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isae1959
19/01/2010, 06:12
Salam, saludos

Hoy 18 de Enero fue puesto en libertad en Turquía Ali Agca, el ultranacionalista turco que atentó contra Juan Pablo II en 1981. Aunque afirmaba que su único objetivo era "matar al cruzado Juan Pablo II", recibió luego el perdón del romano pontífice en la famosa instantánea en que aparecen ambos susurrándose algo con las cabezas a escasos centímetros http://www.youtube.com/watch?v=Zj1aJsK3v3Y
Posteriormente fue amnistiado en Italia de su cadena perpetua en el 2000, luego ha pasado los últimos 10 años en una prisión cerca de Ankara por el asesinato de un periodista turco.

Parece que admite que piensa hacerse millonario con entrevistas, libros y películas. Desde esa perspectiva no parecen tan extrañas sus declaraciones al salir de la cárcel: Agca se ha declarado el eterno mesías y ha proclamado el fin del mundo. No es la primera vez que hace declaraciones sorprendentes. Urgió a Juan Pablo II a revelar el nombre del Anticristo, ha invitado a Benedicto XVI a dimitir, dijo que "La Biblia está llena de errores. Yo escribiré la Biblia perfecta". También afirma que el mundo necesita un nuevo imperio americano.

Creo que tomarle en serio o darle cancha a este señor es peor que lo que dice, hará o dirá, pero no veo como se podrá parar. Ya tiene un equipo dedicado a promocionarle. No es este señor quien interesa. No soy católico ni piso una iglesia, pero me quedo con el gesto de Juan Pablo II. http://www.youtube.com/watch?v=Zj1aJsK3v3Y Me hace comprender más cosas que miles de sermones o misas. Me hace preguntarme si yo sería capaz de perdonar a un Ali Agca que me disparó, arruinó mi salud y que luego me susurra que va a escribir la verdadera Biblia. Me hace olvidar por un momento la inquisición, el despellejamiento de Hipatia, la colonización de América, las cruzadas, el encarcelamiento de Galileo y las indulgencias papales. Me hace recordar que ese mismo papa que conforta a su asesino y le perdona, fue el mismo papa que pidió perdón por los errores de la Iglesia. Decía el filósofo que el pasado no existe. Quizá tenía razón. ¿Qué importancia puede tener el pasado si no se puede cambiar? ¿Qué importancia tienen los actos de hombres del pasado? Lo que importa son los actos y las palabras para ayudar a las personas de ahora. Lo que importa son los actos y las palabras que los líderes nos transmitan ahora, para orientar los pensamientos, las esperanzas y los actos de las persona de ahora.

Como me gustaría ver que los que se dicen hombres de Dios perdonaran, dialogaran y transformaran a su enemigo en su “hermano espiritual”, como llamaba Agca a Juan Pablo II. Los seres humanos no somos así. ¡Hemos matado en el pasado y aún matamos por Dios o Jehová, o Allah o Visnú, o lo que sea! ¡Qué locura, que grandísimo e insuperable contrasentido y paradoja! No es frecuente encontrar hombres justos, y la realidad se empeña a veces en demostrar que no es frecuente encontrar hombres justos entre los que se dicen servidores de Dios. Juan Pablo II no hizo un gesto para la galería, nadie le pidió ese gesto. A veces odiamos eternamente a alguien por mucho menos que una agresión física. Por eso, cuando vemos estas personas excepcionales, en uno de esos gestos irrepetibles, lo lógico es quedarnos admirados por su superioridad moral. Son como un aldabonazo en nuestra conciencia. También causaba asombro la fila interminable de Hindúes que ofrecían su cabeza para ser golpeados con porras por los colonizadores británicos, inspirados por el maestro Ghandi. La pena es que estas almas grandes no temen al mundo, sino que intentan redimirlo. No suelen morir en la cama.

Repito, empieza a no importarme el pasado. Me importan más los gestos, los actos y las palabras de ahora. Empiezo a ser capaz de distinguir a un justo de un malvado fijándome sobre todo en lo que dice y en lo que hace, no en lo que se supone que es. Para mi lo único que hace verdadero a un discurso es la superioridad moral del que habla. Empiezo a no conceder ni el más ligero ápice de crédito a quien predique la violencia en vez del entendimiento, a quien le preocupe más el poder que el bienestar de su pueblo, a quien busque enemigos en vez de buscar recursos para su nación, a quien suscriba acuerdos ante la ONU a la vez que atenta contra la dignidad humana. Para mí nunca será un justo alguien que se llame siervo de Dios pero que encarcela a compatriotas o condena a muerte a un extranjero por sus ideas y sus plabras. Más al contrario. Los actos contra la dignidad humana que se visten de ortodoxia religiosa son los actos más perversos, porque prostituyen el nombre de Dios. Creo que una religión solo se justifica si consigue una superioridad moral derivada del bien que aporte a la humanidad en el momento presente y de lo que consiga mejorar la dignidad humana en el momento presente.

Está de moda apuntarse a un bando. Parece como si lo necesitáramos para sentirnos seguros y ahorrarnos pensar por nosotros mismos. Parece como si necesitáramos apuntarnos a un club deportivo, o a un nacionalismo, o a un partido político, o a una tribu urbana, o a un grupo ecologista, o a una secta… Parece como si necesitáramos pertenecer a un grupo con el que podernos relacionar con otros que compartan nuestros sentimientos. Parece que necesitáramos a alguien de fuera para que nos descubra quienes somos, cómo debemos actuar y señalarnos quien es el enemigo. El Enemigo…Ningún grupo que se precie puede prescindir del Enemigo. Me acuerdo de aquella frase tan famosa de que si el Barça no tuviera el Madrid, habría que inventarlo. Cuanto antes se encuentre y mejor definido esté el enemigo, mejor para el grupo. El enemigo une al grupo y cuanto más pérfido y más real parece este enemigo, más adeptos reclutará el grupo que se propone combatirlo. Lo comprendió muy bien Hitler cuando hechizó a personas cultas con este poderoso resorte. Lo comprendió Stalin cuando hizo de la purga el problema, el método y la solución para la Unión Soviética. Lo comprende muy bien Fidel Castro cuando encuentra en los EE.UU la justificación de todos los males de una revolución fracasada. Lo comprende el régimen iraní cuando llena sus cárceles de disidentes. Lo comprendieron los Bush cuando camuflaron su pésimo liderazgo con las dos guerras de Irak y lo comprenden los Jihadistas cuando extienden el rango de lo que hay que considerar como el enemigo.

Hermano, supongo que habrá alguno que no le importe que le llame así, piensa si tienes ya TU ENEMIGO, si ya eres capaz de odiar a alguien al que no conoces. Un enemigo que es malvado sin esperanza y que ya solo merece ser aniquilado. Pregúntate si ya consideras a otros seres humanos como tus enemigos irreconciliables e irrecuperables. Nadie se siente nunca lo suficientemente querido. Piensa si alguna vez haz alzado tu voz en contra de alguno o algunos solo porque el grupo te lo ha señalado como tu enemigo, y lo has hecho para sentirte gratificado por el grupo. Si te pasa, es que te están manipulando ¿No te das cuenta? Si no te das cuenta, estás muy enfermo en realidad, aunque hagas todos los días footing. No creas en quien te señale tus enemigos. No formes grupo con quienes te señalen tus enemigos o busquen tus enemigos. No te unas a otros para combatir al enemigo, no dejes de escuchar a alguien porque el grupo te lo haya señalado como enemigo.

Toma tus propias decisiones. Guíate por las obras y los frutos de quien quieras tomar su ideario. Solo por sus obras de misericordia conocerás al justo, y lo distinguirás del malvado. Por sus actos de perdón, por sus buenas obras, por su búsqueda de diálogo, por sus gestos, por sus palabras. Huye sobre todo del fanatismo. El fanatismo es la enfermedad de la que quería advertirte. El fanático ha tomado ya una decisión y una postura y encuentra siempre motivos que la justifiquen. Cualquier escuela filosófica podrá demostrar cualquier postulado, incluso el más bizarro, si cuenta con suficientes miembros y suficiente tiempo. Mao Tse Tung y Pol Pot mataron a millones de personas de su propio pueblo por razones aparentemente incontestables para los seguidores del socialismo científico. No te detengas en sus ideas, mira sus obras. Juzga los actos de cada cual antes de seguirle, no te guíes por los sofismas ni por trampas emocionales. Piensa si Dios está del lado del que perdona y consuela o del lado del violento y del que odia.