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Yuhannà
24/07/2010, 19:09
CARTA AL PADRE.

Capítulo primero.


Una vez, hace poco, me preguntastes por qué decía que te temía.Como de costumbre, no supe contestarte, en parte precisamente por el miedo que me das,y en parte porque son demasiados los detalles que fundamentan ese miedo, mucho más de los que podría coordinar a medias, mientras hablo.

Y aún ahora, el intento de contestarte por escrito resultará muy incompleto,ya que también al escribir me inhiben el miedo y sus consecuencias y porque el tema, por su magnitud excede en mucho mi memoria como mi entendimiento.

Para ti, el caso fue siempre muy simple, por lo menos así nos parecó a mí y a tantos otros a los que hablastes al respecto, sin que hicieras ninguna discriminación.Las cosas te parecían más o menos así: a lo largo de tu vida has trabajado asiduamente, sacrificándolo todo por tus hijos y sobre todo por mí, en consecuencia, yo he vivido pródigamente, he tenido la libertad de estudiar lo que quisiera, no he tenido que preocuparme de mi sustento ni por problemas serios, a cambio de eso no me pedías que te agradeciera nada, ya que conoces la "gratitud filial", pero esperabas al menos algún acercamiento, alguna señal de simpatía.

En vez de eso siempre te he rehuido, encerrándome en mi cuarto, con libros, con amigos alocados e ideas exageradas: jamás conversé contigo con confianza, no me acerqué a ti en el templo, ni te fui a ver a Franzensbad, además tampoco supe lo que significaba preocuparse por una familia, jamás me interesé por tu negocio ni por tus demás asuntos, te endosé la fábrica y luego la abandoné; apoyé a Ottla* en su necesidad y, mientras por ti no soy capaz de mover un dedo (ni siquiera darte una entrada para el teatro), lo haría todo por mis amigos.


* la menor de las hermanas de Kafka.

Franz Kafka.

Yuhannà
25/07/2010, 18:46
CARTA AL PADRE.

Capítulo segundo.

Si haces un resumen de tus juicios sobre mí, resulta que no me reprochas nada realmente indecente o malo (excepto, tal vez, mi reciente proyecto de matrimonio), sino frialdad, alejamiento e ingratitud.Y me lo reprochas, como si yo tuviera la culpa, como si con sólo dar vuelta al timón, por ejemplo hubiera podido cambiar el curso de todo, mientras que tú no tienes ni la menor culpa de ello, salvo la de haber sido demasiado bueno conmigo.

Esta frecuente argumentación tuya me parece correcta en la medida en que yo también te creo enteramente exento de culpa en lo que respecta a nuestro distanciamiento.Pero también yo estoy libre de culpa.Si pudiera lograr que lo reconocieras, entonces sería posible...no digo que una nueva vida, porque para eso ambos somos muy, muy viejos ya, pero si una especie de paz; no un cese, pero con todo, un aplacamiento de tus incesantes reproches.

Curiosamente, tú tienes alguna remota idea de lo que quiero decir.Así, por ejemplo, hace poco dijistes:"Siempre te he querido, aunque no te lo he demostrado como suelen hacerlo otros padres, precisamente porque no sé fingir como ellos".Ahora bien, padre, en general yo nunca he dudado de tu bondad hacia mí, pero no me parece que sea verdad esta observación.

No sabes fingir, es cierto, pero querer afirmar por esta razón solamente que los otros padres fingen es o bien pura terquedad, imposible de discutir, o bien-y mi opinión realmente es el caso- una expresión para encubrir el hecho de que hay algo que está mal entre nosotros y que tú has contribuido a ocasionar, aunque sin culpa alguna.Si es esto lo que realmente opinas, estamos de acuerdo.


Franz Kafka.

Yuhannà
26/07/2010, 18:53
Capítulo tercero.


No digo, desde luego que me he llegado a convertir en lo que soy sólo a tu influjo.Esto sería exageracion, por la que siento incluso cierta tendencia.Es muy posible que, aunque me hubiese desarrollado en forma totalmente libre de tu influencia, aun así no habría podido hacerme un hombre según como tú lo entiendes.Probablemente habría llegado a ser, a pesar de todo, un hombre bastante débil, miedoso, vacilante e inquieto: no un Robert Kafka ni un Karl Hermann sino por completo diferente, sin duda, de como soy en realidad, y habríanlos podido llevar una relación de total armonia.

Yo hubiera sido feliz teniéndote como amigo, como jefe, como tío, como abuelo, y hasta (aunque en esto ya titubeo un poco) como suegro.Pero como padre has sido demasiado fuerte para mí, más aún porque mis hermanos murieron muy pequeños y mis hermanas nacieron mucho más tarde, por lo que fue necesario que soportara yo solo el primer choque, aunque era muy débil para eso.

Compáranos a ambos: yo, para expresarlo de modo muy breve, soy un Lowy con cierto fondo de los Kafka, el que sin embargo no es precisamente agitado por esa voluntad vital, comercial y conquistadora de los Kafka sino el aguijón de los Lowy, que actúa en secreto, más tímidamente y en otra dirección, y que a menudo cesa totalmente de incitar.Al contrario, tú eres un verdadero Kafka en cuanto a fuerza salud, apetito, potencia vocal, oratoria autosatisfacción, superioridad mundana, perseverancia, presencia de ánimo, conocimiento de los hombres y cierta amplitud de miras, claro que también con todos los defectos y debilidades correspondientes a tales excelencias, hacia los que te precipitaría con violencia tu temperamento y a veces tu irritabilidad.


"Carta al padre".Franz Kafka.

Yuhannà
27/07/2010, 19:06
CARTA AL PADRE.

Capítulo cuarto.


Tu posición general ante el mundo no es el todo de un Kafka, si cabe compararte con los tíos Philipp, Ludwing y Heinrich.Esto, aunque curioso, es un punto que no he podido dilucidar.Todos ellos fueron indudablemente más alegres, más despreocupados, más espontáneos, tomaban la vida con menos solemnidad y eran menos rígidos que tú.En este sentido, dicho sea de paso, he heredado mucho de ti y he administrado bien el legado, aunque por cierto sin poseer en mi carácter el contrapeso necesario como tú lo tienes.

Pero, también por otra parte, has pasado por diversos periodos: fuistes quizá más alegre antes de que hijos-sobre todo yo- te decepcionaran y te afligieran en tu hogar (eras de verdad diferente cuando llegaban amigos) y quizá te hayas vuelto más alegre otra vez, cuando los nietos y el yerno vuelven a brindarte algo de aquel calor que los hijos, a excepción tal vez de Valli, no supieron darte.

De todos modos éramos tan distintos y tan peligrosos el uno para el otro por esa diferencia, que si se hubiese querido calcular de antemano la forma de comportarse el uno frente al otro, yo, el niño de lento desarrollo y tú, el hombre hecho, habría podido presumirse que prácticamente me pisotearías destruyéndome de modo que nada quedara de mí.


Franz Kafka.

Yuhannà
28/07/2010, 11:38
CARTA AL PADRE.

Capítulo quinto:


Esto, en realidad, no ha sucedido.Es imposible calcular nada sobre lo vivo, pero tal vez algo peor sucedió.Y al decirlo, vuelvo a suplicarte que no llegues a olvidar jamás que no te culpo de ninguna manera.Tu influjo sobre mí ha sido como debía ser y no tienes por qué cambiar creyendo que es una especial malignidad de mi parte el hecho de haber sucumbido ante él.

Yo era un niño tímido, y con seguridad tan terco como suelen ser todos los niños, sin duda también me sobrepotegió mi madre.Pero no puedo creer que una palabra amable, un silencioso tomarme de la mano, una mirada afectuosa no hubieran podido obtener de mí todo lo que quisieran.

Ahora bien: tú en el fondo eres un hombre bondadoso y tierno (esto no podría contradecir lo siguiente, puesto que hablo solamente del personaje que influía sobre el niño), pero no todos los niños tienen la perseverancia e intrepidez suficiente como para buscar con paciencia hasta encontrar la bondad.Sólo puedes criar a un niño como tú mismo has sido criado: con fuerza, alboroto e iracundia y esto te parecía más adecuado aún para el caso, ya que querías hacer de mi un muchacho fuerte y valiente.


Franz Kafka.

Yuhannà
29/07/2010, 15:14
CARTA AL PADRE.

Capítulo sexto.


Claro que no puedo describir hoy concretamente tus métodos educativos en los primeros años de mi infancia, pero me los imagino en forma aproximada deduciéndolos de los años siguientes, como también de tu manera de tratar a Felix*.Es necesario tomar en cuenta que todo era más acentuado entonces, porque era más joven, y por lo tanto más vivaz, más primitivo, más espontáneo, con menos preocupaciones que hoy, y que, además, te encontrabas enteramente absorto en el negocio, te dejabas ver sólo una vez al día, causándome así una impresión tan honda, que apenas llegó a disminuir alguna vez con la costumbre.

Puedo recordar directamente un solo suceso de mis primeros años, quizá también tú lo recuerdes.Una noche, al mismo tiempo que gimoteaba, yo pedía agua sin cesar; desde luego, no tanto por sed, sino probablemente, un poco por fastidiar y un poco para entretenerme.Como no dio resultado ninguna amenaza violenta, me sacastes de la cama, me llevastes en brazos hasta la terrasa y allí me dejaste sólo en camisón, de pie ante la puerta cerrada.


*sobrino de Kafka.


Franz Kafka.

Yuhannà
30/07/2010, 19:48
CARTA AL PADRE.

Capítulo 7º.-


No quiero decir que esto fuera incorrecto, quizá, de otra forma no habrían logrado descansar realmente en toda la noche, pero con ello quiero caracterizar tus métodos educativos y el efecto que tenían sobre mí.Es indudable que esa vez me torné obediente, pero a costa de algún trauna interno.De acuerdo con mi natruraleza, jamás he podido relacionar en forma alguna correcta lo evidente de aquel absurdo pedir agua, con el hecho extraordinariamente terrible de verme llevado afuera.

Años más tarde, aún me perseguía la visión torturadora de ese hombre gigantesco, mi padre, que en última instancia casi sin causa podia venir una noche y trasportarme de la cama a la terraza: a tal punto que era yo una nulidad para él.

Esto fue entonces apenas un leve principio pero esa sensación de nulidad que a menudo me domina (una sensación en otro sentido también noble y fértil por cierto) es un producto múltiple de tu influjo.Yo habría necesitado un poco de estímulo, un poco de cordialidad que mantuviera abierto mi camino y tú por el contrario me lo cerrabas, sin duda con la buena intención de que eligiera otro.Pero yo no servía para eso.

Me alentabas cuando ejecutaba bien la marcha o el saludo militar, pero yo no era un futuro soldado; me estimulabas cuando lograba comer mucho y acompañaba la comida con cerveza, o cuando repetía canciones que no entendía, o bien tus giros favoritos, pero nada de esto pertenecía a mi futuro.



Franz Kafka.

Yuhannà
13/08/2010, 12:51
CAPÍTULO 8º.


Y es significativo que aún hoy, en realidad sólo me estimulas en algo cuando te afecta emocionalmente, cuando hiero tu egoísmo (por ejemplo, cuando me insulta Pepa).Entonces se me estimula, se me recuerda mi valer, se me señalan las ventajas que yo tendría derecho a pretender, y Pepa queda condenada difinitivamente.Pero aparte que a mi edad ya soy casi insensible a tus estímulos, ¿ de qué me servirián si sólo aparecen cuado no me atañen? En aquel entonces , y por aquel entonces en cada caso, habría necesitado el estímulo, pues en verdad ya me sentía reducido por tu aspecto físico.

Recuerdo, por ejemplo, cuando nos desnudábamos en la caseta de baño.Yo, flaco, débil y angosto; tú fuerte, grande y ancho.En esa caseta me sentía miserable y no sólo frente a ti, sino ante el mundo entero, porque eras para mí la medida de todas las cosas.Pero después salíamos de la caseta para mezclarnos con la gente, tomado de tu mano yo era un diminuto esqueleto vacilante, descalzo sobre las tablas, miedoso ante el agua, incapaz de imitar tu forma de nadar que me mostrabas constantemente con la mejor intención, pero que en realidad me hacía sufir profunda vergüenza.

Me sentía entonces tremedamente desesperado, lo cual se sumaba en esos momentos con la totalidad de mis experiencias negativas vividas en todos; los aspectos.En todo caso, me sentía mejor cuando alguna vez te desvestías tú primero y yo podía permanecer solo en la caseta y postergaba la vergüenza de mi presentación en público, hasta que al fin venías y me echabas afuera.Te estaba agradecido porque no parecías notar mi miseria, así como estaba orgulloso del cuerpo de mi padre.Por lo demás, aún hoy subsiste esta diferencia en forma parecida.



Franz Kafka.

Yuhannà
27/08/2010, 23:47
..subsiste en forma parecida.

CAPÍTULO 9º.


A todo esto correspondía luego tu superioridad espiritual.Habías llegado muy alto por tu propio esfuerzo y por eso tenías una confianza ilimitada en tu opinión.Cuando era niño esto ni siquiera me deslumbraba tanto como deslumbraría después al dolescente, al hombre joven en formación.Desde tu sillón gobernabas al mundo.Tu opinión era la exacta y cualquier otra era absurda, alocada, excéntrica, anormal.

Y tu confianza en ti mismo fue tan grande que ni siquieras necesitabas ser consecuente para que continuaras teniendo razón.Podría suceder también que acerca de algún asunto no tuvieras ninguna opinión y que por eso todas las opiniones que con respecto a ese asunto fueran posibles en general, hubieran de ser falsas sin excepción.Podías, por ejemplo, despotricar contra los checos, luego contra los alemanes, luego contra los judíos, en cualquier orden, sin ninguna elección, y por último no quedaba nadie más que tú.

Te transformaste para mí en lo enigmático de todos los tiranos, cuyo derecho se basa en su persona y no en el pensamiento.Así me parecía al menos.



Carta al Padre.Franz Kafka.

Yuhannà
31/08/2010, 14:14
CAPÍTULO 10º.


Así me parecía al menos.


Ahora bien, de hecho solías tener razón con asombrosa frecuencia: no sólo en el diálogo, lo cual se sobreentendía pues era casi imposible cualquier conversación entre nosotros, sino también en lo referido a toda realidad.Esto no es muy difícil de entender: todo mi pensamiento se hallaba bajo tu pesada presión, incluso en que no coincidía con el tuyo y ése más aún.Tales ideas que en apariencia eran independientes de ti, llevaban desde un principio el peso de tu fallo adverso; soportar esto, hasta la realización completa y permanente de mi idea, era casi imposible.No me refiero a ninguna clase de pensamiento elevado, sino a cualquier asunto pequeño y propio de la infancia.Era suficienete sentirse feliz por cualquier causa, absorto en ella, llegar a casa y expresarla, y la respuesta era un suspiro irónico movimiento de cabeza, un golpetear de dedos en la mesa:"ya he visto cosas superiores", o "qué envidiables preocupaciones", o "no tengo una cabeza tan descansada", o " a ver qué compras con eso", o "qué acontecimiento".

Naturalmente no era posible exigir que te estusiasmaras por cualquier bagatela infantil, puesto que vivías envuelto en preocupaciones y afanes.Pero no era eso de lo que se trataba, sino más bien, y en virtud de tu esencia antagónica, de desilusionar al niño siempre y por principio.Luego este antagonismo se reforzaba de modo constante por la acumulación del material, hasta que finalmente también se hacia valer por la fuerza de la costumbre, aun cuando de repente compartieras mi opinión.Por último tales desilusiones de niño no eran desilusiones de la vida común, sino que como estaba en juego tu persona-medida y patrón de todo- siempre acertaba.

El valor, la decisión, la confianza, la alegria por esto o aquello no perduraban hasta el fin, si tú te oponías o bastaba con presuponer tu opinión y, sin duda, podría presumirse esa posición en casi todas mis acciones.


"Carta al Padre".Franz Kafka.