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Ver la Versión Completa : Las 4 edades del mundo;"alucinante".



Brigeco
02/09/2009, 19:48
Esto es una web que trata sobre las edades del mundo y del hombre de una manera logica,psicologica, filosofica y esoterica, trata el problema del mal y el bien en el ser humano y en la naturaleza y sobre Dios y el Demonio, es algo alucinante, pero muy interesante, la web la quitaron en seguida de internet, pero yo la grave a tiempo, espero que os guste. :)



By Carlos Parada, author of Genealogical Guide to Greek Mythology


Las Cuatro Edades de Friedrich


La Batalla del Río de la Plata



«Una vigorosa fuerza vital debe haber caracterizado a las antiguas tribus griegas ...» [Jacob Burckhardt 1818- 1897, Griechische Kulturgeschichte]

«¿Qué sería la totalidad de la historia si un íntimo significado no viniera en su ayuda? Sería lo que es para muchos que por cierto conocen la mayor parte de lo acontecido, pero que no entienden ni lo más mínimo de la historia real.»[Friedrich von Schelling 1775-1854, Las edades del mundo]

«Habrá un mundo único y la paz de la Edad de Oro se dará a conocer por primera vez a través de la unión armoniosa de todas las ciencias.» [Friedrich von Schelling 1775-1854, Las edades del mundo]

Océano Atlántico, marzo de 1967


«... une erreur entrée dans le domaine public n'en sort jamais; les opinions se transmettent, héréditairement, comme des terrains—on y bâtit—cela finit par faire une ville: cela finit par faire l'Histoire.» [1] [Rémy de Gourmont 1858-1915, Epilogues]


Ein Kentaur

Dime, Friedrich, ¿por qué piensas dedicarte a la filosofía ahora que has terminado tus estudios de español? ¿No sería mejor que te acomodaras al Zeitgeist, aplicándote a la electrónica, la ingeniería, la economía o la política? Pues esta época no es de filósofos, a menos que planees trocar los conceptos filosóficos en políticos...


Jean-Paul Sartre
1905-1980
Simone de Beauvoir
1908-1986
Rémy de Gourmont
1858-1915

Y ahora que lo pienso, no me sorprendería si estuvieras hechizado, como tantos jóvenes actualmente, por la fama del existencialisme de Sartre y Simone de Beauvoir, que como admitirás se deriva más de los asuntos sociales que de la filosofía. De otro modo las masas, a las que no podría cautivar ninguna variedad de contemplación filosófica, no estarían tan encantadas... Deberías cuidarte de todos los 'ismos', y exhortar a Sartre a tomar el 'antídoto Gourmont'

Voici la saison des pommes,
Allons au verger, Simone,
Allons au verger. [2]

...con la esperanza de que el sano retiro de la pareja en el verger permita mayores logros filosóficos que el estar sentados—siempre a disposición de los fotógrafos de prensa—en los cafés de alguna polis, con un halo alrededor de sus cabezas más coloreado que el que vimos rodeando a la luna la noche que zarpamos de Río de Janeiro.

Naturalmente estos halos aparecen cuando la atmósfera está nubosa o vaporosa; o en otro caso por engaño de la vista, como le ocurrió a Descartes cuando estaba sentado como nosotros en un barco y descubrió un halo vívidamente coloreado en torno de la lámpara. Claro que este último pertenecía a una categoría diferente: era una ilusión óptica o un fantasma insustancial, como cuando el mismo Descartes imaginó que podía construir una filosofía enteramente nueva desde los cimientos, como si nadie hubiera filosofado antes que él. Pero en lo referente a las distintas clases de halos, podrás distinguir una de la otra simplemente cubriendo la fuente de luz con tu dedo, tal como Sartre lo hace con essence y Simone con ese individualisme que afirma haber vencido.

René Descartes
1596-1650
Jacob Burckhardt
1818-1897
Arthur Schopenhauer
1788-1860
Friedrich Schelling
1775-1854
Centauro

Pero para volver a tus planes, deberías estar avisado que nuestro Schopenhauer lealmente aconsejó a los jóvenes que no perdieran el tiempo estudiando filosofía en instituciones oficiales, donde la noble disciplina ha sido transformada en historia de la filosofía o bien en ese híbrido que nuestro Burckhardt describió, diciendo

Die Philosophie des Geschichte ist ein Kentaur [3]

Pues, como explica, ni la filosofía es histórica ni la historia es filosófica. Pero los dioses sabrán si la filosofía no podría hacerte feliz, ya que como nuestro Friedrich Schelling admitió

No solamente el poeta sino que también el filósofo experimenta sus éxtasis

...y eso es lo único que importa, Friedrich, lo único que importa...

En todo caso, ya te dediques a la filosofía o a cualquier otra cosa, cuídate de mantener la claridad de tus conceptos. Pues cuando ayer conversábamos a la hora de la cena con esa encantadora chica chilena, pude notar que confundías las edades de piedra, bronce y hierro de los historiadores con las Cuatro Edades del Hombre, ya fuera porque te distraía el alto nivel de su minifalda, o porque no percibes que la similaridad entre ambos juegos de edades es, como dicen en las películas, 'pura coincidencia'... Y cuando termines con tu risita te explicaré de qué se trata...

«Cual la generación de las hojas, así la de los hombres.» [Homero, Ilíada 6.146]

Brigeco
02/09/2009, 20:48
Delineamiento de las Cuatro Edades

Como ya sabes, a las Cuatro Edades del Hombre se las llama poéticamente de Oro, de Plata, de Bronce y de Hierro. Están vinculadas a las rizómata (o raíces) que Empédocles presentó como fundamento de su descripción del mundo. Pero para el propósito que ahora nos atañe, estos nombres se refieren al principio que gobierna la periodicidad mediante la típica estructura cuádruple que exhiben todos los ciclos. Las diferentes edades reflejan a su vez las alternaciones de otro principio cuya descripción omitiré para que no nos alejemos demasiado de nuestro tema.

Esto no fatigará tu materia gris, pues las cuatro edades son las mismas que las fases del Nacimiento, Crecimiento, Maduración y Declinación. Tanto el individuo como la sociedad—con tal que no perezcan prematuramente—deben pasar por esas cuatro fases. Así pues, al meditar en un individuo, puedes referirte a ellas ya sea utilizando los nombres de los metales, o bien prosaicamente: Infancia, Juventud, Madurez y Vejez. De similar manera, al contemplarse la sociedad pueden usarse las denominaciones poéticas, o bien otras que, por razones de conveniencia, llamaré Mítica (Oro), Arcaica (Plata), Clásica (Bronce), e Imperial (Hierro). Esta tétrada se repite muchas veces (aunque no ad infinitum) en escalas más pequeñas o más grandes. ¡Ten en cuenta las escalas!, porque cuando Calderón en su Ni siempre lo peor es cierto nos dice

Que éstas son las cuatro edades
de cualquier amor; pues vemos
que en brazo del desdén nace,
crece en poder del deseo,
vive en casa del favor,
y muere en la de los celos.

...se está refiriendo a las cuatro edades del Enamoramiento, y no al ciclo completo del matrimonio. Y no deduzcas del hecho que tanto el hombre como la sociedad estén sujetos a leyes cíclicas, que la última sea un organismo biológico, como algunos se han apresurado a concluir.

Pedro Calderón de la Barca
1600-1681

En este contexto acostumbra a mencionarse que también Pitágoras conocía la sagrada tétrada y contaba hasta cuatro, creyendo que ni la estabilidad ni el retorno a la unidad podían alcanzarse a menos que se entrara en el cuarto grado de la progresión. Se afirma que del número Cuatro—llamado 'perenne fuente de la naturaleza' por su escuela—fluyen todas las cosas, recorriendo los 9 intervalos sagrados de su Tetractis, una figura que obtuvo alineando diez huesos de jarretes o guijarros en cuatro hileras, con un guijarro en la primera y cuatro en la última. A la figura resultante se le llama 'T4' o 'Triángulo 4', aludiendo a la cantidad de hileras, y como he dicho, la cantidad de guijarros de T4 es 10. Puedes hallar el valor de 'T5' o de cualquier otro triángulo usando la fórmula: Tn = n(n + 1)/2.


O
O O
O O O
O O O O


Tetractis


Tetractis 'Mondrian'
Ahora bien, quienes intentan explicar al espíritu a través de su múltiple externalización suelen invariablemente verse sumergidos en la misma diversidad que deseaban superar, la que se presenta como un mar de conceptos desarticulados en cuyo fondo descansa un número indefinido de guijarros. Éstos son a veces coleccionados y ordenados, no por la imaginación sino a la manera de Mondrian, o sea, en cajas que representan, cada cual por su lado, algunas de sus propiedades supuestamente primarias. Más tarde te demostraré que tales manipulaciones, al igual que muchas formas del conocimiento microscópico, no rinden provecho alguno.

Pero en lo que concierne a los nombres de las edades y de sus subdivisiones, llámalas como te parezca con tal que no pierdas de vista sus cualidades y la escala a que se refieren. Son apenas denominaciones, pasibles de alteración en cuanto encuentres otras que mejor describan tu objeto.

Brigeco
02/09/2009, 20:49
«... me parece cada vez más necesario recordar la naturaleza de todo lo que acontece, como todo comienza en la oscuridad ...» [Friedrich von Schelling 1775-1854, Las edades del mundo]

«In Arkadien geboren sind wir alle ...» [4] [Arthur Schopenhauer 1788-1860]

«¿Comenzaremos por Hestia, según es la costumbre?» [Sócrates. Platón, Cratilo 401b]


La Edad Mítica

La primera época, pues, es la de Oro o Edad Mítica, cuando los dioses mantenían relaciones con los mortales. Este período es conocido por los eruditos como la 'Edad Oscura' debido a la circunstancia de que toda Edad Mítica es necesariamente oscura para la posteridad. A lo que se alude con el término 'Oscura' no es tanto su tonalidad particular como el que nada o muy poco se sabe de ella, al no existir documentación alguna. Puedes llamar a esta era 'el comienzo', sólo que tal comienzo ocurre en el hogar de Hestia: el lugar y el momento en que la vida, luego de perecer en sus propias llamas, rejuvenece desde las cenizas. Durante este rejuvenecimiento, todas las formas e ideas aparecen a la vista del hombre entregadas por la divina presencia, que también determina su cantidad, medida y límite. Es ahora que el hombre obtiene su conocimiento del mundo—no mediante el razonamiento discursivo sino a través de la visión mental o la comprensión inmediata—, y percibe también que la presencia divina, además de mantener todos los seres y cosas estrechamente entrelazados, condiciona todo lo que hace.

Aquí podrías preguntar: «¿Por qué los dioses habrían de acercarse al hombre y ocuparse de él?». Pero como esta pregunta, siendo vasta, nos alejaría de nuestro tema, conformémonos de manera provisoria con lo que Friedrich Hölderlin dijo en su Der Archipelagus:

... es ruhn die Himmlischen gern am fühlenden Herzen ... [5]

El prístino ardor de la divina presencia, junto con su belleza y significación, provoca un estado de maravillamiento tal que no deja ocasión para escribir un diario. Esta es una de las razones por las que no se han preservado documentos de esta época; otra es que la creación y la destrucción, como la vida y la muerte, no se mantienen en despachos separados como en las épocas subsiguientes sino que avanzan juntas frenéticamente, siendo inseparables o aún idénticas. De esta manera, todo lo que se forma es muy pronto destruido o metamorfoseado. El ritmo de transformación que en épocas posteriores se vuelve lento, es ahora vertiginoso; por eso el hombre antiguo, viviendo en un mundo encantado o embrujado, aprende a amar la tranquilidad, mientras que el hombre de eras posteriores, habitando un mundo desencantado y estático, intenta cambiar todas las cosas con tanta frecuencia como le es posible.

Poseido por la divina presencia, el hombre aprehende la belleza y la significación, adquiriendo el arte en sus formas originarias, o sea: el Habla, la Música y el Gesto. Estas extraordinarias adquisiciones lo sumergen en un estado de tremenda excitación, y como a menudo cae en éxtasis, el mundo también se embriaga. Pues los dos aún no están divorciados. En consecuencia, se desenvuelve un pandemonio que al revelar las alturas y profundidades del mundo, lanza al hombre del sublime embelesamiento al terror indecible. Y la naturaleza, viéndose de pronto liberada, grita todo su poder y precipita todas las cosas en la turbulencia:

Se abren abismos; piedras y ríos cobran vida; un hombre se vuelve ave; una mujer árbol; el agua se transforma en leche; la sangre en vino... ¡Completa tú la lista! Porque en esta edad, al prevalecer la mente sobre lo exterior, cualquier cosa que se conciba se vuelve real. Incluso el tiempo y el espacio se comportan como si no fueran sino un sueño. Sin embargo, en el transcurso de épocas posteriores ocurre lo opuesto: el mundo exterior dirige y la mente obedece; y como ésta parece un sueño comparada con aquel, el hombre recurre a la lógica y a la causalidad para hacerle frente al mundo. Pero durante la primera edad, cuando la naturaleza se recrea a sí misma por paradoja, ni lógica ni causalidad tienen validez porque todos los fenómenos son principalmente interiores, y no exteriores.

Las artes figurativas, que requieren un mundo y una mente sobrios, tampoco existen todavía, o acaso deberíamos decir que sus únicos productos disponibles los constituyen la naturaleza y el hombre. Por estas razones, la Edad Mítica es la de la Inspiración y la de la Penetración Intuitiva o—si es que prefieres pensar que todo ocurre en la mente (lo cual no hace diferencia)—la de la Imaginación. Pero cualquiera que sea, no encontrarás ni premeditación, ni análisis, ni motivos ulteriores; pues esta es la edad que disfruta la sabiduría de la Inocencia, a la que Friedrich Hölderlin cantó:

Heilige Unschuld, du der Menschen und der
Götter liebste vertrauteste! du magst im
Hauße oder draußen ihnen zu Füßen Sizen, del Alten,
Immerzufriedner Weisheit voll; [6]

En todo caso, el hombre, estando únicamente confrontado con el alma—ya sea la del mundo o la suya propia—, debe regocijarse con las formas puras de la belleza y la significación que la divina presencia revela a través de la libertad desembridada y el sagrado absurdo.

Friedrich Hölderlin
1770-1843

En la Edad de Oro, el hombre no está divorciado del conocimiento como en edades posteriores, sino que ambos están unidos. Su visión es su conocimiento, y a través de ella experimenta toda la diversidad de los procesos nacidos de la alta simplicidad de la divina presencia. Durante las épocas tardías, sin embargo, el hombre y el conocimiento son desgarrados; una experiencia desoladora de la que se deriva la creciente necesidad que siente de buscar el conocimiento perdido e investigar el mundo exterior. Pero comparado con el conocimiento del hombre mítico, el de las épocas tardías está hecho de retazos, produciéndose artificialmente por fragmentación y gradación. Más aún, en el proceso de obtener tal conocimiento, el hombre pierde la habilidad de concentrar sus poderes para sí, y en la medida en que los disipa en miríadas de detalles exteriores, la importancia de estos se acrecienta, provocando una disipación todavía mayor. Pero cual la imagen del mundo, así también es la mente del hombre, siendo la una espejo de la otra. En consecuencia, cuando una de ellas aparece pulverizada, puedes estar seguro que la otra lo estará también.

Ahora bien, aunque la Edad Mítica no es esencialmente intemporal, aparece como tal. Porque de la misma manera que el hombre no separa de manera rígida la creación de la destrucción, tampoco distingue los segmentos de tiempo que de a poco se identifican como 'presente', 'pasado' y 'futuro'. De forma análoga, no divorcia lo divino de lo humano, ni al humano de la bestia, ni a la bestia de la planta, ni a la planta de la piedra. Todos ellos son igualmente sagrados, dado que las metamorfosis a que ha asistido unifican el mundo en su mente y en su corazón. En esta edad no existe el pasado, y por tanto ni orgullo ni culpa; tampoco hay futuro, y por tanto ni esperanza ni ansiedad.

Tal es la realidad del hombre mítico. Claro que no necesita ni filosofía ni religión para percibir que los dioses han creado el mundo o para darse cuenta que él mismo es mortal. Por consiguiente, no sólo palpita con deleite mientras vive sino que además aguza las orejas, porque como el poeta arcaico Homero lo expresó.

Brigeco
02/09/2009, 20:54
El hombre que escucha a los dioses es escuchado por ellos

El hombre mítico no es religioso, pues la religión es un recurso de épocas tardías concebido para invocar la presencia divina que ha sido perdida, o mejor dicho convertida en divina ausencia. Por ello no hay ni mitos ni religión en esta edad: el hombre vive en presencia de los dioses y conoce el sentido de la vida. Es tarea de la subsiguiente Edad Arcaica, resumir esa experiencia en los relatos llamados 'mitos'. Estos constituyen el recuerdo de la divina presencia: la Edad Arcaica evoca (aunque no retrospectiva sino creativamente). Luego, cuando la memoria se va desvaneciendo, la creencia religiosa y el culto crecen en importancia, y la Edad Clásica invoca. Finalmente, cuando el olvido prevalece y todas las cosas son negadas, la Edad Imperial revoca.

Homero

«¿Cuáles son las fechas de la Edad Mítica?», podrías preguntar. Bien... en Grecia, la historia tendría que fecharla más allá del año 1100 A.C. Pero desde el punto de vista de la cronología histórica, la Edad Mítica es como una 'singularidad' que carece tanto de tiempo como de espacio y que es, por tanto, irrecuperable. Para los hombres de las edades siguientes, viene y se va demasiado rápido, pareciéndose a un vacío. La posteridad no puede tocar de manera directa a la Edad Mítica, sino que debe adivinarla a partir de los residuos dejados por la Arcaica y en menor medida por la Clásica. La Edad Mítica no deja pruebas físicas tras de sí porque, como he dicho, es una edad primordialmente espiritual. En tales tiempos el peso de la vida práctica es reducido al mínimo mediante la Simplicidad y la Confianza, con las que el hombre, venciendo el miedo, vive en la abundancia y la libertad. Al dejar la materia en paz, nunca carece de bienes materiales y posee una gran cantidad de tiempo a su disposición. Estas condiciones no pueden ser entendidas o aún concebidas, una vez que esta edad llegó a su fin.

«...pero tienen diferentes funciones y cada cual su propio carácter y se turnan en el poder a medida que el tiempo gira.» [Empédocles, Física B17]

«La vida de los griegos brilla solamente cuando el rayo del mito la ilumina; de lo contrario es sombría.» [Friedrich Nietzsche, Humano, demasiado humano, 261]

La Edad Arcaica

Durante la Edad Mítica, pues, el hombre vive con los dioses, quienes suministran el impulso animador, la chispa, la fuerza espiritual que lo reaprovisiona. Hacia el fin de esta edad, sin embargo, las divinidades se van, y su partida representa para el hombre una experiencia enormemente traumática. Siente que sin los dioses el mundo es frío y hostil, y que la vida no vale la pena de ser vivida. Perecería si pudiera, pero al no existir el perecimiento, que es un sueño vano, no puede. Por consiguiente, o vive como aprendió por vía del ejemplo y la experiencia, o entonces vive en medio del insondable Caos, pero de cualquier forma que sea, ¡debe vivir!

Al Caos lo descarta pronto, pues ha aprendido a vivir. Pero al estar solo debe reconciliarse con la existencia; y por estar indefenso, debe represar por sí mismo la turbulencia y el maravillamiento de la edad precedente. De aquí que proteja el maravillamiento derivado de la presencia divina—la Edad de Oro—, evocándolo por medio de los relatos conocidos como 'mitos'. De aquí que, al marcharse los dioses, deba entender con su intelecto y ver con sus ojos la misma belleza y significación que antes percibía con su alma.

Es así como aparecen la lógica y la simetría, tanto en hexámetros como en jarrones. Y como ahora los dioses han construido su morada en la remota comarca de la imaginación, el hombre debe enfatizar los principios racionales de la armonía y la proporción, que son la luminosa síntesis de partes claramente definidas cuya solidez y elegancia evocan sin cesar las cualidades dinámicas que la divina presencia suministró durante la Edad Mítica. Ahora bien, el alma del hombre recibe su sustento de los dioses, y cuando estos se retiran, la vitalidad de aquel disminuye, no pudiendo encontrar ya satisfacción solamente en su alma o en artes inmateriales, tales como la música, el habla o el gesto. Para compensar el vacío originado por la partida de los dioses, el hombre recurre entonces a sus sentidos y comienza a representar en objetos exteriores la belleza y la significación que antes había vivenciado. Así se desarrollan las artes figurativas y también el arte de leer y escribir, y al hacerlo, la música y el habla decaen.

Los productos de la Edad Arcaica, en tanto que meros reflejos, son pálidos comparados con el original, como los mitos son pálidos comparados con los dioses mismos. Pero son gloriosos si se considera el tamaño de la tarea, que era describir lo indescriptible, pronunciar lo impronunciable, transmitir tanto forma sublime como sustancia inexplicable. Es en un momento tal que la cultura helénica se abre camino a través del cadáver viviente de la civilización micénica (la cual se apegaba tanto al Oro por estar acaso tan sumida en el Hierro). En la actualidad, a esta última también se le llama 'griega', desde el desciframiento del 'Lineal B' hace cosa de diez años, pero a esa civilización la regía un Zeitgeist diferente...

Viendo que el colapso de la civilización micénica sumergió a toda la Hélade en la recesión y el desorden, algunos se preguntan: «¿Cómo pudo una época de pobreza y de población dispersa que sufría además las llamadas 'Invasiones Dóricas', ser capaz de producir los rasgos característicos de lo que se convertiría en uno de los más grandes logros de la humanidad?» Pero otros podrían preguntar: «¿Cuándo se ha visto a una gran aglomeración, a una época dedicada al lujo, producir nada que fuera esencial, excepto acaso las condiciones mismas de su propio colapso?

«Pero a esas criaturas que pertenecen al período del último combate entre la disociación y la unificación ... las vemos vagar en un estado similar al de la borrachera.» [Friedrich von Schelling 1775-1854, Las edades del mundo]

Brigeco
02/09/2009, 20:56
Caos y Revolución

Ahora bien, ya notarás, Friedrich, que los factores mecánicos no pueden proporcionar explicación esencial alguna, y que tales preguntas no pueden ser respondidas a fondo si no se contempla la naturaleza inexplicable del Caos, al cual perciben de manera diferente la edad moribunda y la naciente. En efecto, no hay acuerdo en lo concerniente a la naturaleza del Caos, pero como este asunto podría alejarnos demasiado de nuestro tema, apenas mencionaré que para el hombre micénico típico, el mundo se ha transformado en un vacío sin sentido, y la vida misma en una búsqueda sin propósito visible: la postración reina en su corazón y en su mente. Ha retornado, como dijo nuestro Friedrich (me refiero a Schelling)

... a la posición de no desear nada.

...aunque no por haber satisfecho sus deseos esenciales, sino más bien por haber perdido toda esperanza de satisfacerlos y por hallarse indiferente con respecto a la satisfacción misma. Entretanto, para el hombre de la 'Edad Oscura', el mundo se presenta deslumbrante en su apariencia, pletórico de significado y lleno de fenómenos nuevos. Cuando el hombre micénico dice 'locura', el hombre mítico dice 'los dioses'; lo que el primero soporta como fastidio o aburrimiento, el segundo lo disfruta como libertad.

A primera impresión, esto podría parecer una simple 'revolución', pero el hombre mítico no es un revolucionario y no se opone a ningún poder terrenal, puesto que vive en otro mundo. Pero por eso mismo, es visto por los ojos micénicos como ausente, inaccesible, inmanejable, o indócil. Y notarás que cuando se examinan con detención las causas del colapso de las estructuras imperiales, uno invariablemente se encuentra con esta 'ausencia' causada por el trance, que es diagnosticado por los sobrios del momento como apatía, pereza, desobediencia, irresponsabilidad, indiferencia, juerga, u otras cosas parecidas. La importancia moral de este fenómeno la adivinó Étienne de La Boétie cuando declaró:

Soyez résolus de ne plus servir le Pouvoir et vous voilà libres! Je ne veux pas que vous le poussiez ou l'esbranliez, mais seulement ne le soutenir plus et vous le verrez comme un grand colosse à qui on a dérobé la base, de son poids même fondre en bas et se rompre. [7]

Pero una tal revolución sólo ocurre cuando el ciclo de las cuatro edades se ha cumplido y uno nuevo comienza, y no en virtud de la resolución humana. El hombre político, y en particular el hombre revolucionario, naturalmente desecha ese hecho, por ser presa de la ilusión de que puede controlar el Cambio. Se niega a entender que las revoluciones políticas no son sino los infartos causados por la esclerosis de las edades Clásica e Imperial, en especial por la de esta última. Es cierto que aquellas deben invariablemente ocurrir, puesto que dichas edades son épocas de servidumbre—una circunstancia que causa malestar—, pero ellas son apenas un síntoma, no un remedio.

Las revoluciones políticas (al igual que otras formas de la guerra) proporcionan la ilusión de cambio en un mundo inmutable, el cual, como lo expresa el dicho popular, 'cuanto más cambia más se queda igual', puesto que (entre muchos otros factores) quienes se rebelan no tienen la intención de quebrantar el Poder sino de usurparlo. Pero en el curso del tiempo, estas convulsiones incrementan su fastidiosa frecuencia con tal magnitud que finalmente el Poder estima conveniente proclamarse a sí mismo 'revolucionario' y posar de glorioso Adalid del Cambio—una contradicción que la mentalidad de servidumbre prevaleciente en la última edad no puede detectar.

Pero ni los cambios patrocinados por el Poder ni las revoluciones políticas son capaces de transformar en lo básico a una estructura esclerótica tal. El Cambio pertenece a las dos primeras edades, y sólo entonces posee validez. Con el curso del tiempo, el Cambio se detiene de manera natural, y la sociedad queda atrapada en las formas que su ingenio ha sabido producir. Por esta razón, las dos últimas edades veneran al Cambio y adoran cualquier transformación, mientras que las dos primeras veneran la inmutabilidad, y de la Constancia hacen virtud.

Las revoluciones políticas representan la vana esperanza de salud frente a una enfermedad incurable, la quimera del rejuvenecimiento frente a la Vejez. Para algunos, ellas son las aspirinas de la Edad Clásica y la morfina de la Imperial. Para otros, la joven amante del viejo. Pero ni la amante puede impedir que la vejez siga su curso natural, ni ningún medicamento es cura de la muerte. Aún cuando violentas o resueltas, las revoluciones—siendo síntomas, no remedios—no pueden nunca cambiar el curso del tiempo y de la historia. Pero en la medida que son la manifestación de una dolencia incurable, se multiplican y tornan más frecuentes mientras el mundo se diluye en la vasta extensión de la Edad Imperial—el mausoleo final de la sociedad, la pirámide de su deceso.

Nuevo comienzo

Ahora bien, en el momento de la muerte hay un baño espiritual, y el mundo es creado de nuevo, teniendo muy poco en común con la fenecida edad. Una nueva imaginación nace; un nuevo sueño reemplaza al viejo. Sin embargo algunos querrán todavía descubrir continuidad entre, digamos, la alfarería micénica y la geométrica, pretendiendo ignorar que los productos de arcilla son objetos físicos, incapaces por sí mismos de expresar con plenitud los ideales de sus constructores. De manera similar, otros afirmarán que Homero concibió sus obras maestras desarrollando las tradiciones épicas que encontró entre los huesos del ya mencionado cadáver micénico. Pero si el Götterwelt micénico y el de la Edad Arcaica fuera el mismo, entonces habríamos asistido, no al nacimiento de la cultura helénica sino a un desarrollo ulterior de la micénica. La importancia del Götterwelt es rara vez reconocida por la posteridad; para los hombres de edades tardías, el Götterwelt no es sino una invención arbitraria, excepto para unos pocos, como nuestro Friedrich (me refiero otra vez a Schelling):

Crear una mitología ... es algo que va más allá del poder de realización de cualquier individuo.

Ahora bien, a estos conceptos, Friedrich, se les empuja indefinidamente en todas direcciones porque nosotros, al examinar estos asuntos, no podemos sino contraponer el Conocimiento a la Vida y la Causalidad al Destino. De manera similar, tenemos que aplicar el Análisis a la Imaginación, observar la Naturaleza como si fuera la Historia, considerar al Tiempo como una dimensión del Espacio, manipular la Cronología como si fuera Matemáticas, y adivinar la Forma a partir de la Sustancia. Y como si esto no fuera suficiente, existe todavía otra dificultad que impide el entendimiento mutuo entre períodos distintos, a saber: que cada edad pertenece a un segmento distinto del Tiempo. La Edad Mítica es, como ya lo dije, virtualmente intemporal; por esa razón se parece a la eternidad. Durante esta corta edad se crean y se destruyen los prototipos...

(A propósito: si hubieras podido encontrarte con Américo Spósito en Montevideo, habrías escuchado un par de cosas sobre la importancia de los prototipos. Irónicamente, está en París, como con pena te enteraste... Este pintor admite que el arte depende de la habilidad de encontrar los prototipos, pero argumenta que los egipcios los hallaron, no los griegos... Yo no podría discrepar más, pero de cualquier manera su conversación es fascinante y sus argumentos un desafío... Una lástima que se desencontraran... Ya que lo menciono, ¿por qué no desembarcas en Barcelona en vez de Génova, y tomas el tren a París?)

...pero la Edad Mítica es corta cuando se la ve desde otra edad.

Brigeco
02/09/2009, 21:00
Las Edades y el Tiempo

El Tiempo no transcurre de manera homogénea. Cuando el mundo es joven, cuando no es sino un niño, el tiempo pasa con lentitud, independientemente de lo corto que parezca cuando se le ve desde afuera. Aún el momento más breve es largo por estar cerca del comienzo. El primer día de vida equivale a la totalidad del tiempo vivido. Representa toda la vida, y por esa razón es siempre largo. El segundo día, sin embargo, equivale apenas a la mitad de todo el tiempo vivido. En consecuencia, el tiempo pasa dos veces más rápido durante el segundo día, estando su duración dinámicamente vinculada a la cantidad de experiencia y a su calidad. Tanto éstas como el tiempo mismo se reducen a 1/2 durante el segundo día, a 1/3 en el tercero, a 1/4 en el cuarto, y así sucesivamente mientras se vive. Por consiguiente, la experiencia que puedas obtener, digamos, en tu 30000mo día, es en la práctica insignificante, como lo será la duración de ese día.

En el curso de la Edad Mítica, tiempo corto y largo a la vez, todas las otras eras se ensayan en rápida sucesión, iniciando al hombre en los secretos del destino. Ahora bien, la Edad Arcaica, saliendo de la intemporalidad y sumergiéndose en el presente, desenvuelve los prototipos de la edad precedente sin ningún orgullo sabedor de sus realizaciones. Pero 'Prototipos' o 'Mitos'—como ya lo he dicho—son sólo los términos con los que la Edad Arcaica se refiere a la presencia divina. En este período, el pasado no es todavía experimentado como tal; esa es la razón por la que no hay orgullo. Y el futuro no merece atención alguna.

En el siguiente período—la Edad Clásica—, el egotismo aparece por primera vez, en la medida que el pasado es postulado con orgullo y reverencia a la vez. Con reverencia porque los hombres de esta era entendían que sus antepasados se hallaban más cerca de los dioses que ellos mismos, como lo demostraban sus realizaciones; y con orgullo porque ellos eran los herederos de una raza gloriosa. La imitación de ésta proyecta a la Edad Clásica hacia adelante, y su nueva conciencia del tiempo ('soy, fui y seré') hace que lleve todas las cosas a su culminación. Pero más adelante, cuando la última edad irrumpe, aún otra conciencia del tiempo hace su aparición.

Durante la Edad Imperial, la totalidad del pasado es encajonado como una posesión, como si el verbo 'ser' se conjugara con las formas verbales de 'tener' ('soy más pudiente ahora'). Cuanto mayor duración tiene el pasado, tanto mejor; porque la Edad Imperial es la heredera de todas las épocas anteriores. De esa manera niega el presente. En lo que se refiere al glorioso pasado, cuya heredera, administradora, intérprete y patrona es la Edad Imperial, se descubre con tristeza que está difunto—una verificación aterrorizante... En este momento la admiración se transforma en arrogancia al surgir la pregunta:

«¿Si eran tan geniales, por qué perecieron? ¿Qué podemos hacer para evitar ese mismo destino? 'Destino', ¡una palabra terrible! Una palabra de otra época; pero el destino no es verificable, ¿o sí? Una sociedad no es un organismo, ¿o no? No estamos envejeciendo, ¿o sí?» No se oyen respuestas reconfortantes, puesto que nadie sabe con seguridad... «Pero un 'milagro', o más bien una 'excepción'—una 'excepción histórica' (¡ese es el término!)—podría concebirse, ¿o no?»

Así es como la Edad Imperial vive en el futuro, o más bien lo teme, negando el presente por segunda vez. En consecuencia, esta edad no puede ni comprender a los hombres que en el pasado vivieron en el presente ni tampoco el significado de la intemporalidad, una condición que no se puede verificar, una mera hipótesis, un fenómeno que ocurre en el mejor de los casos en mundos remotos, acaso en otras estrellas. Naturalmente, la Edad Imperial venera las creaciones de las edades anteriores, pero lo hace aguijoneada por la riqueza y el poder que puedan representar: conjuga 'ser' como 'tener'. El espíritu es ahora corpóreo, y su sobriedad no puede comprender cómo los hombres de cualquier edad pudieron estar tan frenéticamente poseídos, como para dedicarse a actividades tan devoradoras de tiempo como son las artes del pasado. Siente gratitud por las riquezas legadas, aún más cuando ella misma, careciendo de presente, no dispone de ningún tiempo, excepto para atender las necesidades de la vida, que reproduce en masse. En efecto, Necesidad es la diosa que gobierna la Edad Imperial, la más rica y sin embargo la más pobre de todas las edades.

Rémy de Gourmont, 1858-1915

«Le citoyen est une variété de l'homme; variété dégénérée ou primitive, il est à l'homme ce que le chat de gouttière est au chat sauvage.» [8] [Rémy de Gourmont 1858-1915, Epilogues]

Friedrich Nietzsche, 1844-1900

«... ni siquiera en sueños podemos ver lo que pueblos antiguos veían estando despiertos.» [Friedrich Nietzsche, Humano, demasiado humano, 236]

Pericles, c. 495-429 BC

«... si nuestros más remotos antepasados merecen elogio, más lo merecen nuestros propios padres, que agregaron a su herencia el imperio que hoy poseemos...» [Pericles en Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso II.36]

Brigeco
02/09/2009, 21:03
La Edad Clásica

La chispa que la Edad Arcaica capturó en una llama, arde con brillo durante la Edad Clásica, que conduce a las artes figurativas a su apogeo. Para realizarlo procede con perfecta continuidad, aprovechando todos los impulsos que, originándose en la Edad Mítica, le llegan fluyendo suavemente a través de la Arcaica.

Esta última ya había añadido Razón a la Inspiración, lo cual fue requerido por el tipo de proceso creativo que la ocupaba. Pero cuando la Razón avanza, la Inspiración retrocede, y al alcanzar ciertos niveles, ya no nos encontramos en la Edad Arcaica, que mantenía la proporción entre ambas, sino en la Clásica, durante la que la Razón acrecienta su fuerza en la misma proporción con que la Inspiración disminuye. Es ahora que, en la medida en que el ansia de Conocimiento (y en particular de conocimiento aplicado) aumenta, la Disolución comienza... Como he dicho, la Inspiración es mítica, la Creación arcaica, y la Culminación clásica. La completa Disolución es el lote de la Edad Imperial, aunque efectivamente se origina en la Edad Clásica, transformando a esta última época en la más suicida de las cuatro, pues es ahora que las realidades de la Posibilidad y las posibilidades de la Realidad se confrontan por primera vez, y no sin Angst.

El hombre de la Edad Clásica es capaz de consumar las realizaciones de la era precedente porque la altamente iluminada Edad Arcaica lo ha instruido en los secretos de la forma, pero una vez que se han agotado todas las posibilidades heredadas, no sabe más qué hacer. Una razón de este abatimiento estriba en que es un hombre educado: ya sabe más de lo que puede abarcar. Otra consiste en que ya no consigue recordar: siente que va en camino del olvido, hallándose ya demasiado alejado de la primera edad, que es la fuente de todas las cosas. En consecuencia, los dioses que otrora fueron se convierten cada vez más en el símbolo de lo que no es, dado que ya no escuchan las invocaciones y plegarias, y han cesado de manifestarse.

Como resultado, una terrible duda lo asalta. Pero ya no puede interrogar al pasado, cuyas fuentes están agotadas o consumadas. Percibe que es más rico y más poderoso que sus antepasados, y por ello se enorgullece. Pero en la medida que percibe que su horizonte se cierra, comienza a suspirar no sin nostalgia: «¡Feliz la Edad Arcaica que tuvo una Edad Clásica por su futuro! Pues nuestra edad sería sin dudas perfecta, si sólo pudiera dar a luz a un maravilloso porvenir, digno de nosotros mismos.»

El hombre clásico vive todavía en el presente, pero no tanto como el arcaico. Conoce ahora el pasado y presiente el futuro. Por consiguiente, mientras una sensación de pérdida se le cuela por detrás, la esperanza y la ansiedad lo embisten en ataque frontal. Para calmar estos fastidiosos aunque justificados sentimientos, intenta embridar el mundo recurriendo a la política y la economía, las cuales dan a la Confianza el beso de la muerte.

Como recordarás, Friedrich, la Confianza es característica de la Edad Mítica; pues ninguna otra cosa podría haber hecho frente a la turbulencia ocasionada por la divina presencia. Durante la Edad Arcaica, sin embargo, la confianza es de a poco reemplazada por la confianza en sí mismo, la cual se precisó para fijar los mitos, explicar el mundo y reflejar la magnífica experiencia en obras de arte excelentes. El hombre de la Edad Arcaica, para quien sólo la Excelencia cuenta, es un poeta, un artista y un filósofo, estando todavía bajo el influjo de las convulsiones de la era anterior. Su mente aún recuerda las épocas cuando los dioses se trataban con los mortales. Pero cuando la Memoria, que pertenece a las primeras edades, se desvanece, la Opinión, que aparece en la Edad Clásica, la reemplaza. Apoyada en la Opinión, la polis se desarrolla, transformando al hombre en ese 'animal político' tan proclive a desafiar, no sólo la paciencia de dioses y humanos, sino incluso la misma razón (ya que puedes decir que la Opinión se aleja tanto de la Razón como esta última de la Inspiración; y cuando esta opinión es además 'pública', puedes decir que te aproximas al fin de la era del pensamiento discursivo).

Antes del advenimiento de la polis—en el curso de la era Mítica y en el temprano Arcaico—, el hombre vivía en los campos, en los bosques, en las montañas y en las cuevas. Pues bien, este reino natural representa una libertad prácticamente ilimitada. Es un mundo acaso riesgoso, pero no más mortífero que el mundo de la polis o del imperio. En todo caso, la vida rural le permite al hombre ejercer su libertad en un grado insuperable, y es esta misma la que lo habilita para encontrarse con los dioses, o al menos para sentir la divina presencia. En consecuencia, los mitos sobreviven mientras la vida rural prevalece. Pero hacia el final de la Edad Arcaica, los aldeanos deben someterse a las leyes de los hombres y a 'deidades' tales como la Opinión, la Política, y la Economía, luego de ser confiscados y obligados por la centralización a unirse a la polis.

Ahora bien, los amantes de la productividad material, los inventos y las proezas técnicas, dejándose guiar por el desempeño exterior de las cosas, acostumbran a detestar a la Naturaleza tal como es, estando convencidos de que se la debe mejorar, cuanto más mejor. Sin embargo, es precisamente de esta manera que la libertad humana es abolida paso a paso, como si la naturaleza se vengara atando al hombre a sí mismo y a sus artefactos. Por consiguiente, aquel que otrora viviera libre en los campos, es ahora un esclavo virtual o real (o en el mejor de los casos un ciudadano lleno de obligaciones, lo cual es prácticamente lo mismo) que habita una prisión artificial de su propio diseño. Y como en un mundo tal, los dioses ya no pueden percibirse, las artes figurativas, desarrolladas ahora por las nuevas técnicas de la polis, construyen magníficas imágenes con la esperanza de reconciliarlo con su nueva condición. Y para ayudarlo a sentir en relación a la estatua lo mismo que otrora sentía al percibir la deidad, aparecen la veneración, el culto y la religión institucionalizada, que le enseñan apenas un reflejo de lo que antes sabía por sí mismo o mediante los mitos.

Aún más, es cuando las artes figurativas llegan a su apogeo durante el período Clásico, que su palpabilidad se desplaza con presteza de las incumbencias ideales a las materiales, tales como la riqueza, la salud, la fama, la competencia física y particularmente el comercio. Y mediante este último, la miseria se incrementa (puesto que cuando las riquezas crecen, también aumenta la pobreza en el mismo grado), y con ella la fatiga y también la enfermedad. Y mientras la simplicidad y la moderación —los verdaderos amigos de la salud y la abundancia—disminuyen en beneficio del conocimiento aplicado y de un mundo más complejo, la guerra y otras formas de violencia se tornan más frecuentes.

De esta manera, la Edad Clásica lleva a cabo la transición de la Cultura a la Civilización. Ella es la primera que intenta encabestrar el mundo exterior (así como la Arcaica había encabestrado la turbulencia del alma). Temiendo a la libertad, la cercena; porque el objetivo de la Edad Clásica es impedir que el mundo se torne desenfrenado y peligroso, es preservarlo, organizarlo y educarlo, y naturalmente dejarlo crecer también, porque el tamaño es crucial en todo aquello que es exterior. Aún así, la polis representa todavía un mundo de libertad y belleza, comparado con la desproporcionada 'Jaula de Oro' que concibe la Edad Imperial.

Violeta Parra, 1917-1967

Lo que puede el sentimiento
no lo ha podido el saber
ni el más claro proceder
ni el más ancho pensamiento [Violeta Parra, 'Volver a los diecisiete']

Friedrich Nietzsche, 1844-1900

Es cierto que todavía vivimos la juventud de la ciencia y tendemos a perseguir a la verdad como si se tratara de una mujer bonita; ¿pero qué ocurrirá el día en que se transforme en una vieja ceñuda? [Friedrich Nietzsche, Humano, demasiado humano, 257 (1878)]

Homero Expósito, 1918-1987

En la vida no es cuestión de saber mucho sino de olvidarse poco [Homero Expósito]

Brigeco
02/09/2009, 21:05
El Nene

El Conocimiento (pues también debemos contemplar esta 'maravilla') es la criatura predilecta de la Edad Clásica y el amo de la Imperial, como explicaré.

Sucedió que cuando esta criatura todavía estaba en su cuna, era un bebé delicioso con ojos brillantes de curiosidad. «¿No es adorable?», preguntaban todos. Claro que lo era, puesto que mirando a la criatura, se le ocurrían a todos ideas hermosísimas. O sea que cuando la delicia se hizo conocida, llegaron multitudes a ver al bebé y a cuidarlo, y todos se quedaban felicísimos con los pensamientos que les habían transmitido los ojos del nene. Al comienzo, las niñeras lo alimentaban cuando precisaba comer y lo ponían a dormir cuando necesitaba descansar. ¡Una cosa natural de hacer! Y ello es precisamente lo que las niñeras de las épocas 'naturales' (las edades Mítica y Arcaica) hicieron. Pero cuando el mundo natural fue cercenado por la Edad Clásica, nuevas niñeras con ideas originales acerca de la crianza aparecieron a mejorar el crecimiento del nene, de manera que una mayor cantidad de ideas, y también más prácticas, pudiera obtenerse con el solo mirarle a los ojos. Ahora bien, dichas niñeras habían perdido toda noción acerca de lo 'natural', y en consecuencia comenzaron a alimentar al nene a todas horas y a mantenerlo despierto desde el alba hasta el anochecer y desde el anochecer hasta el alba, de manera de posibilitar que todos pudieran observar los espléndidos ojos en cualquier momento y depués irse a casa y hacer algo útil con las ideas que habían recibido. De esta forma prolongaron la hora de maravillamiento, posibilitando que se realizaran cosas útiles e inútiles, pero la adorable criatura, siendo así maltratada, se volvió demente; y sus ojos, en lugar de brillar con curiosidad, empezaron a parecerse a los de una bestia que se apresta a devorar a sus atormentadores.

Nadie nota nada, porque las metamorfosis de las épocas tardías no se producen súbitamente como las de épocas tempranas sino gradualmente. Así un día, salta una criatura de la cuna—ya no un nene sino más bien un delincuente juvenil—empuñando terribles instrumentos en sus manos y amenazando con ellos la carne de todos y cada uno. Todavía tiene algo de nene, es decir, ojos seductores y maneras caprichosas, pero nada es capaz de aterrorizar más a ciudades enteras que sus juguetes.

Ni siquiera Pan causa tanto pánico; porque el miedo tiene poco poder sin una conciencia culpable, como lo sabía Dante:

Tanto vogl'io che vi sia manifesto,
pur che mia coscïenza non mi garra,
che alla Fortuna, come vuol, son presto. [9]

Pero el terror ocasionado por los hábitos insomnes del nene es culpable; porque proviene del ansia indebida de aquellos que lo despojaron del sueño, y de la complicidad de las niñeras.

Dante Alighieri
1265-1321

En todo caso, éstas se han marchado, y sabios pedagogos han tomado el relevo. Están persuadidos de que el nene mostrará sus mejores facetas si se le ofrece el mundo entero como patio de recreo; «pues se aprende asumiendo responsabilidad», razonan. «Vamos, toma ese martillo y ve a reparar la ventana que has destrozado», sus pedagogos le dicen. Así lo hace; sólo que, antes de reparar la ventana, baja a uno de un martillazo. «Pero reparó la ventana, como se le ordenó», los pedagogos observan mientras le aumentan el subsidio. Pues se supone que el nene es 'mono'; y si todavía se parece a un atracador, puede que se deba a que la idea de 'mono' no se ha puesto todavía a la altura del genio del nene.

De esta manera el nene llega a imaginarse que cualquier cosa es posible. En consecuencia, se hace adicto a la violencia y no vacila en atacar a los mismos cuatro elementos, destruyendo la superficie de la tierra, arrojando mugre por los aires, envenenando el agua, y usando el fuego para todo tipo de propósito, incluyendo la tortura de la carne. Y en su tiempo libre, viola la inocencia, alimenta a la arrogancia, arruina la belleza, diseca cuerpos, corrompe almas, inventa artefactos temibles, pronuncia todo tipo de verdad y todo tipo de falsedad, y se presta a cualquier clase de barbarie que pueda concebirse.

Esto puede parecer filosófico pero no lo es; no hay ninguna filosofía en la pedagogía adulona. La pedagogía natural proviene del amor, y es por eso que la pedagogía afectada debe parecerse a lo que puede ser confundido con el amor, por ejemplo, consentir al nene. Pero ese servilismo está principalmente enraizado en la ciega esperanza de que él, aunque destruya toda la superficie de la tierra, podrá transformar cualquier cosa en oro, un 'complejo de Midas' que se fortalece con el pasar del tiempo.

Augusto, 63 A.C. - 14 D.C.
«Puesto que he representado bien mi parte, palmeen las manos
Y despídanme del escenario con un aplauso.» [Augusto, en Suetonio, Vidas de los Césares, II, 99]

Brigeco
02/09/2009, 21:07
La Edad Imperial

...Como decía antes, la llama encendida en la Edad Arcaica y alimentada en la Clásica, comienza a extinguirse, volviéndose humo y cenizas en la Edad Imperial. Por tanto, podrías describir la Historia como la transición de la chispa a las cenizas, de la animación al esqueleto. Podrías también decir del alma al cuerpo, dado que la Edad Imperial es la expresión corporal que resulta de aquella chispa generativa de antaño, pero se trata más bien de su propia imagen, como si tú—un joven—te miraras en el espejo y vieras a un anciano clavándote la vista. Porque mientras la Edad Mítica es la de la Infancia, la Arcaica la de la Juventud, y la Clásica la de la Madurez, la de la Imperial es la de la Ancianidad. Y estando decrépita, la Edad Imperial admira a la Juventud, puesto que eso es lo que a ella le falta, mientras que durante las primeras edades, cuando el mundo era joven, la Ancianidad se veneraba, pues eso faltaba.

La Imperial es la primera edad que, no siendo capaz de añadir nada nuevo, agrega más de todas las cosas. Sufre de una insaciable sed de novedades en todos los aspectos de la vida, pero como nada nuevo puede ser introducido, puesto que todas las cualidades ya han sido desarrolladas, completadas y agotadas durante las eras previas, la Edad Imperial se concentra en la esfera de la Cantidad.

El Infinito se inventa en esta época, y a imitación de su naturaleza ilimitada, todas las cosas, o bien se dividen (para lograr una mayor cantidad), o bien se aumentan (para obtener cosas más grandes). Todas las cosas tienden a traducirse a números, aún cuando no representen cantidades: por ejemplo, la vitalidad se transforma en longevidad, o la grandeza en inmensidad. Pero en general puedes decir que se trata de incrementar ya sea el tamaño o la cantidad: lo pequeño se vuelve grande, lo grande colosal, lo poco mucho, y lo mucho infinito. En consecuencia, el hombre adopta el contar y el medir como sus pasatiempos más interesantes, y aprende a ver el mundo a través de cifras.

Las grandes bibliotecas aparecen en esta edad, y se ve a una enorme cantidad de volúmenes llenando sus estantes. Pues ahora el Conocimiento es aún más exterior que en la época precedente, y el hombre ya no sabe ninguna cosa a menos que la encuentre escrita en sus volúmenes. Y en estos confía como si fueran verdades vivientes. También los ejércitos crecen y se hacen más poderosos, puesto que las riquezas a proteger son ahora inmensas. Y éstas ya no se acumulan para gastarlas, sino para aumentarlas, contarlas y compararlas. Al final hay enormes cantidades de todo, incluso de miseria, ya que no pocos disfrutan, como dice la canción de Gershwin, «mucho 'e na'». Y si estas cantidades representan vicios o virtudes, tampoco se sabe, dado que ya no es relevante ni posible distinguir entre ellos.

En este mundo cuantitativo, el hombre comienza a perder las cualidades únicas de su individualidad. Quien una vez fuera aldeano y luego ciudadano, no es ahora sino una testa insignificante en una uniforme masa hechizada por el pseudomito de la 'Igualdad'. Es irrelevante si esta masa está formada por hombres a quienes la jurisprudencia llama 'libres' o 'esclavos', dado que han perdido su 'tiempo' y con él su vida y libertad.

Quien no dispone para sí mismo de los dos tercios de su jornada, es un esclavo, cualquiera sea su profesión: estadista, hombre de negocios, oficial o profesor.

Eso es lo que nuestro Friedrich (es decir, Nietzsche) pensaba sobre este asunto... El poder centralizado que los esclaviza, y que ellos mismos han construido, aniquila la diversidad en nombre de esa misma igualdad y los obliga a todos a actuar de acuerdo a un modelo preestablecido hasta en los más mínimos detalles (como cuando Tiberio prohibió el besarse por razones tanto higiénicas como morales). Y tampoco importa si los devotos de este pseudomito se llaman a sí mismos cristianos, demócratas, populares, socialistas o con otras denominaciones. Pues lo que es común a todos ellos, es el delirio utópico que transfiere, por alucinación senil, la Edad de Oro al futuro.

La igualdad es también un pseudomito en el sentido de que no puede ser implementada. Quien ocupa el poder continúa siendo más poderoso y acaudalado que el resto, aunque también se adhiera a dicha religio laici. Pero sólo cantidades lo separan de sus contemporáneos, no cualidades. Y como él mismo no reconoce valores ideales ni se rige por ellos, pierde pronto los atributos espirituales que, elevándolo moralmente, podrían haber justificado el poder y la riqueza que disfruta. Pero al carecer éstas de una justificación distinta de ellas mismas, se vuelve dependiente de la simpatía y benevolencia de su entorno. En consecuencia, adula a las masas, imitando tanto sus hábitos como maneras, con la esperanza de que ellas, al verlo como a un 'igual', puedan soportar mejor su poder y riqueza.

Las masas, por su parte, se componen de individuos que se diferencian cada vez menos unos de otros, a medida que pasa el tiempo. Pero cuando el hombre pierde sus cualidades individuales únicas, siendo considerado como un número o como una entidad anónima, reacciona transformándose en un 'individualista', es decir, en alguien cuyo mundo empieza y termina consigo mismo. Siente que no puede ejercer influencia, y por tanto tampoco acepta la influencia de ninguno de sus 'iguales'. En consecuencia, tanto uno como otros se ven confinados dentro de sus respectivas soledades. Todos alaban la igualdad, sin lugar a dudas, pero nadie es sincero en su encomio; pues lo que cada uno más desea para sí, es vencer el anonimato y elevarse por encima de sus 'iguales' por medio de la identidad que la fama, la riqueza o el poder pudieran conferir.

Así es como el pseudomito de la igualdad desemboca en desenfrenado individualismo, erosionando la cohesión social con la rivalidad práctica y moral. ¡Y yo mismo estaría actuando como un individualista, si pretendiera que revelo algo nuevo, ya fuera en este asunto o en cualquier otro! Como he dicho, la época de las novedades ya pasó hace mucho tiempo. O como nuestro Johann Heinrich Voß lo expresara:

Dein redseliges Buch lehrt mancherlei Neues und Wahres,
Wäre das Wahre nur neu, wäre das Neue nur wahr! [10]

Johann Heinrich Voß
1751-1826

Ya Florus declaró:

Si consideramos al pueblo romano como un hombre, y reflexionamos sobre todo el curso de su vida ... encontraremos que ha pasado por cuatro fases...

...y luego de describir su infancia, su juventud y su madurez, concluyó:

Desde Augusto hasta la época actual han pasado casi doscientos años, durante los que la holgazanería de los emperadores ha marchitado al imperio llevándolo a su vejez.[1.1.]

La Edad Imperial mira al mundo de manera horizontal, transformándolo en una extensión llana, cuyos puntos son intercambiables o indiferentes. Lo más alto que el hombre imperial conoce son sus propios edificios o, si es que se las arregla para pensar en términos 'abstractos', el princeps y el senado. Esto es lo más alto que puede volar. Y el princeps y el senado, habiendo también perdido su libertad e inspiración, no pueden hallar aprobación mirando hacia arriba, al mundo de los valores ideales, sino que deben buscarla mirando hacia abajo. Pues tal mundo ya no existe para ellos.

Entretanto las masas, habiendo perdido el mito del aldeano, la filosofía del ciudadano y todo resto de libertad e independencia, deben someterse a la economía, la política y el dogma, los cuales, simplificando todas las ideas, simulan la perdida Edad Mítica de la infancia de la humanidad, sumergiéndolas en el infantilismo. Y estos 'infantes' exigen, cuando no están cumpliendo sus deberes de esclavos, que su vacuidad sea entretenida por la futilidad del anfiteatro romano. Pues tales deberes les agota el entendimiento a tal punto, que ya no les queda seso para absorber la inteligencia del drama que los ciudadanos atenienses del Siglo V disfrutaban, de la misma manera que a estos ya no les quedaba seso para realizar las celebraciones míticas de la Edad Arcaica temprana.

Podrías representar la manera como el mundo es percibido por las distintas edades con ayuda de un compás. Para el hombre mítico el mundo se presenta como una línea vertical, formada por los brazos juntos del instrumento y cuya articulación representa a los dioses; al abrir un poco el compás, puedes representar la forma como el hombre arcaico veía el mundo; abriéndolo más todavía, puedes ver el panorama del hombre clásico; y por último, cuando aplanas al instrumento abriendo sus brazos completamente, obtienes la manera de ver del hombre imperial. La juntura es ahora un punto como los demás, y la protuberancia que al principio se nota es luego emparejada, a la manera de Procrustes, por la Edad Imperial.

Brigeco
02/09/2009, 21:08
Como cada edad ve al mundo

En este mundo plano, las cualidades no son entendidas porque ellas existen en un mundo vertical. Por consiguiente, el hombre parece abolir las jerarquías y reverenciar la igualdad, pero eso es sólo porque no comprende a ninguna de ellas. Puede que sepa como las cosas funcionan, pero ignora su naturaleza y es abrumado por ellas. Se ocupa del destino de la humanidad toda, pero del de nadie en particular, pues no ve razón en privilegiar a una testa más que a otra, puesto que todas le parecen puntos equivalentes en la vasta extensión. A Horacio le aburrieron enormemente estas planas visiones:

Romano, serás acaso inocente de culpa,
Sin embargo, pagarás por cada crimen ancestral,
Hasta que se restauren nuestros deteriorados templos
Y se limpien las estatuas de humo y mugre. [Odas 3.6]

Tal es el mundo de la Cantidad, devoto de la extensión, pero como observa Plotino en la sexta de sus Enéadas:

... una cosa existe sobre todo no cuando gana en multiplicidad o extensión, sino cuando se apega a su propio ser, esto es, cuando su movimiento es hacia el interior. El deseo de extensión equivale a la ignorancia de lo auténticamente grande... Cuanto mayor es la expansión, mayor es el desorden y la fealdad.

Sin duda notarás que la belleza de las poleis de la época anterior es remplazada durante la Imperial por pestilentes aglomeraciones, pobladas de ciudadanos confiscados y rodeadas de paisajes de hierro que atraviesan los bulevares del negocio desenfrenado, la miseria y la violencia.

Plotino
205-270 D.C.

Así se destruye la unidad, se perturba el orden, y se pierde el 'propio ser' de Plotino. Alguno podría argumentar que cualquier imperio lograría prolongar su vida, si redujera su extensión, limitara su influencia, abandonara responsabilidades, cercenara el gigantismo y promoviera la libertad en su seno, de manera que la diversidad favoreciera el retorno de la creatividad, el amor a la belleza y otras formas de vitalidad. Pero los imperios no tienen libertad de elección sino que están controlados por su propia extensión y peso, que son el ácido láctico de su rigor mortis.

Como he dicho, la Edad Imperial es la heredera de todos los tiempos pasados, y continúa siéndolo hasta que alcanza su propio zenit. Su tarea no es crear sino clasificar, coleccionar, codificar, contar y experimentar con un gran número de combinaciones. Durante cierto tiempo, realiza su tarea con celo, pues esta edad sabe que es la administradora de impulsos culturales vitales. Pero en determinado momento, habiéndose intoxicado con sus números y con la misma extensión de su poder, la Edad Imperial concibe el deseo de ser ella misma por su propio mérito y de dejar de ser la esclava cultural de un pasado remoto. Así, obedeciendo a un ímpetu suicida inaudito, esta última edad renuncia a su herencia y salta en el vacío.

El cable que la unía a sus predecesoras es cortado y su barca sale navegando de noche y en medio de una tormenta por lo que no será sino

un mar de dificultades

...puesto que no se ha designado un capitán, y al diario de a bordo se le ha arrojado a las olas. El gesto tiene apariencia heroica, ya que parece gritar las famosas palabras de Pompeyo

Navigare necesse est, vivere non est necesse [11]

Pompeyo
106-48 A.C.

... y acaso no le falte grandeza. Sin embargo, el móvil de ese gesto viene dictado por su 'individualismo colectivo', por cierta clase de racismo contra el pasado, por la arrogancia del vasto edificio al que apenas habitan los vientos de la vacuidad. Pero siendo incapaz de producir cultura, la Edad Imperial colapsa por falta de nutrición espiritual al escindir el cable, de la misma manera que otros perecen por ausencia de suministros de grano.

Su discurso es histórico, no mítico, y por tanto ecléctico y anémico, como las pretenciosas obras de arte que celebran el nacimiento de las llamadas 'naciones', en las que los dioses del pasado pagano se ven desfilando en un collage junto con el Dios único, su madre, y diligentes deidades tales como 'Agricultura', 'Comercio' y 'Trabajo'. Está lista para el lujoso sarcófago, y las cuatro edades—Chispa, Iluminación, Llama y Cenizas—se consuman.

Pero en todas las épocas, las cosas giran alrededor de la fuerza y la calidad de la Chispa, y también alrededor de cómo se le captura y transforma en permanente Iluminación. Existen varias posibilidades, pero te hablaré de ellas otro día; por ahora es suficiente decir que las dos últimas edades son el reflejo de las dos primeras. Tanto la Mítica como la Arcaica son pasivas en relación a las otras, y la última nombrada es activa en relación a la primera. Pues la creatividad proviene de la pasividad, y no de la actividad febril, que es hija de los quehaceres mecánicos. De manera similar, la Edad Clásica es la amada de la Imperial, y cada edad es la amante de su predecesora. Mientras este amor persiste, el ciclo continúa, cerrándose poco después que aquel cable se cortó.

Fíjate una vez más, que tanto las artes figurativas como la escritura expresan, durante las tres últimas eras, los ideales vividos por la primera edad, limitándose a reproducir lo que la Edad Mítica ha legado. En la primera edad, los dioses hablan y el hombre escucha con su corazón y su mente invadidos a la vez por el terror y la bienaventuranza. En la segunda, el hombre despliega lo aprendido. En la tercera conduce todas las cosas a su culminación, pero perdiendo su memoria y enmarañándose en el conocimiento, se olvida de su origen y de los dioses. En la cuarta, el hombre es el dios del hombre, y el pseudomito alcanza su apogeo en todas las esferas.

El Yapeyú, vapor de línea argentino que en marzo de 1967 salió de Buenos Aires con destino a Génova, vía Montevideo, Santos, Río de Janeiro, Las Palmas, Lisboa, y Barcelona. Ese fue su último viaje, ya que poco después la navegación aérea tomó el relevo de manera permanente. El pasaje costaba alrededor de 120 dólares americanos, pensión incluida por toda la duración del viaje (cerca de 20 días).

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Brigeco
02/09/2009, 21:10
El hombre como obra de arte (I)

¿Cuál es tu impresión de estos países? ¿No dirías que a veces se parecen a la Europa de otros tiempos, antes de que los pseudomitos nacidos del industrialismo la devastaran?... En fin, no sabría decirlo... Pero las cosas han cambiado por aquí también... y Buenos Aires ha visto, sin duda, épocas mejores... 'La Edad del Tango', podrías llamarla, pues la ciudad parecía recibir su fuerza vital de él.

Yo aprendí a bailar el Tango cuando todavía vivía en Berlín, donde por 1928 escuché a la orquesta de Rafael Canaro en el 'Femina' de la calle Nüremberg, en el 'Ambassadeur', y en otros locales. Nuestra pasión era tal, que seguíamos a su orquesta todas partes: a Hamburgo, a Dresden, e incluso a Saarbrücken. Fue una época deliciosa, en particular en el 'Femina'—la Tango-Kathedrale—, en donde habían puesto teléfonos en las mesas para que los clientes pudieran enviarse mensajes... Una costumbre depravadora quizás, pero ni siquiera hoy diría que mandamientos tales como 'Te cortarás tu cabello', o 'Alargarás tu falda', deban ser tomados en serio.

El bailarín es un ser embrujado, dice Friedrich (me refiero a Nietzsche), porque obedece los sonidos sobrenaturales que emanan de las profundidades y alturas sagradas del universo. Pues fíjate que a la música se la siente venir o de abajo o de arriba, pero nunca de los lados. Y Friedrich también afirmó que en la canción y en la danza

Der Mensch ist nicht mehr Künstler, er ist Kunstwerk geworden... [12]

En la actualidad se oye salir de esas radios a transistores una gran cantidad de música mecánica. Pero no hace tantos años, era diferente... Piensa en los comienzos del jazz... O en la música folklórica que el mismo Friedrich llamó

musikalischer Weltspiegel [13]

y

ursprüngliche Melodie [14]

Friedrich Nietzsche
1844-1900

La música folklórica es por cierto de dos tipos—ascendiente o descendiente—, pero espero poder hablarte de esto entre Las Palmas y Lisboa, de manera que olvidemos las altas olas que se forman frente a Gibraltar.

Tango

La Edad Mítica del Tango está, como toda edad mítica, inmersa en la más completa oscuridad. Verás que algunos lo relacionan con la habanera, o trazan sus orígenes más atrás aún, vinculándolo a la contradanza cubana o a la contre danse francesa del Siglo XVI o a la country dance inglesa. Se ha afirmado también que, cuando la habanera volvió a Europa luego de su baño tropical, se la llamó Tango andaluz, y que éste se infiltró después en la Zarzuela española, como lo muestra el 'Tango de la Menegilda' de 1886. Pero todo esto está en la oscuridad, como también lo está el origen mismo de la palabra 'tango'; pues algunos dicen que proviene del zango africano, y otros del tambor que tocaban los esclavos, y otros de los tambos de bambú de Trinidad; y hay quienes hablan de Tánger, o de un negrero y atormentador portugués del Siglo XVII llamado Tangomão. Pero nada de esto es seguro.

Rosendo Mendizábal
1868-1913
Eduardo Arolas
1892-1924
Carlos Gardel
1890?-1935
Aníbal Troilo
1914-1975
Mariano Mores
1922-
Astor Piazzolla
1924-1992

La Edad Arcaica del Tango se inaugura cuando los amos del régimen colonial de Montevideo y Buenos Aires intentaron proscribir, poco antes de su colapso, lo que llamaban 'tangos de negros', y se clausura hacia el final del Siglo XIX con realizaciones tales como 'Don Juan' o 'El Entrerriano' de Rosendo Mendizábal.

Ahora bien, como esas dos ciudades se han enmarañado en el pseudomito conocido con el nombre de La Nation, ha surgido entre ellas una disputa que concierne a la maternidad del Tango. Tales disputas son propias de edades tardías, es decir, que aparecen por primera vez en las épocas Clásica e Imperial. Porque las edades Mítica y Arcaica, ignorando tanto el egotismo como las bendiciones de la posesión, apenas se ocupan de vivir y crear sin pensar jamás en la propiedad o en los 'derechos de autor' o copyright. Estas edades habrían considerado conceptos tales como 'propiedad intelectual' o 'propiedad artística' como grandísimos disparates.

La región del Río de la Plata

Pero dichos conceptos deben ineluctablemente introducirse cuando el arte decae y el comercio incrementa el valor de los bienes exteriores, aficionando el mundo entero a ellos. En estos períodos tardíos, la vida y el arte ya están divorciados, y este último se transforma en una manera más de ganarse la primera, lo cual se hace con distinto talento, pero siempre a través de lo que en la actualidad se conoce como 'profesionalismo', que es una combinación de destreza técnica y habilidad de ganarse la vida, en medio de una sociedad que va en pos de cosas totalmente diferentes, y que a lo sumo tiene ansias de que la entretengan.

No voy a profundizar en detalles, pero cerca de la vuelta del siglo, el Tango entró en su Edad Clásica. La transición es enfatizada por la introducción de un nuevo instrumento: el bandoneón. Estos son los tiempos de 'La Guardia Vieja' y de Eduardo Arolas. Y aunque dicho instrumento no apareció sino tardíamente, se transformó en la voz más característica de este género musical, más o menos como el Partenón ha sido adoptado como la imagen más representativa de la cultura helénica. Pero como tanto el Partenón como el bandoneón representan la culminación exterior de un impulso interior, son, al mismo tiempo, los heraldos de una pérdida inminente. Y podrás notar que poco después, durante los años veinte, 'La Guardia Nueva', que es del Clásico tardío, ya miraba con admiración—más o menos como Pisístrato miraba a Homero—a los muchachos de antes, y cantaba en el primer año de la década siguiente:

Se fue el arrabal con toda su ley ...
Su historia es tal vez la cruz del puñal ...
Se fue el arrabal que hablaba de amor,
y aquel taconear, también se perdió ...

Bandoneón
(inventado por Heinrich Band, 1805-1888)

Brigeco
02/09/2009, 21:12
El Partenón

Homero Manzi
1907-1951
A esto lo llamas 'nostalgia', un sentimiento desconocido en las dos primeras edades. Y casi veinte años más tarde, otro Homero—Homero Manzi—todavía cantaba:

Nostalgias de las cosas que han pasado,
arena que la vida se llevó
pesadumbre de barrios que han cambiado
y amargura del sueño que murió.

La nostalgia representa privación, y aparece por primera vez durante la Edad Clásica, la época que, habiendo tomado conciencia del pasado, lo glorifica y culmina.

Pero cuando la misma Edad Clásica se vuelve 'pasado', es considerada 'de Oro' y como pasado par excellence por la posteridad Imperial, mientras que el auténtico pasado (es decir, las dos primeras edades) le parecen 'primitivas' a esa misma posteridad. Así, la Edad Imperial, por un lado, niega la Edad de Oro en tanto que 'pasado', puesto que el pasado para ella es 'Clásico', pero por otra parte debe ratificarla, ya que ninguna época puede vivir sin la Edad de Oro.

Dicha ratificación, no obstante, tiene lugar de mala gana, convulsivamente y en medio de ataques de demencia, y se efectúa no como pasado sino como futuro: la Edad Imperial carga a la de Oro sobre sus propios hombros e inventa la Utopía, no como divertimento literario sino como proyecto político. Puedes considerar este fenómeno como un síntoma de senilidad: el hombre decrépito que se cree un niño. Pero en lo que se refiere a las artes, la Edad Imperial termina siendo la de la 'renovación' absoluta; desprecia todas las normas y rompe con todas las tradiciones. Es el paraíso de la avant garde, de los héroes de la cuarta dimensión, de todos aquellos que no son ni de hoy ni de ayer sino de mañana.

Ahora bien, cada Edad Clásica termina con un conquistador, un imperio, o cualquier otra formación que se les parezca (su forma exterior es menos importante que su espíritu). Así, puede decirse que el Alejandro el Grande del Tango es Carlos Gardel, quien al igual que aquel, murió cuando estaba en la cumbre de su carrera. Tanto Gardel como su muerte abren el período Imperial temprano, durante el cual florecieron los talentos helenísticos de músicos como Aníbal Troilo (más ancho que grande, como jocosamente admitió), o Mariano Mores, quien componiendo de manera sinfónica, dejó el arrabal muy atrás. Después de ellos y otros como ellos (son muchos los nombres), aparecieron las inevitables legiones de Astor Piazzolla, demoliendo lo poco que queda a golpes de bandoneón y orquestaciones mejoradas con más relieves que los de la coraza de una emperador romano.

Claro que Piazzolla percibe sus propias contribuciones como 'progreso' o 'desarrollo', y no como la disolución final de las formas derivadas del arrabal, como sus críticos afirman. Sabe que no puede quedarse donde está y que tampoco puede mirar hacia atrás. Consecuentemente, una composición suya que tiene un título acertado es 'Lo que vendrá', como le corresponde a la Edad Imperial, que vive en el futuro. En la medida que Piazzolla levanta resistencias, amenaza a todos con un ritmo ominoso. Pero por otra parte, actúa como los gobernantes imperiales moderados: consuela con melodías seductoras, como si de alguna manera recordara las palabras de Friedrich

Die Melodie ist das Erste und Allgemeine ... [15]

...o como si aún estuviera en contacto con los orígenes. Pero si el arrabal fuera de Oro, Piazzolla sería de Hierro. Su música elaborada no te poseerá, porque el trance espiritual pertenece a las primeras edades, cuando no hay divorcio entre la música y el hombre, o entre él y la vida, o entre ésta y la música. En tiempos tales, no hay ocasión para 'conciertos' en tanto que segmentos de tiempo dedicados a la música, sino que ésta aparece en cualquier momento y en cualquier lugar, embriagando a todos. Esta omnipresencia musical es por cierto completamente distinta de la caricatura mecánica, llamada 'música funcional', que no hace mucho empezó a torturarnos en ascensores y tiendas, y que terminará por anestesiarnos a todos.

En razón del malestar causado por Piazzolla (la Edad Imperial es una época fastidiosa), varios otros (como Julio Sosa que se mató en un accidente de tránsito hace tres años) intentaron revivir el Tango puramente Clásico o aún helenístico. Pero como ni dichas copias ni legiones imperiales parecen poseer suficiente idoneidad para salvar al paciente, ha aparecido ahora un nuevo personaje: el pedagogo del Tango.

Es él quien pronto se encargará de hacerle aprender al público argentino lo que antes fluía naturalmente en su sangre. Y pronto vendrán a asistirlo administradores que instituirán un 'Día del Tango', publicarán antologías o promulgarán teorías académicas; y todo ello constituirá las edicta, mandata y decreta de la Lex Romana del Tango. Porque el pedagogo, siendo un hombre de conocimiento, poseerá secretos de la danza que ignoraban aquellos que la llevaban en la sangre (como tampoco Homero supo que cantaba 'épica homérica'). En consecuencia, su discípulo, aunque sea técnicamente hábil y rebose de Conocimiento, no se parecerá ya al bailarín descrito por Friedrich

... er hat das Gehen und das Sprechen verlernt und ist auf dem Wege, tanzend in die Lüfte emporzufliegen. [16]

... sino que será lo que podrías llamar 'un bailarín intelectual', es decir, algo parecido a la 'filosofía de la historia'. Pero me imagino que con alegría nos convertiríamos en centauros, si creyéramos que sus dos estómagos son capaces de digerir Conocimiento...

Gardel
Ahora bien, el monumento más importante del Tango es una tumba: la de Carlos Gardel. Este hecho puede parecer una ironía, pero toda Edad Imperial es siempre una tumba, un mausoleo, un lujoso sarcófago o una pirámide. Como ya he dicho, murió en la cumbre de su carrera, como si queriendo confirmar a nuestro Friedrich (ahora me refiero a Schiller):

Was unsterblich im Gesang soll leben
Muss im Leben untergehn. [17]

Carlos Gardel
1890?-1935
Friedrich von Schiller
1759-1805
Alejandro
356-323 A.C.

Pero Gardel no vive, como Friedrich supuso, en las canciones de otros sino en las suyas propias, que son transmitidas por radio día y noche. Gardel representa el comienzo de la Edad Imperial, y como Alejandro, no puede ser superado. Eso mismo revela que es Imperial, pero su repertorio es todavía Clásico. Si hubiera conocido a la longevidad, entonces habría adoptado un repertorio Imperial (como lo revelan algunas de sus últimas canciones), pero una muerte prematura, como fue el caso de Alejandro también, le impidió efectuar completamente la transición a la Edad Imperial. Por esa razón permanece en el 'pasado' oficial como 'Clásico', y como tal es venerado.

Se le llama 'un mito', como Alejandro fue llamado un dios. El timbre de su voz parece cantar al 'hogar', a 'nuestra vida', y aún a la 'verdad', puesto que, como verás, muchos argentinos consideran que las letras de Tango son una descripción desnuda de la naturaleza y la vida humanas. Claro que esta 'verdad' recuerda a veces a aquel hombre de Creta que afirmaba que todos los cretenses eran mentirosos, pues hay un tango que dice que «todo es mentira», al que no podemos creer en virtud de su misma afirmación. Pero pese a ello, la voz de Gardel representa purificación, consuelo y redención o, si lo prefieres, una forma de catarsis. Los argentinos citan con ingenioso humor

Brigeco
02/09/2009, 21:14
Cada día canta mejor

...y parecen estar convencidos de que cualquier palabra que se añadiera a esas cuatro sería redundante, pues sienten que la grandeza del cantor no puede describirse en palabras, de manera apropiada. «Gardel es 'un mito'», dicen algunos. Pero, ¿qué es 'un mito'? Porque cuando los políticos afirman que pondrán fin a la miseria y abrazarán la justicia, ¿no oímos también que la gente dice «es un mito», en el sentido de que es una mentira construida por esos mismos políticos? Pero cuando oímos que Gardel es 'un mito', sabemos que se refieren a otra cosa, distinta de 'mentira'.

Lo que en este caso se evoca a través del vocablo 'mito' es un tipo de grandeza cuyas dimensions son insondables. Denota algo extraordinario e insólito que debe considerarse, en virtud de sus cualidades, como sobrenatural o sagrado. Y aún cuando no haya deificación (como fue el caso de Alejandro), se supone que la presencia divina está cercana, o por lo menos que la 'divina providencia' interviene. Porque lo que el vocablo 'mito' evoca en primer lugar es el sentido de lo sagrado, y luego la irrecuperable Edad de Oro, durante la que el hombre fue iniciado por los propios dioses.

En el universo del Tango, la edad irrecuperable está representada por el rural o suburbano arrabal. Pero cuando alguien toma conciencia de que el arrabal es una cuna, entonces el mismo arrabal se transforma en lo que no es. Se va. Para siempre. Y cualquier cosa que cantes sobre él estará teñida de nostalgia, demostrando que el arrabal fue, pero que tú no eres en la misma medida. Tu conciencia te limita; tu conocimiento del arrabal te condiciona; tu manera de ser es incapaz de alcanzar el alto tono del arrabal; has perdido vitalidad o espontaneidad, y no eres sino el epígono de un glorioso pasado; conquistas a través de artes artificiales, y ya no mediante la divina locura, al decir de Platón. Sabes más y vives menos. Y tu mundo se encoge, pues hay cosas que existen cuando no se las mira, y simulan no existir cuando se las acosa.

El ansia mítica

Fíjate que la Edad Mítica—que es la de Oro, la irrecuperable ensoñación de la Infancia, la Simiente Invernal, el instante mismo en que Hermes va a buscar a Perséfone para que mire otra vez a la dulzura de la luz—ejerce tal atracción sobre los hombres de las edades tardías, que pueden sentir que todas sus ansias fluyen hacia atrás, como el humo que sale de la chimenea del Yapeyú o como su estela. Esto es nostalgia otra vez, o 'ansia mítica', el deseo de retornar a un estado en que la pureza, la libertad y la simplicidad serán redimidas, la justicia recuperada, y el sentido de las cosas hallado. De aquí la necesidad de purificaciones y catarsis; de aquí la necesidad del arte. Esta ansia mítica es más patente en la última edad del hombre, durante la que la nostalgia del mundo irrecuperable se mezcla con todo tipo de teorías salvacionistas infantiles, pues esa edad vive en el futuro. Recuerda apenas la ligereza con que nuestra Alemania pasó de Geist a Reich ¡Con qué facilidad pudo taparse el ojo con el fantasma de una edad que no puede ser materializada, salvo mediante espejismos artísticos!

Pero pronto veremos la solidez material de la Edad Imperial politizando gradualmente todas las cosas, y convirtiendo las artes en instrumento de asistentes sociales, es decir, transformando lo interior en exterior. Pues su tiempo es el de 'las masas', las que pueden ser políticas, pero no artísticas o filosóficas. Una vez que se desenraizó a las masas y se les robó su independencia, se politizaron. Antes de eso, eran 'el pueblo', hombres y mujeres que se guiaban por su propia experiencia, se ocupaban de sus propios asuntos, y se despreocupaban de las 'revoluciones culturales' de países lejanos. Pero en la actualidad, las propias democracias occidentales consideran la participación masiva en elecciones generales como un bien en sí, y a un hombre que juzga por sí mismo, como prácticamente asocial. Esto es así porque la Edad Imperial, habiendo obliterado toda forma de cooperación natural, exige participación artificial para mantener su cohesión. Y amando a 'las masas' (como ama todo lo titánico), esta edad produce 'medios de comunicación de masas', 'producción de masas', 'mercados de masas' y 'movimientos de masas', que la enorgullecen más que nada por los tamaños logrados.

Sin embargo, lo que también obtiene es 'psicosis de masas', 'rebelión de masas', 'tumbas de masas', 'manipulación de masas', 'ataques de masas', y en general—como cualquiera puede ver—'una masa de errores', los cuales, por ser justamente tan masivos, son muy difíciles o imposibles de corregir. Si algo como esto les ocurrió a los argentinos cuando pasaron, hace más de quince años, de Gardel a Evita Perón, a quienes algunos quisieron deificar, no me atrevo a decirlo. Y si pudieran pasar de ella al Che Guevara—¡otro argentino!—, y en su lugar deificarlo a él, tampoco lo diré... Ahora juega un papel secundario en Cuba, pero ese tipo de roles no hay que subestimarlos... También se suponía que Evita estaba en un segundo plano, pero se las arregló para pasar al primero y superar a su marido, el Presidente.

Evita Perón
1919?-1952

Papel moneda alemán de 1923: 50 millones de marcos
«Seré millones», dicen que declaró de acuerdo con su tiempo; pues como la Edad Imperial es la de la Cantidad, escucha más a 'cuánto' y 'cuántos' que a 'cuán bueno' o 'cuán real'... En efecto, la realidad ha fallecido, pues se ve que la Edad Imperial produce valores irreales a un ritmo cada vez más acelerado. Un humilde ejemplo podría ser este billete de banco de cincuenta millones de marcos de 1923, que guardé muchos años en mi billetera, pero que mañana voy a tirar al mar... Nada era entonces, nada es ahora... Mientras que, como dice John Keats en su Endymion

A thing of beauty is a joy for ever:
Its loveliness increases; it will never
Pass into nothingness; but still will keep
A bower quiet for us, and a sleep
Full of sweet dreams, and health, and quiet breathing. [18]

...Pero según oigo, están llamando a cenar... Hoy probaré otro vino, aunque el 'vino' difiere mucho de la bebida del hombre clásico, aún más de la del arcaico y—¡puedes estar seguro!—no tiene nada que ver con el don de Dioniso que el hombre mítico conoció...

Así y todo, nada de esto debe lamentarse, porque como Cupido informó a Goethe en Roma:

War das Antike doch neu, da jene Glücklichen lebten!
Lebe glücklich, und so lebe die Vorzeit in dir! [19]

John Keats
1795-1821
J. W. von Goethe
1749-1832

Carta de Friedrich
Berlín, 4 de abril de 1969

Brigeco
02/09/2009, 21:17
Errores de la juventud

Estimado Sr. Friedrich:

Ya han pasado dos años de nuestro viaje en el Yapeyú. Me he preguntado muchas veces sobre su paradero y su vida, ya que de poco pude enterarme por las lacónicas postales que me envió desde Venecia, Boloña y Florencia. Tampoco he tenido una oportunidad para hablarle de mí; pero como ahora parece Ud. haberse instalado en Sorrento, me atrevo a escribirle largamente y relatarle mis aventuras que tantas ansias tenía de participarle.

Aquí va la primera: cumplo ahora 23 y me he casado. Bueno, no completamente o exactamente 'casado' todavía... Quiero decir que no 'oficialmente'... pero lo estaré pronto... o mejor dicho lo estaremos... Acaso encuentre Ud. este estado de cosas algo extraño, pero por otra parte no se le puede haber escapado que hoy es muy común—no sólo en Berlín sino también en otras partes—vivir juntos y conocerse mutuamente antes de dar el 'paso' decisivo.

Wilhelm Reich
1897-1957
Herbert Marcuse
1898-1979

Lo que deseo explicar es que es importante para nosotros evitar el repetir los errores de nuestros padres. Independientemente de lo que se piense de la 'revolución' (y ya sé que a Ud. no le gusta esta palabra) y de lo que ocurrió en París el año pasado, la vida está cambiando, lo queramos o no... Un cambio es el de la 'revolución sexual'. Los jóvenes de mi generación hacen las cosas de manera diferente en la actualidad, y redescubren autores como 'nuestro' (como Ud. acostumbra llamar a cualquier autor alemán) Wilhelm Reich, o 'nuestro' Herbert Marcuse, tratando de obtener una síntesis que pueda ser válida, tanto políticamente como en sus vidas privadas.

Pero ¡basta ya de lo que Ud. acaso llame 'errores de la juventud'! Le voy a contar lo que ocurrió luego que nos separamos.

Encontrando al Maestro Spósito

Como recordará, desembarqué en Barcelona en lugar de Génova, y siguiendo su consejo, tomé el tren a París. Llegué (Gare d'Austerlitz) en la nochecita, y como quería encontrar a Spósito de inmediato, me dirigí directamente al Hôtel Saint Michel en la rue Cujas (donde Ud. me había dicho que todos los uruguayos acostumbraban a parar). Mme. Salvage (la propietaria, me imagino) estaba en la recepción con una robe de chambre adornada con motivos chinescos; acariciaba un gato con una mano mientras escribía con la otra. Cuando noté una fotografía de la Plaza Independencia de Montevideo colgada en la pared, comprendí que estaba en buen camino y pedí una habitación, pero ella respondió que no había ninguna libre en ese momento. Le pregunté entonces por el pintor Spósito, y me explicó que no estaba autorizada a entregar información de los huéspedes (no era nada amable, y después supe que algunos la llaman maliciosamente 'Mme. Sauvage', lo que a mí no me sorprende). Como el Saint Michel estaba lleno, tuve que tomar una habitación en el Excelsior, que está en la vereda de enfrente (de mala gana, debería añadir, dado que el veilleur de nuit parecía un modelo de cera salido de la 'Cámara de Horrores' de Mme. Tussaud).

En la mañana siguiente volví al Hôtel Saint Michel y pregunté una vez más por Spósito, pero el recepcionista repitió textualmente lo que Mme. Salvage me había dicho el día anterior. Esperé algunos minutos en medio de un incómodo silencio, con la esperanza de que alguien bajara la escaleras, pero el hotel parecía extrañamente vacío (o entonces todos ya habían salido). Me fui resuelto a hacer una caminata por el Luxembourg, pero muy pronto el día frío me hizo refugiarme en el Louvre.

Mientras miraba las pinturas del museo, noté que un hombre estudiaba una de ellas desde una distancia de unos diez centímetros. No me doy cuenta cómo supe que este hombre era Spósito. Pero fue así que lo encontré, ¡simplemente me acerqué y lo llamé por su nombre! No se mostró sorprendido sino al contrario, muy abierto, como si nos conociéramos de años. Le expliqué que había leido sobre él en Alemania, cuando recibió el premio 'Arno' en la Bienal de São Paulo, y que no había podido verlo en ocasión de mi reciente visita a Montevideo.

Américo Spósito
1924-

¡Hablamos horas! O mejor dicho él habló (más o menos como Ud. en el Yapeyú), mientras me mostraba el Louvre y después Notre-Dame. Bosquejaba mientras hablaba (le adjunto un par de bosquejos, dibujados en la tarjeta de invitación de una exposición que llevaba consigo). ¡Ud. tenía razón! ¡Es una persona notable! Me sería imposible contarle todo lo que dijo sobre el arte de todas las épocas, pero pienso que su 'humanismo' (ya sé que Ud. siempre dice 'cuidado con todos los ismos', ¡pero igual!) es lo que más me impresionó. Le diré cómo.

Bosquejos de Américo Spósito, 1967

Bosquejo de un rostro
Uno de los reversos de la tarjeta
Retrato de Friedrich

Brigeco
02/09/2009, 21:18
El hombre como obra de arte (II)

En cierto momento de nuestra conversación, Spósito me pidió que me olvidara de todas las cosas y me concentrara en el 'gesto'. Recordé entonces lo que Ud. me había dicho en el barco (que el gesto es una de las tres artes de la Edad de Oro) y a continuación comenzó a describir los transeúntes en tanto que 'obras de arte'.

Los invitados a una boda fuera de una iglesia; un agente de policía que se aproximaba perezosamente a la plaza en donde estábamos sentados... En fin ¡todos! Cualquiera se transformaba en una 'obra de arte', en cuanto él se ponía a describirlos. ¡Me sentí como en un trance, y me pareció ver como que el mundo entero se transformaba delante mío! La gente ya no era simplemente gente sino que eran esculturas andantes y sin embargo ¡humanas de verdad! ¡Fue asombroso! ¿Recuerda cuando Ud. citó a Nietzsche en el Yapeyú (el día que disertó sobre las cuatro edades por un número igual de horas)?

... er ist Kunstwerk geworden ...

¡Pues bien, ahora lo he presenciado! Y sin embargo, la felicidad de este espectáculo también me ha entristecido: ¿por qué no pueden los hombres y las mujeres comprender que son obras de arte? ¿Por qué viven sus vidas en la alienación diaria, olvidándose de sí mismos y de su entorno, y sin embargo con mil y una preocupaciones?

Pero déjeme contarle lo que ocurrió después.

Cuando una joven pasó cerca de la plaza, Spósito empezó a describirla tal como lo había venido haciendo con los otros: primero su contorno, luego su pelo en la brisa, su minifalda, su manera de caminar, cómo sostenía sus brazos e inclinaba su cabeza... En fin, todo... En cierto momento empecé a notar que la joven caminaba hacia nosotros, pero Spósito continuaba como si ella fuera una imagen distante. Finalmente se encontró parada junto al banco donde estábamos sentados, y dirigiéndose a Spósito le dijo sonriendo:

—Alors, Monsieur, vous me voyez?

Spósito no repondió sino que se echó a reir de manera incontenible, como si la risa hubiera sido su único propósito desde el comienzo. No obstante, era una risa cristalina, como si nuevos pensamientos imposibles de traducir en palabras salieran volando de ella. La joven pareció escuchar con atención antes de echarse a reir también. Y mientras ella reía con la misma cristalina risa, me sentí extasiado y empecé a reir yo también. Y mientras todos reíamos, comprendí de pronto que éramos la pintura de un grupo escultural, y que todos lo sabíamos.

Es así como conocí a Cornelia. Ahora tengo una pregunta seria que hacer y le ruego (¡por favor!) que responda aunque sólo sea a esta carta. Estoy seguro que cuando Ud. me instruyó sobre la manera de escapar el 'bautismo' ecuatorial en el Yapeyú, me dijo: «Encuentra tu Cornelia...» ¿Cómo es posible? ¿Por qué dijo eso? Por favor, explíquemelo...

Al anochecer acompañé a Spósito a su habitación en el Hôtel Saint Michel, donde estaba alojado con su esposa desde hacía meses. Allí me mostró los prototipos egipcios, como Ud. ya me había advertido, pero yo estaba demasiado cansado y ya no pude digerir más nada ...

Representación de 'prototipos egipcios'

Brigeco
02/09/2009, 21:20
La Rejilla

Pero lo siguiente es lo que sí pude digerir de nuestra conversación sobre las Cuatro Edades.

Más abajo hay un cuadro que me gustaría que Ud. corrigiera si encontrara que no refleja lo que ha dicho en el Yapeyú. Como acaso note, he estado pensando bastante en las Zeitalter y he sistematizado en una Tabelle lo que Ud. expuso en el barco. He añadido algunos conceptos míos (en particular los que contribuyen a una dimensión dualista), a los que supongo coherentes con los suyos, ¡pero dígame si no lo son! Bajo algunas de las hileras, he agregado un comentario breve en azul. Aquí está (el título es quizá un poco pretencioso, pero hasta ahora no pude encontrar otro mejor):

Die vier Zeitalter: Schicksal des Menschengeschlechtes

1
2
3
4

TODOS
Oro
Plata
Bronce
Hierro

Intemporalidad
Presente
Pasado
Futuro

Nacimiento
Crecimiento
Culminación
Declinación

Tiempo
Espacio

Esencia
Existencia

Destino
Causalidad

Unidad
Multiplicidad


HOMBRE
Infancia
Juventud
Madurez
Vejez


SOCIEDAD
Mítica
Arcaica
Clásica
Imperial

Inspiración
Creación
Consumación
Disolución

Inspiración
Conocimiento

Memoria
Razón

Naturaleza
Historia

Libertad
Necesidad

Rural
Urbana

Cultura
Civilización

Cualidades
Cantidades

Memoria
Representación
Opinión
Análisis

Divina presencia
Mitos
Filosofía
Política

Música-Lenguaje-Gesto
Artes figurativas-Alfabeto
Comercio-Física-Matemáticas
Burocracias

Dioses y Héroes
Homero
Sócrates / Pericles
Alejandro

Estas personalidades (hilera anterior) son simples ejemplos. Aún así encuentro que Pericles, además de ser un hombre de estado, tenía algo de filósofo y algo de comerciante (hileras de abajo).

Dioses y Héroes = Todos los prototipos
Poeta
Filósofo
General

Artista plástico
Comerciante
Conquistador

Augur
Estadista / Sacerdote
Emperador

Aldeano
Ciudadano
Masas


NATURALEZA
Chispa
Iluminación
Llama
Cenizas

Invierno
Primavera
Verano
Otoño

Medianoche
Amanecer
Mediodía
Anochecer

Simiente
Planta
Flor
Fruto

Me gustaría incluir en este cuadro los cuatro elementos de Empédocles, aunque sólo fuera como referencia. Ud. los mencionó brevemente en el barco, y me pregunto si no querría desarrollar un poco más esa idea...

Brigeco
02/09/2009, 21:20
Che

Por último: me quedé asombrado con lo que le pasó al Che Guevara en Bolivia, pero como habrá visto, se transformó en 'el más grande', pese a su papel secundario en Cuba. ¡Esta es la tercera leyenda argentina en lo que va del siglo! En aquel momento no podíamos saber, pero recuerdo que Ud. lo mencionó en el barco. Aquí en Berlín, muchos los llaman 'mito' y 'leyenda'. Oí decir a un profesor:

—Pensamiento, Palabra y Acción: estos son los tres pilares de la integridad, los tres inseparables pilares de cualquier ética; e independientemente de lo que Udes. piensen acerca de las opiniones políticas de este hombre, eso es lo que lo define: coherencia obtenida mediante la firme integración del Pensamiento, la Palabra y la Acción.

Y mientras me preguntaba «¿y qué pasa si el pensamiento no fuera acertado?», oí que alguien dijo:

Ernesto Che Guevara
1928-1967

—Che Guevara era un médico; su deber era salvar vidas, no extinguirlas...

Entonces se produjo un tumulto y me fui del salón de clase... Una compañera de clase que salió al mismo tiempo me preguntó lo siguiente:

—¿Puede alguien que no sea de hermosa apariencia transformarse en una leyenda? Porque veo que muchos, impresionados por el aspecto físico del Che, lo imitan dejando crecer el pelo y la barba e incluso poniéndose una boina.

A menudo me pregunto qué diría Ud., pero estoy seguro que habría definido al 'hombre nuevo' del Che como otro pseudomito imperial, nostálgico de la Edad de Oro...

De alguna manera siento que la atmósfera juguetona de Mai 68 retrocede... La gente me parece más seria, y el lema 'hagan el amor, no la guerra' es menos popular ahora que hace un año...

Espero que esta carta llegue a destino; me alegraría mucho recibir noticias suyas.

Con mucho aprecio
Friedrich

Respuesta de Friedrich
Capri, 16 de mayo de 1969

Querido Friedrich:

Mi médico sueco insiste en que debo descansar; espero pues que sepas excusarme por escribirte de manera tan breve y en el reverso de una foto que tomé en la isla hace algunas semanas (hizo retirar todo el papel de escribir).

Primero de todo: ¡Felicitaciones!, aún cuando no sea 'oficial' todavía... En lo que concierne a mi «¡Encuentra tu Cornelia!», sólo puedo decir que en aquel momento hablábamos de Pompeyo (cuya esposa así se llamaba).

Comprendo tu encuentro con Spósito como si hubiera estado presente, pero en lo que se refiere a tu rejilla, me recuerda a Mondrian y me pregunto si no habrás puesto un centauro entre rejas...

El resto te lo podrás responder tú mismo. Gracias otra vez por hacer el ocio tan placentero (otium cum dignitate). Estoy seguro que ninguno de nosotros olvidará el último viaje del Yapeyú.

Tu amigo
Friedrich

Carlos Parada
Lund, verano de 2002

Dedico esta historia a Irma Parada (Montevideo, 1918-1996), mi madre. Enseñó química, el valor de la integridad y la amistad, y los placeres sencillos de la cultura.

"Vive ma bonne mère que j'aime bien
Et dont je ne peux pas avoir des nouvelles!"

Traducción libre de algunas expresiones en otros idiomas


[1] ...un error que ha entrado en el dominio público no sale jamás de él; las opiniones se transmiten hereditariamente como los terrenos. En ellos se construye; al final se ha hecho una ciudad, al final se ha hecho la Historia. [Rémy de Gourmont 1858-1915, Epilogues] [retornar]

[2] He aquí la estación de las manzanas
Vamos a la huerta, Simone
Vamos a la huerta. [retornar]

[3] La filosofía de la historia es un centauro. [retornar]

[4] Todos hemos nacido en Arcadia... [retornar]

[5] ... a lo Celestial le agrada reposar en un corazón humano que pueda sentirlo... [retornar]

[6] Sagrada inocencia, la más querida confidente de los hombres y de los dioses,
te place el sentarte a los pies de lo antiguos, en las casas o afuera,
plena de la siempre satisfecha sabiduría [Friedrich Höderlin, 'Unter den Alpen gesungen'] [retornar]

[7] Resuélvanse a no servir al Poder y serán libres de inmediato. No les pido ni que lo empujen ni que lo derriben, sino que simplemente no lo sostengan más, y entonces lo verán como a un gran coloso al que se le ha retirado el pedestal, caer por su propio peso y romperse. [retornar]

[8] El ciudadano es una variedad del hombre; variedad degenerada o primitiva, él es al hombre lo que el gato del tejado es al gato salvaje. [retornar]

[9] Sólo quiero que os sea manifiesto
que, con estar tranquila mi conciencia,
me doy, sea cual sea, a la Fortuna. [Inf. XV, 91]

[10] Tu libro hablador enseña mucho que es nuevo y verdadero,
si lo verdadero fuera nuevo, y lo nuevo verdadero! [retornar]

[11] Navegar es necesario, vivir no es necesario. [retornar]

[12] El hombre ya no es un artista, se ha transformado en una obra de arte... [retornar]

[13] Espejo musical del mundo. [retornar]

[14] Melodía original. [retornar]

[15] La melodía es lo primario y universal. [retornar]

[16] ...se ha olvidado de caminar y hablar y está a punto de salir volando en el aire, bailando. [retornar]

[17] Lo que ha de vivir eternamente en la canción
debe perecer en la vida. [retornar]

[18] Una cosa bella es una alegría para siempre:
su encanto se acrecienta; nunca será
Absorbida por la nada sino que siempre nos reservará
Una morada tranquila, y un dormir
Lleno de dulces sueños, salud y sosegada respiración. [retornar]

[19] ¡Después de todo, la antigüedad era joven en los días de esos felices antiguos!
¡Vive feliz, y revive la antigüedad dentro de tí mismo! [J. W. von Goethe, 'Römischen Elegien'] [retornar]

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Brigeco
02/09/2009, 21:23
UFF POR FIN SE TERMINO PERO OS ASEGURO QUE MERECE LA PENA LEERLO, NO SE LO QUE OPINAREIS SOBRE EL, PERO LASTIMA QUE NO SE PUEDAN MANDAR EN ESTE FORO ARTICULOS TAN "LAAARGOS".

Saludos :)