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sheik yerbouti
24/08/2010, 14:15
En efecto, los Manes me dictaron capitales correcciones (Cicerón).

Inmersos en un cuadro tal, por mas plena la conciencia y en cuanto a terceros, no hemos podido efectuar demasiado; léase que nuestra voluntad era débil, sobre todo en el áspero terreno del doblaje. Y nos tomamos el trabajo de recalcarlo, no sólo como excusándonos ante las diversas anomalías que afloraron a nuestro espíritu, sino que además insinuando un prematuro descarte de la esfera perfecta de las posibilidades, en favor de nuestro fiel amigo alado. Por lo demás, sea esta nuestra última gala la que complete y, por así decirlo, la que compacte sin matices foráneos el grueso bloque de las fatalidades, producto indisociable de toda marcha, cuando no al tanteo, en pos del férreo cetro contabilizado para cada cual según medida, senda que nos ha llevado a no cejar en esfuerzos y a no vacilar en consagrarnos por entero sin en momento alguno haber perdido de vista en un mínimo nuestra procedencia. Queremos decir que todo lo que corra de costado a nuestras últimas realizaciones, al proceder, en definitiva, de nada más que de nos mismos, es todo lo que nos puede jugar en contra. Aquellos cazadores fueron vapuleados como fantoches. Confiamos en lo que tenemos, en lo que somos. No somos temerosos de sutiles engaños ni emboscadas; como tampoco hemos depuesto la visión de un aquelarre totalmente distinto a lo que nos lleva a exponer y a defendernos detrás del talante de nuestras ulteriores conquistas.
Mas allá de esto, aspiramos a tu olimpo, a tu música –a esa cosa inaudita que reservas solo a los calificados. Anhelamos comerciar el dracma de la nueva alianza. Que el poder que emana de tus vivificantes senos, fuente que no has negado ni a los parias ni a los sudras, y que incluso dioses se disputan, vuelva a nos, a nuestra suerte, a nuestras papilas y a nuestra sangre. No somos temerosos de las miríadas de seres que se levantan a lo inexpugnable de tu fortaleza; ante ellos opondremos cualquiera de nuestros cuerpos, siendo un hecho consumado nuestro manejo del arte y de la magia, no menos que lo es a la confianza de nuestros antepasados. Que se nos reconozca el furor, el olfato, el carácter. Las razones mismas que nos exceden, por afinidad con el buitre, nos llevan a ni soñar siquiera con relamernos el pico; pero no obstante creemos haber pagado con creces el porqué y el como de desechar vista por olfato, de habernos sobrepuesto y no haber amedrentado ante lo que no nos pareció mas que presumida estirpe cazadora –claro que, de fondo, vanidad no es insistir en que bien sabemos de los rebotes producidos en feroz lucha contra el albatros o el mismísimo peregrino, razas*** que pugnaron por un tiempo y con relativo éxito en proclamarse y por adueñarse definitivamente de nuestra forma sutil, mas no lográndolo y abandonando de propósito ante una mayoría absoluta de preferencia.