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maim
10/05/2010, 19:50
Salam

He leído este artículo y casi me da la risa. Se titula “Metamorfosis terrorista” y parece que la autora ha sacado sus conclusiones antes incluso de leerse con atención su propio artículo. Describe cómo el supuesto terrorista que nos ha servido la prensa últimamente sufre una transformación imposible debido a unas causas estrambóticas que nadie puede creer. Yo creo que deberíamos darle las gracias porque cada vez son más chapuceros los que fabrican terroristas, y más difíciles de creer las trolas que nos cuentan, o quizás piensan que ya tienen mucho trabajo hecho y todo cuela con facilidad de modo que no hace tanta falta siquiera coherencia en las historias que cuentan. ¿Al final le acusarán de terrorista por poner una bomba falsa que no podría explotar ni una manzana? ¿volveremos a saber algo de este “terrorista islamista” made in USA? o al final sabremos que se trataba de una representación teatral de Broadway


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Metamorfosis terroristas

La crisis truncó el sueño americano del autor del atentado de Times Square


Mercedes Gallego. El Norte e Castilla 09.05.2010


Nueva York.
Que 19 fanáticos musulmanes se subieran un día a un avión y lo estrellaran contra las Torres Gemelas es algo que Estados Unidos ha encajado en los últimos nueve años. ¿Pero cómo entender que un amable vecino de Connecticut que había abrazado el sueño americano quisiera sembrar la muerte en Times Square?

En busca de esa respuesta, la prensa ha escrutado minuciosamente la vida de burgués acomodado que llevaba Faisal Shahzad, el joven de 30 años que el sábado pasado puso un coche bomba fallido en el corazón de Broadway.

Empezaron por la basura, en la que Shahzad tiró al darse a la fuga sus enseres más personales, desde cartas de felicitación por el nacimiento de su hija hasta las notas de la universidad o el DVD de “Upin the Air”, y terminaron por repasar la nevera. Pan, huevos, yogur, leche desnatada, Gatorade y Frappucino de Starbucks. ¿Qué clase de extremista islámico compra café de una marca que hasta muchos occidentales boicotean por sus nexos con Israel?

Nada en su estilo de vida le convertía en un candidato para el terrorismo islámico. Hijo de un alto ex-militar acomodado que ha luchado contra el extremismo, llegó a EEUU en 1998 con una beca para estudiar informática en la Universidad de Bridgeport (Connecticut) y, luego un master. Trabajó en la compañía de cosméticos Elisabeth Arden, donde no tenía ni un compañero musulmán ni se le vio nunca rezar. Ninguna mezquita de la zona le recuerda.

Cuando volvió de su boda en Pakistán le hicieron na fiesta en la oficina y aplaudieron complacidos la elección de una joven moderna, entregada a la moda, la música y el consumismo que reía a carcajadas y disfrutaba de la marcha nocturna.

Los vecinos le veían hacer footing por las noches alrededor de la casa de Shelton (Connecticut), acudían a sus barbacoas y llevaban los niños a su piscina. “Nunca pensé que fuera capaz de hacer algo así, estoy muy conmocionada”, declaró Brenda Thurman, su vecina de al lado.

Rechazado por los talibanes
Pero Brenda no le había visto en un año, y muchas cosas habían cambiado. “Tenían problemas financieros, la crisis les había afectado”, confió un amigo de la familia a The New York Times. Para quienes observaban su vida aburguesada con un solo sueldo, era obvio que vivían por encima de sus posibilidades. A principios del año pasado Shahzad, que trabajaba de analista financiero para el Grupo Affinion, firmó una segunda hipoteca para la casa. pronto no pudo pagar las cuotas y para el verano la puso a la venta, sin que salieran compradores.

Cuando el banco decidió embargar la casa, la familia tuvo que marcharse a la carrera dejando hasta comida en la nevera. Desde entonces nadie ha visto a Huma Mian y sus dos pequeños, que al parecer se mudaron a Pakistán mientras el marido alquilaba una habitación en un piso compartido de un barrio obrero de Bridgeport.

En julio del año pasado, después de aprenderse de memoria toda la propaganda patriótica que se necesita para el examen, obtuvo la ciudadanía estadounidense. poco después dejó su trabajo y se fue cinco meses a Pakistán. Parece que quiso unirse a los talibanes pero estos reciben con desconfianza a sus hermanos estadounidenses, temerosos de que sean espías. Su respuesta habitual es animarles a actuar por su cuenta sin darles entrenamiento.

Shahzad lo hizo. Compró un vehículo de segunda mano en efectivo y sin papeles pero dejó su dirección de e-mail. Lijó el número de de identificación del salpicadero pero no del motor. Compró fertilizantes que no tenían grado de explosivo y fuegos artificiales “que no habrían hecho estallar ni una manzana” dijo el vendedor. Lo aparcó en una zona prohibida de Times Square que inmediatamente llamó la atención de los vendedores ambulantes y se dejó las llaves dentro, incluyendo las de su casa y el vehículo con el que pensaba huir. Tan torpes resultaron sus pasos que hasta su familia en Pakistán está convencida de que EEUU le tendió una trampa.