no mas de 30.000.

Salam

abdal-lah
16/09/2010, 12:49
Asatru: Un libro como el de Olagüe que es presentado como la Verdad, basándose en "argumentos incuestionables" no es tan inocente por descabellado que sea, ya sabemos casi todos que tipo de ideologias usan esos terminos, ideologias del tipo "Un solo pueblo bajo un solo Dios", "una, grande y libre", etc. No hay mas que ver el tono totalitario y fascistoide de alguno de sus lectores creyentes.

`Abdal-lâh: <<El libro de Olagüe jamás se ha presentado como “la Verdad”, ni se basa en “argumentos incuestionables”, primero porque es un autor solitario y carece del respaldo de las instituciones académicas del Estado, así que acusarlo de que se presenta como la Verdad no es cierto, la Verdad no existe (pues solo Al-lâh es la Verdad) no puede ser presentado así.

Además que una concepción de la Historia tenga el estatus de Oficial (por parte de los intereses del Estado) solo lo puede hacer las mismas instituciones del Estado, y para que ese Estado lo presente como “Oficial” se debe alinear con los intereses de ese Estado.

La ideología oficial El estado español (nacionalista) siempre presento la Invasión Musulmana como una justificación para legitimar su nacionalismo excluyente (¿para cuando una Historia de España vista por los gallegos, andaluces, vascos y catalanes, e incluso musulmana) y ver a su oponente ideológico y cultural el Islam como extranjero y ajeno a España

Estos nacionalistas son aquellos que ganaron exterminando en genocidio a los “otros” compatriotas hispanos como a los judíos y musulmanes y estos son quienes gracias a la tesis de la “extranjería de las dos religiones” han sido los que han utilizado eso de “Un solo pueblo bajo un solo Dios y Una grande y libre.

Precisamente lo que hace Olagüe es atacar las bases histórica-ideológicas de los fascistas y totalitarios españoles que se han nutrido del “Mito de la Invasión extrajera árabe musulmana” para justificar sus tesis totalitarias (Un solo pueblo bajo un solo Dios y Una grande y libre), son precisamente estos (los que defienden el mito de la Invasión) quienes inventaron “la pureza de sangre de cristiano viejo”, antes que los nazis inventaran eso de “la pureza de la sangre aria”.

Acusar de totalitarios los que defendemos la tesis de Olagüe es una soberana tontería y una falta de análisis (vaya que no te enteras de nada) o una mala fe., puesto que lo que se trata es de demostrar que no hubo extranjeros que mediante la violencia trajeron el Islam a la Península Ibérica, sino que fueron los hispanos quienes se convirtieron al Islam por motivos religiosos, intelectuales, ideológicos, económicos y sociales. El genio de la cultura musulmana en el Al-Andalus (casi toda la península, excepto unos montañeses bárbaros y paganos de ritos célticos) no fue obra de extranjeros violentos sino que fue obra de la voluntad de los habitantes de la Península Ibérica. Son los totalitarios españoles quien usan el mito del extranjero invasor dándole un valor que no tuvieron porque digamoslo una vez más: Islam en este país fue obra de los habitantes de la Península Ibérica. .

Además la tesis del libro de Olagüe también es un antídoto contra los totalitarios musulmanes que también sostiene que el esplendor de la cultura musulmana en la Península Ibérica fue gracias a los “árabes extranjeros”, y que hoy tienen el derecho a volver a invadir España.

La tesis atribuida a Bin Laden de la propiedad árabe de España se va al garete con la tesis de Olagüe: no hubo ninguna invasión de árabes en España sino que fueron los habitantes de la Península ibérica (lo que hoy se entiende por portugueses, andaluces, catalanes, castellanos etc) quienes se convirtieron libremente al Islam.

En resumen la tesis de Olagüe es el antídoto contra el totalitarismo del nacionalismo español como del totalitarismo islamista.

Porque unos y otros utilizan el Mito de la Invasión Árabe en la Península ibérica para legitimizar sus tesis totalitarias, solo hay que escuchar a Aznar y a Bin Laden (bueno a lo que le atribuyen por este elemento murió en 1999 por problemas renales)

Asi que no tengo nada de totalitario, el único totalitario es usted; además de un mal "calificador", como de un mal "observador" y un pesimo "analista".

Otra cosa Assatru, entonces debo deducir que usted se desdice de sus tesis de que el parentesco de españoles con los árabes es un mito, porque fue usted quien dijo que el parentesco entre español árabes es un cuento, a ver si se aclara porque si usted da credibilidad a la tesis totalitaria seudohistórica de la Invasión de Árabe entonces su afirmación no se entiende. Pero como usted no aportado ningún dato ni ninguna idea (que no sea la oficial del nacionalismo español) sobre el tema veo que va según va el viento nacionalista o de cara al Sol, usted como muchos oficialistas nacionales atacan a los árabes y al Islam sea como sea y ese perece su lema.

Usted siga creyendo en fuentes tendenciosas que solo buscan mantner mitos, leyendas y ensalzar acontecimientos belicos, como esas cifras de combatientes que me a puesto en otro post jajajajajajaj.

Que tenga buen día.

Asatru
16/09/2010, 12:55
Estaría bueno, si lo hicieran, lo primero que se descubriría es la falta de rigor de los historiadores oficialistas. Las fuentes utilizadas tanto por Olague como por la duquesa de Medina Sidonia están al alcance de todos, incluídos esos "historiadores" que han preferido mirar para otro lado en orden de mantener las tésis oficiales favorables a los poderes establecidos.

Falta de rigor porque no cuentan lo que quieres oir?. Favorables a que poderes?, la verdad eso suena a panfleto prefabricado cuando los historiadores casi nunca estan de acuerdo en casi nada. Si a mi manhana me cuentan que la Guerra Civil no existio y que los espanholes abrazaron el franquismo porque estaban hartos de la republica pues al menos tendre que dudarlo, aunque un nostalgico del franquismo probablemente abrace esta tesis con los brazos abiertos, a ciegas y con nulo sentido critico. Estas teorias que despiertan estas adhesiones acriticas en cierta gente porque cuentan justo lo que quieren oir y leer siempre me parecen mosqueantes, cuentos para carne de secta..

abdal-lah
16/09/2010, 14:59
para que se vea la utilización de los nacionalistas fachas de la batalla de 1212 que menciona Asatru en boca de Reverte véase esta direccion

http://ametralladora.blogia.com/2007/082501-historia-de-espana.-tal-dia-como-hoy-del-ano-1212-los-cristianos-venciamos-a-los.php


Después de narrar esa batalla acaban diciendo <<Hoy como ayer, el Islam ha comenzado una nueva invasión. El sentido común llama a un nuevo análisis que sirva para evitar situaciones que históricamente ya hemos padecido>>.

abdal-lah
16/09/2010, 15:05
[QUOTE=`Abdal-lâh;66021]
Me parece que tu o yo hemos omitido una palabra de mi mensaje, creo que dije que yo personalmente NO le tengo mucho aprecio a Perez Reverte.

En cuanto a las cifras de las batallas creo que estan muy infladas en algunos casos, con este motivo he vuelto a leer libros que tenia y otros que he comprado, y por ejempo en uno de ellos estiman que el total de musulmanes que pasaron entre 711 Y 718 eran de no mas de 30.000.

Salam

salam durruti:


¡Ostras te pido perdón otra vez te entendí mal, es que me hago viejo jajjaja, el coco se pone a piñon fijo y no hay quien lo pare;).

Hombre por un lado es casi normal eso de inflar los números, solo hay que ver en la actualidad cuando hay manifestaciones las diferencias entre las cifras que dan los organizadores, la guardia municipal y los contrarios a la manifestación.

Si eso pasa hoy en dí, no va pasar en el pasado.
salam

Asatru
16/09/2010, 15:48
para que se vea la utilización de los nacionalistas fachas de la batalla de 1212 que menciona Asatru en boca de Reverte véase esta direccion

http://ametralladora.blogia.com/2007/082501-historia-de-espana.-tal-dia-como-hoy-del-ano-1212-los-cristianos-venciamos-a-los.php


Después de narrar esa batalla acaban diciendo <<Hoy como ayer, el Islam ha comenzado una nueva invasión. El sentido común llama a un nuevo análisis que sirva para evitar situaciones que históricamente ya hemos padecido>>.



Burdo intento de mezclar a Perez Reverte con grupusculos de extrema derecha para intentar descalificar, es lo que siempre haces con todo el que no esta de acuerdo contigo o dice lo que no te gusta oir, en fin, ya te conocemos, es lo que siempre haces, llevar el debate al nivel de ninhos de 15 anhos. Desde luego esta respuesta tuya le da la razon a Perez Reverte en lo que dice mas alla de los datos historicos, aunque seguramente ni lo veas.

Pasando al tema, si se puede, la adopcion voluntaria del islam en la Hispania romano visigoda me parece bastante inverosimil porque entre los antepasados de los andaluces, aparte del politeismo, la tendencia a la adoracion del principio femenino es mas que evidente. Solo hay que acudir a la arqueologia. Solo hay que ver el fervor del culto a Salambo, la Cibeles hispalense. Por supuesto todo esto fue sustituido y adaptado por el culto mariano perviviendo este culto a lo femenino, que en Andalucía fue y es mas que fuerte y arraigado. ¿Quieres decirme cómo iba a sustituir el Islam ese culto al principio femenino?.

Asatru
16/09/2010, 16:03
Asatru: Un libro como el de Olagüe que es presentado como la Verdad, basándose en "argumentos incuestionables" no es tan inocente por descabellado que sea, ya sabemos casi todos que tipo de ideologias usan esos terminos, ideologias del tipo "Un solo pueblo bajo un solo Dios", "una, grande y libre", etc. No hay mas que ver el tono totalitario y fascistoide de alguno de sus lectores creyentes.

`Abdal-lâh: <<El libro de Olagüe jamás se ha presentado como “la Verdad”, ni se basa en “argumentos incuestionables”, primero porque es un autor solitario y carece del respaldo de las instituciones académicas del Estado, así que acusarlo de que se presenta como la Verdad no es cierto, la Verdad no existe (pues solo Al-lâh es la Verdad) no puede ser presentado así.

Además que una concepción de la Historia tenga el estatus de Oficial (por parte de los intereses del Estado) solo lo puede hacer las mismas instituciones del Estado, y para que ese Estado lo presente como “Oficial” se debe alinear con los intereses de ese Estado.

La ideología oficial El estado español (nacionalista) siempre presento la Invasión Musulmana como una justificación para legitimar su nacionalismo excluyente (¿para cuando una Historia de España vista por los gallegos, andaluces, vascos y catalanes, e incluso musulmana) y ver a su oponente ideológico y cultural el Islam como extranjero y ajeno a España

Estos nacionalistas son aquellos que ganaron exterminando en genocidio a los “otros” compatriotas hispanos como a los judíos y musulmanes y estos son quienes gracias a la tesis de la “extranjería de las dos religiones” han sido los que han utilizado eso de “Un solo pueblo bajo un solo Dios y Una grande y libre.

Precisamente lo que hace Olagüe es atacar las bases histórica-ideológicas de los fascistas y totalitarios españoles que se han nutrido del “Mito de la Invasión extrajera árabe musulmana” para justificar sus tesis totalitarias (Un solo pueblo bajo un solo Dios y Una grande y libre), son precisamente estos (los que defienden el mito de la Invasión) quienes inventaron “la pureza de sangre de cristiano viejo”, antes que los nazis inventaran eso de “la pureza de la sangre aria”.

Acusar de totalitarios los que defendemos la tesis de Olagüe es una soberana tontería y una falta de análisis (vaya que no te enteras de nada) o una mala fe., puesto que lo que se trata es de demostrar que no hubo extranjeros que mediante la violencia trajeron el Islam a la Península Ibérica, sino que fueron los hispanos quienes se convirtieron al Islam por motivos religiosos, intelectuales, ideológicos, económicos y sociales. El genio de la cultura musulmana en el Al-Andalus (casi toda la península, excepto unos montañeses bárbaros y paganos de ritos célticos) no fue obra de extranjeros violentos sino que fue obra de la voluntad de los habitantes de la Península Ibérica. Son los totalitarios españoles quien usan el mito del extranjero invasor dándole un valor que no tuvieron porque digamoslo una vez más: Islam en este país fue obra de los habitantes de la Península Ibérica. .

Además la tesis del libro de Olagüe también es un antídoto contra los totalitarios musulmanes que también sostiene que el esplendor de la cultura musulmana en la Península Ibérica fue gracias a los “árabes extranjeros”, y que hoy tienen el derecho a volver a invadir España.

La tesis atribuida a Bin Laden de la propiedad árabe de España se va al garete con la tesis de Olagüe: no hubo ninguna invasión de árabes en España sino que fueron los habitantes de la Península ibérica (lo que hoy se entiende por portugueses, andaluces, catalanes, castellanos etc) quienes se convirtieron libremente al Islam.

En resumen la tesis de Olagüe es el antídoto contra el totalitarismo del nacionalismo español como del totalitarismo islamista.

Porque unos y otros utilizan el Mito de la Invasión Árabe en la Península ibérica para legitimizar sus tesis totalitarias, solo hay que escuchar a Aznar y a Bin Laden (bueno a lo que le atribuyen por este elemento murió en 1999 por problemas renales)

Asi que no tengo nada de totalitario, el único totalitario es usted; además de un mal "calificador", como de un mal "observador" y un pesimo "analista".

Otra cosa Assatru, entonces debo deducir que usted se desdice de sus tesis de que el parentesco de españoles con los árabes es un mito, porque fue usted quien dijo que el parentesco entre español árabes es un cuento, a ver si se aclara porque si usted da credibilidad a la tesis totalitaria seudohistórica de la Invasión de Árabe entonces su afirmación no se entiende. Pero como usted no aportado ningún dato ni ninguna idea (que no sea la oficial del nacionalismo español) sobre el tema veo que va según va el viento nacionalista o de cara al Sol, usted como muchos oficialistas nacionales atacan a los árabes y al Islam sea como sea y ese perece su lema.

Usted siga creyendo en fuentes tendenciosas que solo buscan mantner mitos, leyendas y ensalzar acontecimientos belicos, como esas cifras de combatientes que me a puesto en otro post jajajajajajaj.

Que tenga buen día.


Para empezar, no rechazo las tesis de Olague de plano, me parecen curiosas, pero las pongo en tela de juicio, o es que me las tengo que tragar como si fuesen palabra sagrada e irrefutable?.
Sobre la mezcla genetica, el que hubiera invasion militar, no significa que despues hubiera mestizaje ni que la poblacion arabe fuese porcentualmente importante. En Toledo en 200 anhos hubo dos matrimonios mixtos segun figura en los archivos de la ciudad, la supuesta conviviencia armoniosa es un cuento falso para turistas (no entiendo porque razon, porque la historia real es mucho mas interesante). Si no hubo mestizaje apenas y la poblacion arabe era minoritaria ademas de ir siendo expulsada en varias oleadas pues su huella genetica entre los actuales habitantes de la Peninsula Iberica es muy pequenha.

Hawah Hussain
16/09/2010, 16:30
La verdad es que la temática era interesante pero la verdad es que dan ganas de no intervenir puesto que como dice Asatru en cuanto difieres de la masa te "lapidan" con lo cual es una lastima que nunca se pueda opinar libremente sino en esta especie de "dictadura" donde el que se sale del pensamiento único es juzgado y condenado. Con lo que si eso pasa aqui imaginemos que pasaria en una tierra con tres religiones las otras dos estarían sometidas a la mas fuerte en cada momento es de sentido comun.

Sobre la España musulmana existe mil teorías supongo que ninguna de ellas exacta y ademas depende de la época con alguna intención política a favor o encontra, lo que ha convertido a Al-Andalus en una victima de unos y otros en un tierra de leyenda imaginaria y en una tierra de convivencia ficticia porque por sentido común todos querrían el poder.

De todas formas lo mas parecido a A--Andalus es el Reino de Taifas que es hoy en dia España, si no nos llevamos bien ahora como nos ibamos a llevar bien antes con tres religiones distintas, si ahora ser persigue en Cataluña al castellano hablante que hace pensar que antes no se persiguiera al judío, en fin todo muy bonito en el reino de la mitología en la realidad no hay mas que vernos ahora pero adivinar como fue nuestro pasado cada uno en su taifa y Dios en la de todos.

Saludos,

abdal-lah
16/09/2010, 16:32
En cuanto a los 1.000.000 a 5.000.000 de soldados persas la cosa es de risa;).

Es lógico que los griegos enemigos declarados de los persas inflaran el numero de los soldados enemigos, así su triunfo sobre ellos se convertía en una gesta para explicarla a sus nietos.
En http://www.saberhistoria.com.ar/?m=20091126

se lee:

<<El mando de este ejército le fue encargado a Leonidas I, rey de Esparta y estaba conformado por entre 5000 y 7000 soldados de los cuales 300 hoplitas eran espartanos (a los que hay que sumar otros 600 ilotas, pues cada espartano llevaba dos siervos a su servicio), 500 de Tegea, otros 500 de Mantinea, 120 de Orcómeno y 1.000 hoplitas del resto de Arcadia: 400 de Corinto, 200 de Fliunte, 80 de Micenas, 700 tespios y 400 tebanos, además de 1.000 focenses y todos los locros.

Relieve de Jerjes I

En frente se encontraban las fuerzas persas dirigidas por el emperador Jerjes I y conformadas por alrededor de 250.000 y un millón de efectivos (según las fuentes griegas). Heródoto incluso llego a elevar el número de los soldados a varios millones. Las fuerzas asiáticas, cuyos pasos hacían temblar la tierra cuando avanzaban, habían acampado en una larga franja a lo largo de la orilla del mar. Habían llegado hasta allí cruzando el mar por el estrecho de Dardenelos, caminando sobre el más sofisticado sistema de barcos y pontones que se podía construir con la ingeniería de aquella época>>


Heródoto como buen griego inflo descaradamente las cifras de los soldados enemigos. Podemos apreciar como se manipula la historia a conveniencia de quien la escribe.

Las demás cifras paso de analizarlas, la verdad es que me cansa su estilo y sus planteamientos oficialistas más parecidos a la película de Hollywood; y me refiero a ese bodrio fascista-gaycaliforniano de la película “300” del director Zack Snyder.



que pase una buena tarde.

Hawah Hussain
16/09/2010, 16:52
Que bonito los relieves persas, y otras edificaciones de la época, muy bien conservados en los museos del Louvre y Pergamo una maravilla si vais por Paris o Berlin os lo recomiendo.

Saludos,

abdal-lah
16/09/2010, 16:57
Burdo intento de mezclar a Perez Reverte con grupusculos de extrema derecha para intentar descalificar, es lo que siempre haces con todo el que no esta de acuerdo contigo o dice lo que no te gusta oir, en fin, ya te conocemos, es lo que siempre haces, llevar el debate al nivel de ninhos de 15 anhos. Desde luego esta respuesta tuya le da la razon a Perez Reverte en lo que dice mas alla de los datos historicos, aunque seguramente ni lo veas.

Pasando al tema, si se puede, la adopcion voluntaria del islam en la Hispania romano visigoda me parece bastante inverosimil porque entre los antepasados de los andaluces, aparte del politeismo, la tendencia a la adoracion del principio femenino es mas que evidente. Solo hay que acudir a la arqueologia. Solo hay que ver el fervor del culto a Salambo, la Cibeles hispalense. Por supuesto todo esto fue sustituido y adaptado por el culto mariano perviviendo este culto a lo femenino, que en Andalucía fue y es mas que fuerte y arraigado. ¿Quieres decirme cómo iba a sustituir el Islam ese culto al principio femenino?.

. ¿Cómo? Si lo he entendido bien niegas que haya existido el Islam en Andalucía, otras yo alucino.

El culto mariano se implanta después de la guerra sucia contra los musulmanes, y fue una imposición represiva del catolicismoestatal.

Quién no creía en la Madre de Dios: para la hoguera, la tortura y el expolio de sus tierras para dárselas a los participantes de la guerra, cuantos más "moros" matados más grande eran las tierras para los condes y demás señores feudales.

Luego esos señores feudales como arma de represión y castigo impusieron el "derecho de pernada", vaya como hicieron luego los fascistas serbios violando a todas las mujeres musulmanas bosnias, y que estos llamaban y llaman: "turcas", alli eran "turcas" aqui "moras"

que pase una buena tarde

abdal-lah
16/09/2010, 17:38
La verdad es que la temática era interesante pero la verdad es que dan ganas de no intervenir puesto que como dice Asatru en cuanto difieres de la masa te "lapidan" con lo cual es una lastima que nunca se pueda opinar libremente sino en esta especie de "dictadura" donde el que se sale del pensamiento único es juzgado y condenado. Con lo que si eso pasa aqui imaginemos que pasaria en una tierra con tres religiones las otras dos estarían sometidas a la mas fuerte en cada momento es de sentido comun.

Sobre la España musulmana existe mil teorías supongo que ninguna de ellas exacta y ademas depende de la época con alguna intención política a favor o encontra, lo que ha convertido a Al-Andalus en una victima de unos y otros en un tierra de leyenda imaginaria y en una tierra de convivencia ficticia porque por sentido común todos querrían el poder.

De todas formas lo mas parecido a A--Andalus es el Reino de Taifas que es hoy en dia España, si no nos llevamos bien ahora como nos ibamos a llevar bien antes con tres religiones distintas, si ahora ser persigue en Cataluña al castellano hablante que hace pensar que antes no se persiguiera al judío, en fin todo muy bonito en el reino de la mitología en la realidad no hay mas que vernos ahora pero adivinar como fue nuestro pasado cada uno en su taifa y Dios en la de todos.
Saludos,

Buenooooo, jajajja. Una muestra del pensamiento único y del nacionalismo excluyente, de eso de "Solo una Patria y un solo Dios".

jajjaja "reino de taifas" y los catalanes perseguimos al castellano jajajjaja, tú ves demasiado Intereconomía y Popular Mariavisión.

Alé y ve a ver como torturan y asesinan a los toros a lanzadas.

Lo que hay que leer.

abdal-lah
16/09/2010, 17:47
Para empezar, no rechazo las tesis de Olague de plano, me parecen curiosas, pero las pongo en tela de juicio, o es que me las tengo que tragar como si fuesen palabra sagrada e irrefutable?.
Sobre la mezcla genetica, el que hubiera invasion militar, no significa que despues hubiera mestizaje ni que la poblacion arabe fuese porcentualmente importante. En Toledo en 200 anhos hubo dos matrimonios mixtos segun figura en los archivos de la ciudad, la supuesta conviviencia armoniosa es un cuento falso para turistas (no entiendo porque razon, porque la historia real es mucho mas interesante). Si no hubo mestizaje apenas y la poblacion arabe era minoritaria ademas de ir siendo expulsada en varias oleadas pues su huella genetica entre los actuales habitantes de la Peninsula Iberica es muy pequenha.

Pero quién dice que el texto de Olagüe sea "sagrado" para su información solo considero Sagrado el Al-Qur`ân. No juegue al despiste hombre. Déjese de rechazar los argumentos de Olagüe porque usted crea que lo considero sagrado, que ese prejuicio que usted me presupone no sea un obstáculo para que usted pueda apreciar la obra de Olagüe. Deje lo que yo crea o no y analice usted mismo las cosas y deje de prejuicios

Que pase una buena tarde.

abdal-lah
16/09/2010, 18:50
Fuente: http://www.linksole.com/5jevn5


Los Árabes no invadieron jamás España

Ignacio Olagüe

Prólogo

Cuando abandona el turista el Patio de los Naranjos y penetra en la Mezquita de Córdoba por el gran arco de herradura que encuadra su entrada principal, se encuentra de repente ante unas vistas insospechadas. Descubren sus ojos un bosque de columnas plantadas de modo simétrico. Sobrecogido por una atracción poderosa que le obliga a ir mas y más adelante, queda sorprendido desde los primeros pasos por el aliento de un soplo extraordinario, como si le rozara la cara el alma de este templo misterioso.

A pesar suyo, he aquí que se siente arrastrado hacia un mundo desconocido, el cual podrá extraviar al irreflexivo, pero que fascina al espíritu sensible y advertido. Desconcertado, pronto comprende su incapacidad para establecer asociaciones de ideas entre estas impresiones tan fuertemente sentidas y su experiencia visual o el recuerdo de sus lecturas. Más o menos inconscientemente según su agudeza, percibe que no puede anudar relación alguna entre lo que contempla y las obras maestras de las civilizaciones antiguas de las cuales conserva en su memoria una visión indeleble: el Panteón, Santa Sofía, las góticas catedrales...

Acostumbrado desde la infancia a calcular las dimensiones de un edificio desde su entrada con una mirada sencilla, en una intuición rápida, se da cuenta de su impotencia para medir el alcance de lo que ve. Si se adelanta, huyen las columnas y persiguiéndose se esfuman en el horizonte. En parte alguna descansa la vista para fijar su límite. Ninguna geometría euclidiana puede satisfacer su sentido del tacto. Le rodea el infinito por doquier, pues por todos lados se presenta la misma imagen, como reflejada por espejos múltiples.

Decidido entonces, se enfrenta el visitante con los fustes que le asedian por cualquier parte. De estilo toscano, en general de mármol blanco y liso, algunos en ónice, a veces con formas salomónicas o entorchadas, su similar altura y la elegancia de su porte dan un parecido ademán a las calles que se abren ante su vista. Aprecia inmediatamente que son diferentes los capiteles, debido sin duda a orígenes distintos. Levanta los ojos y percibe que sostienen arcos de herradura que se persiguen de columna en columna, en gesto gracioso y frívolo, sin ninguna utilidad aparente, cuando en realidad sirven de armazón para sostener el demasiado frágil conjunto.

Más alto aún, por encima de los contrafuertes sobre los cuales se apoyan los arcos de herradura, se yerguen ligeros pilares. Mantienen una segunda fila de arcos, éstos de medio punto, que soportan en la penumbra las vigas del techo y la carpintería de la techumbre. La ligereza producida por las piedras blancas alternando con ladrillos rojos del mismo espesor para componer en dos colores los arcos de herradura, la curva extremada de sus formas, la visión aérea de los dobles arcados producen una impresión inimaginable.

Asombrado se adelanta el visitante por el bosque sagrado. Sé detiene en las partes reservadas del santuario. Y, a menos que la indiferencia no traicione su insensibilidad por las maravillas del arte y por los placeres con los cuales enriquecen el espíritu, no sabrá en un principio expresar su admiración. Sólo asomará a sus labios una palabra: ¡Qué extraño! En su sorpresa, al punto surgirá de lo más hondo de su conciencia una idea: ¡ En fin! He aquí este Oriente encantador, inaccesible, mágico». Abstraído lejos de sus menesteres cotidianos, ya se siente impulsado nuestro occidental por la manía de filosofar. Reaccionando ante la magia del espectáculo, en dulce sueño se perderá su pensamiento como su mirada extraviada por entre las columnas...

¡Qué placer el poder alcanzar esta mística del Islam! ¿Tan misteriosa no la sentirían los creyentes al abandonar sus babuchas para penetrar en la mezquita, como en lo suyo le ocurre al bautizado cuando entra en una catedral, cabeza descubierta? Mas en verdad, quedando estas preguntas sin respuesta inmediata, insensiblemente se le ocurrirán otros pensamientos y el recuerdo de los árabes se entremezclará insensiblemente en el flujo de sus asociaciones mentales, sueltas ya con toda libertad. Y así, después de haber recordado con escolar dictamen la hazaña de Carlos Martel que al fin y al cabo había detenido la oleada arábiga, no podrá menos que sentir cierta admiración por esta gente que a pesar de todo había emprendido grandes empresas. Recordará los ejércitos sarracenos, conquistadores de medio mundo, cuyos descendientes se habían asentado en estas tierras del Ándalus que tan gran civilización les debía.

Emocionado y acaso aturdido, quizá no se le pasará por la cabeza que también la Bética había sido el teatro de otra civilización y cuna de emperadores romanos, y que Córdoba, la ciudad de la Mezquita, lo había sido antes de los Sénecas y de los Lucanos.
Mas, ¡cuán suspenso hubiera quedado nuestro viajero si alguien interrumpiendo su soñarrera le hubiera susurrado al oído que era ya hora de despertar! Pues no habían conquistado los árabes esta ciudad y, con certeza, jamás construido este maravilloso monumento.

Era la impronta en el cerebro de una enseñanza arcaica. Así, el mito de una soberbia caballería, arábiga en cuanto al jinete y a la cabalgadura, avanzando cual el simún en una nube de polvo, queda todavía fuertemente grabado en los espíritus, aunque hoy día algo descolorido por un más preciso conocimiento de la historia. Hasta nuestros trabajos, siguiendo a los analistas musulmanes y a los cronicones cristianos se había creído sin reparo alguno en la existencia de esta nube de langosta que se había abatido sobre Occidente. Como de acuerdo con este criterio habían traído dichos nómadas los elementos de una civilización que posteriormente se había desarrollado de modo sorprendente en el sur de la península, no suscitaba la Mezquita de Córdoba problema alguno. Ningún misterio traslucía. Lo que llamaba la atención del turista en su visita era el repentino contacto con el Islam, desconocido de los occidentales. Pertenecía al arte oriental la extraña belleza de tan sorprendente monumento y a la religión de Mahoma el encanto místico que desprendía.

A fines del siglo pasado empezaron arqueólogos españoles a restaurar iglesias que habían sido construidas en tiempos de los visigodos. Una de ellas, dedicada a San Juan Bautista y situada en Baños de Cerrato (Venta de Baños), había sido edificada por Recesvinto en 661, de acuerdo con una inscripción colocada en el transepto, frente a la nave principal. El hecho era indiscutible. La fecha de su construcción muy anterior a la pretendida invasión de 711, y sin embargo poseía esta iglesia soberbios arcos de herradura. Pronto se los encontró por toda la península, algunos tan bellos como los cordobeses y... no eran musulmanes.

Se han hallado hasta en Francia, orillas del Loire, que de acuerdo con la tradición jamás alcanzaron los árabes. En fin, se averiguaba en nuestros días que habían existido arcos de herradura en fechas anteriores a nuestra era cristiana. De tal suerte que se podía establecer el proceso de su evolución desde aquellos tiempos remotos hasta su magna florescencia bajo los califas cordobeses.

Uno de los mitos de la historia occidental se venía abajo. El arco de herradura, cuyas curvas inverosímiles habían permitido las más extraordinarias extravagancias, no había sido traído de Oriente por los árabes invasores.

Más aún. A medida que se incrementaban los estudios emprendidos sobre el arte de la civilización arábiga, se percibía que los principios arquitectónicos empleados en la construcción de la Mezquita de Córdoba escasas relaciones tenían con el Asia lejana. Así como el arco de herradura, aparecía que estas técnicas antaño estimadas por extranjeras pertenecían a la tradición local, ibérica, romana y visigoda. Pero se complicaba el problema tanto más por el hecho siguiente:
Había sido construido este oratorio por los hombres y para los hombres. El arquitecto que dibujó los planos, no había dado suelta a su imaginación para satisfacer su capricho o su necesidad de creación artística. Sin menospreciar sus cualidades intelectuales, muy al contrario, había que reconocer sin embargo que las había puesto a disposición de una idea superior: la puesta en obra de una función para la cual había sido el templo objeto de un encargo, había sido construido y pagado. En una palabra, había sido edificado para la celebración de un culto religioso. Pero bastaba con pasearse por el bosque de sus columnas para darse cuenta de que este culto no pertenecía ni a la religión musulmana, ni a la cristiana. Pues la disposición interior de este monumento no ha sido concebida para el cumplimiento de las ceremonias prescritas por la liturgia de estas creencias.

abdal-lah
16/09/2010, 18:54
Para decir sus plegarias en común, con sus genuflexiones y sus postraciones repetidas y hechas por todos los fieles con un mismo gesto, sólo necesitaban los musulmanes de un patio, como el que existía en la casa del profeta. Bastaba pues que el lugar, abierto a la intemperie pero cubierto por un tejado, permitiera la colocación de los muslimes en largas filas, formando un frente de tal suerte que pudieran con la vista seguir los gestos del encargado de la oración, el imán, situado ante todos ellos de cara al mihrab, aposento sagrado en donde se guarda el Corán. Por su parte, requiere el ritual católico un amplio espacio cubierto en el cual pueden los cristianos seguir el sacrificio de la misa celebrado por el oficiante. En ambos casos está fundada la liturgia en un mismo principio: el papel desempeñado por la vista en estas ceremonias.

Así se explica con qué facilidad han adaptado los musulmanes las iglesias cristianas a su culto sin tener la necesidad de emprender grandes modificaciones en su arquitectura. Les bastaban escasas obras para transformar una basílica en una mezquita. Clásico es el ejemplo de Damasco en donde la sala de oraciones de la Gran Mezquita conserva aún la estructura requerida para el servicio anterior, cuando estaba bajo el patronato de San Juan Bautista. No ocurría lo mismo con la Mezquita de Córdoba. Perdidas en el bosque, las muchedumbres de los creyentes y de los fieles tuvieron sin duda alguna mucha incomodidad, los unos para seguir todos con un mismo movimiento los gestos del imán, los otros para comulgar espiritualmente con el celebrante en las distintas partes de la misa, quedando ambos ocultos por el juego de las columnas.

Por esta razón, por causa de su interna configuración, había sido finalmente adoptado el principio de la basílica por los cristianos. Pues estaba concebida de tal suerte que podía el pueblo desde todos los lugares disfrutar de un espectáculo entonces muy concurrido: ver al basileus cumplir majestuosamente sus funciones. Se impuso esta concepción arquitectónica a partir del siglo IV porque permitía a los fieles observar los movimientos y seguir las oraciones de los sacerdotes. Esto es imposible en un bosque de columnas. Ahora se entiende por qué la Mezquita de Córdoba, a pesar del sacrilegio artístico de Carlos V, jamás llegó a convertirse en una catedral, sino en una feria de pequeños altares. Por todo lo cual se deduce que tanto los musulmanes como los cristianos sólo habían sabido adaptar a las necesidades de su culto un templo que no había sido construido para las ceremonias respectivas de sus religiones.

Volveremos a ocuparnos de esta cuestión en la tercera parte de esta obra, cuando estudiemos la historia de la Mezquita de Córdoba. Por ahora es menester contestar solamente a una pregunta apremiante. Si el templo primitivo cuya interna configuración lo constituye un bosque de columnas, no ha sido construido ni para el culto musulmán, ni para el cristiano, ¿a qué rito o religión estaba destinado? ¿Cuál era el pensamiento que inspiraba el lápiz del arquitecto cuando dibujaba estas enigmáticas arquerías? ¿Qué aliento, qué llama podían unirle con el constructor? Pues, al fin y al cabo, quien paga impone su criterio. Sólo le toca al artista interpretarlo y realizarlo. ¿Qué fuerza poseía este soplo que les embargaba para que de esta colaboración surgiera una de las obras más geniales construidas por los hombres?

Nadie ha respondido a esta pregunta porque nadie, que sepamos, la había hecho. Mas no puede escamotearse: Ahí está la obra. Entonces, basta con pensar en las dificultades de concepción, de construcción y de interpretación que plantea tan extraño bosque de columnas, para apreciar que encierra un enigma histórico. Nadie hasta nuestros días se ha esforzado en explicarlo. Por nuestra parte, en las páginas siguientes nos dedicaremos a desenmarañar este misterio. Por ahora podemos solamente adelantar que esta imbricado en uno de los grandes problemas de la historia universal.

Por el alejamiento de los tiempos, por la ignorancia y la pasión religiosa, el trozo del pasado que ha visto al Islam propagarse por las orillas del Mare Nostrum ha sido sepultado como una ciudad antiquísima, bajo unos escombros imponentes, un alud de mentiras, de leyendas, de falsas tradiciones. De acuerdo con una interpretación primaria de la actividad humana, se había concebido la expansión del Islam, no como el fruto de una civilización, sino como el resultado de unas conquistas militares sucesivas y fulminantes. Idioma, religión, cultura no habían sido impuestos por la fuerza de la idea, sino con alfanjazos que habían diezmado a los guerreros oponentes y por el fuego que había aterrorizado las poblaciones indefensas. Con gran refuerzo de estampas resobadas se había descrito la invasión de Berbería, de la Península Ibérica y del sur de Francia, sin mencionar otras regiones cuyo problema no cuadra con los limites de esta obra.

Ejércitos árabes en número inverosímil habían desbordado por todas partes como la oleada de un maremoto; lo que era un reto a la geografía y al sentido común. Era hora de apartar los residuos amontonados a lo largo de los siglos y destacar de este proceso las líneas generales de los acontecimientos. Sería entonces posible alcanzar el aliento que había dado tan singular vitalidad a estos tiempos oscuros, pero fecundísimos. El misterio de la Mezquita de Córdoba entonces podría quedar aclarado. Una más íntima comprensión de las resacas que a veces arrebatan a los hombres podría ser entendida. Nueva luz aclararía la evolución de la humanidad.


Fin del Prólogo

abdal-lah
17/09/2010, 08:28
Fuente: http://www.linksole.com/5jevn5


Los Árabes no invadieron jamás España

Ignacio Olagüe

Capítulo1


LA PRETENDIDA INVASIÓN ÁRABE

Cronología según la historia clásica de las etapas principales de la expansión árabe. El avance de los invasores hacia el Oeste. Las ofensivas contra Tunicia. La conquista de África del Norte. La invasión de la Península Ibérica.

Al empezar el siglo VII estaba asolado el Próximo Oriente por una larguísima rivalidad: Se oponían los bizantinos del emperador Heraclio a los persas del rey de los reyes, Kosroes II Parviz, apellidado Coroes, el victorioso. Ya centenaria, la guerra había sembrado el desorden en las regiones sometidas a los asaltos de estas fuerzas encontradas: Egipto, Palestina, Siria, Mesopotamia, las cuales estaban habitadas por pueblos abigarrados por su ascendencia y por su herencia cultural. Estaban incrementadas las pérdidas materiales por un desconcierto enorme, originado por un complejo religioso cuya crisis alcanzaba entonces el paroxismo.

Para envenenar aún más la situación, una pulsación climática de largo alcance producía graves trastornos económicos, y la agitación de los nómadas que huían de la estepa carcomida por el desierto se incrementaba. En una palabra, una tensión sobrecargada agobiaba estas comarcas. Inevitable era una violentísima conmoción. Así un líquido saturado cristaliza al contacto con una molécula sobrante, recientemente adquirida, lo mismo una causa minúscula produjo efectos asombrosos. Era un sencillo camellero. No se sabe exactamente cómo se llamaba: Cuotain o Zobat. Se puso un apodo que ha llegado a ser celebérrimo, el de Muhammad, que quiere decir: el alabado.

(Aquí Olagüe confunde los apodos que los bizantinos le dan a Muhammad -s.a.a.s.-por el nombre y el nombre por el apodo. El nombre Muhammad no es un apodo, sino el nombre propio puesto por sus padres, aparte de Muhammad -el adorador- tiene dos nombres más: Ahmad -El más fervoroso adorador-, Mustafà -el elegido-. Los paréntesis son míos)

Desconcertados quedaron los historiadores ante la magnitud de los acontecimientos, sucediéndose con la rapidez del rayo. Herederos en gran mayoría de una disciplina escolar rígida por demás, adiestrados por sus maestros en el pasado de las naciones europeas cuyas luchas políticas rara vez alcanzaban una importancia universal, eran incapaces de comprender estas oleadas de fondo que habían trastornado el curso de la historia. Como el náufrago agarrado para salvarse a las tablas aún flotando, se esforzaban en apoyarse sobre fragmentos de documentos, librados por milagro de la erosión de los siglos, sin esforzarse en averiguar su verdadero valor como prueba; tanto más ya que eran generalmente inexpertos para situar los hechos descritos en la curva de la evolución humana. Pues no siempre poseían una clave para explicarlos, ni tan siquiera para lograr una comprensión aproximativa. Describieron la explosiva expansión del Islam siguiendo las crónicas árabes, escritas según el genio de cada analista mucho tiempo después de los acontecimientos que relataban y en una época en que esta religión había perdido su plasticidad primera.

Obcecados, no se percataron de que sus textos se enfrentaban con las más sencillas evidencias del sentido común. Se hinchó la pequeña comunidad del Hedjaz en un Estado poderoso. Fue convertida la predicación de Mahoma en un ariete militar que iba a desbaratar las fronteras más alejadas, la molécula cristalizadora en una catapulta extraordinaria. Así están consignados los hechos en las obras más autorizadas:

En el principio del siglo VII, cuando los persas logran algunas ventajas sobre los bizantinos y ocupan Damasco y Jerusalén en 614 y Egipto en 620, empieza Mahoma su predicación, a convertir al monoteísmo a las gentes de su tribu, los coraichitas. En 622, abandona la Meca por Medina. Con sus correligionarios prepara los años siguientes la vuelta a la ciudad santa. En 630, la ataca y manu militan se apodera de la misma.

Muere diez años más tarde. Adiestrados en un cuerpo de ejército cuya potencia ofensiva era extraordinaria, siguiendo sus enseñanzas, emprenden sus fieles una serie de invasiones todas ellas positivas que les convertirán en los amos de medio mundo..

En 635, dominan Siria por entero; en 637, se apoderan de Ctesifón; en 639, de Jerusalén y de la Palestina. De 639 a 641, son dueños de Mesopotamia en su totalidad y de 640 a 643, se hacen señores del Irán; en 647, es conquistada Trípoli. Dos años más tarde desembarcan en la isla de Chipre. En 664, invaden el Punjab; en 670, se hacen con el África del Norte. De 705 a 715, desciende el califa Welid 1 el valle del Indo hasta su desembocadura. De 711 a 713, asaltan y toman la Península Ibérica. En 720, se rinde Narbona. En 725, se deslizan los sarracenos hasta Autun. En fin, en 25 de octubre de 732, son aplastados en Poitiers por Carlos Martel.

En un siglo habían constituido los árabes un imperio cuya extensión superaba poco más o menos los 15.000 kilómetros de longitud y su expansión por las mesetas de Asia Central se proseguía sin cesar.

Comparada con esta gesta, la empresa del Imperio Romano o la propagación del cristianismo parecían proezas de orden secundario. Se halla el historiador ante acontecimientos únicos en la historia. Si piensa en los medios de comunicación de aquel entonces queda atónito. Sobrepasaba esta epopeya las posibilidades humanas y razón tenían los panegiristas del Islam en afirmar que había sido posible este milagro por la ayuda de la Providencia que había auxiliado a los discípulos de Mahoma. De ser así, el hecho no podía discutirse:

Habían desplazado los muslimes a sus predecesores en los favores del Todopoderoso. Ya no eran los judíos, ni los cristianos los únicos elegidos del Señor. En sus tesis acerca de la historia universal no lograba la elocuencia de Bossuet superar este hecho evidente: Tratándose de recibir las gracias de la Providencia, el milagro musulmán excedía, ¡y en qué medida!, al milagro cristiano.

No ha suscitado este aspecto maravilloso de tan rápida expansión del islam objeción alguna, ni por parte de los historiadores, ni de los mismos especialistas, que se han limitado a destacar tan asombroso carácter 1.

Hasta nuestros días nadie ha puesto en duda la autenticidad de estos relatos. En todas nuestras lecturas —las que desgraciadamente no han podido agotar el tema— no hemos encontrado más que dos criterios que se oponen a lo que pudiéramos llamar la historia clásica: los estudios de Spengler que han situado el problema en su verdadero terreno y las dudas del general Brémond acerca de estas invasiones sucesivas y simultáneas. Desde un punto de vista militar hacen autoridad los argumentos de este autor porque son el fruto de un conocimiento práctico del Hedjaz y de- una experiencia guerrera del desierto; ambas enseñanzas quedan respaldadas por una dosis satisfactoria de sentido común 2.

Para bosquejar una concepción mis racional de esta gigantesca transformación social y cultural —la que nos permitirá alcanzar nuestros objetivos—, tenemos que insistir en el análisis de la expansión del Islam hacia Occidente. Nuestros conocimientos acerca de la geografía y de la historia de estas regiones, nos ayudarán a desmontar el artilugio del mito. Desvanecido, nos será entonces posible reducir los acontecimientos a escala humana. No nos adentraremos en el laberinto del Próximo Oriente. La expansión de la evolución de las ideas religiosas en Asia, el análisis de los hechos económicos, sociales y políticos, nos obligarían a desarrollar encuestas incompatibles con las dimensiones de esta obra. Por ahora, con el concurso de los trabajos más recientes indagaremos los pormenores de esta cabalgata musulmana hacia el Occidente.

De acuerdo con lo que aseguran las crónicas, hacia 642, después de muchas dilaciones se apoderan los árabes de la ciudadela de Alejandría y acaban por dominar Egipto. País tradicionalmente rico, poseían sus habitantes una cultura propia, por su lengua y por su arte. Cristianos monofisitas, fueron llamados coptos para distinguirlos de los imperiales bizantinos, los cuales, constituyendo una minoría, hablaban griego. Se estima la población de esta nación en una cifra aproximada que oscila entre los 18 y los 20 millones de habitantes 3.

De ser así, se encontrarían los invasores recién llegados del desierto con una situación bastante incómoda, sumergidos por su corto número en una masa de gentes que pertenecían a un tipo racial y a una civilización distinta de la suya. Agricultores eran los egipcios, y enseña la Historia las profundas divergencias que en todos los tiempos han separado a los nómadas de los sedentarios. En cualquier caso, se nos quiere convencer de que desde una base tan poco segura han conseguido los árabes conquistar Tunicia, cuya capital, Cartago, se halla a unos tres mil kilómetros de Alejandría. Para atravesar esta enorme distancia es menester cruzar el desierto de Libia que ya pertenecía en aquellos años a las regiones más inhóspitas de la tierra. Según la historia clásica, se apoderaron los conquistadores mahometanos del norte de África con suma facilidad, como en un juego de manos. Sin embargo, los últimos trabajos de los especialistas no consideran con tan gran optimismo las etapas sucesivas de esta invasión. Concluyen estos autores que ha sido dominada Tunicia en cinco correrías que se escalonan desde 647 hasta 701; aunque ignoran todavía cómo fue realizada la última acción, la que favoreció el dominio del país.

abdal-lah
17/09/2010, 08:31
I. En 642, el exarca Gregorio gobernaba esta región que pertenecía entonces al Imperio Bizantino. Por razones oscuras (acaso religiosas), se independiza de su emperador, Constancio II. Aprovechándose de esta situación favorable o de acuerdo con el rebelde, Abd Allah ibn Said, gobernador de Egipto, tantea la suerte hacia el Oeste. Invade Tunicia con veinte mil hombres, cifra que parece ya exagerada, y después de haberla saqueado o desempeñado una misión desconocida, se vuelve a orillas del Nilo.

II. En 665, tuvo lugar otra correría de la que no se sabe nada, sino que la situación general se mantuvo sin modificación.

III. Hacia 670, aparece Sidi Ocba que se presenta generalmente como el conquistador de África del Norte; lo que es inexacto. Era un aventurero que emprendió una algara o razia en el Magreb; lo que le fue adverso, pues murió en la contienda. Según Georges Marçais, cuyos trabajos nos sirven de orientación (1946), «habiendo vencido cerca de Tlemcen a Kosaïla, el jefe de la poderosa tribu de los Awrâba, en Tunicia, obtuvo su conversión de la fe cristiana al Islam, haciéndose a la postre su amigo y su aliado» 4. En 670, establece Ocba una base militar en Kairuán que se convertirá en la ciudad más importante de la región. Enardecido por estos éxitos, se dirigió hacia el oeste y se nos dice que alanzó las partes centrales del Magreb, acaso el Océano. Pero, como no debió de encontrarse a gusto en estos lugares hostiles, volvió a sus bases. Mientras tanto se había enemistado con Kosaila al que humilló gravemente. Le preparó éste una emboscada en Tehula, no lejos de Biskra; en ella perdió la vida el conquistador. Entonces Kosaila se hizo dueño de Kairuán, de la que fue señor desde 683 hasta 686.

IV. Un teniente de Ocba, Zohair ibn Quais, había escapado del desastre. Consiguió juntar a los suyos y se enfrentó contra el jefe bereber. Un combate tuvo lugar en Mens, hacia 686; Kosaila falleció, pero sintiéndose inseguro el árabe tomó el camino de Egipto. Cuando se acercaba a la ciudad de Barca, en Cirenaica, se enzarzó con fuerzas bizantinas que acababan de desembarcar. Sorprendido y probablemente sin recursos tras tan larga caminata por el desierto, diezmado su ejército, Quaïs murió con los suyos.

V. En fin, en 693, el califa Abd el Malik envió a Hassan ibn en No’mar contra Berbería. Llevaba consigo cuarenta mil hombres; inexactitud de las crónicas, pues sabemos por los apuros de Montgomery en los días de los camiones cisterna, que tropa tan numerosa hubiera quedado muy pronto agotada por la sed y el hambre. Luego, sin que se nos diga, ni se nos explique cómo ocurrió, consiguen los árabes después de los desastres anteriores apoderarse del país. En 698 cae Cartago en sus manos. De 700 a 701, son aplastados los beréberes en una batalla de la que se ignoran los detalles. Tunicia es definitivamente dominada.

No pueden ser más oscuros estos acontecimientos. No perderemos el tiempo en discutir su verosimilitud. Nos basta con una advertencia, pues se impone una deducción indiscutible: No podían dormirse sobre sus laureles los invasores. Tenían que conquistar a uña de caballo todo el norte de África, ya que diez años más tarde, en 711, debían de hallarse en Guadalete, en el sur de la península, en donde estaban citados con los historiadores.

No son pequeñas las distancias en el Magreb. Dos mil kilómetros separan Cartago de Tánger. En aquella época, según el geógrafo El Bekri se necesitaban cuarenta días para ir de Kairuán a Fez y mucho más si se elegía la ruta de la costa, camino requerido para alcanzar el Estrecho y las costas españolas 5. Mas se nos quiere convencer de que Muza ibn Nosair ha logrado la hazaña de apoderarse en pocos años de tan inmensa región, cuya orografía es complicadísima y que está poblada por una raza guerrera que en la historia ha demostrado su eficiencia. Según Marçais, el moderno historiador de Berbería, no era por aquellas fechas la situación muy brillante. «iniciada en 674, escribe, puede considerarse la anexión de estas comarcas como poco más o menos acabada hacia 710. Se había requerido nada menos que cincuenta y tres años para conseguir un resultado precario por demás; pues la era de las dificultades no había acabado y proseguiría hasta el principio del siglo IX; es decir, más de ciento cincuenta años de luchas abiertas o de hostilidades latentes, siglo y medio durante el cual había sufrido la invasión árabe fracasos que eran verdaderas quiebras. Volvía a ponerse en duda el porvenir del Islam en Occidente. Que sepamos, por lo menos dos veces, la segunda en mitad del siglo VIII, había sido reconquistado el país por los beréberes. Había que empezar de nuevo»6.

Dadas estas circunstancias cabe la pregunta: ¿Estaban en condiciones los árabes para invadir España en el año 711, cuando necesitarían aún más de un siglo para asegurar sus bases del norte de África? Averiguarlo no ha interesado a los historiadores. Han encontrado muy natural que hayan atravesado el Estrecho de Gibraltar y conquistado la Península Ibérica en un avemaría; es decir, 584.192 kilómetros cuadrados, la región más montañosa de Europa, en unos tres años. Era tanto más maravilloso el milagro ya que con minuciosidad suma nos indican las crónicas musulmanas el número de los invasores. Siete mil hombres bastaron a Taric para despachurrar al ejército de Roderico en la batalla de Guadalete. Con dieciocho mil hombres acudió más tarde Muza, celoso de los éxitos de su lugarteniente, sin duda para que los hispanos pudieran ver un poco la cara de estos exóticos visitantes. Pues, si las matemáticas no nos engañan, a cada uno de estos veinticinco mil árabes le tocaba un poco más de 23 kilómetros cuadrados. Como no era esto suficiente para tan encumbrados héroes, se apresuraron a atravesar los Pirineos para dominar Francia.

La victoria de Taric abrió de par en par las puertas de la Península Ibérica a los asiáticos, que la ocuparon sin mayores dificultades. Tuvo entonces lugar una mutación formidable, como en el teatro un cambio de decoración. Latina, se convierte España en árabe; cristiana, adopta el Islam; monógama, sin protesta de las mujeres, se transforma en polígama. Como si hubiera repetido el Espíritu Santo el acto de Pentecostés, despiertan un buen día los españoles hablando la lengua del Hedjaz. Llevan otros trajes, gozan de otras costumbres, manejan otras armas. No es una broma, ya que todos los autores están de acuerdo en el ínfimo número de los cristianos llamados mozárabes que vivieron bajo la dominación musulmana. Los invasores eran veinticinco mil. ¿Qué había sido de los españoles?

Abre usted el tomo primero de la Historia de los musulmanes de España, de Levi-Provençal, publicada en 1950. A pesar de la incomprensión del «milagro», se trata de una obra notable. Pues bien, describe el autor con detalles múltiples las luchas emprendidas por los árabes entre sí, desde que pisaron el suelo de nuestra península. Están presentes todas las tribus de Arabia: los kaysíes, los kalbíes, los mudaríes, los yemeníes, ¿quién más aún? Sus rivalidades y su odio ancestral son feroces. Se traicionan, se asesinan, se torturan a placer. Terrible es la lucha, grandilocuente el desorden. De arriba a abajo queda deshecho el territorio.

Por fin desembarca en el litoral andaluz un Omeya. Pertenece a la familia más renombrada de la Meca. Sus padres han gobernado el Imperio Musulmán. Es un puro semita, pero nos lo describen con los rasgos siguientes: era alto, con los ojos azules, el pelo rojizo, la tez blanca; en una palabra, tenía el tipo de un germano. Dada su estirpe real y arábiga, nadie atiende a sus pretensiones y tiene que echarse en cuerpo y alma por en medio de la guerra civil que impera desde hace cuarenta años; pues su autoridad moral queda tan malparada como su físico. Dotado con un genio militar indiscutible, logra ciertos éxitos que le permiten hacerse nombrar emir en la Mezquita de Córdoba (756). A pesar de acto tan audaz se ve obligado a guerrear toda su vida. Sólo con la muerte alcanzará el descanso (788).

En otros términos, para repartirse el botín ganado con la invasión tuvieron los árabes que pelear entre sí durante setenta años. En estos tiempos estaba la península bastante poblada, sus moradores mejor repartidos por la meseta que en épocas posteriores. A grandes rasgos se puede estimar el número de sus habitantes en una cifra oscilando entre los quince y los veinte millones 7. Sabido el corto número de los invasores, resulta extraño que no se agotaran en tan larga lucha los combatientes, habiéndose matado los árabes los unos a los otros. Ahora bien, ¿qué hacían entre tanto aquellos millones de espectadores?

seguiremos...inxa Al-lâh

abdal-lah
17/09/2010, 08:34
En la historia tal como la cuentan los cronicones, la describen los libros de texto o la analizan los autores más recientes, los españoles han desaparecido. Solamente existen árabes. Cabe entonces preguntar: ¿Se puede escamotear de la noche a la mañana tantos millones de seres, como carta o moneda en manos hábiles?

En gran faena se hubieran empeñado los conquistadores si hubieran tenido que degollar uno por uno a los habitantes del país, como nos aseguran los cronistas latinos haber sucedido. En aquella época no existían medios rápidos para perpetrar matanzas al por mayor. Por otra parte, eran incapaces los estrechos valles asturianos para recibir un aluvión de refugiados, como también se nos dice ocurrió. En realidad, se trataba de un problema muy distinto. Era menester silenciarlo por incómodo, ya que hasta nuestros días era insoluble. Pues, si la conquista de España parece inverosímil, ¿cómo explicar, si se admite la existencia de los españoles, su conversión al Islam y su asimilación por la civilización árabe?

La gran distancia que media entre Arabia y España, como asimismo el escaso número de los invasores, siempre han producido gran desconcierto en los historiadores. Pues el problema nunca ha sido planteado en sus estrictos términos. En la antigüedad y en aquellos tiempos se emprendían los combates con fuerzas reducidas. Sin medios de transporte eficaces, no entorpecían su táctica los generales con servicios de intendencia. Vivían los ejércitos de lo que existía en el lugar de su paso. Si eran numerosos los guerreros, corrían el peligro de morirse de hambre. En estas condiciones, fue reñida la batalla de Guadalete, de no ser un hecho legendario, con escasos combatientes. No se trata por consiguiente de una acción ganada o perdida. Había que explicar cómo los compartimientos estancos que componen las regiones naturales de la península habían sido transformados en tan poco tiempo y con tan escasos hechiceros.

Dificultad mayor aún: ¿No se nos dice ahora que poseían éstos distintas nacionalidades? Según las crónicas musulmanas, en minoría estaban los árabes. Los demás eran aventureros de razas y patrias diferentes: sirios, bizantinos, coptos, y sobre todo beréberes. Insisten los textos en que componían la gran mayoría de los invasores. Por donde había que concluir con un hecho absurdo, a saber: que España había sido invadida y arabizada por gente que no hablaba el árabe, pues los del Magreb no habían tenido el tiempo de aprenderlo; y había sido islamizada por predicadores que desconocían por el mismo motivo el Corán. (el subrayado es mío)

Sea lo que fuere, es indiscutible tratándose de matemáticas que este ejército se hubiera fundido como azucarillo en vaso de agua, si se hubiera desperdigado por el país. En caso contrario, ¿cómo dominar el terreno? ¿Qué hubiera ocurrido si hubieran emprendido los hispanos la menor guerrilla? Se comprenderá ahora por qué era más conveniente no meter el dedo en la haga. Ignorándolos y no hablando de ellos, en un común y tácito acuerdo, han preferido los historiadores dejar a los españoles dormir durante varios siglos.
--------------------------------------------Notas--------------------

1 <Las circunstancias que han permitido la conquista de España, su carácter espectacular de rada gigantesca siempre han desconcertado un poco a los historiadores de la Edad Media. Aún hoy día, la catástrofe que entrega al Islam, no una regün asiática o africana, sino una parte de La misma Europa Occidental, parece a algunos a tal punto insólita, un fenómeno que tan poco participa del orden natural de las cosas, que invocan el milagro histórico.> Levi-Provençal: Histoire des musulmans d’Espagne. Maisonneuve, París, 1950. T. 1, p. 2.

2 Oswald Spengler: Decadencia de Occidente, Espasa Calpe, Madrid, General Brémond: Berb~res et arabes, París, Payot, 1950. Después de haber apuntado las bases de nuestra interpretación de la pretendida invasión de España por los árabes, en nuestra obra: La decadencia española, Madrid, 1950, tomo segundo, hemos leído este libro que crítica sencillamente el carácter militar de la expansión de los árabes, sin tratar de explicarla.

3 Tenemos una cifra precisa: el tributo anual, por capita, de hombres adultos era de dos ducados. Dio el primer año doce millones de ducados. > General Brémond, Ibid., p. 98.

4 Georges Marçais: La Berberie musulmane eS L’Orient au Moyen Age. Paris. Aubier, 1946, p. 32.

5 El Bekri: Desciription de Afrique Septentrionale, traducción de Slane. Argel, 1913. Según este autor se tardaba cuarenta días para ir de Kairuán a Fez por el camino del interior. Se pasaba por Shiga, Maiara o Tebesa, Baghai, Belezma, de donde se podía torcer hacia Tobna y llegar al Tafilalet, o, ir derecho hacia Msila y la Cuala de los Beni Hainmad, para dirigirse por Tihert y Tlemcen atravesando las altas planicies que infectaban los nómadas Zenatas. Más tarde, con el desplazamiento de las tribus hilalianas, los mercaderes y los viajeros seguirán la ruta del litoral, más larga. Este era el camino que tenían que tomar los invasores de España; tanto más dificultoso cuanto que era menester atravesar el Rif en su eje longitudinal, único acceso para alcanzar el Estrecho.

6 Georges Marçais: Ibid., p. 27. Y más lejos: <Se puede afirmar que a finales del siglo VIII se presentaba el balance de la conquista musulmana de África del norte con una casi quiebra. Cien años antes, un Sidi Ocba, un Muza ibn Nosoir habían atravesado el país como conquistadores desde Kairudn hasta el Atlántico. En 763, el gobernador, El Aglab, queriendo adentrarse hasta Tlemcem para llegar a Tánger, tuvo que abandonar la empresa por culpa de los oficiales de su guardia personal que se le amotinaron. Habían renunciado los califas abasidas al control de los dos tercios de Berbería y sus representantes se mostraban más preocupados por pacificar su territorio que por ensanchar sus límites. > P. 55.

7 Ver nuestros estudios acerca de la demografía española y su evolución en La decadencia española, tomos 1 y 1V.


Fin del Capítulo 1

durruti
18/09/2010, 00:26
Los árabes jamás invadieron la Península Ibérica
Mis notas en rojo

Aunque no he conseguido aun el libro de Olague, he estado revisando algunos textos referentes a los momentos anteriores a la llegada de la invasión musulmana, en 711y aquí paso comentarios y datos recogidos de esos textos, unos mas antiguos y otros recientes.
Yo puedo sacar mis conclusiones, que están sujetos a los textos de los historiadores y no puedo hacer otra cosa, ya que tengo que basarme en lo que ellos han investigado, y que yo, siendo como soy un mero aficionado a la historia del Islam, no puedo poner en duda, aunque de la lectura de unos y de otros , forme mi propia opinión.

Para comenzar recojo unas letras de Sanchez Albornoz, de las que ya se desprende la posibilidad que apunta Olague.Un estado envejecido, en lucha con una sociedad que pugna por nacer. Una nueva aristocracia surgida en torno a un gobierno y que la ha hecho prisionero. El poder supremo moviendose entre la arbitrariedad y la impotencia. Para poder distraer la atención del país hacia cuestiones laterales se inventan peligros contra la seguridad de la nación y se persigue a los judíos. Las clases inferiores se agitan entre la desesperanza y el odio. Freneticos apetitos de poder que otorga innumerables mercedes a cuya sombra se medra y se enriquece………

Claudio Sanchez Albornoz.
Algunos historiadores cuestionan la versión oficial según la cual el Islam se implantó violentamente en la península, después de una invasión árabe, en el año 711. Argumentan que el Islam ni se impuso ni era ajeno a los hispanos, que lo abrazaron libre y mayoritariamente. En su opinión, la imposición musulmana no fue tal. Se trató de un “invento” promovido por la Iglesia con objeto de encubrir su derrota ante los cristianos unitarios, seguidores del arrianismo que predicó Prisciliano.

¿Ocurrió la historia tal y como nos la han contado? ¿Es posible que, en el siglo VIII de nuestra era, un ejército musulmán cruzara el estrecho de Gibraltar, derrotara a las tropas visigodas y avanzara victorioso hasta el punto de llegar a someter a casi todo el territorio peninsular? ¿Un puñado de bereberes pudo someter a ¿20 millones? de hispanos durante varios siglos? En contra de esta hipótesis tenemos el hecho de que los documentos de la época no contienen referencias a aquella terrible invasión que, de ser cierta, habría supuesto para los peninsulares todos los males inimaginables. Las primeras noticias no aparecen hasta las crónicas latinas y musulmanas del siglo IX, a seis generaciones (150 años) de los hechos que se relatan, cuando el Islam estaba ya firmemente arraigado en la península.
Segun Roger Collins hay una crónica del año 754 posiblemente escrita en Toledo Que es lo mas cercano a los hechos, en cuanto a documentos se refiere
La guerra civil que estalló en la Península Ibérica a principios del siglo VIII , explicada como conflicto político y disfrazada más tarde como invasión de potencia extranjera, tuvo su auténtico origen en unos hechos que se remontan a cuatro siglos antes, al enfrentamiento producido entre dos corrientes cristianas: los unitarios o arrianos, que negaban que el Hijo fuera igual al Padre –según premisa, Jesús no era Dios – y los trinitarios, adheridos al dogma predicado por san Pablo, que mantenían que hay tres personas distintas –Padre, Hijo y Espíritu Santo- en un solo Dios verdadero.

Aunque desde la conversión de Recaredo Hispania era católica, la corriente arriana segúia siendo muy fuerte.

? Podría ser mas bien un enfrentamiento entre facciones rivales que luchaban por el reinado y el poder?
Es una constante en la mayoría de los textos que he revisado, que a la muerte de Witiza se produjo una serie de enfrentamientos entre los partidarios de Rodrigo, y los de los hijos de Witiza, y entre medias aparece Agila II como rey en una parte del territorio de Hispania. Bien podría ser y todo apunta a ello, que el territorio de los visigodos se dividiera en dos, en el centro sur y oeste dominaba Rodrigo, y en la zona de noreste Agila, aunque ambos aspirarían “al todo” y como consecuencia de ello seria una situación de guerra civil.
Tampoco esta muy claro cual fue la causa de la muerte de Witiza, con 25 años, y bien podría ser que fue asesinado por partidarios de Rodrigo o el mismo.
Parece ser que Witiza fue derrocado mediante un golpe de estado llevado a cabo por Rodrigo y el apoyo de parte de la elite de la corte, podría haber sido violento y no logro el consenso de toda la aristocracia.
Hay evidencias de que en 710 hubo dos reyes por un lado Rodrigo que dominaba en Toledo y La Lusitania y Agila II que reino en la Tarraconense y la Septimania también en 710.
El único material estrictamente contemporáneo que rodean el final del reino visigodo es el numismático, en las que se leen los nombres de Rodrigo y Agila. Esto confirmaría las versiones de las listas de los reyes godos, Una de estas que se conserva en dos manuscritos menciona a Agila como sucesor inmediato de Witiza atribuyéndole un reinado de tres años, mientras que la tradición de otro manuscrito al reinado de Witiza le siguió Ruderigus,y le atribuye una duración de “siete años”(*) y seis meses. Estos manuscritos son de fecha muy posterior.

Cuando los musulmanes entran en 711 Rodrigo estaba peleando en el norte.
La Crónica Mozarabe de 754, dice que” en el año 711 Rodrigo invadió tumultuosamente el reino con el respaldo del senado y goberno durante un año.
El relato coincide en lo sustancial con una guerra civil posiblemente peleaba contra Agila II en el norte, cuando los musulmanes penetran en Hispania. El cronista alude ciertamente que Hispania fue destruida tanto por los árabes como por la violencia interna, asi puede ser el poder se hubiera fragmentado y que Rodrigo no solo tuviera que luchar con Agila sino que hubiera perdido el control de Toledo frente a Oppas, el hijo de Egica.
Según Pedro Chalmeta “el estado visigodo no ha sido destruido por una conquista extranjera, que se superpondría a unas estructuras existentes, sino que fue el vacio de poder lo que provoco la llegada de una nueva sociedad”
La debilidad del reino visigodo puede atribuirse a:
División entre las clases elevadas en torno a la sucesión del trono.
Descontento en los sectores sociales ante los privilegios de las clases superiores.
La estructura de la sociedad eran:
El rey y la aristocracia de origen godo; los nobles hispano romanos. Parece ser que a principios del siglo VIII ambas aristocracias formaban un solo grupo privilegiado.
Habia un reducido numero de familias que controlaban gran parte de los activos económicos del reino y que constituían la aristocracia cortesana.
El pueblo libre urbano o rural; libertos manumitidos que no gozaban de mejores condiciones de vida que los esclavos, ya que cultivaban tierras de los señores y que estos se llevaban la mayor parte de las cosechas.
Los judíos;
Los esclavos.
Hasta el año 650 los propietarios de esclavos podían disponer incluso de su vida impunemente.
La dudosa fidelidad del ejercito.
Ya en el año 673 y poco después de la sublevación de la Septimania, Wamba publico una nueva ley militar. Los obispos, duces, tiufaldi, y comités, tenían que acudir al instante cuando el rey los requería para repeler una sublevación o una agresion.
A partir de ese momento la fuerza principal del ejercito eran esclavos o libertos manumitidos.
La persecución de los judíos.
El concilio de 693 impedia precticamente que los judíos mantuvieran su actividad comercial, por lo que empezarían a conspirar con sus compañeros del norte de Africa.
El decreto del año 694 condenaba a la esclavitud a los judíos que no se bautizasen.
Para los monarcas visigodos desde el Concilio de Toledo, el catolicismo era la base de sustentacion indispensable. Egica inicio una persecución de los judíos; por tanto no es sorprendente de que los judíos prestaran su colaboración a los invasores .Los decretos del concilio del 693 hicieron practicament imposible a los judíos su actividad comercial, y muchos de ellos conspiraran a través de sus hermanos de raza del norte de africa.

Bibliografia consultada:
Historia de la España Islamica; Montgomery Watt; alianza editorial.
Introduccion a la España medieval; Gabriel Jackson; alianza editorial.
La España Musulmana; Pierre Guichard; historia 16.
Los Visigodos; Roger Collins; Santillana editores.
Al Andalus: sociedad e instituciones; Joaquin Valve Bermejo; Real Academia de la Historia. Los Judios en la España medieval; Julio Valdeon; Real Academia de la Historia.
La España Musulmana; Claudio Sanchez Albornoz; Espasa Calpe.
Continuara……

Asatru
18/09/2010, 09:07
[/B]

. ¿Cómo? Si lo he entendido bien niegas que haya existido el Islam en Andalucía, otras yo alucino.

El culto mariano se implanta después de la guerra sucia contra los musulmanes, y fue una imposición represiva del catolicismoestatal.

Quién no creía en la Madre de Dios: para la hoguera, la tortura y el expolio de sus tierras para dárselas a los participantes de la guerra, cuantos más "moros" matados más grande eran las tierras para los condes y demás señores feudales.

Luego esos señores feudales como arma de represión y castigo impusieron el "derecho de pernada", vaya como hicieron luego los fascistas serbios violando a todas las mujeres musulmanas bosnias, y que estos llamaban y llaman: "turcas", alli eran "turcas" aqui "moras"

que pase una buena tarde


Vamos, que no me puedes responder porque no tienes ni idea de lo que hablo y sales con esa catolicofobia ramplona. Pues si, alucinas, como tu mismo dices.
Cualquiera entiende que no he dicho que el Islam no haya existido en Andalucia, lo que he dicho es que es inverosimil que el Islam se adoptara espontaneamente como dice Olague por la razon que te dije antes:

La adopcion voluntaria del islam en la Hispania romano visigoda me parece bastante inverosimil porque entre los antepasados de los andaluces, aparte del politeismo, la tendencia a la adoracion del principio femenino es mas que evidente. Solo hay que acudir a la arqueologia. Solo hay que ver el fervor del culto a Salambo, la Cibeles hispalense. Por supuesto todo esto fue sustituido y adaptado por el culto mariano perviviendo este culto a lo femenino, que en Andalucía fue y es mas que fuerte y arraigado. ¿Quieres decirme cómo iba a sustituir el Islam ese culto al principio femenino?.

El Islam no puede sustituir ese culto a lo femenino que es muy anterior al catolicismo pero que este adapto cosa que el Islam no puede hacer.

Tampoco he dicho que el libro de Olague sea un texto sagrado. Lo que he dicho es que como la cancion te suena bien y dice lo que quieres oir te lo tragas sin sentido critico. No hay mas que ver como respondes al que lo pone en duda.
Ale, ahora salta con tus etiquetas prefabricadas y tus topicos.

abdal-lah
18/09/2010, 10:32
Vamos, que no me puedes responder porque no tienes ni idea de lo que hablo y sales con esa catolicofobia ramplona. Pues si, alucinas, como tu mismo dices.
Cualquiera entiende que no he dicho que el Islam no haya existido en Andalucia, lo que he dicho es que es inverosimil que el Islam se adoptara espontaneamente como dice Olague por la razon que te dije antes:

La adopcion voluntaria del islam en la Hispania romano visigoda me parece bastante inverosimil porque entre los antepasados de los andaluces, aparte del politeismo, la tendencia a la adoracion del principio femenino es mas que evidente. Solo hay que acudir a la arqueologia. Solo hay que ver el fervor del culto a Salambo, la Cibeles hispalense. Por supuesto todo esto fue sustituido y adaptado por el culto mariano perviviendo este culto a lo femenino, que en Andalucía fue y es mas que fuerte y arraigado. ¿Quieres decirme cómo iba a sustituir el Islam ese culto al principio femenino?.

El Islam no puede sustituir ese culto a lo femenino que es muy anterior al catolicismo pero que este adapto cosa que el Islam no puede hacer.

Tampoco he dicho que el libro de Olague sea un texto sagrado. Lo que he dicho es que como la cancion te suena bien y dice lo que quieres oir te lo tragas sin sentido critico. No hay mas que ver como respondes al que lo pone en duda.
Ale, ahora salta con tus etiquetas prefabricadas y tus topicos.

Te digo lo mismo a ti: <<como la canción te suena bien (que hubo Invasión Árabe) y dice lo que quieres oír te lo tragas sin sentido critico. No hay mas que ver como respondes al que lo pone en duda>>

Pues eso lo normal, es como si me acusas de comer porque me gusta una comida y no otra.


Porque no explicas más eso del "principio femenino", ¿estas hablando del Culto a la Diosa Madre; de la diosa de los Tartessos: Astarté o Potnia; o de La rama dorada?

Explícate más que eres muy tacaño con las palabras. Espero gustoso de leer tu tesis sobre eso del "principio femenino". Porque si no expones tus ideas no se a lo que te refieres; ¡no soy adivino!.

Alé y ahora me llamas “creyente totalitario” y “niño de cinco años” que te gusta mucho.

abdal-lah
20/09/2010, 17:07
Asatru:<<La adopcion voluntaria del islam en la Hispania romano visigoda me parece bastante inverosimil porque entre los antepasados de los andaluces, aparte del politeismo, la tendencia a la adoracion del principio femenino es mas que evidente. Solo hay que acudir a la arqueologia. Solo hay que ver el fervor del culto a Salambo, la Cibeles hispalense. Por supuesto todo esto fue sustituido y adaptado por el culto mariano perviviendo este culto a lo femenino, que en Andalucía fue y es mas que fuerte y arraigado. ¿Quieres decirme cómo iba a sustituir el Islam ese culto al principio femenino?>>.


Bueno como veo que no quieres extenderte sobre el tema de “adoración del principio femenino” diré que según tú los andaluces son politeístas y tiene una tendencia a la adoración del principio femenino, y yo me pregunto ¿es por que son andaluces? Y pregunto: ¿los no andaluces no fueron politeístas? O ¿Por qué los los andaluces son más politeístas que los griegos, que los hindús, que los chinos, que los vietnamitas, etc, por que son andaluces y genticamente tiene una tendencia innata al politeismo? Y a qué andaluces te refieres ¿a los que se ha entendido por Al-Andalús (por andaluces debemos entender a muchos más grupos, como los valencianos, los catalanes, portugueses, etc) o los andaluces actuales? Como te lean los andluces verás, aúnque parece que están calladitos.

Que yo sepa el culto o la adoración al principio femenino estuvo extendido entre muchas comunidades de todos los continentes de este mundo, incluso las comunidades del norte de la península ibérica, lo que hoy se entiende por Galicia, país vasco, Cantabria etc.

Según los antropólogos la adoración del principio femenino o el culto a Una diosa madre es una diosa que sirve como deidad de fertilidad general. En algunas culturas además es representada como la Madre Tierra, siendo la generosa personificación de la Tierra. Como tal, no todas las diosas pueden considerarse manifestaciones de la diosa madre.

Esta diosa es representada en las tradiciones occidentales de muchas formas, de las imágenes talladas en piedra de Cibeles a la Dione (‘Diosa’) invocada en Dódona, junto con Zeus, hasta finales de la época clásica. Entre los himnos homéricos (siglos VII-VI a. C.) hay uno dedicado a la diosa madre llamado «Himno a Gea, Madre de Todo». Los sumerios escribieron muchos poemas eróticos sobre su diosa madre Ninhursaga.

Luego están las Diosas sumerias, mesopotámicas y griegas, las Diosas celtas , las Diosas nórdicas, las Diosas griegas, las Diosas romanas, las Diosas madre túrquicas siberianas, las diosas madre en el hinduismo etc

En cuanto a la Diosa que mencionas “Cibeles” pertenece a la influencia griega que fue superada por el monoteísmo musulmán en el cual el concepto Divino del que “Al-lâh” no es un principio ni “varonil” ni “femenino” sino una abstracción de una Divinidad Única y Una que engloba en si misma las dos polaridades: lo femenino y lo masculino. La llegada de la Unidad musulmana transcendió el dualismo griego de forma “natural”; es decir, el taûhid musulmán fue un avance que desbanco del politeísmo dualista griego. De la misma manera que la llegada del Islam supero o transcendió el dualismo o politeísmo árabe del culto a las diosas, en la Península Ibérica sucedió lo mismo.

Originalmente una diosa frigia, Cibeles (en griego antiguo Κυβέλη Kybélê, nombre al que a veces se da la etimología de «la del pelo» si se considera griego en lugar de frigio) era la diosa de la Madre Tierra que fue adorada en Anatolia desde el neolítico. Como la Gea o su equivalente minoica Rea, Cibeles era la personificación de la fértil tierra, una diosa de las cavernas y las montañas, murallas y fortalezas, de la Naturaleza y los animales (especialmente leones y abejas). Su equivalente romana era Magna Mater, la Gran Madre. Su título «Señora de los Animales», que también ostentaba la Gran Madre minoica, revela sus arcaicas raíces paleolíticas. Es una deidad de vida, muerte y resurrección. Su consorte, cuyo culto fue introducido más tarde, era su hijo Atis.

Se la representa con una corona con forma de muralla y siempre acompañada de leones.
Esta diosa es representada en la mitología sobre un carro que simboliza la superioridad de la madre Naturaleza, a la que incluso se subordinan los poderosos leones que tiran del carro. La leyenda los relaciona con una singular pareja mitológica, Hipómenes (Melanión, en otras versiones) y Atalanta, que compitieron en una carrera de velocidad.

La astucia de Hipómenes -inspirado por la diosa del amor, ya que el premio era la mano de Atalanta- hizo caer al suelo unas manzanas de oro que atrajeron la atención de Atalanta y la distrajeron de la carrera, que perdió. El mito concluye con la unión impía de los amantes dentro de un recinto sagrado de Zeus, quien, irritado, los convirtió en leones. Más tarde Cibeles, compadecida, los habría uncido a su carro.

Adicionalmente, para iniciar el culto como sacerdote de Cibeles, éstos eran castrados como una contribución a la madre tierra; además hacían un sacrificio matando toros y bebiendo su sangre.

Mucho se ha escrito entre los antropólogos y los etnólogos si la adoraración a la Diosa Madre era un culto más pro femenino o patriarcal. Muchos sostienen que fue más machista y patriarcal que pro femenino

Solo decir que en la Arabia premusulmana, politeísta y con el culto al elemento femenino las niñas recién nacidas las llevaban al desierto y eran enterrándolas vivas y que el Al-Qur`ân condena categóricamente. También sabemos que en los templos de las diosas había prostitución ritual, virgenes que se protituian a los fieles.

El machismo que la sociedad Hispania romano visigoda era evidente, solo hay que comparar el código civil romano referente a la mujer (como de los esclavos) para darse cuenta de la superioridad de los derechos y obligaciones femeninas de los musulmanes sobre las leyes antifemeninas de los romanos.

Precisamente el éxito de la conversión de los habitantes de la península ibérica al Islam se debe en parte a las mejoras que el Islam introdujo.

El que la mujer con el Islam se convirtió en un “sujeto jurídico” y no como una “cosa jurídica” como en el código civil romano, es decir, que estaba “sujeta” al derecho jurídico del padre, esposo, hermano, etc. Y que el Islam suprimio al convertirse la población.

De ahí el derecho a la mujer al divorcio, separación de bienes (la dote era para ella y no para el padre, marido. Derecho a heredar del abuelo, del padre, del hermano, del tío y del hermano de leche) Derecho judicial (testigo, y sujeto a poder establecer contratos legales de todo tipo. Derecho a la viuda a poder casarse a los dos meses, derecho a ser “sujeto” en el contrato matrimonial, es decir, ella puede poner en el contrato matrimonial lo que ella quisiera porque se convirtió en sujeto jurídico y dejo de ser “objeto” jurídico..


La mejora de la situación de la mujer que vivió en la Península Ibérica al adoptar libremente el Islam fue, repito, la clave del éxito de la expansión del Islam en la Península Ibérica y no la espada y la violencia.

Asatru
21/09/2010, 21:39
Perdona Abdal-lâh, pero estoy en plena mudanza de casa y sin tiempo para nada. Ya seguiremos con el debate. Saludos.

durruti
22/09/2010, 00:10
Salam

Despues de leer una parte del capitulo primero del libro de Olague,creo que merece la pena hacer alguna consideración,ya que el autor, no solo ya cuestiona la conquista de Hispania por los Musulmanes, sino que se cuestiona la expansión del islam por el norte de Africa, e ironiza sobre el Islam cuando dice: Tratándose de recibir las gracias de la Providencia, el milagro musulmán excedía, ¡y en qué medida!, al milagro cristiano.

Parece o por lo menos a mi me lo parece que sus dudas se centran en tres puntos:
El tiempo en que se desarrolla la conquista.
La inmensidad del territorio.
La escasez y poca fiabilidad de las fuentes que en algún momento se fija en lo anecdotico , rayando en la sorna.

En mi humilde opinión, habría que considerar que: evidentemente las fuentes son escasas y de dudosa fiablidad, pero son las mismas para todos, se llame Olague, Vallve, Guichard, o Sanchez Albornoz. Y tanto por esa razón, sirven para apoyar las hipótesis de unos que de otros.
Para un historiador del siglo XXIII será fácil recabar datos del siglo XX, porque ahora hay unas fuentes documentales precisas, contemporáneas, y plurales. Pero para uno del siglo XIX o XX obtener datos del sigloVII es toda una epopeya, las fuentes no solo son escasas, sino que además tienen una dilación en el tiempo de varias décadas, cuando no centurias.
Por otro lado hay que considerar que la tradición oral ha sido un medio de conservar la memoria de los hechos históricos de alguna manera, que esa tradición puede alterar alguna cosa, aunque lo sustancial se mantenga( y si no le damos valor por ello, podemos por la misma razón empezar a cuestionar Los Evangelios o El Coran, ya que fueron escritos y recopilados años después. Tambien es cierto que en algún momento el cronista, pone carga de opinión favorable a uno o a otros, pero es también trabajo del investigador centrarse en lo esencial y desechar lo menos fiable, a la hora de hacer valoraciones.

En cuanto a la inmensidad del territorio es cierto que es enorme, pero por otro lado hay que considerar que como dice Roger Collins:
“Es infinitamente mas lógico considerar la expasion del dominio árabe hacia el oeste, durante el periodo comprendido entre 642 y 711,como la conquista y ocupación de un pequeño numero de zonas discontinuas, sobre todo costeras y altamente urbanizadas” (1).
“La expansión del islam por el norte de Africa no fue una empresa fácil, ya que encontró numerosas resistencias. Necesito mas de medio siglo de extenuantes esfuerzos y luchas para conseguir que en los inicios del siglo VIII el vasto territorio norte africano se hallara de forma indiscutible pos los musulmanes.” (2)
La dominación del territorio fue un continuo ir y venir, ocupar y replegarse, por ejemplo a la muerte de Uqba, los bereberes vuelven a recuperar territorios anteriores “Uqba resulto muerto en una batalla, posiblemente con ayuda bizantina a manos de Kasila,que siguió guerreando hasta tomar Qayrawan en 684, y se convirtió en dueño y señor de la mayoría de las conquistas de la región”.(1)
Y “Cartago que fue conquistada en 692, los bizantinos la reconquistaron dos años después, aunque por poco tiempo” (3)

Como puede verse no fue fácil la conquista del norte de Africa, y si bien se pudo hacer en poco menos de un siglo, hay que considerar el valor de los pactos, en ocasiones mas valiosos que las armas, y de la ayuda que obtuvieron de los naturales de las zonas dominadas, porque estos estaba exaustos por los impuestos a causa de las guerras, entre bizantinos y sasánidas, y porque al cambiar de dominador no tenían nada que perder.” Es demasiado poco lo que se sabe de la conquista árabe de la región,(Cirenaica) en 645, pero al parecer los recursos navales que aportaron los alejandrinos, desempeñaron un papel importante.(1)

Continuara

(1) Los visigodos/Roger Collins/Santillana ed.
(2) La expansión musulmana / Varios autores/ Salvat ed.
(3) A la conquista del mundo/ Joaquin Vallve/ Historia 16.

Salam

abdal-lah
22/09/2010, 09:28
As-Salam `Aleikum:


Salam Asatru; ok, mientras tanto iré poniendo todo el libro,

Otra cosa Durruti y Asatru, el “por qué” y el “cómo” los habitantes de la Península Ibérica abrazaron el Islam lo podemos debatir al final del libro de Olagüe; pues lógicamente Olagüe no se centra en el “por qué” o en el “cómo”, sino que se centra en la critica a las fuentes y la desmitificación del mito de la Invasión. Luego esta el problema del “por qué” y del “cómo”. Olagüe no era musulmán y parece que poco sabe sobre el Islam o por lo menos sabía lo que en los años 50-60-70 se conocía sobre el Islam. Los conocimientos históricos, ideológicos o religiosos de los conocimientos sobre el Islam son muy actuales, antes de eso estaban condicionados por el prejuicio de ser el Islam el enemigo cultural de los occidentales y eso condiciona los estudios sobre los conocimientos históricos del Islam. Autores como Robinson, Roy, Keller, Adorno, y los sociólogos modernos son eso muy actuales y que no existían en la época de Olagüe hay está su genialidad. Pero como cualquier persona Olagüe tuvo sus límites y como dije en otro post deben ser revisados. Olagüe es importante porque descubrió que el la Invasión fue un mito, pero lógicamente no lo explica todo.

Aúnque veo que los motivosque puse ni caso.

salam

abdal-lah
22/09/2010, 11:37
Capítulo 2

Los Árabes no invadieron jamás España

Ignacio Olagüe

CRÍTICA GENERAL

Los movimientos migratorios en la historia: el desplazamiento de los nómadas y las invasiones (ley de Breasted). Caracteres geográ¬ficos de Arabia. El caballo y el camello como testigos del paisaje. Dificultades de las razias. La travesía del Estrecho de Gibraltar. Los errores geográficos de las antiguas crónicas. La dominación de los godos y la pretendida invasión árabe de la Península Ibérica.

Según creencia unánime se había realizado la expansión del Islam por medio de invasiones a mano armada. Cierto, una mejor compren¬sión de las herejías cristianas había esclarecido mejor el ambiente favorable que había facilitado en todas partes la labor de los con¬quistadores. Se esclarecía la situación política de las regiones que habían sido sumergidas por la oleada mahometana; se reconocía que a veces los invasores habían sido recibidos por las poblaciones asal¬tadas como liberadores, pues estaban esclavizadas por extranjeros; lo que no era cierto en todos los casos.

Apuntaba por demás en este juicio el hechizo que imperaba en los historiadores del XIX, obsesos por prejuicios del siglo. Se creía en aquellos años que el espíritu nacionalista, parecido o similar al que alentaba entonces a las masas, había sido una constante histórica. En verdad enraizaba a veces en algunos pueblos o naciones de la antigüedad; ilegítimo era extender el mismo criterio a todos los pueblos, sobre todo a aquellos que pertenecían a civilizaciones extraeuropeas y cuya interpretación de la vida estaba fundada sobre otras premisas. Sea lo que fuere, a pesar de estas nociones que ayudaban a mejor comprender la expansión del Islam, su mecanismo quedaba incólume.

Habían sido propagadas estas ideas religiosas por la acción de ofensivas militares, emprendidas las unas tras de las otras como una reacción en cadena.

No se puede en nuestros días admitir tan simplista argumentación. No resiste a la crítica más elemental: pues no se prolonga una ofensiva indefinidamente.

A medida que su acción se propaga en el espacio, pierde más y más su virulencia primera.

¿Cómo habían podido los árabes en marcha interrumpida y sin fracaso alguno haber alcanzado simultáneamente el Indo y el Clain, que baña Poitiers?

No insistiremos por ahora. Antes de proceder al examen de esta interpretación de los acontecimientos, conviene fijar algunas ideas acerca del desplazamiento de los hombres por el globo.

Individuos, familias, tribus pueden ponerse en marcha de modo esporádico, así los nómadas en la estepa, sin que se deba interpretar sus movimientos como el resultado de una invasión. Esta reviste siempre un carácter militar. Es el fruto de una organización, de un Estado y de un cerebro director. Por consiguiente es inexacto hablar de inva¬siones alpinas, porque estos indoeuropeos que siguieron el valle del Danubio, han llegado a las llanuras de Occidente en pequeños grupos y en el curso de varios milenios. Sucede lo mismo con las andanzas de los beduinos en el Sahara. Se desplazaron lentamente las tribus hila¬lianas siguiendo la dirección este-oeste, en función de las variaciones del clima. Como la desecación de las altas planicies asiáticas también ha sido causa del movimiento de los alpinos, nos encontramos ante dos hechos paralelos: el uno al norte realizado por los indoeuropeos, el otro al sur por los semitas.

Eran ambos fruto de la misma imposición: la falta de lluvias que obligaba a estas poblaciones repartidas por vastísimos territorios a buscarse nuevos medios de vida.
El nómada es esclavo de sus rebaños; éstos viven del crecimiento de las plantas herbáceas. En fin de cuentas, se hallan ambos a la merced de las circunstancias climáticas. Pueden manifestarse de modo diferente; lo que será motivo de reacciones humanas distintas.

a) Si las oscilaciones del clima son normales; es decir, si un año seco aparece tras un ciclo de pluviosidad suficiente, el nómada para salvar del hambre a su familia conducirá sus rebaños hacia las tierras de los agricultores sedentarios que se hallan establecidos a orillas de la estepa. Entonces se producirán escaramuzas entre ambas partes, pues defenderán los aldeanos sus cosechas; de aquí luchas cortas y estaciónales perfectamente destacadas por el historiador americano Breasted, cuando estudiaba el pasado de los pueblos que vivían en una zona por él llamada el Creciente Fértil (Palestina, Siria, Mesopo¬tamia, etc.) que envuelve en sabia curva el norte de la Península Arábiga, en donde el clima y la orografía permitían el desarrollo de la agricultura. Por lo cual hemos llamado esta relación entre un año seco y las hostilidades consiguientes: la ley de Breasted (1920).

b) Puede convertirse el problema en mucho más grave. Ya no se trata de una crisis pasajera, debida a una oscilación climática, sino, como lo estudiaremos en un capitulo próximo, a una modificación del paisaje. El fenómeno es distinto del precedente. Ahora, una oleada prolongada de sequías o de lluvias causa una transformación de la vegetación; pues según las regiones del globo se presentan estos opuestos caracteres. Si la acción meteorológica se realiza en un marco geográfico en donde la pluviosidad no supera los 250 mii. de agua al año, zona generalmente habitada por los nómadas, se vuelve crítica la situación. Para sobrevivir tendrán que abandonar éstos el país. Podrán entonces elegir entre dos posibilidades:

o bien, abandonarán definitivamente su vida de trashumancia para emigrar hacia las regiones más favorecidas en cuyas ciudades estarán obligados a acomodarse a una nueva vida, o bien, emprenderán con sus rebaños un larguísimo desplazamiento en busca de tierras más húmedas. En este caso, por las dimensiones de la distancia recorrida, constituirá el viaje una verdadera emigración, pues se encontrarán en la imposibilidad de regresar a su punto de origen.

Son consecuencia estos desplazamientos diversos del determinismo geográfico; poseen un carácter biológico y se les puede comparar con las migraciones de las especies zoológicas por el ámbito terrestre a todo lo largo de la evolución. No ocurre lo mismo si el movimiento es dirigido por una voluntad superior que determina los objetivos que es menester alcanzar. Se trata entonces de una invasión que adquiere una finalidad agresiva. La acción militar se impone a toda otra consideración, ya que se trata de sojuzgar a las poblaciones que habitan los territorios codiciados. Por consiguiente, para que una invasión tenga la probabilidad de lograr los fines propuestos, no basta con que haya sido concebida, tiene que estar controlada y sos¬tenida por una organización social importante.

Sin Estado, no hay invasión. Por esto han sido escasas las invasiones en la historia, pues para que puedan conseguir un resultado, hasta parcial, se requiere la acción de mi gobierno poderoso. Y sabemos que desde el neolítico hasta los tiempos modernos esta máquina, extraordinaria y arrolladora, ha sido siempre una excepción. (las negristas son mías, un argumento muy importante: Sin Estado no hay invasión))

Los desiertos de Arabia Central, el Rob-el-Khali, el Nedjed y el desierto de Siria existen desde hace muchísimo tiempo. En todo el Próximo Oriente las anchas praderas, comparables a las del Far West, la estepa xerofítica o subdesértica, poseían en la antigüedad dimen¬siones más grandes que las de nuestros días. Ocurría lo mismo con las comarcas regadas del Yemen o del Hedjaz. Pero con la llegada de la sequía que las castigó a todo lo largo del último milenio, modificándose el paisaje, la crisis económica trastornó tan inmensa e importante región. Fue la causa de los movimientos demográficos que apunta la historia de los pueblos del Creciente. Fértil, tierra que al fin y al cabo era el testigo de una situación geobotánica degradada desde fecha muy lejana.

En el curso de esta larga evolución climática han reaccionado los nómadas del modo que ya antes hemos descrito. Cuando llegó la crisis del siglo VII que estudiaremos en un capitulo próximo, empezaron a desplazarse hacia el Sahara Occidental, así las tribus hilalianas, pero también hacia las regiones y las ciudades del Creciente Fértil. Analizaremos más adelante el papel que han desempeñado en la propagación del Islam. Por el momento nos basta con advertir que en la época de Mahoma presentaban ya los territorios arábigos una facies que se asemejaba a la que conocemos actualmente. Reduci¬dísima era la población. Salvo en escasos lugares que poseían huertas, no existían sedentarios. Vivían los nómadas de la trashumancia y del transporte de mercaderías realizado por medio de caravanas. En estas condiciones, se puede concluir que estaban ausentes de estas regiones los recursos suficientes, demográficos y económicos, para que pudiera sostenerse la estructura de un Estado poderoso. Al contrario, sabemos que las tribus mal avenidas entre sí, recelosas, mantenían una inde¬pendencia feroz.

¿Cómo entonces organizar ejércitos? ¿En dónde encontrar recursos para mantenerlos? Para emprender las acciones gigantescas que nos describen los textos, se hubiera requerido disponer de fuerzas que tuvieran una potencia ofensiva extraordinaria. Hay que rendirse a la evidencia: Faltaban en primer lugar los hombres...

seguieremos....inxa Al-lâh

abdal-lah
22/09/2010, 11:40
No puede el historiador escamotear los problemas que plantea el determinismo geográfico. Si son exactas las premisas, si poseía Arabia en el siglo VII una facies desértica o subárida, no podían existir concentraciones demográficas en sus inmensidades, y por tanto tampoco ejércitos.

Si por el contrario se podían reclutar soldados en número suficiente para emprender expediciones ofensivas, el país no poseía una facies desértica, ya que señala por definición esta palabra un lugar despoblado. Existen testimonios suficientes para demostrar lo contrario. Para justificar las tesis de las invasiones arábigas, se requeriría probar que gozaba esta península de una pluviosidad suficiente para hacer florecer unos cultivos que dieran vida a una concentración demográfica adecuada. De acuerdo con nuestros actuales conocimientos, esto es imposible.

En una comarca con facies simplemente subárida, o aun árida si el suelo es permeable, no puede sustentarse el caballo. Según los oficiales de Estado Mayor, cuando se prepara una operación con elementos de caballería, se calcula para cada animal una reserva de cuarenta litros de agua por día. El viajero que atraviesa tierras subáridas debe llevar consigo la comida y la bebida para su cabalgadura.

Esto es irrealizable, si la distancia que debe franquear resulta demasiado larga. Por el contrario, puede el camello cumplir este cometido. Pertenece a los raros ungulados adaptados por su consti¬tución fisiológica a las condiciones adversas de estas regiones des¬heredadas 8. Por esta razón poseían los nómadas de Arabia rebaños de camellos y no de caballos. El pura sangre árabe se encuentra así emparentado con los mitos paralelos a los de las invasiones y, como tantas otras cosas, atribuido a un origen inverosímil 9.

Por otra parte, la herradura apareció en las Galias en época merovingia 10.

Anteriormente, cuando se quería hacer atravesar un terreno pedregoso a un caballo, o á un camello, como en el caso de las hamadas del desierto, se envolvían sus pies con cuero para pro¬tegerlos. «He aquí, escribía el general Brémond, otra condición desfavorable que se opone al mito de la invasión de África del norte por una caballería árabe, salida de los desiertos de Arabia. Habría reco¬rrido tres mil kilómetros con caballos sin herrar. Estos caballos se hubieran gastado la pezuña basta el empeine» 11. Indicaremos en otro capítulo el origen de esta leyenda; consignaremos ahora que en estos tiempos como en la antigüedad no llevaban estribos los Jinetes. Fueron importados de China en el siglo IX.

Muy difícil, si no imposible, hubiera sido para estos cabalgadores mantenerse a horcajadas durante tan largas y numerosas jornadas.
Sin embargo, han ignorado estas dificultades los historiadores clásicos. Aseguraba, por ejemplo, Sedillot (1808-1875) que en su segunda expedición en contra de los Gasaníes de Damasco (630-632) había conducido el Profeta las fuerzas siguientes: diez mil jinetes, doce mil camellos y veinte mil infantes. Se ha dejado engañar nuestro distinguido orientalista por el cronista árabe, no por hipérbole o exageración, sino por una mentira pura y sencilla que han puesto de manifiesto nuestros actuales conocimientos en biogeografía: came¬llos y caballos se excluyen mutuamente.

Pertenecen estas especies zoológicas a facies opuestas, son testigos de climas diferentes y no se en¬cuentran asociados en la naturaleza. También enseña la experiencia que no pueden vivir juntos artificialmente. Les irrita recíprocamente su olor; de tal manera que resulta difícil concebir la coexistencia de masas de estos animales para una labor común y ordenada, como si se colocara en un mismo frente para combatir al mismo enemigo regimientos de gatos y de perros.

Por otra parte, el general Brémond, jefe militar de la misión aliada que durante la guerra del 14 ha independizado Arabia de la dominación turca, comentando el texto de Sedillot, concluía que diez mil caballos necesitan cuatrocientos mil litros de agua potable cada día. ¿En donde encontrar tan enorme cantidad en la estepa o en el desierto? Y añadía: «Hubiera sido imposible, sobre todo en esta época mantener treinta mil hombres y veinte mil bestias.

En 1916-1917, no hemos podido conseguir para los 14.000 hombres reunidos ante Medina víveres para más de ocho días, a pesar de los recursos considerables que nos llegaban de la India y de Egipto por buques de vapor»12.

Esto es un ejemplo. Se podrían dirigir criticas similares contra la mayoría de las crónicas que han sido las fuentes de los textos actuales. Sin embargo no es necesario recurrir a los testimonios de la experiencia contemporánea para situar el problema en su contexto histórico. Nos enseñan estas mismas crónicas las dificultades que estudiaban los hombres políticos de la época, cuando cedían a la tentación de emprender una razia en países ricos y vecinos para sacar de los mismos taladas substanciosas. He aquí lo que escribe Levi-Provençal refiriéndose a Abd al Ramán III, uno de los monarcas más capaces e inteligentes que han gobernado España, acerca de las expediciones que solía emprender por el norte, generalmente en la Septimania, provincia del sur de Francia situada entre el Ródano y los Pirineos:

«Para que el califa se decidiese a poner en marcha una correría estival, se requería que la cosecha se anunciara importante. Como se mantenía el ejército con lo que encontraba a su paso, era ésta condición imprescindible. Así, en 919, en su algara en contra de Belda, Abd al Ramán tuvo buen cuidado de mandar averiguar el estado de los sembrados y modificó su itinerario para que el ejército pasase por lugares en donde el trigo estaba ya maduro. En los años de mala cosecha, claro está, no se pensaba salir a campaña. En su relación de los acontecimientos del año 303 de la Héjira (915) declara El Bayan:"Fueron las circunstancias demasiado adversas para que se intentara incursión alguna o que se pusiesen tropas en pie de guerra».

¡Y se trataba de algunos centenares de kilómetros! A pesar de los recelos del califa, no hace objeción alguna este especialista a la repentina aparición en la Península Ibérica de ejércitos que venían nada menos que de Arabia... sin preocuparse por saber si estaban las mieses doradas 13.

No explica la ley de Breasted las invasiones arábigas en el Creciente Fértil. En el caso de una crisis estacional no puede el nómada mantenerse indefinidamente en los lugares que le son extraños. Desvanecida la sorpresa, tiene que retirarse para no ser atacado por, fuerzas muy superiores a las suyas. Habiendo mantenido sus rebaños en las semanas críticas del estío ha conseguido su objetivo. Cambia la situación en una crisis climática prolongada. Para huir de la sequía, muerto el ganado, emigraron los nómadas árabes hacia las regiones y las ciudades mejor abastecidas. Se tradujo esto por un desplazamiento demográfico parecido al éxodo actual de las gentes del campo hacia los centros industrializados. Mas, este movimiento migratorio que ha debido de ser constante a lo largo de las primeras pulsaciones, alcanzó en las crisis posteriores más graves un carácter dramático.

En estas condiciones, ¿cómo concebir la invasión de Berbería por ejércitos árabes cuando tenemos la certeza de que jamás han existido...? Hay mil kilómetros desde el Hedjaz hasta las tierras culti¬vadas del Creciente Fértil. Si en verdad hubieran podido ponerse en marcha fuerzas suficientes, hubieran tenido que desarrollar esfuerzos extraordinarios para conquistar Egipto, Palestina, Siria, en donde era menester combatir sucesivamente contra los persas y contra los bizantinos; sin contar con la recepción de los autóctonos que pudiera haber sido amistosa o adversa. Pero, ¿qué de estas tropas si hubieran tenido que atravesar el desierto de Libia, uno de los peores de la tierra? ¿En qué estado se hubieran encontrado después de tan loca aventura?

Sedientas y anémicas hubieran sido aniquiladas por los beréberes, hombres aguerridos en las luchas guerreras y temidos 14.

Es posible que nómadas árabes aprovechando momentos oportunos o sencillamente la sorpresa hayan realizado incursiones en Berbería. ¿Por qué hacerles venir de Arabia? ¿No trashumaban tribus por las estepas predesérticas del Sahara? ¿No habían de cometer en el siglo VII las mismas fechorías que las hilalianas de que nos habla Ibn Kaldún? Sea lo que fuere, la pretendida conquista de Tunicia a principios del siglo VIII resulta tan inverosímil como la posterior de la Península Ibérica. Los acontecimientos en Berbería debieron de ocurrir de acuerdo con la misma evolución de las líneas de fuerzas en Hispania.

Hasta entonces, la relación de estas invasiones sucesivas se aseme¬jaba a una carrera milagrosa, algo así como el ilusionista que a cada golpe saca del sombrero de copa objetos los más diversos y sensacio¬nales: un pañuelo, una bandera, una bola de bilIar..., ¡un gallo exuberante! Ahora, tras la toma de Cartago, abandonamos la magia blanca para enredarnos con la negra.

La fantasía se agudiza hasta el absurdo. Las distancias atravesadas son cada vez mayores, la geografía de los territorios conquistados más compleja, los obstáculos más im¬ponentes, el tiempo que separa una ofensiva de la otra más corto. En diez años ocupan los árabes África del Norte, en tres la Península Ibérica. Sierras, estrechos de mar, ríos imponentes son franqueados con suma facilidad. A pesar de sus fortificaciones se rinden las ciudades por centenas.

La gesta es grandiosa; intensas las cabalgadas. Mas, si desea el curioso enterarse de los hechos y conocer los detalles de esta epopeya gigantesca, tropieza con las contradicciones más descaradas. No solamente en asuntos de interés secundario, sino en los más importantes, como por ejemplo el siglo en el curso del cual dominaron los árabes el norte de África; no tan sólo en los cronicones medievales, sino en obras recientemente publicadas.

seguiremos ..inxa Al-lâh

abdal-lah
22/09/2010, 11:43
Hemos trascrito más arriba la opinión de un especialista renom¬brado de la historia de Berbería. Para Georges Marçais necesitaron los árabes ciento cincuenta años para conseguir el dominio del norte de África (1946). Levi-Provençal en su Historia de los musulmanes de España (1950) acepta la tesis clásica: diez años. Para el primero tiene lugar el acontecimiento a mitad del siglo IX, para el segundo en los primeros días del VIII. «En el momento en que Roderico sucede en el trono de Toledo, escribe, acababan los árabes de con¬solidar su posición en el norte de Marruecos y terminan la conquista del centro del país» 15.

Las contradicciones que aparecen en las crónicas se reproducen en estos autores contemporáneos. Cada cual tiene sus motivos, obseso por su tema particular. Marçais, para alcanzar una comprensión de los acontecimientos ocurridos en Berbería, espiga en los viejos textos los testimonios más seguros para confrontarlos y buscar una concocor¬dancia. A Levi-ProvençaL, que estudia la historia de España, lo que ha ocurrido en Berbería no le interesa. Le basta con que existan árabes en Marruecos a principio del siglo VIII para hacer tragar al lector, ya amaestrado desde la escuela, la invasión de la península. Tarea bastante dificultosa si en esta fecha requerida los futuros inva¬sores no se encontraban en las orillas africanas del Estrecho.

Entonces, ¿a qué santo encomendarse?

Si se sorprende uno al saber cómo y con qué rapidez, similar a la del rayo, han conquistado los árabes región tan grande y difícil como lo es el norte de África, queda uno mucho más maravillado al enterarse de la facilidad con que estos nómadas han conseguido atravesar el Estrecho de Gibraltar. No tenían marina; esto es lo normal en gente que navega por el desierto a lomo de camello. Seamos condescendientes. Han concentrado en un punto del litoral embarcaciones llegadas de Oriente.

Jamás hubieran podido trasladar al otro lado su pequeño ejército sin el concurso de marinos autóctonos y experi¬mentados. Este trozo de mar es uno de los más peligrosos de la tierra; pues se combinan en estos parajes dos corrientes de gran potencia que son contrarias. Tiene una la velocidad de cuatro a seis millas; la otra dos. Según la marea, fenómeno desconocido del navegante mediterráneo, cambian de sentido de modo para él incomprensible de acuerdo con las masas de agua que entran o salen del Océano. Luego, para complicar más la situación, está constantemente recorrido este pasillo por vientos violentos, cuyas ráfagas son tan repentinas que lo han convertido hasta nuestros días en un cementerio de barcos.

Según las crónicas, el conde Julián, gobernador del litoral, había prestado a los invasores cuatro lanchas con las cuales el desembarco se había realizado. Si cada una de ellas podía transportar cincuenta hombres con la tripulación —lo que seria un máximum— se hubieran necesitado treinta y cinco viajes para pasar los siete mil hombres de Taric. En promedio, hay que calcular un día para la travesía, dos con la vuelta. Setenta días eran necesarios para llevar a cabo la operación; es decir, más de tres meses si se cuentan los días de mar arbolada, cosa allí frecuente. Por otra parte estaría el Estrecho impracticable en invierno.

En otros términos, si se hubiera tratado de una invasión, el pequeño número de los primeros desembarcados hubieran sido degollados sin que fuera preciso la concentración de mayores fuerzas en Algeciras.

Para pasar los siete mil hombres de Taric era necesario contar por lo menos con un centenar de embarcaciones. Pero en esta época de gran decadencia marítima no era fácil encontrarlas. Los beréberes, que se sepa, no tenían flota. Sólo un pueblo en las inmediaciones hubiera acaso podido intentar la travesía: Eran los gaditanos.

Iban a Inglaterra desde el tercer milenio en busca de la casiterita y habían recorrido costa a costa el litoral africano. Acaso habían circun¬navegado el continente. Eran ellos con gran probabilidad los ¿1ue habían transportado tres siglos antes a Genseric y a sus vándalos 16. No se conserva ningún testimonio. Se puede sugerir que tuvieran los barcos requeridos para este traslado de tropas.

Y sin embargo... ¿no es un poco extraordinario que prestasen los andaluces sus navíos a quien venía a sojuzgarles? Si hubiera habido una confusión o un engaño con la operación de Taric, ¿cómo podía haberse repetido el mismo error con Muza, llegado meses más tarde, cuando sus fuerzas eran más numerosas y necesitaban una ayuda más considerable?

¡En fin! Era la invasión de España. Conocían los romanos el oficio de las armas. Dirigidos por cerebros que han demostrado una eficiencia poco frecuente en la Historia han necesitado trescientos años para conquistar España; tan sólo tres los árabes.

Cuando prosigue un invasor una ofensiva más allá de sus bases acostumbradas, debe consolidar otras para conservar en sus movi¬mientos cierto margen de seguridad. Según la historia clásica, han menospreciado impunemente los árabes este principio elemental del arte militar. Sin haber recuperado las energías gastadas en un impo¬nente esfuerzo, se empeñan en una nueva aventura.

Llegan a Tunicia; inmediatamente se ponen en marcha hacia Marruecos. Han visto de lejos las olas del Océano, ya se embarcan para España. Pasan tres años con gran prontitud. No se paran ni para descansar, ni para disfrutar del botín conquistado, ni para saborear las chicas del lugar. Tienen prisa por entremeterse por los desfiladeros pirenaicos a fin de apo¬derarse de Aquitania y de la Septimania.

Han descrito las crónicas estos hechos a despecho de la geografía. Mapas no poseen los invasores. No tienen objetivo alguno que alcanzar. Se han contado estos acontecimientos con tal ingenuidad que admirado queda uno al advertir cómo burdas inexactitudes han sido repetidas por graves historiadores, sin que se les ocurriera confron¬tarlas con un atlas cualquiera. He aquí algunos ejemplos sacados de la crónica, escrita en árabe, Ajbar Machmua, una de las que han alcanzado mayor autoridad:

«De todos los países fronterizos ninguno preocupaba tanto a Al Walid como Ifriqiya.» 17

Ifriqiya es la Tunicia de los antiguos. Para el cronista la vecindad de esta nación preocupaba a Al Walid. Igno¬raba por lo visto que median tres mil kilómetros entre su Ifriqiya y Egipto y que en tan inmenso territorio intermedio no tenían las arenas del desierto, como las aguas del mar, dueño alguno que pudiera ser temido.

Después de la batalla de Guadalete apunta: «inmediatamente Taric se dirigió al desfiladero de Algeciras y luego a la ciudad de Ecija», como si se hallara en la proximidad. Es muy extraño que se atreviera un ejército enemigo a penetrar en tan estrecho cañón cretá¬cico, en donde hubiera quedado atrapado como en una ratonera; pues se adelgaza en ciertos lugares hasta las dimensiones de una, calle estrecha, encuadrada por imponentes acantilados.

Pero, desde la pequeña localidad de Jimena de la Sierra que se encuentra a su salida norte hasta Ecija, hay más de 160 kilómetros. En el camino hubieran encontrado los invasores ciudades importantes como Ronda y Osuna, cuya fundación era anterior a los romanos y a las que no alude el arábigo.

Ignoran los conquistadores lo que vienen a hacer en el país. No saben adónde ir. Son los cristianos los que les dan algunas ideas para que tengan motivo de ocupación, así el empleado de una agencia de viajes que propone excursiones a un futuro turista. No se trata de una broma. Escribe nuestro cronista:

«Sabedor Muza ibn Noçair de las hazañas de Taric y envidioso de él, vino a España, pues traía, según se cuenta, 18.000 hombres. Cuando desembarcó en Algeciras le indicaron que siguiese el mismo camino que Taric y él dijo: «No estoy en ánimo de eso”. Entonces los cristianos que le servían de guía le dijeron: «Nosotros te condu¬ciremos por un camino mejor que el suyo, en el que hay ciudades de más importancia que las que ha conquistado y de las cuales, Dios mediante, podrás hacerte dueño".»

En una palabra estaban a la merced de los peninsulares.

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abdal-lah
22/09/2010, 11:48
No se deje engañar el lector por comparaciones históricas, como la conquista de Méjico por Hernán Cortés. En el XVI poseían los españoles una superioridad aplastante sobre las poblaciones de América. Jamás habían visto hombres blancos, ni animales que se parecieran a un caballo. No les cabía en la cabeza que se pudiera subir a horcaladas sobre sus lomos. Aprendieron a su costa que un jinete y su cabalgadura son dos objetos diferentes; pues se atemorizaban al ver que estos monstruos dividíanse en dos trozos, los cuales en lugar de morir, podían vivir por separado y a su gusto remendarse.(aqui Olagüe no acierta, las versiones de los historiadores indiginistas americanas son de otro parecer, el argumento de Olagüe es bastante malo)

Manejaban los españoles armas de fuego cuyo estruendo era más eficaz que sus balas mortíferas. Esta superioridad, téecnica y humana, les daba una aureola mística que les ha favorecido en su conquista.

En la invasión de la península por los árabes están invertidos los papeles. Son los invadidos los que gozan de una civilización superior y en aquella época del arma de guerra por excelencia: la caballería. Ya está representado el caballo domesticado en las pinturas rupestres de nuestro solar y demuestran testimonios abundantes que había sido Iberia la yeguada más importante del Imperio Romano. Por otra parte, con mucha dificultad hubieran podido los marineros al servicio de los árabes hacer atravesar el Estrecho a sus cabalgaduras; tanto más con los escasos recursos de que disponían. Embarcar caballos ha sido siempre una operación difícil, dado su nerviosismo.

Rara vez han aventurado su caballería las legiones por el mar. Cuando lo han hecho, disponían de anchas galeras que navegaban por las plácidas aguas del Mediterráneo. Los pocos ejemplares que hubieran podido mantenerse en las barcas del conde Julián, hubieran llegado a Europa en un estado lastimoso.

Después de la batalla de Guadalete, cuenta el cronista de Ajbar Machmua que ya no tienen los invasores infantería, pues todos los de a pie han podido apoderarse de un caballo; lo que indica que antes no los poseían. «Taric envió a Moguit a Córdoba con 700 jinetes, pues ningún musulmán se había quedado sin cabalgadura.» Mas ¡oh mara¬villa!, logró ese escuadrón una hazaña extraordinaria, sin duda única en los anales de la guerra. Se apoderó de la ciudad más poblada de España, defendida por murallas importantes, construidas al final del Imperio Romano y de las cuales una parte aún se mantiene erguida.

Se trasluce entonces hasta la evidencia la gigantesca mistificación. Desde que los árabes después de la muerte de Mahoma se desparraman por medio mundo como oleada de un maremoto gigantesco, se apo¬deran como por arte mágico de las ciudades mejor pertrechadas y fortificadas. Es la objeción que hace el general Brémond a la toma de Alejandría por hordas llegadas del desierto, cuando debía de tener unos 600.000 habitantes. Para dominar y arrollar sus fortificaciones, sobre todo las famosas de su ciudadela, se requerían máquinas potentes y complicadas. Esto era una norma militar en práctica desde la más remota antigüedad.

Para construirlas, transportarlas y ponerlas en batería, eran necesarios medios considerables: ingenieros, obreros especializados, recursos financieros, etc. En una palabra era Impres¬cindible una organización, la que probablemente no cabía en la cabeza de estos nómadas del desierto.

Y ¿cuando se trataba de ciudades situadas en lugares inexpugna¬bles, como Toledo o Ronda? ¿No se ha mantenido independiente durante medio siglo esta última, oponiéndose a las tropas de los emi¬res cordobeses cuyo poder no puede compararse con los medios de que disponían los Muza y los Taric? En general, los cronistas árabes que describen la invasión de la Península Ibérica, conscientes de esta dificultad, eluden la cuestión. Para el autor de Ajbar Machmua se deben estos éxitos al artilugio de astutas estratagemas. He aquí la que permitió a Muza rendir Mérida, ciudad que poseía, nos subraya, murallas «como jamás han construido los hombres similares».

Habiendo empezado negociaciones con los asediados, «encontraron a Muza con la barba blanca y empezaron a insinuarle exigiéndole condiciones en que él no convenía y se volvieron. Tornaron a salir la víspera de la fiesta (del Titr) y como se hubiera Jheøaio la barba y la tuviera roja, dijo uno de ellos: “Creo que debe de ser uno de los que comen carne humana, o no es éste el que vimos ayer”. Por último, vinieron a verle el día mismo de la fiesta, cuando ya tenía la barba negra, y de regreso a la ciudad dijeron a sus moradores:

“¡Insensatos! Estáis combatiendo contra profetas que se transforman a su albedrío y se rejuvenecen. Su rey que era un anciano, se ha vuelto joven. Id y concededle cuanto pida"».

No era Mérida un villorrio habitado por trogloditas. Había sido Emerita Augusta en la época romana una de las grandes capitales de España. Durante la monarquía goda era renombrada por sus monumentos y sobre todo por la iglesia de Santa Eulalia que Prudencio en su descripción comparaba a las de Roma. Cierto, había perdido gran parte de su esplendor pasado, pero era todavía un centro impor¬tante. Sin embargo, según nuestro cronista, ignoraban sus habitantes los artificios del aseo y... ¡que las barbas se pueden teñir!

Que una o más ciudades se hayan rendido por estratagema o por traición, se concibe. Pero que hordas salidas del desierto en Asia, en África, en Europa, se hayan apoderado como en una gigantesca redada de centenares de ciudades, algunas de las cuales eran las más importantes entonces existentes, no puede concebirse. Alucinantes son en este caso la mentira y el delirio. Para los cronistas árabes de la primera época la conquista de España es el resultado de un truco formidable realizado por dos afortunados truchimanes. Pasados el siglo XI y la contrarreforma musulmana, se trata de un acontecimiento milagroso concedido a los creyentes por la Providencia para la mayor gloria del Islam.

Era menester explicar tan magno episodio de modo natural para apartar la idea de una intervención divina que hubiera favorecido a los muslimes. Han recargado los historiadores cristianos la situación de España bajo el gobierno de los visigodos con las tintas más negras. Aterrorizaban los germanos a los españoles. Un divorcio profundo dividía a la sociedad. Para sacudirse del yugo de estos amos insoportables estaban dispuestos a aliarse con el mismísimo demonio. Se ha hablado también de los judíos.

¿Cómo no? Habían naturalmente traicionado a la nación que en su diáspora los había recibido. Todas las locuciones grabadas al por mayor, las frases hechas que se repiten sin discernimiento, las más descabelladas ideas, han sido empleadas para dar a la fábula una apariencia de verosimilitud. Desde Jiménez de Rada (siglo XIII) han recurrido ciertos autores a los expedientes más extraordinarios para explicar el éxito de la fulminante ofensiva. Aún hoy, ¿no atribuía un colaborador de una voluminosa Historia de España la dominación árabe a la superioridad de su arte militar?

Había atravesado la península su caballería invencible como una división blindada.

Durante tres siglos, del V al VIII, ha constituido la nación hispana una estructura importante, cuya cultura destaca en las de Europa Occidental. Podrá el lector en el curso de esta obra ponderar algunas de sus manifestaciones: su arte extraordinario hasta fechas recientes desconocido, su escuela de Sevilla cuyo Isidoro ha sido uno de los grandes maestros de la Edad Media cristiana. Por otra parte, han dado al traste los historiadores extranjeros con el mito de las invasiones realizadas por los bárbaros. Con ello el problema político de los germanos dominando a los españoles debía de plantearse sobre otras bases.

No eran los bárbaros invasores que habían asaltado y derruido las fronteras del Imperio Romano, como se ha dicho. Si hubiera sido así, les hubiera sido difícil atravesar por ejemplo los Pirineos y desparramarse por la península sin vencer fuertes oposiciones que hubieran dejado algún rastro en los textos. Nada existe que permita suponer tal cosa.

Son mucho más sencillos los acontecimientos. Los germanos en estos tiempos eran
sencillamente la guardia civil del Imperio. Cuando la descomposición general del tinglado político, económico y social, tuvieron sus jefes que tomar medidas enérgicas en sus circunscripciones respectivas por la sencilla razón de que eran los responsables del orden público; por lo cual poseían la fuerza armada.

Era esto la consecuencia de una larguísima evolución anterior. Como no podía el tesoro imperial pagar a sus mercenarios, se les había entregado haciendas para indemnizarles; estos legionarios bár¬baros habían sido convertidos en federados, siguiendo un procedi¬miento similar al proceso en virtud del cual se habían federado las ciudades.

Mas, tenía que ocurrir un hecho ineludible: «Una unidad multar está instalada en unas tierras y se las ingenia para atender a sus necesidades. Entonces este regimiento no es un regimiento» (Gauthier) 18.


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abdal-lah
22/09/2010, 12:01
Por imposición de las circunstancias, estaban en el siglo V estos bárbaros tan bien romanizados y asimilados al ambiente general, que al verse obligados a ocuparse de política incurren en los mismos vicios que los ciudadanos romanos. Se dividen y se pelean entre sí; lo que demuestra que estos hombres, cualesquiera que fueran sus orígenes y su educación, estaban dominados e impulsados por fuerzas que no podían controlar.

Con La ausencia de una documentación ade¬cuada que permitiera ni tan siquiera pergeñar una visión panorámica de estos días aciagos, se han interpretado los movimientos militares que emprendían estas compañías como si fueran invasiones; cuando se trataba generalmente de operaciones de policía emprendidas para remediar una situación apurada. Con el curso de los años, atrapados por la rueda de la fortuna, tuvieron estas antiguas legiones que pro¬nunciarse ante la anarquía universal de un modo hasta entonces jamás visto; pues se trataba de crear un orden nuevo. De aquí, alianzas y oposiciones entre sus jefes, los cuales de lance en lance se convirtieron en reyezuelos más o menos independientes y al fin y a la postre en auténticos monarcas.

Confusa era la época. Han contado a veces las crónicas estos acon¬tecimientos de un modo que transparenta cierta animosidad en contra de estos gendarmes. Pero descontando las destrucciones y las desgracias propias del caso y probablemente inevitables, no tenían siempre los tiros una finalidad política. En lo que concierne a Espa¬ña, basta con leer la crónica de Idatius (395-470), la única que poseemos acerca de estas invasiones en la península, para comprender que su autor al confundir a los invasores de su Galicia natal con los improperios más calificados, no lo hacía porque eran conquistadores extranjeros, sino porque eran arrianos. Cuando eran innecesarias o molestas estas compañías, se las podía dirigir hacia otro destino.

Si los vándalos acaudillados por el temido Genseric hubieran sido unos invasores que conquistan Andalucía, ¿hubieran podido los vencidos andaluces deshacerse de ellos mandándolos a Tunicia, es decir... donde el diablo perdió el poncho?

Según Delbruck, en esta época no ha llegado la población germana que vivía entre el Rhin y el Elba a sobrepasar el millón: cinco habitantes por kilómetro cuadrado 19. De ser así, no puede concebirse una invasión demográfica de estos pueblos sobre las berras mediterráneas, que poseían en aquel entonces un clima distinto al actual y la mayor densidad del continente. Los visigodos romanizados desde fecha muy remota componían en la península una minoría ínfima. Poco a poco fueron asimilados y su influencia corno tales germanos ha sido escasísima en la cultura nacional, por no decir inexistente. No han dejado rastro de importancia en el idioma.

Las palabras de origen godo que existen en el español, unas cincuenta según los filólogos, tienen una génesis anterior a la Alta Edad Media. En una palabra, por circunstancias que pertenecen a la descomposición del Imperio Romano y de su civilización, ha sido gobernada España por una casta militar extranjera. Ruda y basta de modales, siguiendo una constante histórica, se emparentó con las viejas familias que poseían la riqueza agrícola. La ley célebre en virtud de la cual fueron autorizados los matrimonios mixtos no tenía en realidad otro objeto que confirmar una situación de hecho.

No estaba destinada para la población en general. Basta con leerla para apreciar que estaba dedicada a los romanos y a los godos que pertenecían a las clases sociales supe¬riores. Era un acuerdo entre la casta militar y la aristocracia. No podía ser de otro modo desde el momento que los visigodos componían una minoría en la masa de la población 20.

Los autores que en fecha reciente han estudiado la España de la Alta Edad Media destacan el proceso de asimilación que se manifiesta desde el siglo VI entre godos e hispanos. En el VII adquiere un movimiento acelerado. Por consiguiente la interpretación que explicaba la conquista de España por las disensiones raciales o culturales existentes entre ambas comunidades, es sencillamente falsa. Por otra parte, desborda la cuestión el marco de la península. Es todo el problema de la expansión del Islam el que de nuevo ha de plantearse. Pues las mismas dificultades se presentan en Oriente como en Occidente, en Aquitania, en Irán, como a orillas del Indo. En esta jornada de la epopeya humana había que eliminar los mitos y las falsas tradiciones. Han sido descritos estos acontecimientos en contra de las normas mas elementales del sentido común. Los autores modernos que los han estudiado eran especialistas capaces de leer en el texto las viejas crónicas escritas en árabe clásico.

Por tradición de escuela estaban más adiestrados en ejercicios literarios o filológicos que en los grandes complejos del pasado. Eran eruditos, no historiadores. En sus trabajos repitieron en un lenguaje moderno los relatos que destacaban los antiguos manuscritos. Fija a veces estaba su atención sobre hechos menores que en general solían tener un alcance local. Les infundían recelo las discusiones concernientes a la evolución general de las ideas, sobre todo de las religiosas. Y así, el mito cuajado a lo largo de la Edad Media ha sido repetido hasta el siglo XX. No era esto muy apropiado para alcanzar una cierta comprensión de la historia del Oriente cercano, ni para desentrañar las grandes encrucijadas de la historia universal.

----------------------------------Notas----------------

8 No hay que olvidar que el caballo y el camello, aunque perteneciendo a un mismo orden, el de los ungulados, están agrupados en familias dife¬rentes. El camello es un rumiante, el caballo no lo es. Por esta razón ha podido adaptarse mejor que el caballo a las condiciones del desierto. Puede conservar en su estómago complicado los alimentos un cierto tiempo y aguanta mucho mejor la sed. Por otra parte, como otros rumiantes, así los antílopes, puede desplazarse con rapidez para encontrar un alimento raro y diseminado por el suelo.

9 Hay que buscar el origen del caballo Árabe en las praderas del Creciente Fértil y no en la Península Arábiga, porque desde tiempos muy lejanos poseía una facies desértica; siempre y cuando sea originaria esta raza de Asia y no haya sido el fruto de cruzamientos acertados realizados posterior¬mente en África del norte o en otros lugares. Las alusiones al caballo que se hallan en el Corán son simples puntos de referencia a un nivel de vida superior que uno desea y con el cual se ilusiona. No son el testimonio de hechos concernientes a la vida cotidiana. <The idea that riding on horses was an indication of human pride and luxury is of corse as old as Biblical times.> Goitien: The rise of the Near Eastern bourgeoisy in early Islamic times. <Cahiers d’Histoire Mondiale.> Editions de la Baconniére, Neuchatel. T. III, p. 594 (1957).

10 Lefebvre des Notes: Attelage et cheval ile selle.
11 General Brémond. Ibid., p. 41.
12 General Brémond: Ibid., p. 34.
13 E. Levi.Provençal: L’Espagne musulmane au X siécle. Larose. París. P.139. La cita es de Dm Idhari: Bayan, II, p. 181/288.

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abdal-lah
22/09/2010, 12:02
14 No quiere decir esto que no hayan conseguido fuerzas adiestradas atravesar el desierto sahariano. Nos constan dos expediciones logradas, de las cuales nos queda abundante documentación: La moderna campaña de Libia con la victoria de Montgomery, en condiciones «logísticas infernales, no obstante los medios modernos empleados>, y la razia emprendida contra Nigeria por el bajá Yaudar después de haber franqueado el Tanezruft (1590-91). Esta es la más importante para la comprensión de nuestro análisis, pues se hizo en las mismas condiciones, poco más o menos, que las realizadas por las tropas árabes, si en verdad atravesaron el desierto de Libia. A fines del siglo xvi mandó el sultán de Marruecos, Muley Hanied, un pequeño ejército para emprender una correría en la curva del Níger, comarca aún productora de oro, aunque su exportación no alcanzaba ya las cifras de los tiempos anteriores. Estas fuerzas en número aproximado a los 4.000 hombres estaban mandadas por el bajá Yaudar, un español oriundo de Las Cuevas, en el antiguo reino de Granada. Llevaba consigo unos dos mil arcabuceros, también españoles, especialistas en aquel entonces en el uso de esta arma. Esta es la razón por la cual tenemos constancia de los detalles de la expedición. Existen en la Academia de la Historia tres manuscritos en donde se relatan estas jornadas (452.9-2633). Fueron publicados por Jiménez de la Espada en el Boletín de la Sociedad Geográfica en 1877. Recorrieron estas gentes los dos mil kilómetros que median entre Marraquech y Timbuctú, de los cuales sólo 540 en el Tanezruft revisten la facies desértica similar a la que se manifiesta hoy día en el desierto de Libia. Se calcula que el 40 % por lo menos de estas fuerzas murieron en la travesía como conse¬cuencia de las penalidades sufridas. Las restantes, repuestas en territorio nigeriano, consiguieron su objetivo gracias a la superioridad de sus armas de fuego. No tuvo esta razia para Marruecos ningún alcance político y pudo llevarse a cabo gracias al genio, a la resistencia física y al armamento de los hispanos. Varios autores han estudiado esta expedición, entre ellos García Gómez y el italiano Rainero. Últimamente Joaquín Portillo Togores ha pu¬blicado un compendio de la cuestión con argumentos de carácter militar: La expedición militar del Bachá Yaudar a través del Sahara, en la <Revista de Historia Militar>, núm. 30 y 31, 1971. Al mismo pertenece la cita anterior.

15 E. Levi.Provençal: Histoire des musulmans d’Espagne, t. 1, p. 9.
16«La Puig>sanees marítima des Bardales et e Genséric leur a té fournie par les mar-iras andabas> E. F. Gauthier: Genséric, Payot, Paris, 1935, p. 109.

17 Ajbar Machmua. Esta cita y las siguientes pertenecen a la traducción española de Emilio La fuente Alcántara. Colección de obras arábigas de Historia y e Geografía que publica la Real Academia de La Historia. T. 1, Madrid, 1867.
18 E. F. Gauthier: Genséric, p. 23.
19 A pud. Gauthier: Genséric, p. 58.

20 Fuero juzgo. Ley 1. Tit. 1, libro 111: <Estonz complido quando ellos piensan del provecho del pueblo y ellos non se deven poco alegrar quarsdo la sentencia de la ley antigua es crebantada, la cual quiere departir el casamiento de las personas que son eguales por dignidad e por linage. E por esto coitemos la ley antigua e ponemos otra unión y establecemos por esta ley que ha de valer por siempre, que la mugier romana pueda casar con godo e la mugier goda pueda casar con omne romano.., e que el omne libre puede casar con la mugier libre qual quier que sea convenible por consejo e por otorgamiento de sus parientes.> <Estos años (586.601) fueron testigos también, por primera vez, de pro.mulgación de leyes que vincularon a toda lapoblación de España, tanto godos como romanos; aunque la total unificación del sistema legal no fue completada hasta más de medio siglo después. El reinado de Recaredo fue también testigo de la desaparición ¿el modo de vestir godo, de sus formas artísticas y de su sustitución por las romanas.> E. A. Thompson: Los godos en España. Ed. cast. Alianza Editorial, Madrid, 1971, p. 356. Ed. original: The Goths irt Spain. Oxford University Presa, 1969. Aunque las leyes unificadoras de la sociedad española fueron enmendadas y posiblemente perfeccionadas por reyes posteriores, fue Recesvinto el que promulgó el Fuero juzgo. El texto anteriormente había sido estudiado y editado por autores españoles, lo que explica su manifiesta superioridad sobre sus contemporáneos, como lo han reconocido los autores modernos: Ferdinand Lot, Les irwo.sions germaniques, París, 1931, pp. 182.3. «De lo que podemos estar casi seguros es de que Braulio editó, tal como está, a petición de Recesvinto el manuscrito del Forum judicum, antes de que fuera pre¬sentado al Concilio VIII de Toledo.> C. H. Lynch: San Braulio, obispo de Zaragoza (631.651), su vida y sus obras, C.S.I.C., 1950, pp. 158-172, en las que estudia la labor realizada por este humanista como canonista.



FIN DEL CAPITULO 2

durruti
23/09/2010, 21:55
Salam.
He leido muy atentamente el 2° capitulo del libro de Olagüe, y cada vez estoy mas confuso, ya no se que pretende el autor, aunque asi a primera vista,me parece que lo que intenta es hacerse notar,cuestionandolo todo, pero sin aportar demasiado.
Para mi utiliza la tecnica de los manipuladores, poner en cuestion todo, sin aportar nada y crear dudas de todo, para luego aparecer como los salvadores de la patria,o erigirse en los unicos que tienen una razon valida, e ignorar lo que no les interesa.
Para mi no tienen demasiado valor, aquellos que usan cierta sorna, para hacer valer sus argumentos.
Y digo todo esto porque,cuando dice " no tienen marina" o "estan acostumbrados a navegar por en desierto", utiliza un cierto deje socarron, pero ignora que desde la toma de Alejandria en el 642,no solamente tienen una flota, sino que cuentan con gente experimentada en el mar. Ignora asimismo que hicieron replegarse a la flota bizantina, que desde el 650 mas o menos acosan las islas del Mediterraneo,( posiblemente lo hacian desde camellos ??????????segun sus apreciaciones) y que segun parece y es aceptado, la toma de Tanger se inicia con un acoso desde el mar.
Cuando habla del estrecho de Gibraltar, es casi de risa, hoy dia que se ignore que desde una orilla se ve la otra, y que posiblemente para gente aguerrida menos de 10 millas de mar, no debian ser un obstaculo.( ahora lo hacen por la noche en embarcaciones fragilisimas)
Pero bueno no era mi intencion entrar en contraobjetar las dudas de Olagüe, sino simplemente hacer ver que con sus "teorias" pone en duda no solo la invasion de Hispania, sino la expansion del Islam, incluso el que fueran poco mas que un puñado de visionarios incapaces de ponerse en marcha hacia cualquier lugar.
Si aceptamos sus planteamientos, como puede ser que lleguen las ideas del Islam hasta nuestro Pais?
Porque haciendo una lectura critica de la siembra de dudas, es imposible que llegaran los musulmanes, y no pudiendo llegar, como no se habian inventado las telecomunicaciones, pues tampoco llegarian las ideas.
Es evidente como decia en mi anteror post, que hay muchos vacios de informacion y de fuentes contemporaneas a los hechos, pero si se admite que alguna fuente fiable da como evidencia que los musulmanes estaban aqui en el siglo VIII, de alguna manera llegaron.
Y para terminar, si sus tesis son tan valiosas, ?por que no han tenido eco en los investigadores serios? ! que los hay!.
Leyendo los articulos de la Academia de la Historia, se puede ver las replicas y contrareplicas, que se hacen a las hipotesis que se publican, y la verdad es que a Olagüe no parecen haberle tenido en cuenta.
Y el desden critico que hace de las mas reconocidas firmas de la investigacion historica, mas me parece rencor hacia otros por no hacerle un sitio, o un simplemente " no las quiero comer, no estan maduras.

Salam.

abdal-lah
24/09/2010, 11:02
Salam.
He leido muy atentamente el 2° capitulo del libro de Olagüe, y cada vez estoy mas confuso, ya no se que pretende el autor, aunque asi a primera vista,me parece que lo que intenta es hacerse notar,cuestionandolo todo, pero sin aportar demasiado.
Para mi utiliza la tecnica de los manipuladores, poner en cuestion todo, sin aportar nada y crear dudas de todo, para luego aparecer como los salvadores de la patria,o erigirse en los unicos que tienen una razon valida, e ignorar lo que no les interesa.
Para mi no tienen demasiado valor, aquellos que usan cierta sorna, para hacer valer sus argumentos.
Y digo todo esto porque,cuando dice " no tienen marina" o "estan acostumbrados a navegar por en desierto", utiliza un cierto deje socarron, pero ignora que desde la toma de Alejandria en el 642,no solamente tienen una flota, sino que cuentan con gente experimentada en el mar. Ignora asimismo que hicieron replegarse a la flota bizantina, que desde el 650 mas o menos acosan las islas del Mediterraneo,( posiblemente lo hacian desde camellos ??????????segun sus apreciaciones) y que segun parece y es aceptado, la toma de Tanger se inicia con un acoso desde el mar.
Cuando habla del estrecho de Gibraltar, es casi de risa, hoy dia que se ignore que desde una orilla se ve la otra, y que posiblemente para gente aguerrida menos de 10 millas de mar, no debian ser un obstaculo.( ahora lo hacen por la noche en embarcaciones fragilisimas)
Pero bueno no era mi intencion entrar en contraobjetar las dudas de Olagüe, sino simplemente hacer ver que con sus "teorias" pone en duda no solo la invasion de Hispania, sino la expansion del Islam, incluso el que fueran poco mas que un puñado de visionarios incapaces de ponerse en marcha hacia cualquier lugar.
Si aceptamos sus planteamientos, como puede ser que lleguen las ideas del Islam hasta nuestro Pais?

Porque haciendo una lectura critica de la siembra de dudas, es imposible que llegaran los musulmanes, y no pudiendo llegar, como no se habian inventado las telecomunicaciones, pues tampoco llegarian las ideas.
Es evidente como decia en mi anteror post, que hay muchos vacios de informacion y de fuentes contemporaneas a los hechos, pero si se admite que alguna fuente fiable da como evidencia que los musulmanes estaban aqui en el siglo VIII, de alguna manera llegaron.
Y para terminar, si sus tesis son tan valiosas, ?por que no han tenido eco en los investigadores serios? ! que los hay!.
Leyendo los articulos de la Academia de la Historia, se puede ver las replicas y contrareplicas, que se hacen a las hipotesis que se publican, y la verdad es que a Olagüe no parecen haberle tenido en cuenta.
Y el desden critico que hace de las mas reconocidas firmas de la investigacion historica, mas me parece rencor hacia otros por no hacerle un sitio, o un simplemente " no las quiero comer, no estan maduras.

Salam.

Sala durruti:

Conozco las criticas contra Olagüe y soy consciente de estas. Pero como dije en otros posts en ciertos aspectos la obra de Olagüe no es perfecta, personalmente no trato la obra de Olagüe como un libro “sagrado” sino como una obra de un historiador, de un ser humano que tiene aciertos y errores. Como cualquier intelectual, como cualquier pensador tiene sus límites.

Ciertamente Olagüe comete errores nadie lo niega, pero hay que tener en cuenta su época y su contexto social, cultural e intelectual. Nadie serio interpreta las obras de los pensadores como obras absolutas, sin que hay que leerlas según las premisas que he escrito.

Nadie trata a las obras históricas (o otras obras) como si fueran la Verdad. Lo que se trata es de apreciar el valor que tiene una obra determinada y las puertas que nos abrió esa obra, por ejemplo, en la física nadie duda de que Copernico abrió una concepción nueva Universo. Todos los que estudian el Universo saben que Copérnico se equivocaba a en muchas cosas pero tampoco nadie duda que su obra “"De revolutionibus orbium coelestium marcó una revolución en la ciencia y destruyo perjuicios y verdades oficiales sobre la concepción el Universo. .

Así que pensar de que un autor no se equivocara en muchas cosas es un error que nadie en ninguna materia duda, lo impórtate de un autor son sus aciertos, así como las puertas que nos abre para ampliar los conocimientos de cualquier materia.

Freud, por ejemplo, también se equivoco en muchas cosas pero nadie duda de que su obra fue muy importante para el conocimiento de la psicología humana , pues abrió unas puertas que antes estaban cerradas sobre la psicología humana.

Pondría muchos ejemplos de músicos, pintores, literatos, ingenieros, científicos en la cual su obra fue el inicio de otras obras que ampliaron nuestros conocimientos, y es de destacar que estos personajes lucharon contra los prejuicios y las ideas predeterminadas y oficiales de su época. Como tampoco nadie duda de que también se equivocaran, y nadie dice que esas equivocaciones que cometieron invalidasen sus obras, sino lo que se hace es revisarlas y analizar las partes importantes y originales de su pensamiento.

El publico masificado suele cometer este error, descalificar la obra de cualquier estudioso por el hecho de cometer algún error, es típico ver como el publico masificado desecha la obra de Freud por su machismo, pero los especialistas nos dicen que si que es cierto que este autor cometió errores típicos que son el producto de su época de su cultura y de sus prejuicios sexistas pero que eso no invalidad lo que este autor inició ni so obra en su totalidad.

A Olagüe le pasa lo mismo, cometió errores (uno de ellos ya lo apunte) y los historiadores oficialistas se ríen de él, por un lado esos que se ríen de él cometen el error típico de los oficialistas (los médicos oficialistas escupieron literalmente a la cara a Freud): no ven, por motivos ideológicos, sus aciertos.

Y segundo porque cambiar la historia oficial es una empresa de titanes, y esa panda de historiadores oficialistas solo son unos “funcionarios” con mentalidad de funcionarios.
Es evidente los errores de Olagüe, pero que esos errores no deben de cegarnos: los árboles torcidos no nos hacen el bosque

En cuanto a tú pregunta: <<Si aceptamos sus planteamientos, como puede ser que lleguen las ideas del Islam hasta nuestro Pais?>>

Te pediría que tuvieras un poco de paciencia hasta acabar de colgar todo el libro.

Yo no se qué sabes de ideas-fuerza que se introdujeron en este país durante la historia de España, pero han habido unas cuantas, y como ejemplo te pongo solo una.

Pero para hacerte pensar mientras tanto te preguntaras ¿Cómo entraron las ideas de la Primera Internacional a España?



Salam

durruti
24/09/2010, 13:53
Salam.

Estoy de acuerdo en que no hay que tratar ninguna obra como verdad absoluta, y mucho menos tratando temas historicos de hace mas de mil años.
Lo que mas me ha llamado la atencion,ha sido el estilo, descalificando entre lineas a otros, que seguramente tambien cometen errores.
Y su forma de introducir las dudas, que por otro lado siempre pueden exisitir.
No se si su historia personal, le ha llevado a una situacion de resentimiento hacia los postulados clasicos, todo es revisable, pero su estilo me choca con la habitual forma de expresion.
Seguimos hablando.

Salam.

abdal-lah
25/09/2010, 08:40
Capítulo 4

Los Árabes no invadieron jamás España

Ignacio Olagüe


LA EXPANSIÓN DEL ISLAM

El problema de la expansión del Islam. El ejemplo de Berbería. El mahometismo y las grandes ciudades. La difusión de las lenguas latina y árabe. El papel de las clases mercantiles en el Islam. La expansión de la civilización árabe considerada como una evolución de ideas-fuerza.

Inexorable se presenta en la mente del historiador un problema mucho más complejo que la pretendida invasión: la expansión del Islam y de la civilización árabe. Si es razonable rechazar la concepción según la cual se había propagado esta religión por imposición de una fuerza militar extranjera, que jamás había existido, no se puede negar el hecho de una civilización árabe, antaño como ahora.

Sin embargo, se presenta diferente el problema en ambos casos. No puede quedar resuelto con el mismo método. Es posible desarticular mediante la crítica histórica la leyenda de la invasión. Se poseen los elementos requeridos para apreciar cómo se ha formado el mito en el curso de los siglos. Por ausencia de una adecuada documentación es incapaz la historia anecdótica de explicar el mecanismo que ha permitido la propagación de la civilización árabe.

Ocurre lo mismo para comprender los movimientos similares que han tenido lugar en el pasado, sea la estructura del Imperio Romano, sea la difusión del budismo por Asia.

¿Cómo habían abandonado sus creencias ancestrales para adherirse a una nueva fe las masas que vivían en el Hindustán, en las altas mesetas del Turkestán, en Asia Menor, en las antiguas provincias bizantinas, en Africa del Norte, en la Península Ibérica?

¿Cuál era el principio que había modificado las propias culturas nacionales para asimilar una concepción de la vida extraña a su tradición cultural? Así, por ejemplo, ¿por qué bruscamente sociedades monógamas se habían transformado en polígamas?

Resolvía la historia clásica estas dificultades a palo seco. Surgidas de las profundidades de la inmensa Arabia, legiones de musulmanes habian invadido medio mundo rompiendo y anegándolo todo a su paso. Se habían uncido al carro de los vencedores los supervivientes de la catástrofe. Así, elementos dispares se fundieron en un bloque, resistente hasta la fecha.

En cuanto a nuestra península ningún problema: Aniquilados sus habitantes una minoría se había refugiado en los montes norteños. Otra viviendo con los sarracenos había sobrevivido en las tinieblas como los cristianos primitivos en las catacumbas.

Montañeses asturianos fundaron un reino que poco a poco creció por obra de una labor heroica. Reconquistaron, poblaron, cristianizaron el territorio perdido por los antepasados. Se trataba de una contraofensiva que había durado siete siglos. De esta gesta titánica había surgido la España moderna.

Fue arruinado este bello artilugio por los estudios históricos emprendidos desde hace más de un siglo; pero se mantenía en pie la sombra del tinglado porque no habían ideado los investigadores otra concepción para substituirlo. Cuando se leyeron las crónicas bereberes y se supo el escasísimo número de los invasores, fue general el asombro. Un paso más adelante en el derribo fue dado años más tarde por Ortega y Gasset, quien puso el dedo en la haga dolorosa: Una reconquista que había durado siete siglos no era una reconquista.

Por nuestra parte, cuando nos enfrentamos con este problema en nuestros estudios acerca de la decadencia de España, concluimos que había sido mal planteado. Tenía que reducirse el problema militar a un grado menor, al que pertenecen los incidentes de la vida cotidiana. Era menester enfocar el problema desde un punto de vista cultural.

De acuerdo con la evolución de las ideas que había precedido a esta pretendida invasión, se había convertido la Península Ibérica en un campo favorable para la competición milenaria entre las civilizaciones semitas e indoeuropeas38.

Sin embargo se mantenía tan enigmático el verdadero problema, el de las masas cristianas subyugadas por el Islam y la civilización árabe. Si la fuerza había obligado a los bautizados a convertirse al Islam, ¿por qué la misma causa no producía los mismos efectos en los israelitas, que padecían ellos también la férula del mismo vencedor?

El hecho es indiscutible. En el curso de los siglos han desaparecido las poblaciones cristianas del Magreb y de la mayor parte de los territorios islamizados. La familia judía, que pertenece al mismo tipo semita de los árabes, a pesar de haber sido perseguida, avasallada, recargada de impuestos, ha conservado su cohesión y la ha mantenido hasta los días actuales. ¿Era la fe de los cristianos más débil que la de los judíos?

En realidad, poco había preocupado el problema a los historiadores. Dominados por la rutina habían aceptado los hechos fabulosos sin esforzarse ni por comprenderlos, ni por explicarlos.

Mas, encontraba Georges Marçais muy amarga la bola para ser tragada.

«La islamización de Berbería, escribía, plantea un problema histórico que no tenemos la esperanza de resolver... Había sido este país una de las tierras en que más había aumentado el cristianismo. Introducido en Cartago y en las ciudades del litoral, se había extendido en la del interior. Decía el africano Tertuliano al final del siglo segundo:“Somos casi la mayoría en cada villa”. Ya contaba en esta época ¡a Iglesia africana numerosos mártires.

Se imponía igualmente por sus doctores. Perseguida, se enaltece por poseer un San Cipriano. Triunfante, hará oír la voz excelsa de San Agustín por toda la cristiandad. Además, no reclutaba solamente la religión de Cristo sus adeptos en las ciudades... El número asombroso de santuarios modestos, cuyas ruinar encontramos por las campiiías de Argelia, demuestra la difusión del Evangelio en los rurales bereberes. Ahora bien, en menos de un siglo estos hijos de cristianos en su gran mayoría se habrán convertido al Islam, con una convicción capaz de desafiar el martirio.

La obra de conversión se acabará en ¡os dos o tres siglos siguientes, tabor de jinitiva y total. ¿Cómo explicar esta descristianización y su corolario: la islamización.?» 39.

Con descaro se plantea el mismo problema en las naciones orientales que poseían la más antigua tradición cristiana. ¿Cómo se explica que Egipto, Palestina, Siria y otras provincias del Asia Menor pertenecientes al Imperio Bizantino se hayan convertido de la noche a la mañana al mahometismo? ¿Por qué habían admitido estas poblaciones la ley religiosa del nómada?

Trabajos recientes demuestran que siempre ha sido el Islam una creencia ciudadana. Xavier de Planhol aportaba argumentos contundentes: Goza el nómada de una mentalidad rebelde. Obra de acuerdo con sus necesidades y a veces según su capricho.

No se le puede presentar como un modelo de religiosidad. Era lo mismo antaño como ahora. Por esta razón había cristalizado el Islam en las ciudades y no en el desierto 40.

Nos consta que gozaban las antiguas provincias bizantinas de una vida urbana importante: Numerosas eran las ciudades afortunadas y muy pobladas que conservaban una cultura helenística floreciente. «Se ha calculado que las ciudades de cien mil habitantes no eran una rareza en Asia Menor, en Siria, en Mesopotamia, en Egipto, ante la invasión árabe» (Bréhier). Alejandría poseía unos 600.000 habitantes. Se ha calculado la población de Antioquía en la época romana en los 500.000. Debió de sufrir una crisis en los tiempos de San Juan Crisóstomo. Debía de tener entonces unos 200.000, pero crecio posteriormente esta cifra hasta los 300.000 en el siglo IV 41.

«De acuerdo con la lista episcopal atribuida a San Epifanio, la que en realidad data del principio del siglo VII, de los 424 o bispados dependientes de Constantinopla, 53 pertenecían a Europa, 371 a Asia» (Bréhier) 42. Esto señala poco mis o menos la cifra de las ciudades corroídas por el mahometismo. Según este autor, el patriarca de Alejandría, que era el más poderoso y por esta razón llamado «papa», poseía de acuerdo con una noticia anterior a la invasión árabe: 10 metrópolis y 101 obispados. El patriarca de Antioquía que administraba Siria, Arabia, Cilicia y Mesopotamia, tenía bajo su jurisdicción a 138 obispados, como lo indica una noticia que se atribuye al patriarca Anastasio (559-598) 43. Se presenta un problema similar en el Magreb 44. Si se plantea oscuro en Occidente, ocurre lo propio en Oriente. Así como en la historia de España, se nos asegura que estas regiones prósperas y cultas han sido de repente invadidas por los árabes. Como llegaban del desierto, era menester suponer que se encontrarían en minoría frente a las masas urbanas de las grandes ciudades.

Sin duda fascinados por los espejismos de las lejanas soledades habían sido sus habitantes tan bien modelados, amoldados, plasmados, cráneos y sesos tan eficazmente restregados, que no solamente se habían convertido en celosos mahometanos, sino también en propagandistas atléticos que habían predicado la buena noticia a orillas del Clain, del Ebro y del Indo.


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abdal-lah
25/09/2010, 08:44
La acción de romanizar, islamizar, occidentalizar u orientalizar un pueblo —que nos perdone el lector el empleo de vocablos tan feos—, ha sido el fruto de amplios y potentes movimientos de ideas.

Creer que naciones prósperas, que gozaban en su tiempo de una cultura importante, han de repente abandonado sus creencias y han modificado su manera de vivir porque les han invadido un puñado de nómadas recién llegados del desierto, pertenece a una concepción infantil de la vida social.

Cierto, evolucionan los hombres, pero lo hacen lentamente, cuando con gran anticipación a los hechos acontecidos han sido alcanzados por conceptos superiores.

Como se puede percibir en la experiencia cotidiana, no es esto cosa fácil, ni frecuente. Posee la humanidad tales dosis de inercia que son menester verdaderas catástrofes para que se destruya la estructura social ya existente, para que se pierdan o se olviden las costumbres queridas, mentales y físicas.

Por consiguiente, nada de mutación de decoración, como en el teatro; menos aún con el concurso de maquinistas beduinos, incultos y famélicos. Sabe todo el mundo cuán recalcitrante es la gens intelectual. Para deslumbrarla, se requieren prestigios. Sin pensadores, ni escritores no puede haber evolución de ideas: nada de nuevas civilizaciones.

Si se abandona el centro de irradiación por la periferia, se complica el problema aún mucho más. Hasta nuestros días se pensaba que se había realizado con éxito la propagación del Islam, porque estaba respaldada en su acción por el prestigio de una gran civilización.

Esta creencia no correspondía a los hechos. La civilización que en aquel entonces destacaba sobre el ambiente mediocre imperante en el Mediterráneo, era la civilización bizantina. En el VII no había aún florecido la civilización árabe. Se hallaba en gestación. Alcanzaría su apogeo en Oriente en el siglo IX, en Occidente en el XI. Como ocurre con frecuencia se habían anticipado los acontecimientos.

Por otra parte, se había realizado la expansión en las regiones periféricas a un ritmo muy lento. No podía ser de otro modo. Como lo hemos apreciado en un capítulo anterior, la islamización de Berbería había necesitado mucho tiempo, como lo había demostrado Georges Marçais; lo que no cuadraba con la concepción histórica clásica. Si la acción política había exigido ciento cincuenta años de luchas encarnizadas, la difusión del idioma árabe había requerido varios siglos. No consiguió jamás desplazar las lenguas indígenas que aún se hablan en nuestros días. Hasta el latín se resistía al invasor. «Un texto del Idrisi, escribe este historiador del norte de Africa, nos ~ermtte afirmar que en su tiempo, a mediados del siglo Xli (es decir, más de cuatrocientos años después de la pretendida invasión) se empleaba constantemente el latín en el sur tunecino. En Ca/sa, nos informa este erudito geógrafo, la mayoría de /ar gentes hablan la lengua latina africana» 45.

Entonces, si se abarca el problema español, tal como está expuesto en la historia clásica, aparece el absurdo impúdico y desnudo. Había sido España islamizada y arabizada por un puñado de invasores que no eran musulmanes, ni hablaban el árabe.

Mas, el absurdo no existe en la vida. Se llama absurdo lo que no se comprende. Nos parecen inverosímiles estos acontecimientos, porque habían sido impotentes las ciencias históricas para analizar las verdaderas circunstancias que habían permitido lo que se nos aparece como una gigantesca mutación. Para salir del bache era necesario enfocar el problema desde un punto de vista general, de acuerdo con la evolución de los acontecimientos en todo el área mediterránea.

Para comprender la expansión de la civilización árabe, es indispensable comparar este movimiento de ideas con los similares que han existido en otras épocas en este mismo y gigantesco marco geográfico. ¿En qué se diferenciaba esta difusión de conceptos con ló ocurrido cuando la difusión de la civilización griega o de la cultura romana?

Había existido una incomprensión que adormecía el juicio crítico de los historiadores en razón de un criterio preconcebido. Se habían así conformado sin más averiguaciones con el absurdo. Tenía esto larga ascendencia. De acuerdo con la evolución de las ciencias históricas, habían heredado los investigadores una concepción primaria de los acontecimientos ocurridos en el pasado y de la realidad social responsable de los mismos. Se había confundido con ingenuidad excesiva la génesis y expansión de las ideas creadoras de una civilización con la simple fuerza física; la que antaño había permitido la formación de ciertos imperios cuya vida había sido efímera.

Un concepto primitivo era la causa de tal despropósito: la constitucion del Imperio Romano. Se ha creído hasta hace poco que esta gigantesca organización había sido la obra de las legiones; lo que evidentemente era una exageración. Sin disminuir la importancia de su acción, era necesario reconocer que había también otra cosa: la lucha entre ideas y el predominio de las que poseían una mayor energía. En la competición que ha existido durante varios milenios entre las civilizaciones semitas y las indoeuropeas, con los complejos consecuentes, el peso de la Urbs y de las concepciones políticas y sociales que representaba, era más importante que el gesto de los romanos abandonando el arado por la lanza.

En realidad, no fue vencida Cartago en Zama. Se trataba más bien de un encuentro guerrero cuyo resultado era imprevisible: Se abría un período de tregua en aquella larguísima rivalidad cultural.

Tan es así que los investigadores han recientemente descubierto en el norte de Africa los fundamentos semitas de la primitiva cultura cartaginesa que habían sustentado la expansión de la civilización árabe 46. La epopeya de Aníbal había sido una llamarada sin consistencia. ¿Por qué? Porque en la competición de las ideas en aquella época, la aportación de esta cultura semita comparada con la romana era de clase inferior. España es un testigo inapelable de este hecho:

¿Puede compararse la labor emprendida en la península por esta ciudad mercantil en Seiscientos años con la de Roma en el mismo lapso de tiempo? Se manifestaba ya esta inferioridad en los primeros días de las guerras púnicas. Encontraba el Senado aliados entusiastas en las ciudades del litoral levantino mucho antes de que hubiera pisado una legión el suelo de estas futuras provincias del Imperio; lo que demuestra que a pesar de la distancia ya se había convertido Roma en un centro de atracción de importancia extraordinaria.

Asimismo sucede desde un punto de vista cultural e intelectual. No han impuesto las legiones el idioma latino. Se ha propagado en Occidente por una superioridad lingüística sobre los particulares que hablaban los autóctonos. Por el contrario, a pesar de las legiones, no ha podido arraigar el latín en Oriente porque en su competencia con el griego se hallaba en manifiesta inferioridad. En estos tiempos en que la potencia militar griega era un recuerdo lejano y confuso en la mente de las gentes, su idioma y su literatura alcanzan su mayor radio de expansión, la civilización helenística desborda las orillas del Mediterráneo.

Igual comprobación puede hacerse cuando se observa la difusión de la civilización árabe en el curso de los años que siguieron al período oscuro de las pretendidas invasiones. Cuando no existía ya en Oriente ni la sombra de una superioridad militar árabe, prosigue esta civilización su expansión por las altas planicies de Asia Central y por las márgenes del Océano Indico. Fueron los turcos y no los árabes los que se apoderaron de Constantinopla; pero, en fin de cuentas, fue convertida la basílica de Santa Sofía al culto de la religión de Mahoma y no a otra creencia asiática. En el XV y en el XVI se extiende el Islam por Indonesia sin el apoyo de ningún imperativo militar.

En los tiempos modernos logra gran consistencia en las islas del Pacífico en las barbas de los portugueses y de los holandeses, cuando nadie en Occidente se acordaba del antiguo esplendor de los califas. En nuestros días se ha transformado Indonesia en la nación que tiene el mayor número de musulmanes, más de noventa millones. Penetra el Islam en AÇrica ante la mirada de las administraciones francesa, inglesa y portuguesa. Se calculan en unos treinta millones los morenos africanos que se han adherido al mahometismo desde principios de siglo hasta el año 60 47.

La observación de la expansión del Islam en los días actuales y en los tiempos modernos hace comprensible esta misma acción en los antiguos. No existe razón alguna —por lo menos la desconocemos- para que en la propagación de una idéntica idea no fuese similar el mecanismo ahora como antaño, en el siglo XVI como en el VII. Se han dado cuenta últimamente los historiadores de que no solamente se había difundido el Islam por contagio, como toda idea-fuerza, sino también por la acción de una clase social determinada. Es sabido. No existen en esta religión sacerdotes, ni monjes misioneros que se desplazan a países lej anos para predicar los misterios de su fe, ni una organización burocrática como la que mantiene el cristianismo en Roma.

Se había transmitido la idea por el medio de comunicación entonces el más rápido, el comercio, que servía de lazo de unión entre naciones alejadas las unas de las otras. los trabajos de algunos investigadores ponían en evidencia el papel desempeñado por las clases mercantiles en la divulgación de las enseñanzas de Mahoma.

Comprobado en el pasado, se confirmaba el hecho en el presente por la observación del mismo en el Africa negra, en los lugares apartados y alejados de las manifestaciones de la cultura occidental.


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abdal-lah
25/09/2010, 08:49
Goitien demostraba la importancia de los mercaderes en los días primeros del Islam. El mismo profeta había sido un comerciante. Abu-Bekr, el primer califa, el suegro y sucesor de Mahoma, era un traficante de telas.

Othman, el tercer califa, un importador de cereales. Nos ha llegado de esta época una literatura que atiende de modo preferente a los asuntos económicos. La personalidad más importante ha sido la de Muhammad Shaibani, fallecido en 804.

Enseñan estos textos que en su tiempo era la clase de los mercaderes de categoría superior a la de los militares. «Prefiero, decía uno de estos escritores, Ibn Said, muerto en 845, atribuyendo estas palabras á uno de sus héroes, ganar un dirbem en el comercio que recibir diez como soldada de un guerrero.» Y confirmaba Goitien: «En los primeros tiempos eran sobre todo los mercaderes los que se ocupaban del desarrollo de las ciencias religiosas del Islam»48.

No es privativa esta acción del mahometismo. Apuntaba este autor que semejante disposición del espíritu había desempeñado un papel importante en la expansión de otros movimientos de ideas. «Situaciones similares, decia, podrían encontrarse en la historia de los fenicios, de los griegos, de las ciudades italianas de la Edad Media»49.

Mas aún, establecía un paralelo entre los autores árabes de los primeros años de la Héjira y ciertos escritores ingleses protestantes del siglo XVIII, considerados como los iniciadores de la teoría del capitalismo. A pesar de la distancia y del abismo que les separa, físico e intelectual, coinciden en el mismo concepto: el comercio es un acto que agrada al Señor, el enriquecimiento es la recompensa, y el poder del dinero facilita la expansión del ideal religioso.

Perdía la guerra santa el papel predominante que había ofuscado a los historiadores cuando estudiaban la expansión del Islam. Empezaban a sospechar que había sido más bien un arma de propaganda que una realidad tangible y constante. ¡Cuán diferentes eran estas interpretaciones de las clásicas! 50

Permitían estas nuevas averiguaciones una mayor inteligencia de nuestro problema. Un conocimiento más preciso de la historia de Oriente nos descubrirá cosas aún más sorprendentes. Sin embargo era menester reconocerlo: No eran estas perspectivas suficientes para explicar el desbordamiento de la civilización árabe. Obvia la razón:
El mecanismo no puede suplir a la función, el instrumento al objeto para el cual ha sido fabricado. Ha tenido lugar una explosión. Una pieza de artillería ha sido localizada. No basta. Ha sido simplemente una máquina que ha lanzado una granada mortífera, pero ha habido una idea que la ha dirigido.

Para alcanzar nuestros objetivos era preciso analizar los elementos de base que habían permitido la estructura de la civilización árabe y le habían dado la energía suficiente para que hubiera podido extenderse por los continentes.

Se ha comparado a los historiadores con los paleontólogos, los cuales con algunos escasos documentos reconstituyen las etapas de la vida en su evolución pasada. ¿No es una ilusión? Estudia el naturalista un testigo que tiene entre las manos. Podrá ser pequeño, insignificante, estropeado; pero ¡ ahí está!, concha, impresión, hueUa, osamenta, en su auténtica realidad.

Acaba de extraerse de la roca madre un diente. De acuerdo con unas leyes de correlación será posible para el especialista dibujar de modo aproximado el esqueleto del animal a que ha pertenecido; como se dice de Cuvier, quien según la leyenda había recompuesto el del Megatheriurn, alarde cuya exactitud ha sido confirmada por hallazgos posteriores 51.

A pesar de las limitaciones propias de cada caso, poseía el sabio un documento que no había sido falsificado ni por la naturaleza, ni por los hombres de las generaciones anteriores a la suya. Le era por consiguiente fácil saber, de acuerdo con su morfología, si se trataba de un diente perteneciente a un reptil o a un mamífero. Y, como del hilo se saca el ovillo, lograba a la postre determinar el género y la especie del ser fosilizado.

No existe una documentación parecida del período histórico que nos Interesa. Del siglo VIII en España no nos ha quedado testimonio alguno político, salvo algunas monedas.

Se han conservado unos monumentos arquitectónicos y los textos de unas discusiones teológicas entre cristianos, testigos que requieren ser interpretados sin equívoco. Para contar los acontecimientos ocurridos se han apoyado los historiadores sobre crónicas escritas posteriormente a los hechos que describían. No son documentos históricos.

Traducen más o menos transfigurada por la Imaginación y los prejuicios de sus autores, una tradición lejana, perteneciente a uno de los dos campos beligerantes (del otro no sabemos nada), la que con el curso de los siglos ha sufrido múltiples y divergentes transformaciones. Ninguna relación con el diente del paleontólogo, pues este testigo no ha sufrido modificación alguna desde la muerte del indivio a que pertenecía.

Por otra parte, gozaban los naturalistas que han esbozado las grandes líneas del pasado de la vida, de una clave que les permitía situar el testigo, de acuerdo con una estricta jerarquía biológica, en los cuadros de la sistemática. También existía una teoría, el transforniismo, que les guiaba en sus búsquedas. Cierto, ignoraban el mecanismo de la evolución. Mas, a falta de otro apoyo, empleaban la teoría como hipótesis de trabajo.

Luego, con la multiplicidad de los descubrimientos, sobre todo en bioquímica y en física nuclear, la tesis demasiado simplista en sus balbuceos, se afinaba más y más hasta convertjrse en una certeza. Nada semejante en la historia. No goza el investigador de una norma directriz que le permita situar un hecho, importante y aislado, en una curva de la que cénoce la génesis y el desarrollo para poder de esta suerte superar un vacío o llenar una laguna.

En nuestros estudios sobre la generación, el crecimiento, la madurez y la decadencia de las civilizaciones, hemos insistido en el papel que representa en la historia la génesis, la difusión, el alcance y declive de las ideas-fuerza; en una palabra su evolución concordante con la de las culturas que componen una civilización. En un magma creador surgen unas ideas-fuerza. Compiten entre ellas como las demás estructuras vitales.

Logran algunas más dinámicas dominar a otras más endebles, inoperantes, periclitadas o desencajadas de su ambiente. Se funden en un sincretismo que representa el punto culminante de su evolución y en este instante decisivo alcanza el arte su expresión la más sublime. Luego, encallecen los conceptos y pierden su elasticidad primera. Indicios sutiles señalan una esclerosis progresiva. Apunta la decadencia. Degeneran las ideas-fuerza.

Pertenecen a las regiones superiores de la filosofía o de la teología, como por ejemplo la competición entre las ideas unitarias y trinitarias que ha dividido el mundo mediterráneo desde la dislocación del Imperio Romano hasta la batalla de Lepanto. Pueden también sustentar las actividades más modestas de la actividad humana. A pesar de su aparente sencillez, a veces, han sido decisivas para el futuro del hombre, como el descubrimiento de la rueda, del collar para el tiro de los animales, del estribo para el jinete, de la herradura para las caballerias, o el empleo del cero hecho en el cálculo con la numeración decimal arábiga.

De este modo, un núdeo importante de ideas-fuerza, mayores o menores, componen una cultura, y varias culturas unidas por un común denominador, una civilización. Las culturas paleolíticas, neolíticas y moderna, pertenecientes a pueblos esquimales que viven o que han vivido en otros tiempos en un marco geográfico subpolar, componen la civilización del reno 52.

Evidente aparece ahora esta proposición: Los hechos materiales e ideológicos que estructuran una unidad histórica que llamamos una civilización, determinan en amplio sentido la evolución de los acontecimientos, porque se encuentran en relación causal con las ideas que dirigen las acciones de los hombres y de la sociedad. Esto no quiere decir que producen ellas mismas los acontecimientos de un modo directo. Ocurre a veces, pero muy de tarde en tarde. Tajante es entonces su acción. En situaciones normales actúan lentamente pero acaso más eficazmente.

En el azar de las circunstancias favorecen las ideas dominantes los actos que pertenecen a su radio de acción y neutralizan los que les son contrarios. Por esta doble actuación, positiva y negativa, dirigen los fenómenos sociales hacia un fin determinado. Canalizan el flujo de estas actividades, acción en un principio muy imprecisa. Pero en perspectiva descubre el historiador su concordancia con la dirección general dada por las idea6.

En otros términos, los acontecimientos cuyo sentido se encuentra en la orientación impuesta por las líneas de fuerza en su evolución, ensanchan en manera extraordinaria su campo de irradiación; los que se caracterizan por una significación opuesta quedan inmobilizados, se acorta su influencia y en poco tiempo su alcance queda reducido a nada.

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abdal-lah
25/09/2010, 08:53
No se trata de elucubraciones sin fundamento, ni de un artilugio de meditaciones filosóficas solitarias e irracionales, sino de una enseñanza adquirida de modo positivo —en el sentido de una observación naturalista— de una época de la historia, la única que conocemos científicamente: la de los tiempos modernos en Occidente.

Es posible observar desde el Renacimiento hasta el siglo XX, de una parte la evolución de las ideas, de otra, el sincronismo de los acontecimientos considerados en amplios conjuntos. Hemos podido así establecer en nuestros trabajos las relaciones causales existentes entre las ideas-fuerza y los hechos. Mas entonces, si tal ocurre, si es correcto nuestro juicio, se traduce como corolario una nueva descripción de la historia.

Tomemos un ejemplo concreto: Se trata al parecer de un hecho insignificante, la publicación en el XVI de libros populares en los que se enseñaba al gran público el arte de la multiplicación y demás misterios de la aritmética, puesta a punto por los sabios españoles de Ja Edad Media. No tuvieron resonancia alguna, pero su acción sobre el futuro de la sociedad ha sido enorme; mientras que el fracaso de la Armada Invencible, que tanta tinta hizo gastar a los historiadores, en nada intervenía en el desarrollo de los acontecimientos futuros.

Se trataba de un episodio subalterno. Por consiguiente existía una jerarquía en los hechos históricos; se podían graduar y valorar según su alcance en la sociedad. Las consecuencias más o menos importantes de su acción correspondían a las energías de las ideas generatrices. Para lograr nuestros objetivos se traducían estos conceptos en un nuevo método histórico. Podía ser de gran recurso para comprender ciertas épocas del pasado oscuras por la falta de trabajos emprendidos, o, simplemente por la ausencia de una adecuada documentación.

Si se considera la civilización arábiga como un todo, se percibe que tiene por eje una concepción religiosa de la vida, con caracteres propios y dominantes. Se tendrá pues que buscar la génesis de las ideas-fuerza que la han vertebrado en el complejo religioso que existía a principios del siglo VII.

Se podrá discutir si este ambiente ha sido causa o no de la acción de Mahoma. Nos parece que la inspiración del Profeta ha sido en gran parte un acto personal, independiente del medio, resultado de su exuberancia vital. Pero no cabe duda alguna de que la propagación de las enseñanzas del Corán se ha realizado en función de esta crisis religiosa que existía en menor o mayor grado en las regiones en donde el Islam ha cristalizado; lo que explica la rapidez de su difusión, relativa desde nuestro actual punto de vista, pues estaba supeditada a las distancias y a los medios de comunicación del tiempo.

Se puede entonces deducir algunas proposiciones acerca de la expansión del Islam y de la civilización árabe en España.

1. En la Alta Edad Media, ha existido por el mediodía de las Galias, en la Península Ibérica y en Africa del Norte, un clima similar al que se manifestaba en las provincias bizantinas. Era la consecuencia de un complejo religioso iniciado desde fecha muy anterior.

2. Ha permitido este ambiente la expansión del Islam y de la civilización árabe en estos territorios. Pero, en razón de la distancia y de otras circunstancias, debía forzosamente existir un desfase en el momento en que ha cristalizado la civilización árabe en Oriente y en Occidente. Puede el hecho demostrarse históricamente. Por lo que sabemos de las actividades religiosas, culturales y sociales en aquel tiempo por los ámbitos de la Península Ibérica, podemos afirmar que la estructura de una cultura arábiga empieza a manifestarse hacia la mitad del siglo IX; es decir, con dos siglos de retraso con respecto a Oriente.

3. El proceso de evolución que ha permitido el paso de la génesis al total esplendor de las ideas-fuerza, ha sido más largo en Occidente que en Oriente.

Es entonces posible situar los acontecimientos ocurridos en la Península Ibérica desde el IV hasta el XI, fecha de la contrarreforma musulmana en Occidente, de acuerdo con un proceso general común a varias naciones mediterráneas. Se presenta este estudio más accesible porque la evolución de las ideas se ha realizado aquí con un ritmo mucho más lento que en Oriente y con mayor simplicidad; no habiendo sido empañado el movimiento principal por los reflejos fulgurantes de los secundarios. Gradas al conocimiento actual de ciertos datos seguros, aunque en el tiempo distanciados los unos de los otros, será fácil establecer, como sobre el papel cuadriculado, puntos que se podrán unir con una curva.

Se manifiesta así que esta evolución de ideas religiosas conducentes a una mentalidad particular y luego a una opinión premusulmana, compone un todo paralelo con otras manifestaciones intelectuales y culturales. Hemos analizado en otros trabajos algunos de estos caracteres. Permiten reconocer la supervivencia de un criterio racionalista que favorecerá mis tarde el florecimiento de una nueva matemática 53.

Con otras palabras, nos encontramos en presencia de una verdadera cultura cuya génesis y adolescencia se han realizado en una época que siguiendo la tradición bibliográfica se puede llamar visigótica; ideas-fuerza que evolucionan poco a poco hacia la civilización árabe. Lo mismo ha ocurrido en las antiguas provincias de Bizancio en donde las manifestaciones de la civilización árabe hunden sus raíces en las enseñanzas de la civilización bizantina, enriquecidas por las lecciones de la Escuela de Alejandría. Lo mismo, la cultura visigótica alcanzará más tarde formas autóctonas y particulares, una de las dos columnas que sustentarán la cultura arábigo-andaluza.

Se puede perfectamente seguir este proceso de evolución en las obras de arte que se han conservado de la Alta Edad Media. Por milagro de Ja’ orografía ibérica se han mantenido intactas, gracias a su aislamiento, en nümero suficiente para suplir la ausencia de textos. Esto será objeto de estudio en la tercera parte de nuestro libro. Se desprenderá una ventaja. Entra por los ojos el lenguaje del arte. No se requieren para entenderlo la erudición del especialista, ni tampoco la visión panorámica del historiador para apreciar la continuidad de las ideas en una sola curva de evolución. Ahí están los testigos al alcance de todos.

Será posible descifrar el enigma de la Mezquita de Córdoba. Se desprenderá una enseñanza nueva para nuestra mente desconcertada. Pues, a pesar de las afirmaciones de los sabios que se habían ocupado de estos tiempos oscuros del siglo VIII, existe todavía un testigo excepcional de estos años decisivos para el porvenir de la humanidad. No es accesible a los métodos clásicos de investigación. La piedra, el mármol, la cal, el cedro, el pino de por sí son mudos. Mas, engastados en una obra maestra se vuelven elocuentes. Bastaba con recoger la emoción que se desprende de su contacto para comprender su idioma. Así se expresa en la inteligencia de un amplio contexto histórico el gran templo de la ciudad andaluza.

Si existía desde el siglo IV hasta el XII un solo proceso de evolución, ¿qué era de la tradicional invasión árabe? Si España hubiera sufrido en 711 el asalto y la dominación de un pueblo oriental, una aportación importante de elementos exóticos hubieran sido impuestos a las poblaciones. Quedarían todavía en nuestros días testimonios del acontecimiento. Nada de eso. Salvo las tradicionales relaciones de Andalucía con Bizancio, hay que esperar al siglo XII para que se pueda distinguir en el arte hispano sugestiones llegadas del Irán.

Se han propagado el Islam y la civilización árabe en nuestra península como en Oriente, de acuerdo con un mismo proceso de evolución. Nada de mutaciones. El sincretismo musulmán era la consecuencia de una larguísima depuración de ideas monoteístas cuyo origen se percibía claramente en las primeras herejías cristianas: en su génesis la civilización árabe era un corolario de la bizantina.

En este momento, aunque divergentes, eran sincrónicos ambos movimientos. No había Mahoma invadido Arabia con tropas extranjeras para convencer a sus conciudadanos. Había suscitado una guerra civil. Ocurría lo mismo en España en donde la idea representaba la persona viviente. Entonces, nos es posible ahora determinar este gigantesco movimiento de conceptos de modo mucho más preciso que en el pasado lo habían hecho los historiadores. En la Península Ibérica, como en el resto del mundo mediterráneo, no ha habido agresiones militares de gran envergadura, propias de Estados poderosísimos. No eran capaces de tales empresas. Se trataba de una crisis revolucionaria.

seguiremos..inxa Al-lâh

abdal-lah
25/09/2010, 08:56
---------------------Notas -----------------------

38 Ignacio Olagüe: La decadencia española, t. II, cap. XIV.

39 Georges Marçais: ibid., pp. 35 y 36.

40 Xavier de Planhol: Le monde islamique, Presses Universitaires, París, 1957.

41 Louis Bréhier. Ibid., t. III, p. 108.

42 Louis Bréhier. Ibid., t. II, p. 46.3.

43 Louis Bréhier. Ibid., t. II, p. 450.

44 <De Los doscientos obispos poco más o menos que dirigían el rebaño de los fieles (en Berbería) cuando La conquista musulmana, no quedaban más que cinco en 1035.> Georges Marçais. Ibid., p.178.

45 Georges Marçais: Ibid., p. 71,

46 E. F. Gauthier: Moeurs et coutumes des musulmana, Payot, Paris, p. 17. Entre otras tradiciones cartaginesas, cita este autor dos ejemplos: La mano de Fátima, que se ha mantenido en las costumbres populares españolas durante mucho tiempo. Se trata de una mano hecha en cera o con otra sustancia, a veces preciosa, que servía de amuleto para salvaguardar a los niños pequeños. Y el creciente lunar que en Siria y en Cartago era el símbolo de la diosa Thanit.

47 Jean Paul Roux da las cifras siguientes que considera aproximativas: Para el Pakistán, 66.000.000 de musulmanes; para Indonesia 74.000.000. L’íslam en Asie, Payot, Paris, 1958. Dada la fecha de esta publicación deben estas cifras aumentarse en gran proporción. Vicent Monteil, profesor de la Facultad de Letras de la Universidad de Dakar ha publicado en el periódico <Le Monde> una serie de artículos estudiando el problema de la conversión de los negros: L’Islam noir en marche (14 de junio de 1960).

48 S. D. Goitien. Ibid., p. 588.
49 S. D. Goitien. Ibid., p. 594.

50 Han obligado estas consideraciones a los arabistas a plantearse de nuevo el problema, sin que esto les ayudara a concebir una nueva interpretación de los acontecimientos Así escribe Xavier de Planhol: <En la hora actual sólo nos es posible observar la expansión pacífica del Islam, Los procesos de islamización de la con quiste violenta no pueden ser estudiados más que por métodos históricos y todavía son muy oscuros. Solamente los métodos de progresión actuales nos permiten concebir de modo preciso los elementos favorables y los principales obstáculos que han intervenido en la expansión del Islam. El límite alcanzado por vías pacificas resulta así más instructivo. Pero esta expansión se hizo esencialmente par mediación de las clases urbanas y de los centros mercantiles.> Ibid., p. 106 y 107.

51 Había recibido Cuvier dibujos del Megatherium, descubierto en Argentina en 1788, por el padre dominico Manuel Torres, que le habían sido enviados por el naturalista español Bru, el cual había montado el esqueleto en una de las salas del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, fundado por Carlos III.

52 André Leroi.Gourhan: La civilisation da renne, Gallimard, París, 1936.

53 Ignacio Olagüe: La decadencia españoLa, t. III, pp. 126 y 127.


FIN DEL CAPÍTULO 4

durruti
28/09/2010, 23:11
Salam Abdal-lah.

El titulo que he puesto no es que quiera ser sarcastico, es simplemente una nota de humor, en el totum revolutum de Olague.
He estado leyendo el capitulo 4°, y cada vez lo encuentro mas liado, ya se que me vas a decir que hay que esperar hasta el final, pero al menos intento sacar conclusiones, que no es facil.
Las conclusiones que saco, no son en cuanto al trabajo historico, sino mas bien respecto a su andadura personal. Asi a vuelapluma me parece un tipo peculiar, he leido alguna informacion al respecto, y me parece un tipo excentrico, pasa por tocar todos los palillos, pero no se centra demasiado en el tema historia, mas bien parece que llega a la historia al final de su vida, su libro se publica en Paris pocos meses antes de su muerte, creo que murio en 1974.
Como decia en mi anterior post, mas parece tener un resentimiento contra: ? Los academicos de la historia? ? por que critica las tesis de todos? ? pudo ser que no fuera aceptado como historiador por razones politicas? Aunque en pleno franquismo, con sus antecedentes politicos seguro que habria tenido un reconocimiento oficial, fue amigo de Ramiro Ledesma, fue de las JONS, era amigo de Ernesto Gimenez Caballero, y esto eran cartas de presentacion suficientes en esa epoca. Otra cosa hubiera sido si fuera joseantoniano, o hedillista.
Tampoco parece que se dedico a la historia con mucho teson, mas parece un diletante, que lo mismo daba conferencias de gastronomia que escribia de historia.
En fin me parece uno de esos tipos peculiares, que les place estar en el candelero llamando la atencion, y su vida gira asi.

Y de herencia intelectual nos deja estas cosas, que parece que no son tenidas en cuenta, por los sesudos historiaddores, ni para bien ni para mal.

Esto era simplemente para que no se quede el foro demasiados dias sin respuestas.

Salam

abdal-lah
30/09/2010, 08:08
Salam amigo Durruti:

Pues vale si te centras en su vida personal para descalificar a Olagüe no quiero ni pensar que dirías de muchos artitas, intelectuales si nos basaríamos en su vida personal.
Pero aún no has rebatido ningún punto de su tesis.
Salam

durruti
30/09/2010, 13:40
Salam amigo Durruti:

Pues vale si te centras en su vida personal para descalificar a Olagüe no quiero ni pensar que dirías de muchos artitas, intelectuales si nos basaríamos en su vida personal.
Pero aún no has rebatido ningún punto de su tesis.
Salam

Salam amigo Abdal-lah.

Tienes razon en cuanto a lo de basarse en la vida personal de muchos personajes de la historia, seguro que no nos cuadraria.
No he querido ni por un momento descalificar a Olague, ni por su vida ni por nada, simplemente mis comentarios han sido un "pensar en voz alta" sobre un personaje que a mi me suena cuando menos atipico. Sobre todo para su epoca en España.

No he rebatido las tesis, por dos razones, una: quedamos en esperar al final para hacer comentarios, y dos: yo puedo valorar sus tesis, comparandolas con otras existentes, pero rebatirlas no podre, porque necesitaria tener fuentes historiograficas de las que no dispongo. Por lo tanto, solo sera una opinion convencida en mayor o menor medida sobre el libro de Olague. Y con mis aportaciones, que seran la comparacion de lo que otros sesudos historiadores han aportado.
Que por cierto, el libro esta dificil de encontrar.

Salam.

abdal-lah
30/09/2010, 14:02
salam amigo durruti:

Buena contestación; creo que la dificultad de encontrar el libro es una muestra de su importancia y de que "molesta" a esos historiadores que trabajan para ensalzar los mitos fundacionales de su Estado-Nación.




Segunda Parte


Capítulo 5


Los Árabes no invadieron jamás España

Ignacio Olagüe

LA REVOLUCION ISLAMICA
EL MARCO GEOGRÁFICO: LA CRISIS CLIMÁTICA

La evolución del marco geográfico en razón de las variaciones del clima que tuvieron lugar en el curso de la historia.
Su papel en la historia de España.

La desecación del Sahara. Fecha aproximada de la evolución de la facies árida hacia la desértica.

I. Testimonios geográficos
a) Los bosques antiguos.
b) La hidrografía.
c) La toponimia.

II. Testimonios arqueológicos e históricos

a) Evolución del clima en las regiones centrales del Sahara.
1) La situación climática al comienzo del primer milenio.
2) La situación climática en el siglo V antes de J. C.
3) La última mutación de los testigos biológicos.
b) El clima en el África del Norte al principio de la era cristiana.

III. Conclusión

Posee el hombre sentidos apropiados a la escala de su estructura particular y así, en razón de su constitución fisiológica, está indinado a creer en la inmutabilidad de lo que le rodea. Por feliz ventura le han enseñado en épocas primitivas los riachuelos y más tarde los espejos en las ciudades, que no siempre conservaba los rasgos de la juventud, aunque todavía le alentara la sangre impetuosa. Le demostraba la más sencilla de las observaciones la ilusión de sus impresiones. Las estrellas, el sol, la tierra, nada es estable en el universo. Son el movimiento y el cambio la gran ley de la naturaleza.
Fontenelles en el exquisito lenguaje empleado por los franceses del siglo XVIII había explicado a su amiga, la marquesa, que se trataba de una relación de proporciones. Si las rosas, decía, cuya vida es tan breve, tuvieran una conciencia, hubieran supuesto que era eterno el jardinero pues jamás le habían visto envejecer. No hizo esta lección impacto alguno en los historiadores que por mucho tiempo todavía concibieron los acontecimientos del pasado con un criterio inmovilista. Cierto, se sucedían las generaciones las unas tras las otras; pero los hombres de la antigüedad o que pertenecían a civilizaciones alejadas en el espacio y en el tiempo, poseían todos un similar espíritu, idénticas reacciones. Tenían la misma idiosincrasia que los actuales. En estos últimos años, sin embargo, demostraba un mejor conocimiento de la evolución de las ideas que no era así. Podía a veces un abismo separar generaciones que no estaban alejadas entre sí por un número importante de fechas. Había cambiado en corto plazo la manera de pensar y vivir de la población de un territorio. De esta suerte existían en el mundo de los conceptos verdaderos seísmos que habían echado por tierra imponentes edificios construidos con laboriosidad en el curso de los siglos. Habían podido por esta causa otras estructuras levantarse sobre las ruinas de las anteriores.

En próximos capítulos tendremos la oportunidad de apreciar una de estas gigantescas mutaciones, espirituales e intelectuales. Conviene advertir sin embargo que no eran estos cataclismos el fruto de una acción estrictamente intelectiva. Muchas veces se había adelantado el seísmo de la naturaleza al del espíritu; no seísmo que hace temblar la tierra, fenómeno local y de limitadas repercusiones. Mucho más grave era la catástrofe que había destruido las más importantes civilizaciones de la antigüedad, sus efectos mucho más terribles, pues se trataba de una intensa transformación del paisaje que les había servido de marco natural. Podía en nuestros días su mecanismo ser comprendido y medidas las repercusiones producidas. Estudios recientes demostraban la importancia de los lazos que unen el hombre al suelo sobre el cual vive.

A finales del siglo pasado, siguiendo las enseñanzas de Ratzel, construyeron los geógrafos una nueva disciplina científica: la geografía humana. En parte, era el hombre producto del marco natural que le cercaba. Existía por lo tanto un determinismo geográfico que el historiador no podía ignorar. Se mostraba tanto más dominante a medida que se remontaba en el pasado, en donde técnicas rudimentarias exponían cada vez más el hombre sin recursos a las cóleras de la naturaleza. Era tan fuerte su imposición que el hombre quedaba señalado como con un cuño. Gozaba el montero que perseguía el venado en las tierras norteñas de otra idiosincrasia que la del nómada que vivía en un desierto tórrido. El esquimal y el tuareg poseían la misma constitución fisiológica; el medio les había modelado de tal suerte que eran diferentes. Ocurría lo mismo con las civilizaciones que son el fruto de una sociedad, es decir, de un número finito de individuos. Empezaron pues los geógrafos .a analizar las relaciones que se establecen entre el cuadro natural y la actividad social. Consiguieron destacar en el anonimato de las masas esparcidas por el globo, sociedades que se distinguen por un paisaje propio en donde domina un rasgo sobresaliente: una especie biológica, una facies botánica o morfológica. Han aislado de este modo los investigadores las civilizaciones del reno, del camello, de la miel. Han observado el hombre de los bosques, de las montañas, de las islas, de las ciudades. Lentamente esclarecía el destino humano una nueva comprensión de la vida social.

Entonces se dieron cuenta los historiadores de que no podían ignorar estas nuevas enseñanzas. Para alcanzar el verdadero espíritu que se desprende de las grandes civilizaciones del pasado, de la civilización griega por ejemplo, era necesario situar el idioma, la literatura, el arte, la economía, la política, en suma los acontecimientos históricos en el marco natural que les correspondía. La exposición de los diversos compartimientos de una cultura, estudiada aisladamente como lo había hecho la historia clásica estaba enranciada. Antes de emprender el enfoque de los hechos era necesario establecer las relaciones que habían existido entre el hombre y el paisaje en donde había vivido. Siendo el medio totalmente diferente, su papel en la historia, el caudal de conocimientos que había transmitido a las civilizaciones que le habían sucedido a orillas del Mediterráneo, la civilización helénica no podía en nada asimilarse a la civilización maya que se había desarrollado en un marco distinto.

Cuando empezaban los historiadores a adaptarse a esta nueva concepción de la vida humana, descubrieron los geógrafos la existencia de otros fenómenos aún mucho más complejos: las modificaciones constantes del contorno físico y biológico en el que está inserto el hombre. Inmediata era la deducción: No era igual el marco geográfico en que habían florecido las civilizaciones históricas del que se mantiene hoy día en los mismos lugares. Ciertos caracteres de orden físico como el nivel del mar en el Mediterráneo, el espesor de las capas de humus, el perfil de los ríos, etc., habían cambiado de modo notable. Era sobre todo el clima el que se había modificado. El paisaje de Grecia en los tiempos de Pendes pocas relaciones mantenía con el de nuestros días. Si por la gracia divina recibiera ahora el gran legislador el permiso de volver a la tierra, muchas dificultades padecería para reconocer los contornos que le habían sido familiares.

seguiremos....inxa Al-lâh

abdal-lah
30/09/2010, 14:04
En la segunda parte del siglo XIX, desenterraron los arqueólogos de la arena del desierto ruinas a veces muy importantes: los testigos de grandes ciudades que aparecían ante sus ojos deslumbrados. Era evidente que ciertas civilizaciones de la antigüedad habían existido en regiones que poseían hoy día una facies árida, subárida o desértica. Razonable era de ello deducir que el medio actual no había podido sustentar las necesidades de estas antiguas sociedades. Atravesando estos lugares, observando estas ruinas y discurriendo sobre sus enormes dimensiones, viajeros adiestrados en otros métodos de trabajo que los empleados por los historiadores, concluyeron que las tierras circundantes a las ruinas, hoy en día degradadas, habían sido antaño fértiles. Para explicar esta situación, recordando las enseñanzas de las ciencias geológicas de las que dominaban la técnica, determinaron dichos exploradores geográficos que había cambiado el clima en los tiempos históricos.

De acuerdo con múltiples e increíbles descubrimientos últimamente realizados por las ciencias paleontológicas, acababan nuevas perspectivas de trastornar los conocimientos acerca del origen del hombre, la historia de la tierra y de su vida. Remontándose desde nuestros días hacia el pasado, el antropomorfo se había convertido en homo faber hacia unas fechas que se podían situar en los alrededores del millón de años. En tan larga existencia modificaciones fundamentales del clima habían transformado nuestro hemisferio, evolucionando varias veces desde una situación atmosférica calidísima a una polar y viceversa. Había sufrido el hombre en este lapso de tiempo, el cuaternario, cuatro importantes glaciaciones. Durante la regresión de la última, hace unos ocho mil años, había descendido la banca polar hasta la desembocadura del Támesis. Poseía el Sahara en esta época un clima templado y los pueblos que lo habitaban crearon una civilización adecuada. Desde entonces la retirada de los hielos hacia el norte se hizo lentamente con una serie de movimientos oscilantes.

A finales del siglo XIX, cuando empezaban estas ideas a perfilarse con precisión en la mente de los sabios, el príncipe Kropotkine, amigo del geógrafo francés Elysée Reclus, descubrió en las estepas del Turkestán bosques de árboles desecados, a veces solidificados, que se extendían sobre centenares de kilómetros cuadrados. Célebre por sus trabajos de geografía y sus ilusiones anarquistas, no solamente comprendió el ruso que se trataba de un cambio brusco del duna que apuntaba hacia una repentina aparición de la sequía; fue el primero en deducir del fenómeno consecuencias de orden histórico. Habían comenzado a padecer los efectos de una crisis climática las altas planicies de Asia Central hacia el tercer milenio antes de la era cristiana. La degradación de las tierras había provocado la emigración de los nómadas hacia el Oeste en donde se hallaban mejores pastos. Así se explicaba la llegada de los alpinos a Occidente y, mucho más tarde, el trasiego por estas regiones de hordas bárbaras; en una palabra, el desplazamiento de una gran masa de gente hacia las llanuras verdes y fértiles de nuestro continente.

Para confirmar estas observaciones subvencionó en 1903 el Instituto Camnegie de Washington un largo viaje de exploración por el Turkestán. Estaba dirigida la expedición por el geógrafo americano Rafael Pimpelly. Reconocieron los excursionistas la importancia del área de los árboles desecados; los más frecuentes eran chopos o álamos. Estaban acompañados los sabios yanquis por un joven estudiante que llegaría pronto a ser célebre: Ellsword Huntington. Se hizo cargo inmediatamente de la importancia de los cambios de clima que habían tenido lugar en la historia. Dedicó La primera parte de su vida a su estudio. Por de pronto confirmó en sus trabajos las hipótesis de Kropotkine, para lo cual emprendió largos estudios para poner a punto métodos diversos de investigación. Estas búsquedas le ocuparon desde el año 1905, en que publicó sus notas sobre el Turkestán, hasta 1924, fecha de la tercera y definitiva edición de su obra: Civilization and clirnate, síntesis de sus esfuerzos 54.

Huntington y otros especialistas convencidos por sus enseñanzas, acometieron indagaciones numerosas para averiguar las variaciones del nivel de las aguas en ciertos lagos asiáticos, en relación con la situación de algunas ruinas conocidas. Se desprendía de estas encuestas, sirviendo los monumentos de punto de referencia, el hecho de grandes oscilaciones en el régimen de las aguas cuya superficie subía o bajaba según las épocas y su pluviosidad. El Caspio, mar cerrado, testigo de un océano terciario desaparecido, era particularmente favorable a estas pesquisas, pues en sus orillas se habían desarrollado en el curso del tiempo importantes civilizaciones. También estudiaron otros investigadores las modificaciones de las facies, fueran botánicas o zoológicas, en regiones que hoy día son desérticas. Penck, uno de los fundadores de la morfología glacial, observó los movimientos de la vegetación y de las dunas en el Sahara del Sur. Confirmaron sus trabajos los de Huntington: Se manifestaban las oscilaciones de la naturaleza hacia una climatología polar o tórrida de acuerdo con una sucesión de marcos geográficos, siguiéndose con un orden determinado, caracterizados por asociaciones geobotánicas precisas. No podía desaparecer bruscamente el manto vegetal subpolar para dejar el sitio a especies subáridas. Una serie de cuadros intermedios debían de haber existido encadenados a ambos extremos; lo que era de importancia capital para reconstruir el paisaje en un momento dado del pasado.

Grant ajustó otro método de investigación muy curioso. Dedicado al estudio del desierto de Siria, consiguió con la ayuda de testimonios históricos establecer estadísticas con las cuales podía apuntar las variaciones del número de las caravanas que lo atravesaban para ir de Damasco a Caldea. Asimismo pudo determinar las fechas de los cambios de los trayectos, el momento en que las rutas convertidas ya en peligrosas por la ausencia de agua fueron abandonadas. Demostraban estos hechos las oscilaciones de la pluviosidad y la actividad de la sequía en estas regiones, antaño ricas y fértiles como lo atestiguaban los textos y la arqueología.

Con estos métodos semigeográficos, semihistóricos, que podían sacar de apuro al historiador en un caso muy particular, se lograba solamente enunciar proposiciones generales: Había cambiado el clima desde la antigüedad. Se adquiría la certeza de que un proceso de aridez se había manifestado desde el siglo II después de J. C. y habla adquirido sucesivamente un carácter agudo. Imposible era determinar una situación climática precisa con referencia a una región en un momento del pasado; lo único permitido al sabio era inducir relaciones entre la crisis climática y los acontecimientos que estudiaba.

Ya no fue lo mismo con otros procedimientos discurridos por Huntington que poseían el rigor de los cálculos matemáticos; con lo cual se les podía aplicar a todas las circunstancias de espacio y de tiempo. Por de pronto, entendió que las dobles impresiones radiales que aparecen en las secciones transversales de árboles corpulentos aserrados, si se calcula el promedio en un número importante de individuos, determinan el año y también su característica de sequedad o de humedad. Existe en California un árbol gigantesco, la Sequoia washingtoniana, cuya edad alcanza los 3.500 años. Para el especialista constituyen verdaderos archivos meteorológicos. Huntington estudió minuciosamente 450 y con el cálculo estableció gráficos exactos y precisos55. Fueron confirmados por otro método, éste de orden químico, que también logró poner a punto de modo ingenioso. A escasa distancia de las sequoias se encuentra un lago salado, el lago Owens, alimentado por un río del mismo nombre cuyas aguas son conducidas a Los Angeles. Cuando la estancia de Huntington en California para el estudio de sus árboles gigantescos, había llevado a cabo la sociedad contratista de la explotación análisis numerosos de las sales que se encuentran en el lago y en el río. Con esta comparación es posible deducir de acuerdo con un proceso que no podemos aquí exponer la evolución del clima en la región. Los gráficos establecidos de modo matemático coincidían en todos sus puntos con los de las sequoias.

Eran estos datos de capital importancia para el historiador porque las sequoias y el lago se hallan en la misma latitud que el mar Mediterráneo. Pero estos horizontes fueron ensanchados todavía más por los trabajos de los meteorólogos. Han logrado explicar, en parte por lo menos, las causas de las situaciones climáticas existentes en nuestro hemisferio. Se ha sabido así que la pluviosidad de una región depende del paso de los ciclones que llegan del oeste. Tienen su origen en el Pacífico, en donde se realiza la mayor concentración de moléculas de agua en la atmósfera, debido a la mayor cantidad de agua marina acumulada en aquella parte del globo. Son desplazadas estas moléculas hacia el este por la rotación terrestre. Formando nubes en oleadas sucesivas atraviesan el continente americano en su parte norteña y de allí se esparcen por Eurasia de acuerdo con el juego complicado de las presiones. Según que sea más o menos numeroso el paso de estas depresiones por un lugar, será más o menos constante su pluviosidad. Como había adquirido Huntington la certeza de que las regiones en donde antaño se habían desarrollado grandes civilizaciones, habían sido también fértiles aunque fueran ahora áridas, lanzó la hipótesis de que esto era debido a que en otros tiempos había sido más numeroso que ahora el paso de las oleadas ciclónicas.

seguiremos...inxa Al-lâh

abdal-lah
30/09/2010, 14:05
Fueron confirmados los gráficos obtenidos con el estudio de las sequoias y de las sales del lago Owens por los trabajos del morfólogo sueco De Geers en 1940 sobre los depósitos que dejan los glaciares en su retirada por el hecho de la llegada de temperaturas más elevadas (Varvas)56. Consiguió establecer una cronología de la situación climática a lo largo de los últimos milenios. Los resultados obtenidos con este método tan diferente de los empleados por Huntington por de pronto confirmaron los términos del problema y eliminaron todo recelo. Se puede en nuestros días estudiar la evolución del clima en los tiempos históricos y fijar con datos precisos las grandes crisis atmosféricas 57.

En resumen, ha evolucionado Europa en estos últimos diez mil años desde un clima polar o de glaciación hacia una situación de temperaturas templadas o de ínter glaciación. Con toda evidencia se manifiesta en nuestros días otra crisis climática. Para la gran mayoría de las gentes pasan desapercibidos los síntomas del fenómeno; lo que se explica por la constancia de la vegetación, que se defiende contra las oscilaciones de la naturaleza. Salvo a una minoría de especialistas que manejan un instrumental adecuado, induce a error en sus principios el fenómeno, lo mismo a los contemporáneos que a los hombres cultos del pasado que no han podido transmitirnos noticias. De aquí la incomprensión de los historiadores que sólo se fían en textos escritos.

Cambia el clima en nuestros días con sus pertinentes oscilaciones. Asciende cada vez más hacia el norte la gran banca polar. Permite el deshielo el paso de barcos en invierno por el Ártico, lo que era imposible hace algunos años. Las asociaciones botánicas y zoológicas se encuentran en movimiento. Retroceden los glaciares en todas partes. Ha aumentado la temperatura. Así lo atestiguan los archivos del observatorio meteorológico de Toulouse, en Francia, el más antiguo, después de cien años de diarias observaciones, cuyo promedio ha sido publicado en la celebración de su centenario. Roe la sequía de modo activo las regiones mediterráneas y extensas partes del globo. En una palabra, se asiste hoy día a modificaciones climáticas producidas por un fenómeno que con más o menos agresividad se ha manifestado varias veces en el pasado. La observación directa confirma la existencia de crisis semejantes ocurridas en la historia.
Consta, e importa subrayarlo, que el paso de una situación de frío extremo, hace diez mil años, a una situación de calor relativo en los días actuales, no se ha realizado ni de modo uniforme, ni en razón de un brusco desfase. Se ha manifestado esta evolución por oscilaciones, en etapas sucesivas. Los períodos de frío y de pluviosidad han sido, en alternancia recíproca, seguidos por olas de calor y de sequía. En correspondencia con este ritmo, se mantenían durante un cierto tiempo las asociaciones geobotánicas con su paisaje característico. Luego, se producía bruscamente la mutación en la decoración, debido a la aparición de otras asociaciones mejor adaptadas a las nuevas circunstancias. Pero esta sucesión de marcos siempre señalaba una dirección, en nuestro hemisferio, desde hace unos ocho mil años: la ínter glaciación. Por esto, siguiendo a Huntington y a su escuela, llamamos a estas series de oscilaciones dirigidas en un sentido determinado: pulsaciones.

Ya no pueden ignorar los historiadores estas enseñanzas. Importantes civilizaciones, como las que se habían desarrollado en Mesopotamia, habían desaparecido corroídas por la sequía. La erosión eólica había sepultado bajo las arenas Sumer, Nínive, la inmensa Babilonia. Por el contrario, han sido derruidas otras civilizaciones por el fenómeno opuesto: Las de los mayas, de los khmers que construyeron los templos magníficos de Angkor, y otras menores menos conocidas, fueron enterradas bajo el bosque tropical. Aparecido de pronto, había desfondado las ciudades, sus construcciones civiles y religiosas, cuyas ruinas se descubrían bajo imponentes masas de hojarasca. En el estado actual de los conocimientos, las modificaciones del clima en el curso de los tiempos pasados, cambiando el ambiente y la ecología de las sociedades antiguas, eran una de las claves para entender la evolución de la historia universal.

Cuando emprendimos nuestros estudios sobre la decadencia de España, como nuestros antecesores, nos encontramos en presencia de una gran cantidad de documentos, redactados al final del siglo XVI o en el comienzo del XVII, que poseen todos un mismo carácter. Directa o indirectamente reflejan los efectos de una crisis econ6aiica que había entonces asolado las dos Castillas. Ha servido de base a los historiadores el estado de opinión producido por las calamidades para diagnosticar la decadencia de nuestra nación. Pero, sin intervenir en una discusión acerca de este criterio que por cierto no estaba confirmado por los acontecimientos políticos, contemporáneos o posteriores, ocurría que los investigadores especializados en el análisis de esta época no se ponían de acuerdo para averiguar de lo que se trataba. Cierto, existía una crisis.

Era la evidencia misma. Mas, cuando estimaban algunos que era el resultado de actos políticos, afirmaban otros que era estrictamente económica. Los más listos, para contentar a ambos bandos, aceptaban las dos proposiciones. Nadie, sin embargo, había logrado averiguar las causas de esta situación; tanto más que los esfuerzos de los historiadores del siglo pasado para explicarla buscando argumentos en asuntos bastante alejados del verdadero problema, como la Inquisición, la expulsión de los moriscos o las guerras de religión, estaban desacreditados por los progresos realizados en la investigación histórica.

Advertidos por los trabajos de Huntington, hemos comprendido que los hechos descritos y la oleada de malhumor que entonces descargó sobre los poderes públicos, eran la consecuencia de una crisis climática que había asolado la alta planicie castellana. Padecía la Península Ibérica un recrudecimiento de las oscilaciones atmosféricas que se traducía por la extensión de la sequía. Para demostrarlo, discurrimos varios métodos inspirados en los empleados en paleontología. Los hemos llamado biohistóricos y nos han permitido descubrir una pulsación cuyas manifestaciones se traslucen de modo positivo a partir de 1550.

Desde entonces se imponía una enseñanza: La evolución histórica de la península estaba en función de un fenómeno físico de importancia decisiva. Por sus enormes dimensiones geográficas podía servir de punto de referencia. Era la desecación del Sahara Occidental que se ha realizado sucesivamente desde el siglo III de nuestra era, oscilando desde una facies árida hacia una facies desértica. Para determinar esta acción hay que remontarse a la pre y a la protohistoria.

Se destaca claramente en estas épocas remotas la acción determinante del clima por el hecho de la enorme escala de las transformaciones. Resulta fácil la observación del fenómeno porque sus efectos resaltan con caracteres voluminosos. Estaba recubierto el norte de Europa por la banca polar, la Península Ibérica dominada por la acción de los glaciares y el Sahara convertido en una zona templada. Para comprender esta situación no se requiere un microanálisis. Admitido el hecho, el simple razonamiento deduce la conclusión:

Si la gran banca polar en vez de situarse como en nuestros días en Groenlandia descendía hasta la desembocadura del Támesis, y por otra parte gozaba el Sahara de humedad con las praderas consiguientes, era evidente que para alcanzar la Península Ibérica la facies árida que en su mayor parte la caracteriza ahora, tuvieron que haberse sucedido dada su posición geográfica una serie de situaciones intermedias, propias del paisaje de las regiones templadas. Es decir, desde los fríos de antaño hasta nuestros días, se habían sucedido unos cuadros naturales, con una fisionomía norteña, que explican en parte su evolución histórica.

Se presentaba, sin embargo, al historiador una gran dificultad: Había que fechar cada mutación del paisaje, cada marco natural, si no quería uno resbalar conscientemente en anacronismos rutilantes. Había poseído la península en la Edad Media otro clima que en los tiempos modernos. Era responsable este desconocimiento entre otras causas del carácter mítico de la historia de España. Por consiguiente, para esclarecer el caso particular que nos interesa en esta obra, los hechos oscuros que han tenido lugar en el siglo VIII, es menester reconstruir el marco natural entonces existente, en razón de la evolución general del clima en nuestro hemisferio. Como estaba en correlación con la situación atmosférica existente en el Sahara, se reducía el problema a determinar de una manera positiva su última transformación; es decir, la fecha en que había pasado de la facies esteparia a la facies desértica. De acuerdo con nuestros actuales conocimientos, como será demostrado en las páginas siguientes, es razonable situar esta mutación en la Alta Edad Media. Si esto es exacto, se debe admitir la existencia de una conexión entre la mutación del paisaje y la crisis económica y política que había arrasado en la misma época el Magreb y la mayor parte de la Península Ibérica. En otros términos, la revolución islámica estaba en función recíproca con ci proceso de desecación del Sahara.

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abdal-lah
30/09/2010, 14:07
Concuerdan la mayoría de los geógrafos en el principio siguiente: Los desiertos actuales son de formación reciente. Podrá discutirse el mecanismo climático; lo indudable es que el proceso de aridez acentuándose hacia el desierto no ha sido en todas las regiones simultáneo en el tiempo. Hay desiertos antiguos, los hay más recientes. En razón de las gigantescas dimensiones del Sahara: unos cinco mil kilómetros desde el Mar Rojo al Atlántico, unos dos mil desde el Atlas hasta el Sudán, cerca de diez millones de kilómetros cuadrados, no ha podido ser igual en todos los lugares el proceso de aridez.

La facies desértica de su parte occidental es mucho más reciente que la oriental 58.
¿Cómo apreciar esta diferencia? Gauthier, uno de los primeros estudiosos del Sahara, empleaba una frase acertada: Decía que los desiertos antiguos como el de Libia estaban en estado «aséptico». Quería así expresar el hecho de que en estas regiones las condiciones geofísicas y climáticas se imponían con tal rigor que era la vida prácticamente inexistente. La fauna y la flora habían desaparecido. Las caravanas no las atravesaban. Con los medios antiguos nadie se atrevía con el intento. Por el contrario, el desierto occidental, de formación mucho más reciente, poseía pozos importantes; rastros de vegetación atestiguaban una situación anterior ya desvanecida.

Aún subsiste una fauna especializada y desparramada. En ciertos sitios aparecen pastos suficientes para alimentar en el invierno algunos rebaños de cabras y de camellos. Nómadas y caravanas discurren aún por estos lugares. Las rutas empleadas y las abandonadas, así como la antigua toponimia, se conservan en la memoria de los guías.

La facies geofísica confirma también la existencia de una divergencia con respecto a la época en que el suelo se ha deteriorado. En cl Sahara Oriental la red fluvial se encuentra colmada y taponada por la erosión eólica. Esconden las arenas el relieve antaño esculpido por las aguas. Adquiere así el paisaje un carácter particular, una uniformidad grandiosa, pero lunar. En contraste, la parte occidental del Sahara conserva una red fluvial fósil. No corre el agua, mas grandes valles cuaternarios, excavados por ríos en nuestros días desecados, pueden reconocerse perfectamente. Contrastan con una red menos aletargada, situada más al oeste, en la cual los uadi despiertan algunos días en el año, cuando la riada formada por la tormenta en ellos se precipita violentamente para luego desaparecer tragadas mansamente por las tierras permeables de lagunas situadas generalmente en el fondo de cubetas morfológicas. Si se aproxima uno más al Atlántico, conservan los uadi su contextura geofísica como los ríos europeos. Así, se puede percibir en el Río de Oro los meandros del SeguiaalHamra, cuyas riberas están desprovistas de vegetación, pero cuyo lecho mantiene aún el trazado sinuoso de un río en vida.

Algunos autores, como Gauthier, que ignoraban los trabajos de la escuela de Huntington, habían sin embargo reunido pruebas suficientes para enseñar que este proceso de aridez y desertización era moderno. Como desconocían la existencia de cambios climáticos en épocas recientes, atribuían la formación del desierto a un proceso mecánico, producido por ciertas condiciones características de tiempo y lugar: calor tórrido en el día, frío nocturno, acción química, erosión eólica, etc. Hemos apuntado en otros trabajos nuestros el papel que desempeña la orografía en la dispersión de los ciclones por la Península Ibérica. Mas es indiscutible que las formaciones geotectónicas son secundarias comparándolas con el fenómeno principal. Así como en nuestra tierra, la escasez del paso de los ciclones en nuestros días es más importante que el papel desempeñado por la orografía, lo mismo en el Sahara la mecánica física es mera consecuencia de la ausencia de lluvias. De no ser así hubiera sido sincrónico el proceso en todas las regiones de este inmenso desierto. Como lo demuestra la observación, las condiciones físicas mecánicas tenían más largo abolengo en la parte oriental del Sahara.

Se mostraba el fenómeno mucho más reciente en la occidental. El criterio expuesto por los primeros exploradores era indefendible, pues la pluviosidad favorece la vegetación y frena ésta la erosión de un suelo descamado e indefenso. Se podía concluir que la acción mecánica era subsiguiente a la sequía y por otra parte, el proceso de desertización no había sido sincrónico en toda la inmensidad de este vastísimo territorio. El oeste, próximo al Océano, había sido favorecido en detrimento del este.

No podía ser de otra manera: Nos consta que en nuestro hemisferio vienen siempre los ciclones desde el Atlántico impulsados por la rotación terrestre. Se trata pues de una constante histórica que ha debido de manifestarse desde las primeras horas de la formación del globo. En consecuencia, las regiones que se hallaban cerca del mar gozaban desde el final de la última glaciación de una mayor probabilidad de recibir lluvias abundantes que las alejadas por varios millares de kilómetros.

Quedaban así confirmadas las tesis de Huntington. En el curso de los tiempos históricos, el paso de las depresiones por la zona del Estrecho de Gibraltar se hacía cada vez menos frecuente; sus ramales meridionales perdidos hacia el sur, aquellos que podían regar el Sahara Central y Oriental, menguaban de más en más. A medida que las depresiones aumentaban en el norte de Europa, parecía que las del sur escaseaban. No poseyendo la potencia de antaño, se desvanecían sin haber llegado a franquear distancias importantes. Se comprende ahora cómo los efectos de la aridez se habían manifestado en un principio en las regiones más alejadas del mar, en las altas planicies de Asia Central. Siguiendo los impulsos de la naturaleza, la ola de humedad se había retirado paulatinamente del este hacia el oeste, produciendo modificaciones climáticas que tenían en los pueblos que las padecían repercusiones económicas, sociales y políticas.

En lo que concierne nuestras tesis sólo nos interesan las regiones del Sahara Central y Occidental. En el estado actual de los conocimientos poseemos una información suficiente para poder establecer una cronología aproximada de su proceso de aridez. Nos basta precisar las fechas de las modificaciones del paisaje en el norte de África para comprender el papel que desempeñaron en los acontecimientos del siglo VIII.
Dadas sus dimensiones no podían las regiones centrales y occidentales del Sahara escapar a la regla. Tampoco eran sus procesos de aridez sincrónicos y sus facies uniformes. Las centrales han sufrido una acción más pronunciada. Existe en ellas un Tanezruft o sea un desierto de la sed, que alcanza de ciento cincuenta a trescientos kilómetros en sus dimensiones de norte a sur. Está rodeado el núcleo desértico por estepas xerofíticas muy alteradas, en las que se modifica la facies hacia una vegetación subárida y luego meramente árida, a medida que se dirige uno’ hacia el Mediterráneo o hacia el Níger. Como por principio sabemos además que existe en un área de gran extensión una sucesión de marcos naturales, el proceso de desertización del Tanezruft implicaba automáticamente un proceso de degradación de los marcos geobotánicos superiores, escalonados sea hacia la facies ecuatorial de las regiones situadas más al sur, sea hacia la facies de los climas templados a medida que se subía hacia el norte. En otras palabras, correlativo con el aumento de aridez, la formación y la extensión del Tanezruft coincidía con una modificación de las zonas periféricas envileciéndose. Las áridas se transformaban en subáridas, las subáridas en esteparias y así sucesivamente.

Esta ley de correlación permite reconstituir la sucesión de los paisajes que han existido en el pasado. Basta para ello reunir los testimonios requeridos en número suficiente para determinar la existencia de los marcos naturales antiguos; y hasta en ciertos casos es posible establecer la cronología segura de sus mutaciones. Resulta tanto más fácil esta labor ya que este proceso es reciente. Pueden aún reconocerse los testigos de orden geobotánico y biológico. Como lo veremos mas adelante, dada su cercanía en el tiempo puede también confirmarse con testimonios históricos: empresa bien ingrata de llevar a cabo si fuera menester estudiar un desierto en estado de asepsia, como el del Sahara Oriental.

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abdal-lah
30/09/2010, 14:10
1. TESTIMONIOS GEOGRAFICOS

a) Los bosques antiguos

Está demostrado que en épocas recientes existían en el sur argelino y en las regiones centrales del Sahara bosques importantes. Según Lionel Balout el hecho es incontestable en lo que se refiere a la prehistoria:

«En esta época una humedad mayor del clima, escribe, está atestiguada por la rubefacción de las arenas de la zona del litoral más lejos, en el interior, una indicación análoga es dada por el análisis de carbones, rescoldos apagados de las hogueras prehistóricas. En el yacimiento de Uad Djouf-el-Djemel, en el corazón de los Nemenchas, quemaba el hombre ateriense el fresno espinoso, el cual se ha refugiado en nuestros días en la alta montaña. El paisaje actual de Uad Djouf consiste en algunos pistacheros en el valle y brotes de alfa en los alrededores»59.

Esto naturalmente es muy antiguo, pues el hombre ateniense pertenece al VII milenio a. de C. Pero de los datos recogidos por este autor conviene destacar dos hechos interesantes:

1) Las caracoleras, lugares en donde se preparaban los caracoles para su exportación y su consumo, se hallan por millares en el sur de Túnez. El análisis de las cenizas de las hogueras permite localizar los antiguos bosques y clasificar las especies más frecuentes. Pertenecen ciertas caracoleras a edades más modernas, desde la civilización capsiense (VI milenio) hasta las culturas neolíticas del último milenio que se confunden con los tiempos históricos.

2) Ciertos yacimientos tienen grandes dimensiones: «Bajo el grandioso paredón de Relilai, 5.000 m de cenizas representan unos 500.000 m3 de madera carbonizada y toda la depresión de Tlidjene, al suroeste de Tebessa (sur de. Constantiina) posee numerosos yacimientos análogos bajo refugios y basta en cuevas» (Lionel Balout)60. Como se trata de estaciones sencillas, la importancia de los depósitos demuestra la continuidad en el tiempo de las especies botánicas.

No conocemos (1960) trabajos que permitan a grandes rasgos establecer las fechas aproximativas de las modificaciones sucesivas del manto vegetal en África del Norte. Es probable que de acuerdo con un orden cronológico se hallen escalonadas según las regiones de acuerdo con la orografía. Existen testigos diversos que parecen confirmarlo, hasta en el Tanezruft. El botánico Lavandan, nos dice Gauthier, había encontrado en esta región muestras evidentes de un desecamiento reciente61.

Por nuestra parte podemos aportar el dato siguiente: El señor Picq, meteorólogo que ha vivido en los observatorios del Sahara, nos ha comunicado que existe un frente de silicificación de especies vegetales que se extiende entre Ausogo y Mieneca, en el sureste del Sahara, en las regiones situadas al norte del Níger. Sobre las orillas del río se desarrolla una flora característica, pero cuando se dirige uno hacia el norte empiezan los bosques de madera dura. Más arriba aparece entonces el proceso de silicificación. Derechos se yerguen todavía los árboles muertos y desecados, La sílice llevada por el viento penetra en las fibras de la madera. Se convierte el tronco en monolito. Más arriba aún hacia el norte, se les halla tumbados por el viento, y por el suelo se esparcen sus trozos rotos en piedras gruesas. Se les encuentra todavía más arriba en pedazos más pequeños con los cuales los indígenas hacen mangos para los cuchillos. Se trata del mismo fenómeno que había observado Kropotkine en el Turkestán. Este proceso de silicificación, escalonado en una extensión tan grande, señala de un modo preciso un desecamiento de estos lugares en fechas no muy lejanas en el pasado, un desecamiento que ha sido además rápido.

La existencia de especies corpulentas en el Sahara ha sido recientemente confirmada por la observación directa. Se conservan aún coníferas en el centro del desierto. En el curso de una expedición llevada a cabo en 1950 para copiar pinturas rupestres en el Tasili, el explorador y arqueólogo Henri Lothe ha hallado en Tamrit cipreses (Cupressus dupreziana) «cuyos troncos miden ¡seis metros de circunferencia! Los cipreses que se destacaban ante nosotros son una de las curiosidades más singulares del desierto. Exirtían antaño en el Hoggar en donde un viejo tronco fue bailado hace pocos años. Jamás había visto esta especie en la región. El guía me explica que existen en los montes vecinos numerosos árboles muertos hace mucho tiempo... Proceden ellos también de la prehistoria y son los raros testimonios de un pasado mucho más húmedo.. Quedan aún un centenar, pero el inventario que hicimos con minuciosidad enseña que fueron numerosos en las cumbres del Tasili... Así, las sierras del Hoggar y del Tasili gozaban antaño de un clima mediterráneo y por consiguiente no debe extrañar que estuvieran poblados estos montes»62.

El testimonio es indiscutible. Basta con saber que estos testigos de los tiempos pasados han podido conservarse en esta región desértica por el hecho de la orografía. La meseta del Tasili en donde se hallan los cipreses de Tamrit tiene una altura de 1500 a 2000 metros.

b) La hidrografía

Hemos indicado anteriormente que el Sahara Occidental se caracteriza por una red fluvial de ríos muertos, cuya morfología puede aún hoy día distinguirse muy bien.
Son muy importantes algunos de estos uadi. Han acarreado en otros tiempos grandes masas de agua. El uad Saura que desciende del Atlas marroquí se extiende hasta quinientos o seiscientos kilómetros hacia el centro del Sahara. Pero, como el agua corre tan sólo unos cuantos días al año, resulta evidente que no es su fuerza la que ha escarbado el lecho del río, seco en estado normal. Ocurre lo mismo con Otro uad, éste ya fósil, que poseía en otros tiempos dimensiones impresionantes, el antepasado del Igargar. «Tenía su fuente en los trópicos y su cubeta terminal cerca de Biskra: un millar de kilómetros a vuelo de pájaro; una longitud intermedia entre el Danubio y el Rhin. El Igargar corría del sur al norte, del corazón del desierto a su periferia; al revés exactamente que el Saura. En lugar de descender del Atlas, va este río hacia la montaña. Las consecuencias de este hecho son considerables» (Gauthier)63.

Una causa explica tan extraña morfología: En tiempos antiguos existía en las regiones centrales del Sahara una pluviosidad importante, cuyas aguas alimentaban un río de grandes dimensiones que había esculpido los valles y formado una inmensa red fluvial. De esta suerte el Igargar seguía una dirección paralela a la del Nilo; pero, era menos largo, se hallaba su fuente al norte del término ecuatorial en una comarca cuyo dima fue convirtiéndose paulatinamente en desértico. Por el contrario, las fuentes del Nilo se hallan en el corazón de la zona ecuatorial. Tiene dos ramas que le alimentan y dos reservas naturales de enorme alcance, situadas en regiones regadas en ciertas épocas del año por una pluviosidad extraordinaria. Por esta razón ha podido el Nilo mantener su corriente en su paso por el desierto, para alcanzar el Mediterráneo; mientras que el Igargar se ha fosilizado. Mas, el agostamiento y la muerte de estos grandes ríos han tenido lugar en fecha reciente. Lo confirman dos testimonios:

Como el uad aún no ha sido tapado por la erosión eólica, hay que reconocer que la fecha de su desecación no puede estar muy alejada en el pasado; pues, en contraste, el relieve de la red hidráulica del Sahara Oriental ha desaparecido. Por tal motivo el fenómeno físico está corroborado por testimonios biológicos. Se encuentra actualmente en el antiguo sistema fosilizado del lgargar una fauna acuática residual, últimos descendientes de especies que en razón de su constitución fisiológica habían vivido en otros tiempos con abundancia de agua. Tampoco pueden situarse aquellos años en fecha muy lejana. Posee la vida recursos insospechados de resistencia y de adaptación; pero, en fin de cuentas, está siempre condicionada por ciertos límites extremos. No puede repetirse constantemente el milagro y es ya un milagro la supervivencia de estos testigos.

«Que haya fluido el agua por los valles muertos del lgargar en fecha reciente, escribe Gauthier, lo atestiguan no sólo sus formas aún juveniles. Desde hace tiempo se conoce en Biskra y en los oasis del “uad" Rir, es decir en la cubeta terminal del Igargar cuaternario, pececitos tropicales, los "chromys”. Abundan hoy día en las charcas de agua, en las acequias de los palmerales. Se les ha viste surgir de los pozos con las aguas artesianas. Se refugian en donde pueden en los veneros subterráneos. Recientemente, en esta misma región se ha encontrado un pez mucho más grande: el «Clarias lazera», un siluro que en inglés tiene un nombre popular: «cat fish». En el viejo mundo se trata de un pez tropical. Pululan en Egipto, porque han seguido el Nilo; pero es un intruso en el mundo mediterráneo. En el Sahara argelino se le encuentra a todo lo largo del Igargar desde las lagunas en donde antaño desaparecía basta sus fuentes, en charcas enlodadas donde vive de modo precario. En esta misma región de Biskra se baila un compañera de estos peces mucho más célebre: el áspid de Cleopatra, la serpiente de los encantadores. Es la cobra indostánica, también emigrada de los trópicos.

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abdal-lah
30/09/2010, 14:12
Su presencia en el sur argelino es inexplicable si no se hace intervenir el Igargar cuaternario. El hecho se hace más evidente todavía con el cocodrilo. Se le ha encontrado en las charcas del «uad» Mihero, una arteria del Igargar. Acaso sea el último superviviente. Hay que imaginarse el milagro biológico que representa el vivir este animal en tal ambiente. Pero es una realidad innegable. Todo esto nos lleva a una época en la que el Igargar y el «uad» Taj asaset se empalmaban por sus fuentes, estableciendo una comunicación por agua entre los trópicos y el mundo mediterráneo.

No puede remontarse esta época muy lejos en el pasado, porque si hm muerto los ríos, han sobrevivido algunos elementos de su fauna»64.

¿En qué fecha situarla? Conviene fijar los términos de la pregunta. ¿Se trata del gran río sahariano cuando se deslizaba majestuoso por su valle, como en nuestros días el Danubio, o cuando violento esculpía su lecho en la roca? Este último caso se remonta a edades geológicas. Nos interesan más los rasgos finales del Igargar, cuando se asemejaba a los ríos de la cuenca del Mediterráneo, sin haber desmerecido tanto como para ser llamado uad. De acuerdo con las noticias que tenemos acerca de su fauna residual, es muy probable que su larga agonía haya alcanzado tiempos muy cercanos, es decir históricos.

Queda esto confirmado por otros datos que poseemos hoy día acerca de estas regiones desérticas. Existe en el Tasili, región montañosa situada en el Sahara Central, un pequeño oasis, Iherir, «que es el lugar del desierto más rico en agua. Hecho inconcebible en otros lugares, se suceden los lagos sin interrupción en el lecho del uad. (Acaso un afluente del Igargar.) Alcanzan algunos el kilómetro de longitud y diez o doce metros de profundidad» (Lhote)65. Durante la primera expedición francesa al Tasili, había advertido el capitán Touchard la presencia, por sus numerosos rastros de los últimos grandes saurios del Sahara. Dos años más tarde fue cazado uno por un subalterno del capitán Niegen y disecado decora el laboratorio de zoología de la Universidad de Argel. El último ejemplar lo sacrificó en 1924 el teniente Bauval. En el curso de su expedición de 1950, Henri Lhote a pesar de sus muchas búsquedas no descubrió ya ninguno. Falta de alimentos se había acabado la especie. Con el desecamiento del país había desaparecido poco a poco la fauna y a su vez el cocodrilo, voraz carnívoro, había sucumbido él también al no hallar nada con que sustentarse.

Como perfectamente lo ha entendido Lhote, «esto es un magnífico testimonio sobre el pasado húmedo del Sahara, en un tiempo en que una extensísima red fluvial lo atravesaba de norte a sur, poniendo en relación la fauna de las lagunas saldas (chotts) de Berbería con las del Níger y el Tchad»66. Sin lugar a dudas la presencia de estos reptiles enseñan que la fecha de la desecación del Sahara no se remonta muy lejos, por la sencilla razón de que el testigo no ha podido sobrevivir mucho tiempo a la desaparición de su marco natural.

Los últimos vestigios de este medio se han conservado en el Tasili en razón de su altitud. Pero, ¿qué ocurría en las llanuras del Sahara? Otro hecho se impone: Existen bajo los uadi importantes niveles freáticos. Es otra supervivencia del clima. Para alcanzar el agua han construido los indígenas pozos y fogaras. Son estas últimas galerías subterráneas que han sido objeto de un trabajo considerable. Espaciosas, puede un hombre recorrerlas. Alcanzan a veces la profundidad de setenta metros. Poseen pozos de aireación y sus dimensiones son considerables. Según Gauthier, en Tamentit, miden cuarenta kilómetros67. No han podido estas obras ser emprendidas cuando los niveles freáticos se encontraban a gran profundidad, como seria el caso si el régimen climático y fluvial hubiese cambiado en tiempos lejanos, pues los indígenas no tienen los medios técnicos requeridos para descubrirlos bajo tierra. la construcción de los pozos y de las jogaras ha empezado cuando las venas de agua se encontraban en la superficie. A medida que el clima empeoraba, empezaron a cavar el suelo de’ modo sincrónico con la baja del nivel. Descendían a medida que aumentaba la sequía 68.

Recientes son estas obras. Según ciertos testimonios históricos han sido creados los oasis en el curso de la era cristiana, entre los siglos VI y XVIII. Según Gauthier los más antiguos son los de Gurara:

«En el bajo Tuat, los procedimientos orientales de irrigación, las fogaras, es decir los palmerales tal como existen hoy día, alcanzarían el siglo III de la Héjira, nuestro siglo X después de J.C. En el Tidikelt, los palmerales más antiguos no datan más allá del XIIl y los más recientes del XVJII 69.

Esto es un testimonio de suma importancia. La fecha de construcción de las fogaras señala, años mis o menos, la época en que la desecación del Sahara Central empezó a adquirir un carácter grave; es decir el momento en que su marco natural ha pasado de la facies subárida a la esteparia y de la esteparia a la desértica. Se puede concluir que ha alcanzado la crisis climática su momento decisivo entre los siglos VI y X.

c) La toponimia

No está todavía «aseptizado» el Sahara Central. No posee la vida que tuvo antaño, pero guarda el recuerdo. Están conformes todos los exploradores en el hecho siguiente: En otros tiempos estaban habitadas las regiones centrales del desierto, hasta el temido Tanezruft. Se encuentran por todas partes esparcidos por el suelo los testimonios de antiguas poblaciones, y aun en ciertos lugares privilegiados los de una vida troglodita.

Es importante la abundancia de grabados y de pinturas rupestres. Demuestran estos documentos no sólo la densidad demográfica de estas regiones, hoy día desérticas, sino también la existencia de tina fauna y de una flora desaparecidas. En la mitad del Erg, en el Tenere, es decir en la región más desdichada hoy día del Sahara, ha encontrado Lhote los restos de campamentos de pescadores, unos imponentes montículos de huesos de pescado «que podrían llenar varios carros». Se encuentran diseminados por el suelo, en el Tanezruft como en el Río de Oro, rollos y grandes morteros tallados en la piedra de una sola pieza. Servían para aplastar el grano y reducirlo a harina. Ninguna duda sobre su uso. Se asemejan estos instrumentos a los que se emplean todavía en el Sudán. Pero se encuentran hoy día en lugares en donde no existe la menor señal de vegetación.

Importantes son estos objetos y otros diversos testimonios recogidos para que sea posible establecer un esquema de la evolución de las culturas en las regiones centrales del Sahara, desde el paleolítico más antiguo, el de los pebblestools, los instrumentos de piedra más primitivos, hasta los tiempos históricos. Sin embargo, para las necesidades de este análisis, sólo nos interesa la ¿poca en el curso de la cual han conocido las poblaciones saharianas la gran crisis climática en su carácter más agudo. las fechas de la construcción de las fogaras son determinantes por su modernidad. Nos lo confirma la existencia de la toponimia actual del Sahara Central. Nos enseña que las poblaciones han abandonado estos lugares en fecha muy reciente.

En un verdadero desierto «aséptico», por consiguiente viejo, no existe toponimia alguna. Como nadie lo ha atravesado durante centenares de años y acaso milenios, los antiguos nombres geográficos, si existieron, han sido desde entonces olvidados.
Por causa de esta carencia se han visto obligados los explorado. res a bautizar los puntos sobresalientes del relieve según su leal saber y entender. No ocurre lo mismo en el Sahara Central y Occidental. Se admira al contrario el viajero de la abundancia de los nombres que le señalan los guías. ¿Cómo explicar esta riqueza toponímica en lugares tan alejados de cualquier concentración urbana? Hay que admitir forzosamente que existía en otros tiempos una importante población que había dado un nombre a los diversos puntos del relieve. Reciente es su desaparición porque esta toponimia nos ha llegado por mediación de las caravanas.

Para asegurar su orientación tenían interés los guías en conservarla y así se ha mantenido la tradición de padres a hijos. No podía ser muy antigua. Con el incremento de las condiciones adversas ha ido disminuyendo el paso de las caravanas por el desierto. Sabemos por ejemplo que durante los tiempos modernos, en el XVI, franqueaban con asiduidad el desierto central, del sur tunecino a Tombuctú. A veces se componían de varios millares de camellos. Pero no fue solamente el comercio marítimo el que redujo su número, sino también el riesgo cada vez mayor supuesto por el clima. De donde una aminoración progresiva de su importancia. El hecho es indiscutible. Cuando el europeo empezó a explorar el Sahara, se había restringido el número de las caravanas hasta el mínimo. En otros términos, si no hubiera intervenido el europeo con sus recursos técnicos, la toponimia del Sahara Central también hubiera acabado por desaparecer. Pero la existencia de esta toponimia confirma lo reciente de la despoblación y por lo tanto de la crisis climática.

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abdal-lah
30/09/2010, 14:18
II. TESTIMONIOS ARQUEOLOGICOS E HISTORICOS

Los textos de la antigüedad, los de Herodoto, de Hannón, del PseudoScylax, los de Plinio, etc., confirman las modernas observaciones hechas por los exploradores y los geógrafos, sea por el estudio de la morfología del Sahara, sea por el análisis de los testigos biológicos. Se desprende de estas lecturas una impresión general. Para los antiguos no era África del Norte una tierra árida. Muy al contrario, de acuerdo con una opinión unánime, poseía una gran riqueza agrícola y ciertas regiones como Berbería o la Cirenaica eran, con Iberia y Egipto, el granero del Imperio Romano. Hay que confesarlo: una confusión más o menos grande ha oscurecido los trabajos de los historiadores que han traducido estos autores. Insuficientemente documentados en ciencias geográficas, poseyendo sobre África noticias escasas e inciertas, se han esforzado en adaptar las frases desparramadas de los antiguos a los datos locales actuales, generalmente incompletos, que no lograban interpretar. Ignorando que había cambiado el clima no podían acertar con el método requerido. Antes de aventurarse en la exégesis de los textos, convenía ante todo reconstituir el antiguo marco geográfico de estas regiones con la ayuda de procedimientos científicos que pertenecen a la técnica de las ciencias naturales. Solamente entonces se esclarecían los textos por ellos mismos y se ajustaban con suma sencillez al paisaje anteriormente reconstituido. No era necesario retorcerlos para hacerles confesar lo que no querían decir; y, en caso contrario, atrapado en su propio dilema, no debía para escurrirse el crítico afirmar que vivían los antiguos en la luna o que escribían extravagancias, como se ha dicho con demasiada frecuencia.

He aquí un ejemplo concreto: el de Herodoto, que vivió en el siglo V antes de J.C. Si se lee, no poseyendo la información requerida, resulta oscuro y contradictorio. En efecto, no parece natural la coexistencia de desiertos con bosques, de tierras de gran riqueza agrícola con montículos de sal o arenales, la soledad de amplios horizontes con comarcas extremadamente pobladas. Pero, si recuerda el lector lo que acabamos de exponer de la morfología del Sahara, la distinción entre una parte oriental que había adquirido desde hace mucho tiempo una facies desértica y una parte occidental cuyo proceso de desertización es reciente, alcanza otro sentido el texto del viejo Herodoto.

En su tiempo dos facies dividían el Sahara: «Esta comarca (Argelia) y el resto de Libia en dirección a Poniente (es decir, el Sahara Occidental) están más pobladas de fieras y más cubiertas de bosques que la de los nómadas. (El Sahara Central y parte del Oriental entonces transitables.) Pues la Libia oriental en donde habitan los nómadas es baja y arenosa hasta el río Tritón; pero la que está al Occidente de este río y habitada poragricultores es muy montañosa, muy arbolada y llena de animales salvajes >> 70 (CXCI).

La parte mis oriental del Sahara se halla ya convertida en desierto. «En el interior de Libia el país es desértico, sin agua. sin animales, sin lluvias, sin bosques, desprovisto de cualquier clase de humedad» (XXXII). Pero está habitado por nómadas, como hoy día su parte occidental. En una palabra, en la época de Herodoto el Sahara Oriental no está aún «aseptizado». No poseía el carácter extremado que ahora le caracteriza. El proceso de desertización era reciente. Por esto, la zona costera, actualmente un desierto, entonces poseía una riqueza agrícola importante. «A mi entender, no se puede comparar la fertilidad de Libia con la de Asia o de Europa, con excepción de la Cirenaica. Se la puede comparar con ¡as mejores tierras de pan llevar y no se parece en nada al resto de Libia. Su suelo es negro y bien regado por fuentes. No hay que temer ni la sequía, ni los destrozos que causa el exceso de lluvias, pues llueve en esta parte de Libia. El producto de la cosecha está en la misma proporción con la simiente que en Babilonia. El territorio que los Eves perites (la gente de Bengasi) cultivan, es también muy fértil. Rinde, en efecto, el ciento por uno en los años mejores; pero el de Cirenaica produce basta el trescientos por uno» (CXCVIII).

Podrían repetirse citas similares. Confirman los testimonios geográficos expuestos anteriormente; pero son incapaces en general de fechar con precisión la evolución del clima en los tiempos históricos; mejor dicho la mutación del paisaje. Sin embargo, se puede con ellos esbozar un largo esquema, si se apoya uno en la documentación biológica que poseemos actualmente, sea en razón de los descubrimientos arqueológicos realizados recientemente en el Sahara, sea por la interpretación de ciertos datos que nos entregan estos mismos textos. Mas, para emplear este material de modo científico se requiere conocer el método adecuado para no tropezar con errores de bulto.

Para situar en el tiempo la pulsación que ha tenido lugar en España en el curso del siglo XVI, hemos establecido métodos biohistóricos que se asemejan a los empleados por las técnicas paleontológicas en estratigrafía71. Se trata en realidad de un problema similar, aunque en nuestro caso se requiere una precisión mucho mayor en relación con la cronología geológica que reviste una gran amplitud. De esta suerte deben determinar los sabios especializados en estas ciencias la edad de unos estratos fosilíferos con la ayuda de la fauna que encierran, en general invertebrados. Enseña la experiencia que ciertas especies indican su edad con bastante exactitud; otras al contrario no la señalan.

Existen pues desde un punto de vista estratigráfico especies que son «buenas», otras «malas». Las amonitas, los belemnites, los espirobranquios, son especies «buenas», porque en razón de su fisiología han necesitado en el curso de su existencia de tan marco natural y de un hábitat muy particular, de tal manera que en comparación con su filogenia la duración de estos grupos ha sido muy corta. Por ello, su hallazgo permite fechar de una manera precisa los horizontes en que se han fosilizado. Por el contrario, las especies que llamamos «malas», más abundantes en la naturaleza, no sirven para una determinación estratigráfica. Las ostras y los lamelibranquios, por ejemplo, han evolucionado muy poco desde los tiempos primarios. Para el stratígrafo, el verdadero historiador de la tierra, son de muy escasa utilidad.

Si empleamos este método para estudiar las faunas saharianas que nos señalan los textos y la arqueología, debemos rechazar para fijar el clima las especies «malas», que han vivido en un hábitat demasiado espacioso y por consiguiente se han desarrollado en facies muy distintas. Este desconocimiento ha inducido a error a ciertos autores.

Por ejemplo, el olivo. Algunos, recordando sus años escolares, han querido apreciar un clima mediterráneo en razón de esta especie, sin saber que el clima mediterráneo oscila desde una pluviosidad de mil mili, de agua al año, el índice de Marsella, hasta los sesenta, cantidad que se recoge actualmente en Almería, en donde a veces no llueve en todo el año. En estas condiciones la presencia del olivo en ambientes tan diferentes no significa gran cosa. Se le cultiva en nuestros días en la meseta castellana y sería temerario deducir de ello que goza Castilla la Nueva de clima mediterráneo, pues sus inviernos son fríos y rigurosos. Podríamos repetir la misma observación con respecto a la palmera que vive en el oasis del desierto, pero resiste sin ser fecunda la intensa humedad de la costa atlántica. Se cultiva el trigo en las tierras subáridas del Mediterráneo y de otros lugares y germina también bajo las nieves de Ucrania y del Canadá. En una palabra, estas especies «malas» no pueden servir de testigos para señalar un marco natural preciso.

Es posible destacar en los textos —y afianzarse con la interpretación de otros documentos que nos han llegado de la antigüedad—, referencias biológicas concernientes a especies valiosas; pues permiten determinar la fecha de la mutación del paisaje. Poseemos así una base suficiente para fijar los límites del lapso de tiempo en el curso del cual el aspecto del Sahara Central y Occidental se ha transformado con mutaciones sucesivas72. Para los fines de este estudio podemos situar sus términos entre el principio del primer milenio y el siglo XI después de J.C. De una parte conocemos los testimonios irrecusables acerca de la facies de esta región en fecha tan lejana, y por otra parte, los documentos existentes sobre la construcción de las fogaras nos indican el momento preciso de la transición de la facies sahariana subárida a esteparia o subdesértica, oscilando hacia la desértica. El esquema de esta evolución climática alcanza así un interés excepcional, pues explica y apunta el sentido de la pulsación, confirmada por la historia de los oasis. Aunque fuera dudosa la interpretación de estos datos más modernos, el testimonio naturalista consolida su certeza. La evolución del clima en estas regiones, reconstituida con pruebas biológicas, confirma el testimonio histórico situándolo en un contexto en que el rigor científico es indiscutible.

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abdal-lah
30/09/2010, 16:57
a) Evolución del clima en ¡as regiones centrales del Sahara Occidental

I) A principios del primer milenio poseían las regiones centrales del Sahara Occidental un aspecto verdoso propio del manto vegetal de las praderas. Si en efecto era así, recibirían una pluviosidad que oscilaba en torno a los 800 mil l. de agua al año.

II) En la época de Herodoto (siglo V antes de J.C.), aún conservaban ciertas regiones del Sahara Central sus caracteres anteriores, pero otras empezaba degradarse. El agua caía, acaso unos 600 mil l. al año, se repartía ya desigualmente en el curso del verano.

III) En los días de Estrabón, que vivió al comienzo de la era cristiana, se halla mucho más avanzado el proceso de sequedad.
Han alcanzado la facies árida, y acaso la subárida, las regiones centrales
del Sahara. Para atravesarlas a caballo es menester tomar precauciones.

IV) En el siglo III después de J.C. se advierte una rápida mutación de la fauna norteafricana. La mayor parte del centro del Sahara ha adquirido una facies subárida, oscilando en torno a los 250 mil l. de agua al año.

V) Del siglo VI al VIII, la estepa xerofítica antesala del desierto ha aparecido en todo el Sahara Central.

VI) A fines del siglo XI, la facies subárida ha alcanzado los confines atlánticos de Mauritania.

1. La situación climática al empezar el primer milenio

Conservaban aún en estos tiempos las regiones centrales del Sahara Central y Occidental el paisaje verdoso que habían gozado con exuberancia durante la prehistoria. En estos tiempos lejanos era suficientemente abundante la pluviosidad para que fueran capaces los ríos, los caudalosos y los medianos, de mantener una fauna de grandes mamíferos, los cuales necesitan mucha agua para vivir, así el hipopótamo. Aparece esta especie en las pinturas rupestres del Tasili. Lhote ha descubierto en el macizo de Auanret, a dos mil metros de altitud, unos frescos representando una cacería de hipopótamos, hecha por indígenas embarcados en tres piraguas de juncos73. En el curso de los siglos anteriores al primer milenio, se hallaban las llanuras tan bien regadas por el cielo que podían mantener especies que requieren para vivir enormes cantidades de forraje, como el elefante, del cual se han encontrado reproducciones. Existían marismas. Lo confirma la presencia del rinoceronte en las pinturas del TasiIi.
Ha debido de mantenerse esta facies húmeda desde muchísimo tiempo antes, ya que según Lhote estas especies características se encuentran en las pinturas más antiguas.

Sin embargo, sería temerario concluir de ello que una lenta transformación del paisaje se realizaba ya en aquellas fechas, pues río lo sabemos. Hemos demostrado en otra obra74 que sólo determinan los vegetales y los animales su propio marco natural. Señala el testigo una modificación del paisaje, cuando oscila el clima en los límites de su hábitat.

Por ejemplo, se sitúa el óptimo del haya entre los 1.800 mil l. de agua al año y los 800/700 como mínimo. Puede por consiguiente disminuir la pluviosidad de mil mili, de agua al año, sin que esta especie forestal apunte la recesión de las precipitaciones atmosféricas. Tan sólo en el caso particular de que oscilara la media por debajo del límite mínimo de su óptimo, señalaría su agostamiento, su desaparición o su substitución por otra especie; luego la mutación del paisaje. En consecuencia, el hecho de que los tres testigos, el elefante, el hipopótamo y el rinoceronte aparezcan en las pinturas en tiempos anteriores al primer milenio, no implica que el clima haya evolucionado, sino que la modificación de la pluviosidad no había sido lo suficientemente importante para producir una grave perturbación de su hábitat.

Como lo apreciaremos más adelante, es probable que estas tres especies hubiesen ya desaparecido de las regiones centrales del Sahara al comienzo del primer milenio. Las praderas que entonces existían eran incapaces de mantenerlas. Como esta facies ha durado grosso modo a lo largo de estos siglos, se desprenden dos proposiciones:

Primero: Dado el sentido de la pulsación, debía de ser más abundante la pluviosidad y sobre todo más regular en el principio que al final del milenio. Segundo: Situando el mínimo de la facies de las praderas en torno a los 600 mil l. de agua al año, era superior el promedio de las precipitaciones en un principio; por lo cual oscilaría la pluviosidad al comienzo del siglo X antes de J.C. en los alrededores de los 800 mil l., óptimos del paisaje de praderas.

Un testigo excepcional lo confirma: los bóvidos. Cuando viven estas especies en estado natural son características de un clima más bien húmedo, pues requieren pastos suficientes para alimentarse; no tanto como los grandes herbívoros, pero deben distribuirse las precipitaciones de modo uniforme a lo largo del año, sobre todo en los meses del verano. En caso contrario degenerarían.

Son los bóvidos unos testigos de primer orden. En razón de su corpulencia no pueden desplazarse con rapidez para franquear grandes distancias en busca de agua o de pastos, como lo hacen los équidos o los antilopinos. Ciertamente poseen los bóvidos en estado salvaje mayor musculatura y son más ágiles que las razas especializadas y engordadas en nuestros días para la producción de leche o de carne. Sin embargo, a pesar de la finura de sus líneas que se pueden admirar en las pinturas del Tasili, estaban siempre aminoradas sus actividades por su constitución fisiológica. En el caso de la desecación progresiva de una comarca son los bóvidos las primeras especies que desaparecen, mientras que otras más veloces, como la jirafa, el caballo, el antílope o el avestruz se mantienen por largo tiempo, sobre todo las últimas gracias a su ligereza y a la potencia de su esfuerzo respiratorio. En nuestros días, según Gauthier, «atraviesan el Tanezruft de modo excepcional algunos animales transeúntes gracias a sus admirables patas o a sus alas potentes»75.

Es atestiguada la presencia de los bóvidos por las pinturas rupestres que se encuentran con abundancia en casi todas las regiones del Sahara. Millares de ejemplares han sido localizados. Vivían los rebaños en libertad, en su estado natural, como antaño los de la Pampa argentina. Algunos estaban domesticados ya. Se han descubierto en Djorf Torba, en el Kenadsa, al suroeste de Colomb Béchar, grabados representando hombres ordeñando vacas. Han sido señalados sobre todo en los refugios rupestres del Tasili y del Hoggar. Lhote los ha hallado por centenares. En Jabarám, describe, y ha publicado, un conjunto de bueyes policromados compuesto por unas sesenta bestias. Ha podido así distinguir este arqueólogo dibujos numerosos con un estilo propio que ha llamado «bovino». Se posee el material requerido para intentar una síntesis de caracteres biogeográficos, correspondientes a actividades humanas concordantes. Si fueran reconocidas en otros lugares del globo, se podría determinar una civilización de los bóvidos, lo mismo que Leroi-Gourhan ha logrado aislar una civilización del reno.

Ha señalado Henri Lhote en las pinturas del Tasili doce estilos principales. Helos aquí según su orden cronológico:
A. Estilo de personajes diminutos, carnudos, con la cabeza redonda.
B. Estilo de los diablillos.
C. Estilo de los hombres de cabeza redonda pertenecientes al período medio.
D. Estilo de los hombres de cabeza redonda evolucionada.
E. Estilo de los hombres de cabeza redonda decadente.
F. Estilo de los hombres con la cabeza redonda e influencia egipcia.
G. Estilo de los cazadores con pinturas corporales del período bovino antiguo.
H. Estilo bovino.
I. Estilo de los «jueces» del período post-bovino.
J. Estilo de los hombres blancos, larguiruchos, del período post-bovino.
K. Estilo del período de los carros.
L. Estilo de los hombres bitriangulares. Período del caballo montado.

La superposición de las pinturas y de los grabados ha permitido al autor establecer, por lo menos de modo provisional, un orden de sucesión, luego de antigüedad. Mas, ¿qué fecha debe darse a estos diferentes estilos? Los problemas concernientes a la prehistoria no interesan a nuestro problema; no nos detendremos en su estudio. Ha encontrado Lhote en el enorme material recogido un estilo prebovino, señalado por la letra F, que demuestra una influencia egipcia indiscutible. Las cofias de algunos de los personajes dibujados se asemejan a modelos que los egiptólogos conocen muy bien. Pertenecen a la XVIII dinastía, es decir, a una época comprendida entre 1567 y 1085 antes de J.C.

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durruti
01/10/2010, 00:18
Salam.
1. Olague conclusiones del Capítulo 5
Salam.
Como se puede ver” he sido muy aplicado”, según he recibido la información del capitulo 5 me he puesto a revisarlo, y he sacado frases que abajo se pueden ver, y que a mi modo de ver lo que sugieren es simplemente que, en otras fechas el norte de Africa, era mucho menos hostil que lo que ahora nos hace ver, lo cual confirma , que la conquista musulmana de esa franja de Africa, aunque difícil, fue algo mas fácil de lo que nos puede parecer a la vista de nuestros ojos del siglo XX.
Por otro lado estos mismos argumentos invalidan de alguna forma los de otro capitulo, en que se ponia en evidencia la posibilidad de que los musulmanes hubieran podido conquistar esa vasta franja de terreno por las dificultades espaciales, y la imposibilidad de controlar la inmensidad del territorio y la adversidad climatica.
Ahora falta por contrastar las fuentes, que nos den evidencias de que los árabes pudieron ser capaces de crear un ejercito con posibilidad de dominar militarmente en un siglo la orilla meridional del Mare Nostrum.
Hoy precisamente, he comprado en la R. A. E. H. un libro que habla de las fuentes de la conquista del area siriaca y egipcia por los musulmanes. Cuando lo lea un par de veces y le ”saque el jugo”, pasare las conclusiones, y los subrayados de mi cosecha.


Estas son las notas en las que me baso:
No era igual el marco geográfico en que habían florecido las civilizaciones históricas del que se mantiene hoy día en los mismos lugares.

concluyeron que las tierras circundantes a las ruinas, hoy en día degradadas, habían sido antaño fértiles.

determinaron dichos exploradores geográficos que había cambiado el clima en los tiempos históricos.

Así se explicaba la llegada de los alpinos a Occidente y, mucho más tarde, el trasiego por estas regiones de hordas bárbaras; en una palabra, el desplazamiento de una gran masa de gente hacia las llanuras verdes y fértiles de nuestro continente.

Dedicado al estudio del desierto de Siria, consiguió con la ayuda de testimonios históricos establecer estadísticas con las cuales podía apuntar las variaciones del número de las caravanas que lo atravesaban para ir de Damasco a Caldea

un proceso de aridez se había manifestado desde el siglo II después de J. C. y habla adquirido sucesivamente un carácter agudo.

De aquí la incomprensión de los historiadores que sólo se fían en textos escritos.

En una palabra, se asiste hoy día a modificaciones climáticas producidas por un fenómeno que con más o menos agresividad se ha manifestado varias veces en el pasado. La observación directa confirma la existencia de crisis semejantes ocurridas en la historia.

Mas, cuando estimaban algunos que era el resultado de actos políticos, afirmaban otros que era estrictamente económica

Era la desecación del Sahara Occidental que se ha realizado sucesivamente desde el siglo III de nuestra era, oscilando desde una facies árida hacia una facies desértica.

Por consiguiente, para esclarecer el caso particular que nos interesa en esta obra, los hechos oscuros que han tenido lugar en el siglo VIII, es menester reconstruir el marco natural entonces existente, en razón de la evolución general del clima en nuestro hemisferio

. En otros términos, la revolución islámica estaba en función recíproca con ci proceso de desecación del Sahara.

Por el contrario, el desierto occidental, de formación mucho más reciente, poseía pozos importantes; rastros de vegetación atestiguaban una situación anterior ya desvanecida.


Aún subsiste una fauna especializada y desparramada. En ciertos sitios aparecen pastos suficientes para alimentar en el invierno algunos rebaños de cabras y de camellos. Nómadas y caravanas discurren aún por estos lugares. Las rutas empleadas y las abandonadas, así como la antigua toponimia, se conservan en la memoria de los guías.
calor tórrido en el día, frío nocturno, acción química, erosión eólica

Nos basta precisar las fechas de las modificaciones del paisaje en el norte de África para comprender el papel que desempeñaron en los acontecimientos del siglo VIII.


Hemos indicado anteriormente que el Sahara Occidental se caracteriza por una red fluvial de ríos muertos, cuya morfología puede aún hoy día distinguirse muy bien.

Como el uad aún no ha sido tapado por la erosión eólica, hay que reconocer que la fecha de su desecación no puede estar muy alejada en el pasado

Como perfectamente lo ha entendido Lhote, «esto es un magnífico testimonio sobre el pasado húmedo del Sahara, en un tiempo en que una extensísima red fluvial lo atravesaba de norte a sur
,
Según ciertos testimonios históricos han sido creados los oasis en el curso de la era cristiana, entre los siglos VI y XVIII

«En el bajo Tuat, los procedimientos orientales de irrigación, las fogaras, es decir los palmerales tal como existen hoy día, alcanzarían el siglo III de la Héjira, nuestro siglo X después de J.C. En el Tidikelt, los palmerales más antiguos no datan más allá del XIIl y los más recientes del XVJII 69.
. Sabemos por ejemplo que durante los tiempos modernos, en el XVI, franqueaban con asiduidad el desierto central, del sur tunecino a Tombuctú. A veces se componían de varios millares de camellos

Para los antiguos no era África del Norte una tierra árida. Muy al contrario, de acuerdo con una opinión unánime, poseía una gran riqueza agrícola y ciertas regiones como Berbería o la Cirenaica eran, con Iberia y Egipto, el granero del Imperio Romano.

Salam

P.S. Posiblemente haya que revisar mas temas pero estos a priori me sirven de base de argumentaciones.

abdal-lah
01/10/2010, 12:43
La gran expansión de los bóvidos y la cultura a ellos adscrita pertenecen pues al primer milenio; lo que constituye otro testimonio irrecusable de la modernidad del desecamiento del Sahara Central. Pero el autor, sin duda asustado por las consecuencias revolucionarias que se desprenden de su cronología, no se ha atrevido a deducir las que se inducen de los hechos por él descubiertos. Con prudencia sitúa la llegada de los pastores bovinos hacia 3500 antes de J.C.; pero, añade a renglón seguido: «Han debido de morar largo tiempo en el Sahara, acaso por varios milenios»76. Se ha mantenido la cultura bovina con exuberancia a lo largo de los primeros años del siglo X; lo confirma también otro testimonio histórico.

Como consecuencia de los descubrimientos del Tasili poseemos ahora pruebas suficientes para afirmar que la influencia egipcia se ha mantenido constante sobre las poblaciones del Sahara desde el IV milenio hasta el primero; es decir en el tiempo de su mayor preponderancia. Lhote ha descubierto en el Tasili pinturas que representan embarcaciones muy similares a las egipcias. Los ríos del Sahara eran entonces navegables y los recorrían barcos parecidos a los que surcaban el Nilo. Según dicho arqueólogo, este testimonio de la influencia egipcia debe situarse en la época de las primeras dinastías; pero los estilos señalados por el autor con las letras K y L, pertenecientes al primer milenio con gran probabilidad, están ellos también directamente emparentados con la civilización egipcia. Tienen por base un testigo biológico, una especie «buena»: el caballo, que ha penetrado desde este país en las regiones centrales del Sahara.

Como los bóvidos, caracteriza el caballo salvaje la facies de praderas, cuya humedad debe de estimarse por lo menos en los 600 mill., pluviosidad esparcida de modo regular a lo largo del estío. Pero debajo de esta media o si el verano resulta demasiado seco, emigra o desaparece la especie. Domesticada, debe el hombre cuidar de ella. Por esta razón, en las regiones áridas se convierte el caballo en objeto de lujo. En consecuencia, como testigo de un marco natural propio, su empleo en los transportes o en el arado de las tierras señala un paisaje determinado. Su substitución por otra especie más apropiada a las nuevas condiciones del clima apunta la existencia de una mutación. En otra obra, hemos estudiado la sustitución de los caballos y de los bueyes en los transportes por el mulo en la meseta ibérica a lo largo del siglo XVI77.

Por razones aún oscuras, el caballo, cuya filogenia, en parte americana, en parte asiática, es completa, había desaparecido del norte de África y de Asia Occidental en los primeros milenios de los tiempos históricos. (Por lo menos esta es la creencia aceptada por la mayoría de los autores.) Desconocido en Sumer y en las civilizaciones posteriores de Mesopotamia y en Egipto, ha sido introducido en el Creciente Fértil en época mucho más moderna, acaso por los hititas, y en el valle del Nilo por los hicsos78.

En las pinturas rupestres saharianas aparece en fecha mucho más tardía, pero está abundantemente representado en los refugios mesolíticos de la Península Ibérica, no solamente en estado salvaje, sino también domesticado79. No puede dudarse de la introducción del caballo en las regiones centrales del Sahara desde el valle del Nilo, porque aparece en las pinturas rupestres enganchado al carro egipcio80. Se sabe que los hicsos han traído carro y caballería a estas regiones durante su conquista y dominación, desde 1780 a 1577 antes de J.C. Por consiguiente es probable que su llegada al Sahara Central deba situarse hacia los últimos siglos del primer milenio. La expansión de los caballos por las praderas ha coincidido sin duda con el apogeo de la cultura bovina; pues no sólo no se excluyen las dos especies, sino que se complementan. Posteriormente con la generalización de su empleo al servicio del hombre, aparece el estilo de los carros. Como lo veremos más adelante, esta situación cronológica, fijada por Lhote, está corroborada por testimonios literarios de la antigüedad.

Se puede concluir que en esta época el paisaje dominante en las regiones centrales del Sahara pertenece a asociaciones vegetales, relacionadas con los géneros bos y equus. «Es solamente en el período del caballo, escribe Henri Lhote, cuando se observa un cambio manifiesto: Las especies corpulentas como el hipopótamo, el rinoceronte, el elefante desaparecen entonces de las pinturas; la jirafa, el antílope y el avestruz se mantienen. Es pues entre el IV y el II milenio antes de J.C. cuando ha empezado la desecación del Sahara»81.

2. La situación climática en el siglo V antes de J.C.

Herodoto da en su Historia indicaciones precisas acerca de las regiones que se hallan al sur del golfo de la Gran Syrte, es decir, de las regiones que ahora nos interesan. «En el interior de las tierras, por encima de la Libia de las bestias salvajes (el Sahara Central) existe una elevación arenosa que se extiende desde Tebas hasta las Columnas de Heracles. Sobre esta elevación se encuentra a distancia de diez días de marcha aproximadamente, montañas de sal, compuestas de gruesos trozos, sobre montículos.

En la cúspide de cada montículo mana en mitad de la sal agua fresca y dulce en derredor de la cual habitan hombres» (CLXXXI).

Herodoto y los griegos en general conocían bien las tierras africanas que se hallan al sur de la Península Helénica y sus regiones inmediatas; pues, siendo fáciles las comunicaciones, las relaciones entre las poblaciones de ambos territorios debían de ser frecuentes. Es posible que los depósitos de sal mencionados por el historiador sean las capas de fosfatos características del sur tunecino. Sus noticias acerca de los terrenos situados al occidente son escasas. Tebas, que se halla un poco al sur del grado 26, se encuentra a la misma latitud que el país de los garamantes, del cual hace Herodoto una bastante fiel descripción. Era lógico vista la dificultad de emprender largos viajes que sus ideas acerca del oeste sahariano fuesen confusas. El circulo de latitud de Tebas pasa al sur del Atlas, que se halla situado en el grado 30. El error acerca del Estrecho de Gibraltar es mucho mayor: Se halla en el grado 36.

No coincide la descripción que hace Herodoto de la región del Atlas con un clima seco: «La montaña llamada Atlas es redonda y estrecha por todos los lados; tan alta que es imposible ver la cumbre según se dice, pues jamás se apartan las nubes de ella ni en el verano, ni en el invierno» (CLXXXIV). El desierto, «zona de arenas terriblemente seca y deshabitada (XXXII), en la época debía de corroer el Sahara Oriental, en donde todavía existirían algunos palmerales. Todavía lo atravesarían los nómadas, pero cambia la situación hacia el oeste. «Desde Auguila, a una distancia de diez jornadas de marcha se encuentra otra eminencia de sal, agua y un gran número de palmeras que dan frutos como en otros lugares. Hombres viven en esta comarca y san muy numerosos. Se llaman garamantes... Poseen bueyes.. Dan caza estos garamantes a los etíopes trogloditas con carros arrastrados por cuatro caballos» (CLXXXIII).

De acuerdo con su ecología las palmeras pertenecen a otro marco geográfico que el de los bueyes y de los caballos. Los oasis de palmerales se encontrarían al este, en las estribaciones del Sahara Oriental, en donde sin duda alguna harían incursiones los garamantes. Su lugar de habitación se encontraba más al oeste. Se mantenían todavía en estas regiones saharianas unas praderas escasas, en vía de degradación, pero aún suficientes para alimentar un cierto número de bueyes y de caballos domesticados.

Esta interpretación del texto se halla confirmada por la arqueología, pues se encuentran en todo el Sahara Central pinturas con representaciones de carros. Ha descubierto Lhote un grabado cerca del pozo de Arli, en la pista que va desde el Hoggar a EsSuk, la antigua Tadameka de los bereberes sudaneses, por debajo del grado 20 de latitud; y por otra parte, ciento diez grabados en el sur de Orán, muy por encima del grado 30. El gran número y la dispersión de estos dibujos por lugares tan distantes los unos de los otros constituyen un testimonio irrefutable. Poseían aún en el siglo V antes de J.C. las regiones del Sahara Central un marco natural suficientemente húmedo, aunque ya degradándose, para que las pudieran atravesar normalmente carros arrastrados por cuatro caballos.

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abdal-lah
01/10/2010, 12:45
La última mutación de los testigos biológicos

Permite el estudio de las pinturas del Tasili y de otros lugares una enseñanza que confirma la evolución del clima en el Sahara Central, establecida por la observación de su morfología. Son las representaciones de testigos biológicos. Se posee de este modo la certeza de que el elefante y su marco natural habían desaparecido de las regiones del Sahara Central desde el final del segundo milenio y que su desaparición coincidía con la llegada del caballo. Pero, desde entonces había huido la especie de estos lugares buscando refugio contra las condiciones adversas del clima, sea hacia el sur, sea hacia el norte. En nuestros días vive el elefante en el África ecuatorial y ha desaparecido, con la acentuación de la sequía, del norte del continente. Mas la existencia del elefante en Argelia y en Marruecos en el principio de la era cristiana no puede ser objeto de duda alguna. Los testimonios históricos son múltiples y concordantes.

Sabemos todos desde la escuela que Aníbal invadió Italia desde sus bases en España con un escuadrón de elefantes. Plantea este proboscidio un problema de orden filogenético aún no del todo aclarado. Parece que han existido en los tiempos antiguos dos especies de elefantes en África del Norte: El elefante que los cartagineses habían adiestrado para la guerra, pequeño comparado con el africano, el más grande y bravo de los que existen hoy día; y el elefante enano que ha vivido en Europa en el pleistoceno inferior. Se han encontrado del mismo restos en Sicilia y en España. Según Raymond Vaufrey que los ha estudiado, sería el descendiente degenerado del gigantesco elephas antiquus, especie característica del cuaternario europeo. Su reproducción en documentos históricos plantea el problema de su posible supervivencia o de su recuerdo. Por su importancia en la historia del arte expondremos esta cuestión en el apéndice IV.

Sea lo que fuere, es evidente que el elefante es un testigo excepcional para determinar la facies de las regiones en donde su presencia era frecuente. Pues, aunque pequeño de acuerdo con las noticias que tenemos de él en estado de domesticación, requiere para vivir en el salvaje de enorme cantidad de pastos. Como los datos sobre su caza son numerosos, se deduce que el Magreb poseía en aquella época un régimen de lluvias abundantes y regulares que ya no existe.

A medida que el clima empeoraba, el elefante —y lo mismo lo hicieron las especies forestales— fue a buscar su sustento y la supervivencia de sus descendientes refugiándose en la alta montaña, en particular en el Atlas marroquí. Poseemos de estas regiones las últimas referencias que le conciernen. En los tiempos de Plinio, en el siglo I de nuestra era, existía aún en el Gran Atlas, de acuerdo con las noticias que le manda en una carta Suetonio Paulunus, legado en Mauritania, que acababa de atravesarlo.

Según Thernistios, filósofo y retórico del siglo IV después de J.C., los elefantes han desaparecido de África del Norte. Trescientos años más tarde, Isidoro de Sevilla invoca su recuerdo con melancolía. Hablando de la Mauritania Tingitana, luego de haber advertido que posee monos, dragones, animales feroces y avestruces, añade: «Antaño había muchos elefantes, ahora sólo la India los produce»82. Sin embargo, declara en su crónica (572) el culto abate de Biclara, que se cazaba aún en Mauritania Cesares83. Se trata, es lo más probable, de una reminiscencia literaria.

De acuerdo con estos testimonios se puede concluir que se encontraba la especie al principio de la era cristiana en regresión. Se mantenía lozana en la parte oeste debido sobre todo a la altitud de sus zonas montañosas. Atestigua pues el hecho la modificación climática; pero en este caso, como en tantos otros, el hombre ha acelerado la sentencia dada por la naturaleza. A medida que estas regiones se civilizaban por obra de la administración romana, huían los animales salvajes perseguidos para los placeres de la caza o para las necesidades del circo. Un ejemplo reciente nos enseña la desaparición de una especie zoológica diezmada por el hombre blanco a pesar de sus pretensiones. En el comienzo del siglo XX existían en el Sahara avestruces y el hermosísimo antílope Adax. Estos animales han sido aniquilados por la estulticia humana y su rabia destructora.

La desaparición del elefante coincidía con la aparición de especies hasta entonces desconocidas en estos lugares; lo que confirma la modificación de la facies. Se impone, sin embargo, una observación. La substitución de las especies en función de las variaciones del clima se realiza generalmente de un modo desordenado. Puede necesitar un tiempo considerable, pues oscilando la naturaleza, los años lluviosos sucediendo a los secos, se defienden los individuos Contra el rigor atmosférico en los tiempos malos y se recuperan en los buenos. La mutación se manifiesta a gran escala. Puede durar esta situación mucho tiempo, pues han demostrado ciertas especies una resistencia extraordinaria. El cocodrilo perdido en el pequeño lago del Tasili es un ejemplo notorio.

Mas, la transformación del paisaje lleva a otras consideraciones que interesan directamente al historiador. Ante las situaciones adversas se defiende el hombre con una ingeniosidad y una rapidez que no poseen las especies zoológicas, ni las asociaciones geobotánicas. El ‘conocimiento de la fecha del esfuerzo humano señala la crisis climática de manera mucho más precisa que los testigos naturales. La de la construcción de las fogaras, por ejemplo, determina casi inmediatamente los años del empeoramiento del clima.

Cuando en el siglo XVI una parte de la meseta ibérica fue asolada por la llegada de la sequía, la reacción del hombre para atenuar la catástrofe económica señalaba automáticamente la obra del clima. Ante la escasez de las lluvias, se apresuraron los agricultores a desarrollar plantas que se adaptaban mejor a la aridez. El desplazamiento hacia el norte de los cultivos de la vid y del olivo correspondía a la progresión del secano. Hay que calcular solamente un cierto tiempo entre el fenómeno y la intervención humana. Existe una actividad social que por su carácter permite afinar este desfase: eran los medios de transporte, que antaño se realizaban en tierra por tracción animal. En Castilla, se hacían los transportes en la Edad Media con bueyes. Crecían pastos por doquier y al fin de cada jornada hallaban fácilmente las bestias su alimento. Con la crisis fueron substituidos por mulos, más sobrios. No necesitan forraje verde, les sobra la paja en casos de apuro. De tal suerte que basta una sencilla documentación histórica que señale su substitución para que la mutación de la facies quede determinada de modo preciso. El mismo problema se ha presentado en el Sahara y en África del Norte. Ante las múltiples repercusiones de la modificación lenta pero fatal del clima, se esforzaron los antiguos por remediar lo más urgente, las comunicaciones.

Hemos expuesto anteriormente cómo el caballo, prosiguiendo su emigración del este hacia el oeste por Asia y por África, había sido artificialmente introducido en las regiones centrales del Sahara hacia fines del primer milenio. En la época clásica se había aclimatado tan bien que eran famosos por su rapidez los caballos libios y númidas84. Según San Isidoro se mantenía esta fama en su tiempo85. Las condiciones climáticas en Sahara Central y Occidental oscilaban pues en los límites de una pluviosidad adecuada para que pudiera desarrollarse esta especie con vigor en su marco natural. No se trataba de un hecho aislado y extraordinario, sino extendido en un área de dimensiones considerables, como nos lo confirman la historia y la arqueología.

Nos consta que empleaban los romanos su caballería en el norte de África y que atravesaban el Sahara a caballo. Aconseja Estrabón que para esta expedición se deben tomar ciertas precauciones: atar a la montura odres de agua para beber en el curso del camino. No nos indica el geógrafo griego los lugares en que este uso era imprescindible; mas podemos remediar esta imprecisión con el hallazgo de pinturas y grabados. Lhote ha podido con su emplazamiento reconstruir la ruta empleada por los antiguos para ir del Mediterráneo al Níger86. Partía la vía de Oea (Trípoli), pasaba por Cidamus (Gadamés), len (Port Polignac), al pie del Tasili, que atravesaba, así como el Hoggar, por desfiladeros conocidos para alcanzar TiMUlisaón y Tadameka (EsSuk) y, por fin, el Níger en Gao. Plinio nos da noticia de que esta fue la ruta seguida por Septimus Flaccus en el año 70 después de J.C. y por Julius Mantinus en el 86, los cuales con toda probabilidad alcanzaron el gran río africano. Desde su conquista en el 19 antes de J.C. por el legado Cornelius Balbus habían sometido a su dominio los romanos la Cirenaica, el Fezzam y el sur argelino. La III legión ocupaba Gadamés (Cidamus) y Rat (Rapsa), aglomeraciones situadas a escasa distancia del macizo del Tasili.

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01/10/2010, 12:47
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Como el deterioro de las praderas y de los pastos aumentaba y resultaba cada vez más difícil viajar a caballo, le encontraron los romanos un substituto: el camello. La llegada de esta especie a África del Norte permite fechar el momento crítico de la crisis climática. No se halla pintado, ni grabado en los refugios conocidos: era inhabitual en estas regiones cuando los indígenas ornamentaban los paños rocosos. Gsell asegura, siguiendo a Basset, que no existe palabra bereber para designarlo87. Lo que es normal, pues en el paisaje verdoso anterior hubiera sido un intruso o una curiosidad. No lo describe Plinio en estos lugares. Sin embargo, no era un desconocido. Las primeras noticias de su presencia en el norte de África datan del De bello Africae de Julio César (XVIII, 4). Asegura este autor que Juba los empleaba ya aunque en escaso número. Veintidós tenía en su ejército. Sin embargo, el silencio de Plinio, naturalista tan preciso y concienzudo, que tenía los medios requeridos para documentarse, nos indica que en su tiempo el empleo del camello no se había aún generalizado.

Los autores, desde Gsell hasta Carcopino, se muestran unánimes: Fue introducido el camello en el norte de África por Séptimo Severo; es decir, a fines del siglo II88. Ahora bien, ¿qué representa la aparición de este testigo en la crisis climática? No debe engañarse el lector con una imagen de almanaque e imaginarse ya el camello atravesando las hamadas y los ergs del desierto africano89. Es muy probable que aún no existiese esta facies en las regiones del Sahara Central y Occidental. El empeoramiento progresivo del clima entrañaba una lenta transformación del paisaje. Las facies árida y subárida según los lugares más o menos favorecidos por la orografía, la hidrografía y la pluviosidad llegada del Océano, evolucionaban hacia la estepa xerofítica.

Entonces se ingenió el hombre por buscar fuentes de agua para subsistir. Empezó a profundizar los pozos ya existentes para no perder las capas freáticas, y hacia el siglo X se construyeron las primeras fogaras que son la base de los actuales oasis. La fecha de las obras de captación de las aguas subterráneas marca la progresión de la sequía. En razón de la disminución del paso de los ciclones atlánticos se manifestaba un movimiento aparente, como si el fenómeno se realizara lentamente pero de modo irreversible desde el este hacia el oeste.

Parecía pues que el camello, como tantos otros, hubiera seguido esta carrera hacia Poniente al paso del desierto. Y no ha sido así, pues no pertenece a la fauna de estas regiones desheredadas. En su estricta acepción filológica y naturalista el desierto es un lugar vacío, abandonado por el hombre y los vertebrados superiores. El hábitat de nuestro camélido pertenece a las facies árida y subárida de Asia. Se contenta con pastos escasos que no alimentarían a los caballos. Sus compañeros son los rebaños de cabras y los asnos. Pero, así como el hombre ha discurrido el modo de emplear el caballo en lugares inhóspitos procurándole agua y forraje, ha logrado asimismo mantener artificialmente la especie camélida en un marco geográfico que no es el suyo, sino a título de excepción. Ha conseguido aprovechándose de sus cualidades de sobriedad emplearlo como medio de transporte en lugares que de otro modo le hubieran sido inaccesibles. Estas reacciones humanas a la imposición de la naturaleza, la busca de las aguas subterráneas y la adaptación de una especie extranjera para asegurar los transportes, son los testigos de la mutación del clima y del paisaje.

En el siglo XI, Mauritania estaba aún suficientemente regada para que se mantuvieran en su suelo pastos, rebaños y una población importante. Por esto ha podido iniciarse en estos lugares el movimiento almorávide. En el caso contrario, si hubieran poseído ya la facies desértica que hoy día allí impera, jamás hubieran podido sus jefes religiosos alistar las masas de guerreros requeridas para emprender con éxito la conquista no sólo del Senegal, sino también de Marruecos y de Andalucía. Como lo apreciaremos en un capítulo próximo, la crisis revolucionaria del siglo VIII en la cuenca mediterránea y más tarde el movimiento almorávide tenían por eje y motor la última mutación del clima cuyas consecuencias habían asolado el Sahara Central y Occidental.

b) El clima en el África del Norte al comienzo de la era cristiana

Ha evolucionado la facies del Magreb desde la antigüedad hacia los tipos áridos y subáridos que le son propios en nuestros días, en movimiento sincrónico con el desecamiento progresivo del Sahara, pero con un desfase importante en su gradación debido a una humedad superior, el paso más frecuente de los ciclones procedentes del Atlántico. En el comienzo de la era cristiana, conservaba el norte de África el paisaje verdoso y de gran lozanía de que había gozado en tiempos anteriores. Los testimonios literarios que lo corroboran son numerosos y conciernen a los más diversos caracteres morfológicos o biológicos. Daremos algunos ejemplos:

La recolección de los caracoles que sé había realizado en la parte oriental del Magreb a lo largo de la prehistoria, se había transformado en la época romana en una industria y un comercio considerables. Se exportaban a todo el imperio90. Necesitan estos gasterópodos terrestres, sobre todo las especies comestibles, de un marco natural húmedo sin el cual no pueden subsistir.

Según el testimonio de los autores clásicos eran abundantes los bosques. Con el curso de los tiempos el papel desempeñado por la orografía ha sido decisivo en la dispersión de las especies forestales.

EL SAHARA CENTRAL

Uad o lecho de río desecado

Antiguo camino empleado por los carros para ir de Trípoli a Gao

Caminos actuales para ir de Orán a Gao y de Argel a Agadez

Perseguidas por el hacha del leñador o agostadas por la sequía, se refugiaron hacia las alturas de los grandes sistemas montañosos. Así ocurre en nuestros días en que importantes masas forestales aún se conservan en Marruecos. Son testigos de tiempos pasados. Ocupaban antaño un área mucho mayor. Los técnicos han calculado en dos millones de hectáreas los bosques que han desaparecido en esta sola región91.
Las noticias que nos dan los antiguos acerca de los ríos son también cuantiosas; breves, pero precisas. Los uadi actuales eran ríos auténticos, muchas veces navegables. El Sebú marroquí, de trescientos kilómetros de longitud y que desemboca en el Océano, era una vía de agua magnífica. «Annis magnificus et navigabilis>, escribe Plinio. Basta comparar estos adjetivos con los peyorativos, morfológicos y climáticos, adscritos a la palabra uad, para que se comprendan los cambios ocurridos en esta parte del litoral atlántico.

Si con un esfuerzo de imaginación se restituye al suelo el mantillo que en capas potentes antaño lo recubría y que ha desaparecido, se comprendería que los elogios hechos por los antiguos acerca de la riqueza agrícola de estas regiones no eran ni un mito, ni el fruto de la hipérbole. Más aún: Se ha mantenido esta facies con evidente aunque suave degradación a lo largo de la Edad Media. El testimonio de los geógrafos árabes es concordante e indiscutible.

«Lo que sobre todo extrañaba a los emigrados llegados de Egipto y de Trípoli, escribe Georges Marçais, era la abundancia de árboles. Se dice que el país presentaba antaño una serie continua de espesuras desde Trípoli basta Tánger, asegura Ibn Adhari. Nos sentiríamos tentoJos a echar al cesto de las fábulas esta tradición de una edad de oro, si el reciente descubrimiento de obras de irrigación y de explotaciones agrícolas en regiones ahora desérticas no le restituyese algún valor»92. Ignoraba naturalmente este distinguido historiador de Berbería que el clima había cambiado a lo largo de los siglos; lo que da mayor valor a su perspicaz observación. Prosigue más adelante: «Quedó sorprendido el geógrafo Elya-Kubi, autor oriental del siglo IX, por el aspecto verdoso, la abundancia de las aguas en la región que se extiende entre Qamzsda (Sidi bu Zid) y la orilla del mar; o sea, una distancia de 150 kilómetros por un país que se encuentra en nuestras días, a pesar del espléndido desarrollo de la arboricultura sfaxiana, en parte desértico»93. Citas similares podrían extraerse de textos de El Bekri, de Ibn Kaldún y de otros autores.

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abdal-lah
01/10/2010, 12:53
CONCLUSION

En su obra Mainsprings of civilisahion, publicada en 1945, presenta Huntington diversos gráficos que describen las oscilaciones del clima en los tiempos históricos. Fueron construidas las curvas con los métodos que hemos expuesto al principio de este capítulo. Las reproducimos para el conocimiento del lector. La curva de las sequoias es la más precisa; pero coinciden las tres en señalar las grandes crisis climáticas que interesan a los acontecimientos objeto de este estudio. La numerosísima bibliografía aparecida desde entonces en los idiomas más diversos ha afinado, con sus mis y sus menos, las oscilaciones reseñadas; pero confirman las líneas generales de la evolución climatológica en los tiempos históricos.

1. Después de un periodo de estabilidad aparente que parece dominar la era antigua, apunta a partir del siglo II después de J.C. una grave mutación del paisaje en las latitudes del Mediterráneo. Lo confirman los gráficos de una manera general y la coincidencia de los tres métodos, los testimonios geográficos, biológicos e históricos que hemos descrito, no puede ser fortuita.

2. Aparece en los siglos VI y VII otra crisis que acentúa la pulsación.

3. Con el IX y el X la situación mejora o se estabiliza, pero a fines del XI y en el XII surge otra crisis temible. Coincide con la decadencia general de la civilización árabe en Oriente y con la contrarreforma almoravide y almohade. Destruyen los mauritanos (es decir, lds moros de la tradición popular) la cultura andaluza de Marruecos y atravesando el Estrecho, invaden el sur de España. Es la verdadera invasión de la península. Provocó la reacción de los hispanos, de la mayor parte de la población musulmana, de la cristiana y las hazañas del Cid. Es el fin de la civilización arábiga en Occidente.

Tras esta larga exposición, nos es posible ahora deducir un principio indispensable para comprender los acontecimientos ocurridos en los siglos VII y VIII en gran parte de las regiones mediterráneas. Como consecuencia de una larga evolución del clima, debido a oscilaciones cuyo sentido apunta hacia una misma dirección, de donde el neologismo: pulsación, ciertos marcos geográficos caracterizados por asociaciones geobotánicas determinadas desaparecen bruscamente. Otras asociaciones mejor adaptadas a la nueva situación climática aparecen. Se produce una profunda mutación del paisaje.

Esto no se realiza impunemente. Causa el fenómeno gravísimos trastornos en la vida biológica (la agricultura), económica y política de las poblaciones que habitan las regiones alcanzadas por la mutación del marco anteriormente existente. Enturbia entonces las páginas de la historia una agitación política confusa: guerras internacionales, revoluciones interiores, desplazamientos dexnogrificos, los cuales podrán ser de corto alcance (ley de Breasted) o de efectos prolongados e irreversibles como los movimientos demográficos hilalianos.

El desecamiento del Sahara por sus enormes dimensiones y el carácter descomedido de su irradiación por obra de las leyes de correlación que unen los marcos geográficos más diversos, ha coincidido con grandes trastornos climáticos en el marco natural de la Península Ibérica. De aquí las perturbaciones que la han conmovido ea el siglo VIII, con los síntomas precursores anteriores.

Permite esta nueva luz entender e interpretar correctamente los textos rarísimos y lacónicos que han llegado hasta nosotros. Si, como lo apreciaremos en un capítulo próximo, cuando analicemos la crisis revolucionaria que tuvo lugar en España a principio del siglo VIII, nos advierte un autor que el hambre ha diezmado la mitad de la población, no estaremos ya dispuestos a considerar las dimensiones de la catástrofe como el fruto del genio hiperbólico de los antiguos. Nos será posible encuadrar la noticia en un fenómeno de mayor alcance: la mutación del paisaje que había arruinado la tradicional agricultura del país.

Por otra parte, se impone otra observación. Por una convergencia notable entre el desarrollo de las ideas-fuerza y la modificación del marco geográfico, la que probablemente no ha sido única en la historia, la acentuación de la sequía desde Asia hacia África en el curso de la Alta Edad Media ha sido un fenómeno paralelo con una divergencia de las ideas monoteístas que simultáneamente se ha manifestado en estas regiones. Se forrnó enkonces en las poblaciones un enorme complejo: lo que se ha traducido en una oleada de fondo cuyo carácter era religioso. Era el fruto de una larga evolución anterior. Pronto creció la planta y alcanzó dimensiones considerables: eran el Islam y la civilización árabe.

---------------------------------NOTAS------------------

54 Huntington, Ellsword: Civiliatíon arad cimate, Yale University, New Haven. Existe una edición española traducida por la Revista de Occidente, Civilización y clima, Madrid, 1942.
55 Huntington, Ells word: Tree growth arid dimatic interpretations, Caz. negie Inst. Pub. u.0 352, Washington, 1925. Desde esta fecha se han convertido estos estudios en una disciplina científica dc gran alcance, con una biblio. grafía importante: la dendrocronologia. Puede el lector interesado conocer la situación actual de esta ciencia en un estudio acerca de los trabajos realizados recientemente, publicado en <La Recherche>, Le message des arbres por Hubert Polge, u.O II, p. 331, abril de 1971.

56 De Geer: Geochror~ologia suecias principies, Estocolmo, 1940. De acuerdo con los estudios realizados por este sabio y su escuela durante cerca de cincuenta años por todas las regiones del globo, ha empezado la retirada de los hielos en el escudo escandinavo en el año 6800, antes de J.C.

57 Hemos expuesto para el uso de los historiadores los métodos diversos que permiten reconstituir el clima en un momento dado del pasado, en un trabajo publicado por los <Calilers d’Histoire Mondiale,, Edition de la Bacoui~re Neuchatel, vol. VII. N.’ 3. 1963, con el título: Les changements de clima et l.’hi.stoire. Varios de estos métodos han sido descubiertos por el autor para explicar la gran crisis que a fines del siglo xvi asoló la meseta ibérica. Ver el cuarto tomo de La decadencia española.

58 Desde el punto de vista de su reciente historia morfológica, descartando su actual ecología, dividimos el Sahara en dos regiones: el Sahara Oriental y el Sahara Occidental. Sensu lato, el circulo de longitud que los separaría tendría que pasar por Trípoli para alcanzar el lago Tchad. La parte oriental de esta línea hasta el Nilo y el Mar Rojo, abarcaría el desierto aseptizado,, sea el de Libia, el Feman, el Tibesti, etc. Fuera correcto dividir en dos la parte occidental: las regiones centrales que se encuentran al norte de la curva del Níger: el Tanezruft, el Hoggar, el Tasili; y, en fin, las regiones típicamente occidentales, entre las cuales se hallan Mauritania y el Río de Oro.

59 Lionel Ba.Iout: Algerie préhi.storique, p. 76.

60 Lionel Balout: Ibid.

61 E. F. Gauthier: Le Sahara, Payot, p. 103.
62 Lhote, Henri: A la decouverte des fresques da Tassili, Arthaud, p. 55-58.
63 E. F. Gauthier: Le Sahara, p. 97.

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abdal-lah
01/10/2010, 12:54
64 E. F. Gauthier: Le Sahara, p. 63.
65 Lhote, Henri: Ibid., p. 202.
66 Lhote, Henri: ibid., p. 202.
67 E. F. Gauthier: Le Sahara, p. 199.
68 Hernández Pacheco, Francisco: Los pozos del Sahara español e hipótesis de su construcción. <Investigación y Progreso>, enero, febrero, 1945.
69 E. F. Gauthier: Le Sahara, pp. 138 y 204. Ver también Gsell: Histoire antique de ¡‘A frique da nord, Hachette, París, t. 1, 1913.
70 Citamos por la traducción de Stephan Gsell: H&odote. Textes relatifs ñ l’histoire de ¡‘A frique du Nord, fascículo 1, Argel-París, 1916.
71 Olagüe, Ignacio: La decadencia española, Mayfe, t. IV, pp. 275 y siguientes.
72 Son debidas a la resistencia de las estructuras biológicas, sean vegetales, sean animales, que se defienden un cierto tiempo en la frontera de su óptimo, contra la presión continua del fenómeno físico. Su repentina desaparición impone una modificación del paisaje que reviste idéntica rapidez; por lo cual el empleo del término: mutación.
73 Poseen estas pinturas las dimensiones siguientes: 95 X 105. <Comprende el conjunto tres hipopótamos y tres piraguas. Parecen hechas estas últimas con materia vegetal (junco) y se relacionan con un modelo existente en ciertos monumentos egipcios. ¿Llevaban acaso una vela?... Está entortado el todo con ocre rolo (Lhote, Ibid., p. 225). Es probable que el hipopótamo no viviese en el macizo del Tasili, sino en la llanura. No puede dudarse, sin embargo, de que para esbozar su dibujo ha visto la escena el artista. Quedaron en su memoria sus rasgos principales.
74 Olagüe, Ignacio: La decadencia española, Madrid, t. IV, pp. 275 y SS.
75 E. F. Gauthier: Le Sahara, p. 32.
76 Lhote, Henri: Ibid., p. 238.
77 Olagüe, Ignacio: La decadencia española, t. IV, pp. 296.303.
78 Según Breasted, el gran historiador de Egipto, habían introducido los hititas el caballo y el carro en el Creciente Fértil hacia el 2500 a. de J.C. (The conquest of civilization). Ver nota 80.
79 Se hallan en España con abundancia los antepasados del caballo, sobre todo en el mioceno con la especie Hipparion gracile. En 1928, hemos encontrado en un yacimiento de mamíferos, cerca de Villaroya, en la Rioja, el cráneo casi completo (los dos maxilares y su completa dentición) de un Hipparion craasum, de acuerdo con la determinación hecha por el especialista en mamíferos F. Roman. (Lo hemos donado para las colecciones del Museo de Ciencias Naturales de Madrid.) Mucho más tarde, han creído algunos situar este yacimiento en el piso villafranquiense, es decir en una fecha mucho más reciente. Sea lo que sea, como también se han descubierto en las cuevas de la península dientes de Equus stennonis y los caballos están abundantemente representados en las pinturas rupestres, se puede concluir que la última evolución de esta serie ortogénica hacia la especie caballo se ha realizado completamente en España. Evoluciona el phyllura en África hacia el tipo del caballo cebrado. En el neolítico no había franqueado el Estrecho de Gibraltar el caballo europeo, o sea, el Equus caballus, pues su reproducción en las pinturas africanas aparece tan sólo al principio del primer milenio. En España ha debido de estar domesticado el caballo desde tiempo muy antiguo. Eduardo Hernández Pacheco ha descubierto en Boniches (Cuenca) la pintura rupestre de un caballo mantenido por un hombre con una corren. Parece pertenecer la pintura al fin del mesolítico.
80 Importa el esclarecer las ideas. El descubrimiento en los refugios del Sahara de la representación de carros produjo en su tiempo gran sensación que conmovió a los arqueólogos. Sabios, como Salomón Reinach y Dussaud, notaron que el estilo muy particular «de los carros cuyos caballos iban a galope largo mostraban uit neto parentesco con el galope salteado que había dado a conocer el arte micénico cretense» (Lhote). Si se comparan las pinturas saharianas con las escenas de combate o las de caza que están grabadas en los vestíbulos de los grandes templos egipcios, en Karnak por ejemplo, resulta fácil apreciar la diferencia entre los dos estilos. En éstos, se levantan los caballos sobre sus piernas como si fueran a dar un salto adelante. EL parentesco con el arte cretense parece manifiesto. Mas no hay que hacerse ilusiones. El estilo sólo demostraría una influencia cretense. Caballos y carros han penetrado en el valle del Nilo en los años 1780, con la invasión de los hicsos. (Wilson: Egypto, vida y muerte de una civilización. Citamos por la traducción francesa del editor Arthaud.) De acuerdo con la mayoría de los autores, el desembarco de <pueblos del mar> en Cirenaica data de 1200 antes de J.C. Entre estas dos fechas carros y caballos tuvieron tiempo de desparramarse por el Sahara Occidental, a pesar de los dos mil kilómetros que separan ambas regiones. El testimonio biológico es más preciso y seguro que el artístico. La llegada del caballo a las regiones del Sahara Occidental es el resultado de una emigración empezada en Asia Central hacia el tercer milenio. Se ha desplazado la especie del Este hacia el Oeste en busca de pastos; no ha sido dirigida por el hombre, por lo menos en sus principios. En razón de nuestros conocimientos mucho más escasos, el problema de la influencia de un estilo sobre poblaciones extranjeras induce siempre a la desconfianza. ¿Por qué no serían los cretenses los que hubieran aprendido de los libios el estilo del "galope a saltos"? ¿No asegura Herodoto "que han aprendido los griegos de los libios a enganchar a cuatro caballos,?" (CLXXXIX). No lo afirmamos. Hacemos la pregunta.
81 Lhote, Henri: Ibid., p. 174.
82 Etimologías, L, 14, V, 12.
83 Mon. Germ. Auct. Ant. XI, 2, p. 213.
84 Per. Hannon, 7.
85 Etimologías, L. 12, 1, 44.
86 Leer la discusión del tema en Lhote: Ibid., pp. 141-171.
87 Gsell, Stephan: Histojre ancierrne de I’Afrique du Nord, 1914, t. 1.
88 Carcopino: Le Mwoc antique, p. 138. Gsell, ibid., t. 1, pp. 59/61. Julien Guey: Milar&ges d’archéologie e: d’hi.stoire, 1939, p. 233 y Ss. Louis Lerché: P’ Fasdcule des Travaux de l’lnstitut d’ótudes sahariennes, Argel, 1942, páginas 48 y ss. Lesquier: Arrnée romalne d’Egypte, pp. 92-113. Gauthier: Le Sahara, pp. 129/141.
89 Hamada: palabra árabe que designa en el Sahara las mesetas recubiertas con grandes losas de roca calcárea. Ergs: en árabe, grandes extensiones de dunas.
90 Plinio: Historia Natural, XXX, 74.
91 Célerier: Initiation au Maroc, p. 37.
92 Marçais, Georges: Ibid., p. 23.
93 Marçais, Georges: Ibid., p. 77. Para el lector interesado en la moderna ecología del Norte de África y del Sahara, recomendamos el estudio hecho por el profesor Louis Emberger: Alnque ¿u Nord Ouest, publicado por la UNESCO en sus investigaciones sobre las zonas áridas: Ecologie Végétale, 1955, t. VI, p. 219. La ecología contemporánea es el producto de la evolución del clima en la historia. Permite por lo tanto esclarecer algunos problemas retrospectivos. Señalamos el siguiente dato que permite al autor una comparación entre la meseta ibérica y el Norte de África. cOn a beaucoup discuté pour savoir si l’Espagne centrale (Madrid) ese originellement asylvatique ou non. Or, ji existe en Alrique da Nord des régions boi,sées ayant le mame quotient (relación algo compleja que establece el autor entre las temperaturas mínima y máxima con el grado de humedad y sus variaciones correlativas) que Madrid. Donc, les asteppes» es pa gnoles reprásentent un tat de dégradation lores. ttere, como le pensait Huguet de Villar


FIN DEL CAPÍTULO 5

abdal-lah
05/10/2010, 18:26
Capítulo 6

Los Árabes no invadieron jamás España

Ignacio Olagüe


EL COMPLEJO RELIGIOSO

La competición religiosa entre trinitarios y unitarios, a lo largo de la Edad Media. Origen y divorcio de estas dos concepciones religiosas. La concepción trinitaria se impone en Occidente, el monoteísmo unitario en Oriente. Poseía éste mayores bienes materiales y una mucho mayor cultura intelectual. El prejuicio occidental es responsable de la minoración de este hecho por parte de los historiadores; lo que ha empañado el conocimiento de la verdadera evolución de las ideas en el curso de la Edad Media.
La rivalidad milenaria entre las civilizaciones semitas e indoeuropeas. Monoteístas unitarias las primeras, son polígamas; las segundas, trinitarias y monógamas. Esta divergencia fue acentuada por la predicación de San Pablo sobre el sexo.

La génesis de la concepción trinitaria de la divinidad. La oposición del arrianismo. Su propagación entre los polígamos. El sincretismo arriano es un estado anterior al sincretismo musulmán.

Las zonas de metamorfismo: regiones intermedias entre los territorios en donde se han desarrollado grandes civilizaciones. Pueden en ellas las ideas-fuerza contrarias oponerse y a veces fundirse en un nuevo concepto. En Occidente fue la Península Ibérica una zona de metamorfismo en donde el sincretismo arriano evolucionó hacia el Islam.
En el siglo IX, cuando Asia Menor se había convertido en un campo de batalla en donde se enzarzaban el basíleus bizantino y el califa de Bagdad, concluían a veces los dos combatientes un armisticio y procedían a un intercambio de prisioneros. Negociaciones tantas veces repetidas se convirtieron en un protocolo: Se tomó la costumbre de efectuar el trueque en la frontera de Cilicio, en un lugar situado a una jornada de la ciudad de Tarso. Servía el río Lemnos de línea de demarcación. Dos puentes habían sido construidos: uno para los romanos (con este adjetivo se denominaba entonces a los bizantinos), otro para sus adversarios. Debidamente alistados por una comisión mixta, se apresuraban los prisioneros en ambas orillas. Ora uno, ora otro, se llamaba a un cristiano y a un musulmán. Cuando atravesaban su puente, en su alegría de verse libres y de volver a sus hogares, testimoniaban los unos la grandeza de Alá, glorificaban los otros a la Santa Trinidad 94.

Refleja la anécdota la mentalidad que ha dominado a los pueblos mediterráneos a lo largo de la Edad Media. Era el fruto de una competición religiosa entre el monoteísmo unitario y una concepción trinitaria de la divinidad. Discusiones teológicas los habían dividido en bloques irreductibles. Desgraciadamente, no era esta rivalidad de orden estrictamente espiritual o intelectual; derivaba hacia la violencia. Finalmente condujo la pasión a un estado de guerra permanente entre los dos bandos, acción que impulsaban también otras razones, menores o gravísimas, como la llegada de la sequía que empujaba a los turcos hacia el oeste. Con sus más y sus menos se mantuvo esta beligerancia desde el siglo IV (Concilio de Nicea) basta la batalla de Lepanto. El desconocimiento o una incomprensión de esta situación ha inducido a errores de bulto. Pues, si se aminora su importancia, se desacopla inmediatamente el sentido de la evolución histórica de la Edad Media.

Para situar en sus límites exactos los términos de esta rivalidad y apreciar su relación o su influjo en los acontecimientos, se requiere abarcar el problema en su conjunto, en amplio panorama. Dos principios determinan su esencia y evolución:

1. La lenta ascensión del monoteísmo en detrimento del politeísmo, el cual, a veces complejo, ha arraigado en la mentalidad de las masas mucho más tiempo de lo que se había creído hasta ahora.

2. El divorcio que se ha establecido desde el siglo IV entre los monoteístas partidarios del dogma de la Santa Trinidad y los monoteístas adheridos al unitarismo, cuyas creencias heterodoxas en relación con el cristianismo romano quedarán más tarde absorbidas por el sincretismo musulmán.

Dominado por el determinismo geográfico, atemorizado por las cóleras de la naturaleza, achicado ante sus manifestaciones, aun ante aquellas que nos parecen hoy día pueriles, desorientado por la incomprensión de los fenómenos inherentes a su propia vida, paralizado con demasiada frecuencia por el miedo, ha creído el hombre primitivo distinguir en las fuerzas físicas del mundo colindante seres superiores a los que debía reverenciar y rogar, como si fueran uno de sus semejantes investido de un gran poder.

Se fue desenvolviendo el politeísmo de acuerdo con el genio de cada raza y así adquirió formas muy diferentes, cuando la base para todos era la misma. Se ha impuesto esta mentalidad en gran parte de los tiempos históricos. Estudian hoy día los sociólogos su influjo en las masas contemporáneas, en las muchedumbres de las naciones industrializadas de Occidente. Sin duda alguna ha tenido largo alcance en la formación de las estructuras de las grandes civilizaciones.

Durante mucho tiempo, con el candor de los primeros historiadores cristianos, se había creído que el politeísmo y sus diferentes manifestaciones más o menos transformadas o «rechazadas», habían sido disueltos por la predicación de la nueva doctrina monoteísta. Sabemos hoy día que no ha sido así. Han resistido por muchos siglos al empeño de la enseñanza cristiana y más tarde musulmana. Volveremos sobre el tema en el capítulo próximo, cuando describamos la evolución de las ideas religiosas en España.

Por ahora, nos basta recordar que en sus grandes líneas esta rectificación había sido ya iniciada en el siglo pasado. «Grecia, escribía Renan, se ha mantenido en sus viejos cultos, que solamente abandonó en mitad de la Edad Media y con desgana evidente»95.
Ocurría lo mismo en Bizancio y en su imperio.

«Estaba muy extendido el paganismo, advierte Louis Bréhier, en la alta sociedad y en las campiñas, a pesar de los edictos imperiales, en Grecia, donde la universidad de Atenas constituía su último refugio, en Egipto, en Siria, en Constantinopla, en cuya universidad enseñaban todavía en cátedras oficiales maestros paganos. Obligada a cierta tolerancia se veía la acción del gobierno rebasada por explosiones de furor popular que ensangrentaban las ciudades. Una tentativa como la de Pam precios para restablecer el culto abolido demuestra que a finales del siglo V la cuestión del paganismo se guía siempre candente»96.

Si tal era la situación en Oriente, ¿qué sería en Occidente, culturalmente mucho más atrasado?

Lentamente, la mentalidad primitiva que mezclaba impresiones, sentimientos e imágenes, poco a poco se adiestró en conceptos abstractos. Alcanzó el razonamiento un rasgo peculiar propio del hombre blanco: Era el principio de causalidad que empezaba a difuminarse en medio de las tinieblas de la prehistoria. Con el transcurso de los milenios consiguió diluir ciertas prácticas infantiles y crueles. Inteligencias superiores lograron fundir en un solo concepto las potencias múltiples que la fantasía humana había vislumbrado en los árboles, en los riachuelos, en las fuentes, en la majestad de la luna o en las radiaciones solares. Cuajó la noción de un dios único en ciertos espíritus distinguidos. Aparecen los primeros balbuceos de esta idea-fuerza en tiempos de las grandes dinastías de Egipto; es decir, en fecha muy anterior a la llegada de Abraham a tierras de Canaán. Para los iniciados, para los sacerdotes que gobiernan la nación, sólo existe una substancia que se engendra eternamente. Para la masa que no alcanza estas sutilezas, Ré, el sol, es la material manifestación de esta potencia y lo adoran las muchedumbres como si fuera un verdadero dios. Es pro. bable que en razón de la oscuridad de los textos, siempre difíciles de interpretar correctamente, no surja el concepto con la nítida precisión que hemos expuesto; mas la mayoría de los historiadores de la civilización egipcia están de acuerdo con el hecho del brote de tallo aún tiernísimo. No existe hoy duda alguna de que estos primeros rudimentos de la concepción monoteísta han sido heredados por otros pueblos que mantenían con Egipto estrechas relaciones97.

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abdal-lah
05/10/2010, 18:29
Con muchas otras riquezas materiales e intelectuales, de Egipto recibieron los griegos la concepción de un principio superior y transcendieron la idea sus filósofos en un axioma metafísico que ha modelado las culturas que heredaron o siguieron sus enseñanzas. Sabido es el papel desempeñado por Platón y por Aristóteles en la evolución de las ideas cristianas. La distinción entre un ente superior y un inferior que tiene a su cargo las desgracias humanas es un concepto cuyo origen debe de ser egipcio, emparentado con Ré emanación de un móvil eterno, alelado de la tierra y de los problemas terrenales. Sea lo que fuere, desarrolló esta enseñanza Platón en el Timeo. Posee el Ser Supremo un obrero, un demiurgo que ha construido el mundo y la tierra. Como no es tan perfecto como el que le ha engendrado, su obra contiene aciertos y defectos; de aquí las bellezas y las miserias de la vida. De este modo cargaba el demiurgo sobre sus anchas espaldas el problema del mal, secuela de la idea de un dios perfecto, que perturbaba entonces a los monoteístas. Para la escuela de Alejandría, este intermediario que se designa con diversos nombres: la Luz, el Verbo, el Logos, emana directamente del Dios Único, pero no posee su naturaleza divina.

Para los Cristianos de los siglos II y III que son los creadores del dogma, el Logos o el Verbo es Cristo. Con el Padre y el Espíritu Santo forman una Trinidad, un solo dios en tres personas. Pero este concepto base de la teología cristiana no fue unánimemente admitido por los adheridos a la nueva fe, fueran Padres de la Iglesia o fieles modestos. Una larga controversia tuvo lugar a lo largo del siglo III. Se hizo necesario un concilio general. Tuvo lugar en la ciudad de Nicea, en el año 325. Una importante masa de disidentes se opusieron a sus enseñanzas y siguieron las directrices de Arrio y de otros heresiarcas. Desde entonces quedó manifiesta la división de los monoteístas. Ya no revistieron las discusiones caracteres académicos. Los discursos en las iglesias y los escritos se transformaron en actos agresivos, manu militad. Ambas partes quisieron lograr el triunfo de sus ideas en el campo de batalla.

De los egipcios también recibieron los hebreos la enseñanza de un principio único y superior; mas, en razón de su propio genio rechazaron la interpretación esotérica y luego metafísica que tuvo en tiempos de la Escuela de Alejandría. En lugar de ser un ente abstracto que se manifiesta por una o más emanaciones de su persona, el dios de Israel es providencial. En realidad se trata de una concepción antropomorfa. Jahvé cuida de su pueblo como un burgués de su Jardín. Se pone alegre cuando se abren y rompen flores bellas. Se enfada cuando la cizaña amenaza con abogarlas. Mas, en sociedades predispuestas a un sentimiento religioso estrecho, lo que generalmente ocurre cuando se anquilosa el dogma, conduce fatalmente este antropomorfismo a actos sociales y políticos, inconcebibles en un principio. Era Israel el pueblo elegido de Dios. Ha sido causa esta ilusión de desgracias incontables; tanto más que fue heredada por los monoteístas posteriores, los cuales la transcendieron a un plano intelectual. Ellos sólo estaban en posesión de la verdad, los que no participaban de sus ideas estaban en el error y vivían en las tinieblas. Las consecuencias de tal desatino, pecado de orgullo, eran fáciles de deducir: Cuando se dividieron los monoteístas en el siglo IV con motivo del dogma de la Trinidad, se agredieron mutuamente con ferocidad.

Se hicieron guerra sin piedad; de tal suerte que a finales de siglo pudo escribir el historiador latino Amiano Marcelino: «No hay bestias tan crueles para con los hombres como la mayo ría de los cristianos lo son los unos para los otros». Proclamábanse estos fanáticos discípulos de Cristo, sus actos y sus escritos pocas relaciones tenían con las lecciones del Maestro. La intransigencia y la maldad habían borrado de sus corazones las dulces palabras del Evangelio. Poca semejanza tenían sus pensamientos y sus escritos con las enseñanzas de los filósofos paganos que citaban para darse postín de hombres cultos. Desde el siglo IV hasta el fin de las guerras de religión en el siglo XVII, la persecución religiosa ha asolado el Occidente trinitario y el Oriente unitario. Enfrentó entre sí a los monoteístas: ortodoxos contra heterodoxos, cristianos contra musulmanes, chiitas contra sunitas 98.

Gravísima consecuencia tuvo este estado de opinión en la evolución histórica de la humanidad blanca. En razón de una divergencia cada vez más acentuada, se aislaron las dos ideologías, sin contacto la una con la otra. Ignoraron los cristianos los esplendores de la civilización árabe, cuando alcanzó las altas cumbres; lo que no deja de ser notable en el caso de los bizantinos que nada de ella aprendieron a pesar de su vecindad y de sus relaciones con sus antiguas provincias. Más tarde ocurrió lo mismo con los musulmanes, los cuales tampoco quisieron saber de la evolución de las ideas en las naciones cristianas, al llegar los tiempos modernos.

Existieron también otras razones que han alentado esta oposición; mas, desde un sencillo punto de vista descriptivo, en amplio panorama, hay que reconocer este hecho: la creencia de poseer la verdad, la única verdad, era en gran parte responsable de esta mutua animosidad, al enfrentarse dos sociedades poseedoras cada una de su propia verdad. Tanto es así que el contacto de ideas entre las dos pudo llevarse a cabo en lugares en donde por obra de circunstancias especiales se encontraba atenuada la tensión religiosa. Así en España, que en cierto momento de la Edad Media fue un no man’s land, una tierra de nadie entre ambos adversarios. Corto resultó este tiempo de ósmosis, aunque fecundo. Pues fue ahogado por la reacción confesional. De una parte, en el bando mahometano por almorávide y almohade que destruyeron la cultura arábigo-andaluza; por otra parte, por la Reforma de Cluny en el momento álgido de la cruzada franca hacia el sur, la que rechazó con horror las concepciones filosóficas y gran parte de las culturales del genio andaluz perseguidas por sus teólogos y sus gentes de armas. De tal suerte que lograron estos conceptos mantenerse en el curso del tiempo e influir en las generaciones posteriores, a costa de disfrazarse y enmascararse en los juegos y fuegos artificiales del Renacimiento. Tan hábilmente fueron colocados máscaras y disfraces que hasta nuestros días se desconoció su origen y ascendencia.

Se ha mantenido hasta nuestros días el impacto de este criterio. Prejuicios tenaces han dominado los espíritus, hasta las mentes más liberales, no sólo a lo largo del siglo XIX, sino también la gran mayoría de los historiadores contemporáneos. Se trata de la deformación de una perspectiva histórica que se traduce por un exceso de occidentalismo. Se había creído que el Renacimiento había heredado directamente las enseñanzas de la civilización griega, después de un largo período oscuro peyorativamente denominado: «edad de hierro». Por estimación o por amor propio mal entendido, se había exagerado el concepto según el cual el cristianismo era el heredero directo del genio helénico; Santo Tomás, el sucesor verdadero, es decir, sin intermediario alguno, de Aristóteles. Por no haber valorado en sus estrictos términos el hecho de la división de los monoteístas, se había desestimado la evolución de las ideas en todo el ámbito de la cuenca mediterránea. Se había desconocido el enorme progreso realizado en el campo unitario en todas las disciplinas y de modo particular en las científicas. Si nos referimos, por ejemplo, a las matemáticas, las que por su naturaleza no suscitan pasión alguna, sea política o confesional, se os asegura aún hoy día en la mayoría de los textos que había proseguido Galileo los trabajos empezados por Arquímedes en el siglo III antes de J. C... La mayor parte de la historia de las ciencias se había escamoteado.

Era también responsable de este error de perspectiva la incomprensión del papel desempeñado por Roma en su acción de crear el Imperio. Había conseguido confederar las ciudades y las provincias situadas a orillas del Mediterráneo. Mas, en razón de la simplicidad con que se concebían antaño los hechos históricos, se había creído que la potencia político-militar y la creación de ideas componían las dos caras de una misma medalla; es decir, la estructura de una civilización. No era así. Han existido civilizaciones muy importantes—acaso las más fecundas—, cuyas sociedades jamás consiguieron una hegemonía militar, ni tan siquiera a veces el equilibrio de un orden político. Nunca dominó Atenas el ámbito helénico por la fuerza de las armas. Roma había solamente establecido la paz en el Mare Nostrum. Había permitido esta unificación una mayor inteligencia entre sus partes orientales y occidentales. Era preciso desechar demasiadas ilusiones. Habían adquirido ciertas provincias de Occidente una enorme potencia material que se traducía, verbi gratia en la Bética, por una fuerte demografía, amplios negocios y gigantescos trabajos como los de Rió Tinto. Personalidades distinguidas nacieron en dicho ámbito, así un Trajano; destacaron genios cual Séneca. Sus poblaciones no poseían ni la tradición, ni la condensación intelectual requerida para que el aliento creador lograse brotar y desarrollar de tal modo que arrastrase a las masas ciudadanas.



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abdal-lah
05/10/2010, 18:50
Era la situación muy parecida a la existente en los tiempos modernos en América, comparándola con Europa. A pesar de sus iniciativas en las materias más diversas, hasta ahora ha estado siempre circunscrito el fluir de las ideas a la vieja feracidad de nuestro continente. En mucho tiempo y de modo parecido ha gozado el Oriente mediterráneo, es decir, en la mayor parte de la Edad Media, de una savia vivificante que ha fecundado los siglos posteriores; mientras que sólo mantenía Occidente un precario statu quo. ¡Y aún! No consiguió conservar en su pureza la lengua latina. Fue a partir del siglo X cuando gérmenes nuevos empezaron a brotar y a florecer en Andalucía; lugar que había constituido siempre una excepción en Occidente. Permitió este impulso en el siglo XI dar vida a lo que Vossler ha llamado el «primer Renacimiento».

No fueron testigos los siglos de la hegemonía romana de la labor creadora del genio ni en las artes, ni en las ciencias, ni en la filosofía. Cierto, existieron movimientos de ideas cuyo impacto alcanzaría a las futuras generaciones. Era la segunda época de la Escuela de Alejandría, en la que un Filón y un Plotino con su neoplatonismo tanto impulsarían el desarrollo de las ideas religiosas. Fueron los Padres de la Iglesia quienes articularon el dogma cristiano; los trabajos de Diofanto y Teón (siglos III y IV) iban a permitir en tiempos posteriores la aparición del álgebra. Mas, si se prescinde de la efervescencia poética del siglo de Augusto, el centro del hervor de las ideas se hallaba en Oriente.

Nada similar se manifestaba en Occidente. Ni el genio de un San Agustín, ni la poesía de un Prudencio eran capaces de desviar o de modificar la expansión de las ideas que llegaban arrolladoras desde Oriente.

Inexacto era calificar la Edad Media de «edad de hierro», por lo menos en lo que concierne a Occidente. No habiendo existido un estado anterior de superioridad, difícil era situar este decaimiento. Si decadencia había era estrictamente material, económica, social y política. Tan sólo fue en épocas muy posteriores, a finales de la Edad Media, a excepción de España, cuando la vida intelectual consiguió arraigar. Al contrario, había conocido Oriente la cultura helenística en todo su esplendor, la efervescencia de la bizantina. Se condensaban allí los elementos que iban a brotar en maravilloso florecimiento: la civilización árabe.

Volvamos para orientarnos a la evolución de las ciencias matemáticas que nos puede servir de hilo conductor. Los antiguos, los hebreos, los griegos, los romanos, empleaban letras para señalar números. Desconocían el cero y el empleo de los decimales. De este modo se encontraban enfrentados con problemas insolubles que resuelve hoy día con facilidad un joven escolar. Fueron los monoteístas antitrinitarios, directos herederos de las enseñanzas de la civilización helénica, quienes lograron sacar las ciencias del pozo en que se hallaban metidas. Establecieron las bases de un nuevo idioma matemático.

Crearon signos especiales para determinar cifras. Concibieron los matemáticos hispanos, musulmanes y judíos, un nuevo procedimiento operatorio en función del cero. Aprendieron a multiplicar y a dividir, a aplicar los nuevos signos y el nuevo lenguaje al álgebra y a la trigonometría; en una palabra, crearon la aritmética que sirve de base a las matemáticas modernas. Por consiguiente, volvía Galileo a estudiar las cuestiones de física que había barruntado Arquímedes; mas, cuando no sabía el Antiguo multiplicar ni dividir, empleaba el Moderno el cálculo que utilizamos en nuestros días. Se enfrentaban los dos sabios con los mismos problemas, pero Galileo podía resolver los que eran insolubles para Arquímedes por la sencilla razón de que gozaba del uso de una ciencia que había requerido a la humanidad nada menos que dos mil años de esfuerzos.

Asimismo, deformaba este error de perspectiva la comprensión de la evolución del pensamiento religioso. Los heréticos orientales—por lo menos aquellos que pertenecían a movimientos importantes como el arrianismo—, no eran unos vencidos como se ha escrito demasiadas veces. Si sus ideas no arraigaron en Occidente, no se debiera ignorar la extraordinaria expansión que tuvieron en Oriente y el papel que desempeñaron en la formación de una de las más importantes religiones e a tierra, el Islam. Pues ellas fueron la base que permitió la estructura de la civilización árabe.

Era esta desacertada concepción el resultado de una enseñanza tradicional. No podía inculparse a una escuela, ni a una opinión envenenada por la polémica. En estos términos se expresaba hace unos años en una obra importante un autor que admiramos y que ha sido renombrado por su independencia de juicio:

«Sin aminorar nuestra repulsión por las calumnias con las cuales se ha querido empañar la memoria de los heréticos, escribe Pierre Lassère en 1925, tenemos que reconocer entre los ilustres adversarios que les combatieron.., mayor número de hombres de altura que entre ¡os disidentes. Han discernido mejor la vía de la humanidad. Han desbrozado el camino y preparado el futuro a una religión civilizadora, heredera de la unidad romana, sola en defender entonces el mundo de la barbarie... Y más lejos: En tiempos de los Padres, estaba el cristianismo en competición con otros cultos, su filosofía en oposición con otras filosofías que trataba de eliminar. En la época escolástica ya se ha realizado la eliminación. Ha vencido el cristianismo. Es la religión, la sola filosofía 99.

Se transluce claramente en estas líneas el error de perspectiva mencionado. Para el autor la humanidad es una parte de Occidente. Pues el criterio expuesto por Lassére es exacto, qué duda cabe, pero tan sólo para algunas regiones de Europa en el curso de la Edad Media. No puede extenderse al continente. Si fuera así, el problema que representa la España herética y musulmana no podría concebirse, ni entenderse. Los grandes maestros de la escolástica, los Alberto Magno, los Tomás de Aquino, han precisamente afilado sus plumas para combatir ideas que desde España habían irrumpido por doquier. Por otra parte, para el actual pensador, para el historiador contemporáneo la humanidad no es sólo Occidente, sino el conjunto de las civilizaciones que han amanecido en la tierra.

Durante la Edad Media han existido algunas como la china y las indostánicas equiparables sino superiores a la que se condensaba modestamente en nuestras comarcas. Ninguna de ellas era monoteísta. ¿En qué ha vencido el cristianismo a los heréticos partidarios del unitarismo? Salvo en Occidente, ¿no sería mis bien lo contrario...? Ha asimilado el Islam en Asia y en África a millones de seres que eran cristianos, aunque tuvieran en ciertos asuntos un criterio distinto del sustentado por Roma. Y esto sin contar a los heterodoxos griegos.

Ha heredado el Occidente cristiano la ciencia y la filosofía árabe que le puso en conocimiento de la filosofía griega. Por lo tanto se debe desechar el prejuicio occidental y elevar la proyección histórica. La querella que dividía a los monoteístas interesaba al conjunto de los hombres blancos. Por esto, cuando los efectos de esta rivalidad se hubieron aminorado y la imposición del cristianismo sobre la vida intelectual hubo perdido la fuerza que tuvo en la Edad Media, pudo propagarse la herencia de las civilizaciones griega y árabe. Se condensó un ambiente creador: Surgió el Renacimiento.

Ha enseñado el historiador norteamericano Breasted que, para alcanzar el sentido de la evolución del mundo antiguo, era menester concebir ‘los pueblos de aquellos tiempos como si hubieran constituido dos ejércitos gigantescos que se hubieran opuesto por milenios:

Eran los semitas en lucha contra los indoeuropeos. Por nuestra parte, hemos transpuesto en nuestros trabajos los caracteres restrictivos de esta concepción a un horizonte más amplio. No son los cuerpos de ejército, sino las civilizaciones, las que desde cliii milenio hasta el siglo XVI pueden agruparse en familias de las cuales se conoce la filogenia. En otros términos, se podría condensar la historia del hombre blanco en estas breves palabras: Ha sido el resultado de una larguísima competición entre las familias de las civilizaciones semitas y de las indoeuropeas, desde la aparición de la escritura hasta hoy.

En un principio se manifestó esta rivalidad en Asia; luego, desde el primer milenio el frente se extendió poco a poco por las orillas del Mediterráneo. Los indoeuropeos, llegados por el valle del Danubio, dominaron las regiones situadas al norte del mar; los semitas el litoral del sur. Por turno, conocieron ambos adversarios momentos de apogeo y de crisis; pero con la proximidad de la era cristiana, de acuerdo con el estiramiento del frente hacia el oeste, parecía que los semitas se hallaban en inferioridad. Después de haber estado separados por el mar un cierto tiempo, volvieron a encontrarse ambos adversarios, entonces representados por griegos y cartagineses, en tierra firme, sobre el suelo de España.

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abdal-lah
05/10/2010, 18:52
Desde un punto de vista militar parecen haber perdido la partida los semitas. Anteriormente vencidos por los hititas, lo son de nuevo por los persas, por Alejandro y sus generales, y al fin por los romanos. Por causas que aún son oscuras, no consiguieron estos últimos a pesar de sus empeños sucesivos reconstituir el imperio efímero del Macedonio. Fueron sumergidos no sólo por una nube de combatientes, sino, hecho más grave, por una riada de ideas orientales que rompió sobre Occidente, anegándolo todo. Luego de una larga y confusa situación que siguió a la dislocación del Imperio Romano, se condensó una nueva civilización en estas tierras profundamente abonadas por culturas anteriores. Tomó la ofensiva el Islam. Se hizo el amo de Oriente y la milenaria competición entre indoeuropeos y semitas de nuevo prosiguió hasta el siglo XVI, en que la batalla de Lepanto puso término a su hegemonía militar y a su expansión hacia el Oeste.

No podemos ahora describir los diversos rasgos que han caracterizado en el curso del tiempo a estas dos familias de civilizaciones. Nos basta precisar para la claridad de esta exposición que la última fase de esta competición ha tenido lugar en las regiones mediterráneas. Se habían convertido los semitas al unitarismo y conservaban la tradición jurídica polígama, mientras que los indoeuropeos habían sido conquistados por las ideas trinitarias y conservaban su tradición jurídica monógama100.

En el estado actual de los conocimientos no se puede desconocer, como lo ha hecho la historia clásica, la existencia de la vida sexual y el papel que ha desempeñado en la estructura de las civilizaciones. Están de acuerdo hoy día los antropólogos en reconocer que en las tribus salvajes los tabúes de orden sexual sólo han existido en número muy restringido de sociedades. Tal como se presenta aún en nuestros días en Occidente el problema, hay que reconocer que está circunscrito a las zonas de su influencia cultural.

Desde un punto de vista más general, en razón de la herencia, del clima y de otros factores que ignoramos, se han desarrollado las familias en cada región con caracteres diferentes. Aquí dominaba la poliandria, allá florecía la poligamia, ahí era la monogamia la que se había convertido en una costumbre social. Entonces, para alcanzar una adecuada comprensión de las ideas al principio de la era cristiana, conviene apreciar en su justo valor las consecuencias del impacto causado por el problema de la cuestión sexual en la división de los monoteístas.

No presentan dificultad alguna los textos cristianos primitivos, pertenecientes a la tradición israelita, por la sencilla razón de que acatan la ley judía, la que según los Evangelios siempre ha reconocido y observado Cristo. Era polígama, como la de los pueblos semitas. Al contrario, aquellos que han sido redactados por intelectuales israelitas influidos o asimilados por la civilización griega, o por verdaderos occidentales, plantean un problema desconocido hasta entonces o por lo menos en términos jamás empleados. Ha sido sobre todo obra de San Pablo que era un judío helenizado. Era lógico que predicara las ventajas de la monogamia, como lo ha expresado en la segunda parte de su primera Epístola a los Corintios. Mal se concibe que un misionero para atraer prosélitos pertenecientes a una nación más culta y desarrollada que la suya, hubiera empezado por asombrar a su auditorio exponiéndole doctrinas opuestas a su tradición cultural y a sus costumbres familiares; lo que en este caso constituye un acto mucho más grave que la exposición de nuevos conceptos religiosos. Pues goza el espíritu en una gran proporción de una mayor plasticidad que el cuerpo, plasticidad que éste no posee, esclavo del hábito. Tanto más que el auditorio griego del Apóstol sabía que pertenecía a una nación en donde existía el principio jurídico polígamo. Es probable que en razón de sus convicciones particulares no pudiese escapar el orador a cierto complejo de inferioridad: «Cierto, parece afirmar. Pertenezco a una sociedad polígama, pero personalmente soy monógamo como ustedes». Más aún, insistía el Apóstol, como si quisiera defenderse de las probables censuras que le harían sus compatriotas, «soy como ustedes monógamo, pero ante todo predico las virtudes del celibato y la superioridad de la continencia».

Esto era lo nuevo en la predicación de San Pablo. Gozaban estas ideas de larga ascendencia en las civilizaciones semitas. Se ha dicho, es verdad, que la escuela de Pitágoras había predicado la ascesis y la continencia. Pero, como su ciencia, esta enseñanza tenía un origen oriental. Como el gnosticismo y afines que tanta influencia tuvieron sobre los cristianos de los primeros siglos, su origen «debía de buscarse en una tradición mágica procedente de los tiempos más lejanos»101. Parece que últimamente habían reverenciado estas ideas los esenios, pero fue San Pablo quien primero las propagó en el mundo indoeuropeo de Occidente. Mas añadía algo de su cosecha. Mudos son los Evangelios acerca de la constitución jurídica del matrimonio, fuera monógama o polígama. No ha condenado Cristo la institución familiar de su pueblo, que era la norma de los semitas y que ha seguido siéndolo hasta nuestros días. Tampoco se encuentra en los textos evangélicos nada que se parezca a los elogios del celibato y de la continencia predicados por el Apóstol.

En los tiempos antiguos y por todo el ámbito de la tierra se explayaba con entera libertad la vida sexual. Las barreras actuales establecidas por la sociedad occidental son recientes desde un punto de vista histórico. El problema sexual, de existir, estaba restringido al mínimo. Pero no tenía relación alguna su acción con el estatuto jurídico, monógamo o polígamo, de la sociedad. Trataremos de este tema en otro capítulo por su importancia en la historia de España. Por el momento nos basta apuntar que esta institución legal era la consecuencia de una concepción propia acerca de la vida y de la constitución de la familia dentro de la tradición de una civilización.

Lo importante y lo grave de las enseñanzas de San Pablo era la inserción de la continencia entre cuestiones meramente religiosas y teológicas, pues apuntaba contra la sociedad en cuanto a la constitución de la familia y de la procreación. Desde entonces, posición tanto más reforzada por el gnosticismo y afines, ha tenido tendencia el cristianismo, según el fluir de la moda en los tiempos históricos, a fomentar la concepción según la cual la virginidad, la continencia y el celibato eran estados considerados como superiores al matrimonio. Siendo así, como todo cristiano debe anhelar la mayor perfección posible, ha de huir de este sacramento. Los excesos de los dualistas, gnósticos y otros, que predicaban el suicidio colectivo, por falta de procreación, con lo cual se conseguía de una vez para siempre acabar con el problema del mal en esta tierra, era la sencilla deducción del principio predicado. Pero, como la doctrina era antinatural y antisocial, ha sido combatida en todos los tiempos por los poderes públicos. Fatalmente tenía que desmerecer en ciertos momentos, para renacer más tarde como una explosión en los tiempos de histerismo colectivo. Como el principio se encontraba en la doctrina predicada por San Pablo, se prosiguieron las discusiones hasta los tiempos modernos. Así Calvino, condescendiente, rebajándose a ocuparse de los asuntos prácticos de la comunidad, concibió la fantástica ordenanza según la cual se regulaban, sin concupiscencia y sin voluptuosidad alguna, el modo, uso y disciplina de los deberes conyugales que debían cumplir los desgraciados burgueses de Ginebra.

Es posible que fuera Zoroastro responsable de esta mentalidad. Sus enseñanzas o por lo menos una parte habían sido asimiladas por ciertas minorías judías y probablemente no eran desconocidas de Pablo de Tarso. Florecían en consonancia con las oleadas de la moda que ponía en el candelero las extravagancias gnósticas.

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abdal-lah
05/10/2010, 18:55
Ascetas, anacoretas, comunidades que vivían en lugares rupestres para dedicarse a la oración y adiestrarse en ejercicios ascéticos, han existido desde tiempos muy antiguos. Si sabemos que han arraigado estas manifestaciones y se han propagado en los pueblos semitas, también nos consta en contrapartida un hecho cierto: la existencia de una estricta minoría que para cumplir estos fines vivía apartada de la sociedad.

Por el contrario, la predicación de San Pablo a los pueblos indoeuropeos se esfuerza en convencer al cristiano de una nueva concepción antropológica: la superioridad de la virginidad y del celibato sobre el matrimonio. Pero este cristiano no debe encerrarse en un templo o aislarse en una cueva. Es menester que recorra las calles, que frecuente las más diversas clases sociales; en una palabra debe emprender un intenso apostolado102. Como lo hemos estudiado en otro lugar, se desprende de esta enseñanza un nuevo misticismo, un misticismo de la acción propio de los pueblos indoeuropeo en contraste con el del éxtasis genuino de las civilizaciones semitas103. Es posible que no haya sido San Pablo el primero en predicar estas ideas a los pueblos indoeuropeos.

Lo que importa para el historiador es que estas ideas han sido aceptadas posteriormente por el cristianismo occidental. Mas entonces, alcanzaba la competición entre los monoteístas un carácter que no había revestido hasta el momento la rivalidad milenaria entre semitas e indoeuropeos.

Desde un estricto punto de vista occidental el hecho de la doctrina no adquiría en la práctica ninguna mayor dificultad. Habiéndose convertido la enseñanza de San Pablo en la base del dogma cristiano, el problema histórico hubiera alcanzado importancia grandísima si se hubiera extendido a la totalidad de la raza blanca. Pasaba desapercibido al circunscribirse a los discípulos trinitarios del Apóstol, los cuales indoeuropeos vivían en Occidente. En la milenaria competición que había enfrentado los semitas polígamos a los indoeuropeos monógamos, se habían opuesto de modo natural estas dos concepciones de la familia, como un carácter diferencial cualquiera.

Se era monógamo o polígamo, lo mismo que se nace en una familia pobre, rica o principesca. Hasta la era cristiana, semitas e indoeuropeos habían vivido en territorios ampliamente delimitados por la geografía. Con la dislocación del Imperio Romano esta situación se transformó. En ciertas regiones, en Asia o en Europa, en España o en el Irán, que en la época eran zonas de metamorfismo, semitas e indoeuropeos, polígamos y monógamos, unitarios y trinitarios, se hallaban entremezclados en una misma sociedad. Entonces alcanzó la competición enorme complejidad y a veces la pasión inflamó las poblaciones divididas en un mismo lugar. Ya no eran un estado jurídico, ritos, cultos que se oponían, sino una diferente concepción de la vida.

Para comprender las dimensiones de esta divergencia basta confrontar la enseñanza de San Pablo en sus Epístolas con la de Mahoma en el Corán. Para el primero, la ascesis y la continencia, es decir, el esfuerzo de la voluntad para alcanzar un estado fisiológico antinatural—pues el hombre ha sido construido para el amor y para asegurar su descendencia—, está considerado como un ideal que debe perseguir el cristiano para tener derecho a los goces eternos. ¿No es la obra de la carne el pecado de la humanidad? Afirma el Corán lo contrario:

Cuando es realizado conforme a la ley natural, no presenta el acto sexual carácter alguno reprobatorio; es agradable al Señor, el cual, decimos nosotros, es responsable al fin y al cabo de la constitución fisiológica del hombre. Más aún: «Cada vez que hacéis la obra de la carne, dais una limosna:». La limosna es la creación de la vida104. Según esta enseñanza se convierte el individuo en un justo, no porque ha refrenado, «rechazado» o desvirtuado sus legítimos impulsos sexuales, sino por la honestidad de su existencia. Tal es el ideal que es menester lograr, objetivo por otra parte mucho más accesible que la continencia al común de los mortales. Pues Dios ha hecho partícipe al hombre de los placeres de la lujuria para que tuviera un precedente anticipado de los gozos que le esperan después de la muerte si por sus actos merece franquear las puertas del Paraíso.

La oposición entre estas dos concepciones no podía perturbar la sesera del burgués que en la Edad Media moraba en Paris a orillas del Sena, ni la del creyente que en la misma época se albergaba en Bagdad, a orillas del Tigris. No era lo mismo para las poblaciones que vivían en zonas de metamorfismo, como en España, en donde competían ambas religiones. Entonces ya no se trataba de una lucha estrictamente espiritual. Un complejo de orden sexual dominaba las masas y sus reacciones. De aquí la complicación del problema religioso. Tal fue sin duda la situación en las provincias asiáticas de Bizancio antes de la explosión del sincretismo musulmán. Tal fue sin duda el caso de España en la Edad Media, en el curso de la cual una oleada lujuriosa polígama dominó por de pronto el país por varios siglos, para ser luego «rechazada» insensiblemente a partir del siglo XIII por otra oleada ascética monógama. Si no se aprecian las consecuencias particulares y sociales de este régimen de ducha fría y caliente que han aguantado las poblaciones hispanas, nada se puede entender de su historia.

Resulta ahora posible comprender el alcance de la predicación de San Pablo para el futuro de la raza blanca, cuyas minorías esclarecidas arrastraban a las masas hacia una concepción monoteísta de la divinidad. Cuajaban los antecedentes de un divorcio que iba a ser trágico. El Apóstol, que era un hombre sensato y con experiencia, tuvo buen cuidado de no resbalar hacia las locuras de las sectas dualistas o en las lucubraciones de los gnósticos. Si no podía vivir castamente, para no quemarse, podía el cristiano casarse. Era mis liberal que la Iglesia Romana: En su primera Epístola a Timoteo escribe «que el obispo tiene que ser irreprochable, el marido de una sola mujer», es decir, que para ser elegido el postulante para su cargo episcopal debe haber seguido el ideal monogámico indoeuropeo y no la poligamia de la tradición judía. Tan obseso estaba el autor por la idea que la repite mis lejos a propósito de los diáconos. «Que sean los diáconos esposos de una sola mujer»105. Mas no podían estas tolerancias eliminar los fundamentos de la doctrina.

Por su predicación acerca del sexo quemaba San Pablo las naves no sólo respecto a la tradición judía, sino al conjunto de la familia semita. No pudo por esta razón desarrollarse el cristianismo en las tierras que habían visto nacer a su Fundador, en donde había efectuado su predicación y cuyas poblaciones le habían dado sus primeros discípulos. Podía el neófito transigir con prohibiciones concernientes a los ritos y a las costumbres de orden secundario como la circuncisión o ciertas normas alimenticias. Le era imposible trastornar su estatuto familiar y renegar del genio de su raza. A veces ha ocurrido esto en la historia, pero en circunstancias muy particulares, cuando una nueva concepción de la vida iba envuelta en una cultura superior invasora. El desfase entre las civilizaciones precolombinas y la del Renacimiento que traían los españoles a América, explica la desaparición de sus religiones autóctonas. No era éste el caso de las poblaciones mediterráneas al principio de la era cristiana. Por la rigidez de su doctrina en cuanto al matrimonio, era difícil que la propagación del cristianismo pudiera prosperar en los pueblos semitas polígamos. En realidad, después de la predicación de San Pablo, habíase convertido el cristianismo en una religión adecuada sólo para los indoeuropeos.

En resumen, en la competición milenaria que ha dividido a los blancos en indoeuropeos y semitas, aparecían al principio de la era cristiana dos opiniones contrarias enraizadas en cada uno de estos grupos humanos: una concepción religiosa en relación con el sexo y el matrimonio, una oscura y particular interpretación de la divinidad.

Para los apóstoles que han conocido a Jesucristo y para sus discípulos que no han podido tratarlo, el Maestro es el Mesías: el Redentor según la tradición judía y además el Hijo de Dios según su propia convicción. Ha sido enviado por su Padre a esta tierra para salvar al pueblo de Israel. Para los judíos helenizados y para los griegos que han sido educados en la escuela de Alejandría, Cristo es el Logos. Su Padre le ha encargado no sólo de salvar al pueblo de Israel, sino al género humano. Permitía esta extensión de la tradición judía una concepción que podían admitir los no judíos. Desde el siglo II, para todos aquellos que no han podido tener contactos personales con los primeros cristianos, se idealizaba la persona de Cristo. Alcanza un carácter abstracto, favorecida la transposición por una corriente filosófica entonces de moda: la teoría de los eones.

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abdal-lah
05/10/2010, 18:57
Se presentaba entonces una dificultad por demás compleja: No podía ser Cristo el Dios único, lo que estaría en desacuerdo con el Evangelio. Por otra parte, su esencia divina había sido reconocida por los cristianos; les era imposible admitir en el hecho de su aparición en Judea la acción de un mediador, como lo proclamaban Marción, ciertos gnósticos y demás dualistas. Para conciliar estos extremos concibieron algunos intelectuales del siglo III una doctrina muy complicada acerca de la Trinidad. Como se emparentaba con las concepciones filosóficas entonces dominantes, pensaron sin duda que pondría de acuerdo a todo el mundo. Ocurrió lo contrario. Provocó la discordia que iba a dividir hasta nuestros días a los monoteístas.

Numerosos han sido los autores que han visto alusiones al misterio de la Santa Trinidad en el Nuevo Testamento. Creemos sin embargo indiscutible el hecho siguiente: Las palabras y las frases que se pueden espigar en los Evangelios o en las Epístolas de San Pablo, sin discutir su alcance, no poseen la estructura de la doctrina tal como ha sido expuesta en el Concilio de Nicea. Había sido el fruto, sin mayores averiguaciones que no interesan a nuestro problema, de larguísimas y violentas discusiones que habían durado dos siglos.

Existe en la primera Epístola de San Juan un versículo acerca de los tres testigos en el cielo que se ha hecho célebre106. Cuando la impresión de las primeras biblias políglotas, el humanista español, Lebrija, editor de la más antigua, y más tarde Erasmo, se dieron cuenta al confrontar los textos latinos con los griegos que se trataba de una interpolación tardía; lo que fue motivo de terribles discusiones. En nuestros días colocan los exegetas el versículo entre comillas. El canónigo Crampon, autor de una moderna traducción de la Biblia que ha sido una de las más leídas en este siglo y de mayor autoridad en los medios católicos, pone en nota: «No se encuentran las palabras puestas entre comillas en ningún manuscrito griego anterior al siglo XV, ni en ningún manuscrito de la Vulgata anterior al VIII107.

Podemos asegurar al lector que no se trata al referir este incidente de una digresión. Mencionamos ahora la existencia de esta interpolación para el esclarecimiento de las ideas; pues, como lo veremos cuando tratemos de la revolución del siglo VIII, tuvo este versículo su importancia.

Ya en el siglo II ha sido objeto la concepción de la Trinidad de referencia poética por parte del autor de la Oda a Salomón, si en verdad pertenece el texto a dicha fecha.

Un vaso de leche me ha sido ofrecido,
Lo he bebido en la dulce suavidad del Señor.
El Hijo es esta copa,
El que ha sido ordeñado, es el Padre,
El que lo ha ordeñado es el Espíritu Santo108.

No todos los autores cristianos sin embargo reconocían la doctrina que se estructuraba. Una personalidad tan destacada en el siglo II, como San Ignacio de Antioquia, en su Epístola a los cristianos de Esmirnia, que constituye según palabras del padre Hamman «un resumen de la fe cristiana en aquel tiempo», es decir, que hace estado del cristianismo en una fecha determinada de su evolución histórica, no menciona a la Trinidad. Justino, el primer filósofo cristiano, sigue en este asunto la tradición platónica y las lecciones de la Escuela de Alejandría. El Verbo es el mediador entre Dios y el mundo. «.No sólo por los griegos y por boca de Sócrates el Verbo ha hecho conocer la verdad; también los bárbaros han sido esclarecidos por el mismo Verbo, hecho hombre y llamado Jesucristo. Y más lejos.. La desgracia os llegará. El Verbo os lo declara, el Príncipe más poderoso y más justo después de Dios que lo ha engendrado»109.

Para Orígenes, al principio del siglo III, como Hijo está subordinado Jesús a la autoridad de su Padre. Ha sido creado por Dios de la nada y lo ha elevado hasta El. Por esto goza de la mayor autoridad entre las criaturas. Citas parecidas podrían multiplicarse. lo que importa es la existencia de una variedad enorme de opiniones con lo cual las discusiones se hicieron interminables. Se imponía la convocatoria de un concilio para poner orden y encauzar la doctrina. Tuvo lugar en Nicea, en 325. Pero intervino la política, y la profesión de fe sobre la Santa Trinidad fue impuesta por la fuerza del Estado a todos los disidentes, dentro de los cuales la cabeza mis importante era Arrio cuyos seguidores eran numerosísimos. Entonces empezó la división entre los monoteístas que se ha mantenido hasta ahora.

Desde el principio de la expansión de las ideas cristianas, las más diversas concepciones acerca de la persona de Cristo aparecen y tuvieron una vida corta o larga. Se pueden juntar estas opiniones en tres grupos principales:

A. las teorías según las cuales ha recibido Cristo de la divinidad una más o menos directa inspiración. Es el más grande de los profetas, pero es un hombre. No posee sustancia divina.

B. Aquellos que ven en Cristo el Logos, el demiurgo creador del mundo. Se agriaron las discusiones para precisar el grado de divinidad que posee. No es igual a Dios, pero no es un hombre, es un dios de segunda clase.

C. Los partidarios de la Trinidad. Existe un solo Dios que posee tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Con el curso de los tiempos, de acuerdo con una dinámica de las ideas-fuerza que se repite constantemente, los conceptos se condensan en los extremos, abandonando las situaciones intermedias. Para el Islam, Cristo será un profeta, es decir, un hombre extraordinario, pero un hombre. Para el cristianismo, Cristo es una persona de la Trinidad. Al fin de la Edad Media las doctrinas intermedias entre estos dos polos han desaparecido o han quedado reducidas a sectas insignificantes.

Con la lejanía puede el historiador apuntar este esquema u otro parecido; en los tiempos vividos era un embrollo fenomenal. A lo largo del siglo III, se prosiguieron las discusiones en tono cada vez más agresivo, vulgar, hasta grosero. La situación al principio del IV se complicó con la predicación de Arrio. Consiguió agrupar en torno suyo a gran parte de los contrarios al dogma de la Trinidad, sobre todo a los obispos de las provincias asiáticas que bebían en fuentes directamente relacionadas con la tradición de los primeros cristianos. la situación se volvía peligrosa para los líderes occidentales. Se salvó la doctrina que defendían a consecuencia de un acontecimiento político extraordinario: la conversión de Constantino. Fue entonces reconocido como religión oficial el cristianismo. Pero, como las autoridades cristianas residentes en Roma tenían con el Emperador mayores relaciones que los obispos orientales, concluyeron con él un acuerdo político, que en nuestros días se ha llamado: pacto constantiniano.

Se apoyaban mutuamente el poder político y el espiritual. A cambio de la adhesión de los cristianos a la persona investida con el poder del Estado, recibía la autoridad religiosa el concurso de la fuerza armada para acabar con sus enemigos teológicos. Nada beneficiosa resultó esta alianza, ni para la cristiandad en su conjunto, ni para la espiritualidad de los seguidores de Cristo. Por de pronto tuvo por consecuencia una terrible mutilación: la pérdida de los cristianos de Asia, los cuales, perseguidos, se desviaron hacia otros derroteros. Como nada entendía el nuevo Emperador de discusiones teológicas, dio su apoyo a los obispos occidentales con los cuales había tenido trato. Dicen que Osio, el andaluz redactor del Credo, era amigo personal suyo.

Sea lo que fuere, acudió nuestro hispano a Nicea como legado pontifical y con el respaldo oficial. Fue condenado el arrianismo y desde entonces comenzó la guerra civil religiosa entre los cristianos. Sangre se derramó. Torturadas fueron las gentes. La doctrina trinitaria fue impuesta a hierro y fuego.

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abdal-lah
05/10/2010, 19:06
Mucho costó desarraigar el arrianismo de Occidente. Pues podía volverse contraproducente el pacto constantiniano, si con el curso de los años pasaba el amo del ejército al bando contrario; como así ocurrió. Misioneros arrianos habían convertido en sus tierras de origen a varios pueblos germanos, a ostrogodos, a vándalos, a visigodos. Cuando cambió la tortilla y se hicieron con el poder, impusieron la herejía a las naciones que dominaron. Tuvieron en Ravena un centro de gran expansión. Fue alentada la idea en el sur de Francia, en la Península Ibérica, en el norte de África, en particular en Berbería. Por otra parte, se mantenía lozano el arrianismo en las provincias asiáticas bizantinas. La reacción posterior de Constantinopla no pudo acabar con ella y este foco de ideas fue la base de la revolución islámica en Asia Menor.

La clave del problema que estudiamos se halla en la evolución del grupo de ideas según las cuales era Cristo un intermediario más o menos divino entre el Sumo Poder y la humanidad. Cierto, se afeblecieron y se desgastaron estas doctrinas; pero no fue esto labor de un día. Sectas recónditas pero con vida tenaz se mantuvieron a lo largo de los siglos. Así los cátaros que fueron aniquilados en el sur de Francia por la gente del Norte aguantaron hasta el siglo XIII en que sucumbieron. Mas esta descripción permite la inteligencia de los acontecimientos ocurridos en España en el oscurísimo siglo VIII, en que tuvieron gran papel estas doctrinas intermedias, en las cuales destacaba una nueva concepción arriana.

Supieron los partidarios del heresiarca adaptarse a las circunstancias. Se olvidaron las discusiones sobre términos anfibológicos de la lengua griega, y el fondo de la doctrina, su racionalismo, se destacó con mucha mayor claridad sobre las sutilidades teológicas. A la postre perdió la persona de Cristo el carácter sacro que le confería su papel de demiurgo. Se convirtió en un hombre excepcional, pero en un hombre.

De este modo se deslizaba insensiblemente el arrianismo hacia el campo de los monoteístas unitarios. Más aún, con las luchas religiosas la división de los blancos era forzoso que desembocase en la política. Pronto se estableció en el Mediterráneo una división militar.

Ha destruido la persecución religiosa la obra literaria de Arrio y fueron quemados a millares los libros de sus discípulos. Si algo sabemos de sus concepciones teológicas y muy poco acerca del culto de esta religión, nada nos consta acerca de su contenido social; en particular sobre el matrimonio. Por indicaciones que se pueden rastrear en las crónicas latinas de la Alta Edad Media, parecía que hubiesen introducido los godos arrianos la poligamia en España. Oscuro es el tema y volveremos a tratarlo en otro capítulo. Dada la falta de documentos fuera temerario extender a la doctrina en su posterior evolución o en su origen unos hechos que acaso sólo tuvieron un alcance local. Pero se puede afirmar sin duda alguna que la mayor expansión del arrianismo y su mayor raigambre tuvo lugar en regiones, Asia Menor, Egipto, África del Norte, la Península Ibérica, que se convirtieron, si no lo eran ya, en tierras donde floreció la poligamia.

Hace ya un siglo, ha escrito Renan con su perspicacia genial:

«Es el cristianismo una edición del judaísmo aderezada 4 gusto de los indoeuropeos; el Islam, una edición del judaísmo condimentada para el gusto de los árabes»110.

En razón de la proximidad en el tiempo de los acontecimientos, el paso del judaísmo al cristianismo se ha realizado insensiblemente. No era lo mismo con el Islam. Se emparentaba con el judaísmo111 por mediación de una larga evolución de ideas cristianas, ortodoxas y heterodoxas. Es indiscutible que el arrianismo fue un enlace principal. Que en los actos finales de su existencia como religión independiente predicara la poligamia, le fuera favorable o indiferente, el hecho es indudable: Ha sido una doctrina accesible a los semitas, un cristianismo para polígamos.

En razón de su racionalismo —pues al fin y al cabo negaba el carácter sobrenatural de Cristo— se convertía en una religión pre-islámica. Por esto, en amplio panorama se puede concebir un sincretismo arriano, el cual abarcaría las doctrinas monoteístas unitarias y cuyos adherentes poseían un estatuto familiar polígamo. Con otras palabras, como el Islam es el producto de una larga evolución anterior, lo que le distinguía del arrianismo era un hecho histórico posterior, la llegada de un nuevo profeta: Mahoma.

En el curso de los primeros milenios, cuando empezó y alcanzó consistencia la competición que oponía los semitas a los indoeuropeos, se encontraba suficientemente aislada cada civilización en su marco natural para poder evolucionar de una manera autónoma. Pero amenguaron las barreras geográficas que las limitaban a medida que se hicieron más frecuentes e intensas las acciones militares, las conquistas y los desplazamientos de las poblaciones. Por razón de la orografía o de otras circunstancias se mantuvieron la mayoría en espléndido aislamiento por mucho tiempo; con la llegada de la era cristiana y la invasión de Asia por Alejandro, zonas medianeras entre culturas semitas e indoeuropeas se formaron y se convirtieron en un crisol, en donde se mezclaban con gran hervor ideas diferentes, si no contrarias.

Siguiendo las enseñanzas de Spengler, por analogía con un fenómeno geológico parecido, hemos llamado a estas regiones en donde se entremezclaban las poblaciones y se oponían sus ideas: zonas de metamorfismo. Conceptos enriquecidos por vieja tradición, al contacto con otras ideas se transformaban hasta tal punto que no podía reconocerlos el no advertido. Aparecían gérmenes preñados con las fuerzas que condicionarían el porvenir. Nociones evolucionaban con gran rapidez. En este magma creador se condensan los fenómenos de pseudomorfosis que Spengler ha descubierto y estudiado. Uno de estos lugares ha desempeñado un papel muy importante en la historia. Se trata de una verdadera placa giratoria que ha recibido culturas llegadas de todos los arimutes para finalmente propagarlas con poda o enriquecimiento hacia Oriente u Occidente. Eran parte de Asia Menor y Egipto, comarcas lindantes con el Mediterráneo y con desiertos que en aquella época eran aún transitables.

Con la expansión de la cultura helenística y su contacto con las autóctonas y las ideas que llegaban de los confines del continente asiático, de la India y de la misma China, se enardecieron estos lugares con la efervescencia característica de las zonas de metamorfismo. Se acentúa este carácter con la dislocación del Imperio Romano. Alcanzó entonces una plasticidad extraordinaria una masa enorme de conceptos. Los de mayor maleabilidad formaron un nuevo ideario. Mas entonces, con este hilo conductor puede el historiador aislar y seguir en el curso de los siglos posteriores las creaciones sucesivas de varios sincretismos, cuya energía determinaría las civilizaciones futuras y sus religiones.

Con el impulso general que dirigía la evolución de las ideas hacia el monoteísmo, se fundieron las concepciones superiores del pueblo judío y de los griegos: El resultado fue la filosofía alejandrina.

La idea providencial del Dios de Israel se asociaba con el concepto de perfección requerido por los filósofos.

El dogma cristiano que es una fusión de las predicaciones de San Pablo con la filosofía alejandrina ha sido el producto de este sincretismo. Como fue incapaz de resolver la antinomia entre un creador perfecto y su criatura imperfecta, se dividieron los intelectuales cristianos. Fue entonces cuando el misterio de la Santa Trinidad fue articulado en un cuerpo de doctrina. Pero con las luchas religiosas del siglo IV este concepto no pudo arraigar en tierras asiáticas. Las ideas unitarias siguieron su curso y se formó un nuevo sincretismo que hemos denominado: el sincretismo arriano. Aceptaba la herencia judía y las lecciones del cristianismo primitivo pero negaba la identidad del Padre con el Hijo, es decir la Trinidad. En consonancia con los problemas filosóficos en discusión, entre los cuales destacaba el problema del mal, se concibió a Cristo como un intermediario entre la Suma Perfección y el mundo imperfecto.

Con el curso de los tiempos se acelera la evolución de los conceptos. Se esfuman las sutilezas metafísicas y teológicas de la filosofía alejandrina; lo que permite al sincretismo musulmán ser accesible a las masas. No sería éste el caso del sincretismo arriano, sumamente teológico. De las doctrinas anteriores sólo conservará el Islam principios sencillos que todo el mundo puede entender; los accesorios habían sido eliminados. «Lo que distingue esta metafísica, escribe André Siegfried, lo que en ella llama la atención, es su extraordinaria simplicidad; pues en suma se limita a Dios solo. Ahí está su verdadera grandeza, en la que se refleja la pureza doctrina! del Islam. Supera en sublime sencillez a la metafísica cristiana112:

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abdal-lah
05/10/2010, 19:09
Así se explica que el sincretismo musulmán haya sido capaz de arrastrar a las masas sin pacto constantiniano y de convertirse en una religión estable. Como el cristianismo, es el resultado de un hecho histórico: el nacimiento y la predicación de Mahoma. Contrariamente al dogma romano, es una doctrina eminentemente humana. Nada de Logos, nada de Verbo, nada de sobrenatural. Mahoma es sencillamente el último y el más grande de los profetas. Lo mismo que Moisés ha recibido de Dios las tablas de la ley, le ha sido entregado el espíritu del libro.

Es el sincretismo musulmán el fruto de enseñanzas anteriores, más podadas de sutilezas. Une la perfección que los filósofos griegos atribuían a la divinidad con la providencia judía; mas todo ello reducido a la más sencilla expresión. Ha hecho bajar hacia tierra varios escalones a los sincretismos alejandrino y arriano. De aquí su racionalismo que constituye su gran fuerza. No goza Mahoma como Cristo de aureola divina. No hace milagros. No impone al espíritu lo maravilloso. Podrán creer las masas en su simplicidad que los djines animan la atmósfera y que según la dogmática musulmana ha dictado el Corán a Mahoma el arcángel Gabriel. Para el intelectual, para el sabio o el filósofo, basta creer que la inspiración divina ha permitido a Mahoma su redacción. No serán torturados o excomulgados por esta convicción.

De las tres religiones reveladas es la más accesible el Islam a las masas; lo que explica su rápida difusión. Cristalizaba la atmósfera monoteísta que se había formado en el mundo mediterráneo. Sin dogma no necesita el creyente estudiar filosofía alguna. le sobra un catecismo, que un cristiano necesita aprender para no caer en herejía. Para un buen musulmán un conocimiento del libro y la observancia de ciertos ritos son suficientes.

Nos permite ahora este panorama de la evolución de las ideas religiosas en la Alta Edad Media comprender la metamorfosis de las masas hispánicas en musulmanas. Pues ha sido por mediación del arrianismo como la Berbería de San Agustín y la Bética de San Isidoro han sido convertidas en tierra del Islam. Sólo poseemos de estos hechos rastros de documentación. Mas ahora nos será posible distinguir en los mismos algunos jalones, los cuales debidamente interpretados nos permitirán situar puntos en una curva de la que conocemos los focos y el desarrollo. Podrá así resolverse un problema insoluble para la historia clásica. Bastaba con establecer de modo preciso y seguro la evolución de las ideas en España y rebuscar los elementos que componían en este país el sincretismo arriano. Los acontecimientos del siglo IX, que conocemos mejor, facilitarán entonces la comprensión del deslizamiento de estos conceptos hacia el sincretismo musulmán.

99 Lass&e, Pierre: La jeunesse d’Ernest Renan, t. 1. Le ram: de la métaphysique chrétienne, pp. 229 y 237.

100 En estos grandes esquemas históricos se translucen excepciones; lo mismo que en las leyes biológicas que son el resultado del cálculo de una enorme cantidad de fenómenos similares. Estos casos particulares no perjudican al panorama y generalmente tienen sus causas particulares. Así, afganos e ira-manos son indoeuropeos y han sido convertidos al Islam. Ocurrió lo mismo con numerosos españoles en la Edad Media. Habían sido estas regiones en un momento de la historia zonas de metamorfismo.


--------------------------NOTAS------------------------

94 Bréhier, Louis: Le monde byzantin, t. II. Les institutions de L’Empire Bizantin, p. 320, AlLin Michel, París.
95 Renan, Ernest: Les origines ¿u christianisme, Marc Auréle, p. 450, Cal. mann-Levy, París.
96 Bréhier, Louis: Ibid., t. 1. Vi: e: mort de Bizance, p. 17.

97 En estos últimos años se ha opuesto un historiador de Egipto en una obra importante a esta concepción, generalmente admitida por todos los autores: John A. Wilson: L’Eypte, vi: et mort d’une civilisation, Arthaud, París, 1961. La edición original ha sido publicada por The University of Chicago Press. Sólo conocemos la traducción francesa. El monoteísmo egipcio seria <la consecuencia de un equívoco>. Nos parece más bien la crítica producto de una confusión debida a una incomprensión de la evolución de las ideas en la historia. Nunca han surgido en la mentalidad de los pueblos cual un bloque, como Minerva de la cabeza de Júpiter, armada de punto en blanco. En sus comienzos tenia que revestir el monoteísmo contornos imprecisos. El de los sacerdotes egipcios no podía ser el de Aristóteles. Se puede pues contestar al señor Wilson con ¡os argumentos siguientes: a) Pertenece el monoteísmo egipcio a una civilización muy anterior a las monoteístas que le siguieron en el tiempo; no tiene pues relación alguna con la judía, la griega o la árabe. Es la raíz de una idea-fuerza que empieza y que se desenvolverá dos mil años más tarde. El mismo, autor lo reconoce: <La teología amarniona es la forma de pensamiento más cercana al monoteísmo que era compatible con la ¿poca. Pero gran distancia media con el hecho de predicar la fe en un dios ánicoz’, p. 213. b) En vista de la complejidad de los textos y de la multiplicidad de ideas que se desprenden de la teología egipcia vista en su conjunto, se impone la mayor prudencia. Platón admite La existencia de dioses menores que han ayudado al demiurgo a crear el mundo y, sin embargo, nadie ha colocado al filósofo en el campo de los politeístas. Similares sutilezas se presentan probablemente en los textos egipcios. ¿ Por qué no representarla el culto amarniano un solo principio, Dios y su representante en la tierra: Atón, el dios, y Akenatón, el faraón. c) Reconoce el autor que en Egipto las ideas estaban en el aire, aun antes de la revolución armaniana. Se mantuvieron por largo tiempo, así «cuando la religión hebraica sintió la necesidad de un vehículo, encontró en una literatura extranjera (la egipcia) los medios de expresión y las ideas correspondientes a sus exigencias>, p. 127. Esto es precisamente lo que interesa al historiador de las ideas y con lo cual todo el mundo está de acuerdo.

98 En el siglo iv empiezan las guerras de religión, por lo menos en el mundo mediterráneo y en Occidente. Fueron más calamitosas que las anteriores. Poseía el politeísmo una tolerancia que no ha tenido el monoteísmo. No tenía inconveniente en admitir en su panteón dioses extranjeros. Se trataba, es verdad, de una tolerancia dictada por el miedo. Convenía no irritar a los dioses extraños; podían convertirse en poderosos adversarios. Mas, en la vida práctica era más cómoda esta concepción, a la postre más humana que el dogmatismo cristiano y sus persecuciones. Muchos siglos tuvieron que transcurrir, por lo menos en Occidente, para que el espiritualismo eliminara de sus adheridos innumerables prejuicios.

99 Lass&e, Pierre: La jeunesse d’Ernest Renan, t. 1. Le ram: de la métaphysique chrétienne, pp. 229 y 237.

100 En estos grandes esquemas históricos se translucen excepciones; lo mismo que en las leyes biológicas que son el resultado del cálculo de una enorme cantidad de fenómenos similares. Estos casos particulares no perjudican al panorama y generalmente tienen sus causas particulares. Así, afganos e ira-manos son indoeuropeos y han sido convertidos al Islam. Ocurrió lo mismo con numerosos españoles en la Edad Media. Habían sido estas regiones en un momento de la historia zonas de metamorfismo.

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abdal-lah
05/10/2010, 19:10
101 Runcirnan, Steven: Le manichéásme mbliéval, Payot, París, p. 2.

102 Conocemos en la antigüedad una institución algo similar, la de las Vestales en Roma. Hacían voto de castidad, pero no estaban enclaustradas. su actividad religiosa se acababa a los treinta años; luego podían casarse.

103 Olagüe, Ignacio: La decadencia espaiíola, t. II, p. 95.

104 Sobre este tema ver: G. H. Bousquet: La moral: de ¿‘Islam et son ¿thique sexueile.

105 Se han esforzado algunos autores en resolver la dificultad poniendo la frase en pasiva: que no hubiera tenido más que una sola mujer..., mas a propósito de los diáconos, menos comprometedores, suelen poner la frase en presente. Muchos son los autores que han traducido las dos frases en presente: así uno de los más antiguos traductores del Nuevo Testamento, Juan Pérez de Pineda cuya edición data de 1556. Para hacer decir a San Pablo que no podían los obispos estar casados, como se ha intentado, bahía que caer en el absurdo de que un viudo que se había vuelto a casar no era idóneo para el cargo. O bien reconocer que el que había sido polígamo no debía recibir la investidura. La gran mayoría no se había percatado del verdadero pensamiento del Apóstol: su oposición a ¡a poligamia que era la ley. No se atreve a tomar una postura determinada contra la tradición del derecho familiar judío para sin duda no envenenar más sus relaciones con los ortodoxos de Jerusalén.

106 Ver el texto y el estudio de la cuestión más adelante.

107 A. Crampon: La Saínte Bible, 1904, p. 289. Sobre el descubrimiento de esta interpolación y las discusiones consiguientes, ver: Batailon: Erasme e: ¿‘Espagne.
108 Ictus. Nai.ssance des lettres chrétiennes, t. 1. Textos presentados por Adalbert Haniman, O.F.M., p. 44. Han empleado los autores cristianos varios ejemplos poéticos para explicar el misterio de la Santa Trinidad. Esta es la metáfora empleada por Honoratus Antoninus, africano, obispo de Constan. tina, en una carta dirigida al español Arcadio, cuando la persecución de Censeric en Berbería: «Cuando uno tarie la dtara, tres cosas concurren a formar el sonido: el arte, la mano y la cuerda. El arte dieta, la mano tañe y ¿a cuerda suena, y con ser tres cosas que concurren en un mismo efecto, la cuerda sola es la que ¿a el sonido. Así el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo cooperaron en la Encarnación; pero sólo encarnó el Hijor.. Apud Menéndez Pelayo: Historia de los heterodoxos españoles, t. II, p. 156.

109 Justino: Primera Apología, § 5 y 12.

110 Renan: ibid., t. VIII: Marc Auréle et la fin da monde azttique, p. 632.

111 Para las relaciones entre el Corán y la literatura hebraica ver la obra de Hanna Zacharías: De MoLse ¿i Mahomet. Pretende demostrar el autor el origen judío de Mahoma, lo que resulta imposible por la falta de una aprobante documentación. La erudición demostrada es importante.

112 Siegfried, André: Les voies d’Israél, Hachette, París, 1958, p. 93.


FIN DEL CAPÍTULO 6

durruti
10/10/2010, 23:40
Salam.
He ordenado un poco las notas que he entresacado respecto a lo que dicen otros autores sobre la invasion musulmana en el 711 de la Peninsula Iberica y a continuacion las paso;Esto no quiere decir nada sobre mi opinion respecto al libre de Olagüe, simplemente son datos de otros historiadores. Los textos en cursiva son del libro de Olagüe.
Comentarios a

Los árabes jamás invadieron la Península Ibérica


Te regalo esta epistola como si fuera aljofar
Tomala en son de broma y diversión
Y no se te ocurra enseñarla a un ignorante,
Pues el que desconoce el valor de una cosa
le encuentra defectos

(de Abu Bakr al- Barda)

Aunque no he conseguido aun el libro de Olague, he estado revisando algunos textos referentes a los momentos anteriores a la llegada de la invasión musulmana, en 711y aquí paso comentarios y datos recogidos de esos textos, unos mas antiguos y otros recientes.
Yo puedo sacar mis conclusiones, que están sujetos a los textos de los historiadores y no puedo hacer otra cosa, ya que tengo que basarme en lo que ellos han investigado, y que yo, siendo como soy un mero aficionado a la historia del Islam, no puedo poner en duda, aunque de la lectura de unos y de otros , forme mi propia opinión.


Algunos historiadores cuestionan la versión oficial según la cual el Islam se implantó violentamente en la península, después de una invasión árabe, en el año 711. Argumentan que el Islam ni se impuso ni era ajeno a los hispanos, que lo abrazaron libre y mayoritariamente. En su opinión, la imposición musulmana no fue tal. Se trató de un “invento” promovido por la Iglesia con objeto de encubrir su derrota ante los cristianos unitarios, seguidores del arrianismo que predicó Prisciliano.

No encuentro razón para cambiar unos hechos por otros, si la invasión fue un invento para encubrir una derrota seguramente sea posible en las fuentes cristianas, ya en el siglo VII hay documentacion cristiana en el sentido de justificar las conquistas de los árabes como una situación apocalíptica; “en el opúsculo titulado doctrina Jacobi nuper baptizati escrito probablemente en 634 el autor trata de dar sentido a la historia contemporánea incluyendo la incipiente conquista islámica, mediante el recurso de un esquema apocalíptico”(9) por lo que es lógico que el siglo siguiente se intente justificar de otra manera; pero lo relativo a las fuentes musulmanas no tiene razón de ser; es un hecho que los relatores de las épocas pasadas, tuvieran afinidad por engrandecer los hechos en función de contentar a los gobernantes de turno, pero en el caso de la derrota de Rodrigo, solo encuentro irreal la diferencia de luchadores de uno y otro bando, que Tarik contara con 11000 guerreros es posible, pero lo que es también factible es que Rodrigo no contara con las tropas que se le adjudican, teniendo en cuenta las dificultades que tendría, dado que venia de luchar en el norte, posiblemente con su oponente Agila II, y con las habituales que ya se tenían para reunír tropas. De otro lado la población estaba muy diezmada a causa de la reciente peste, y los nobles no estaban por la labor de dejar descuidados sus territorios por acudir a una llamada de alguien que no contaba con el liderazgo efectivo. Y desde luego la motivación de lucha de uno y otro bando debería ser diferente. El ejecito visigótico era básicamente de esclavos, y manumitidos.

¿Ocurrió la historia tal y como nos la han contado? ¿Es posible que, en el siglo VIII de nuestra era, un ejército musulmán cruzara el estrecho de Gibraltar, derrotara a las tropas visigodas y avanzara victorioso hasta el punto de llegar a someter a casi todo el territorio peninsular? ¿Un puñado de bereberes pudo someter a ¿20 millones? de hispanos durante varios siglos? En contra de esta hipótesis tenemos el hecho de que los documentos de la época no contienen referencias a aquella terrible invasión que, de ser cierta, habría supuesto para los peninsulares todos los males inimaginables. Las primeras noticias no aparecen hasta las crónicas latinas y musulmanas del siglo IX, a seis generaciones (150 años) de los hechos que se relatan, cuando el Islam estaba ya firmemente arraigado en la península.



La guerra civil que estalló en la Península Ibérica a principios del siglo VIII , explicada como conflicto político y disfrazada más tarde como invasión de potencia extranjera, tuvo su auténtico origen en unos hechos que se remontan a cuatro siglos antes, al enfrentamiento producido entre dos corrientes cristianas: los unitarios o arrianos, que negaban que el Hijo fuera igual al Padre –según premisa, Jesús no era Dios – y los trinitarios, adheridos al dogma predicado por san Pablo, que mantenían que hay tres personas distintas –Padre, Hijo y Espíritu Santo- en un solo Dios verdadero .

Es evidente que había un fuerte enfrentamiento entre las diferentes fracciones de la elite visigótica, pero entre las lecturas que he podido encontrar ninguna hace mención clara a luchas de religión, y si a peleas por el poder, hasta el punto de que no se sabe si la muerte de Witiza se debió a causas naturales o de otra indole


“Un estado envejecido, en lucha con una sociedad que pugna por nacer. Una nueva aristocracia surgida en torno a un gobierno y que la ha hecho prisionero. El poder supremo moviendose entre la arbitrariedad y la impotencia. Para poder distraer la atención del país hacia cuestiones laterales se inventan peligros contra la seguridad de la nación y se persigue a los judíos. Las clases inferiores se agitan entre la desesperanza y el odio. Freneticos apetitos de poder que otorga innumerables mercedes a cuya sombra se medra y se enriquece………”

Claudio Sanchez Albornoz.


Por tanto, para aproximarnos a la verdad de los que sucedió realmente en el año 711, cuando un contingente de guerreros del norte de África, entre los que predominaban los bereberes, cruza el estrecho de Gibraltar, derrota a las tropas visigodas lideradas por Don Rodrigo y se establecen en la Península Ibérica,

Los expertos subrayan que sólo un estado puede organizar una invasión militar. Y no existe entonces un imperio arábigo, sino tribus y pequeños caudillos frecuentemente enfrentados entre sí y carentes de gobierno, administración y ejército. Sin Estado, no hay invasión

Mis notas en rojo
A lo largo de la historia hay numerosas referencias de invasiones por tribus o grandes grupos raciales que no consta fueran un estado.

Para comenzar recojo unas letras de Sanchez Albornoz, de las que ya se desprende la posibilidad que apunta Olague.

Aunque desde la conversión de Recaredo Hispania era católica, la corriente arriana segúia siendo muy fuerte.

? Podría ser mas bien un enfrentamiento entre facciones rivales que luchaban por el reinado y el poder?
Es una constante en la mayoría de los textos que he revisado, que a la muerte de Witiza se produjo una serie de enfrentamientos entre los partidarios de Rodrigo, y los de los hijos de Witiza, y entre medias aparece Agila II como rey en una parte del territorio de Hispania. Bien podría ser y todo apunta a ello, que el territorio de los visigodos se dividiera en dos, en el centro sur y oeste dominaba Rodrigo, y en la zona de noreste Agila, aunque ambos aspirarían “al todo” y como consecuencia de ello seria una situación de guerra civil.
Tampoco esta muy claro cual fue la causa de la muerte de Witiza, con 25 años, y bien podría ser que fue asesinado por partidarios de Rodrigo o el mismo.

Parece ser que Witiza fue derrocado mediante un golpe de estado llevado a cabo por Rodrigo y el apoyo de parte de la elite de la corte, podría haber sido violento y no logro el consenso de toda la aristocracia.
Hay evidencias de que en 710 hubo dos reyes por un lado Rodrigo que dominaba en Toledo y La Lusitania y Agila II que reino en la Tarraconense y la Septimania también en 710.

El único material estrictamente contemporáneo que rodean el final del reino visigodo es el numismático, en las que se leen los nombres de Rodrigo y Agila. Esto confirmaría las versiones de las listas de los reyes godos, Una de estas que se conserva en dos manuscritos menciona a Agila como sucesor inmediato de Witiza atribuyéndole un reinado de tres años, mientras que la tradición de otro manuscrito al reinado de Witiza le siguió Ruderigus,y le atribuye una duración de “siete años”(*) y seis meses. Estos manuscritos son de fecha muy posterior.

Cuando los musulmanes entran en 711 Rodrigo estaba peleando en el norte

Segun Roger Collins hay una crónica del año 754 posiblemente escrita en Toledo Que es lo mas cercano a los hechos, en cuanto a documentos se refiere

La Crónica Mozarabe de 754, dice que” en el año 711 Rodrigo invadió tumultuosamente el reino con el respaldo del senado y goberno durante un año. El relato coincide en lo sustancial con una guerra civil posiblemente peleaba contra Agila II en el norte, cuando los musulmanes penetran en Hispania. El cronista alude ciertamente que Hispania fue destruida tanto por los árabes como por la violencia interna, asi puede ser el poder se hubiera fragmentado y que Rodrigo no solo tuviera que luchar con Agila sino que hubiera perdido el control de Toledo frente a Oppas, el hijo de Egica.

Según Pedro Chalmeta “ el estado visigodo,no habría sido destruido por una conquista extranjera, que se superpondría a unas estructuras existentes, sino que se habría producido por un vacio de poder lo que provoco,la llegada de una nueva sociedad.


Continuarà

Salam

durruti
10/10/2010, 23:43
La debilidad del reino visigodo puede atribuirse a:
División entre las clases elevadas en torno a la sucesión del trono.
Descontento en los sectores sociales ante los privilegios de las clases superiores.
La dudosa fidelidad del ejercito.

La persecución de los judíos.

La estructura de la sociedad eran:

El rey y la aristocracia de origen godo; los nobles hispano romanos. Parece ser que a principios del siglo VIII ambas aristocracias formaban un solo grupo privilegiado.

“Habia un reducido numero de familias (no mas de un par de docenas) que controlaban gran parte de los activos económicos del reino y que constituían la aristocracia cortesana.”(1)

El pueblo libre urbano o rural; libertos manumitidos que no gozaban de mejores condiciones de vida que los esclavos, ya que cultivaban tierras de los señores y que estos se llevaban la mayor parte de las cosechas.

Los esclavos.

Hasta el año 650 los propietarios de esclavos podían disponer incluso de su vida impunemente.

La dudosa fidelidad del ejercito.

Ya en el año 673 y poco después de la sublevación de la Septimania, Wamba publico una nueva ley militar. Los obispos, duces, tiufaldi, y comités, tenían que acudir al instante cuando el rey los requería para repeler una sublevación o una agresion.(1)

A partir de ese momento la fuerza principal del ejercito eran esclavos o libertos manumitidos.

Los judíos.
La persecución de los judíos.
Para los monarcas visigodos desde el Concilio de Toledo, el catolicismo era la base de sustentacion indispensable. Egica inicio una persecución de los judíos; por tanto no es sorprendente de que los judíos prestaran su colaboración a los invasores .Los decretos del concilio del 693 hicieron practicamente imposible a los judíos su actividad comercial, y muchos de ellos conspiraran a través de sus hermanos de raza del norte de africa.

“Desde Sisebuto (616) hasta Egica (694) se tomaron duras medidas contra los hebreos. De ahí la afirmación de que los judíos quizás alentaron a los musulmanes del noste de Africa, para que invadieran el solar ibérico”(7).

El concilio de 693 impedia precticamente que los judíos mantuvieran su actividad comercial, por lo que empezarían a conspirar con sus compañeros del norte de Africa.
El decreto del año 694 condenaba a la esclavitud a los judíos que no se bautizasen.

El concilio de 693 impedia practicamente que los judíos mantuvieran su actividad comercial, por lo que empezarían a conspirar con sus compañeros del norte de Africa.

¿cómo explicar, si se admite la existencia de los españoles, su conversión al Islam y su asimilación por la civilización árabe?

Se habla de una seducción de la población hacia el Islam.

La seducción puede deberse mas bien a que fuera de las clases dominantes visigóticas, El rey, la nobleza y los altos funcionarios además del alto clero, el resto eran hispano romanos libres, antiguos esclavos manumitidos, rusticae, judíos y esclavos urbanos y agrícolas.
Y por lo tanto con unas condiciones de vida de esclavitud o cercana a ella, siendo como eran gentes del libro, la opción de ser musulmanes era mejor que seguir siendo cristianos.
Cristianos que por otro lado lo serian de inercia, ya que entiendo que los niveles intelectuales y de pensamiento, sobre todo en la gran masa de la población debía de ser muy baja.
Nada tenían que perder los estratos mas bajos de la sociedad, mientran que la oligarquía terrateniente llegar a pactos y ser “dimmini” mejor que pelear


Se habla de la dificultad de conversión rápida de una población;
Siendo cristianos o judíos ¿ por que se convierten?
Es un problema de nivel cultural, posiblemente los judíos eran mas cultos puesto que se dedicaban al comercio, mientras que los cristianos hispano romanos, serian gente de origen campesino, y cristianos nominales pero no de facto. Muchos posiblemente serian esclavos o libertos

Estaban cristianizados o lo eran de conveniencia.?

Hasta donde estaban cansados del dominio bizantino o visigodo?

Según Victor Morales Lezcano, el Islam se fundamenta en 5 principios básicos, fáciles de seguir y de comprender. Las mujeres por lo que supongo tenían poco que decir, el cristianismo no daba precisamente palabra a las mujeres. "Es de suponer que la transformación no se produce en un dia, pero si entendemos que los hispanoromanos y los godos eran gentes del libro y que el Islam los respeta, pudieron bien fácilmente permanecer en su religión y progresivamente hacerse musulmanes.

Uno de los mitos de la historia occidental se venía abajo. El arco de herradura, cuyas curvas inverosímiles habían permitido las más extraordinarias extravagancias, no había sido traído de Oriente por los árabes invasores.

“Es universal el arco de herradura , evolución del visigodo,bajo canones cordobeses…….. casi todos los edificios mozárabes que se conservanson anteriores al apogeo del califato, bajo Ad el Rahman III y no nos reflejan las ultimas conquistas del arte cordobes orientalizado, sino aaue se incriben dentro de la normativa anterior,en la que el arte andaluz hubo de sostenerse sobre un elemento vernáculo” (10)

Es verdad que hay demasiadas incognitas porque no hay demasiada documentación y donde faltan los documentos empiezan las especulaciones y las hipótesis.

Por tanto, para aproximarnos a la verdad de los que sucedió realmente en el año 711, cuando un contingente de guerreros del norte de África, entre los que predominaban los bereberes, cruza el estrecho de Gibraltar, derrota a las tropas visigodas lideradas por Don Rodrigo y se establecen en la Península Ibérica,

Los expertos subrayan que sólo un estado puede organizar una invasión militar. Y no existe entonces un imperio arábigo, sino tribus y pequeños caudillos frecuentemente enfrentados entre sí y carentes de gobierno, administración y ejército.

Las primeras noticias no aparecen hasta las crónicas latinas y musulmanas del siglo IX, a seis generaciones (150 años) de los hechos que se relatan, cuando el Islam estaba ya firmemente arraigado en la península.

«Época fecunda para el novelador y el poeta, pero que es una laguna en los anales de la península», escribía Dozy en sus Recherches; pues, «desde el reinado de Vamba hasta el de Alfonso III de León, ni los cristianos del Norte, ni los árabes y mozárabes del Mediodía escribieron nada que conozcamos» (Saavedra)21.

Sin embargo he encontrado estas referencias màs recientes y cercanas al momento de la invasión:

La crónica mozarabe de 745 relata el conjunto de acontecimientos relacionados con la conquista de Hispania por árabes y bereberes.

“El mas importante y conocido es por supuesto, La Cronica Mozarabe 754; escrita por un cristiano que vivía bajo la dominacionde los gobernadores musulmanes de Cordoba y que relata los acontecimientos de la primera mitad del sigloVIII,relacionados con la conquista de la península por parte de árabes y bereberes….”
“Tambien esta el Liber pontificalis correspondiente a Gregorio II (731/735) que hace un largo relato de la invasión de España y la Galia, y la historia eclesiástica de la nación Inglesa, 735” (13)

durruti
10/10/2010, 23:46
Los Arabes .....continuacion“La moneda mas antigua que se conserva en la biblioteca Nacional de Paris es un curioso Dinar de oro,con perfecta concordia en las fechas: año 93 de la hégira……………además de esta moneda se conservan cinco tipos del año 94=712, y dos del 95=713”(8).

“El tratado de Teodomiro, es un dato importante que no hemos encontrado en otras fuentes árabes de Oriente”(5).

Según el libro de Olagüe:
“El pacto concluido entre las dos partes ha sido reproducido por Codera en su Biblioteca arábiga hispana (t. III, p. 259) y por Simonet en su Historia de los mozárabes, en el apéndice n.º 1. Mariano Gaspar Remiro en su obra Historia de Murcia musulmana, Zaragoza, 1905, da una traducción del texto algo diferente de la de Simonet.
Ha sido redactado este documento el 5 de abril del año 713. Si es así, puede admitirse como el único testimonio político escrito que poseemos acerca de los acontecimientos ocurridos en el curso de la guerra civil. Sin embargo, cabe preguntar: ¿Qué valor merece un documento redactado en el principio del siglo VIII, del cual no queda sino una copia inserta en una obra del siglo XII? Según nuestro real saber y entender, punto de vista forzosamente sugestivo, creemos que pueden ser auténticos los términos generales del acuerdo; es decir, las condiciones de la capitulación del gobernador de Levante. Si han existido modificaciones del texto, interpolaciones u omisiones, es probable que hayan más perturbado la forma de su redacción que el fondo de la materia tratada.”


¿Estaban en condiciones los árabes para invadir España en el año 711, cuando necesitarían aún más de un siglo para asegurar sus bases del norte de África? Averiguarlo no ha interesado a los historiadores. Han encontrado muy natural que hayan atravesado el Estrecho de Gibraltar y conquistado la Península Ibérica en un avemaría; es decir, 584.192 kilómetros cuadrados, la región más montañosa de Europa, en unos tres años.

“Desde el año 711 al 720 ocuparon la peninsula Iberica. La rapidez y eficacia de los avances musulmanes no se explica sin la cooperación de una parte de los pobladores cristianos, quizás con la esperanza de mejorar en la nueva situación” (4).

“………..los ejércitos musulmanes desde la invasión y a lo largo del todo el siglo VIII, contaran entre sus filas de un numero muy importante de esclavos.”(5)

“……….el estatuto de los invasores arabes en dos aspectos fundamentales: los feudos y soldadas que recibieron
según las condiciones pactadas con los nobles visigodos, e hispano-romanos”.(8)

“Cuando ocurrió la conquista de Hispania en la primera mitad del siglo VIII,y su incorporacion a la casa del Islam, los nuevos dominadores musulmanes aplicaron a las poblaciones cristianas y judías que se sometían sin oponer resistencia o por capitulación el mismo trato de tolerancia, dentro de ciertos limites que ya tenían sus correlegionarios en otras tierras conquistadas anteriormente.”(6).

“Según fuentes árabes, los hijos de Witiza, invitaron a Tariq a invadir la Peninsula y consiguieron conservar 3000 aldeas o propiedades rusticas del Patrimonio real visigodo” (4)

“………en el ultimo mes de 97 de la hégira,(agosto de 716)el emis Al-Hurr llego a España como delegado del gobernador de Africa, y traslado la capital de la nueva provincia árabe desde Sevilla a Cordoba”(8)


“Por derecho de conquista y tras el desembarco árabe en Cartagena en el año 711 y por el matrimonio del emir Abdelaziz, hijo del gobernador de Africa Muda Ben Nusayr con la viuda de Don Rodrigo, o con una hija de este, los árabes se consideraron herederos legitimos de la Hispania visigótica”. (8)


Si consideramos que la mayoría de los invasores eran norteafricanos y que eran muy pocos los árabes de origen que conquistaron y colonizaron el norte de Africa, (que según se cuenta la conquista de Egipto se llevo a cabo por 800 jinetes árabes y que pasaron desde el año 641 hasta el 705 -64 años- para ocupar todo el norte de africa), no es de extrañar que quienes poblaran e hicieran mestizaje con los hispano/romanos fueran los bereberes.

“Despues de cuanto hemos dicho, resulta superfluo discutir o polemizar si España en el siglo VIII fue conquiistada por la fuerza de las armas, o mediante pacto. Las fuentes hispano árabes que conocemos, y que se planteaneste problema son tardias y contradictorias. “ (5).

En estos tiempos estaba la península bastante poblada, sus moradores mejor repartidos por la meseta que en épocas posteriores. A grandes rasgos se puede estimar el número de sus habitantes en una cifra oscilando entre los quince y los veinte millones
¿Un puñado de bereberes pudo someter a ¿20 millones? de hispanos durante varios siglos?

Evidentemente no eran 20 millones los Hispanos y la razon del sometimiento podemos encontrarla en dos hechos:
La situación de la sociedad visigótica en el principio del siglo VIII era como se ha comentado anteriormente en el que solo una pequeña parte de la población era la que dominaba al reto, y por otro lado había un claro enfrentamiento entre la oligarquía gobernante.

Y dos; los musulmanes que pasan a la península eran unos guerreros que luchaban por un botin. Y los árabes estaban acostumbrados a pactar la sumisión desde los tiempos del Profeta, lo que permite dominar territorios sin grandes esfuerzos de vidas. Como se nos hace ver anteriormente, en la dominación de la península también hay referencias de pactos de sumisión.

“Lor árabes bereberes y sirios que ocuparon el reino visigótico constituían un porcentaje pequeño- unos 35.000del total de la población que por entonces quizá no sobrepasasen la cifra de los cinco millones. En pocos años los emigrantes islamistas se mezclaron conmujeres de la tierra, por lo que sus descendientes perdieron las notas distintivas raciales……..”(12)

“…….en el ejercito musulman de la primera época, participaban como auxiliares en las zonas fronterizas, poblaciones guerreras no islamizadas que estaban exentas del pago de impuestos como los soldados musulmanes”. (5)

“…….el botin se dividia en cuartos o en quintos, y el jefe de la expedición tenia derecho a una parte, además de poder escoger aquel objeto del botin que mas le gustara…….. ya en la azora VIII, 42 se habla del quinto reservado al Profeta”(5)

“Cuando el califa Umar decide expulsar a los judíos de Fadak e instalarlos en Siria adquiere sus propiedades pagando una justa indemnización, mientras que expulso a los de Jaybar sin ninguna compensación” (5)

“En las restantes conquistas que lleva a cabo por las tierras de Arabia y confines del imperio bizantino, Mahoma negocia y parece evidente que acepta las costumbres locales……………..muerto Mahoma, sus sucesores siguen prácticamente la misma política, negociando con los pueblos sometidos y adaptando las capitulaciones a las costumbres locales y las circunstancias del momento ”(5)

“Cuando los musulmanes, en tiempos de Umar, conquistan Mirs, negocian también con las autoridades locales. Se habla de una contribución en especie a base de trigo, aceite y miel y una contribución en metalico”(5)

“Mahoma y los primeros califas del Islam pactan y negocian con las autoridades o comunidades que se someten a los ejércitos msulmanes con gran realismo y sentido practico aceptando las costumbres locales” (5)



“Los que entraron con Musà recibieron el nombre de baladíes, mientras que los que entraron despues
Con Baly fueron llamados sirios o samiyyun” (5)

“No todos los barbar citados en las fuentes que se refieren a este siglo VIII, son bereberes, sino barbaros visigodos frente a la mayoría de la población hispano romana”(5)

“Las fuentes árabes, singularmente las que se refieren a los hechos acaecidos en el siglo VIII, citan continuamente a los Barbar como colaboradores principales de los árabes en la invasión de la península Iberica……se puede deducir que si bien muchos llegaron con los árabes desde el norte de Africa, otros en cambio podrían identificarsecon los antiguos barbaros que entraron en la península en el 409.”(11)

……….y había sido islamizada por predicadores que desconocían por el mismo motivo el Corán.


Las influencias ejercidas por los hispanogodos sobre la minoría musulmana que ocupo la península Iberica, esta fuera de duda, aunque no puedan explicarse con detalle, Se ha señalado que la orientalizacion de Al Andalus desde finales del siglo VIII, estuvo precedida por una hispanizacion de los musulmanes que ocuparon la península desde 710” ( Gonzalo Anes)

“Pero esos africanos que llegaron a la península en el sigloVIII con los árabes invasores,dejarían muy pronto sus costumbres y de emplear su propia lengua empleando el árabe y el romance, Levi Provenzal supone que probablemente dejo de hablarse la lengua bereber a partir del siglo IX……….”(11)

Se dice que Ad el Ramman no poseía caracteres árabes sino mas bien eslavos.
Lo que no esta claro es si Ad el Ramman, era hijo de una mujer de raza semítica o bien de alguna mujer de raza europea. Cuando posiblemente nace, los musulmanes ya habían accedido a territorios bizantinos y pudiera ser que en sean mujeres de otras procedencias las que hicieras mestizajes con los musulmanes. Por otro lado podía teñirse con alheña. Ibn Hazam , habla solo por referencias ya que cuando el escribe es en 1030 y Ad el Ramman llega a Al Andalus en 755.

La duda es aceptable, hay 5 años desde la matanza de los Omeyas y su llegada aquí, y es un periodo oscuro de su vida, ahora bien, podría haber sido ayudado por gentes fieles a los omeyas, ya que las clases dirigentes, de los territorios conquistados habrían sido nombradas por omeyas y aunque ya no estuvieran en el poder si podrían estar a lo largo de todo Egipto e Ifriquilla.

durruti
10/10/2010, 23:50
Despues de leer una parte del capitulo primero del libro de Olague, creo que merece la pena hacer alguna consideración, ya que el autor, no solo ya cuestiona la conquista de Hispania por los Musulmanes, sino que se cuestiona la expansión del islam por el norte de Africa, e ironiza sobre el Islam cuando dice: Tratándose de recibir las gracias de la Providencia, el milagro musulmán excedía, ¡y en qué medida!, al milagro cristiano.


Parece o por lo menos a mi me lo parece que sus dudas se centran en tres puntos:
El tiempo en que se desarrolla la conquista.
La inmensidad del territorio.
La escasez y poca fiabilidad de las fuentes que en algún momento se fija en lo anecdotico, rayando en la sorna.

En mi humilde opinión, habría que considerar que: evidentemente las fuentes son escasas y de dudosa fiablidad, pero son las mismas para todos, se llame Olague, Vallve, Guichard, o Sanchez Albornoz. Y tanto por esa razón, sirven para apoyar las hipótesis de unos que de otros.

Para un historiador del siglo XXIII será fácil recabar datos del siglo XX, porque ahora hay unas fuentes documentales precisas, contemporáneas, y plurales. Pero para uno del siglo XIX o XX obtener datos del siglo VIII es toda una epopeya, las fuentes no solo son escasas, sino que además tienen una dilación en el tiempo de varias décadas, cuando no centurias.

Por otro lado hay que considerar que la tradición oral ha sido un medio de conservar la memoria de los hechos históricos de alguna manera, que esa tradición puede alterar alguna cosa, aunque lo sustancial se mantenga( y si no le damos valor por ello, podemos por la misma razón empezar a cuestionar Los Evangelios o El Coran, ya que fueron escritos y recopilados años después. Tambien es cierto que en algún momento el cronista, pone carga de opinión favorable a uno o a otros, pero es también trabajo del investigador centrarse en lo esencial y desechar lo menos fiable, a la hora de hacer valoraciones.

Comparada con esta gesta, la empresa del Imperio Romano o la propagación del cristianismo parecían proezas de orden secundario. Se halla el historiador ante acontecimientos únicos en la historia. Si piensa en los medios de comunicación de aquel entonces queda atónito. Sobrepasaba esta epopeya las posibilidades humanas y razón tenían los panegiristas del Islam en afirmar que había sido posible este milagro por la ayuda de la Providencia que había auxiliado a los discípulos de Mahoma. De ser así, el hecho no podía discutirse:

En cuanto a la inmensidad del territorio es cierto que es enorme, pero por otro lado hay que considerar que como dice Roger Collins:

“Es infinitamente mas lógico considerar la expasion del dominio árabe hacia el oeste, durante el periodo comprendido entre 642 y 711,como la conquista y ocupación de un pequeño numero de zonas discontinuas, sobre todo costeras y altamente urbanizadas” (1).

(según Roger Collins no llegaron al estrecho de Gibraltar hasta el año 705, mas o menos, y los árabes eran poco numerosos, solo la elite dirigente y poco mas, el resto eran africanos que se les habían ido añadiendo e islamizando a lo largo de de todo el periodo que va desde la conquista de Alejandria en 642 a 705.)

Según la historia clásica, se apoderaron los conquistadores mahometanos del norte de África con suma facilidad, como en un juego de manos.

No es precisamente un juego de manos lo que otros historiadores dicen de la conquista del norte de Africa.

“La expansión del islam por el norte de Africa no fue una empresa fácil, ya que encontró numerosas resistencias. Necesito mas de medio siglo de extenuantes esfuerzos y luchas para conseguir que en los inicios del siglo VIII el vasto territorio norte africano se hallara de forma indiscutible pos los musulmanes.” (2)

La dominación del territorio fue un continuo ir y venir, ocupar y replegarse, por ejemplo a la muerte de Uqba, los bereberes vuelven a recuperar territorios anteriores “Uqba resulto muerto en una batalla, posiblemente con ayuda bizantina a manos de Kasila,que siguió guerreando hasta tomar Qayrawan en 684, y se convirtió en dueño y señor de la mayoría de las conquistas de la región”.(1)

Y “Cartago que fue conquistada en 692, los bizantinos la reconquistaron dos años después, aunque por poco tiempo” (3)

“………el califa Omar, en diez años habia conquistado las provincias Bizantinas de Siria, Palestina y Egipto (634-644).(8)


La leyenda de Uqba.
Uqba parece uno de esos personajes miticos que en toda civilización y en el contexto histórico aparecen, incluso se dicen frases que han dicho hace cientos de años como si se hubieran grabado en un magnetofono.

Estos personajes legendarios evidentemente han existido, y por su personalidad o por las gestas realizadas han pasado a la historia, se les ha engrandecido, sobre todo porque ha interesado tener un icono, para hacer brillar lo que en algunos casos son simplemente hechos normales.
Uqba ibn Nafi, según se dice fue un veterano de la conquista de Egipto, y de las campañas de la Cirenaica y la Tripolitana, que en torno al año 670, fue nombrado gobernador de Ifriquila. Bajo su gobierno, los musulmanes, se hicieron los amos del Sahel, aunque Cartago estuvo bajo el control bizantino.

En 675 fundo Qayrawan.
El Califa Muawiya posteriormente nombro un nuevo Gobernador de Egipto y Uqba fue sustituido.
Uqba fue repuesto en el cargo en el año 681 y cambio la poltica de pactos con los bereberes de Kasila, que había llevado su antecesor en el cargo.
Según la tradición, llevo a cabo su mitica marcha a través de todo el norte de Africa desde Qayrawan hasta el atlántico, y cuenta la leyenda que cuando llego al Atlantico dijo que “si el mar no le hubiera cortado el paso, habría sido lo mismo que Alejandro Magno.”
Según fuentes árabes, dirigió una incursión al país de los negros en 666, con 400 hombres de a caballo y 800 odres de agua hasta el lago Chad. A 3500 km del Mediterraneo.
Al regreso de esta expedición llego a Tunez y acampo en una zona llena de alimañas, invoco a Dios y estas desaparecieron. Y allí es donde se fundo la primera ciudad islámica del norte de Africa.
Todo esto tiene grandes partes de leyenda que no se sostiene con datos históricos, pero ha permanecido hasta limites de casi santidad. Pero lo cierto es que en el lugar donde murió hacia el año 683,la tradición musulmana localiza y celebra el martirio de Uqba.

durruti
10/10/2010, 23:54
Desde que los árabes después de la muerte de Mahoma se desparraman por medio mundo como oleada de un maremoto gigantesco, se apoderan como por arte mágico de las ciudades mejor pertrechadas y fortificadas. Es la objeción que hace el general Brémond a la toma de Alejandría por hordas llegadas del desierto, cuando debía de tener unos 600.000 habitantes


En el 640 los ejércitos árabes invadieron Egipto que cayo rápidamente,aunque Alejandria fue una excepción, la rendición de esta se produjo en el año 642. Amr fue el conquistador de Egipto.
La ocupación de Alejandria, fue determinante para el acoso de las islas del Mediterraneo;

Jamás hubieran podido trasladar al otro lado su pequeño ejército sin el concurso de marinos autóctonos y experimentados.


“A la conquista de Palestina siguió la de Siria, explicativa de las posibilidades del dominio marítimo posterior. Un importante n° de hombres de mar sirios y egipcios se convirtieron al Islam, otros se limitaron a ponerse al sevicio de los musulmanes. A partir de entonces,- de las conquistas de los años 634/642-los islamistas contaron con la tripulación y las naves necesarias para organizar expediciones de desembarco y la conquista de islas de la zona oriental de Mediterraneo.”(4)

En aquella época, según el geógrafo El Bekri se necesitaban cuarenta días para ir de Kairuán a Fez y mucho más si se elegía la ruta de la costa, camino requerido para alcanzar el Estrecho y las costas españolas

“……….En nueve días, era posible navegar entre Cadiz y Ostia; en unos cuatro entre Ostia y Cartago;y en quince entre Alejandria y Ostia.(4)


Para pasar los siete mil hombres de Taric era necesario contar por lo menos con un centenar de embarcaciones. Pero en esta época de gran decadencia marítima no era fácil encontrarlas. Los beréberes, que se sepa, no tenían flota.

Los musulmanes atacaron Chipre en 649,en el año 652 ocuparon la isla de Rodas, e hicieron una primera incursión a la Sicilia Bizantina. En 655 derrotaron a Constantino II a pesar de sus 500 barcos.” (4)

“ El objeto principal de las expediciones piraticas fue, casi siempre, obtener cautivos jóvenes para venderlos como esclavos.” (4)

“No es de extrañar que después de que los árabes tomaran Cartago, que al igual que Alejandria había sido un importante centro naviero y mercantil, se iniciara un periodo de una actividad naval considerable, esta vez principalmente en el Mediterraneo occidental. (1)

“……las fuerzas árabes y bereberes enviadas por mar, tomaron Tanger en alguna fecha entre 705 y 710.” (1)

Como puede verse los musulmanes durante el siglo VII ya dominaban la navegación por el Mediterraneo

Como puede verse no fue fácil la conquista del norte de Africa, y si bien se pudo hacer en poco menos de un siglo, hay que considerar el valor de los pactos, en ocasiones mas valiosos que las armas, y de la ayuda que obtuvieron de los naturales de las zonas dominadas, porque estos estaba exaustos por los impuestos a causa de las guerras, entre bizantinos y sasánidas, y porque al cambiar de dominador no tenían nada que perder.” Es demasiado poco lo que se sabe de la conquista árabe de la región,(Cirenaica) en 645, pero al parecer los recursos navales que aportaron los alejandrinos, desempeñaron un papel importante.(1)

“A finales del siglo VII los musulmanes ocuparon el norte de Africa”.(4)




. El Latin ha sido durante muchos siglos en toda el area de infuencia mediterránea, el idioma de comunicación entre los diferentes pueblos, ha sido la forma de comunicación internacional (lo que seria ahora el ingles)y todas las embajadas se comunicaban en latin. Incluso en siglos muy posteriores.

Como se puede ver” he sido muy aplicado”, según he recibido la información del capitulo 5 me he puesto a revisarlo, y he sacado frases que se pueden ver, y que a mi modo de ver lo que sugieren es simplemente que, en otras fechas el norte de Africa, era mucho menos hostil que lo que ahora nos hace ver, lo cual confirma , que la conquista musulmana de esa franja de Africa, aunque difícil, fue algo mas fácil de lo que nos puede parecer a la vista de nuestros ojos del siglo XX.
Por otro lado estos mismos argumentos invalidan de alguna forma los de otro capitulo, en que se ponia en evidencia la posibilidad de que los musulmanes hubieran podido conquistar esa vasta franja de terreno por las dificultades espaciales, y la imposibilidad de controlar la inmensidad del territorio y la adversidad climatica.
Ahora falta por contrastar las fuentes que nos den evidencias de que los árabes pudieron ser capaces de crear un ejercito con posibilidad de dominar militarmente el un siglo la orilla meridional del mare nostrum.
“ Abu Bakr envia un ejercito de 30.000 arabes y 12.000 yemenies a conquistar Siria……” (9)
Notas

(1) Los visigodos/Roger Collins/Santillana ed.
(2) La expansión musulmana / Varios autores/ Salvat ed.
(3) A la conquista del mundo/ Joaquin Vallve/ Historia 16.
(4) Europa y el Islam. /Gonzalo Anes./Real Academia de la Historia
(5) España en el siglos VIII/Joaquin Vallve/ Real Academia de la Historia.
(6) Los mudéjares en la Edad Media Española/ M.A. Ladero/ Real Academia de la Historia.
(7) Los judíos en la España medieval/ Julio Valdeon/ Real Academia de la Historia.
(8) Al-Andalus como España /Joaquin Vallve/Real Academia de la Historia.
(9)La literatura apocalíptica y las primeras reacciones cristianas a la conquista islámica de occidente/F.J.Martinez/Real Academia de la Historia
(10) Mozarabes y mudéjares/Fernando Chueca Goitia/ Real Academia de la Historia.
(11)libertad y esclavitud en el califato de Cordoba/Joaquin Vallve/Real Academia de la Historia.
(12)El final de la unidad mediterránea/Gonzalo Anes/ Real Academia de la Historia.
(13) La España Musulmana; Pierre Guichard; historia 16.

Esto es todo lo que he recopilado hasta hoy, algunos datos ya estan pasados en otros post, pero desordenadamente.

Salam

abdal-lah
11/10/2010, 15:50
salam durruti:

Me ha costado leer tus post no sabia cuando habla Olagüe de cuando hablas tú y de cuando hablan otros, aunque con atención y con concentración se ven las diferencias.
Te falto poner cursivas cuando habla Olagüe, y negritas cuando hablan los historiadores oficiales y letras rojas cuando hablas tú. Y la verdad es que hay que agradecer el esfuerzo que has invertido.

Llegados a este punto ya no se que decirte, no se me ocurre nada más de lo que ya te he dicho.

Posdata: está afirmación es “genial”: “ Abu Bakr envía un ejercito de 30.000 árabes y 12.000 yemeníes a conquistar Siria……” (9)

Sacado de las notas (9) La literatura apocalíptica y las primeras reacciones cristianas a la conquista islámica de occidente/F.J.Martinez/Real Academia de la Historia”

Milagro, milagro, milagro…. 30.000 árabes…………. milagro milagro:D:D. Y para rematar el milagro 12.000 yemenitas más...........jajjaja es para tornillarse de risa, perdona por las risas amigo Durruti pero no hay que ser una “académico de la Realísima Academia de la (des)Historia” para darse cuenta del cuento.

Una de las cosas que ya he dicho hasta la saciedad es que los mitos que construyen y se descontruyen en función de los intereses del Estado y de su ideología.

La expansión del Islam no fue una expansión de ningún Estado naciente ni por nacer; porque la expansión del Islam fue una consecuencia de una revolución en toda regla, y todas las ideas-fuerza revolucionaras se expanden como la pólvora y no necesitan de ejércitos ni de ciudades -nación ni de ciudades-imperio.

La historia de la expansión del Islam se ha tratado por parte de los historiadores oficiales como si fuera igual que la expansión del imperio romano u otro imperio que se conoce de la antigüedad

Ciertamente los historiadores árabes o musulmanes como los occidentales no pueden ver está afirmación de que el Islam era una revolución porque tanto unos como para otros no les interesa verlo así, y nos tienen, unos como otros, que explicar cuentos al estilo de lo que el Estado quiere enseñarnos.

Jamás un Estado sea el que sea analizara la Historia como una lucha entre oprimidos y opresores, tubo que venir Ibn Jaldún para explicarnos que la Historia humana es un conflicto de intereses, pero a Ibn Jaldún le hicieron poco caso por la razón de que este nos dice que la Historia humana es una lucha. Luego tubo que venir Karl Marx para explicarnos, siguiendo la idea de Ibn Jaldún, de que la Historia humana es una lucha entre clases sociales en la cual unos luchan y oprimen mantener sus privilegios y para otros destruir esos privilegios y liberarse. Y tuvieron que venir los anarquistas para explicarlos que la naturaleza del Poder es en si misma es origen del problema de esa lucha entre los seres humanos.

Todas estas cuestiones ya lo dice el Al-Qur`ân Al-Karim, y quienes entendieron esto fueron los primeros musulmanes, que 90 años después todo se acabo eso es cierto, contra más cerca nos encontramos del nacimiento de una idea-fuerza (revolucionaria) más pura y fuerte es, y contra más lejos estamos del epicentro de esa idea-fuerza menos pura es, es decir, más pervertida está.

Para resumen amigo Durruti, no hay ningún historiador oficial ni entre musulmanes actuales (ni del pasado) ni entre los occidentales que puedan explicarlos la expansión tan rápida del Islam. Porque ninguno de estos historiadores oficiales puede hacerlo, es como si quieras que un historiador oficial español explicara la verdad de lo que el Estado español llama “El descubrimiento de America”. La Historia amigo Durruti es también una arma de la lucha de clases y como tal se trata y se estudia.

Y como te dije (a pesar de sus muchos errores) el acierto de Olagüe es darse cuenta de todo es un cuento del Estado, es decir, del Poder.

bueno al final me he enrollado, perdón.

Salam

durruti
11/10/2010, 19:48
Disculpa amigo Abdal-lah, por lo de las cursivas y los textos en rojo, pero como todo esto lo tenia en un documento de word, al copiarlo no lo ha trasladado, y ademas a pesar de haberlo hecho "a mano", como era muy largo al cortar las piezas lo ha borrado y lo ha vuelto a poner todo con el mismo tipo de letra. Me he dado cuenta esta mañana cuando ha aparecido en el foro. ! Lo siento, por que veo que es dificil leerlo!

Estoy de acuerdo contigo en que todos los movimientos sociales rompedores con lo establecido, ni son bien entendidos ni son bien aceptados.
Posiblemente la historia es una de las ciencias sociales en que haya que hacer mas interpretacion de lo que se tiene, y se tiene muy poco. Sobre todo por que hace mas de mil años lo que se documentaba era bien poco, y posiblemente tendencioso o por lo menos, para quedar bien,( ahora se dice politicamente correcto).
Yo pongo como ejemplo el que un historiador de dentro de dos siglos, tuviera como fuentes dos o tres numeros de ABC y otros dos de El Pais, y debiera analizar toda una epoca con sus movimientos sociales.
Yo lo que he tratado hacer llegar es lo mas significativo de cada uno de los textos,porque lo que se podria poner seria demasiado largo,y seguramente denso, por no decir pesado.
No he querido poner carga de opinion, y solo trasladar algo de lo que otros dicen. Pero estoy con Olagüe en que lo que hay es falta de documentacion, y como traslado en unas lineas ; donde falta documentos empieza la especulacion.
Lo positivo para mi es que me ha motivado ha revisar lo que ya tenia en la memoria lejana.
Ni que decir tiene que si alguno de lo libros que he revisado quieres leerlo, no tienes nada mas que decirmelo, y te lo envio por correo.

Salam

durruti
11/10/2010, 23:49
Salam
Comentarios.

Despues de leer varios textos de otros tantos historiadores, y confrontarlos con las hipótesis de Olagüe, sobre la no invasión de la península Iberica, en el año 711 tal y como viene siendo aceptado, y sobre la creencia de que el Islam Hispano no fue una imposición de unos invasores, sino mas bien una evolución de las creencias cristiano/unitarias, tengo formada una opinión al respecto.

Es evidente que la situación política y social de la Hispania visigoda, era de una guerra civil, aunque no se muy bien si como consecuencia del enfrentamiento de Unitarios y Trinitarios, o mas bien como resultado de la lucha por el poder, que dividia a la nobleza; que era quien detentaba la mayor parte de la economía del país y para la que el resto de los habitantes contaban muy poco.
En esta lucha por el poder, bien habrían tenido que ver el alto clero, inclusive en la muerte de Witiza, que con muy pocos años cae en extrañas circunstancias. No hay que olvidar que Witiza había suavizado la presión sobre la intransigencia religiosa, sobre todo respecto a los judíos. Esto podría ser una causa de la división de los nobles visigodos, aunque en mi modesta opinión lo que habría sucedido, es que el ascenso de Rodrigo habría dado lugar a un enfrentamiento, ya que según parece Agila II se habría proclamado rey en la zona noroeste de Hispania, y como consecuencia de ello una abierta guerra civil, con las condiciones desastrosas que tendría para la población de niveles inferiores. Si a ello le sumamos que en años anteriores se habrían producido epidemias de peste que habrían diezmados a la población, es posible que cualquier atisbo de mejora ofrecida por cualquiera fuera vista como una oportunidad.

De otra parte tenemos el Islam, que surge en Arabia y se difunde rápidamente por todo su entorno, y en menos de un siglo se ha extendido por el mediodía mediterraneo.
Y ¿cual es la situación de ese entorno del levante y sur del Mare Nostrum?, pues una constante situación de guerra entre dos potencias coloniales, Sasanidas y Bizantinos que tienen arruinados y desmoralizados a una población que no se siente identificada con sus colonizadores.

Y ? quien ofrece algo nuevo en lo que confiar?, aunque luego “no sea oro todo lo que reluce” pues el Islam.
Posiblemente esa sea la causa de la rapida expansion de la nuevas ideas.
No hay que olvidar que en 10 años desde la muerte de Muhamad 632/642 han llegado hasta Egipto, lo que les proporciona no solo una victoria religiosa, sino una garantía de riqueza para seguir expandiéndose.( Egipto era un país agrícola que podía garantizar el suministro de viveres para los musulmanes).

Coincidente con lo que sucedia en el entorno hispano godo, tambien en en esas zonas había una clara discriminación de la población copta.

Si volvemos a la península Iberica, y aceptando que los musulmanes pudiera haber llegado a arribar en nuestras costas en el 711, olvidando toda la historia de revancha de don Julian, podemos entender que; con guerra o sin ella, con invasión o con simplemente una toma de contacto con la población autóctona, y entendiendo y aceptando que hubiera mas unitarios de los que pensamos o nos han transmitido los documentos, la aceptacion del Islam fue un hecho, y que aunque con los pocos datos que se poseen, los musulmanes estaban gobernando gran parte de Hispania en la primera decada del siglo VIII.

Y que la idea básica del Islam respecto a Dios estaba mas cerca de unitarios que de trinitarios.

El secreto de toda esa aceptación por parte de la población peninsular, fue como ha expresado algún historiador, el hecho de que el Islam era una religión fácil de comprensión y de seguimiento por aquellos hispanos, que ofrecia mejores condiciones de vida por el hecho de ser musulman,y que posiblemente el cristianismo era solo nominal y no de hecho o convencimiento.

Las clases dominates Hispano-godas, pudieron jugar una baza importante en la aceptación de los musulmanes, porque con un sentido practico la negociacion de pactos les resultaba beneficiosa.

El resto de la polémica es un puro devaneo, en el que según quien aporte una “prueba” puede hacer dudar de lo contrario. Y viceversa.

Salam

durruti
12/10/2010, 08:47
No estoy fino ultimamente, donde queria decir "segunda decada del siglo VIII", puse "primera decada del siglo VIII".

!la noche me confunde!

Disculpad el error.

Salam

abdal-lah
13/10/2010, 10:41
Capítulo 7

Los Árabes no invadieron jamás España

Ignacio Olagüe

LA EVOLUCION DE LAS IDEAS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA: EL CRISTIANISMO TRINITARIO

Situación especial de la Península Ibérica al fin del Imperio Romano. Ha quedado oscurecida esta situación por el influjo de un velo tendido sobre la época, debido a un complejo hispano-religioso.

Paralelismo entre las provincias de Levante y del sur de la península con las asiáticas del Imperio Bizantino.

Li permanencia de la idolatría.

• El cristianismo trinitario en los primeros siglos

Ausencia de documentos hispanos en los tres primeros siglos. La carta de San Cipriano. Testimonios de diversos autores de la Alta Edad Media acerca de la minoría cristiana existente en España.

El Concilio de Elvira, su carácter pagano y heterodoxo.

• La abjuración de Recaredo

El cristianismo triunfante del siglo IV. El pacto Constantiniano. El suplicio de Prisciliano. El bache consiguiente con la torna del poder por Eurico.
La Iglesia bajo el gobierno arriano. Leovigildo, los cristianos y la guerra civil promovida por Hermenegildo.

La conversión de Recaredo y la realidad. Las personalidades trinitarias. Las actas de los concilios de Toledo demuestran la existencia de un ambiente heterodoxo.

• La crisis del siglo VII

Desde el III Concilio de Toledo se hacen estas asambleas más y más políticas. Acuerdos de ayuda mutua entre los reyes godos y los obispos.
intervención de los obispos en la elección del rey y participación de los hombre: de palacio en la firma de las actas conciliares.
Degeneración de la Iglesia: el afán de lucro.

Legislación especial por los crímenes cometidos por los obispos.
La esclavitud clerical. La ignorancia. La liturgia. La depravación de las costumbres, la homosexualidad clerical.
La idolatría. Lis misas negras celebradas por los obispos.

No ha alcanzado en el curso de la Edad Media la competición entre las civilizaciones semitas e indoeuropeas el territorio de Occidente, salvo el de la Península Ibérica. Estaba el frente situado a orillas del Mediterráneo. Si se excluyen algunos incidentes ocurridos en Italia, se encontraban los puntos álgidos en los dos extremos de este mar; en España y en las provincias bizantinas. Más tarde, a fines del XV se asiste a un doble y contrario movimiento. Cuando el ala izquierda, Bizancio y su Imperio, queda sumergida por los turcos islamizados, la derecha acaba por recobrarse. Así se explica cómo de todas las naciones occidentales ha sido España, considerada en su totalidad, la que ha sido cristianizada más tarde, al final de la Edad Media, con por lo menos diez siglos de retraso sobre las demás. En el siglo XVI, parte de su población era aún mahometana y fue sólo después de la expulsión de los moriscos (1609-1614), cuando el catolicismo se convirtió en la religión de todos los españoles113. Se comprenderá ahora por qué la evolución de las ideas religiosas se ha desarrollado en esta nación de modo diferente que en el resto de Occidente.

Hasta nuestros días no ha sido reconocida la divergencia de esta evolución con lo que significaba para la formación y porvenir de la civilización europea. Era debida esta ignorancia de la historia clásica a un defecto de metodología: Han estado casi siempre dispuestos los historiadores a describir los acontecimientos del pasado de acuerdo con los testimonios de los vencedores. Es verdad que en la lucha implacable por La existencia siempre está equivocado el vencido. En la gran mayoría de los casos los documentos que hubieran podido enseñar a la posteridad sus razones y su pensamiento han sido destruidos, muchas veces de modo sistemático. Con falta de juicio crítico se ha repetido demasiadas veces lo que precisamente deseaba el vencedor que fuera dicho, y hasta lo que el mismo había pagado para ser dicho, ocultando la verdad que no deseaba fuera conocida, pero que era la del vencido. También arrastraba al historiador hacia su criterio una cierta disposición de espíritu, sea que hubiera sido educado en el mismo ambiente que había sido favorecido por la acción del antepasado, sea que hubiera posteriormente adquirido una concepción similar a la que había impuesto el vencedor, o en razón de su sensibilidad afín a su constitución fisiológica. En una palabra, de modo consciente o inconsciente, se ha generalmente desconocido, tenido en menos, menospreciado o sencillamente silenciado la aportación de los vencidos a la evolución general de las ideas.

Han hecho creer por mucho tiempo el delenda est Cartago y la ruina de la potencia púnica en la total desaparición de esta cultura semita, aniquilada por la del Lado. Se han dado cuenta ahora los eruditos de que no había sido así. No podían desaparecer de la noche a la mañana y sin dejar rastro alguno unas ideas y una sociedad que habían florecido por casi un milenio. Se descubren hoy día en estos lugares en que habían vivido los cartagineses o por ellos habían sido dominados, recuerdos en el idioma, en la toponimia, en las costumbres, en cierto énfasis del espíritu. Maravillados quedaban estos estudiosos al comprobar cómo resurgían estos caracteres disimulados por muchos siglos bajo el empaste de la civilización romana. De nuevo aparecían como fantasmas de tiempos remotos, al contacto con otra oleada de ideas, llegadas ellas también de Oriente, rompiendo con fuerza una vez más con la expansión de otra civilización semita, la arábiga.

Reducidos a esquema por la lejanía se manifiestan estos hechos a la opinión contemporánea con absoluta objetividad; pues no despiertan emoción alguna que deba enmendar el razonamiento. No ocurre lo mismo si se desea alcanzar una aproximada comprensión de la evolución de las ideas en España. Su conocimiento puede impresionar a nuestra mentalidad si se pertenece a uno de los dos bandos, semitas o indoeuropeos, que contendieron en tantos años y si se sigue con demasiada rigidez la tradición dogmática medieval, cristiana o musulmana. Por ello, el autor y el lector deben situarse por encima de las contiendas de antaño. Mas resulta difícil el esfuerzo, no por fallo de la voluntad, sino por culpa del método histórico anteriormente mencionado. A última hora había gozado el cristianismo de una victoria definitiva con las consecuencias que esto implica; pero además se había formado un complejo intricado debido a un sabio enmascaramiento que se había tendido como un velo sobre la mayor parte de la Edad Media. Engañados habían sido los historiadores y desacertada la comprensión de los acontecimientos históricos. Así se explica cómo se habían deslizado en los textos tantas incoherencias manifiestas, el equívoco en la descripción de los hechos. Se había adormecido el juicio crítico al amparo de una ilusión formada por mitos maraviliosos114.

Cuando habían cristalizado los principios que dividían a las religiones mahometana y cristiana en dogmas absolutos, se enfrentaron desde posiciones entonces claramente definidas; situación ya conseguida en el siglo XV. Los intelectuales —teólogos, filósofos, historiadores y demás comentaristas—, faltos de una visión adecuada del pasado por ausencia de una historia científica, creyeron que el foso que separaba ambas religiones había existido desde tiempo inmemorial. Como siempre, la pasión y la ceguera retrotraían al pasado un estado de opinión que acababa de manifestarse en el presente.

Pertenecían los musulmanes y los cristianos a dos concepciones de la vida religiosa que jamás habían tenido entre ellas relación alguna. Tan alejada estaba la una de la otra, como del budismo. Manifiesto es: en los finales de la Edad Media el antagonismo entre Islam y cristiandad era irreversible; no había sido así en otros tiempos. Pues habían mamado ambos en la misma fuente. Se habían acentuado sus divergencias desde un mismo punto; después de larga separación habían emprendido una misma evolución paralela.

seguiremos inxa Al-lâh

abdal-lah
13/10/2010, 10:44
En la Alta Edad Media apreciaban los cristianos en el Islam una sencilla herejía. Llama el abate Esperaindeo en el siglo IX herejes a sus adversarios; así lo atestigua en sus escritos115. En el siglo XIII, condena Dante a Mahoma al infierno, pero no lo coloca en el lugar destinado a los bárbaros en donde más tarde seguramente le hubiera puesto. Lo pone en compañía de los cismáticos; es decir, con gentes que pertenecen a la familia cristiana, aunque por sus culpas quedan aislados en una reserva particular. Como castigo se abre en dos el pecho el Profeta, por haber dividido en dos a la cristiandad. Si ya Renan hace un siglo había advertido este criterio, posteriormente había enseñado Asín Palacios que el mismo juicio se manifestaba en autores musulmanes como Algazel, Ibn Arabí, etc.116

Por su situación geográfica y la evolución de las ideas que había conocido, se prestaba mejor España a ciertos análisis y descubiertas que las provincias asiáticas de Bizancio, en donde se presentaba el problema con mucha mayor complejidad. Bastaba para ello con apartar el velo que los historiadores cristianos en la euforia del triunfo habían tendido sobre épocas anteriores que les eran incomprensibles. Pues el vencedor, alternativamente cristiano y mahometano, había destruido todos los libros y documentos que le eran contrarios; los escasos ejemplares que se habían salvado habían desaparecido, carcomidos por el polvo de los tiempos. Las pérdidas bibliográficas con ser importantísimas no eran las solas responsables. Insólita era la postura adoptada por los intelectuales hispano-cristianos. Un complejo de inferioridad les había envenenado de modo exagerado. Para contrarrestar la presencia del Islam en su tierra querida, lo que les perturbaba como una aberración, se habían empeñado para calmar sus ansias en engañarse a si mismos, transmitiendo a la posteridad una interpretación falseada de los acontecimientos. Los juegos malabares de los autores de los siglos IX y X, negándose o siendo incapaces de enfrentarse con la realidad, habían sido superados por los historiadores posteriores que enfocaron los acontecimientos anteriores a la expansión islámica con un criterio tendencioso.

En su deficiente concepción de la historia de la cristiandad, para no parecer por culpa de los antepasados cristianos de segunda clase, exageraron y pusieron por los cielos un cristianismo primitivo español para convertirlo con su hinchazón en tan importante y respetado por su importancia y ancianidad, como el de las Galias o el de las campiñas romanas. Aceptaron concepciones míticas de origen cristiano que mezclaron con las de las tesis de la contrarreforma musulmana, según la cual la espada se había impuesto a la acción de las ideas. Se transformó el oscuro cristianismo de los primeros días en una doctrina cuya predicación había conquistado en los albores de nuestra era a todos los habitantes de la península. No sólo había venido San Pablo a predicar por tierras de España; había sido secundado por personajes cuyo carácter fabuloso era manifiesto117.

Si se admite el criterio expuesto por la mayor parte de los autores, revestía la evolución de las ideas en España una simplicidad grandiosa: Se identificaba con la del cristianismo, pero de un cristianismo fundido en moldes de bronce desde los primeros años de su predicación. Con majestad dominando la población, se había mantenido incólume desde el final del Imperio Romano hasta que en el siglo VIII fuera abatido, fulminado por el rayo, como por un cataclismo que no se puede evitar. Mas ahora, si se reconocía la inverosimilitud de una invasión de España por los árabes, se desmoronaba tan simple arquitectura. Si era una leyenda, por lo menos en los términos descritos por la historia clásica, había que reconocer el fallo de tal concepción, pues eran los mismos españoles los que se habían convertido al Islam de acuerdo con una evolución de ideas heréticas, consecuencia de un largo proceso que se había desenvuelto en varios siglos.

Se sitúa así el nudo del problema en el momento de la dislocación del Imperio Romano. Desde el siglo IV, se asiste en la Península Ibérica, sobre todo en su parte meridional, al brote de conceptos religiosos y a la aparición de hechos políticos sin parangón alguno con lo que ocurría en el resto de Occidente, pero que eran extraordinariamente parecidos a los acaecidos en las provincias asiáticas de Bizancio.

Desde el siglo XVI habían empezado a sospechar ciertos ingenios de esta anomalía, la que en términos actuales podríamos llamar divergente evolución. Juan de Valdés, por ejemplo, había pasado gran parte de su existencia en Italia y percibido entonces que conservaba mayor parentesco el español con el latín que el italiano; lo que era bien extraño, pues parecería que debiera haber sucedido lo contrario. Lo han puesto de manifiesto los trabajos de los modernos filólogos. Para explicarlo se ha recurrido a la historia y se ha observado que en amplias zonas de la población española se había mantenido el latín con mayor pureza que en el resto de Occidente. Cuando allí había sido corrompido por el habla de los aldeanos, aquí se habían impuesto los ciudadanos, pues existían en la península mayor número de ciudades que en las otras provincias118.

Se desenvolvía en estas regiones una estructura económica que no habían logrado desarrollar o no habían conseguido mantener las demás. Por lo cual podía la Península Ibérica ser asimilada a las provincias orientales119.

Ha comparado Breasted el papel desempeñado en esta época por la Península Ibérica con el de los Estados Unidos después de la guerra del año 14. Por su espléndido aislamiento geográfico se había convertido, sobre todo desde el siglo III, en una tierra de refugio no sólo para los capitales, sino también para las grandes familias romanas. En la lenta dislocación del Imperio había sido la región de Occidente que menos había sufrido por las luchas intestinas, por las revoluciones y por las contiendas locales. Así se explicaba la vitalidad de la cultura del Lacio en sus antiguas provincias hispánicas. Numerosos son los testimonios que se podrían espigar por textos y documentos, de tal suerte que ha podido escribir Bonilla San Martín, el historiador de la filosofía española: «El movimiento priscilianista, los trabajos de los concilios de Toledo, las producciones de los escritores, atestiguan en la España de los siglos IV y V una cultura excepcional. La invasión goda, lejos de sofocar este progreso, lo acrecienta y estimula notablemente»120.

Otro contraste con Occidente: Andalucía y el litoral mediterráneo, en aquel tiempo acaso los lugares más ricos del Imperio occidental, habían mantenido con Bizancio relaciones estrechas. Esto explica la conquista de Justiniano. No hubiera arriesgado un basileus tan prudente fuerzas importantes en regiones tan alejadas de sus bases, si no hubiera contado con colaboraciones locales. No hay que olvidarlo. Fue en el siglo VII, unos ochenta años antes de la pretendida invasión arábiga, cuando Sisebuto y más tarde Suintila acabaron por echar a los bizantinos fuera de la península121. Esto permite la comprensión de muchas cosas. No ha evolucionado el cristianismo en España como en el resto de Occidente. Se encontraba este país ante circunstancias muy distintas. Se aproximaba más en cuanto a su contextura económica y cultural —y lo apreciaremos en las páginas siguientes en cuanto a su situación religiosa—, a lo que existía en las provincias asiáticas y africanas del Imperio Bizantino, que a lo sucedido en el Septentrión.

Cuando en el siglo III empezó el cristianismo a propagarse por la Península Ibérica, se encontró ante las mismas dificultades con que tropezaba en Oriente. Tenía que arraigar en un ambiente más culto y desarrollado que el de Occidente, envuelto aún en mayor barbarie desde la caída de Roma. No habían padecido Bizancio y su Imperio los trágicos acontecimientos ocurridos en esta parte del continente. Había mantenido Oriente una mayor cohesión, mientras que la guerra civil y la ruina económica y cultural permitieron aquí como mal menor la toma del poder por parte de los germanos, quienes eran en el desbarajuste la única fuerza capaz de mantener el orden. Entonces, una de las leyes que rigen el cosmos tenía que imponerse. En el mundo físico como en el de las ideas, atrae fatalmente el vacío a las fuerzas circundantes. Dada su situación de inferioridad debida a la crisis política, pero también a su retraso cultural, podía considerarse Occidente como un lugar parecido al vacío en física. Tenía que. rellenarse. Por tal motivo, ciertos movimientos ideológicos llegados de Oriente pudieron explayarse y florecer con mayor lozanía que en sus tierras de origen por obra de estas circunstancias favorables.

Se podrían agrupar estos conceptos en torno a dos polos opuestos, según que fueran atraídos por un criterio crítico, como lo era el arrianismo, o envueltos en un ambiente mágico e irracional como lo era la gnosis. Se situaba el cristianismo entre ambos extremos.

seguiremos inxa Al-lâh

abdal-lah
13/10/2010, 12:04
Se desenvolvieron estos principios en Oriente con suertes diversas según el predominio de uno de ambos criterios. Las enseñanzas de la filosofía clásica, la autoridad de la Escuela de Alejandría, una riqueza material de gran envergadura, la ausencia de una crisis económica aguda como la que se había abatido sobre las trastornadas provincias de Occidente, no favorecían la expansión de doctrinas con fondo revolucionario. Una supervivencia de la intelectualidad pagana, sobre todo en la literatura griega, la conservación de ideas y de costumbres ancestrales, se oponían cual un obstáculo imponente. Eran incapaces las nuevas sectas de superarlo sin el concurso de fuerzas externas considerables. Si no se equívoca el autor, circunstancias algo parecidas, aunque en tono menor, se mantenían en el sur y en el sureste de la Península Ibérica: lo que explicaría la similar evolución histórica que tuvieron ambas regiones en la mayor parte de la Edad Media.

No estaba sólo el cristianismo en querer atraerse a las almas. Gran competencia le hacían las herejías, en las que por su importancia destacaba el arrianismo. Mas al no existir en Oriente la misma presión política que le había combatido en Occidente, tuvieron los partidarios de Arrio mucha mayor facilidad para propagarse, pues le era más fácil adaptarse al ambiente existente. Con otras doctrinas más racionales que las concepciones trinitarias, atraía con mayor naturalidad hacia el monoteísmo a las masas adheridas a los cultos de los dioses. Gozaba de mayor plasticidad para impresionar a las clases cultas y más aún a los intelectuales. Algo similar ocurrió en España; pues fueron las comarcas más ricas y cultas de la península las que a la postre se convirtieron al unitarismo, mientras que las pobres e incultas se adhirieron al cristianismo. Se mantuvo esta situación hasta el siglo Xl en que la cruzada franca, coincidiendo con la almorávide, cambió el curso de la evolución religiosa. Hasta entonces la España unitaria siguió el mismo movimiento religioso y cultural que había creado en las provincias bizantinas una nueva civilización. Del sincretismo arriano se condensó el sincretismo musulmán.

Para comprender pues la evolución de las ideas religiosas en España en la Alta Edad Media, conviene apreciar en su justo valor las dificultades con que tropezaron los conceptos orientales en su afán de extenderse por Iberia. Llegaban desde dos mundos distintos pero emparentados por relaciones múltiples: del complejo judío entonces alentado por la diáspora, del de los arcanos mágicos del Irán. Con el judaísmo arraigado en el país desde tiempos muy anteriores. se difundieron el cristianismo y sus herejías.

Pero con el siglo V adquirió gran preponderancia el monoteísmo unitario, favorecido por
los monarcas godos. Siguió su evolución después de la abjuración de Recaredo, mas para apreciarla era menester descorrer el velo lanzado sobre estos tiempos oscuros por los primitivos cronistas cristianos, suscritos sin discernimiento por la historia clásica.
Si se había mantenido más puro el latín en la Península Ibérica que en otras regiones de Occidente, lo mismo debía de haber ocurrido con la cultura romana. Lo han reconocido hace tiempo los investigadores. Pero, por culpa del velo anteriormente mencionado, no ha sido admitido el hecho con todas sus consecuencias, a saber: en los lugares en donde se había conservado lozana la cultura romana, con más obstáculos había tropezado el cristianismo para arraigar122. Los estudios recientes complican aún más la cuestión, pues se advierte ahora que la tradición de una cultura pagana favorecía a las concepciones unitarias en detrimento de las trinitarias. Así se explica la expansión del sincretismo arriano en las regiones ricas y cultas, en las que un juicio crítico más o menos racionalista había conseguido sortear la tormenta que había acompañado la dislocación del Imperio Romano de Occidente.

Estudios hechos en nuestros días por especialistas enseñan la existencia de relaciones hasta ahora insospechadas que facilitaban la lenta evolución de ciertas concepciones paganas hacia la constitución de nuevos dogmas. Jean Gagé demuestra el papel desempeñado por la mitología solar, encarnada sea por Mitra, sea por la persona del Emperador, para convertir a las masas hacia el monoteísmo unitario entrenándolas con un largo ejercicio preparatorio, es decir: «acostumbrando a las poblaciones del mundo romano a una visión monoteísta del universo monárquico del orbis romanus»123.

Estas relaciones entre concepciones tan diferentes por lo menos a primera vista no pueden hoy día desconocerse. Existe en todo el Imperio y en España una abundante iconografía que enseña la evolución de estas ideas deslizándose tanto hacia la ortodoxia como hacia la herejía. No sólo se había mantenido por largo tiempo el paganismo, sino que había conocido en el siglo VII un auténtico resurgimiento. A esta consecuencia viene a parar Maurice Boëns después de haber estudiado los documentos arqueológicos referentes a la presencia tantas veces señalada de hogares Votivos en los cementerios francos de Renania, de Lorena y de Bélgica. «Hay que advertir, escribe, que son bastante tardíos (siglo VIII). Sin embargo, resulta difícil concebir que hubieran aparecido espontáneamente prácticas tan conformes con la mentalidad protohistórica al final de la época merovingia. Debieron conocer pues una recrudescencia que ya anuncian los últimos concilios de Toledo. En efecto. de 589 a 653 hacen constantemente alusión a las supervivencias de la magia; en contraste, atestiguan bajo el reinado de Recesvinto (653-672) una debilidad sensible de la organización de la Iglesia católica cuya inmediata consecuencia ha sido el resurgir del paganismo, del cual fue testigo el abate Valerio por los años 680-690. La llegada en masa de laicos a los monasterios tuvo por consecuencia la paganización de los monjes»124. Consciente de ello prohibió el III Concilio de Zaragoza (a. 691) «que los monasterios se conviertan en hospederías de seglares». Pues con prudencia había dictaminado el XIV Concilio de Toledo (684) «que se eviten has disputas con los herejes, para que no se discutan las cosas celestiales, sino que se crean»125.

Como Maurice Boëns se apoya para confirmar su tesis sobre documentos hispanos, seria conveniente una investigación para esclarecer las verdaderas causas de este resurgir del paganismo en casi todo Occidente. El caso de España debió revestir un carácter verdaderamente dramático, pues en la misma víspera de la subversión del siglo VIII hubo de constituir en el barullo un elemento de gran importancia.

Es difícil por nuestra parte determinar los motivos que favorecieron esta reaparición del paganismo. Más claras nos parecen las causas del decaimiento del catolicismo a fines del siglo VII, hecho reconocido por todos los autores. ¿Qué debilitaba al cristianismo trinitario? ¿El contagio con la herejía o la falta o ineficacia de la presión del poder público? ¿No se habían hecho demasiadas ilusiones las minorías gobernantes del poder público y de la Iglesia? ¿No habían perdido contacto con la realidad, es decir, con la masa de la población? Es probable que en la ecuación a resolver, los acontecimientos del siglo VIII, intervinieran todos estos elementos conocidos y otros mucho más oscuros o que ignoramos. Para desentrañar el problema estudiaremos por de pronto la evolución de las ideas trinitarias en la península126. Luego esbozaremos un análisis de las concepciones unitarias, gnósticas, priscilianas y arrianas. Nos será entonces posible enfocar la situación en vísperas de la revolución del VIII, en la que se condensaban los elementos creadores del sincretismo arriano y más tarde musulmán.

EL CRISTIANISMO TRINITARIO

Los primeros siglos

Numerosos e importantes son en España los testimonios concernientes a la religión de Mitra y al gnosticismo, pero no poseemos ningún documento ni literario, ni arqueológico, anterior al siglo IV que tuviera un carácter paleocristiano. Tal es la realidad por lo menos en el estado actual de los conocimientos. El padre García Villada, el moderno campeón de las tradiciones legendarias del primitivo cristianismo hispano, lo reconoce: «La ausencia de documentos históricos pertenecientes a los cuatro primeros siglos es verdaderamente desoladora», escribe. Para explicarla encuentra una cabeza de turco en la persona de Diocleciano «que había ordenado al principio del siglo IV quemar los archivos eclesiásticos, los cuales desaparecieron en su totalidad»127. A juicio de este erudito jesuita existían en aquel entonces, como en nuestros días, archivos diocesanos que pudieron ser localizados y destruidos por los enemigos del cristianismo.

Para confirmar esta suposición por demás sorprendente cita un himno de Prudencio, el primero de su Peristefanon128. Basta leerlo para darse cuenta de que hace referencia el poeta a dos cristianos de Calahorra, Emeterio y Celedonio, mártires, cuyas actas habían sido quemadas por el poder público; lo que pudo ser causa de su olvido. Mas no se debe de este caso particular y local inferir una ley general de la envergadura concebida por nuestro jesuita. Por otra parte, de haber existido esta orden de Diocleciano hubiera sido impuesta a todo el Imperio y no sólo a España; nada sabemos de ello ni de quemas de archivos en las otras provincias en donde los mártires no fueron olvidados.

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abdal-lah
13/10/2010, 12:06
Esto rectificado, tampoco debe caerse en un juicio contrario, monolítico y a rajatabla. La ausencia de documentos no prefigura la inexistencia de cristianos en aquellos primeros siglos. Acaso descubrirán algún día los arqueólogos los testimonios de su presencia. Solamente se debe deducir de esta penuria que los adheridos al cristianismo eran entonces una minoría. Se explica así el escaso número de sus manifestaciones, literarias y arquitectónicas y la menor probabilidad de su conservación en el curso de los tiempos. Es evidente que si los cristianos hubieran sido más numerosos nos hubieran alcanzado un mayor número de documentos.

Poseemos una carta de San Cipriano, obispo de Cartago, dirigida a las comunidades de Astorga, de León y de Mérida. Habían sido estos cristianos abandonados por sus obispos, Basilides y Marcial, que habían apostatado. En su desconcierto pedían consejo. Ha sido escrita esta epístola hacia la mitad del siglo III. Se pueden leer estas palabras:
«No os asustéis si en algunos de los nuestras se vuelve la fe dudosa, si el inconsistente temor de Dios vacila y si desaparece la concordia...» Más lejos: «.. .A pesar de que se ha aminorado en nuestros días la potencia del Evangelio en la iglesia de Dios y que periclita la fuerza de la virtud y de la fe cristiana...»129. Afirmativo es el texto. No sólo estaba constituido el cristianismo en esta parte de la península por una minoría; estaba sujeta a crisis graves. Apostataban los obispos; pero lo más extraño es comprobar que los fieles abandonados, desamparados e ignorantes, se vejan en la necesidad de pedir consejo a una personalidad extranjera que vivía a millares de kilómetros del lugar de su residencia, con el mar de por medio. ¿No existían en la península autoridades eclesiásticas a quienes dirigirse? Está uno tentado de pensarlo. Más aún. La contestación de San Cipriano nos enseña el método que debían de emplear estos fieles para nombrar a sus obispos. Esto es muy útil para el historiador, pero demuestra la ignorancia de estas gentes. Como la autenticidad y la fecha del documento no inducen a sospecha, se impone reconocer que en estas tierras ibéricas tan alejadas de Oriente en donde por aquellas fechas se enderezaba su estructura tan peculiar, era el cristianismo muy endeble en cuanto a la doctrina, al número y a la disciplina de sus adheridos.

Afirman textos diversos que la propagación del cristianismo en España ha tropezado con grandes obstáculos; lo que explicaría la lentitud de su difusión y el escaso vigor de su asentamiento en el país. Se refiere a este hecho Sulpicio Severo (360425?) en su crónica famosa130. Asegura el abate Valerio del Bierzo, fallecido en 690, en una carta que escribió a sus hermanos en religión para animarles a seguir el ejemplo de la virgen Aetheria, la célebre viajera, que en su tiempo, es decir, a fines del siglo IV, empezaba solamente el cristianismo a propagarse en el norte de la península. Tan arraigada estaba la idea en su espíritu que la repite en la vida que escribió de San Fructuoso131. Se halla la misma afirmación en las actas de Santa Leocadia de Toledo y en las de los mártires Vicente, Sabina y Cristeta de Avila132. Supone García Villada que la Pasión de San Fermín, cuyo autor es francés, ha sido la fuente de estos escritos del VII. En ella se asegura que lo mismo ocurría en las Galias, con lo cual deduce nuestro jesuita que se trata de un lugar común133. Cómodo es el argumento para apartar textos enojosos, mas poco convincente. Pues, si con la mayor condescendencia aceptáramos el «lugar común» del Padre para los españoles del VII, quedarían por desvirtuar las palabras de un autor de tanta autoridad como Sulpicio Severo. Vivía en el siglo y siendo galo no podía haber padecido la influencia que nos dice García Villada.

Los primeros textos de la Iglesia cristiana hispánica que se conocen son las actas de un concilio celebrado en Elvira, la antigua Granada, en el principio del siglo IV, bajo el reinado de Constantino, constantini temporibus editum, según reza el preámbulo. Están de acuerdo todos los autores en que la fecha de esta reunión debe situarse después de la persecución de Diocleciano y Maximiano. Muere éste en 310. En 312 vence Constantino a su cuñado Majencio, hijo de Maximiano. En 313 proclama el nuevo emperador el Edicto de Milán que señala el triunfo del cristianismo. En 314, hace referencia al Concilio de Elvira el de Arles. De modo que fue por los años anteriores a esta fecha cuando tuvo lugar el primer concilio hispano. Nadie ha discutido la autenticidad de sus actas. Se conservan varias copias que se escalonan desde el siglo VII al X. Sólo asistieron diecinueve obispos, pero acudieron de los lugares más apartados de la península: naturalmente de Levante y Andalucía, pero también de Braga, de León, de Toledo, de Zaragoza y hasta de Calahorra, es decir, de las ciudades romanas que eran entonces importantes. De aquí el gran interés de sus determinaciones, pues son la síntesis del pensamiento más granado de la autoridad eclesiástica en aquel momento de la vida del cristianismo en España.

Nos enseñan que la civilización romana se mantiene aún con todo esplendor. Las carreras de carros y los cómicos entretienen a las muchedumbres. El canon LXII prohíbe el bautismo a los aurigas y a los mimos (Pantomimus) a menos de renunciar a su oficio. Nos confirma Prisciliano la existencia de representaciones teatrales en estas fechas tardías en su Liber de fide et Apocryphis134. Sacrificaban los flámines a los ídolos, pues los cánones II, III, y IV se refieren a estos personajes. La sexualidad y las costumbres paganas se mantenían lozanas; la mayor parte de las actas del concilio están encaminadas a combatirlas, a veces de modo descabellado y arbitrario; lo que en poco ayudaría a la conversión de los idólatras135.

La lectura de las actas da la impresión de una mera acción defensiva. Los cristianos son una estricta minoría y tratan sus pastores de apartarles del ambiente circundante. La fe era precaria. Tienen que acudir los obispos a medidas draconianas. Así reza el primer canon, como si fuera su mayor preocupación: «El adulto que habiendo recibido la fe del bautismo de salvación acuda al templo de los ídolos para idolatrar y cometiere este crimen capital, por ser la mayor maldad, decidimos que no reciba la comunión ni aun al fin de su vida».

No las tienen todas consigo. No deben los fieles tener ídolos en su propia casa, «pero si temen la violencia de sus esclavos, al menos ellos consérvense puros. Si no lo hicieren sean excluidos de la Iglesia» (canon XII). Los fieles deben vivir aislados de sus conciudadanos paganos. No pueden con ellos casarse136. No pueden aceptar el cargo de magistrados y duumviros (canon LVI). Lógica y natural era esta situación de inferioridad, tratándose de pequeñas capillas cristianas incrustadas en una sociedad pagana. Mas no era esto sólo. Tenían los obispos a un temible competidor: el judaísmo.
Cuando desembarcaron en España los primeros cristianos encontraron comunidades judías, algunas importantes, que estaban arraigadas en el país desde hacía muchos siglos; asimismo ocurría en otros lugares del Mediterráneo. Como es sabido de las primitivas predicaciones, en ellas hicieron sus adeptos. Era entonces el cristianismo una secta herética de la sociedad hebraica. No se debe de silenciar el hecho de que las minorías judías hispanas eran probablemente mucho más desarrolladas y cultas que en otras partes de Occidente. Poseían una tradición comercial y cultural considerable. Desde el primer milenio relaciones e intercambios comerciales se mantenían entre Iberia y Palestina. Cádiz había sido fundada por los fenicios hacia 1200 antes de Cristo y fueron frecuentes las relaciones entre semitas e hispanos. Ello se deduce de los textos bíblicos y otros, así como de los testimonios arqueológicos que con gran frecuencia se descubren en el sur de la península. Dadas estas condiciones y la importancia y esplendor de las ciudades romanas en el principio de la era cristiana, no es aventurado suponer que las juderías en ellas albergadas podían ser comparadas con las que vivían en Berbería, en Egipto y en Asia Menor; es decir, en una zona de cultura semita en la que el cristianismo no consiguió propagarse.

Con la diáspora la familia judía al desparramarse por la tierra ha aumentado el número de los adheridos al judaísmo. En 1945, resumiendo sus trabajos sobre el clima y el medio geográfico de Palestina en la época de Cristo, calculaba Huntington que sus habitantes ascendían a los dos millones137. A pesar de las desgracias de la emigración, de las persecuciones y de la desaparición de colonias enteras, como las de Cirenaica agostadas por la sequía en el siglo III, el número de los judíos parece haber crecido. Si no poseyéramos otros testimonios, era de suponer que el hecho era debido a una acción de proselitismo. Puede resultar oscuro para los primeros años, mas luego se trasluce con evidencia. Tenemos la convicción de que masas enteras de gentes pertenecientes a los pueblos más diversos se han convertido al judaísmo. La más extraordinaria de las conversiones ha sido la de los kasares del sur de Rusia que tuvo lugar en los siglos VIII, IX y X. Sin embargo, no se ha advertido la importancia que se desprende de la posibilidad de una expansión del judaísmo en Occidente, con las consecuencias que eran de suponer, entre ellas las del mestizaje. ¿Qué razón podía impedir a un galo, a un celta, a un ibero hacerse judío, cuando podía elegir entre el bautismo y la circuncisión? Estaban entonces las ¡nasas de Occidente dispuestas a ilusionarse con cualquier idea que llegaba de Oriente, fuera el culto de Mitra, la gnosis u otra. ¿Por qué no iba a desempeñar su papel en tan magno alud de conceptos el monoteísmo mosaico? Se requería para destacar el hecho con una documentación adecuada eliminar los prejuicios inherentes al problema judío.

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abdal-lah
13/10/2010, 12:07
Se plantea esta cuestión en Iberia desde los primeros tiempos de la era cristiana. Se puede apreciar al leer las actas del Concilio de Elvira una verdadera competición entre judaísmo y cristianismo. Se expresa en los siguientes términos el canon XLIX: «Amonéstese a aquellos que cultivan las tierras, no permitan que sus frutos, recibidos de Dios como acción de gracias, sean bendecidos por los judíos, para que no aparezca vana y burlada nuestra bendición. Si alguno después de esta prohibición continuare haciéndolo, sea totalmente excluido de la Iglesia». Demostraba esta confesión la existencia de un verdadero desafío... ¡ de bendiciones...! El canon L prohíbe a los clérigos y a los fieles tomar sus manjares con los judíos. En el caso contrario, «se abstengan de la comunión a fin de que se enmienden». Se podría creer que se trataba de una muestra del espíritu mezquino que a veces se manifiesta en la gens eclesiástica. Pero, ante las dimensiones que iba a alcanzar la comunidad judía en España en la Edad Media, es muy probable que esta prohibición fuera una política defensiva para apartar a los cristianos del proselitismo de gentes afines por ser monoteístas, pero que eran peligrosos por concebir la divinidad desde un punto de vista unitario. En la lucha de ideas polarizada en torno a los principios unitario y trinitario, el judaísmo representaba la punta de lanza de las sectas contrarias al cristianismo. De aquí el odio y el temor que manifiestan los últimos reyes godos y su persecución despiadada, creyendo que en tal proselitismo se jugaba el porvenir de su corona138.
Estaba tan extendida la opinión unitaria que no tuvieron efecto tan terribles medidas; en gran parte porque no fueron aplicadas por piedad de los mismos obispos y demás cristianos o por algún otro motivo. Las lamentaciones de reyes y obispos quejándose de la obstinación de los judíos se repiten en todos los últimos concilios, pues las conversiones fueron escasas o de circunstancia 139. En lugar de menguar, la población judía aumentó por obra sin duda del proselitismo. Esto explica la reacción de los poderes políticos y religiosos católicos a lo largo de la Edad Media. En el siglo XIII había en Castilla 800.000 judíos que papaban el impuesto de capitación. Como esta cantidad representa otros tantos fuegos, supone una población de varios millones de personas140.

No podía ser tan gran masa de gentes los descendientes de los primitivos emigrados de Palestina. Como ocurrió en otras partes, la mayor parte eran autóctonos cuyos antepasados se habían convertido al judaísmo.

En la Alta Edad Media representa el monoteísmo enseñado por Moisés un papel similar al de un catalizador que atrae y arrastra a las ideas afines, es decir, a las unitarias, sobre todo después de la conversión de Recaredo cuando el culto arriano fue suprimido. Se entiende ahora el sentido de las relaciones políticas que mediaron entre gobernantes y súbditos: las terribles persecuciones emprendidas por los primeros, las reacciones dé los segundos sin duda decisivas en los acontecimientos del siglo VIII.

Las actas del Concilio de Elvira escasa relación mantienen con las lecciones del Evangelio. Los obispos que las han redactado no parecen cristianos. Se pueden espigar en los textos cánones escandalosos. Para atenuar su ferocidad no basta con invocar la barbarie de los tiempos, porque ésta ha sido la norma en los siglos anteriores y posteriores a la Edad Media. Sin embargo, han existido en todos los tiempos mentes escogidas, filósofos o religiosos, que han dado ejemplo y han predicado la caridad y las relaciones humanas entre los hombres. No pertenecen a esta minoría esclarecida los autores de las actas del Concilio de Elvira. No estaban obcecados como políticos obsesos por los problemas que les agobiaban, ni temerosos por la responsabilidad y las consecuencias de sus actos, como los hombres de guerra sujetos a condiciones de lucha implacables. Eran diecinueve obispos, los cuales plácidamente reunidos representaban en su tiempo la mentalidad de una comunidad religiosa que se decía cristiana.

Así reza el canon quinto: Si alguna mujer instigada por el furor de los celos, azotare a su esclava, de modo que ésta muriera entre dolores dentro del tercer día, como no se sabe si la muerte sobrevino casual o intencionadamente: si fue intencionada, después de siete años, cumplida la conveniente penitencia, sea admitida a ¡a comunión; si casualmente, después de cinco años. Pero si dentro de esto! plazos enfermare, recibirá la comunión.

Canon séptimo: Si algún fiel después de haber incurrido en el delito de fornicación y de haber hecho la penitencia correspondiente, volviere otra vez a fornicar, no recibirá la comunión ni aun al final de su vida.

De esta confrontación se deduce una extraña moral: un cristiano homicida que mata a su víctima con los dolores de un suplicio, ha cometido una falta menor, castigada con siete años de excomunión, que el reincidente en el pecado de fornicación; pues queda prácticamente apartado de la comunidad141.

Están en contradicción con la ortodoxia algunos cánones. El XXXVI es iconoclasta; reminiscencia acaso de las antiguas relaciones que habían mantenido las minorías cristianas con las comunidades judías. Volveremos a tratar de la cuestión en un capítulo próximo142. Por el momento nos limitaremos a una sencilla observación: Ha sido desobedecida esta orden por los cristianos de la península; lo que demuestra la existencia de una divergencia de opinión entre los obispos de Elvira y la masa de los fieles; asunto por otra parte muy oscuro143. Algunos años más tarde después de la celebración del concilio, escribe Prudencio versos para ilustrar escenas bíblicas, pintadas en las paredes de las iglesias. Pueden atribuirse a un estilo paleocristiano los testimonios arqueológicos más antiguos que conocemos del siglo IV 144.

En los ochenta y un cánones del Concilio de Elvira, unos veinte privan de la comunión a algunos penitentes para toda su vida; en algunos casos hasta en la hora de la muerte. Naturalmente la mayoría de los teólogos han condenado estas normas sospechosas de novacianismo y de montanismo145. Entre ellos numerosos protestantes que han seguido el ejemplo de Calvino. Entre los católicos se hallan los más eminentes: César Boronio, Tomás Bocio, Belarmino y Melchor Cano. Por nuestra parte, sin intervenir en una discusión que no interesa a nuestro problema, nos limitaremos a destacar el hecho de que el primer concilio del cristianismo trinitario hispano desprende un cierto perfume herético indudable146. Aparece desde entonces en la amplia familia de los seguidores de Cristo un equívoco que irá con el transcurso de los años en aumento constante.

La abjuración de Recaredo

En el curso del siglo IV se modifica la actitud defensiva que manifiestan las actas del Concilio de Elvira. Adquiere el cristianismo hispano su mayoría de edad, aunque el número de sus afiliados ha debido de ser reducido según se desprende de lo que sabemos de su historia y evolución. Ocurría lo mismo en las otras provincias del Imperio, pero aquí como allá destacaba por su dinamismo la minoría cristiana sobre la pasividad de la mayoría pagana147. Se acostumbraron ambas a vivir juntas y perdieron los bautizados el recelo y la desconfianza que caracterizan a los perseguidos. Su proselitismo fue alentado por la política «ambigua> de Constantino que se esforzó probablemente en buscar un punto de equilibrio entre lo antiguo y lo moderno. Corno consecuencia de esta política se establecieron unas relaciones particulares entre los poderes públicos y las autoridades religiosas; lo que con razones más o menos históricas se ha llamado el pacto Constantiniano.

Tácitamente en un principio, con documentos escritos más tarde, acuerdan ambos poderes, el político y el religioso, reunir sus fuerzas coercitivas y espirituales para apoyarse mutuamente: Reforzaba el religioso con su autoridad moral a la persona que representaba el Estado y su política —siempre y cuando no perjudicaran los intereses de la Iglesia—; y por otra parte, se comprometía el Estado a perseguir con su fuerza armada a todos aquellos que se burlaran de las decisiones dogmáticas y disciplinarias tomadas por la autoridad religiosa. En la Edad Media la aplicación de este pacto condujo a varias naciones a la constitución de un Estado teocrático, cuyo modelo más perfecto ha sido el de Bizancio y su Imperio. Tuvieron lugar en España varios intentos para conseguir ambas potestades estas recíprocas ventajas. Se puede afirmar que la formación de un Estado teocrático por parte de los reyes godos y de los obispos ha sido una constante y común aspiración. Lo consiguieron con sus altas y bajas a lo largo de los siglos VI y VII, con las consecuencias que eran previsibles dadas las circunstancias que existían en la nación: la crisis revolucionaria.

abdal-lah
13/10/2010, 12:09
En el siglo IV las consecuencias de este acuerdo fueron manifiestas: la persecución de los arrianos en varios lugares del Imperio, sobre todo en sus provincias orientales, y, en España, la condenación y suplido de Prisciliano. Este último acto, aunque llevado a cabo en Alemania, demuestra el apoyo que prestaron los poderes públicos a las autoridades eclesiásticas en los finales del siglo. Esto debió de favorecer la conversión muchas veces aparente de la gente que siempre se une al carro del vencedor y por ende el auge del cristianismo hispano. Pero los defectos gravísimos del sistema muy pronto se pusieron de manifiesto: Eurico se alzó con el poder. Las autoridades romanas que esperaban mantenerse en el candelero con ayuda del crisma místico fueron aniquiladas. Los godos que gobernaron España eran arrianos. Contraproducente se volvía el pacto Constantiniano.

En el año 400, coincidiendo con la independencia y subida al trono de Eurico, se reúne en Toledo el primer concilio de los celebrados en esta ciudad. Ha sido el más importante de los visigodos, porque los diecinueve obispos congregados proclaman el dogma trinitario y su adhesión al Concilio de Nicea. Como el poder público y gran parte de la nación eran unitarios o favorables a estas ideas, se dividen desde entonces los habitantes de la península en dos bandos que se persiguieron mutuamente. Sin la comprensión de este hecho y de la evolución divergente de las ideas que del mismo se desprende, el desarrollo de los acontecimientos en España no tiene sentido.

El arrianismo fue la religión oficial del Estado desde entonces hasta la abjuración de Recaredo en 589; es decir, por unos ciento ochenta años. Los reyes godos llevaron a cabo una política que en términos modernos, sensu lato, se llamaría liberal. Tuvo entonces la suerte el débil cristianismo hispánico de no ser perseguido. Se ha demostrado hoy día que el mismo Leovigildo a pesar de cierta tradición no había hostigado a los cristianos trinitarios148. Hasta los judíos pudieron practicar en paz su religión. Tuvieron por consecuencia estos hechos el auge del unitarismo en general y del arrianismo en particular, con la consiguiente flaqueza de los trinitarios. Por esto pudo escribir Gregorio de Tours (muere en 594) que en la España de su tiempo los «cristianos», es decir, los de obediencia romana eran muy pocos (pauci)149.
Debía de decir la verdad, pues en el caso contrario no tiene explicación el comportamiento de los cristianos trinitarios en la guerra civil desencadenada por la rebelión dé Hermenegildo contra su padre Leovigildo. Era este monarca un arriano convencido, su hijo se había hecho cristiano. Desde el punto de vista de la historia clásica era de suponer que esperaría el muchacho en la lucha contra su padre recibir el apoyo de sus nuevos correligionarios. Nada de esto ocurrió. Se mantuvieron los trinitarios tan alejados del bando del padre como del hijo, probablemente para no comprometerse dado su escaso número y la situación falsa en que se hubieran colocado. «La revuelta fue esencialmente un conflicto de godos contra godos, no de godos contra romanos»150. Más sospechoso aún resulta el comportamiento de los trinitarios después de la abjuración de Recaredo, encabezado por Isidoro de Sevilla que habla desfavorablemente de Hermenegildo.

«En España, escribe Thompson, hubo entonces una conspiración de silencio en todo lo relativo a Hermenegildo»151. Se han dado varias explicaciones a hecho tan extraño: Hasta nuevos conocimientos difíciles de adquirir dado lo oscuro de aquellos tiempos, se puede sospechar que tan curiosa postura era debida en gran parte a la situación incómoda en que se encontraba el cristianismo trinitario. Después de la repentina conversión de Recaredo no estaba el horno para bollos y los vencedores debían de obrar con prudencia. La rebelión de un cristiano contra su padre no era un ejemplo que se debiese pregonar. Más prudente era no menear asunto tan vidrioso.

El 8 de mayo de 589 reunió Recaredo en Toledo el III Concilio de los de esta ciudad. Se presentaron los obispos en número de 62, en los cuales estaban comprendidos los obispos arrianos que abjuraron después del rey y algunos de los suyos. El arrianismo fue condenado. En el discurso que pronunció el monarca y que ha sido reproducido en las actas, aparece el primer equívoco, clave de los acontecimientos futuros. Se mantendrá con la confusión correspondiente a lo largo de los 102 años en que se reunieron los reyes godos trinitarios y los obispos de España y de Septiminia. Pues este buen señor —o le han atribuido estas palabras—, no sólo abjura en nombre propio, lo que era su perfectísimo derecho, sino en nombre también de la raza goda: ut tam de eius conversione quam de gentis Gothorum innovatione. Lo que era bastante atrevido o sospechoso. La pregunta viene a los labios: ¿Los había previamente consultado?

Bastaba el sentido común para advertir que si en verdad había Recaredo pronunciado las palabras antedichas, había que interpretar su gesto o como una sencilla manifestación piadosa, o como un puro disparate. Pues no se hace cambiar de religión a millares de personas sobre las cuales ejerce su autoridad el converso, cuando muchas de las mismas poseen poderes civiles y militares, con un sencillo ordeno y mando. El disparate, si en verdad tuvo lugar, fue repetido por los historiadores que aceptaron estas palabras al pie de la letra. Así concluyeron que la gran mayoría, si no la nación entera, se había hecho cristiana y trinitaria como por arte de una varita encantada. ¡Se habían borrado de repente las diferencias confesionales que dividían a los habitantes de la península!

Si era adecuado el razonamiento según el cual los súbditos siguen a ciegas las opiniones religiosas de quien les gobierna, debía haberse confirmado con anterioridad; cuando sus reyes eran arrianos, ¿se convirtieron todos los españoles al arrianismo? Sabemos que no lo hicieron. ¿Por qué el empleo tan diferente de un mismo argumento en tan pocos años? Por otra parte, enseña la historia que en cualquier relación de tiempo y lugar nadie puede hipotecar el íntimo pensamiento de los individuos, y menos todavía si son cultos o poderosos. Enrique IV de Francia se hizo católico por razones políticas; sus numerosos súbditos protestantes no se consideraron obligados a hacer el mismo gesto.
Innecesarias eran las evidencias del sentido común. Demostraban los hechos posteriores la falacia del dicho o la estupidez del acto. En una carta dirigida a Leandro de Sevilla, Gregorio el Grande recomienda que, para distinguirse de los arrianos —que efectúan el bautismo en una triple inmersión—, los romanos lo realicen en una sola. La carta está escrita en 591, es decir, dos años después del Tercer Concilio de Toledo. Para que desde tan lejos interviniera el Papa en este asunto, hay que suponer que el acto de Recaredo no abolió las prácticas arrianas tan radicalmente como tantos han creído.
Se sublevaron los jefes godos por todas partes. Tuvo que guerrear Recaredo. No volvió la paz a las tierras hispanas. Al morir fue degollado su hijo por Viterico de quien se ha dicho que intentó restaurar el arrianismo. Desde entonces adquirió la aristocracia goda la costumbre de conspirar, matar o deponer a sus reyes: ejercicio en que se adiestraron sus miembros en cada generación hasta el episodio final del VIII. Se la ha culpado de todas las iniquidades; pero es también necesario comprender que no se puede gobernar al puro capricho de uno, contando con el apoyo de una minoría con quien se comparte el poder sin un consenso por lo menos mayoritario.

Con la abjuración de Recaredo debieron de ser muchos los que también cambiaron de postura para no ser menos que el rey. Se ha dicho que godos e hispanos mudaban de religión como de camisa. Es indudable que una parte de la población se adhirió entonces al cristianismo trinitario. Mas, tuvieron tendencia los historiadores a aumentar su importancia engañados por el realce que le dieron unas personalidades esclarecidas que lo gobernaron desde sillas episcopales como un Braulio o un Idelfonso, o que dieron un gran realce a su literatura como un Isidoro de Sevilla. El prestigio de estos hombres ha contribuido a aumentar el equívoco de los historiadores. Pues, si se adentra uno en el fondo de la cuestión, hay que admitir, sin quitar un ápice al mérito de estos próceres, que su labor ha sido meramente intelectual:

Braulio en la elaboración del derecho hispano-godo, Isidoro en el fomento y transmisión de los conocimientos. Ninguno se ha metido en el meollo de los hechos, para tratar de cambiar el sentido de la evolución de las ideas, sea porque no percibían su necesidad, sea porque eran incapaces de intentarlo, sea porque las ideas-fuerza, cuando han alcanzado un cierto dinamismo, son irreversibles y tan fatales como las fuerzas telúricas.

No es elucubración nuestra esta descripción encaminada a reforzar las tesis que defendemos, sino mera consecuencia de un estudio meditado de los concilios que tuvieron lugar en España después del convocado por Recaredo. Propios y extraños han dicho su admiración por estos textos, sobre todo por los XVII toledanos cuyas actas han llegado hasta nosotros. Mas, debido al complejo mencionado, pocos se han apercibido no de la luz que derraman, abundante y apreciada, sino de las sombras que inevitablemente tenían que recortar. Pues, silos preámbulos de las actas están siempre escritos con ánimo triunfante, aparece luego la realidad con las medidas que ante los hechos era menester tomar. En fin de cuentas, ¿qué nos enseñan estos cánones? Si los españoles, salvo los judíos y unos cuantos aldeanos paganos viviendo en lugares apartados, eran cristianos trinitarios, ¿por qué tantas reiteradas declaraciones? Los XVII Concilios de Toledo proclaman con unanimidad su fe trinitaria, a veces con una premiosidad inacabable, siempre con una constancia

abdal-lah
13/10/2010, 12:11
que parece excesiva. Si España era trinitaria, ¿para qué tantas repeticiones enfadosas?
En la historia de la Iglesia no ha habido más que un Concilio de Nicea, con una solemne exposición del dogma trinitario. Establecida esta doctrina, podrá haberse explicado posteriormente algún punto oscuro o dudoso, pero no se han reunido cada quince años los obispos para repetir lo acordado en aquella reunión. Como conocían los obispos españoles mejor que nosotros el ambiente contrario o indiferente que les rodeaba, reiteraban sus machaconas repeticiones como si trataran de impresionar al adversario.

El Concilio de Mérida, celebrado en 666, es elocuente en la materia: Después de una profesión de fe más breve que lo acostumbrado en estas circunstancias, acaba su Credo con las siguientes palabras: Si alguno no creyera o no confesara que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios en la Trinidad, sea anatema. Con esta concisa fórmula estaban despachados todos los unitarios; mas era también la solemne confesión de que por aquellas fechas, al final del siglo VII, existían herejes en la nación. Si no los hubiera habido, como lo han creído tantos historiadores, no se hubieran producido tantas declaraciones reiteradas, tantos anatemas, por no tener objeto. Por otra parte, queda el convencimiento que da la marcha de la historia. Si materialmente no pudieron invadir, conquistar e imponer su religión los árabes a los españoles, había que explicar el modo según el cual se habían hecho musulmanes. Por haber sido destruida no tenemos documentación suficiente para seguir paso a paso la evolución de estas ideas religiosas. Pero conocemos los dos estados, anterior y posterior, de esta evolución. La lectura de los concilios visigodos enseña al lector advertido la existencia de esta opinión contraria, aunque no sabemos cómo se desenvolvió. Tan solamente consta el hecho indiscutible: Bastó una crisis política y social más aguda que las precedentes para que se manifestara como una explosión.

La crisis del siglo VII

El número de los Concilios de Toledo y sus actas enseñan los esfuerzos emprendidos por los obispos y por los reyes godos que los convocaban, para establecer en la península un Estado teocrático. Entre el año 400, fecha del primero, y 589, fecha del III, han transcurrido 189 años. Sólo dos de ellos son nacionales. Los reyes arrianos no debían favorecerlos, pero tuvieron oportunidad los obispos para reunirse en otros lugares152. En todos ellos se dedican a asuntos estrictamente de su incumbencia. El II de Toledo, celebrado siendo obispo Mantano el 17 de mayo, año quinto del reinado de nuestro señor Amalarico, con asistencia de ocho obispos, es característico: Para nada interviene la política153. Entre el III toledano y el XVII, de 589 a 702, es decir, en 113 años hubo quince concilios nacionales, más otros diez sinodales. Se asiste entonces a una intervención progresiva de la política. Los XII, XIII y XIV, de 682 a 684, no tuvieron otro objeto.

En el III, en donde abjuraron Recaredo y su esposa Bado, reina gloriosa, firmaron igualmente la profesión de fe, los obispos, los presbíteros y los próceres del pueblo godo, pero no firmaron éstos los cánones. A partir del año 633, fecha del IV Concilio toledano, mientras gobernaba Sisenando, cambia por entero la situación. Se nombran los obispos mediadores entre el pueblo y el Estado. Así se expresa el canon III: «Todos aquellos que tengan algo contra los obispos o los jueces o los poderosos o contra cualquier otro, acudirán al concilio.» ¿Quién podía ser este cualquier otro, si no era el propio rey? Prosigue el texto: «Cualquier abuso de cualquiera que sea, que se descubriera en las indagaciones conciliares, será reparado a instancias del ejecutor regio». En una palabra se convertía el concilio en un tribunal supremo, en una institución más poderosa que el mismo monarca. Pero la práctica enseñó que este poder lo disfrutaban los obispos cuando el rey, como en el caso de Ervigio, era débil y su monigote, mientras que eran sumisos cuando el monarca era enérgico como Vamba, al que no perdonaron los obispos y con sus zancadillas lograron hundir. Desde el IV Concilio, es decir, ochenta años antes de la catástrofe final, se acelera el movimiento.

En el tira y afloja, cosa normal dada la condición humana, entre el rey y los obispos, nunca se puso reparo a la ejecución del pacto Constantiniano. Salvo acaso Vitiza cuya actuación analizaremos próximamente, jamás intentaron los reyes godos una acción en contra del dogma trinitario y los obispos siempre dispusieron de los gendarmes reales para perseguir a sus enemigos. Con el curso de los años la simbiosis entre los dos poderes se hace cada vez más íntima.

Ya en el III Concilio toledano había de modo indirecto pedido auxilio Recaredo a los obispos, metiendo además la cuchara en lo que no le importaba: «... debemos esforzarnos con todas las fuerzas en poner orden en las costumbres humanas y refrenar el furor de los insolentes con el poder real...». A renglón seguido decreta «su autoridad» que se rece el credo en todos los lugares de España para consolidar la reciente conversión de nuestro pueblo y da como ejemplo la costumbre de las regiones orientales, es decir, el Imperio Bizantino en donde el proceso teocrático estaba más avanzado.

Desde el siglo VI en adelante los concilios de Toledo se hacen cada vez más políticos: 1.2 Porque los obispos necesitaban más y más de la fuerza armada para imponer sus ideas en un ambiente cada ‘vez más hostil. 2.2 Porque los reyes ante la inestabilidad de su situación personal piden a los obispos el concurso de su acción espiritual para confundir a sus enemigos. De aquí una serie de cánones, de elogios, de disposiciones edificantes que se pueden espigar en las actas de los concilios de este siglo. Los VI y VIII establecen las normas que se deben seguir para elegir un nuevo rey. El sexto determina taxativamente que debe ser de raza goda y de buenas costumbres: Nisi genere Gothus et moribus digus (Canon XVII). Thompson ha demostrado que los obispos godos constituían la tercera parte del episcopado hispánico154. Se desprende entonces el hecho siguiente: Tenían los obispos españoles la mayoría en el concilio, pero no se atrevían a declarar que un hispano gozaba de título suficiente para ser nombrado rey.

Temían sin duda alguna la reacción de la aristocracia goda, mas, en este caso, ¿por qué prestarse a tales cambalaches? Es muy sencillo: A cambio de su vergonzosa sumisión disfrutaban de fueros personales y de prebendas. Se comprenderá en tales circunstancias el alto prestigio que gozarían entre sus feligreses.

Ya el V Concilio toledano había establecido con cierta vaguedad que el rey debía ser nombrado por "elección natural". En el VIII, a cambio sin duda de la intromisión del poder laico en las deliberaciones del concilio, se determina que el nuevo rey será elegido con el voto de los obispos y de los nobles de palacio. Cum puntificum maioremque palati. Recesvinto había introducido en esta asamblea por él convocada en el año 653 nuevas costumbres. Después de un pequeño discurso entregó a los obispos un libro en el que constaban sus deseos, los cuales naturalmente debían cumplirse. Después se retiró, pero quedaron con los obispos y otros tonsurados «varones ilustres del oficio palatino»: oficii palatini, para sin duda recordarles la presencia regia. En su discurso había mencionado Recesvinto la antigua costumbre según la cual asistían los jefes de palacio a las deliberaciones conciliares. Remontaba, como lo hemos ya apreciado, al III de Toledo, pero hasta ahora no habían firmado las actas de los concilios. Ya lo hacen desde ahora. Estamparon sus rúbricas y pusieron su sello, junto con los obispos, los abades y los vicarios, dieciocho condes que regían las diferentes administraciones del reino.

La colusión entre los reyes y los obispos ha llegado a la más estrecha colaboración. Se ocuparán de aquí en adelante los obispos de asuntos políticos menores, como la defensa de los familiares del rey difunto, o mayores como cuando intervinieron en los Concilios XII y XIII para confirmar el destronamiento de Vamba, el nombramiento de Ervigio, o, para apaciguar los celos Post mortem del marido celoso, de lo que nos ocuparemos en un capítulo próximo. Por su parte los reyes se ocuparon «de los que se sabe son indiferentes a nuestros dogmas» y a la postre de los judíos. Si el Estado teocrático no alcanzó mayor perfección no fue por culpa de las autoridades religiosas155.
Han señalado todos los autores la descomposición de la Iglesia en el curso del siglo VII. Para nosotros la cuesta abajo se acelera desde el VIII Concilio toledano, es decir, cuando aparece con mucho mayor fuerza la colusión entre ambos poderes. No se puede culpar ni a una sociedad, ni a un cuerpo determinado, ni a un grupo profesional, por la comisión por sus miembros de hechos contrarios a la moral imperante o al derecho natural. Esto es el fruto de la imperfección humana. Mas, cuando los actos que se condenan necesitan para su represión el peso de una ley coercitiva, se debe deducir que no se trata de un caso particular, sino de delitos suficientemente extendidos para que su atajo requiera la elaboración de una norma con carácter general. No se le ha ocurrido a ningún legislador establecer una ley en contra de los homosexuales por haber llegado a sus oídos un caso de sodomía. Es esto lo que llama poderosamente la atención del lector cuando medita sobre las actas de los últimos concilios toledanos.

abdal-lah
13/10/2010, 12:13
Existe en los eclesiásticos un afán de lucro desmedido que les conduce a realizar actos delictivos. Han reunido los obispos tales riquezas que su conservación y administración requiere una legislación prolija que se repite en cada concilio. Las más notables son las medidas reiteradas para impedir que los sacerdotes de un obispado entraran a saco en sus bienes al fallecer el titular. Pues era corriente que el obispo recientemente nombrado se encontrara con las arcas vacías. Se tomaron medidas para que no ocurriera lo contrario y por caridad no despilfarrara a su muerte los bienes de la Iglesia156. No nos podemos extender. Concluiremos con Thompson que «esta incesante legislación de los concilios, a lo largo del siglo, nos da una clara visión de la rapacidad y extorsión de los obispos»157.

En el XI Concilio toledano, reunido en el reinado de Vamba, en 675, se promulgan varios cánones edificantes: los sacerdotes que violen, asesinen o cometan otras violencias son sometidos a la ley ordinaria. Determinó el concilio una serie de medidas que establecían un trato especial a los obispos. No están sujetos a la pena del talión si han cometido un adulterio con la mujer de un gran personaje o han violado su hija o su nieta; tampoco si han cometido un homicidio en la persona de un palatino. «Nada se dice de los obispos que asesinasen a inferiores o sedujesen a sus mujeres.» El caso no revestía importancia para que se ocupara de ello la asamblea158.

En aquel entonces la riqueza era territorial. Para labrar la tierra se requerían esclavos. Existe en las actas de los concilios toda una legislación acerca de los esclavos clericales. Suponemos que el hecho sería corriente en Occidente y que el caso de la Iglesia hispana no constituía una excepción. Es posible que en la realidad de aquellos tiempos fuera la esclavitud una necesidad social. Mas, tampoco cabe duda de que la labor de la Iglesia consistía en redimir en cuanto fuera posible las condiciones vitales de estos desgraciados. El drama ha sido que ha hecho todo lo contrario la Iglesia visigótica; de tal suerte que Pijper ha podido escribir: «La Iglesia visigótica. ha creado la esclavitud donde antes no existía»159. Ha tratado Ziegler de rebatir tan terrible afirmación160. Nos contentamos con citar en nota los cánones según los cuales algunas personas por ciertos delitos quedaban reducidas a esclavitud: por ejemplo las mujeres y su descendencia acusadas de concubinato con un clérigo161. Es difícil, si no imposible, averiguar el porcentaje que representaba en la totalidad de la nación la parte de los bienes territoriales y de los esclavos que pertenecían a la Iglesia. Ha debido de ser muy grande y causa de conflictos.

La confabulación entre los poderes religiosos y políticos conducía fatalmente a la Iglesia al estancamiento, como ocurre siempre en casos parecidos. El proselitismo del siglo IV había desaparecido. El recogimiento y la meditación inducidas por la adversidad sufrida en el siglo V eran ya un recuerdo lejano. La ignorancia, el lucro, los vicios, los abusos y los errores eran numerosos y constantes. Esto se lee en los preámbulos del XI Concilio de Toledo que no se ha distinguido precisamente por la pureza de sus resoluciones, unos treinta años antes de la crisis revolucionaria del siglo VIII:
«Apagada la luz de los concilios, no tan sólo había fomentado los vicios, sino que introducía en las mentes sin cultivo la ignorancia madre de todos los errores. Veíamos, pues, cómo la caldera encendida de la confusión babilónica alejaba la época de los concilios y complicaba a los obispos del Señor en costumbres disolutas; pues se inclinaban a las invitaciones de la meretriz vestida de púrpura, porque no existía ya la disciplina conciliar, ni había quien pudiera corregir a los que erraban, puesto que estaba desterrada la palabra divina, y como no se mandaba que se reuniesen los obispos, la vida corrompida aumentaba cada día.»

Culpaban los obispos a Recesvinto por esta situación al no haberles reunido en veinticuatro años; aunque en 666 había tenido lugar el Concilio de Mérida. Enseña la historia que no ha tenido necesidad el catolicismo de tantas reuniones episcopales para progresar o tan sólo mantener una normal estabilidad. Desde aquella fecha se reunieron otros seis concilios y las cosas en lugar de mejorar fueron de mal en peor.

Una gran parte del clero vivía en la más completa ignorancia acerca de su profesión, del culto, y de los dogmas. Las lamentaciones son constantes en casi todos los concilios. El canon XI del de Narbona, celebrado en 589, expresa que «en adelante no estará permitido a ningún obispo ordenar a ningún diácono o presbítero que no sepa leer, y a aquellos que han sido ya ordenados, oblígueseles a aprender, y aquel diácono o presbítero toco versado en letras que retrasare desidiosamente el leer... se le retirará la paga...», etc. La cosa no se enmienda. El canon VIII del VIII Concilio toledano insiste en que «algunos de los encargados de los oficios divinos eran de una ignorancia tan crasa... que no estaban convenientemente instruidos en aquellas órdenes que diariamente tenían que practicar>. Y determina que «no reciba el grado de cualquier dignidad eclesiástica sin que sepa perfectamente todo el salterio, y además los himnos y la forma de administrar el bautismo». En el Xl Concilio de Toledo son ahora los obispos los ignorantes de su oficio. «Lis inteligencias de algunos obispos descuidan de tal modo el estudio con ociosa pereza, que como predicador mudo, no sabe qué decir a su rebaño acerca de la doctrina.»(Canon II).

Lo mismo sucedía con respecto a la celebración del culto. Es muy probable que a finales del siglo VII no se hubiese uniformado aún la liturgia en toda la península. Daremos dos ejemplos. Cada obispo celebraba la Pascua en la fecha que le daba la gana162. En 693, en fecha tan tardía, existían sacerdotes que daban la comunión con trozos de pan que sacaban por lo visto de su despensa 163. Había abusos más graves: El II canon del III Concilio bracarense, celebrado en 675, prohíbe que los vasos consagrados al Señor se dediquen a servicios profanos. Reitera la misma condena el canon IV del XVII Concilio de Toledo, pero esta vez se trata de obispos, que no sólo entregan a Otros para que abusen de ellos en sus matas acciones los objetos sacrosantos del altar que les han sido encomendados y los demás ornamentos de la iglesia, sino, lo que es peor, no temen tomarlos y aplicarlos a su propio uso.

La disolución de las costumbres en los sacerdotes y en los obispos es objeto de tantas recriminaciones por parte de los concilios que no nos ocuparemos de ello. Era mejor reprimir tanta verborrea sin otro fin que dar la impresión de una grandísima severidad, para que luego en la práctica los escándalos fueran la flor de cada día. Pues la consecuencia biológica de la prohibición de cualquier comercio con hembra era de sobra conocida: Los unos, los que podían por su cargo o por su genio y temperamento, burlábanse del rigor conciliar, como nos lo enseñan algunos casos que nos describen las actas. Otros timoratos o por constitución fisiológica deslizábanse hacia la homosexualidad. El canon III del XVI Concilio de Toledo, celebrado en 693, se expresa en estos términos: «... Porque esta funesta práctica y el vicio del pecado sodomítico parece haber inficionado a muchos, nosotros, para extirpar la costumbre de esta práctica vergonzosa..., todos de común acuerdo, sancionamos que todos los que aparecieren ejecutores de una acción tan criminal, y todos los que se hallaren mezclados en estas torpezas y, obrando contra naturaleza, hombres con hombres cometieren esta torpeza, si alguno fuera obispo, presbítero o diácono, será condenado a destierro perpetuo; por si a otras personas de cualquier orden o grado se las hallara complicadas en crímenes tan afrentosos, sufrirán.., corregidos con cien azotes y vergonzosamente rasurados, el destierro perpetuo...»

Líneas antes habían enunciado los obispos unas palabras que más tarde parecieron a muchos proféticas: «... El horrendo y detestable crimen en tiempos pasados entregó a los pueblos sodomíticos para ser abrasados por el fuego que venia del cielo; del mismo modo el fuego de la eterna condenación consumirá a los hombres que se entreguen a semejantes inmundicias». la lectura de este texto o acaso otras noticias indujeron a San Bonifacio a escribirle en una carta (746-7) al rey Etelredo de Mercia que la caída del reino de los godos se había debido a sus prácticas homosexuales. Pues muchos vieron en los acontecimientos del siglo VIII la repetición de la destrucción de Sodoma y Gomorra. Comentando esta noticia apuntaba el señor Thompson en el prefacio de su obra sobre los godos en España: «.No es en absoluto evidente que ¡a moderna investigación, en el punto en que se encuentra, haya profundizado mucho más»164.

abdal-lah
13/10/2010, 12:14
Tal situación de ignorancia y de triunfalismo conducía al clero a una condición aún más degradante: la de la superstición con consecuencias graves. «Por estar muy arraigado en casi toda España y la Galia el sacrilegio de la idolatría...», nos advierte el canoa XVI del III Concilio de Toledo. Pero en lugar de atenuar la labor de la Iglesia estas costumbres remotas, ocurre que con el paso de los años son las manías idólatras las que contagian a presbíteros y a obispos. «Hemos sabido que algunos presbíteros, si llegan a enfermar, hacen culpable de ello a los siervos de su iglesia diciendo que algunos de ellos han usado de maleficios con él, y los hacen atormentar por su propia autoridad y sufrir muchos males con gran impiedad...» (canon XV, Concilio de Mérida, a. 666). La superstición alcanzaba también a los obispos. El V canon del XVII Concilio de Toledo, celebrado en 694, es decir unos años antes de la crisis revolucionaria del VIII nos enseña en qué grave situación se encontraba la Iglesia por aquellas fechas: Celebraban los obispos una especie de misas negras: «. . .Muchos obispos que debían ser predicadores de la verdad y de cuya boca debían aprender la ley de la verdad las masas populares..., llegan a celebrar con falsa intención la misa destinada al descanso de los difuntos por los que aún viven, no por otro motivo, sino para que aquel por el cual ha sido ofrecido el tal sacrificio incurra en trance de muerte y de perdición por la eficacia de la misma sacrosanta oblación...».

¿Qué concluir de todo esto? Si así era de los pastores, ¿qué seria del rebaño? los historiadores que no tuvieron como nosotros un acceso fácil a los textos conciliares, fueron deslumbrados por la bondad y santidad de un Valerio del Bierzo o por la talla intelectual de un Isidoro de Sevilla. Pero la labor de unos pocos no podía disimular la realidad: El ambiente popular opuesto a la minoría trinitaria se iba enfureciendo, llegó el momento en que los explosivos debidamente amontonados a lo largo del siglo adquirieron un punto de desequilibrio tal que la deflagración estallaría de repente y terrible. La consternación fue general en los propios y en los extraños.

---------------------------------------------------notas

113 Podríanse espigar múltiples testimonios de un hecho por demás anormal en Occidente. Sólo daremos un ejemplo: No ha habido culto cristiano hasta 1505 en el valle de Ricote, uno de los lugares más ricos de la provincia de Murcia. Sin embargo, pertenecía este valle a la Orden de Santiago que lo explotaba; mas, hasta dicha fecha, rarísimos eran los cristianos que podían ser admitidos. Jean Sermet: Espagne da sud, Arthaud, Paris, p. 80.
114 Ha equivocado este velo de color rosa a la mayor parte de los autores del siglo pasado, de los cuales sólo conocemos al historiador alemán Félix Dahn, capaz, según se nos alcanza, de enfocar estas cuestiones de modo más independiente (ver nota 23). Este maleficio ha equivocado asimismo a los eruditos contemporáneos, como Aloysius Ziegler, quien en un concienzudo estudio acerca de las relaciones que existieron entre el Estado y la Iglesia, no ha comprendido que enfocaba la cuestión desde el solo punto de referencia ortodoxo. Se le escapaba así de entre los dedos el verdadero problema que abarcaba el conjunto de la sociedad hispánica. Atrapado, no se atrevía o no podía afrontar los temas escabrosos, como la suerte de las actas del XVIII y último Concilio de Toledo, el papel desempeñado por los obispos como Opas, Sisenando y otros en la guerra civil del siglo vrn y sobre todo la terrible realidad que nos descubre la lectura de las actas de los concilios. Ziegler, Aloysius: CharcA and state in vi.sigotic Spain. The catholic university of America, Washington, 1930.
115 Ver más adelante el capítulo XI, § II, titulado: El segundo tiempo de la crLsLs revolucionaria.
116 Renan, Ernest: Averroes et‘averroisme. Ver también los estadios de Asín Palacios sobre Algazel y sobre todo: El Islam cristianizado, Editorial Plutarco, Madrid, 1931 (Dante: Infierno, XXVIII). Olagüe: Decadencia, página 188 del tomo II.
117 Hasta las actas del Concilio de Elvira, es decir, hasta el principio del siglo iv, no se posee ningún documento fidedigno hispano sobre el cristianismo en España. Esto no ha impedido a ciertos historiadores que se preciaban de serios convertir en realidad histórica leyendas inverosímiles inventadas de golpe y porrazo varios siglos después de los acontecimientos mencionados. Así, por ejemplo, la de ¡os siete compañeros de San Pablo. Les había consagrado el Apóstol en el curso de su estancia en la península. Convertidos en obispos, habían proseguido su evangelización después de su vuelta a Roma. En realidad, nadie puede afirmar si ha llevado a cabo este viaje que había previsto en su Epístola a los Romanos (15-24 y 28). Esto no impide a algunos autores eclesiásticos de nuestros tiempos elucubrar una gran erudición para demostrar la veracidad de estas leyendas, aunque manifiestan poseer un juicio critico menor que el de los antiguos. Se distinguen en estos alardes aquellos que se han empeñado en demostrar la venida de Santiago a España, o, segunda versión, su enterramiento en Compostela. En el siglo XIII, el arzobispo de Toledo e historiador eminente Jiménez de Rada se había ya dado cuenta del carácter mítico de la fábula. Escribía de la leyenda gallega «que era un cuento para monlitas y viudas devotas> (Libro de los privilegios de la Iglesia de Toledo y las actas del IV Concilio de Letrán, 1215). Estas últimas han sido publicadas por el padre Fita en Razón y Fe (1902, t 11, pp. 35-45 y 178-195). Se puede leer el planteamiento de la cuestión en la obra del padre García Villada, en la que describe las tesis en oposición, sin exponer con una prudencia que estimamos exagerada en demasía su propio criterio. (García Villada: Historia eclesiástica de España, Fernando Fe, Madrid, 19293 Ver más adelante las conclusiones de Monseñor Duchesnes sobre el tema: nota 206.
118 «La romanización de España se ha hecho desde las ciudades del Sur; y los habitantes cultos de las aglomeraciones han tenido la costumbre de ser, en lo que concierne al idioma, más conservadores que los aldeanos. Sabemos también que existían en la provincia Tarraconense, la más pande de la Península Ibérica, nada menos que doscientos noventa y tres municipios independientes políticamense, mientras que sólo poseían las tres provincias reunidas de las Galias sesenta y cuatro. Por esta razón ha debido de existir en el territorio español un modo de colonización y de romanización ciudadano y burocrático, mientras que en Francia era aldeano y rústico.> Karl Vossler: Algunos caracteres de la cultura española (traducido del alemán), Espasa Calpe, p. 66. Sobre el mismo tema ver: Ignacio Olagüe: La decadencia española, t. II, pp. 147 y SS.
119 Existía en Oriente una cultura sin parangón con la de Occidente: En el Imperio Bizantino se habló el griego hasta el siglo xv y en algunos lugares hasta hoy día. No se modificó el idioma por el impacto de las cIases rurales que lo conservaron puro, ni por la desafección de las ciudadanas y cultas, como en Roma en el siglo y que menospreciaban el latín y hablaban griego, mientras que en Occidente el latín corrompido se convirtió en romances vanos.
120 Bonilla y San Martín, Adolfo: Historia de la filosofía española, Victoriano Suárez, 1908, t. 1, p. 206.
121 Ver sobre este episodio el apéndice de la obra de Thompson: Los godas en España, Alianza Editorial, Madrid, 1969.
122 Ha degenerado más rápidamente la cultura romana en Italia que en la Península Ibérica. Varios factores son de ello responsables: Había desplazado el griego al latín en las clases cultas, las religiones asiáticas dominaban las populares, los germanos habían trastornado las antiguas tradiciones, y había debilitado los marcos generales de la sociedad una crisis económica aguda. Por otra parte, cuanto más irracionales eran las ideas religiosas más difícil les era vencer la oposición de la gente culta adiestrada en humanidades.

abdal-lah
13/10/2010, 12:16
123 «Franz Cumont ha muy bien demostrado que si desde el siglo II —desde Cómodo— se han mostrado más y más indulgentes los emperadores romanos y luego han favorecido la propaganda de diversas religiones orientales, era porque les ayudaban éstas en la concepción de su poder. Más o menos eran todas, pero de modo excepcional la de Mitra... genio solar, claro está, pero combatiente por la salvación de los hombres. La concentraczon de funciones propicias a los hombres en el papel imperial, la representaczon de este papel como un poder cósmico, en mucho han contribuido a acostumbrar a las poblaciones del mundo romano a asia visión monoteísta del universo monárquico del orbis romanas. Jean Gagé: Psychologie da culte imperial rornain. «Diogéne>, n.’ 34, p. 63.

124 Maurice Boéns: Les résurgences pré-indoeuropéennes dans le culte des morEs de I,’Occident médiét,al, .xDiogéne», n.0 30. Nota del autor acerca del Abate Valerio: Migne, P. L. LXXXVII, pp. 439, 444, 447.

125 XIV Concilio toledano, canon XI; III Concilio de Zaragoza, canon III.

126 No aplicamos el concepto de cristiano tan sólo a los ortodoxos, pues con toda objetividad hay que reconocer que los heterodoxos se consideraban ellos también como los verdaderos cristianos. «Los arrianos españoles hablaban normalmente del catolicismo como “la religión romana~~, mientras que el arrianismo era considerado como la “fe católica’>.> (Thompson: Ibid, p. 393, nota 69.) Cristianos eran todos los que se adherían a la persona de Cristo; divergían en cuanto al problema de la Trinidad.

127 García Villada: Historia eclesiástica de España, t. 1, p. 54.

128 Los versos aludidos son los 73-74: O vetustatis silentis obsoleta oblivio! Invidentur ista nobis, fuina et ipsa extinguítur: Cartulas blasphemus ohm nam satelles abstulit: Ne tenacibus libellis erudita saecula Ordinem, tempus, modumque passionis proditum, Dulcibus unguis per aures posterium spargerent.

129 Epístola LXVII. Edición de Hartel: Corpas inscriptionum ecclesiasticorum latinorum, Vienne, t. III, pars II.

130 II, 32.
131 «Itaque dum ohm almifica fidei catholicae crepundis, lucifluaque sacrae rehigionis inmensa chantas huyus occidus pta gae sera processiione tandem reful.si.sset, extremit,as...> Valerio del Bierzo: Fructuosi bracarensj episcopi vila. Edición Flórez: España sagrada, t XV, p. 450. Ver también: García Villada: La lettre de Valerius aux moines da Vierzo sur la bienheureuse Aetheria. Extracto de los Analecta bollandiana, t. XXIX, Bruselas, 1910, p. 17.

132 En las actas de Santa Leocadia de Toledo se puede leer la siguiente frase: Evangehica eruditio sensim atque gradatim apostolorum in omnem terram refulsisset, sero tandem in Spaniae innotuit: eratque rara fides, et ideo magna, quia rara. (Se ha propagado la verdad evangélica por toda la tierra poco a poco y gradualmente por los Apóstoles. Finalmente se hizo conocer en España con retraso; escasa era la fe y por esto grande, por escasa.) Ver sobre el tema H. Quintín: Les martyrologues ¿u Moyen Age, París, 1908, p. 145. Apud García Villada: Historio..., t. 1, p. 170.

133 He aquí la traducción francesa del texto de la Passio Saturnini hecha por el canónigo Griffe, sacada de su obra: La gaule chrétienne á l’épo que romaine, t. 1, pp. 102-105. A. et J. Picard cd. 1947. Dans le temps méme oí~, apr~s l7incarnation du Sauveur Notre.Seigneur Jósus Christ, le soleil de justice s’étant levé dans les tén~bres, avait commencé á éclairer des rayorts de la foi les pays de /7Occiden,t; apr~s que peu ¿i peu et graduehlement la parole de IfEvangite se fui répandue sur toute la terre eL que, par un pro grés lent, la prédication apostohique eut fait briller réclat de su lumi&e jusqu’á nos régions, alors que l’on ne voyait qu’un petit nombre d’éghi.ses fondées dans quelques cités seulement par le zéle des chrétiens tras peu nombreux, tandis que partout, par suite de la déplorable erreur des gentils, s’élevait des temples nombreux la fumée des sacnifices aux odeurs nauséabondes. u y a cela bien longtemps, c’était sous le consulat de D~ce et de Gratas... Decio fue emperador de 249 a 251, es decir, que el testimonio de la Passio Saturniní confirma lo que se desprende de la carta de San Cipriano. Como concordantes son todos los textos, se trata en efecto de un lugar común, que apunta la realidad de un hecho histórico reconocido por varios testigos.

134 Aut numquid de tniviahibus rebus agimus, aut taU et tesserae mEen manas nostras sunt scaenae ludibnia madamas, ut, dum homines saeculi sequimur, apostolorum dícta damnemu.s? Edición de Menéndez y Pelayo, 1918. Heterodoxos, t. II, apéndice, p, XLI.

135 No podían los cristianos, matronas y maridos, prestar sus trajes lujosos para actos mundanos; si lo hicieran se les negaba la comunión por tres años (LVII). No podían recibir dinero por interés (XX). No debían encender cirios en los cementerios, «porque no se ha de molestar a los espíritus de los muertos> (XXXIV). No debían recibir las mujeres cartas de seglares, ni escribirles (LXXXI). No debían tentar a la suerte, jugando a los dados(LXXIX).

136 «Por la abundancia de doncellas no se han de dar vírgenes cristianas en matrimonio a los gentiles, no sea que por su tierna edad incurran en adulterio del alma> (XV). La misma prohibición se mantiene para el casamiento con herejes o judíos (XVI). «Si alguno casara su hija con sacerdotes de los ídolos, decidimos no reciban la comunión ni aun en el fin de su vida>(XVII).

137 Huntíngton, Ellsword: Mainspnings of civihization, p. 575 y siguientes de la edición en español del Fondo de Cultura Económica, México, 1949.

138 En tiempos de los reyes arrianos no fueron perseguidos los judíos. Las leyes godas y los cánones de los concilios empiezan a tomar medidas en contra de ellos después de la conversión de Recaredo. La persecución empieza con Recesvinto y el XII Concilio de Toledo, canon VIII. Con Ervigio que según Thompson fue un juguete de los obispos y de los nobles, se llegó a extremos inimaginables: El bautismo era forzoso y obligatorio. Al cabo del año si no se hubiera bautizado el judío recibiría cien latigazos, seria desterrado y sus bienes confiscados. No se debía hacer la circuncisión: en caso de descubrirse, «el circuncidado como el realizador serían condenados a que se les cortasen los genitales, así como a perder todas sus propiedades>. Thompson: Ibid., p. 269.

139 Se conoce la copia de una profesión de fe cristiana suscrita por los judíos de Toledo y firmada el 18 de febrero de 654. Perseguidos por la legislación de Recesvinto se veían forzados a hacerse cristianos para salvar la vida y la fortuna. ¡Qué sería con las terribles leyes de Ervigio y de Egica! Oficialmente todos los judíos se habían hecho cristianos, pero en la realidad, como los herejes en lo suyo, todos seguían erré con erré en sus creencias, aunque disimulándolas. He aquí parte del discurso pronunciado por Recesvinto en la apertura del VIII Concilio de Toledo: Habiendo tratado todo aquello que se refiere a los seguidores de la verdadera fe, todavía una santa preocupación por la misma fe pide algo más de vuestra asamblea, refiniéndome con esto a aquellos que se hallan fuera de la Iglesia, y que se sabe son indiferentes para nuestros dogmas, y los que aunque Cristo desee ganar por mi medio, sin embargo, nadie duda de que se trata de enemigos, al menos hasta que hayan obtenido lo que ardientemente deseo: me refiero, pues, a la vida y costumbre de los ludías, de los cuales sólo sé que por esta peste está manchada la tierra de mi mando, pues habiendo el Dios omnipotente exterminado de raíz todas las herelias de este reino, se sabe que sólo ha quedado esta vergüenza sacrílega, la cual se verá corregida por los esfuerzos de vuestra devoción, o aniquilada por la venganza de nuestro castigo. Demuestran estas palabras que los judíos no constituían una minoría sin importancia en el reino, pues en caso contrario no hubiera Recesvinto dedicado parte de su discurso al tema, si no creyera que eran un peligro para el reinado o para la nación. Confirma este criterio la contestación de los obispos: En la duodécima propuesta del sacratfsimo príncipe, muy piadosa, que fue la final y áltima, se presentó a nuestra asamblea el tema de la condenación de los judíos, el cual juzgamos que debía colocarse al fin de nuestras deliberaciones; porque lamentamos que este mismo pueblo por razón de su delito, ha sido postergado por las palabras de la condenación de Dios, desde la cabeza a la cola... Y por lo tanto secundando devotfsimamente la clemencia del príncipe, que desea que el Seiior consolide su trono real ganando para la fe católica la multitud de los que perecen y reputando por indigno que un príncipe de fe ortodoxa gobierne a szíbditos sacrílegos, y que la multitud de los fieles se contamine con la de los infieles...

abdal-lah
13/10/2010, 12:18
140 Olagüe, Ignacio: La decadencia española, t. 1, pp. 210 y SS.

141 «Si qua femina furore zeli acensa Ilagri.s verheraverit ancillam suam, ita ut intra tertium diem animam cum cruciatu ej fundat...> En su edición de los concilios visigóticos traduce Gonzalo Martínez Díez ¡urore zeli por «furor de la cólera>. En la mentalidad de los obispos, criterio que se mantendrá abiertamente en los concilios posteriores, un esclavo es un ser inferior a un ser libre. Por otra parte, el contacto entre hembra y varón es abominable, tolerado en el matrimonio para la reproducción de la especie; se trasluce la influencia de las ideas dualistas iranianas.

142 XXXVI: Placuit pictoras in ecclesia esse non debere, ne quod colitur et adoratur in parietibu.s depingatur: Ver en el capitulo decimotercero el párrafo: El movimiento iconoclasta.

143 Como no poseemos copias de las actas del Concilio de Elvira anteriores al siglo VIII, época de la crisis revolucionaria con la consiguiente manipulación y falsificación de textos hechas para llevar agua al molino de cada uno de ambos contendientes, existe siempre la sospecha de una interpolación tardía. Los textos posteriores hubieran copiado a la misma fuente, Es posible, pero hipotético. Por otra parte, los cánones del Concilio de Elvira son lo bastante extravagantes para haber defendido una opinión de origen judaico que la ortodoxia posterior no ha aceptado.

144 Se trata de las ruinas de un monumento importante que se halla cerca de Centelles, no lejos de Tarragona. Dos salas están decoradas con mosaicos bellísimos, pero deteriorados, que se deben fechar en el siglo iv o y. A pesar de su estilo pagano manifiesto, se han reconocido alegorías cristianas. Si fuera cierto, se trataría del testimonio paleo-cristiano más antiguo encontrado en la península.

145 Según Novaciano, antipapa y heresiarca, aparecido en la vida pública hacia 251. no posee la Iglesia título alguno, ni autoridad para perdonar los pecados. Según Montano (siglo u) el Paráclito, es decir, el Espíritu Santo interviene constantemente en la vida de los hombres y así la absolución de ciertos pecados le son reservados.

146 García Vilada en su Historia eclesiá.stica de España ha estudiado el problema teológico que plantean las actas del Concilio de Elvira.

147 Según la opinión generalmente admitida por los historiadores los súbditos cristianos de Constantino el Grande eran poco más o menos el 10 % de la población. Gibbon aumenta la cifra hasta el 20 %. (Decline and Foll of the Roman Empire.)

148 Thompson: Ibid. Ver en particular el párrafo intitulado: Política religiosa de Leovigildo, pp. 94 y ss.

149 Gregorio de Tours: Historia de los francos, IV, 18.
150 Thompson: Ibid., p. 84.

151 Las actas del III Concilio de Toledo no mencionan al hermano del Rey. San Isidoro ni tan siquiera recuerda su muerte. El autor de las Vidas de los santos padres mártires de Mérida casi nada dice acerca de él. De modo que ha podido escribir Thompson: Los cronistas españoles católicos hablan desfavorablemente de Hermenegildo. No hablan de él como el campeón de la Iglesia Católica contra el tirano arriano... Ni siquiera insinúan su conversión al catolicismo. Si tuviéramos que fiarnos exclusivamente de las fuentes católicas, nunca hubiéramos sabido que era Hermenegildo católico cuando luché contra su padre y murió. Ibid., p. 92.

152 En Tarragona (516), en Gerona (517), en Barcelona (540), en Valencia (549) y en los dos muy importantes celebrados en Braga (549 y 572>.

153 Comparar esta estricta mención de Amalarico con los ditirambos que dedican los obispos a los reyes, cuando interviene la política.

154 Thompson: Ibid. Ver el párrafo: Obispos godos y romanos, p. 328.

155 El canon X del VIII Concilio de Toledo establece o confirma un verdadero pacto constantin Áano: De ahora en adelante, pues, de tal modo serán designados los reyes para ocupar el trono regio, que sea en la ciudad real, sea en el lugar donde el rey haya muerto, será elegido con el voto de los obispos y de lo más noble de palacio, y no fuera, por la conspiración de pocos, o por el tumulto sedicioso de los pueblos rústicos. Serán seguidores de la fe católica, defendiéndola de esta amenazadora infidelidad de los judíos y de las ofensas de todas las herejías... Para congraciarse con Recesvinto, lo que no consiguieron, establecieron los obispos que a todo noble, laico o eclesiástico, que hablara mal del monarca, se le confiscaría la mitad de sus bienes. El rey, por su parte, para congraciarse con ellos empezó la terrible persecución en contra de los judíos. Es curioso notar que Ervigio al seguir la legislación de su predecesor y aumentarla con cruentos castigos, pone en el mismo saco a los herejes y a los judíos: Canon IX del XII Concilio toledano: Ley de renovación de las leyes anteriores que han sido promulgadas contra las transgresiones de los judíos y de la nueva confirmación de las mismas Idem: de los blasfemadores de la Santa Trinidad.

156 El canon LXVII del IV Concilio toledano establece que si un obispo manumitiera a los esclavos de la Iglesia sin compensarla con su peculio personal será el acto ilegítimo: A los tales libertos el obispo sucesor les hará volver a la propiedad de la Iglesia, por encima de cualquier oposición, porque no les libertó la equidad, sino la injusticia.

157 Thompson: Ibid., p. 341. En estas condiciones era corriente la simonía en la Iglesia visigótica. Tuvieron los obispos que legislar sobre la materia muchas veces: II Concilio de Braga, cánones III y IV; VI Concilio de Toledo, canon IV; VIII Concilio de Toledo, canon 111; XI Concilio de Toledo, Canon IX: III Concilio de Braga, Canon VII. Los casos de simonía en la Edad Media han sido frecuentes. Damos algunos datos como ejemplo: Villanueva: Viaje literario a las iglesias de España, 10 vol., Madrid-Valencia, 1803-21, t. X, p. 285. Próspero Bofarull: Los condes de Barcelona vindicados, Barcelona, 1836, t. 1, p. 252 y t. II, pp. 41, 171, 176.

158 Thompson: Ibid., p. 342.

159 Pijper, F: Chri.stían church and slavery in the Middle Age. «American Historical Rewiew>, XIV (1909), pp. 675-695 Apud Ziegler.
160 Ziegler: ibid., p. 183: To say, as Pijper does, escribe este erudito, that tire wisigothic CharcA created slavery where it did not exist is not entirely wrong, but it is utterly misleading.

161 Son vendidos o vendidas los agoreros y las brujas et pretia ipsorum pau peri bus ero gentur, y su precio repartido entre los pobres, según el canon XIV del Concilio de Narbona. Lo mismo y su precio repartido entre los pobres, las mujeres que habitan con los clérigos: canon III del 1 Concilio de Sevilla. Confirma esta disposición el canon XLIII del IV Concilio toledano: Algunos clérigos sin estar casados legítimamente, buscan las uniones que les están prohibidas, con mujeres extrañas o con sus siervas, y por lo tanto si alguna de éstas está unida a algún clérigo, será separada y vendida por el obispo, mientras que aquellos que se mancharon con su liviandad, harán penitencio durante algún tiempo. En este caso no se reparte el importe del precio entre los pobres; sin duda lo embolsaría el obispo. Notar la diferencia de trato entre las penas impuestas al clérigo y a la mujer. Item: canon V del VIII Concilio de Toledo. Según el canon XV del Concilio de Mérida tiene el obispo que poner un límite a su ira, si por cualquier culpa se atreve a arrancar o cortar a alguno de la familia de la Iglesia algunos de los miembros del cuerpo. Tendrá que acudir al juez de la ciudad. Y aquel que cometió algunos de los delitos que las leyes condenan gravemente, será donado por el obispo a sus fieles servidores, o, si le pluguiere al obispo, tenga facultad para venderlo. El Canon X del IX Concilio de Toledo la emprende con la prole nacida engendrada por los obispos o clérigos inferiores: Habiéndose promulgado muchos decretos de los Padres, acerca de la continencia del orden clerical, y no hobíéndose conseguido en modo alguno corregir las costumbres de los mismos, los hechos culpables han llegado hasta tal punto, al parecer de los que deben juzgarlos, que no solamente se decreta un castigo contra los mismos autores de los crímenes, sino también contra la descendencia de los culpables. Por lo tanto, cualquiera de los constituidos en honor, desde obispo ha-sta subdiácono, que de ahora en adelante engendrare hijos de una relación detestable con mujer, sierva o libre, será condenado con las penas canónicas. Y la prole nacida de semejante prola. nación, no solamente no recibirá jamás la herencia de sus padres, sino que permanecerá siempre sierva de aquella iglesia de cuyo obispo o clérigo inferior han nacido ignominiosamente.

162 Canon II del m Concilio de Zaragoza.
163 Canon VI del XVI Concilio de Toledo.
164 Thompson: JbüL, p. 8


FIN DEL CAPITULO 7

abdal-lah
13/10/2010, 13:37
As-Salam `Aleikum:

Bueno si alguien quiere seguir el libro de Olagüe que pinché aqui:

http://www.linksole.com/5jevn5

Y muchas gracias por vuestra atención y gracias al amigo durruti por sus molestias, y muchas gracias por prestarte a dejarme libros. Te lo agradezco de todo corazón.

Bueno me despido de todos vosotros y que Al-lâh -s.w.t.- os guíe a todos..

Salam

durruti
20/10/2010, 23:08
As-Salam `Aleikum:

Bueno si alguien quiere seguir el libro de Olagüe que pinché aqui:

http://www.linksole.com/5jevn5

Y muchas gracias por vuestra atención y gracias al amigo durruti por sus molestias, y muchas gracias por prestarte a dejarme libros. Te lo agradezco de todo corazón.

Bueno me despido de todos vosotros y que Al-lâh -s.w.t.- os guíe a todos..

Salam
Salam.

He leído con detalle todo el capitulo 7° del libro de Olagüe, y aunque hace referencia a un largo periodo histórico, pues en lo que creo su deseo de demostrar las dificultades de implantación de la Iglesia Catolica en nuestro suelo, se va en las referencias desde el siglo IV al VII, total un periodo de 300 años de nada, que si ahora nos parecen mucho, entonces con las dificultades de comunicación parecerían eternos.
Al final del capitulo se centra en dos cosas principales, las dificultades de gobernar reales, la ambicion de poder, que llevan a la disputa y muerte de padres e hijos, por el trono, aunque aquí el autor lo lleve a diferencias religiosas. De cualquier manera parece una practica habitual y cruel, de optar o defender el poder.
De otro lado independientemente de la visión de segmentación religiosa entre unitarios y trinitarios, lo que había era una situación social deplorable.
El clero era analfabeto, lo que demuestra lo poco que podía hacer en cuanto a espiritualidad por los fieles, si se les podía llamar fieles.
La población era en gran parte esclava o manumitida en condiciones de vida precarias, una parte de la población mas culta era judía,y había una pequeñísima parte de la población que detentaba el poder y la economía ,eminentemente agraria.
En otros textos consultados estimaban a esta población entre 4 y 5 millones de personas.
El clero, y la jerarquía eclesiástica habían caído en toda una serie de depravaciones, que evidentemente eran un pobre ejemplo para los estratos de población mas bajos.
Ante estas premisas està la pregunta ¿Era cristiana de hecho la población hispana, o simplemente nominal?

¿ Estaba la mayoría de la población preocupada por asuntos de índole religioso, o por cuestiones mas relacionadas con la mera supervivencia?

Yo personalmente me decanto mas por una población sin cultura religiosa, que se manifestaba en lo que decía el amo de turno, y no por mas asuntos.

Como hemos visto en post anteriores la situación de la nobleza visigoda era de guerra civil, en la que los grandes perdedores y los muertos provenian de las capas mas bajas de la sociedad.

Y aquí volvemos a hacernos la misma pregunta ¿ Llegaron o no llegaron los musulmanes en el 711?
Si no llegaron ¿como puede ser que el Islam se estableciera en la Peninsula Iberica por generación expontanea o por evolución de cristianismo unitario?

Es evidente que el Islam con su concepción de un solo Dios estaba mas cerca de la idea unitaria del Cristianismo.

Pero con una sociedad como la que hemos visto ¿ tenia capacidad y ganas de pensar en evoluciones religiosas la población?

Y si llegaron los musulmanes, ¿Cómo es que fue tan fácil la ocupación del solar peninsular?

¿Pactaron los nobles hispano-godos con los invasores, a cambio del mantenimiento de privilegios?

¿Entendieron que era mejor pactar que pelear?

La respuesta que cada uno la estime según su saber y entender, porque teorías hay para todos los gustos

Gracias a Abdal-lah por el esfuerzo de documentarnos en este tema, y pasarnos los capítulos que hemos disfrutado, y por hacernos pensar en revisar la historia de cómo nos la han contado.

La riqueza intelectual està en tener diversidad de opiniones sobre las que pensar.

Salam.

maria
21/10/2010, 09:36
Y aquí volvemos a hacernos la misma pregunta ¿ Llegaron o no llegaron los musulmanes en el 711?

"Hoy podemos aportar un nuevo y contundente dato arqueológico descubierto en Játiva en Junio del año 2.004. Se trata de la lápida funeraria de un musulmán enterrado el 21 de Febrero del año 648, 63 años antes de la pretendida invasión. Es de suponer que el hombre en cuestión no gravara su propia lápida, y que no tuviera la mala suerte de morirse recién llegado. Luego otros vinieron con él y, en aquella Península Ibérica plural, pasaron desapercibidos.
Ocho años antes de ser gravada esta lápida, en el 640, muere el Profeta Muhammad (s.a.s) habiendo enviado mensajeros a Abisinia, a Constantinopla, Bizancio, Alejandría, etc. ¿No cabe la posibilidad, como buen estratega, de que en vida los enviara también al extremo Occidental más rico y culto del Imperio, que era Hispania?. La lápida parece afirmarlo."

Completo aquí: http://foro.webislam.com/showthread.php?498-%BFqui%E9nes-fueron-nuestros-abuelos&highlight=abuelos

abdal-lah
21/10/2010, 10:35
Salam Durruti:

El Islam entro en la Península Ibérica por la costa por comerciantes árabes musulmanes que enseñaron a los intelectuales arrianos las enseñanzas revolucionarias de la Revelación del Al-Qur`ân, unos arrianos que estaban en contra el Imperio que teledirigía la política y la religión en este país Se trataba de una revolución contra el Imperio representado por los católicos trinitarios defensores de los latifundios, de la esclavitud y de la opresión del pueblo a los intereses de los poderosos de turno.
.
Para hacer un paralelismo con el siglo XIX, diré que la introducción de las ideas de la Primera Internacional se produce en una España también dominada por el analfabetismo y el oscurantismo católico (el equivalente a los católicos trinitarios), estas ideas socialistas ciertamente se introducen através de miembros de las clases trabajadoras ilustradas (el equivalente a los arrianos).

Uno de los fundadores de la Federación Española de de la I Internacional más importantes fue Anselmo Lorenzo de profesión tipógrafo, otro también de mucho peso fue Tomás González Morago profesión grabador, dos grandes luchadores sociales y propagadores de las ideas socialistas antitotalitarias en la Península Ibérica; pues en Portugal jamás estuvo separada de la propagación de las ideas de la I Internacional.
Es de todos conocido que la ideas revolucionarias en sociedades totalitarias y sumidas en el oscurantismo se propagan como la pólvora no es necesitan ninguna invasión de rusos ni de alemanes ni de ingleses para que la ideas revolucionarias entren el la Península Ibérica.

El Islam entro de una forma parecido a las ideas de la I Internacional, su idea-fuerza (importante concepto para entender a la tesis de Olagüe, cualquier antropologo, politólogo o sociólogo entiende perfectamente este concepto, así como los químicos o los biólogos), se propagan rápidamente por grupos y personas cultas preocupadas por las cuestiones sociales, políticas, económicas y en el caso del Islam de la Península Ibérica de las cuestiones religiosas, espirituales y teológicas.

Obviamente en el caso de la España del siglo XIX la religión no era una preocupación primordial pues el catolicismo oscurantista había destruido la religiosidad y la espiritualidad desprestigiándola; el pueblo llano de la Península estaban sometidos, oprimidos y embrutecido por los clérigos católicos y que gracias al la confesión y su control social tenia mucho poder, y poseían muchos latifundios y bienes mundanales sometiendo a la población rural a las miserias más indignas que se puedan imaginar. La reacción del pueblo en Barcelona la Semana Trágica es un reflejo del resentimiento y el odio que el pueblo llamo acumulaba contra el catolicismo opresor, así como los primeros días del golpe de Estado del general Franco, en que se quemo muchas iglesias, se profano cuerpos de religiosos y se asesinaron a muchos curas católicos.

Resumiendo las ideas revolucionarias del Islam se propagan rápidamente por su énfasis en la justicia social (principio contenido en el Al-Qur`ân), en la igualdad y la equidad (principio contenido en el Al-Qur`ân), en su rechazo a la esclavitud (principio contenido en el Al-Qur`ân y que luego en el siglo IX es manipulado hasta hoy en día) , en su gozo de la sexualidad (principio contenido en el Al-Qur`ân y en la mística sufi), en su normas matrimoniales, derecho a la mujer y del hombre la divorcio, a una mejora de los derechos de las mujeres (principio contenido en el Al-Qur`ân y que luego fue descaradamente manipulado hasta hoy en día), la mujer en Islam tiene alma cosa que no pasaba en el catolicismo de esa época pues se consideraba a la mujer un ser sin alma y responsable de la caída del Paraíso y por tanto de la muerte de Jesús en la cruz.

Y como todo el mundo con dos dedos de frente sabe cualquier revolución debe basarse en la mejora de los derechos de las mujeres sino no hay revolución, otro éxito del Islam fue que su teología más racional y no basadas en misterios indescifrables (dioses trinos), etc., toda esta idea-fuerza del Islam fue un acontecimiento descomunal y revolucionario, y solo así podemos entender ese fenómeno sin igual de la expansión exitosa del Islam en la Península Ibérica.

Es normal por otro lado que nadie quiera entender que fue un echo revolucionario la expansión del Islam en la Península Ibérica, primero para los anti-musulmanes sería aceptar que el Islam no es una religión conservadora y al uso como el catolicismo, y segundo los propios musulmanes no quieren aceptar esa idea porque hoy el Islam esta sometido a los intereses que llamaríamos antirrevolucionarios, así que ni un lado ni el otro aceptaran jamás que el Islam en la Península Ibérica fue una revolución integral, es decir, religiosa, política, económica y cultural de primer orden.

A todos les interesa que el Islam en España fuera una “invasión” de árabes o de norteafricanos que impusieron el Islam a la fuerza de la espada.

Y incluso entre la gente que no le interesa el tema es incapaz de entender este echo revolucionario, porque en la actualidad vivimos en unas sociedades postmodernas que están totalmente despolitizadas y carecen de una conciencia de clase y por tanto jamás aceptaran ninguna visión revolucionaria de ese echo histórico. .Hoy en día nadie cree en los milagros y si no se creen en los milagros no puede existir un concepto revolucionarios de la vida; en otras palabras nadie cree ya en revoluciones porque para ser revolucionaria hay que estar dispuesto a perderlo todo para un fin que nadie cree, hay que estar dispuesto como dice el Al-Qur`ân en rechazar la vida mundanal a favor de una idea utópica que el Al-Qur`ân denomina: Al Yannah: (el Paraíso).
.
Otro paralelismo para entender cómo se introdujo el Islam en la Península Ibérica hay que buscarlo en Oriente.

En China la expansión del Islam no fue tan importante eso es evidente, pero una cosa esta clara no se produjo por “invasión” ni por la espada y el fuego.

Personalmente estuve en la Gran Mezquita de Xi`an y me impresiono la belleza de su arquitectura mezcla el estilo chino con detalles que demuestran la influencia árabe. Rodeada de jardines, tanto la fachada como el interior recuerdan a los templos chinos tradicionales. Sin embargo, la decoración incluye grabados de textos en árabe.

La gran mezquita está ubicada en el barrio musulmán de la ciudad de Xi'an. En esta zona se encuentran otras doce mezquitas de menor tamaño. Se trata de un barrio con un estilo peculiar que le diferencia de otras áreas de la ciudad. Las calles estrechas suelen estar plagadas de pequeños puestos de venta ambulante que se alternan con puestos de comidas y de gentes encantadoras y hospitalitarias, es una goza pasear por esas calles.

La Gran Mezquita de Xi `an fue construida en el año 742 durante la dinastía Tang para poder atender a los cada vez más numerosos creyentes musulmanes que habitaban en la ciudad. Fue restaurada durante las dinastías Ming y Qing. y es una de las mayores mezquitas de toda la República Popular China. Localizada en el distrito musulmán de la minoría hui, ocupa un área de 12.000 m².

Según los musulmanes chinos afirman que fue Saad ibn Abi Waqqas –r. a-., uno de los compañeros del Profeta Muhammad –s.a.a.s.-, que introdujo el Islam en China Este compañero dirigía la delegación que bajo el pretexto del comercio introdujo el Islam en la China en el año 650 d.C. Pero hay algunos expertos chinos musulmanes sostienen que fue una orden del propio Profeta Muhammad –s.a.a.s.- el que fueran a China a propagar el Islam, y lógicamente de forma pacifica. Así que también supongo que fue el propio Muhammad –s.a.a.s.- quién ordenara ir a la Península Ibérica a comerciar y a contactar con personas dispuestas a recibir el mensaje libertario del Al-Qur`ân.

Y como apuntado María (gracias María por ese dato que no conocía) los musulmanes llegaron a la Península cuando el Profeta -s.a.a.s.- aún esta en este mundo.

¡Al-lâh Akbar!

Salam

Si alguien quiere leer un pequeño resumen de cómo se introdujo en Islam en Asia Oriental que vea el hilo:
http://www.libreria-mundoarabe.com/Boletines/n%BA32%20Nov.05/Islam%20en%20Asia%20Oriental.html

durruti
21/10/2010, 15:37
"Hoy podemos aportar un nuevo y contundente dato arqueológico descubierto en Játiva en Junio del año 2.004. Se trata de la lápida funeraria de un musulmán enterrado el 21 de Febrero del año 648, 63 años antes de la pretendida invasión. Es de suponer que el hombre en cuestión no gravara su propia lápida, y que no tuviera la mala suerte de morirse recién llegado. Luego otros vinieron con él y, en aquella Península Ibérica plural, pasaron desapercibidos.
Ocho años antes de ser gravada esta lápida, en el 640, muere el Profeta Muhammad (s.a.s) habiendo enviado mensajeros a Abisinia, a Constantinopla, Bizancio, Alejandría, etc. ¿No cabe la posibilidad, como buen estratega, de que en vida los enviara también al extremo Occidental más rico y culto del Imperio, que era Hispania?. La lápida parece afirmarlo."

Completo aquí: http://foro.webislam.com/showthread.php?498-%BFqui%E9nes-fueron-nuestros-abuelos&highlight=abuelos

Gracias Maria.
Por la informacion, y por leerte todo la historia que hemos estado tratando, que no ha sido corta.
Lo que dices tiene mucha logica, bien por parte de que Muhamad, enviara emisarios a occidente, o bien porque segun se desprende de los textos de los historiadores, entre el año 634 y 642, los musulmanes toman SIria y Alejandria donde habia una importante actividad marinera, y una flota suficiente para la navegacion en el Mediterraneo, y a partir de ese momento, los musulmanes exploran y atacan las islas del Mediterrraneo.

"]“A la conquista de Palestina siguió la de Siria, explicativa de las posibilidades del dominio marítimo posterior. Un importante n° de hombres de mar sirios y egipcios se convirtieron al Islam, otros se limitaron a ponerse al sevicio de los musulmanes. A partir de entonces,- de las conquistas de los años 634/642-los islamistas contaron con la tripulación y las naves necesarias para organizar expediciones de desembarco y la conquista de islas de la zona oriental de Mediterraneo.”(4)
Los musulmanes atacaron Chipre en 649,en el año 652 ocuparon la isla de Rodas, e hicieron una primera incursión a la Sicilia Bizantina. En 655 derrotaron a Constantino II a pesar de sus 500 barcos.” (4)
“ El objeto principal de las expediciones piraticas fue, casi siempre, obtener cautivos jóvenes para venderlos como esclavos.” (4)
(4) Europa y el Islam. /Gonzalo Anes./Real Academia de la Historia

“No es de extrañar que después de que los árabes tomaran Cartago, que al igual que Alejandria había sido un importante centro naviero y mercantil, se iniciara un periodo de una actividad naval considerable, esta vez principalmente en el Mediterraneo occidental. (3)
(3) A la conquista del mundo/ Joaquin Vallve/ Historia 16.
[/COLOR]

Despues de estas referencias no es raro que llegaran a nuestras costas levantinas.

Salam.

abdal-lah
21/10/2010, 17:08
Gracias Maria.
Por la informacion, y por leerte todo la historia que hemos estado tratando, que no ha sido corta.
Lo que dices tiene mucha logica, bien por parte de que Muhamad, enviara emisarios a occidente, o bien porque segun se desprende de los textos de los historiadores, entre el año 634 y 642, los musulmanes toman SIria y Alejandria donde habia una importante actividad marinera, y una flota suficiente para la navegacion en el Mediterraneo, y a partir de ese momento, los musulmanes exploran y atacan las islas del Mediterrraneo.

"]“A la conquista de Palestina siguió la de Siria, explicativa de las posibilidades del dominio marítimo posterior. Un importante n° de hombres de mar sirios y egipcios se convirtieron al Islam, otros se limitaron a ponerse al sevicio de los musulmanes. A partir de entonces,- de las conquistas de los años 634/642-los islamistas contaron con la tripulación y las naves necesarias para organizar expediciones de desembarco y la conquista de islas de la zona oriental de Mediterraneo.”(4)
Los musulmanes atacaron Chipre en 649,en el año 652 ocuparon la isla de Rodas, e hicieron una primera incursión a la Sicilia Bizantina. En 655 derrotaron a Constantino II a pesar de sus 500 barcos.” (4)
“ El objeto principal de las expediciones piraticas fue, casi siempre, obtener cautivos jóvenes para venderlos como esclavos.” (4)
(4) Europa y el Islam. /Gonzalo Anes./Real Academia de la Historia

“No es de extrañar que después de que los árabes tomaran Cartago, que al igual que Alejandria había sido un importante centro naviero y mercantil, se iniciara un periodo de una actividad naval considerable, esta vez principalmente en el Mediterraneo occidental. (3)
(3) A la conquista del mundo/ Joaquin Vallve/ Historia 16.
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Despues de estas referencias no es raro que llegaran a nuestras costas levantinas.

Salam.

Salam durruti:

Si tú lo crees esas citas pues nada; pero yo no me creo nada de nada, pero claro yo no soy catedratico de Historia gracias a Al-lâh -s.w.t.-, no soy un cura de la Historia sino un mero aficionado a esta.

Salam

durruti
21/10/2010, 19:03
Salam durruti:

Si tú lo crees esas citas pues nada; pero yo no me creo nada de nada, pero claro yo no soy catedratico de Historia gracias a Al-lâh -s.w.t.-, no soy un cura de la Historia sino un mero aficionado a esta.

Salam

Salam Abdal-lah.
Yo como dije una vez, no tengo otras fuentes hitoriograficas para desdecirlas,y solo puedo aceptar por bueno lo que "se tenga de pie" argumentalmente hablando.
Por otro lado la aportacion de Maria viene a corroborar en parte hechos que se han argumentado.
Si en el 648 hay una evidencia de que habia algun musulman en el levante hispano, y alguien dice que en 642 los musulmanes contaban con naves y tripulaciones, ? cuadra o no cuadra?
!Porque me imagino que no llegaron nadando! Y si como apuntaba Olagüe, no era factible llegar por tierra,?Como es que esta enterrado
alli?

Pero si tienes otra teoria estoy dispuesto a aceptarla.

Salam

durruti
21/10/2010, 23:27
Salam Abdal-lah.
Sobre lo que me explicas aquí estoy bastante de acuerdo, porque entiendo que la expansión del Islam en la Península Iberica no pudo ser por la fuerza, ya que 7000 no pueden con mas de 100.000 que según la historia eran los hombres de Rodrigo, pero ya se sabe como se inflan las cifras.
Según Pedro Chalmeta “ el estado visigodo,no habría sido destruido por una conquista extranjera, que se superpondría a unas estructuras existentes, sino que se habría producido por un vacio de poder lo que provoco,la llegada de una nueva sociedad.
Tambien estoy de acuerdo, en que si nos atenemos a lo que yo he leído y transmitido, que la mayoría de la población hispano/goda eran o esclavos o manumitidos con grandes dificultades de supervivencia, la idea del Islam respecto a la esclavitud entre musulmanes, se cae de su peso, cualquiera con menos de dos dedos de frente, o como decía Gila aunque “los que entre la boina y las cejas no les cabe la tarjeta de crédito” entendería que la aceptación del Islam por las clases mas desfavorecidas tuvo que ser explosiva.
Y ya comenté en otro post la ventaja del Islam frente al cristianismo existente. “Según Victor Morales Lezcano, el Islam se fundamenta en 5 principios básicos, fáciles de seguir y de comprender. Las mujeres por lo que supongo tenían poco que decir, el cristianismo no daba precisamente palabra a las mujeres.”
Y por otro lado una sociedad analfabeta se deja llevar por los postulados de quien tiene mas nivel de conocimientos.
Si ciertos personajes unitarios se convirtieron al Islam es fácil entender el proceso de conversiones basándose en lo anterior.
Lo que ya no llego a ver con tanta facilidad, es la transmisión de las ideas/fuerza con los ojos del siglo XIX, como cuando la I internacional. Pienso mas bien en la falta de ideales cristianos (cristianos nominales y no de hecho)y en la simplicitud del Islam, como dice V. Morales Lezcano.
La masa popular no debía estar para ideas revolucionarias, ¡ como decía ayer ni los sacerdotes cristianos sabían leer! Y la I internacional se transmite por los obreros de artes graficas, que por mor de su trabajo eran los mas cultivados.
Entiendo que la jerarquia cristiana busque justificaciones a su perdida de fieles, pero ¿ por que el Islam? ¡Mayor victoria que la de la palabra!
Y por ultimo, ¿Cuándo llegaron los musulmanes?, posiblemente después de la muerte de Muhamad acaecida en el 632 según tengo entendido, y la tumba parece ser del año 648.
Si llegaron antes del 632 ¿ como es que las actas de los Concilios no reflejan nada? Parece poco lógico. Son muchos años para permanecer en el anonimato.
Gracias por las informaciones que me has aportado.
Salam.

abdal-lah
22/10/2010, 09:46
As-Salam `Aleikum:

Durruti: <<Y por ultimo, ¿Cuándo llegaron los musulmanes?, posiblemente después de la muerte de Muhamad acaecida en el 632 según tengo entendido, y la tumba parece ser del año 648.

`Abdal-lâh: <<ya te he contestado a esa pregunta, llegaron unos pocos comerciantes a enseñar el Islam pacificamente y Muhammad -s.a.a.s.- aún estaba vivo, porque la tecnica de Muhammad -s.a.a.s.- era enseñar el Islam y no imponer el Islam>>.

durruti: <<Si llegaron antes del 632 ¿ como es que las actas de los Concilios no reflejan nada? Parece poco lógico. Son muchos años para permanecer en el anonimato>>.

`Abdal-lâh:<<Para mi que conozco el Islam me parece totalmente logico, y conociendo la relación tortuosa entre Occidente y Islam aún lo veo más claro. Y si no aparecen el las actas de los Concilios es porque no se enteran de nada, para estos los musulmanes como los arrianos eran herejes y punto.

Tú lo has dicho su nivel era muy bajo. El porqué no aparecen en las actas de los Concilios ya lo explico Olagüe repásalo y lo veras. Imagínate que todavía hoy en día en el cual el Islam ya tiene 1400 años los especialistas no musulmanes no saben diferenciar entre sunnita y xi`îta, ni entre los muchos y diferentes grupos sunnitas: ni entre los diferentes grupos xi`îas, ni se aclaran a qué musulmanes aplicar los términos, integrista, fundamentalista, islamistas, modernistas, tradicionalistas, etc.

Pues en esos tiempos sumidos en la ignorancia no se enteraban de nada porque eran vistos esos españoles convertidos de arrianos a musulmanes como eso: compatriotas “herejes” y enemigos ideológicos. Si hubiera habido una Invasión de “extranjeros árabes” si que las actas de los Concilios hubieran aparecido estos extranjeros pero no están por ningún lado, pues el Mito de la Invasión árabe se construye mucho siglos después de los acontecimientos. Y que no parezca en esas actas los "árabes extranjeros" demuestra claramente que nunca piso el suelo de la Península ningún árabe extrajero.
.
Todos los procesos revolucionarios tienen un patrón parecido; solo hay que conocerlos cómo se producen y en estos conocimientos sobre estos procesos hay muy pocos estudios comparados con los historiadores oficiales que parecen que son una secta pues todos los historiadores oficialistas dicen lo mismo, y lógicamente explican poco.

Como te digo todo este asunto, del Mito de la Invasión Árabe, es un propósito ideológico (el Islam es visto como enemigo ideológico de Occidente) y en consecuencia de método de estudio se ajusta a esa visión del Islam que se tiene de enemigo.

Por ejemplo, los historiadores oficiales consideran que solo ha habido movimientos revolucionarios mucho después de la edad Media, durante el siglo IV, V, VI, VII etc, no se considera que hubieran movimientos revolucionarios pues estos están dentro de la modernidad que se iniciará en el siglo XVIII, XIX y XX. Así que no puede elaborar ningún método de estudio de que el Islam fue una revolución, porque consideran que no pudo haber ninguna revolución en esas épocas de la Historia. Si caso solo pueden aceptar que el Muhammad –s.a.a.s- era un reformador religioso o moral, pero nada más.

Y todos los estudios historicos sobre Muhammad –s.a.a.s.- van por ese camino. Como tampoco pueden ver que Jesús fue un revolucionario porque no se acepta que hubieran revoluciones antes de la revolución Industrial; aunque algún historiador apuntado esa posibilidad de que Jesús –a.s.- fuera un revolucionario, pero claro no se ajusta a la concepción de lucha de clases del marxismo (algún historiador marxista ha hablado de que Jesús –a.s.- era un revolucionario), pues no había una clase proletaria, y como todos los marxistas parecen que son de una secta y como tales se comportan. Es decir, no elaboremos ninguna tesis que contradiga muestra ideología.

El patrón (el método de estudio) entre os historiadores oficiales que han utilizado para analizar el nacimiento del Islam es el mismo que el de una Conquista al uso y no como un movimiento revolucionario. Pero es muy distinto una conquista que un movimiento revolucionario. Las batallitas (en la supuesta conquista de Sira, Irak, etc.) de los primeros musulmanes son una calca a la del Imperio Romano, y eso a todas luces es un error de metodología que está condicionada por la ideología. Porque para que hubiera Conquista se necesito un proEstado, la Cuidad de Roma que era la metrópoli del Imperio y que algunos llaman Ciudad-Estado..Sin metropoli no puede existir Conquista ni Imperio, y la Mekka o Medima del siglo I del Islam no fue nunca una metropoli y por tanto una Ciudad –Estado, eso pasa mucho después con Damasco o Bagdad

El otro esquema o calca utilizado por los historiadores oficialistas es de la visión de los primeros cien años del Islam entre una mezcla de la visón del Imperio Romano y de la visión del Imperio Mongol que arrasaron todo a su paso. Muchos libros de Historia dan una visión de Muhammad –s.a.a.s.- y los compañeros parecida a las huestes de Gengis Kan que ha otra cosa.

Y si lees las críticas medievales de la Iglesia Ctólica contra Muhammad –.s.a.a.s. y el Islam el patrón utilizado es el personaje apocalíptico sacado de las profecías de Daniel.

Así pues tenemos, en general, una visión de Muhammad –s.a.a.s.- y el Islam entre un refrito de personajes perversos de la Historia pasada y presente. A eso lo llamo yo prejuicios condicionados por la ideología que hacen escribir la Historia oficial de una manera ideológica, cuando se supone que la Historia es un hecho desprovisto de los condicionantes de la ideología.

Y hablando de los historiadores dire que también los historiadores musulmanes y árabes falsearon la Historia del Islam, recuerdo que mi Xeij siempre me dijo que la Historia del Islam hay que revisarla porque también está repleta de mentiras como la Historia que han escrito los Occidentales del Islam.

Aquí todos, musulmanes y occidentales mienten descaradamente, no solo critico a los occidentales de falsear la Historia por motivos ideológicos sino también critico a los musulmanes que han hecho lo mismo. Eso que quede bien claro.

Y en eso también acierta Olagüe en su critica a la fantasías invasoras de los musulmanes, que también escribieron que el Islam en el Al-Handalus se implanto por medio de una invasión. Escribiendo gestas y batallitas copiadas de gestas del Imperio Árabe posterior y calcando a personajes idealizados en el cuál unos existieron y otros no..

Así que el acierto, la importancia de Olagüe es también que nos desvela que los musulmanes también mintieron por motivos ideológicos, no solo Olagüe critica las mentiras de los occidentales sino también la de los musulmanes y para mí como aficionado a la historia y como musulmán tiene un valor especial, me da oportunidad de repasar mi propia historia y ser critico ante ella.
.
Si analizas tranquilamente el libro de Olagüe verás como crítica a los historiadores musulmanes y con toda la razón del mundo. Espero que algún día los musulmanes aprendamos de Olagüe y podamos aprender y así proporcionar a muestra umma un mejor entendimiento de muestra propia Historia.

Además es de vital importancia eliminar esa visón "conquistadora" del Islam, tanto para Occidente como para los musulmanes. Pues toda la islamofobia de basa en el mito del Islam de la espada. Y todo islamismo radical se basa también en la visión "conquistadora" del Islam, falseando nuestra religión y nuestra historia.

¿Te das cuenta ahora dónde está la madre del cordero?


Salam

maria
25/10/2010, 09:12
Si llegaron antes del 632 ¿ como es que las actas de los Concilios no reflejan nada? Parece poco lógico. Son muchos años para permanecer en el anonimato.

¿Y por qué las actas de los concilios iban a reflejar la llegada de viajeros y comerciantes que lo más lógico es que pasara totalmente desapercibida? En cuanto a la fe que predicaban no creo que los trinitarios la vieran muy distinta de las las distintas "herejías" que pululaban por la península.

durruti
25/10/2010, 18:55
¿Y por qué las actas de los concilios iban a reflejar la llegada de viajeros y comerciantes que lo más lógico es que pasara totalmente desapercibida? En cuanto a la fe que predicaban no creo que los trinitarios la vieran muy distinta de las las distintas "herejías" que pululaban por la península.

Salam.

Porque el ultimo concilio se da en 693 según parece y entiendo que en los primeros años no se tuvieran en cuenta las nuevas creencias, pero en 50 años me parece demasiado.

1à Hipotesis: La hégira se recoge como en el 622; Muhamad muere en 632, la expansión por Egipto se termina en 642 con la ocupación de Alejandria, y a partir de ahí, se inicia la etapa marítima de los musulmanes.
La tumba citada de nuestro levante, esta datada en 648; Pensemos que el árabe muerto en 648 llego entre 642 y 648, pongamos la mitad del tiempo, tenemos que pudo llegar en 645.
Si aceptamos como hipótesis de trabajo, la opinión de que el Islam se comporta como una idea/fuerza, que se expande rápidamente de forma explosiva, desde las clases mas cultas a las menos cultivadas, y que en poco tiempo es capaz de permeabilizarse en la sociedad.
¿ Es entendible que en 50 años no haya referencias en los concilios y que la jerarquia de los trinitarios no fuera capaz de distinguir e identificar una nueva religión?.

2à Hipotesis: La tumba encontrada es de un árabe que llega a Hispania como comerciante y muere en el curso de su misión comercial, y nada tiene que ver con la expansión del Islam.
Por ello no hay referencias en las actas de los concilios.

3à Hipotesis: La tumba encontrada es de un árabe islamizado, que posiblemente llega a la península con el fin de conocer las posibilidades de expansión islámica, pero no se inicia hasta después de pasado el tiempo, por ello no hay referencias en las qctas de los concilios.

4à Hipotesis: La expansión del Islam se produce por una llegada de los musulmanes como consecuencia de una llamada de los partidarios de los hijos de Witiza, que dado que en el reino visigodo hay una situación de guerra civil, posiblemente no solo de Agila II contra Rodrigo, sino que hay mas fracciones que han dividido el territorio en partes y los musulmanes son llamados como mercenarios, para una lucha puntual, pero después de conocer la situación Muza decide pasar con mas efectivos y quedarse.
Es lo mismo que sucedería años después cuando Al-Mutamid llama a los almorávides para luchar contra AlfonsoVI , y estos al final se quedan, con Al-Andalus.

De cualquier manera hay un hecho incuestionable, todos los historiadores dan por bueno el tratado de Teodomiro, lo cual indica que en 713 los musulmanes estaban aquí.

Si tienes otra hipótesis seguro que también es valida.

Salam.

maria
25/10/2010, 19:23
En la misma conferencia cuyo enlace te pasé unos comentarios más arriba, leemos:

S. EULOGIO OBISPO DE CÓRDOBA viaja a Pamplona el año 850, para lo que tiene que atravesar, en carruaje, toda la Península Ibérica de sur a norte. Y residiendo en el Monasterio de Leyre, en Navarra, encuentra en la biblioteca, por vez primera en su vida, una vaga alusión a un nuevo profeta Maocim. Así le llamaba, para referirse a Muhammad, sin saber muy bien cómo. En su travesía de toda la Península Ibérica no se encuentra con un solo musulmán ni conoce nada al respecto del Islam.
Esto sucede en una época en la que, según la historiografía oficial, España estaba colonizada y convertida al Islam desde hacía décadas, y las tropas árabes en sus incursiones hacia Poitiers, Francia, debían de andar en torno a Pamplona. Faltaban dos años para la muerte de Abderrahman II.
Al escribir Eulogio en el año 857 su Apologéticum Martirium, que también se conserva en la biblioteca de la Catedral de Oviedo, reconoce su ignorancia sobre la doctrina del Islam. ¡No había tenido la oportunidad de diferenciarlo del arrianismo!.
Se había empezado a adoptar la moda de los nombres árabes, así como algunas costumbres de la nueva cultura, pero "la religión" como algo diferenciado no era, hasta el momento, de dominio público. De lo contrario lo habría sabido S. Eulogio.
Sumamente asombrado, describe así su primer encuentro con la noticia: "Súbito in quadam parte cuyusdam opusculi hanc de nefando vate historiolam absque auctoris nómine reperi…". "De pronto descubrí en una parte cualquiera de un opúsculo anónimo la historia de un profeta nefando,…etc."
En esta obra describe el asombro que esta noticia le produjo, y se lo comenta a su amigo y escritor Juan Hispalense, quien envía una copia de los mismos a Álvaro de Córdoba. Tanto los textos de Eulogio, como los comentarios de Juan Hispalense, los de Álvaro de Córdoba, y los textos del autor anónimo, todos coetáneos, coinciden en su ignorancia sobre el Islam. Esta es una evidencia histórica indiscutible a la que hoy tenemos acceso a través de la fidedigna documentación existente.
Son estos los textos más antiguos y creíbles que se conservan haciendo referencia del Islam, y ¡curiosamente!, cuanto más se acercan al 711, año de la supuesta invasión, menos conocen del tema. ¿Cómo es esto posible ante un evento de tamaña envergadura, que cambió la historia de Occidente?.
El historiador José Madoz hizo un estudio al respecto de estos hechos digno de mención, en su edición crítica del Epistolario.

durruti
25/10/2010, 22:08
En la misma conferencia cuyo enlace te pasé unos comentarios más arriba, leemos:

Salam Maria.

En el texto de la conferencia que citas, el obispo Eulogio de Cordoba parece ser que no ha tenido referencias de Muhamad, y sin embargo, en un parrafo siguiente el autor habla de Ab-el-raman II y cita que fue quien trajo personal para la completa islamizacion.
? como se entiende que el mismo autor acepte el documento del desconocimiento de Muhamad por el obispo de Cordoba y al mismo tiempo reconozca la existencia en los mismos tiempos del emir cordobes?
Por eso digo que cada vez entiendo menos, y por ello no considerè el dato de Eulogio.
Y luego estan los datos de las monedas acuñadas en el siglo VIII.

Salam

maria
26/10/2010, 08:42
Salam Maria.

En el texto de la conferencia que citas, el obispo Eulogio de Cordoba parece ser que no ha tenido referencias de Muhamad, y sin embargo, en un parrafo siguiente el autor habla de Ab-el-raman II y cita que fue quien trajo personal para la completa islamizacion.
? como se entiende que el mismo autor acepte el documento del desconocimiento de Muhamad por el obispo de Cordoba y al mismo tiempo reconozca la existencia en los mismos tiempos del emir cordobes?
Por eso digo que cada vez entiendo menos, y por ello no considerè el dato de Eulogio.
Y luego estan los datos de las monedas acuñadas en el siglo VIII.

Salam

Si lees la conferencia, verás que el autor no cree que el emir cordobés fuera un omeya huído, ni un árabe o bereber invasor.
Nadie dice que no hubiera musulmanes, lo que se afirma es que, siendo estos fruto de una "conversión" paulatina, en un proceso lento, hasta bien tarde, en círculos cristianos, no se tenía constancia de que los hubiera. Por eso no hay referencia en los concilios.

durruti
26/10/2010, 23:48
Si lees la conferencia, verás que el autor no cree que el emir cordobés fuera un omeya huído, ni un árabe o bereber invasor.
Nadie dice que no hubiera musulmanes, lo que se afirma es que, siendo estos fruto de una "conversión" paulatina, en un proceso lento, hasta bien tarde, en círculos cristianos, no se tenía constancia de que los hubiera. Por eso no hay referencia en los concilios.
Salam Maria.

He vuelto a leer con mas detalle el texto de la conferencia que citabas, y ahora me hace dudar mas de lo que dice el autor, pues la conferencia es una version light del libro de Olagüe, pero de lo que parece, ni el està del todo convencido. Para empezar y para mi ya entra en un aparente error, pone como año de la muerte de Muhamad el 640, y por lo que tengo leido en todos los textos esta se produjo en 632. A partir de ahi, obvia todo lo de los historiadores que no le interesan, por citar solo cita a Juan Vernet, y poco.
Cuando habla de una moneda se olvida las que estan en Francia y que segun los arqueologos no hay duda de que fueron acuñadas en la peninsula y alguna ya con la inscripcion solo en arabe.
Cuando pone en duda (ridiculizando un poco) el paso de tropas por el estrecho dice en '4 barcas, olvida que desde el 642 los musulmanes navegaban por el mediterraneo y vencieron en 652 a una escuadra bizantina muy numerosa, y ademas se contradice con el mismo dato que el aporta despues, en que se dice que los musulmanes llegaro a desembarcar en las costas levantinas en 648 con 250 navios ?si tenian barcos en 648 por que no los podian tener en 711.?
Y por ultimo para no ser pesado, la historia del estudiante que llega a El Cairo, ? quien dice que no conocia el pasado?
En fin que sigo con mis cuatro preguntas/hipotesis del otro dia.

Salam

abdal-lah
27/10/2010, 15:02
Salam Durruti:

Podrías ahora después de todo el material y de todo esto explicarme ¿el por qué hay tan poco rastro genético árabe entre los españoles?


salam

durruti
27/10/2010, 18:45
Salam Durruti:

Podrías ahora después de todo el material y de todo esto explicarme ¿el por qué hay tan poco rastro genético árabe entre los españoles?


salam

Salam Abdal-lah

No tengo ni idea de genética, pero entiendo que si la cifra de musulmanes que habían pasado en las sucesivas tandas desde el otro lado del estrecho según algunas fuentes no fueron mas que 35000, y hay que considerar que de ellos unos eran bereberes, otros árabes, otros siriacos, otros egipcios, los comparamos con los mas de 4.000.000 de habitantes de Hispania y pensamos que sobre el 740 hubo malas cosechas y hambres, lo que produjo el abandono y regreso de muchos bereberes, mas los que murieran en esos años, que por mucho que se casaran con hispanas, la cifra no me parece descabellada.

Los musulmanes de origen o conversión fueros expulsados a lo largo de los siglos por la acción de los cristianos, y asi, los moriscos y los mudéjares no se mezclaron con otros, por razones obvias (les estaba prohibido), formaban unas comunidades aparte y vivian en barrios separados.(Morerias).

“Los mudéjares estaban agrupados en Aljamas, que venían a ser los concejos cristianos, con una administración jurídica y religiosa propia, les estaba prohibido tener jurisdicción sobre los cristianos,y les estaba prohibido bajo pena de muerte el trato sexual con cristianas aunque fueran prostitutas” (1)

Me parece que el que haya pocos genes norteafricanos, es normal. Ademas que el estudio de Calafell, habla de norteafricanos, no de otras procedencias.

Vamos a hacer “la cuenta de la vieja”:

A principios del siglo VIII había en Hispania, mas o menos 4.000.000 de habitantes, de ellos 200.000 judios, y llagan en esas fechas 35.000 musulmanes , de ellos ¿Cuántos bereberes? ¿ponemos la mitad? Esto es 18.000 bereberes, esto es suponen en 0,4% de la población, 200.000 judios, suponen 4,7% de la población, el que ahora después de las expulsiones y del tiempo pasado desde entonces, 4 y 5 siglos respectivamente,el que haya 10% y 20% de herencia genética en el estudio, me parece adecuado.

Seguro que tu tienes mas teorias sobre ello, asi que estoy esperando a que me las hagas saber.

Salam.

(1) Los mudéjares en la edad media española/ M.A. Ladero Quintana/Real Academia de la Historia.

jose_angel
27/10/2010, 20:09
Sería interesante para el debate que mantienen, constatar de donde se han obtenido las referencias documentadas más antiguas que relatan la invasión árabe de 711.

En tal sentido expondré las crónicas de Alfonso III, rey de Asturias entre 866 y 910
A el se le atribuyen unas crónicas en las que supuestamente se hacía referencia a la invasión árabe de 711..son conocidas como Crónicas de Alfonso III o Alfonsinas, y se conocen dos versiones de ella:

1ª versión: Rotense

Siguiendo un orden cronológico, esta crónica relata la historia del territorio nacional desde tiempos del rey visigodo Wamba hasta la subida al trono de Alfonso III. La Crónica comienza con la muerte de Recesvinto y la elección como rey de Wamba del que nos narra sus hazañas. Después continúa con la historia de los Reyes godos hasta el reinado de Vitiza del cual resalta sus numerosos pecados (disolvió los concilio, tomó muchas mujeres,…) que provocaron el fracaso de los ejércitos de España ante los árabes. Es muy probable que estos pecados de Vitiza, como también los del siguiente rey -Rodrigo-, que se recogen en la Crónica hayan sido exagerados y ampliados para justificar el providencialismo histórico patente en todo el relato. Así, durante el reinado de Rodrigo se produce la invasión árabe por la traición de los hijos de Vitiza. Tras esto pasa a narrar la ocupación árabe (tres idus de noviembre de la Era 722) que llegó a someter a la ciudad de Toledo y el resto de la provincias de España. Seguidamente nos habla de Pelayo y de su elección como príncipe por una asamblea de indígenas. Se recoge también en la Crónica la batalla de Covadonga, según la cual, 124.000 caldeos encontraron la muerte y los que lograron huir, 63.000, fueron aplastados por el derrumbamiento de una montaña, por juicio de Dios. Una vez derrotados los árabes, “se puebla la patria” y “se restaura la Iglesia”. Salvador Nuestro Jesucristo, un templo en honor a Santa María Virgen, una iglesia al Santísimo Tirso Mártir, otra iglesia a San Julián y Santa Basílica, palacios y baños. Igualmente, nos narra cómo Alfonso II consigue vencer a los árabes en Galicia. Le sucede en el trono Ramiro I bajo cuyo reinado se produjo la conspiración de Nepociano que ocupó ilegalmente el reino pero finalmente fue vencido por Ramiro. También este rey mandó construir unos “edificios de piedra y mármol, sin maderas, con obras forníceas [bóvedas], en la ladera del monte Naranco”. A su muerte, Ordoño I se convertirá en rey y tuvo que hacer frente a rebeliones de los vascos y de los sarracenos. El cronista también nos cuenta como el rey venció a “un tal de nombre Muza” que tomó muchas ciudades y dispuso que le llamasen “el tercer Rey de España”. El cronista termina su relato: “Muerto Ordoño, su hijo Alfonso III le sucedió en el trono”. (texto extraído de la Enciclopedia de Oviedo)

La referencia a esta versión se conoce por un documento del siglo X-XI, denominado “Códice de Rodas”, de donde le viene el nombre de versión Rotense..

El acontecimiento más antiguo conocido respecto a un enfrentamiento bélico entre visigodos y musulmanes se le atribuye al período del rey visigodo Wamba (672-680). Según la crónica, en el año de 675 tuvo lugar un intento de desembarco de musulmanes en Algeciras..

“En tiempos de Wamba, 270 barcos de sarracenos atacaron la costa de España y allí todos ellos fueron quemados". (extracto del relato de la Crónica Alfonsina).

Lo cierto es que los historiadores no dan credibilidad a un ataque considerado de considerable envergadura para la época Se puede haber exagerado a partir de incursiones relámpago procedentes del norte de Africa..

Si se lee el relato con atención, se observará el carácter de leyenda épica y de ensalzamiento patriótico y religioso que se le da a lo relativo a la invasión árabe de 711..

jose_angel
27/10/2010, 20:12
Crónica de Alfonso III,

2ª Versión: "ad Sebastianum" o Sebastianense

Denominada así porque va precedida de una introducción y de una carta de Alfonso III a Sebastián que unos identifican con el obispo de Orense (por aparecer citado en la crónica Albeldense) y otros dicen que sería el sobrino de Alfonso III, obispo de Salamanca.
No se conserva el original y ha llegado hasta nosotros por diversos códices, como el ovetense de Ambrosio de Morales (y por ello algunos llaman Crónica Ovetense a la versión Sebastianense). El texto fue recogido, a mediados del siglo XVIII, por el P. Flórez en su España Sagrada y fue quien la denominó "ad Sebastianum".
La fecha y lugar de redacción coinciden con la otra versión de la Crónica de Alfonso III, la Rotense. Es decir, al citarse en la crónica la toma de Viseo, su redacción tuvo que ser posterior al 887-888 y en Oviedo puesto que por dos veces figura en el texto "hanc" (en este lugar) refiriéndose a Oviedo o, por lo menos, a Asturias.
Al igual que la Rotense, esta crónica también narra la historia nacional desde tiempos de Recesvinto hasta la muerte de Ordoño I y la subida al trono de Alfonso III. La semejanza entre ambas versiones se observa incluso en la omisión o silencio de los mismos hechos históricos. Sin embargo, por algunas diferencias, la Sebastianense revela la intervención de un clérigo erudito que imprega de un mayor neogoticismo a la crónica. Tanto Díaz y Díaz como Barbero y Vigil han observado que desde la Albeldense hasta esta versión Sebastianense hay un proceso de visigotización progresivo en su contenido. Esto se observa, por ejemplo, en episodios como la elección de Pelayo como rey: mientras que en la versión Rotense Pelayo, sin precisar qué reyes fueron sus antepasados, fue elegido por los astures, en la Sebastianense éste sería elegido por los godos de linaje regio refugiados en Asturias, además de hacerle descendiente e Leovigildo y Recaredo. (texto extraído de la Enciclopedia de Oviedo).

Se tiene noticias de la existencia de la versión “ad Sebastianum” de la Crónica de Alfonso III (rey de Asturias entre 866 y 912) a través de algunas crónicas, como la Crónica general de España de Florián de Ocampo y Ambrosio de Morales. Fue el segundo de estos quien entre el 1563 y 1578 hizo referencia a “ad Sebastianum” y los hechos recogidos en ella respecto a la supuesta invasión árabe de 711..
Como se observará, las referencias a la invasión árabe del 711 no fueron relatadas por cronistas contemporáneos a los hechos..sino en época muy posterior a la que supuestamente acontecieron..

Esto ocurre con mucha frecuencia en la visión que tenemos de hechos históricos que creemos reales..

Cordiales saludos

Jose

durruti
28/10/2010, 00:04
Salam Jose Angel.
Todas las citas de mis post del 130 al 137 estan numeradas en el 134, solo cuando son citas textuales.
Estoy de acuerdo que las cifras se suelen hinchar, para hacer ver la grandeza o cualquier otra cualidad que se quisiera destacar, y halagar al gobernante de turno.
Yo tampoco creo que fueran 270 barcos sarracenos, estoy mas en que fueron incursiones puntuales para "conocer el terreno", pero eso podria apuntalar la idea de que la llegada de los musulmanes, es un hecho cierto.

Salam.

jose_angel
28/10/2010, 11:37
Hola durruti

"La fecha y lugar de redacción coinciden con la otra versión de la Crónica de Alfonso III, la Rotense. Es decir, al citarse en la crónica la toma de Viseo, su redacción tuvo que ser posterior al 887-888 y en Oviedo puesto que por dos veces figura en el texto "hanc" (en este lugar) refiriéndose a Oviedo o, por lo menos, a Asturias". (texto extraído de la Enciclopedia de Asturias)

Viseo es una ciudad de Portugal, Viseu, situada en la Beira Alta, que en torno al año 888 - 889 fue conquistada por Alfonso III..

Este hecho aparece mencionado en la Crónica Alfonsina, de lo que se infiere que fue redactado posteriormente al año 888..también se dice en la misma que cuando Alfonso III conquistó Viseu..encontró allí “la tumba de Rodrigo, último rey de los Visigodos”..

Si este dato que señala la Crónica es correcto..Rodrigo no habría muerto en la batalla de Guadalete como se nos ha transmitido por la historia oficial..sino que lo habría hecho en una región mucho más al norte de la península..

Todas las referencias que se conocen en torno a los acontecimientos que rodearon la supuesta invasión árabe del reino visigodo en 711, provienen de relatos elaborados muy posteriormente al tiempo histórico en que supuestamente acontecieron aquellos..

Estos son conocidos por lo relatado en la Crónica Alfonsina..de la que ha su vez no se conoce el documento original elaborado en tiempos de Alfonso III..sino que es conocida también por documentos redactados en un tiempo muy posterior al del reinado del rey asturiano..

La lejanía en el tiempo entre los sucesos relativos a la invasión árabe de 711, y el tiempo histórico en que estos fueron mencionados por vez primera..no antes de 888, fecha de la toma de Viseu por Alfonso III, constituyen un dato históricamente objetivo para dudar de la realidad de una invasión árabe en 711 tal como nos ha sido transmitida..

No hay cronistas contemporáneos que nos den verosimilitud de tales hechos..por lo que dada la gran separación temporal entre acontecimiento y conocimiento del mismo..es objetivamente plausible dudar de que ocurriesen como se nos cuenta que ocurrieron..

La separación temporal y la forma en que aparecen narrados los hechos relativos a la supuesta invasión árabe de 711..parecen más característicos de una leyenda patriótica fabricada que de acontecimientos históricos reales..

La historia y la leyenda se mezclan muy a menudo en los relatos relativos al devenir de los pueblos..

Reciba un cordial saludo

Jose

abdal-lah
28/10/2010, 11:56
Salam Abdal-lah

No tengo ni idea de genética, pero entiendo que si la cifra de musulmanes que habían pasado en las sucesivas tandas desde el otro lado del estrecho según algunas fuentes no fueron mas que 35000, y hay que considerar que de ellos unos eran bereberes, otros árabes, otros siriacos, otros egipcios, los comparamos con los mas de 4.000.000 de habitantes de Hispania y pensamos que sobre el 740 hubo malas cosechas y hambres, lo que produjo el abandono y regreso de muchos bereberes, mas los que murieran en esos años, que por mucho que se casaran con hispanas, la cifra no me parece descabellada.

Los musulmanes de origen o conversión fueros expulsados a lo largo de los siglos por la acción de los cristianos, y asi, los moriscos y los mudéjares no se mezclaron con otros, por razones obvias (les estaba prohibido), formaban unas comunidades aparte y vivian en barrios separados.(Morerias).

“Los mudéjares estaban agrupados en Aljamas, que venían a ser los concejos cristianos, con una administración jurídica y religiosa propia, les estaba prohibido tener jurisdicción sobre los cristianos,y les estaba prohibido bajo pena de muerte el trato sexual con cristianas aunque fueran prostitutas” (1)

Me parece que el que haya pocos genes norteafricanos, es normal. Ademas que el estudio de Calafell, habla de norteafricanos, no de otras procedencias.

Vamos a hacer “la cuenta de la vieja”:

A principios del siglo VIII había en Hispania, mas o menos 4.000.000 de habitantes, de ellos 200.000 judios, y llagan en esas fechas 35.000 musulmanes , de ellos ¿Cuántos bereberes? ¿ponemos la mitad? Esto es 18.000 bereberes, esto es suponen en 0,4% de la población, 200.000 judios, suponen 4,7% de la población, el que ahora después de las expulsiones y del tiempo pasado desde entonces, 4 y 5 siglos respectivamente,el que haya 10% y 20% de herencia genética en el estudio, me parece adecuado.

Seguro que tu tienes mas teorias sobre ello, asi que estoy esperando a que me las hagas saber.

Salam.

(1) Los mudéjares en la edad media española/ M.A. Ladero Quintana/Real Academia de la Historia.

salam durruti:

No volveré a repetir lo que ya he dicho. Creo que mi visión ya está clara. Pocos árabes llegaron a la Península Ibérica; como pocos son los árabes que se supone invadieron los países de Oriente Medio, todo eso son fabulas de los historiadores tanto de un lado como de otro. Pues en la Arabia que conoció el Profeta -s.a.a.s.- tenía en esa época pocos habitantes y si lo comparamos con la batallitas de miles de soldados musulmanes árabes es para echarse unas risas. .

En cuanto a las cifras resaltadas en negritas las considero ideologías, siento no poder citar a un historiador que sostiene que la cifra de 200.000 judíos (cifra oficiales) la considera exageradas, en cambio otros no, pues para unos lo que intentan es minimizar el genocidio y para otros acentuarlo. Lo que es evidente es que fue un genocidio sea la cifra de judíos que fueran.
.
Olagüe sostenía que había en el siglo VII unos 20.000.000 de habitantes en la Península Ibérica, no solo en España, hay que tener en cuenta que cuando digo Península Ibérica me refiero también a la actual Portugal.

Creo que la cifra de 20.0000.000 de habitantes es exagerada pero lo de los 4.000.000 es para partirse el pecho a reír.

Como sabes los censos se hacen mucho más tarde casi unos 800 años después, y como la represión católica contra los musulmanes españoles fue tan virulenta la Península Ibérica se hundió literalmente como si hubiera pasado un tsunami.

Por ejemplo, yo nací en un pueblo cerca de Barcelona, y me contaba un aficionado a la historia y a la arqueología que muestro pueblo se quedo casi abandonado cuando expulsaron a los musulmanes, mi pueblo era agrícola muy cerca del delta del Llobregat. La expulsión de los propietarios musulmanes (que no eran extranjeros) y la confiscación de sus tierras (los títulos de propiedad son todos a partir de 1500-1650 hacía adelante) trajo la decadencia de la agricultura en toda la zona y fue tan bestial que hubo que ir a buscar colonizadores de las zonas del norte de España (Santander, Navarra); la agricultura se hundió, así como los conocimientos de medicina, y eso produjo un desastre descomunal que diezmo la población, por eso nadie quiere tocar la comparación de los temas del censo antes de la supuesta invasión, durante los años del Islam y después del genocidio cometido por los católicos en nuestra Península Ibérica, porque también este tema de la cantidad de habitantes es un tema ideológico.

Ni habían tantos habitantes como sostiene Olagüe, ni tan pocos como sostienen los historiadores oficiales, ni nadie dice el por qué la población de la Península tubo ese desastre del descenso de la población durante la Reconquista iniciada por los Reyes católicos.

Durruti nadie niega que hubiera Islam en la Península Ibérica, lo que está claro es que si hubieron 800 años de Islam, lo que es un debate ideológico es ¿cómo se introdujo el Islam es la Península Ibérica: Pero tanto los historiadores oficiales como los “Bin Laden” saben cómo fue: “la espada y el fuego”.

Y la Historia como siempre es tratada como una esclava del servicio de los totalitarismos, una pena una pena que no hayamos aprendido nada de nada.

Lo gracioso del tema es que todo el mundo sabe que la Historia la escribe quien la gana; el problema es que cuando alguien dice dónde están los engaños te echan un montón de escritos de los historiadores mercenarios pagados por los ganadores encima de la cocorota y la verdad Durruti que ya me esta doliendo la cabeza. A lo mejor me compro un casco………….

Salam .

durruti
28/10/2010, 15:19
Salam Abdal-lah.

Por favor no te compres un casco por esto, es mejor el paracetamol, ¡y mas barato!.

He leído tu post y sigo estando de acuerdo en muchas cosas de las que has dicho a lo largo de todo el hilo de dialogo y te vuelvo a decir que para mi ha sido muy enriquecedor el encontrar hipotesis diferentes , que además me han hecho reconsiderar temas dados por sabidos y aceptados.

Yo nunca he creido que los musulmanes, que llegaron ( si aceptamos que llegaron) fueran numerosos para una invasión, por lo que la ocupación debió de ser a fuerza de pactos y acuerdos.
Como nunca he creido que la batalla de Covadonga fuera poco mas de una incursión rechazada, por unos cuantos naturales del país y las inclemencias del tiempo.
Ni que Rodrigo fuera derrotado por un ejercito tan inferior, ni que reuniera los mas de 100.000 hombres que algunos citan.

La cifra de entre 4y5 millones de habitantes no me parece desdeñable, pero no lo voy discutir, cualquier cifra puede ser valida.
Si he utilizado para la cuenta de la vieja ha sido porque me ha parecido ajustable ( la mayoría de datos dan esos valores)

En cuanto a como se produjo la introducción del Islam en la península, ya puse el otro dia unas hipótesis, que reproduzco, pero que no son nada mas que hipótesis mias:

1à Hipotesis: La hégira se recoge como en el 622; Muhamad muere en 632, la expansión por Egipto se termina en 642 con la ocupación de Alejandria, y a partir de ahí, se inicia la etapa marítima de los musulmanes.
La tumba citada de nuestro levante, esta datada en 648; Pensemos que el árabe muerto en 648 llego entre 642 y 648, pongamos la mitad del tiempo, tenemos que pudo llegar en 645.
Si aceptamos como hipótesis de trabajo, la opinión de que el Islam se comporta como una idea/fuerza, que se expande rápidamente de forma explosiva, desde las clases mas cultas a las menos cultivadas, y que en poco tiempo es capaz de permeabilizarse en la sociedad.
¿ Es entendible que en 50 años no haya referencias en los concilios y que la jerarquia de los trinitarios no fuera capaz de distinguir e identificar una nueva religión?.

2à Hipotesis: La tumba encontrada es de un árabe que llega a Hispania como comerciante y muere en el curso de su misión comercial, y nada tiene que ver con la expansión del Islam.
Por ello no hay referencias en las actas de los concilios.

3à Hipotesis: La tumba encontrada es de un árabe islamizado, que posiblemente llega a la península con el fin de conocer las posibilidades de expansión islámica, pero no se inicia hasta después de pasado el tiempo, por ello no hay referencias en las qctas de los concilios.

4à Hipotesis: La expansión del Islam se produce por una llegada de los musulmanes como consecuencia de una llamada de los partidarios de los hijos de Witiza, que dado que en el reino visigodo hay una situación de guerra civil, posiblemente no solo de Agila II contra Rodrigo, sino que hay mas fracciones que han dividido el territorio en partes y los musulmanes son llamados como mercenarios, para una lucha puntual, pero después de conocer la situación Muza decide pasar con mas efectivos y quedarse.
Es lo mismo que sucedería años después cuando Al-Mutamid llama a los almorávides para luchar contra AlfonsoVI , y estos al final se quedan, con Al-Andalus.

De cualquier manera hay un hecho incuestionable, todos los historiadores dan por bueno el tratado de Teodomiro, lo cual indica que en 713 los musulmanes estaban aquí

Y como resumen de todo ello, en principio tendríamos que decir que podemos aceptar como valido:

Muhamad muere en 632/ 640.
Los musulmanes se expanden por Siria y Egipto entre 638 y642.
Hay una tumba de un musulman en 648 en Hispania.
Se documenta que hay una llegada por mar de musulmanes en 648.
El concilio de 693 trataba de marginar a los judíos por herejes impidiéndoles sus actividades.
En el año 710 hay una situacion de guerra civil en Hispania.
El tratado de Teodomiro es aceptado por todos los historiadores incluido el autor de la conferencia.
El tratado de Teodomiro es del año 713, por lo que entendemos que hay musulmanes en esa fecha.
Los arqueólogos han encontrado y datado monedas islamicas peninsulares entre 713 y 718.


En el año 648 los musulmanes llegan a Hispania en un nutrido grupo de barcos, a partir de ese momento de alguna manera, el Islam llega a la península.

Podria ser que poco a poco trataran de transmitir las ideas islamicas, ¿ en que lengua? Y ¿a quienes?.

Dadas las dificultades de lengua y de acceso a la población( básicamente rural, porque en las ciudades residen las clases superiores y son cristianos, Unitarios o Trinitarios,)la difusion debe de ser muy complicada, ya que hay una persecución contra las herejías, y esto podría ser una herejía.

Si como parece ser las herejias eran perseguidas es de esperar que también sea perseguida la nueva idea.

En el año 693, las condiciones contra los “herejes” se endurecen.

La comunicación con habitantes del norte de Africa puede ser posible.

La guerra civil entre diferentes fracciones de visigodos estalla y podría ser que se produjeran diferentes “reinos” de señores que quieren ser independientes del poder de Toledo.

Alguno de estos “señores” buscan ayuda a sus intereses entre los musulmanes del otro lado del estrecho.

Podrian haber pasado bien en embarcaciones propias o facilitadas por los visigodos.

Una vez en la península se dan cuenta de la debilidad de la defensa visigótica, y deciden quedarse, llamando a mas musulmanes.

Los señores visigodos ante su propia debilidad deciden pactar con los musulmanes, entendiendo que es mejor pactar que pelear contra quienes tienen todas las de ganar.

Las clases mas cultas y dominantes se islamizan por el interés que les ofrece, menos impuestos, mejores condiciones, manteniendo privilegios.

Las clases inferiores se islamizan por mimetismo con los señores de las clases superiores.

La ocupación del territorio por los musulmanes se hace casi total y se acuñan monedas en árabe.

Solo hay una cosa cierta el Islam se introduce en la península, se hace mayoritario como creencia en poco tiempo, y poco a poco va siendo expulsado, como siempre ha sucedido, por la razón de la fuerza y no por la fuerza de la razón.

Estas son mis humildes opiniones sacadas de todo lo que hemos estado comentando, porque como he dicho mas de una vez, yo no puedo nada mas que valorar lo que otros aportan, pero no tengo pruebas para refutarlas ni para apoyarlas.


Salam.

abdal-lah
28/10/2010, 18:20
salam durruti:


La conclusiones deben ser valoradas por explicaciones sencillas y no por las complicadas. Ante una teoría tenemos dos opciones la compleja y la sencilla. Otra cuestión muy importante es valorar qué implicaciones nos pueden llevar las respuestas a ciertas preguntas.

Si ciertas teorías implican situaciones complicadas y problemáticas deben ser desechadas, porque las conclusiones de ciertas preguntas pueden complicar aun más las cosas.

Así que las respuestas correctas a situaciones o hechos deben contener respuestas que explicaran y desarman las ideas que aún complican más las cosas.

En el fondo de las cosas es que estas son creencias, pues lo que se cree que existe pasa a existir lo que no se cree no existe no tiene existencia; pero las creencias validas son aquellas que mejoran las situaciones complicadas para los seres humanos.

Todo son creencias, son meras construcciones, la Historia, la Fe religiosa, la política, la moral, la filosofía, la guerra y la paz etc, unos creen y argumentan que si creen es porque lo que creen es lógico, y son lógicas para ellos porque responden a las preguntas que uno cree que son lógicas, pero eso no quiere decir que sean lógicas, porque no hay nada más difícil de encontrar que lo lógico, es como el sentido común pues el sentido común es menos común de los sentidos.

Y para que nadie me acuse de relativista diré que solo encuentro una cosa que no es una construcción humana: El Al-Qur`ân, todo lo demás es considerado “corruptible” por tanto, finito; solo Al-lâh –s.w.t.- y su Mensaje al ser humano es infinito, es decir, no corruptible.
.
Si cojeemos una mentira Histórica esta mentira funcionara mientras la mayoría de la gente crea en esa mentira que para estos es una verdad. Pero si muchos se dan cuenta que es una mentira entonces la mentira desparece. Y no hay nada difícil que eliminar una mentira sea Historia o de cualquier cosa.

Esto la sabia el ministro de propaganda nazi cuando dijo “que para que una mentira se convierta en una verdad solo hay que poder decirla muchísimas veces y se convertía en una verdad.

Todos estos personajes manipuladores que ha tenido la historia humana han sabido este fenómeno psicológico, y esa ha sido la diferencia entre ellos y los demás.

Yo solo digo que el Mito de la Invasión musulmana en la Península Ibérica es un mito necesario para fundar lo que se llama: España. Y el éxito de esa construcción dependerá de si la gente lo cree o no. Todos construimos mitos, pero dependerá de la calidad moral, del juicio critico y de la creatividad de nuestros conciudadanos que esos mitos sean operativos o no. Si no hay calidad moral, si no hay juicio crítico ni creatividad nuestra sociedad seguirá hundiéndose en la miseria intelectual y vivencial, aunque estemos rodeados de opulencia.

Personalmente distingo entre miseria y pobreza, para mi la miseria no es necesario ser pobre sino todo lo contrario, y de ahí no se puede salir, en cambio de la pobreza si que se puede salir.

Durruti mi país está sumido en la miseria porque no hay sentido critico, no hay calidad moral ni hay creatividad, y en definitiva la vida plena solo es eso. Lo demás es pura miseria, y esa miseria tambien la veo en la cncepción que se tiene de nuestra Historia; y siguiere tú consejo: me comprare el paracetamol creo que será lo mejor. .

Salam

durruti
28/10/2010, 19:57
Gracias Jose Angel.

Las informaciones que has pasado son muy interesantes, tienes razon las cronicas historicas tienen una carga epica importante, pero eso es lo que hay que eliminar, aunque no sea facil.
Te paso unas citas anteriores en que me apoyaba para analizar los hechos lo mas cercanos posible.

«Época fecunda para el novelador y el poeta, pero que es una laguna en los anales de la península», escribía Dozy en sus Recherches; pues, «desde el reinado de Vamba hasta el de Alfonso III de León, ni los cristianos del Norte, ni los árabes y mozárabes del Mediodía escribieron nada que conozcamos» (Saavedra)21.

Sin embargo he encontrado estas referencias màs recientes y cercanas al momento de la invasión:

La crónica mozarabe de 745 relata el conjunto de acontecimientos relacionados con la conquista de Hispania por árabes y bereberes.

“El mas importante y conocido es por supuesto, La Cronica Mozarabe 754; escrita por un cristiano que vivía bajo la dominacionde los gobernadores musulmanes de Cordoba y que relata los acontecimientos de la primera mitad del sigloVIII,relacionados con la conquista de la península por parte de árabes y bereberes….”
“Tambien esta el Liber pontificalis correspondiente a Gregorio II (731/735) que hace un largo relato de la invasión de España y la Galia, y la historia eclesiástica de la nación Inglesa, 735” (13)

“La moneda mas antigua que se conserva en la biblioteca Nacional de Paris es un curioso Dinar de oro,con perfecta concordia en las fechas: año 93 de la hégira……………además de esta moneda se conservan cinco tipos del año 94=712, y dos del 95=713”(8).

“El tratado de Teodomiro, es un dato importante que no hemos encontrado en otras fuentes árabes de Oriente”(5).


(5) España en el siglos VIII/Joaquin Vallve/ Real Academia de la Historia.

(8) Al-Andalus como España /Joaquin Vallve/Real Academia de la Historia.

(13) La España Musulmana; Pierre Guichard; historia 16

!Y tienen el valor que se les quiera dar!.

Salam.

jose_angel
28/10/2010, 20:59
Gracias Jose Angel.

Las informaciones que has pasado son muy interesantes, tienes razon las cronicas historicas tienen una carga epica importante, pero eso es lo que hay que eliminar, aunque no sea facil.
Te paso unas citas anteriores en que me apoyaba para analizar los hechos lo mas cercanos posible.

«Época fecunda para el novelador y el poeta, pero que es una laguna en los anales de la península», escribía Dozy en sus Recherches; pues, «desde el reinado de Vamba hasta el de Alfonso III de León, ni los cristianos del Norte, ni los árabes y mozárabes del Mediodía escribieron nada que conozcamos» (Saavedra)21.

Sin embargo he encontrado estas referencias màs recientes y cercanas al momento de la invasión:

La crónica mozarabe de 745 relata el conjunto de acontecimientos relacionados con la conquista de Hispania por árabes y bereberes.

“El mas importante y conocido es por supuesto, La Cronica Mozarabe 754; escrita por un cristiano que vivía bajo la dominacionde los gobernadores musulmanes de Cordoba y que relata los acontecimientos de la primera mitad del sigloVIII,relacionados con la conquista de la península por parte de árabes y bereberes….”
“Tambien esta el Liber pontificalis correspondiente a Gregorio II (731/735) que hace un largo relato de la invasión de España y la Galia, y la historia eclesiástica de la nación Inglesa, 735” (13)

“La moneda mas antigua que se conserva en la biblioteca Nacional de Paris es un curioso Dinar de oro,con perfecta concordia en las fechas: año 93 de la hégira……………además de esta moneda se conservan cinco tipos del año 94=712, y dos del 95=713”(8).

“El tratado de Teodomiro, es un dato importante que no hemos encontrado en otras fuentes árabes de Oriente”(5).


(5) España en el siglos VIII/Joaquin Vallve/ Real Academia de la Historia.

(8) Al-Andalus como España /Joaquin Vallve/Real Academia de la Historia.

(13) La España Musulmana; Pierre Guichard; historia 16

!Y tienen el valor que se les quiera dar!.

Salam.

Hola durruti..le agradezco sus palabras.

La Crónica Mozárabe y otras hacen referencia a la conquista de la península por árabes y bereberes..esto es cierto..pero no a los acontecimientos relativos a la conquista de 711 tal como nos han llegado.

No se si sabrá que por ejemplo no se menciona a Pelayo..cuya vida es una recreación literaria recogida a partir de la Crónica Alfonsina..

Le aclaro que yo no he negado que haya habido invasión..lo que he pretendido aportando esos textos es referenciar que los acontecimientos exactos que conocemos en torno a la conquista de 711 son una recreación literaria redactada en la Crónica Alfonsina..

La historia está repleta de invasiones de territorios muy poblados por ejércitos no muy numerosos..

Solo pretendía aportar un dato histórico-literario al debate que ustedes están manteniendo de manera extraordinariamente documentada por todas las partes..

Quizás le pueda resultar interesante el siguiente texto extraído de la Enciclopedia de Asturias, y en el que se hace mención a don Pelayo...

La escasez de material documental de la época y las contradicciones entre las crónicas musulmanas y cristianas (las Crónicas Asturianas redactadas en el penúltimo decenio del siglo IX en el ambiente neogoticista de la corte ovetense), hacen que no estén claras ni la ascendencia ni las circunstancias históricas en que llegó a Asturias y fue investido rey. Posteriormente, las mistificaciones legendarias y las historiografías romántica y eclesiástica incrementaron el confusionismo; como reacción al mismo surge una línea interpretativa hipercrítica, defendida por Julio Somoza, que negaba la veracidad de la Batalla de Covadonga y la propia existencia de Pelayo basándose en que la crónica más próxima a los hechos, la Mozárabe o Continuatio Hispana de 754, no menciona nada al respecto. Tal silencio, sin embargo, no constituye de por sí una prueba concluyente, por cuanto que pudiera atribuirse a una minusvaloración interesada de los hechos por el autor. (texto extraído de la Enciclopedia de Asturias)

Hay material para el debate..

Reciba un cordial saludo

Jose

jose_angel
29/10/2010, 09:30
Buenos días durruti

Las Crónicas posteriores al tiempo de Alfonso III detallan los pormenores de la conquista tal como nos ha llegado..

Un ejemplo es la supuesta conquista de Tudela en 716 por Ayyub alLajmi.

No se conocen referencias históricas originales respecto de la conquista de Tudela por Ayyub alLajmi..ni siquiera la nombra la Crónica mozárabe de 754.

Al respecto le reseño el siguiente comentario del historiador tudelano Luis María Marín Royo.


Asesinado Abd al-Aziz le sustituye provisionalmente, según parece, en marzo
del año 716 como walí o gobernador dependiente del califa de Damasco su
primo Ayyub ibn Habib al-Lajmi, hijo de una hermana de Musa ibn Nusayr que
fue depuesto a los seis meses de su gobierno, sustituyéndolo otro gobernante en
viado de Ifriqiya.15 Este Ayyub al que el Diccionario le da el sobrenombre del
Lajimita es el que dice que conquistó Tudela en el corto tiempo en que duró su
mandato. De nuevo me vuelvo a preguntar, ¿De donde salió originalmente esta
información? ¿Qué interés podía tener quien esto escribió en inventarse la noticia?
Después de leer a fondo los tomos de la conquista musulmana de España escritos
por Juan Francisco Masdeu, (sin hallar la reseña del Diccionario de la Historia),
por una referencia de este autor, he acudido a la obra de Michael Casiris en
su Biblioteca Arábigo-Hispana Escurialensis,16 para ver si allí pudiese encontrar
la tan perseguida cita. He repasado los dos gruesos volúmenes en los que se publica
en latín información sobre los manuscritos árabes existentes en la biblioteca del
Escorial, y solamente he hallado tres reseñas de Tudela, que nada tienen que ver
con lo que yo perseguía. La más amplia es la del manuscrito de la Crónica del
Moro Rasis, a la que después me refiero ampliamente.
No he hallado ninguna otra referencia, ni puedo asegurar nada, pero con
Tudela bien pudiera ocurrir lo mismo que ha pasado con Calatayud, (Kalaat Ayub,
Castillo o fortaleza de Ayub), al lado de la antigua Bilbilis romana. Rodrigo
Ximénez de Rada (1170?–1247), cronista y arzobispo de Toledo, al que se le conocen
varias obras escritas,17 atribuyó ya el siglo XIII la fundación de Calatayud a
Ayyub ibn Habib al-Lajmi, el mismo a quien el Diccionario de la Historia dice
que conquistó Tudela. Diversos autores arabistas han indicado con posterioridad,
que no existen crónicas árabes en las que poder documentar esta fundación,18 (al
igual que ocurre con Tudela) y han atribuido su llámese fundación o refundación
al emir Muhammad I (852-886) que según cuenta el cronista árabe al-Udrí la reconstruyó
en 862. (Texto extraído del libro “La Tudela desconocida”, de Luis María Marín Royo, Tudela, 2002)

La historia se puede manipular..y los mitos pueden ser considerados inconscientemente como hechos reales..

Reciba un cordial saludo

Jose

durruti
29/10/2010, 21:48
Gracias Jose Angel, la informacion que estas aportando me està pareciendo muy interesante, y desde luego el debate puede seguir porque la historia esta escrita, muchas veces por plumas interesadas, y en la mayoria de las ocasiones, despues de bastante tiempo y por referencias de transmision oral.
Pero luego esta el interpretarla 1000 años despues.
Dices "Le aclaro que yo no he negado que haya habido invasión..lo que he pretendido aportando esos textos es referenciar que los acontecimientos exactos que conocemos en torno a la conquista de 711 son una recreación literaria redactada en la Crónica Alfonsina.."
Por favor no hace falta que me aclares nada, cada uno estamos aportando al debate lo que creemos que es valioso, y en eso estas aclarando ciertos puntos.
El hecho de que en alguna cronica no se hable de "Covadonga" es natural, mi opinion es que se trato de una simple accion de frontera en la que los musulmanes se vieron sorprendidos por inclemencias del tiempo y decideron abandonar pensando que eran unos cuantos naturales del pais que no causaban mayor preocupacion.
Solo dos comentarios al respecto: Yo he sufrido una tormenta en Picos de Europa y te cuento duro unas horas y fue terrrorifica. Si eso lo sufrieron los musulmanes no me extraña que se marcharan. Y por otro lado; toda la zona cantabrica y vasca ya causo problemas de conquista a los romanos.
Saludos.

jose_angel
30/10/2010, 00:17
confunden vascos con árabes

-¡Que Mahoma y Tervagán, que en sus manos nos tienen, y Apolo, nuestro señor, salven al rey y guarden a la reina! (El Cantar de Roldán, Canto CXCV).

Un cantar de gesta francés de autoría anónima y fechado hacia 1100, llamado “El Cantar de Roldán”, relata La Batalla de Roncesvalles, acontecida el 15 de agosto de 778, y que supuso la única derrota militar del ejercito franco, capitaneado personalmente por el emperador Carlomagno.

El Cantar refiere la filiación sarracena de los contrincantes de los francos, y cifra en 400.000 su número, y la vertiente sur del Pirineo occidental como lugar de localización de la batalla..

Noble guerrero es el conde Roldán, Gualterio de Ulmo cumplido caballero y el arzobispo hombre de probado valor. Ninguno de los tres quiere faltar a los otros dos. En lo más recio de la lid, acometen a los infieles. Mil sarracenos han echado pie a tierra; a caballo son cuarenta millares. Miradlos: ¡no osan aproximarse! Desde lejos les arrojan lanzas y picas, flechas, dardos y venablos. A los primeros golpes matan a Gualterio. A Turpín de Reims le traspasan el escudo y le parten el yelmo, hiriéndolo en la cabeza; desgarran las mallas de su cota y atraviesan su cuerpo cuatro picas. Su caballo es muerto bajo él. ¡Lástima grande que haya caído el arzobispo! (El Cantar de Roldán, canto CLIV, texto extraído de la Biblioteca Digital Ciudad Seva)

Puede verse el poema completo en el siguiente enlace: www.ciudadseva.com/textos/.../roldan/roldan.htm

Los historiadores más autorizados tan solo la consideran poco más que una escaramuza, no reconocen su localización exacta..y consideran vascones y no sarracenos a los enemigos con los que se enfrentaron los francos..

Parece que la invasión árabe del año 711 dJC apenas llegó a Pamplona. Una de las primeras joyas de la literatura europea, la Chanson de Roland, canta melancólicamente cierta batalla que tuvo lugar (en el año 778) en los alrededores de Roncesvalles (lugar que, siglos después adquirió gran importancia con el Camino de Santiago, que allá cruzaba los Pirineos para entrar en la Penísula y llegar hasta Compostela) y que perdieron los francos, con su emperador Carlomagno a la cabeza. Pero, entre otras muchas inexactitudes, equivoca al vencedor, ya que afirma fueron los árabes cuando en la realidad, fueron los vascones quienes derrotaron en Roncesvalles a un muy numeroso ejército franco, hasta entonces invencible, como venganza pues Carlomagno intentaba conquistarles y había hecho derribar poco antes las murallas de Pamplona. A su vuelta a Francia, ocurrió su derrota, en la que murieron los llamados doce pares de Francia, su predilecto y sobrino Roland entre ellos. Carlomagno abandonó definitivamente su idea (sólo hubo otro intento de invasión desde el norte, también fallido, más de mil años después, al ocupar Napoleón casi toda la penísula). (WWW Navarra, historia de Navarra – iturnet)

jose_angel
30/10/2010, 00:21
Batalla de Roncesvalles

Batalla en la que lucharon Bernardo del Carpio y el franco Roldán, recogida en numerosos romances y cantares de gesta. En el siglo XVII se pone en duda su historicidad, situación que aún hoy sigue vigente, a causa de las afirmaciones de José Pellicer, quien defiende que la batalla tuvo lugar en el año 778, lo que imposibilita que Bernardo del Carpio, dada su temprana edad, participase, negando así su existencia.

La confusión de batallas

La batalla de 778
Para entender esta postura se hace necesario un repaso a la historiografía anterior a J. Pellicer. Tres autores: Ambrosio de Morales, Yepes y Montano, hacen referencia a una batalla en el año 778, que ellos denominaron «de Roncesvalles», aunque no dicen que Bernardo del Carpio, Alfonso II o Roldán interviniesen en ella. El resto de autores anteriores al siglo XVII hablan de una batalla en la que sí participaron todos ellos, pero habida después del año 800. Según Vicente José González García, esto implica una clara confusión de Pellicer. La batalla primera tendría lugar, el 15 de agosto del año 778, a la parte de allá de los Pirineos, en Valcarlos (municipio navarro transpirenaico). En ella el rey Carlomagno, al frente de sus guerreros entre los que se encontraban Eginardo y Anselmo, como se dice en la Vita Karoli, luchó contra los vascones, siendo derrotado.
La batalla auténtica del 808
La batalla de Roncesvalles propiamente dicha se desarrolla el 16 de junio del año 808, en la parte de acá de los Pirineos. A los pies del alto de Ibañeta, se abre una explanada donde se produjo la batalla, y donde hoy día se encuentra el pueblo de Roncesvalles. Carlomagno, en este momento ya emperador, se enfrenta a los hispano-árabes, en cuyas filas estaba Bernardo del Carpio. La negativa a aceptar la alianza de Alfonso II con Carlomagno de parte de los nobles asturianos, temerosos de que el reino fuese entregado al rey franco, se unieron a Bernardo, enemigo de su tío Alfonso II por no haber liberado a su padre, quien a su vez buscó el apoyo de los moros de Aragón y del rey de Zaragoza, Marsil, que también estaba contra Carlomagno.
La batalla supuso una victoria para los hispano-árabes: Bernardo del Capio mató a Roldán, el más caracterizado del ejército franco, lo que provocó la huida de sus tropas. (Texto extraído de la Enciclopedia de Oviedo).

Así explica la Enciclopedia de Oviedo el porque de la confusión referente a la participación de los árabes en la Batalla de Roncesvalles.

La mitología creada en torno a los árabes llegó a ser de tal magnitud en el subconsciente popular de los habitantes de la península, que traspasó los límites de los Pirineos, acabando por impregnar también las composiciones literarias de Europa y el subconsciente popular de los pueblos que en ella vivían..

El poder de la creatividad literaria puede dar a una falsedad la apariencia de una verdad..

Cordiales saludos

Jose

abdal-lah
30/10/2010, 08:57
Los mitos fundadores de la nacion española
Por Juan Goytisolo

«Covadonga es la esencia de España, el lugar en donde Don Pelayo derrotó al Islam, el altar mayor y una de las primeras piedras de la Europa cristiana» (Juan Pablo II).
“Santi Yagüe (Santiago) será entronizado anti-Mahoma y su santuario compostelano se convertirá en la anti-Caaba. Compostela pasa a ser el punto de convergencia de la cristiandad militante en oposición a La Meca, y la popular romería del Camino de Santiago, la réplica franca y galaico-leonesa al Hach (...) Hoy, el apóstol sigue siendo el santo patrón de España”.

Sabemos desde el siglo XVIII, gracias a la Ilustración y al empeño posterior de los historiadores críticos, que todas las historias nacionales y credos patrióticos se fundan en mitos: el prurito de magnificar lo pasado, establecer continuidades «a prueba de milenios», forjarse genealogías fantásticas que se remontan a Roma, a Grecia o a la Biblia, obedece sin duda a una ley natural de orgullo y autoestima, pues los hallamos en mayor o menor grado en el conjunto abigarrado de Estados y naciones que integran el continente europeo.

No tengo nada contra los mitos y su fecunda prolongación artística y poética, a condición, claro está, de no olvidar su carácter ficticio, elaboración gradual e índole proteica, ya que estos mitos, manejados sin escrúpulo como un arma ofensiva para proscribir la razón y falsificar la historia, pueden favorecer y cohesionar la afirmación de «hechos diferenciales» insalvables, identidades «de calidad» agresivas y, a la postre, glorificaciones irracionales de lo propio y denigraciones sistemáticas de lo ajeno.

«El impulso revolucionario de los mitos», escribió Juan Aparicio, el inamovible director general de prensa durante los años más duros del franquismo, «dispara a las multitudes hacia querencias de un potencial terrible». El mito, cual una idea platónica, pertenece al dominio de Dios, quien lo ha cedido parar su uso y devoción por los naturales de un país. El mito es, por lo tanto, de «esencia nacional». No andaba errado el censor emérito: el recurso a los mitos fundacionales (Covadonga, Santiago, la Reconquista) por la Falange e intelectuales adictos al Glorioso Movimiento sirvió de base a la «Cruzada de salvación» de Franco y a los horrores de la guerra civil y de su inmediata posguerra.
Aunque fláccidos e inservibles como globos pinchados en la España de hoy, estos mitos resurgen y lozanean, como gatos de siete vidas en diversos Estados y pueblos europeos que creíamos vacunados para siempre tras la derrota del fascismo.

Las referencias mesiánicas de Le Pen a Clovis, Poitiers y Carlos Martel —cuyo potencial explosivo es amortiguado, por fortuna, por dos siglos de tradición laica y republicana— son paralelas a las burdas manipulaciones de la historia serbia y también croata, que condujeron en fecha reciente a la infame «purificacion étnica» y al genocidio de 200.000 musulmanes.

Ahora, este impulso mítico dispara a las multitudes rusas víctimas desnortadas del desplome súbito de la URSS a la busca de «esencias puras» y de su «alma vendida», esto es, con fórmulas acuñadas por la Falange y el Fascio.

El cotejo de los textos escritos por los bardos e ideólogos de Mussolini y José Antonio Primo de Rivera con los de los inspiradores de Le Pen, Milosevic, Karadzic o Zhirinovsky, y el del lenguaje troquelado por el nacional-catolicismo español de la primera mitad de siglo, con el de las Iglesias ortodoxas rusa, serbia o griega, resulta a este respecto tan concluyente como sobrecogedor.

Como dice el lúcido e incisivo ensayista serbio Iván Colovic, refiriéndose al discurso oficial del nacionalismo étnico, el escenario iconográfico político «evoca y recrea un conjunto de personajes, sucesos y lugares míticos con miras a crear un espacio-tiempo igualmente mítico, en el que los ascendientes y los contemporáneos, los muertos y los vivos, dirigidos por los jefes y héroes, participen en un acontecimiento primordial y fundador: la muerte y resurrección de la patria».

Como vamos a ver, esta leyenda de muerte y revivicación —escamoteadora de la realidad del Andalus y de la Castilla de las tres castas—, es el mito original de España.
1.- La panoplia lepeniana cifrada en la tríada de Clovis, Carlos Martel y Juana de Arco no es mero folclor ni decorado de carrozas verbeneras. En nombre de Occidente y sus héroes sin mácula, grupos fascistas y xenófobos, en la nebulosa del Frente Nacional, apalean y asesinan a inmigrados magrebíes cuyo único crimen estriba en su supuesta descendencia de los sarracenos aplastados por el titánico martillo de Carlos. El proyecto de una Francia pura, una Francia francesa, se edifica así —como el de la Serbia pura, la Serbia serbia— sobre un frágil castillo de leyendas y patrañas. Aunque, a diferencia de sus colegas españoles, los historiadores del país vecino no incurran en el dislate de llamar franceses a los galos ni considerarse compatriotas de Vercingétorix, y el milagroso bautizo de Clovis, reseñado el año 948 por Flodoard (893-966), no haya sido nunca tomado en serio por su fantástica convergencia de portentosos lances, el mito de Poitiers resistió con mayor éxito al escrutinio del investigador.

Si bien Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764) prevenía a sus lectores contra la índole novelesca de la proeza del héroe franco, salvador, según las crónicas antiguas y aun modernas, de la civilización cristiana, el mito aguantó un largo asedio de críticos y eruditos antes de derrumbarse. Desde Pablo Diácono, para quien 375.000 sarracenos perecieron en la batalla, hasta la rimada Crónica latina anónima del año 854, pasando por los relatos de Teófilo y los monjes de Moissac, este acontecimiento trascendental se engalana de ostentosas inverosimilitudes y levita en un ámbito manifiestamente novelesco.

La presencia del ejército árabe en el lugar es a todas luces tan fantasiosa como la extravagante identidad de Mahoma, atribuida a un tal Mahou, cardenal franco aspirante al Papado que movido por el despecho de su fracaso, habría ido a predicar su nueva y nefanda doctrina a los nómadas salvajes de Arabia. La crítica posterior de Henri Pirenne, Lucien Musset y el análisis mitoclasta de Edward Said en su imprescindible Orientalismo (Libertarias, Madrid, 1990) desmontan el andamiaje tan laboriosamente armado.

seguiremos inxa Al-lâh

abdal-lah
30/10/2010, 08:59
¿Cómo podía haber llegado la veloz caballería árabe, como quien dice de un tirón, a Poitiers el año 732, sin la intendencia y abasto indispensables a la travesía de mares, desiertos y montañas, en medio de pueblos aguerridos y hostiles? ¿No se contradice tan mirífica hazaña con la precisión del monje del Monte Cassino que, en la segunda mitad del siglo VIII relata la llegada de presuntos sarracenos «con sus mujeres e hijos» a Aquitania, para instalarse en ella? Los jinetes célebres como el rayo, ¿llevaban consigo a su prole? Como veremos más adelante, las páginas en blanco de la historia, en razón de la falta de documentos fidedignos sobre lo acaecido en el siglo VIII, per miten a los fabricantes interesados de mitos ornar el pasado de su nación de la religión verdadera con báculos, oropeles y mitras que —una vez cristalizada la leyenda y ratificada por los historiadores «patriotas»— resultan difíciles de desacralizar.

No hubo batalla en Poitiers —a lo sumo escaramuzas en tierras vecinas— ni árabe alguno intervino en ella. El Islam llegó a la provincia Narbonense un siglo más tarde y no con su invicta caballería, sino por el «contagio» de la predicación y afinidades a las doctrinas «heréticas» profesadas de antiguo por quienes luego hablarían la langue d'oc.

2.- Aterricemos ahora en predios más cercanos. La leyenda compostelana de Santiago Apóstol y su prolongación en Nuevo Mundo —¿cuántas ciudades y lugares denominados Santiago o simplemente Matamoros existen desde la frontera norte de México hasta la cordillera andina?— constituye un magnífico ejemplo del «impulso revolucionario» del mito.

El traslado del sepulcro del apóstol, custodiado por los ángeles, de Palestina a Galicia el año 44 después de Cristo y su descubrimiento oportuno nueve siglos más tarde desafía desde luego toda explicación racional y creíble.¿Qué motivo podía haber inducido a los discípulos de Santiago a transportar su cuerpo al fin del mundo entonces conocido, al mismísimo finis terrae? ¿Preveían ya la terrorifica invasión sarracena y el lucido papel que el apóstol iba a desempeñar en la cruzada emprendida contra ella? Y, más asombroso aún, ¿cómo fue localizado el sepulcro romano e identificado el cadáver que, a partir de entonces, saldría milagrosamente de él para auxiliar a los cristianos con el célebre tajo de su espada invicta?

Américo Castro (1885-1972), respondiendo a nuestros modernos historiadores mitólogos como Ramón Menéndez Pidal (1869-1968) y Claudio Sánchez Albornoz (1893-1984), analiza luminosamente la fuerza y supervivencia del mito:

«Los confines entre lo real y lo imaginario se desvanecen», escribe en La realidad historica de España (Madrid, 1954), «cuando lo imaginado se incorpora al proceso mismo de la existencia colectiva, pues ya dijo Shakespeare que "estamos hechos de la materia misma de nuestros sueños". Cuando lo imaginado en uno de estos sueños es aceptado como verdad por millones de gentes, entonces el sueño se hace vida, y la vida, sueño».
La trasmutación pasmosa del pacífico pescador del lago Tiberíades en un jinete experto y aguerrido, cortacabezas insigne, respondía como es obvio, a la necesidad de las Iglesias, tanto hispana como carolingia de oponer a la triunfante predicción del credo de Mahoma un Santi Yagüe de recia espada, hermano gemelo de Cristo e «hijo del trueno»; capaz de planear por los aire en albo y radiante corcel de acuerdo con la fábula dioscúrica de Pólux y Cástor.

Lo curioso es el retraso con el que la leyenda apareció. La vieja fábula del siglo IV de la estancia y predicación del apóstol en la Península sufre, en efecto, una modificacíon en la que conviene detenerse un instante. Hasta mediados del siglo IX, una centuria después de la fecha en la que, según la historiografia tradicional, habrían arrasado «España» los feroces invasores árabes, los himnos litúrgicos y romances populares impetraban la protección del apóstol contra «la peste y otros males»; sin mencionar dicha catástrofe ni la suerte trágica de los cristianos. Sólo después del descubrimientodel sepulcro —narrado a fines del siglo IX— los devotos imploran su ayuda contra los sarracenos, cuya existencia por lo visto, ignoraban antes.

En la centuria siguiente, Santi Yagüe (Santiago) será entronizado anti-Mahoma y su santuario compostelano se convertirá en la anti-Caaba. Dicha mutación confiere a la leyenda su carácter definitivo. Compostela pasa a ser el punto de convergencia de la cristiandad militante en oposición a La Meca, y la popular romería del Camino de Santiago, la réplica franca y galaico-leonesa al haÿÿ (la santa peregrinaciónmusulmana).

La Providencia concederá en adelante la victoria al jinete en «níveo e impetuoso» caballo no sólo sobre los moros de la Península, sino también, en un extraordinario vuelo transoceánico, sobre los aztecas, inclinando el fiel de la balanza, en plena batalla, en favor de Hernán Cortés y los suyos.

Señalaremos, de la mano de Américo Castro, que «muchos católicos» como el padre Mariana pusieron en duda en el siglo XVII «la existencia del cuerpo del apóstol en el sepulcro de Galicia». El también jesuita Pedro Pimentel sostuvo incluso, por tal razón, que debía confiarse la protección de España en santa Teresa de Jesús (1515-1582), propuesta que suscitó la iracunda réplica de Quevedo.

Hoy, el apóstol sigue siendo el santo patrón de España, aunque su actividad bélica se haya extinguido. Como catalizador de energías cumplió bravamente la función que le fue asignada. Como dice Américo Castro, «Santiago fue un credo afirmativo, bajo cuya protección se ganaban batallas que nada tenían de ilusorias. Su nombre se convirtió en grito nacional de guerra, opuesto al de los sarracenos».

3.- Los mitos fundadores de una nación tienen la piel dura: aun desahuciados por la crítica demoledora de sus falsificaciones sucesivas e interpolaciones flagrantes, siguen ofuscando algunos historiadores contemporáneos y se perpetúan en los manuales de enseñanza por pereza y rutina, debido a la incomodidad y esfuerzo que ocasionaría un nuevo y perturbador planteamiento de la realidad historiable. Cuando Sánchez Albornoz, en sus elucubraciones líricas sobre «la embrionaria España, mecida en la cuna de Covadonga», daba su aval a las leyendas manipuladas por el franquismo y el sector más reaccionario de la Iglesia, ¿ignoraba la coincidencia de sus tesis con las sostenidas por la extrema derecha y el ultranacionalismo xenófobo? Cedamos la palabra al conocido historiador en uno de sus trémulos arrebatos proféticos: «Temo que otra gran tronada histórica pueda mañana poner en peligro la civilización occidental, como lo estuvo por obra del Islam en los siglos VII y VIII...La cultura europea fue salvada por Don Pelayo en Covadonga...¿Dónde se iniciará la nueva reconquista que salve al cabo las esencias de la civilización nieta de aquella por la que, con el nombre de Dios en los labios, peleó el vencedor del Islam en Europa?» (Orígenes de la nación española, Oviedo 1975). A juzgar por sus escritos, el espectro de otra invasión sarracena ahuyentaba el sueño y amargaba los días del distinguido arabista.

seguiremos inxa Al-lâh

abdal-lah
30/10/2010, 09:00
En un substancioso y aguijador ensayo sobre el tema, Covadonga, un mito nacionalista católico de origen griego (El Basilisco, Oviedo,1994), el historiador Guillermo García Pérez no se limita a señalar los desatinos y absurdos en los que incurre la fábula, sino que se remonta al origen de ésta y la esclarece con brillantez. Las Crónicas asturianas de Alfonso II el Casto y Alfonso III el Magno, muy posteriores a los hechos descritos, refieren en un lenguaje a la vez tosco y florido la aniquilación por Don Pelayo (722) de 127.000 invasores denominados primero «caldeos» y luego «sarracenos».

La Virgen de la Cueva completa a continuación el inmisericorde exterminio al precipitar una avalancha de rocas o pedazo ingente de la montaña sobre los 60.000 fugitivos del desastre. La victoria del héroe y la subsiguiente intervención celeste son tanto más asombrosas cuanto, según otras crónicas, los invasores moros de Tariq (711) sumaban tan sólo siete mil y los de su jefe y rival Musa dieciocho mil. ¿Cómo podían haberse multiplicado en siete años de guerra, pillaje y devastación los culpables de la «destrucción de la España Sagrada» de 25.000 a 187.000, cifra a la que habría que añadir, para no desmentir la veracidad de los monjes y eclesiásticos francos, la de los 375.000 que perecerían 10 años después en Poitiers (732)?

Por mucho que parezca increíble, la proliferación astronómica de los supuestos árabes no fue objeto de desmitificación cabal gracias a Lucien Barreau-Dihigo, sino en 1921. Cierto que, como nos recuerda Guillermo García Pérez, el abate Juan Francisco Masdéu (1744-1817), sin poner en tela de juicio la realidad de la batalla, señaló la interpolación en la Crónicas de «circunstancias muy dudosas o claramente falsas». Pero el miedo a la Inquisición primero y la alergia «a la novedad de discurrir» tan difundida ayer y hoy en España, después institucionalizaron, en medio de la credulidad colectiva, el mito de Covadonga y Don Pelayo hasta el incitante cotejo del mismo con el de Delfos (480 años antes de Cristo) por Guillermo García Pérez.

La comparación de las dos leyendas disipa cualquier duda: la asturiana es una copia de la griega, incluidos los pormenores de la matanza (de persas en un caso y de caldeos o sarracenos en el otro), la intervención milagrosa de Atenea y el desprendimiento mortífero de las rocas (en la leyenda original del monte Parnaso). Como dice acertadamente nuestro investigador, situando la aparición del mito en su contexto histórico —la dependencia o vasallaje del reino leonés respecto a Carlomagno— «la leyenda de Covadonga (1) sería sólo una pieza más, un ingrediente estructural de la estrategia política desarrollada por el recién formado Imperium Christi (Carlomagno y el Papado, independizado de Constantinopla) para luchar contra el entonces, preocupante dominio islámico del mundo mediterráneo».

En su iluminadora exposición de las vicisitudes del mito Guillermo García Pérez apunta con razón al uso pro domo del mismo en fechas más reciente. Cuando la imagen de la Virgen —trasladada por razones de seguridad en los años de la guerra civil a la embajada de la república en París— fue devuelta a España, la estatua, paseada con honores de Capitán General por Franco y la jerarquía esclesiástica hasta su cueva milagrosa, había sido transmutada en símbolo de la «España eterna», salvada de nuevo providencialmente por la supuesta Cruzada. Medio siglo después, Juan Pablo II, en su peregrinaje al santuario en agosto de 1989, pronunció una homilía, cuyo resumen por Guillermo García Perez reproducimos para ilustración del lector: «Covadonga es la esencia de España (el lugar) en donde Don Pelayo derrotó al Islam, el altar mayor y una de las primeras piedras de la Europa cristiana».

¡Saludemos la habilidosa elevación de la superchería áulica de Carlomagno al rango de verdad pontificia y la transformación de la atávica diosa de Onga en esencia nacional y espada flamígera de la Cristiandad!

Nota

(1) El walí de Córdoba, Ambasa, envió durante la primavera boreal del año 722, una expedición de unos centenares de soldados al mando de Alqama, Alqama y Oppas contra los rebeldes astures. Parece ser que se produjo una escaramuza —no hubo tal batalla como exagera la Crónica de Alfonso III casi doscientos años más tarde)— junto a la cueva de Covadonga, una zona montañosa y cerrada, entre la patrulla musulmana y un reducido número (¿100? ¿300?), dirigidos por Pelayo (m. 737) de origen visigodo, al que se adjudica el haber fundado el reino de Asturias (718-737). La acción no pasó a mayores y el contingente musulmán retornó hacia el valle de la Liébana, por el puerto de Amuesa. La historiografía actual sostiene que las gentes del norte no pelearon en Covadonga en defensa de la religión católica, sino para mantener su independencia. Sin embargo, muchos historiadores ponen en duda la propia existencia del episodio.


*Artículo publicado en el diario «El País» de Madrid, el sábado 14 de septiembre de 1996.

Eminonna
05/06/2011, 09:54
Existe un foro para discutir los aspectos de este fenomeno, el del 711 en Hispania. Se trata de www.historia.forogratis.es
Ahi hay un resumen, prosecciones, de la obra de Olagüe y su argumentario, donde se explica y pormenorizan los detalles. Luego hay secciones de discusion entre los que apoyan y los que no apoyan dicha teoria.

Basicamete Olagüe explica la expansion del islam en base a fenomenos climaticos que impulsaron a laspoblaciones colindantes o del desierto haciea la periferia, hacia Oeiente Medio, el Mediterraneo, la zona subsahariana... El aumento del desierto destruyo muchas zonas habitadas y sus poblaciones, poco a poco fueron yendose, llevandose consigo sus ideas y conceptos, influenciando a las graneds ciudades romanas. Eso generaria ciertos conflictos, disturbios, revueltas locales que son lo que luego los cronistas convierten en batallas e invasion. En realidad las ideas cristianas previas al islam no diferian grandemente con el islam, salvo los paganos y trinitaristas, y kla islamizacion es casi una mera evolucion y triunfo de una idea. Lo de Hispania fue mas de lo mismo: una lucha religiosa entre el trinitarismo y las versiones unitaristas arriana, nestoria, gonstica, etc. Elcatolicismo, aferrado alpoder godo, trato de dar un golpe de mano, pero con la ayuda de triopas norteafricanas, ens umayoria godas y bereberes, la asonada fue reprimida y ahi se abre una guyerra civil que duraria unos 60 años. Todo este periodo es reconstruido con elmito de la invasion mora arabe que justificaria a lso catolicos la tremenda perdida que supuso aquella revolucion. Acusaran a lsogodos ysus muchos pecados de haber merecido elcstigo divino de la invasion arabe, quejamas se proidujo.Los arabes aceptaron esta teoria por que les dama una gran gloria militar, y era algo dificil de resistir (a quien le amarga un dulce?), pero la realidad es que jamas estuvieron por ahi,salvo en comercio y misiones.
La expresion de fe del unitarismo hispano antes del islam era. "Solo hay un dios y no hay otro como el". A que nos suena?. Solo hay que aladirle "y Mahoma es su profeta" para ser una declaracion perfectamente islamica. Pues eso es lo que sucedio: lso musulmanes veian islamicos a aquellos ristianos unitaristas, no haba apenas choque. Y asi se desarrollo un islam hispano.. hasta la llegada de lso mas dogmaticos almoravides y almohades, que ya impusieron formas coranizas mas estrictas, que no fueron muy del agrado de los mas liberales hispanos.
Mcuhos mas datos y desarrollo de esta aapsionante teoria en www.historia.forogratis.es

durruti
06/06/2011, 07:14
Saludos.

Y muchas gracias por la informacion,entrare y vere lo que aportan alli.

Yo sobre la teoria de Olague, soy algo critico, es cierto que la historia no es como la cuentan,ya que esta escrita en su momento por fuentes interesadas,pero tambien la idea de Olague ¨tiene muchas lagunas en que no cuadra lo que dice o entra en contradicciones.
Ya hablaremos mas del tema.

Saludos