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maim
28/04/2010, 09:49
ISRAEL Y APARTHEID

Maruja Torres
El País Semanal, 25 de abril de 2010


Los rockerosaurios del reporterismo poseemos una gran memoria. Les cuento.

Soy una ferviente seguidora del diario israelí Haaretz, y en especial de su valiente reportera Amira Hass, una mujer respetada por los mejores del oficio en todo el planeta. No es fácil ser judío y contar la verdad en voz alta. Ser periodista judío y hacerlo desde el propio interior de Israel tiene un mérito increíble. Amira y sus colegas no habitan en la burbuja del sueño colonial hebreo. Han vivido en los territorios ocupados, en Gaza. Saben de qué se trata. Los palestinos aprecian su trabajo.

A lo que iba. Pinché en la web de tal periódico, fui a por Amira y me enteré de la nueva ley de deportaciones en masa y a la carta de palestinos. EL PAÍS también informó de semejante escándalo. Como les imagino al cabo de la calle sobre el asunto –y si no, lo buscan por la Red-, no me extiendo más sobre esta última etapa, por el momento, de la infamia ocupante más racista. Sí hay algo que quiero comentarles. Ya saben ustedes que en los diarios digitales se intenta vivir de la publicidad, y que ésta tiene la simpática virtud de ser resultona y movediza, y de engancharnos con sus juegos y cambios.

Mientras leía el artículo de Amira Haas, junto al texto centelleó un anuncio ideal. Tan ideal que no podía creerlo. “¡Utopía!”, saltaba a flashes la palabra. “¡Utopía!”. Coño, qué fuerte, me dije. De inmediato comprobé que la publicidad no se refería más que subliminalmente al Gran Israel utópico para el que trabajan los más fanáticos partidarios de la causa sionista, aquellos para quienes Haaretz es el enemigo. Mas no. Se trata de una “¡Utopía!” en formad de parque o reserva natural, metida dentro de la utopía matriz propiamente imperial. El Utopia Orchid Park (pueden comprobarlo en www.utopiapark.co.il) ofrece paisajes de ensueño y ¡especies protegidas!, mucho ovino, pajaritos, ciervos y ranitas cantadoras. Es decir, un paraíso. Lástima que esté en la tierra de la deportación, pero ese es un detalle secundario, aunque sombrío.

Decía al principio que la ventaja que orna a los reporteros curtidos y pasados de moda es la memoria. Yo no tuve que revolver mucho en ella para saber qué me estaba evocando la mezcla de los dos términos: deportación masiva y reserva natural. ¡Coño!, repetí, esta vez entre admiraciones. Más admirada aún: ¡Sudáfrica! Y no cualquier Sudáfrica, sino la Sudáfrica del perverso apartheid, en la que tuve ocasión de reportear hace unos veinteavos. La Sudáfrica de la supremacía blanca, de los afrikáner y la represión violenta, de los guetos negros, de la separación entre razas, de la división de las familias, de los barracones para hombres, de los muros y de las vallas. Sudáfrica también poseía su reserva natural de enorme belleza –y sigue ahí, ahora para todos-, pero en aquellos momentos de terrible dureza y crueldad del régimen, marcarse una visita para contemplar a los bien alimentados cocodrilos, créanme, no le quitaba a uno la amargura de haber visto l que se cocía en los campos de concentración para surafricanos negros.

Recuerdo que en el primer hotel en el que permanecí unos días, un Holliday Inn de Johannesburgo, encontré una revista especial entre los muchos folletos que se ofrecían al turista. Era de propaganda y, aparte del consabido anuncio sobre el parque natural, incluía un reportaje pagado de loa a Israel y a su arsenal armamentístico. Me llamó la atención tanta atención devota, pero se me fue pasando el asombro con los días. Resulta que mientras la comunidad internacional mantenía el boicot absoluto al comercio surafricano –boicot que acabó contribuyendo a que el régimen cayera-, Israel actuaba como tapadera para vender sus naranjas como propias, aparte de venderles armas y suministrarles asesoría.

Parece que al gobierno israelí no le hace ninguna gracia que es establezcan paralelismos entre Israel y aquella Sudáfrica. Es lo malo que tiene vivir un una burbuja. uno se acostumbra a hacer lo que quiere. Sin espejos, sin críticas serias, sin boicoteos internacionales, al final uno acaba creyendo que no es un ocupante racista y brutal, sino un amable patriarca.

No soy la única en hacer esta comparación. Chris McGreal, de The Guardian, escribió dos reportajes fabulosos, que encontrarán en los siguientes links: http://www.guardian.co.uk/world/2006/feb/06/southafrica.israel, http://www.guardian.co.uk/world/2006/feb/07/southafrica.israel.

De nada amigos.

yinn
28/04/2010, 09:57
Eso es que todavia no han encontrado el candelabro ese que andan buscando y que ha de estar en algun sitio que yo no he ensoñado, por eso son patriarcales y la gente de Gazza no acepta la propuesta de fundar un Estado Palestino, para negociar más tarde el destino de Jerusalen, judia, cristiana y musulmana.

No me cabe la menor duda que la Republica Arabe Saharaui Democrática ha de ser un país sin importancia, ahi perdida en el Desierto.

Mas he de cerrar los ojos y volar.

Badr
28/04/2010, 10:04
El régimen de Sudáfrica caería, pero en el resto del mundo lleva buen camino de imponerse por doquier. Y la gente sigue sin darse cuenta de que la resistencia palestina nos está defendiendo a todos y que si caen, ¡que Dios nos ampare! El apartheid será el mundo entero. Aunque claro, a efectos visibles los únicos que existirán serán los cuatro jerifaltes por cada mil habitantes que tengamos para mantener todos a raya. Eso sí esos jerifaltes tendrán sus utopías y cotos de caza mayor y menor privados a pedir de boca.

Salaam

maim
28/04/2010, 10:31
Estoy traduciendo el reportaje de los links.

Cuando los tenga los añadiré al hilo.

Salam

Jupiter
29/04/2010, 07:24
Haaretz es un diario israeli antisemita, es como un noam chomsky hecho periodico, o mas bien panfleto.

Badr
29/04/2010, 09:41
O sea sionista pero con barniz, comprendido y ya lo sabíamos, no hace falta que nos estés dando la pauta doctrinal en cada hilo con las llamadas inquisitoriales al orden.

maim
05/05/2010, 13:19
(Primera Parte) http://www.guardian.co.uk/world/2006...hafrica.israel



Mundos aparte

Los israelíes siempre han quedado horrorizados ante la idea del paralelismo entre su país, una democracia surgida de las cenizas del genocidio, y el sistema racista que gobernó la antigua Sudáfrica. Sin embargo, incluso dentro del propio Israel, hay acusaciones persistentes de que la red de control que afecta a cada aspecto de la vida de los palestinos tiene un parecido inquietante con el apartheid. Después de cuatro años como reportero en Jerusalén y más de una década en Johannesburgo antes de eso, el galardonado corresponsal de The Guardian en Oriente Medio, Chris McGreal, está excepcionalmente bien situado para evaluar esta comparación explosiva. Aquí publicamos la primera parte de su informe especial de dos días

Chris McGreal

The Guardian, Lunes 06 de febrero 2006




Said Rhateb nació en 1972, cinco años después de que los soldados israelíes se abrieran paso por el este de Jerusalén y reclamaran la parcela seca y sembrado de piedras de su familia, como parte de lo que el estado judío proclamó como su "capital eterna e indivisible". Los burócratas siguieron los pasos del ejército, el registrando y midiendo la mayor anexión de territorio por parte de Israel desde su victoria sobre los ejércitos árabes en la guerra de independencia de 1948. Echaron un vistazo a la aldea de la familia Rhateb de Beit Hanina y sus tierras, a poca distancia de la ciudad bíblica, en el monte, y decidieron el límite exterior de esta nueva Jerusalén. Los israelíes trazaron una línea en un mapa –la frontera nueva ciudad– entre las tierras de Beit Hanina y la mayoría de sus hogares. Los olivares y huertos pasaron a formar parte de Jerusalén, el pueblo iba a permanecer en Cisjordania.
La población no estaba tan netamente dividida. Los árabes de la zona estaban registrados como habitantes del pueblo –incluso aquellos, com los padres de Rhateb, cuyos hogares estaban dentro de lo que se redefinió como Jerusalén–¬. En aquel tiempo, los israelíes dieron a los Rhateb tarjetas de identidad que los clasificaba como residentes en Cisjordania, bajo ocupación militar. Cuando Said Rhateb nació, él también fue registrado como habitante fuera de los límites de la ciudad. Sus padres no pensaron mucho en eso mientras se movían libremente a través de la línea invisible dibujada por los israelíes, yendo de compras y rezando dentro de los muros de la Ciudad Vieja de Jerusalén.
Cuatro décadas después, el mundo cada vez más complejo del sistema de clasificación de Israel considera que Said Rhateb, al ser residente de Cisjordania –un lugar en el que nunca ha vivido– un extranjero ilegal por vivir en la casa en la que nació, dentro de los límites de Jerusalén. El gobierno de Jerusalén obliga a Rhateb a pagar unos impuestos substanciales por la propiedad de su casa pero eso no le da el derecho a vivir en ella, y es arrestado periódicamente por hacerlo. Los hijos de Rhateb han sido expulsados de su escuela en Jerusalén, no puede registrar un vehículo a su nombre –o más bien puede, pero sólo uno con matrícula palestina, lo que significa que no puede conducirlo hasta su casa, ya que sólo los coches registrados como israelíes pueden entrar dentro de Jerusalén– y necesita un pase para visitar el centro de la ciudad. El ejército le concede cerca de cuatro al año.
Hay más. Si Rhateb no es residente legal en su propia casa, entonces se le considera como un “ausente” que ha abandonado su propiedad. Bajo la ley israelí, ahora pertenece al estado o, más concretamente, a sus ciudadanos judíos. "Nos enviaron documentos que decían que no podemos vender la tierra o explotarla porque no somos dueños de la tierra. Pertenece al estado", dice. "En cualquier momento que quieran confiscarla, pueden, porque ellos dicen que estamos “ausentes” a pesar de que estamos viviendo en la casa. Eso es lo que obligó a mi hermano mayor y tres hermanas a vivir en los EE.UU. No podían soportar el acoso. "



(continúa...)

maim
05/05/2010, 13:21
(continuación)

El 'Muro del Apartheid'
Hay pocos lugares en el mundo donde los gobiernos construyan una red de leyes de nacionalidad y residencia diseñadas para ser usadas por un sector de la población contra otro. El Apartheid en Sudáfrica fue uno. Igual que Israel.
Las comparaciones entre el dominio blanco de Sudáfrica y el sistema israelí de control sobre los árabes a los que gobiernan son cada vez más escuchadas. Los opositores a la gran barrera de acero y hormigón en construcción entre Cisjordania y Jerusalén ha sido apodado el "muro del apartheid" porque mantiene a las comunidades separadas y se apropia de la tierra. Los críticos del plan de Ariel Sharon para repartirse Cisjordania, apropiándose del territorio de los palestinos porción a porción, establecen una similitud con los "bantustanes” de Sudáfrica –los territorios independientes nominalmente a los que millones de hombres y mujeres negros fueron conducidos–.
Una organización israelí de derechos humanos ha descrito la segregación de carreteras de Cisjordania por el ejército como apartheid. Los abogados árabes israelíes defienden casos contra la discriminación ante el Tribunal Supremo exponiendo las similitudes entre algunas leyes israelíes y las leyes opresivas de la Sudáfrica blanca. Desmond Tutu, el ex arzobispo de Ciudad del Cabo y presidente de la comisión de la verdad y la reconciliación, visitó los territorios ocupados hace tres años y describió lo que encontró como "muy similar a lo que nos pasó al pueblo negro en Sudáfrica".
Ya en 1961, Hendrik Verwoerd, el primer ministro de Sudáfrica y arquitecto del “gran apartheid" de los bantustanes, vio un paralelismo. "Los Judíos tomaron Israel de los árabes después de que los árabes vivieran allí durante miles de años. Israel, como Sudáfrica, es un estado de apartheid", dijo. Es una opinión que horroriza y enfurece a muchos israelíes.
Un prominente politólogo israelí, Gerald Steinberg, respondió a una invitación para aparecer como panelista, en un centro cultural de Jerusalén para debatir "¿Es Israel el nuevo apartheid?, denunciando al organizador, un judío nacido en Sudáfrica, incluso por plantear la cuestión.
"Como usted sin duda sabe, la campaña pro-palestina y antisemita a demonizar a Israel se centra en la analogía completamente falsa y abusiva con Sudáfrica. El uso del término “apartheid" para aplicarlo a las legítimas respuestas de Israel tanto al terror como a la amenaza de aniquilación, degrada la experiencia de Sudáfrica, y es el más inmoral de los cargos contra el derecho del pueblo judío a la libre determinación ", respondió.
Muchos israelíes rehuyen la sugerencia de un paralelismo, porque es una puñalada en el corazón de cómo se ven a sí mismos y a su país, fundado después de siglos de odio, persecuciones y el genocidio en última instancia. En todo caso, muchos judíos de Israel se ven sí mismos con más en común con la población negra de Sudáfrica, que con sus opresores. Algunos acérrimos defensores de las políticas de Israel del pasado y del presente dicen que incluso discutir sobre Israel en el contexto del apartheid está a un pequeño paso de comparar el estado judío a la Alemania nazi, por lo menos por las simpatías fascistas de los líderes afrikaners en la década de 1940 y los ecos perturbadores de las leyes de Nuremberg de Hitler en las leyes racistas de Sudáfrica.
Sin embargo, el tabú es cada vez más cuestionado. Como ministro de Justicia de Israel, Tommy Lapid, dijo, el desafío de Israel al derecho internacional en la construcción del muro de Cisjordania podría resultar en que sea tratado como un paria igual que Sudáfrica. El primer ministro de Malasia, Abdullah Ahmad Badawi, ha hecho un llamamiento para una campaña contra Israel del tipo de las utilizadas para presionar a Sudáfrica.
"Al igual que la lucha contra el apartheid, la lucha del pueblo palestino contra la ocupación israelí de su país goza de un enorme apoyo de la comunidad global", dijo. "Por lo tanto una expresión más concreta de este apoyo de las sociedades globales a esta campaña es oportuna y adecuada."
La iglesia anglicana, la presbiteriana y otras han respaldado las sanciones contra Israel. El año pasado, uno de los sindicatos de enseñanza universitaria del Reino Unido ha aprobado un boicot a dos universidades israelíes, antes de revertir su decisión en medio de un torrente de críticas acerca de las razones que pudiera haber detrás de la medida.
El gobierno israelí ha condenado el boicot como antisemitismo, y como un intento de "deslegitimar" al Estado judío. Uno se pregunta por qué sólo Israel, un país democrático, ha sido señalado por las sanciones. Unas pocas protestas no hacen una montaña, pero la hostilidad contra Israel es un temor, expresado en un informe secreto del ministerio de asuntos exteriores israelí, que afirma que la posición de Israel en el exterior podría caer tan bajo en los próximos años que podría encontrarse en una situación de colisión con Europa, en la que Israel se vería tan aislado como el régimen del apartheid y con graves consecuencias económicas.
La retirada de Ariel Sharon de los colonos judíos de la Franja de Gaza el año pasado, y la cesión del control directo de Israel sobre ese territorio, han apagado de manera temporal algunas de las críticas. Pero aun cuando la retirada de Gaza estaba en curso, Israel fue consolidando su control en las partes de Cisjordania que deseaba mantener, utilizando el muro para marcar la pretendida futura frontera que partiría en pedacitos el territorio y expandiendo los asentamientos judíos que pretende anexarse –una estrategia que, si se lleva a cabo por los sucesores de Sharon, puede reforzar las comparaciones con el apartheid–.
Los israelíes están sinceramente desconcertados por que cualquiera pueda ver similitudes entre su sociedad y la antigua Sudáfrica. ¿Dónde, se preguntan, están las señales que indican "Judíos" y "no-Judíos" para que coincida con el "lamentable apartheid" de los autobuses segregados, aseos y casi todas las instalaciones en Pretoria y Johannesburgo?
Hay diferencias evidentes, por supuesto. Los árabes israelíes tienen el voto, aunque se les impidió la formación de sus propios partidos políticos hasta la década de 1980. En su mayoría son iguales ante la ley y en estos días los tribunales israelíes en general, protegen sus derechos. Los judíos son mayoría en Israel, los sudafricanos blancos eran una minoría. E Israel pasó las primeras décadas de su existencia luchando por su existencia.
Pero para algunos de los que tienen un pie en ambas sociedades, las distinciones se difuminan por otras realidades. Algunos judíos sudafricanos e israelíes que vivieron con el apartheid –incluidos políticos, supervivientes del Holocausto y hombres alguna vez condenados como terroristas– describen aspectos del moderno Israel como inquietantemente parecidos a la vieja Sudáfrica. Algunos ven el paralelismo en una matriz de prácticas discriminatorias y de controles y lo que ellos describen como la codicia por la tierra incautada por el Estado israelí en ciernes a los árabes que huían, y más tarde a los palestinos, por la constante expansión de asentamientos en Cisjordania. "El apartheid era una extensión del proyecto colonial para desposeer a la gente de sus tierras", dijo el ministro del gobierno Sudafricano y ex guerrillero del CNA, el judío Ronnie Kasrils, en una visita a Jerusalén. "Eso es exactamente lo que ha sucedido en Israel y los territorios ocupados, el uso de la fuerza y de la ley para expropiar la tierra. Eso es lo que el apartheid e Israel tienen en común."


(continúa...)

maim
05/05/2010, 13:22
(continuación)


Otros ven el terreno común en una escala del sufrimiento, no en sus causas. "Si tomamos la magnitud de la injusticia cometida contra los palestinos por el Estado de Israel, hay una base de comparación con el apartheid", dijo el ex embajador israelí en Sudáfrica, Alon Liel. "Si tomamos la magnitud del sufrimiento, estamos en la misma liga. Por supuesto que el apartheid era una filosofía muy diferente de lo que hacemos, que en su mayoría proviene de consideraciones de seguridad. Pero desde el punto de vista de los resultados, estamos en el misma liga".
Tal vez la pregunta real es cómo Israel llegó a estar en la misma liga que la Sudáfrica del apartheid, ya sea por sus leyes y estrategia polític,a reflejo de las sudafricanas, o por el sufrimiento causado. Y cómo es que el gobierno de un pueblo que sufrió tanto en manos de la discriminación y el odio llegó a abrazar en secreto a un régimen dirigido por hombres que alguna vez estuvieron en el puerto de Ciudad del Cabo y corearon: "Devolved a los judíos".

Dividido entre dos luchas
En 1940, un niño judío de habla afrikaans llamado Arthur Goldreich vivía en Pietersberg, la capital brutalmente intolerante del Transvaal del Norte. Goldreich tenía 11 años y Sudáfrica se encontraba en guerra con la Alemania nazi.
Una mañana, el director de su instituto anunció que los estudiantes iban a estudiar una lengua extranjera, alemán. La implicación era clara: muchos afrikaners, incluidos algunos de sus líderes políticos, esperaban y creían que Hitler ganaría la guerra. Cuando el maestro de Goldreich distribuyó el "libro de texto" de alemán, el niño judío se encontró mirando una revista de las Juventudes Hitlerianas. Se resistió y escribió al primer ministro, Jan Smuts, negándose a aprender alemán y exigiendo que se le enseñara hebreo. Goldreich se salió con la suya y se dirigió por un camino que partió su vida entre dos luchas, contra la dominación blanca en Sudáfrica, y por la supervivencia del Estado judío en Israel.
En 1948, los dos mundos de Goldreich se transformaron con unos pocos días de diferencia. Israel declaró su independencia el 14 de mayo, quince días antes de que el Partido Nacionalista pro-apartheid ganara las elecciones de Sudáfrica y los hombres que apoyaron a Hitler llegaran al poder. Goldreich ya había decidido a irse a Israel a luchar por salvarlo de que fuera asfixiado en la cuna. "La razón por la que fui fue el Holocausto y la lucha contra el colonialismo británico, pero, por supuesto, que los nacionalistas ganaran las elecciones no me dejó ninguna duda sobre lo que tenía que hacer", dice.
Goldreich regresó a Sudáfrica en 1954 para unirse a su otra lucha. Después de unos años de agitación política, se convirtió en uno de los primeros miembros del ala militar del Congreso Nacional Africano, Umkhonto we Sizwe, liderado por Nelson Mandela. Goldreich no era conocido por la policía de seguridad de Sudáfrica, por lo que se instaló con su familia como inquilino de la finca Lillieslief en Rivonia, al norte de Johannesburgo, donde la dirección clandestina del proscrito ANC se reunía en secreto.
Mandela escribió en su autobiografía cómo se fijó en Goldreich como uno de los pocos en la guerrilla en ciernes del ANC que sabían cómo pelear. "En la década de 1940, Arthur había peleado con el Palmaj, el ala militar del Movimiento Nacional Judío en Palestina. Estaba bien informado sobre la guerra de guerrillas y ayudó a llenar muchos huecos en mi entendimiento."
En julio de 1963, la policía hizo una redada en la granja y capturó gran cantidad de fugitivos, entre ellos Walter Sisulu, el líder del ANC, y Goldreich. Cinco de los 17 detenidos en Rivonia eran de raza blanca, todos ellos judíos. Los hombres capturados y Mandela, quien ya estaba detenido, fueron acusados de sabotaje y conspiración para una revolución violenta, que implicaba la pena de muerte. Antes de que pudiera ser juzgado, Goldreich se escapó de la cárcel de Johannesburgo y eludió una persecución muy publicitada en todo el país, huyendo a Swazilandia disfrazado de sacerdote. Goldreich ahora vive en la rica y tranquila ciudad de Herzliya en la costa mediterránea de Israel. Hubo un momento en que creía que el joven Estado judío, podría servir de ejemplo para una línea mejor en el país de su nacimiento. Sin embargo hora, Goldreich ve a Israel como un régimen cercano a la Sudáfrica blanca contra la que luchó y a la Sudáfrica moderna sirviendo de modelo. Los gobiernos israelíes, dice, se han revelado más interesados en el territorio que en la paz, y en el camino en el que sionismo ha mutado.
Goldreich habla del “bantustanismo que vemos a través de la política de ocupación y de la segregación", el "abominable" racismo de toda la sociedad israelí incluyendo a los ministros del gobierno que abogan por la expulsión forzosa de los árabes, y "la brutalidad y la inhumanidad de lo que se impone en la población de los territorios ocupados de Palestina ".
¿No te parece horrible que este pueblo y este estado, que sólo comenzó a existir a causa de la derrota del fascismo y el nazismo en Europa, y que en el conflicto seis millones judíos pagaron con sus vidas por la única razón de ser judíos, no es aberrante que en este lugar haya gente que puede decir estas cosas y hacer estas cosas? ", se pregunta.
Goldreich fundó el departamento de arquitectura de la renombrada Academia Bezalel de Jerusalén, desde donde vio evolucionar la arquitectura y la planificación urbana como instrumentos de expansión territorial tras la guerra de 1967. "Vi Jerusalén con horror y con gran duda y miedo con respecto al futuro. Hubo quienes dijeron que lo que estaba pasando era arquitectura, no política. No se puede hablar acerca de la planificación como una abstracción. Se llama posicionamiento sobre el suelo", dice.
Más allá de la línea verde
Había una parte de Johannesburgo que la mayoría de los residentes de la ciudad en la era del apartheid nunca vieron. En la década de 1970, el grueso de la población negra se vio ya obligada a salir bajo la Ley de Áreas de Grupo, que definía las zonas habitables en función de la raza. El barrio de Sophiatown, que una vez fue un rincón próspero de la vida negra, fue demolido y sustituido por hileras monótonas de bungalows para los blancos. Sin embargo, varios cientos de miles de negros permanecieron en el municipio de Alexandra, cerca de los barrios más ricos de Johannesburgo, Sandton. El tráfico en Alexandra iba en una sola dirección. Sus residentes salían cada día para trabajar en las minas y las tiendas o para limpiar casas en Sandton. Los blancos raramente se aventuraban fuera de la cercana avenida Louis Botha hacia las abarrotadas, a menudo miserables y sin pavimentar, calles de una Alexandra privada de suministro de agua decente, escuelas adecuadas y recogida de basuras.
El contraste entre el oeste y el este y de Jerusalén no es tan marcado, pero las disparidades entre barrios judíos y árabes se sostienen en las actitudes, las políticas y las leyes similares a las utilizadas contra la población negra de Johannesburgo. La mayoría de los judíos de Jerusalén nunca cruzan la "línea verde" – la frontera internacional que dividió la ciudad hasta 1967– y muchos de los que lo hacen van sólo hasta el Muro de las Lamentaciones para rezar. Si más israelíes viajaran más allá en la ciudad que reclaman como su capital indivisible, se encontrarían con un mundo diferente al suyo, un lugar donde las carreteras se desmoronan, la basura se deja sin recoger y ninguno de los barrios palestinos están conectados a la red de alcantarillado.


(continúa...)

maim
05/05/2010, 13:24
(continuación)



Según el grupo israelí de derechos humanos B'Tselem, la población judía de Jerusalén, que representan alrededor del 70% de los 700.000 residentes de la ciudad, cuentan con 1.000 parques públicos, 36 piscinas públicas y 26 bibliotecas. Los aproximadamente 260.000 árabes que viven en el este de la ciudad tienen 45 parques, ninguna piscina pública y dos bibliotecas. "Desde la anexión de Jerusalén, el municipio no ha construido casi ninguna nueva escuela, edificio público o clínica médica para los palestinos", dice un informe de B'Tselem. "La mayor parte de la inversión se ha dedicado a las zonas judías de la ciudad."
Tomemos las oficinas del Ministerio del Interior a cada lado de la línea divisoria. En el oeste, los residentes judíos se enfrentan a una espera relativamente corta en una sala con aire acondicionado. En el este, los palestinos empiezan hacer cola en medio de la noche, o pagan a alguien para hacerlo, para tener alguna oportunidad de ser atendidos. Una vez que sale el sol, esperan durante horas bajo el calor frente a una verja de hierro, en la calle, para obtener documentos de identidad, o para registrar el nacimiento de un hijo o la muerte de un familiar. En Johannesburgo, a los blancos y a los negro se los dirigía a diferentes entradas del ministerio de asuntos interiores y de servicios que ofrecía –o no ofrecía– de acuerdo a su color de piel.
Hay muchas ciudades en otras partes del mundo donde las minorías se ven empujadas a vivir en barrios pobres, sin financiación suficiente y son tratados como extranjeros indeseables. En lo que la autoproclamada capital de Israel difiere, es en las políticas específicamente diseñadas para mantenerlo así, como en el Johannesburgo del apartheid. En Jerusalén y otras partes de los territorios ocupados, los palestinos se enfrentan a una miríada de leyes y prácticas discriminatorias, desde las confiscaciones de tierras a las demoliciones de casas, leyes y restricciones de movimiento de facto. "Las similitudes entre la situación de los habitantes de Jerusalén Este y los negros sudafricanos son muy grandes en relación a sus derechos de residencia", dice John Dugard, el profesor de derecho internacional ampliamente considerado como el padre de las leyes de derechos humanos en Sudáfrica y ahora observador de la ONU para los derechos humanos en los territorios ocupados. "Teníamos la antigua Ley de delimitación de zonas en Sudáfrica. Jerusalén oriental tiene un ordenamiento territorial con el mismo tipo de consecuencias que la clasificación por raza que había en Sudáfrica con respecto a con de quién te puedes casar, dónde puedes vivir, donde puedes ir a la escuela o al hospital."
Los palestinos de Jerusalén oriental, a menudo la ciudad en que nacieron, no son considerados ciudadanos, sino inmigrantes con estatus de "residente permanente", que, algunos han podido comprobar, es cualquier cosa menos permanente. En la antigua Sudáfrica, gran parte de los habitantes negros no eran tratados como ciudadanos de las ciudades y pueblos en que nacieron, sino de una patria lejana que muchos de ellos nunca habían visitado. "Israel trata a los residentes palestinos de Jerusalén oriental como inmigrantes, que viven en sus casas gracias a la beneficencia de las autoridades y no por derecho", dice B'Tselem. "Las autoridades mantienen esta política a pesar de que estos palestinos han nacido en Jerusalén, viven en la ciudad y no tienen otro hogar. Tratar a estos palestinos como extranjeros que han ocupado Israel es sorprendente, ya que fue Israel el que ocupó Jerusalén Este en 1967."
Israel dice que ha ofrecido la ciudadanía a cualquier persona nacida en Jerusalén y que pocos palestinos la aceptan ya que hacerlo implica el reconocimiento de la soberanía israelí sobre toda la ciudad. El gobierno dice que al optar por no ser ciudadanos, los propios árabes son los que se someten a restricciones.
Después de la totalidad de Jerusalén quedara bajo control israelí, el estado judío anexó unos 70 kilómetros cuadrados de territorio palestino y lo incorporó al nuevo término municipal –a veces tomando tierra de pueblos como el de Said Rhateb, pero dejando a la gente y sus casas fuera de la de la ciudad–. Israel entonces creó leyes para permitir al gobierno confiscar bienes al por mayor con un solo propósito: el traspaso de tierras y casas de los árabes a los judíos.

Leyes de división
"La planificación y las políticas urbanas, que las ciudades normales ven como una herramienta benigna, fueron utilizadas como una poderosa herramienta partidaria para subordinar y controlar a la población negra de Johannesburgo, y todavía se utiliza de esa manera contra los palestinos en Jerusalén", dice Scott Bollens, un profesor de planificación urbana de la Universidad de California, que ha estudiado ciudades divididas de todo el mundo, incluyendo Belfast, Berlín, Nicosia y Mostar. "En Sudáfrica hubo una legislación de “áreas de grupo”, y luego hubo uso de la tierra, herramientas de planificación y zonificación que se utilizaron para reforzar y respaldar la legislación de “áreas de grupo”. En Israel, utilizan un conjunto de herramientas similares. Son muy taimados, en esta planificación que es a menudo vista como algo que no es parte de la política. En Jerusalén, es fundamental para su proyecto de control, y los planificadores y políticos israelíes lo han sabido desde el primer día. Han sido muy explícitos en la vinculación de las herramientas de planificación con su proyecto político."
En el corazón de la estrategia de Israel está la política adoptada hace tres décadas de "mantener el equilibrio demográfico" en Jerusalén. En 1972, el número de judíos en el oeste de la ciudad superaban en número a los árabes del este por casi tres a uno. El gobierno decretó que no se permitiría el cambio en esa ecuación, al menos no en favor de los árabes.
"El mantra de los últimos 37 años ha sido "mantener el equilibrio demográfico”, que no significa obligar a los palestinos a marcharse", dice Daniel Seidemann, un abogado judío israelí, que ha pasado años defendiendo casos legales en nombre de los residentes árabes de Jerusalén. "Esto significa restringir su capacidad para desarrollarse mediante la limitación la construcción a las zonas ya desarrolladas, y evitando ampliamente el desarrollo de nuevas áreas, mediante la apropiación de 35% [de las tierras propiedad de palestinos en Jerusalén Este] y con incentivos enormes del gobierno para que los judíos construyan en ese área".
La decisión política de discriminación contra los árabes es un secreto sabido pero raramente reconocido. Los autores de un libro de 1992 sobre Jerusalén, Separados y Desiguales, pone al desnudo la política. Los autores, dos de los cuales eran asesores de los alcaldes de la ciudad, dijeron que la política israelí desde 1967 era "implacablemente" sustentada con cuatro objetivos: ampliar la población judía en el principalmente árabe Este de la ciudad; obstaculizar el crecimiento de los barrios árabes; inducir a los árabes a marcharse, y sellar las zonas árabes tras los asentamientos judíos.
En 1992, el teniente de alcalde de Jerusalén, Abraham Kahila, dijo al ayuntamiento de la ciudad: "El principio que nos guía a mí y al alcalde es que, en los barrios árabes, el municipio no tiene ningún interés o razón para entrar en cualquier tipo de proceso de planificación. Por lo tanto, animamos a la construcción de barrios judíos en las zonas vacías que han sido expropiadas por el Estado de Israel. Pero mientras la política del estado de Israel es no involucrarse en el carácter de los actuales barrios árabes, no hay motivo para exigir planes."
El alcalde en ese momento, Teddy Kollek, fue identificado con la ciudad en la que era conocido como el Sr. Jerusalén. Hablando en 1972 sobre Jerusalén oriental, el asesor de Kollek en asuntos árabes, Ya'akov Palmon, dijo a The Guardian: "Tomamos primero la tierra y la ley vino después."
En una reunión del ayuntamiento dos décadas más tarde, Kollek fue confrontado por un concejal en solitario, indignado por la discriminación evidente en la limitación de la construcción de viviendas árabes. De acuerdo con un informe de prensa israelí en aquel momento, Kollek respondió que el ayuntamiento se adhirió a una política "seguida por todos los gobiernos desde 1967" de restringir el crecimiento de los barrios palestinos.
Para entonces, la discriminación estaba tan arraigada que las declaraciones de Kollek se recibieron casi ninguna atención, y mucha menos crítica.
De los 70 km cuadrados de tierra árabe anexada en torno a Jerusalén, el Estado expropió más de un tercio para construir casas para judíos sin construir una sola casa para los palestinos en las tierras confiscadas. La población judía de Jerusalén oriental había huido o había sido expulsada en 1948. Un retorno gradual a partir de 1967 se fue convirtiendo en una marea, mientras los asentamientos se comían el este de la ciudad. Hoy en día, la población de los asentamientos judíos en y cerca de Jerusalén oriental ha aumentado hasta casi dos tercios de los barrios árabes.
"Se levantaron las casas para los israelíes, pero las tierras fueron tomadas en su grandísima mayoría de los palestinos", dice Seidemann. "Este fue el instrumento mediante el cual Israel fue capaz de consolidar su control sobre Jerusalén Este. Esto se basó en la ley de expropiación con fines públicos, pero la población que se llevó la peor parte de esto fue siempre la palestina y la población beneficiada siempre fue siempre israelí."


(continúa...)

maim
05/05/2010, 13:26
(continuación)



Un método para evitar más construcciones por parte de los árabes en el este de la ciudad ha sido declarar muchas áreas abiertas como "zonas verdes" protegidas de la construcción. Bollens dice sobre el 40% de Jerusalén oriental ha sido designado como zona verde, pero que esto es realmente un mecanismo de transferencia de tierras. "El gobierno lo llama zona verde para impedir a los palestinos construir casas allí, y luego, cuando el gobierno quiere desarrollar un área [como judía] desaparece milagrosamente la zona verde y se convierte en un lugar de desarrollo".
El alcalde de Jerusalén, Uri Lupolianski –que presidió la planificación de la ciudad y el comité de zonificación en la década de los 90– se negó a ser entrevistado en persona sobre estos temas, pero respondió a preguntas escritas. "Tenemos que mantener un equilibrio razonable entre las zonas residenciales y zonas verdes abiertas. Hemos designado zonas verdes en todas las partes de Jerusalén, no sólo el oriental", escribió. "Estamos manteniendo las zonas verdes de toda la ciudad libres de edificaciones, y tenemos previsto que esta situación se mantenga. Creemos que el desarrollo de parques y zonas verdes en el este de Jerusalén mejorará la calidad de vida de las personas que viven allí. "
Durante la década de los 90, fueron construidas legalmente 12 veces más casas nuevas en áreas judías que en las árabes. Denegados los permisos para construir casas nuevas o ampliar los existentes, muchos palestinos construyeron de todos modos y se arriesgaron a una orden de demolición. El ex primer ministro de Israel, Binyamin Netanyahu, defiende habitualmente las demoliciones con el argumento de que cualquier sociedad civilizada hace cumplir las normas de urbanismo. Pero Israel es la única sociedad occidental que niega los permisos de construcción a las personas por motivos de raza. Hasta 1992, también lo hizo Sudáfrica.

Confiscación de tierras
La legislación israelí también restringe dónde los no-judíos pueden vivir. "Los musulmanes y los cristianos tienen prohibido comprar en el barrio judío de la ciudad vieja por motivos de "históricos patrones de vida de cada comunidad, que tienen su propio barrio", dice Seidemann, en una frase inquietante que recuerda la filosofía del apartheid. "Pero eso no impidió que el gobierno israelí promoviera agresivamente actividades para poner judíos dentro del barrio musulmán. La actitud es: lo que es mío es exclusivamente mío, pero lo tuyo es mixto si nos interesa. "
La ley israelí permite la confiscación sistemática de bienes dentro de Israel o Jerusalén, que sea propiedad de palestinos que viven en zonas definidas como "territorio enemigo", incluyendo Cisjordania, que fue ocupada por Jordania hasta que perdió la guerra contra Israel en 1967. "Cualquier palestino que estuviera en algún momento en “territorio enemigo” a partir de 1967, pierde el derecho sobre su propiedad", dice Seidemann. "Pero el territorio enemigo incluye Cisjordania. Es una situación extraordinaria. Cualquier propiedad que fuera alguna vez "abandonada" por algún palestino se convierte en tierra estatal y es “entregada al pueblo judío". Cualquier propiedad que perteneciera a un judío es “recuperada para el pueblo judío" y entregada a los colonos"
"Odio el término “limpieza étnica” en este contexto", dice, "por las connotaciones de violación y saqueo, que esto no es. Pero lo hubo y hay un esfuerzo activo del gobierno utilizando procedimientos tales como éste para liberar las zonas seleccionadas de sus residentes palestinos y convertirlo en un área exclusiva o predominantemente judía. Y digo, con pesar, que los esfuerzos han tenido un éxito moderado. "
La ley no se aplica a la inversa: los judíos que se van a vivir en asentamientos de Cisjordania, no pierden la propiedad que pueden poseer en Tel Aviv. El año pasado, el gobierno de Sharon confiscó en silencio miles de hectáreas de tierra propiedad de palestinos dentro del área de Jerusalén, sin indemnización, después de una decisión secreta del gabinete de utilizar una ley de hace 55 años sobre las propiedades abandonadas, contra los árabes separados de sus olivares y granjas por la barrera de Cisjordania. Gobiernos anteriores decidieron no aplicar esta ley a Jerusalén Este y la administración de Sharon estaba lo suficientemente avergonzada como para expropiar las tierras en secreto, antes de que abandonase esa política, tras una protesta internacional cuando todo esto salió a la luz. Los palestinos llamaron a las confiscaciones "robo legalizado".
"Lo que se destaca de Jerusalén y Johannesburgo es que hubo y hay un uso prolongado del urbanismo en pos de un objetivo político", dice Scott Bollens. "Una diferencia con Sudáfrica, es que la identificación racial y la retórica racial era muy evidente, y era muy visible y el lenguaje era igualmente parte del apartheid sudafricano. Pero, a pesar de la diferencia en la retórica, los resultados son muy, muy similares y el paisaje urbano que Israel ha creado en la región de Jerusalén es tan desigual, tan subyugante de los palestinos como el lo era el plan de “área de grupo” en Sudáfrica para los negros."
En 2004, el ayuntamiento de Jerusalén aprobó el primer nuevo plan maestro para la ciudad desde 1959. El plan reconoce algunas de las injusticias y problemas en el este de Jerusalén, prevé una mayor construcción de viviendas en algunas zonas árabes, y critica los asentamientos judíos en el este de la ciudad. Pero los críticos dicen que en su esencia es la misma obsesión con la demografía y lo que el plan describe como la "preservación de una firme mayoría judía en la ciudad".
Un ex concejal de la ciudad de Jerusalén, Meir Margalit, dice que el proceso estaba equivocado desde el principio porque el comité directivo de 31 personas que compuso el plan en conjunto incluía sólo a un árabe. "Es característico en los regímenes coloniales de todas partes el creer que los "indígenas" no son dignos ni de una representación adecuada, ni de ser dueños de su propio destino. El equipo de planificación, aparentemente parte de la suposición de que, en todo caso, nos encontramos frente a un ciudad judía y por lo tanto no hay razón para pedir la opinión de cualquiera que no pertenezca al pueblo judío ", dice.




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maim
05/05/2010, 13:28
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“Racismo gris"
"Uno no puede menos que percibir la impresión de que detrás del documento se encuentra un intento de restringir el crecimiento natural de los árabes en el Este de la ciudad. Con su experiencia histórica, el equipo de planificación entiende que esto no puede lograrse a través de acabar con todos los hijos primogénitos, pero el plan asume que al limitar el espacio en el que los árabes viven, se verán obligados a abandonar la ciudad y trasladarse a lugares en la periferia, donde serán capaces de construir sin restricciones."
Margalit dice que las medidas utilizadas para llevar esto a cabo, incluyendo las restricciones a los palestinos para viajar a Jerusalén y evitando que las mujeres que se casan con hombres del Este de la ciudad se muden allí, constituyen un "racismo gris".
"Esto, de hecho, es la fuerza del racismo municipal. No es ni brutal ni visible abiertamente, prefiere ponerse a cubierto detrás de las formulaciones aparentemente neutras. Por lo tanto, siempre es cuidadosamente ocultado detrás de textos orientados al consenso, escondido bajo una gruesa capa de maquillaje en forma de lenguaje liberal", dice. "Así es como un único término que no existe en la literatura profesional nació en nuestro país: "el racismo gris". Esto no es un racismo generado por el odio al "otro", sino "un racismo light" enraizado en una ideología sionista que se esforzó por ser democrática, pero, al dar prioridad a los intereses judíos, inevitablemente privó a otros de sus derechos. Cuando no hay igualdad, se abre el camino a la discriminación, y cuando todas las personas discriminadas son de la misma nacionalidad, no hay otra alternativa que llamarlo lo que es –"discriminación nacional"– que pertenece a la misma familia que la infame discriminación racial."
A lo largo de los años transcurridos desde la ocupación de 1967, los residentes palestinos de Jerusalén lo han hecho más fácil para los israelíes, al negarse a votar en las elecciones del ayuntamiento sobre la base de que ello equivaldría al reconocimiento del derecho de Israel sobre toda la ciudad. Uri Lupolianski, el alcalde, dice que el mantenimiento del equilibrio demográfico ya no es tan crucial en el nuevo plan maestro, pero reconoce que los barrios árabes están en desventaja. "La situación en el Este de Jerusalén deja mucho que desear. Sin embargo, durante los dos últimos años, hemos tomado medidas significativas para mejorar y separar las necesidades de los residentes de los asuntos políticos", escribió. "Se abrió una nueva estación central de autobuses, así como la escuela árabe más grande en Israel. He ordenado un nuevo plan para la reconstrucción de las carreteras en esos barrios. Además, hemos ampliado la ruta del tren ligero que está actualmente en construcción para incluir los barrios árabes. El mayor centro cultural árabe en Israel se está planificando en la zona.
"En el nuevo plan, se ha designado un área amplia en el Este de Jerusalén para construcciones destinadas a los residentes árabes. Hay más de 10 planes de construcción, iniciados por el municipio, actualmente en las obras del Este de Jerusalén.
"No hay base para la comparación con Sudáfrica. No separamos por raza entre los judíos y los árabes. Nosotros, sin embargo, reconocemos el hecho de que las diferentes áreas están habitadas por diferentes grupos, y satisfacemos las necesidades de todos los grupos. Mantenemos la construcción y las leyes de zonificación completamente separadas de cualquier cuestión política".
Según las cifras anuales más recientes del municipio, el Ayuntamiento emitió 1.695 permisos de construcción en la ciudad en 2004. De éstos, 116 fueron a las partes árabes de Jerusalén oriental y, de éstas 46 fueron para construir nuevas viviendas. El resto fue para ampliación de viviendas existentes. En 2004, un total de 212.789 metros cuadrados fueron construidos en la totalidad de Jerusalén, el 7% fue en los barrios árabes. Hace varios meses, el ministro de Israel para Jerusalén, Haim Ramon, describió el muro de 33 pies de altura que divide los barrios árabes –que el gobierno ha insistido en que es una mera medida de seguridad sin ninguna intención política– como algo que proporciona la ventaja adicional de hacer la "ciudad más judía".

La máscara de la igualdad
El millón de ciudadanos árabes de Israel está en una posición más firme. Pueden votar –para muchos de los enojados por la analogía con el apartheid, prueba directa de que Israel no es la vieja Sudáfrica– al menos, dentro de fronteras reconocidas de Israel. Pero el Estado judío, desde hace tiempo, considera a su población árabe restante con recelo y hostilidad, e incluso como enemigo interno, a través de las guerras del país por la supervivencia contra vecinos hostiles y en la competencia por la tierra. Hasta 1966, los árabes israelíes vivieron bajo una "administración militar" que permitía la detención sin juicio y los sometía a toques de queda, restricciones sobre el empleo y sobre los lugares donde podían vivir, y los obligaba a obtener pases para moverse por el país.
Los gobiernos israelíes se reservaron el 93% de la tierra –a menudo expropiada sin compensación de los árabes– para judíos mediante la propiedad estatal, el Fondo Nacional Judío y la Autoridad de Tierras de Israel. En la época colonial y luego la Sudáfrica del apartheid, el 87% de la tierra estaba reservado para los blancos. La Ley de Registro de Población clasificaba a los sudafricanos de acuerdo a una serie de definiciones raciales, que, entre otras cosas, determinaba a quien se le permitiría vivir en las tierras reservadas.
El Acta de Registro de la Población de Israel sirve a un propósito similar al distinguir entre nacionalidad y ciudadanía. Tanto los árabes como los judíos pueden ser ciudadanos, pero a cada uno se le asigna una "nacionalidad" diferente marcada en los documentos de identidad (ya sea por escrito o, más recientemente, en un código numérico), al efecto de determinar dónde se les permite vivir, el acceso a algunos programas gubernamentales de bienestar social, y cómo pueden ser tratados por los funcionarios públicos y policías.
Pregunte a los israelíes por qué es necesario identificar a un ciudadano como un judío o árabe en su tarjeta de identidad y por lo general la pregunta se torna incomprensión: ¿cómo puede ser un estado judío, si no sabemos quiénes son los judíos? La justificación a menudo continúa con que todo el mundo en Israel es igual, por lo que eso no hace daño. Los árabes israelíes lo contarán de otra manera.
Generaciones de escolares israelíes han sido imbuídos en la idea de que los árabes no pertenecía a la tierra de Israel, que de alguna manera aparecieron en el camino. A mediados de los 80, el ejército estaba tan preocupado en las expresiones externas del racismo y el odio anti-árabe dentro de sus filas, a veces emitidos en el contexto del Holocausto, que pensaba hacer hincapié en volver a los "valores morales".
En 1965, el gobierno declaró unos terrenos en los que hubo pueblos árabes durante décadas, o incluso siglos, como "no-residencial”. Estas ciudades "no reconocidas" aún existen, pero se les niega los servicios básicos, y están sujetas a demoliciones periódicas y a confiscación de tierras.
El informe anual del Departamento de Estado de EE.UU. en materia de derechos humanos –no es un documento conocido por ser hostil a Israel– llegó a la conclusión de que existe "discriminación institucionalizada jurídica y social contra los ciudadanos cristianos, musulmanes y drusos de Israel". "El gobierno", dice, "no proporciona a los árabes israelíes, que constituyen 20% de la población, la misma calidad de educación, vivienda, empleo y servicios sociales que a los judíos".


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maim
05/05/2010, 13:29
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La desigualdad de educación
En el presupuesto de 2002, el Ministerio de Vivienda de Israel gastó alrededor de 14 libras por persona en las comunidades árabes en comparación con un máximo de 1.500 libras por persona en los judíos. El mismo año, el Ministerio de Salud asignó sólo 1.6 millones de shekels (200.000 libras) para las comunidades árabes de un total de 277 millones de shekels (35 millones de libras) de presupuesto del proyecto para desarrollar los centros sanitarios.
El cinco por ciento de los funcionarios públicos son árabes, y una alta proporción de ellos están contratados para hacer frente a otros árabes. Los ministerios de Finanzas y de Exteriores ocupan a menos de una docena de árabes israelíes, cuando el personal de ambos asciende a más de 1.700 judíos. Hasta hace poco, el Banco de Israel y la empresa estatal de electricidad no tenían contratado a un solo árabe.
Dan Meridor, un ex ministro en varios gobiernos y una vez rival a Ariel Sharon por el liderazgo del partido Likud, culpó a los factores sociales y a los años de conflicto –no a una intención de discriminar– de la escasa representación de los árabes en el ámbito de los servicios civiles. "No tengo las cifras, pero creo que en términos generales puede ser cierto. Hay que comprobar si se relaciona con el nivel de educación. Si, por ejemplo, la gente en el gobierno de la administración pública tienen una educación superior a la del público general y la población árabe generalmente tiene índices más bajos en la educación que el público en general, puede explicar algunas de las diferencias", dice.
"Algunos trabajos pueden ser menos accesibles. No oficialmente, pero sí de hecho. Tome el número de trabajadores en, por ejemplo, la compañía de electricidad que son árabes y es mucho mucho menor que la proporción en el país. Hay una razón histórica para eso. Los judíos lucharon contra los árabes y los árabes lucharon contra los judíos no sólo con las armas. Había dos comunidades que luchaban por la hegemonía y el poder en el sentido más amplio de la palabra. Este es el ethos de los judíos contra los árabes en la compañía eléctrica, en las tierras, en el mercado de trabajo, en el sector de la construcción. En términos generales, ha habido una mejora, pero todavía hay, creo, en algunas zonas, mucho por hacer. No en el fundamento jurídico –legalmente, todos son iguales– pero en base a la oportunidad".
Los árabes israelíes que no logran encontrar empleo en la administración pública debido a la falta de educación dicen que este es el resultado de la política gubernamental. Israel mantiene escuelas separadas para los árabes y los judíos en razón de las diferencias de idioma, pero muchos padres árabes israelíes dicen que esto es un encubrimiento de la discriminación sistemática contra sus hijos.
Sistemas de educación separados y desiguales fueron una parte central de la estrategia del régimen de apartheid para limitar a los niños negros a una vida en las minas, fábricas y campos. Las disparidades en el sistema educativo de Israel no son tan abrumadoramente grandes y la intención no es tan malvada, pero la diferencia es muy amplia. El Ministerio de Educación israelí no revela su presupuesto para cada uno de los dos sistemas, pero hace 14 años un informe del gobierno llegó a la conclusión de que se asignaba el doble de dinero a cada alumno judío que a cada niño árabe.
Un informe de Human Rights Watch de hace dos años dijo que la situación no ha cambiado significativamente y sigue habiendo "enormes disparidades en el gasto educativo" y que "la discriminación contra los niños árabes abarca todos los aspectos" del sistema educativo. El nivel de aprobado de exámenes para alumnos árabes es cerca de un tercio inferior al de sus compatriotas judíos. En 2004, debido a la amenaza de los enojados padres árabes israelíes en Haifa, de inscribir a sus hijos en las escuelas en lengua hebrea, sorprendió tanto a los padres judíos de que las autoridades tomaron rápidamente medidas para mejorar las escuelas árabes de allí.
El recelo con que el estado todavía se refiere a sus ciudadanos árabes se mostró por la reciente revelación de que el servicio de seguridad Shin Bet coloca a maestros judíos en las escuelas en lengua árabe para controlar las actividades de los otros docentes. Un funcionario del Shin Bet es también miembro del comité de nombramiento de profesores.
El Ministerio de Educación de Israel no ha respondido a las peticiones de una entrevista. Abordado por separado, un político que antes tenía la responsabilidad de la educación y que ha reconocido que la discriminación existe y que habló en contra, se negó a ser entrevistado, diciendo que no quería criticar a su ministerio anterior.
Se solicitó una entrevista para responder a las denuncias concretas de discriminación en la administración pública, la educación y la vivienda, y el gobierno respondió a través del subdirector general del Ministerio de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Meir. Reconoció que había habido una discriminación de facto, pero dijo que tenía sus raíces en los conflictos históricos y el recelo, no en un intento de subyugar.
"Nunca hubo una intención, porque si de verdad hubiéramos querido crear apartheid podríamos haberlo hecho. El hecho es que nunca lo hemos hecho, no existió siquiera la idea de la discriminación", dijo. "Sí, durante algunos años había menos fondos concedidos a los árabes. Hubo también años después de 1948 en los que los árabes estaban bajo control militar. Despacio, despacio los árabes se abrieron camino hacia arriba. A día de hoy los árabes pueden entrar en el servicio civil. El Ministerio de Relaciones Exteriores se abrió a los árabes en 1989. Llevó tiempo construir la confianza. Hoy tengo en mi departamento a un beduino.
"El hecho es que siempre hubo miembros árabes del Knesset, incluso aquellos que deslegitimaron al estado judío. Pueden participar. ¿Es suficiente? No, no es suficiente. ¿Podemos hacer algo más? Sí, podemos hacer más. Pero pregúntele a los árabes que viven en Israel, si quieren ser parte de un Estado palestino y dicen que no, que prefieren quedarse donde están. ¿Por qué? "



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maim
05/05/2010, 13:30
Las leyes Sharon
Bajo el mandato de Sharon como primer ministro a partir de 2001, nuevas formas de leyes discriminatorias fueron aprobadas, incluyendo el ahora famosa Ley de Nacionalidad y Entrada en Israel, que prohíbe a los israelíes que se casan con palestinos traer a sus cónyuges a vivir en el país. La legislación se aplica únicamente a los maridos o esposas palestinos. Hassan Jabareen, abogado y director general de Adalah, el Centro Jurídico para los Derechos de las Minorías Árabes en Israel, desafió la ley ante el Tribunal Supremo. Dijo a los jueces que había un paralelismo con un caso histórico en la década de 1980 en Sudáfrica –el caso Komani– que impugnó con éxito las leyes de pases que separó familias negras mediante la prohibición a los esposos de reunirse con sus cónyuges en las ciudades.
"Como abogado constitucional, me encuentro llevando casos que fueron hitos de la época del apartheid ante el Tribunal Supremo israelí, ya que los casos comparativos de los países modernos y democráticos no son útiles. Tienes que llevar casos duros con el fin de advertir a la Corte Suprema sobre las leyes racistas , no discriminatorias sino racistas", dijo Jabareen. "Tuvimos un caso hace dos años, que en esencia decía que los árabes recibirían menos subsidios de manutención infantil. Nosotros lo comparamos con las leyes de discriminación económica en la Sudáfrica del apartheid. Al final, el Knesset desechó la ley".
La Justicia era, aunque no siempre, ciega a la diferencia entre árabes y judíos. En junio de 1986, 18 meses antes del estallido de la primera sublevación palestina (intifada), un juez de Tel Aviv provocó protestas por condenar a un judío israelí a seis meses de servicio comunitario por haber matado a un muchacho árabe. Pero la Corte Suprema actual ha demostrado estar más dispuesta que sus predecesores para hacer frente a la discriminación. Todavía tiene que pronunciarse sobre la Ley de Nacionalidad y Entrada, pero el entonces ministro del Trabajo en el gobierno de coalición, Ophir Pines-Paz, la calificó de "draconiana y racista" y presionó al Parlamento para modificar la legislación. El parlamento israelí respondió mediante la ampliación de la normativa. Ya sólo en los últimos días, la policía ha detenido a ocho mujeres, esposas palestinas de árabes israelíes, en la aldea israelí de Jaljulya y han sido deportadas a los territorios ocupados. Entre las mujeres que viven bajo la amenaza de la futura deportación está la esposa de un jugador de fútbol israelí. Los diputados dicen que la ley no tiene nada que ver con la discriminación y que todo está relacionado con la amenaza para la seguridad que suponen los palestinos.
Sus partidarios se preguntan cómo alguien puede acusarlos, como judíos pertenecientes a una larga serie de generaciones perseguidas, de racismo o de cualquier cosa que se parezca al viejo régimen afrikaner. Pero durante años, gran parte de la población judía de Sudáfrica y los sucesivos gobiernos israelíes, hicieron su propio pacto con el apartheid –un acuerdo por el que intercambiaron el silencio de casi la mayoría de los judíos sudafricanos en una gran cuestión moral de aceptación, y cooperación clandestina entre Israel y el gobierno afrikáner que llevó a los dos países a un abrazo oculto.

(fin primera parte)

Badr
05/05/2010, 23:23
La población no estaba tan netamente dividida. Los árabes de la zona estaban registrados como habitantes del pueblo –incluso aquellos, com los padres de Rhateb, cuyos hogares estaban dentro de lo que se redefinió como Jerusalén–¬. En aquel tiempo, los israelíes dieron a los Rhateb tarjetas de identidad que los clasificaba como residentes en Cisjordania, bajo ocupación militar. Cuando Said Rhateb nació, él también fue registrado como habitante fuera de los límites de la ciudad. Sus padres no pensaron mucho en eso mientras se movían libremente a través de la línea invisible dibujada por los israelíes, yendo de compras y rezando dentro de los muros de la Ciudad Vieja de Jerusalén.
Cuatro décadas después, el mundo cada vez más complejo del sistema de clasificación de Israel considera que Said Rhateb, al ser residente de Cisjordania –un lugar en el que nunca ha vivido– un extranjero ilegal por vivir en la casa en la que nació, dentro de los límites de Jerusalén. El gobierno de Jerusalén obliga a Rhateb a pagar unos impuestos substanciales por la propiedad de su casa pero eso no le da el derecho a vivir en ella, y es arrestado periódicamente por hacerlo. Los hijos de Rhateb han sido expulsados de su escuela en Jerusalén, no puede registrar un vehículo a su nombre –o más bien puede, pero sólo uno con matrícula palestina, lo que significa que no puede conducirlo hasta su casa, ya que sólo los coches registrados como israelíes pueden entrar dentro de Jerusalén– y necesita un pase para visitar el centro de la ciudad. El ejército le concede cerca de cuatro al año.
Hay más. Si Rhateb no es residente legal en su propia casa, entonces se le considera como un “ausente” que ha abandonado su propiedad. Bajo la ley israelí, ahora pertenece al estado o, más concretamente, a sus ciudadanos judíos. "Nos enviaron documentos que decían que no podemos vender la tierra o explotarla porque no somos dueños de la tierra. Pertenece al estado", dice. "En cualquier momento que quieran confiscarla, pueden, porque ellos dicen que estamos “ausentes” a pesar de que estamos viviendo en la casa. Eso es lo que obligó a mi hermano mayor y tres hermanas a vivir en los EE.UU. No podían soportar el acoso. "


Destaco esto no porque sea excepcionalmente grave o retorcido, sino precisamente porque no lo es. Este trocito kafkiano y diabólico es solo un granito de arroz en el mar de arroz que podríamos considerar la tortura burocrática, el atroz ensañamiento con que por medio de reglamentos, leyes y aplicaciones de disparates, sevuelvbe locos, se tortura hasta un grado inimaginable a la población palestina. La variedad de inventos como el trocito reseñado no cabe imaginarla. La mente enferma que ha encerrado a esa población rehén en tan monstruosa e inslavable maraña burocrática es un caso de sadismo y crueldad difícil de imaginar.

Que Dios libere pronto a sus siervos de tan abyecto trato y sufrimiento.

Salaam