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Badr
08/09/2009, 13:52
LAS RAÍCES PROFUNDAS DEL TERROR EJERCIDO POR EL ESTADO JUDÍO
Israel: ¿Un Estado patológico?
La creación del Estado de Israel en 1948 fue acompañada de la limpieza étnica de más de 750.000 palestinos (*) – esto es, más de la mitad de la población originaria - expulsados de sus pueblos y ciudades bien por la fuerza, bien por el miedo engendrado por las masacres deliberadas de civiles, como la del pueblo de Deir Yassin.

Desde entonces, en el curso de estos sesenta años de existencia, desde las masacres de Sabra y Chatila en 1982, a las matanzas de hoy en Gaza — pasando por la destrucción del campo de refugiados de Jenín y la destrucción de las infraestructuras palestinas de Cisjordania en 2002, las masacres en el campo de refugiados de Jabaliah en 2005 y 2006, los bombardeos masivos sobre Líbano en 2006 — bajo el pretexto de “defenderse” Israel no ha dejado de provocar muerte y desolación a sus vecinos con toda la potencia de ataque de su aviación, de su marina de guerra y de sus tanques.

En cada ocasión, uno se queda aterrado y escandalizado a la vez por la brutalidad de estos ataques israelíes, por la cantidad de víctimas civiles y las dimensiones de la destrucción que provocan, y estupefacto ante la permisividad de la “comunidad internacional”.

En cada ocasión, se ve en nuestras pantallas, con la complicidad de periodistas parciales, a portavoces y embajadores israelíes venir a “justificar” por medio de mentiras descaradas los crímenes cometidos al tiempo que muestran su desprecio hacia aquellos a quienes ocupan militarmente y ejecutan sumariamente, con una arrogancia y desprecio que de forma irresistible hace pensar en la que mostraban en su momento los dignatarios nazis.

La furia destructiva de este Estado no es nueva para los ocupados que la padecen cotidianamente. Pero el aplastamiento del ghetto de Gaza, este baño de sangre insoportable que se está desarrollando ante nuestros ojos, la ha hecho más evidente a los ojos del mundo.

Y hoy se plantea con mayor insistencia todavía la pregunta de saber por qué y cómo es posible semejante brutalidad.

Esta es la pregunta crucial a la que muy recientemente dos conocedores de Israel han tratado de dar una respuesta: el historiador Ilan Pappe y el profesor de filosofía jurídica y política Oren Ben-Dor [1].

El sionismo [2] cuestionado

En su artículo titulado “ La furia autojusticiera de Israel y sus víctimas en Gaza ” [3], Ilan Pappe destaca que la postura de autojustificación adoptada constantemente por Israel “es un tema que vale la pena considerar en detalle, si se quiere comprender la inmunidad internacional para la masacre que arrasa Gaza”.

Empieza por insistir en el torrente de propaganda aparecida en los medios de comunicación israelíes, en la hipocresía de las justificaciones presentadas y en la amenaza que representan para los palestinos:

“Esta autojustificación se basa ante todo en puras mentiras (…) reminiscente de los peores días de la Europa de los años treinta. No hay fronteras en la hipocresía que produce una furia autojusticiera. El discurso de los generales y de los políticos se mueve erráticamente entre la auto-congratulación por la humanidad que el ejército muestra en sus operaciones “quirúrgicas” por una parte y, por la otra, la necesidad de destruir Gaza de una vez por todas, de una manera humana, claro está.

La furia autojusticiera es un fenómeno constante en el desposeimiento israelí, y antes de eso, sionista, de Palestina. Cada acto, sea limpieza étnica, ocupación, masacre o destrucción fue siempre presentado como moralmente justo y como un puro acto de autodefensa perpetrado a regañadientes por Israel en contra de la peor clase de seres humanos. (…)

Es crucial que se exploren los orígenes ideológicos de esa actitud y que se deriven las conclusiones políticas necesarias de su prevalencia. Esta furia autojusticiera blinda a la sociedad y a los políticos en Israel de toda crítica o rechazo externo. Pero mucho peor todavía, se traduce siempre en políticas destructivas contra los palestinos. Sin un mecanismo interno de crítica y sin presión externa, cada palestino se convierte en un objetivo potencial para esa furia. En vista del poder de fuego del Estado judío sólo llevar a más matanzas masivas, masacres y limpieza étnica”.

Pappe da un mombre a lo que él caracteriza como una “ideología maligna hecha para cubrir atrocidades humanas”, a saber, “ sionismo ”. Y concluye con la urgencia de denunciarlo y de combartirlo:

“Tenemos que tratar de explicar no sólo al mundo, sino también a los propios israelíes, que el sionismo es una ideología que apoya la limpieza étnica, la ocupación y ahora matanzas masivas (…) y también dejar de legitimar la ideología que produjo esa política y la justifica moral y políticamente..(…) Puede que sea más fácil hacerlo mientras, bajo las más terribles circunstancias, la atención del mundo es dirigida una vez más hacia Palestina. (…) A pesar de la previsible acusación de antisemitismo y de lo que sea, es hora de asociar en la mente pública la ideología sionista con las características históricas ya familiares del país: la limpieza étnica de 1948, la opresión de los palestinos en Israel durante los días del gobierno militar, la brutal ocupación de Cisjordania y ahora la masacre de Gaza. (…) Al conectar la ideología sionista y las políticas de las atrocidades pasadas y presentes, podremos suministrar una explicación clara y lógica de la campaña de boicot, desinversión y sanciones a Israel”.

Una patologia suicida

En su artículo titulado “ Israel: La autodefensa del suicidio ” [4], Oren Ben-Dor empieza insistiendo en la repetición incesante de las masacres perpetradas por Israel, en la hipocresía de las razones que aduce para desencadenar su guerra en Gaza y en el fracaso previsible de este último intento de sofocar a la resistencia palestina:

“Como si fuera un eco del Líbano en 2006, la gente de Gaza es matada salvajemente por pilotos asesinos de un Estado asesino. (…). La repetición (…) de la violencia en gran escala de Israel es realizada después de un prolongado proceso provocado cuando Israel evacuó unilateralmente sus asentamientos y su presencia en tierra en Gaza sólo para crear lo que ha sido descrito como un zoológico humano a control remoto. (…) Más allá de lograr un alivio a muy corto plazo de los ataques de cohetes la escala de la violencia de Israel provoca preguntas e invita a la reflexión. (…) El asesinato de miembros individuales de Hamas, incluso el derrocamiento de la organización, la destrucción de sus infraestructuras y edificios, no destruirán la oposición legítima a la arrogante y farisaica entidad sionista. Ningún ejército, por bien equipado y entrenado que esté, puede ganar un combate sin aumentar la cantidad de personas a quienes ya no les importa morir”.

Y plantea la cuestión de fondo:

“Ante el seguro fracaso de los intentos de lograr estabilidad mediante la violencia, la intimidación, el hambre y la humillación, ¿qué diantres motiva al Estado israelí? ¿Qué se imaginan los israelíes que lograrán con esta matanza? Tiene haber algo reprimido en todo esto. Sólo puede ser así, para que los israelíes, puedan creer que pueden existir y defenderse, mediante la patología de provocar un estado permanente de violencia en su contra. ¿Qué clase de fariseísmo condiciona este deseo autodestructivo de ser odiado?”

Finalmente encuentra la respuesta a esta pregunta en “ la incapacidad, de los israelíes de cuestionar el fundamento de Apartheid de su propio Estado ”:

“Muchos de los palestinos que viven en Gaza son descendientes de los 750.000 refugiados que fueron expulsados en 1948 de lo que es ahora el Estado judío. (…) Sólo mediante una tal limpieza étnica pudo establecerse un Estado con una mayoría y carácter judíos. Toda realización justa del retorno de los refugiados, reconocido por el derecho internacional significaría efectivamente el fin del proyecto sionista. (…) Al retornar, es seguro que presentarían demandas para igualdad ciudadana. Al hacerlo, cuestionarían la premisa discriminatoria fundacional del Estado judío (…).Por lo tanto, por el mismo motivo por el que Israel discrimina a sus propios ciudadanos árabes no-judíos, impedirá el retorno de los refugiados”.

Sigue...

Badr
08/09/2009, 13:53
Concluye que sólo el volver a poner en tela de juicio el apartheid israelí, el “derecho de Israel a existir en seguridad como Estado judío” podría poner fin al ciclo de violencia, sin lo cual la “retórica la de la autodefensa” se volverá a cerrar sobre la “escalofriante crónica de suicidio anunciado”:

“La aceptación del derecho de Israel a existir en seguridad como Estado judío se ha convertido ahora en el parámetro de la moderación política. Obama ya corea la canción. (…) el origen de la violencia en Gaza está íntimamente vinculado a la manera como llegó a ser el Estado israelí y a la continua tolerancia de la premisa del Apartheid en su esencia misma. Israel no debe ser "reformado" o "condenado" sino reemplazado por una sola estructura igualitaria en toda Palestina histórica.

Israel necesita un ciclo continuo de violencia. (…).La violencia (…) es un medio necesario para afianzar la pretendida legitimidad de lo según ellos constituye la única alternativa a esa violencia. Esa alternativa no es otra cosa que el "sorprendentemente," fracasado "sano", "razonable" y "moderado" "proceso de paz" hacia dos Estados, un proceso que apunta a legitimar de una vez por todas el Estado del Apartheid. El discurso ha sido secuestrado de tal manera que los llamados urgentes a un cese inmediato de la violencia resucitan esa imposibilidad, ese proyecto esencialmente injusto de dos Estados que asegurará la continuación de la violencia. (…)

La patología israelí resultará, oculta y trascendentalmente, en aquello que los israelíes temen más. No existe, indudablemente, "ninguna alternativa" para el proyecto nacionalista de las víctimas eternas fuera de cometer suicidio junto con aquellos que oprimen.. (…) La autodefensa del suicidio destaca la particularidad del Apartheid israelí. Tanto la retórica de la falta de alternativa como la de la autodefensa contienen una escalofriante crónica de suicidio anunciado. A pesar de su poderío militar, Israel es un Estado débil y agonizante que desea autodestruirse. Las naciones más poderosas del mundo contribuyen a ese proceso suicida y este hecho exige ser urgentemente considerado”.

Como se ha visto, para estos dos autores el carácter mismo del Estado israelí, el apartheid que pratica y sobre el que está fundado están en el centro del terror que con regularidad desencadena sobre sus vecinos, y el ciclo de la violencia y las masacres no acabarán mientras que la «comunidad internacional» continúe tolerando esta inaceptable excepción de la aplicación del derecho internacional.

Silvia Cattori

(*) Véase “La limpieza étnica de Palestina”, Ilan Pappe, ítica, 2008.

Traducido del francés por Beatriz Morales Bastos (19.01.2009)
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=79316

Enlace con el original (17.01.2009)
http://www.silviacattori.net/article704.html


[1] Ilan Pappé (nacido en 1954), ciudadano israelí, es uno de los «nuevos historiadores [israelíes]» que han reexaminado de forma crítica la historia de Israel y del sionismo. A raíz de su apoyo el año pasado al boicot a las universidades israelíes por parte de universidades extranejras, Ilan Pappe, que había sido amenazado de muerte, se vio obligado a dimitir de su puesto de profesor de ciencias políticas en la Universidad de Haifa y a emigrar a Gran Bretaña.

El Dr. Oren Ben-Dor nació en Haifa y creció en Israel; enseña filosofía jurídica y política en la Universidad de Southampton, Reino Unido.

[2] Sionismo: ideologia política que predica la creación de un Estado judío en Plaestina y la vuelta del pueblo judío «a su patria histórica, Eretz Israel, por medio de una Aliyah [emigración] procedente de todos los países». El movimiento sionista fue fundado en el Congreso de Bâle en 1897 por Theodor Herzl, periodista y escritor judío austriaco, autor de Der Judenstaat («El Estado de los judíos»).

[3] Véase:
“La furia autojusticiera de Israel y sus víctimas en Gaza”, por Ilan Pappe, Rebelión, 4 de enero de 2009.
Texto original en inglés: “Israel’s righteous fury and its victims in Gaza,” The Electronic Intifada, 2 de enero de 2009.

[4] Véase:
“Israel: La autodefensa del suicidio”, por Oren Ben-Dor, Rebelión, 3 de enero de 2009.
Texto original en inglés: “The Self-Defense of Suicide” , Counterpunch, 1 de enero de 2009.

Todas las versiones de este artículo:
- Israël : Etat pathologique ?
- Die tiefliegenden Ursachen des Terrors, der vom jüdischen Staat ausgeübt wird
- Israele: Stato patologico?

cynara
13/09/2009, 23:45
Me gustó el artículo que pego a continuación y para no abrir otro tema creo que se enmarca dentro del de Badr,

Una bomba nuclear en el sótano

Fuente: Javier Espinosa, Diario El Mundo - España

La lectura cotidiana del caso iraní resulta tan ilustrativa como propia del escenario informativo dislocado en el que cada día nos hundimos más.

El 24 de agosto Israel acusó al director de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA), Mohamed Al-Baradei, de "no ofrecer una imagen completa de la ocultación y aceleración de las actividades militares nucleares ilegales" de Irán.

No cabe duda que la razón está del lado de Tel Aviv. Resulta inadmisible que un país pueda engañar a la comunidad internacional, establecer un programa nuclear secreto y desarrollar armamento de destrucción masiva en una región tan inestable como Oriente Próximo. Hay que apoyar también la postura de Tel Aviv para que se apliquen las sanciones más estrictas a esa nación, que se niega a permitir el acceso a sus instalaciones nucleares de los inspectores de la AIEA.

Resulta escandaloso que durante años Occidente haya permitido tal situación sin adoptar una posición más firme. Cuando se creyó la tesis norteamericana de que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva varios países, incluida España, apoyaron incluso una invasión de Irak a todas luces ilegal.

Tendríamos que preguntarnos ¿por qué ocurre esto? ¿Cómo es posible que los gobiernos de Occidente permiten que un estado incremente su poderío nuclear sin control alguno? La respuesta es muy simple: porque esa nación no es Irán, cuya intención por conseguir una bomba atómica es una simple hipótesis con tanta solidez por el momento como tenía la tesis del armamento que se le achacaba a Irak. El único estado que ha engañado a la comunidad internacional para desarrollar, no decenas, sino cientos de bombas nucleares, es Israel.

Y aquí me remito a un interesante libro escrito por el periodista israelí Michael Karpin que se titula 'Una bomba en el sótano' y cuya lectura recomiendo para los que quieran ir más allá del bombardeo de propaganda que estamos sufriendo sobre el caso iraní. Cito a Karpin por ser israelí pero los informes, publicaciones y documentales que han certificado las capacidades nucleares de Tel Aviv son innumerables.

La misma introducción del texto ya resulta elocuente. Escribe Karpin: "Para conseguir su capacidad nuclear los israelíes tuvieron que esconder lo que estaban haciendo a los ojos del mundo para evitar la curiosidad de los organismos internacionales cuyo objetivo era prevenir la proliferación de armamento nuclear". Y después continúa: "una vez que se conoció el secreto, Israel consiguió persuadir al mundo (yo aquí matizaría, a las potencias necesarias) que el suyo era un caso especial. En contra de casos como Paquistán, India, Corea del Norte, Irán, Libia o Irak, a Israel no se le ha pedido que renuncie a su capacidad nuclear, no se le ha criticado ni se le ha amenazado con sanciones".

Karpin documenta cómo el liderazgo israelí y especialmente David Ben Gurion siempre apoyaron la producción de armas nucleares, para lo cual no dudaron en establecer un sofisticado entramado de espionaje y todo un muro de mentiras que cubrió su proyecto.

El periodista se refiere a una larga relación de personajes claves en el desarrollo del programa atómico israelí entre los que figuraron los científicos Ernste Bergmann e Israel Dostrovsky, el coronel Yuval Neeman, el actual presidente Simon Peres y Munya Mardor.

Este último fue comandante de las milicias judías durante los años previos a la creación de Israel y se le achaca un atentado tan estremecedor como incomprensible: hundir el 'Patria', un barco de supervivientes del Holocausto en el puerto de Haifa, cuyo naufragio causó la muerte de 200 judíos. Sólo esta acción merecería otro blog donde se pudiera hablar sobre el concepto de 'terrorista' que ahora utiliza de manera tan recurrente el estado israelí.

Pero retomemos el asunto nuclear. En septiembre de 1956 Francia –el mismo país que hoy exige una firme postura frente al programa iraní- accedió a vender a Israel un reactor nuclear.

Una instalación que para Israel no era sino una "factoría textil". "Cuando en los sesenta se preguntaba a un portavoz gubernamental que era lo que se estaba construyendo cerca de Dimona (un enclave en el desierto del Negev) decían que era una factoría textil y la gente sabía que era un nombre en código", refiere Karpin.

Curiosamente fue otro científico judío, el norteamericano Henry Jacob Gomberg, quien primero alertó a EEUU sobre las acciones encubiertas de Israel en 1960. Pero cuando el gobierno de ese país inquirió a Tel Aviv sobre las intenciones de tal complejo, el propio Ben Gurion replicó sin sonrojarse: "Israel no pretende construir bombas atómicas. Tiene que aceptar mi palabra". Además, se comprometió a que un equipo de inspectores norteamericanos pudiera visitar Dimona.

Ese periplo debería entrar en los anales de la deslealtad hacia quien se suponía era un país aliado. "Todos los detalles de la visita se planearon cuidadosamente. A los invitados sólo se les permitió ver las instalaciones situadas a ras de tierra. No las subterráneas, donde se encontraba la planta de extracción de plutonio. El engaño funcionó", añade Karpin.

Israel consiguió su "capacidad nuclear" en 1966 y en 1973 se planteó atacar con este armamento durante la llamada Guerra del Yom Kippur. El presidente Ephraim Katzir lo reconoció en una entrevista en la TV. "Israel equipó un avión con una bomba nuclear", afirmó.

Es decir, un país con armas nucleares y dispuesto a usarlas constituye sin duda un riesgo inexcusable para Oriente Próximo. El pasado mes de agosto la Liga Árabe solicitó el apoyo de la Unión Europea para exigir a Israel que abra sus instalaciones nucleares a los inspectores de la AIEA. No he vuelto a leer nada sobre ese asunto en los medios de comunicación.

Salams

Badr
17/09/2009, 12:32
Excelente artículo, Cynara, no tanto por la calidad periodistica como por recordar y poner sobre el tapete, cosa que no se suele hacer, unos hechos que son muy significativos, pero que se olvidan como tales hechos y se olvidan también lo que entrañan. Por ejemplo, como ya ha amenazado Israel, la posibilidad real de que lance bombas atómicas sobre la Meca, El Cairo, la presa de Asuán, etc. Y eso no son bromas ni vaguedades.

Más de un vez me he preguntado yo, si aparte de la mano que tiene el sionismo en todas las estructuras de poder no pesa también sobre Europa o algunos de sus países una amenaza clara, aunque no pública ni publicada, de ser objeto de un ataque nuclear israelí, que por supuesto, podría camuflarse y achacarse a otros o a confusión o de cualquier otra manera. Como fue el caso del Liberty.

Salaam