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oski2
24/05/2009, 11:42
OSCAR PORTELA: BELLEZA Y ARMONÍA

por César Bisso


La poesía de Oscar Portela deviene de un tempo revestido de belleza y armonía. Es lo primero que atino mencionar ante la expresividad de los versos que construyeron "Claroscuro" y que de pronto parecen más esplendentes al celebrar con el creador y su público la aparición del nuevo libro.

No hay espacio para el placer en la poesía. Apenas una fugitiva brevedad de emoción nos sirva para creer que ella nos hace felices.

¿Acaso escribir signifique apropiarnos de recónditos sentimientos y exaltar a través de ellos todo lo fascinantes que se nos presenta la vida? ¿Acaso tenga que ver con esa extraña sensación de creernos dueños de la verdad y de tanto esfuerzo que hacemos por enunciarla volvemos absurdo lo creíble?

¿O acaso nos valga el dolor, ese que nunca pasa y siempre remueve y carcome nuestra existencia, para decir que la poesía nunca podrá ser sustituida por voces impostoras, que sólo se puede escribir cuando algo duele de verdad, llámese amor, desdén, muerte, pánico, humillación, soledad, olvido?

Intento decir, a través de estos interrogantes que el tempo poético en Oscar Portela está resignificado en la autenticidad del dolor.

Los poemas se desenvuelven con enigmática destreza y apacible musicalidad mientras hilvanan cada escena de la vida, entrelazados por una extraña y laberíntica visión metafísica.

El poeta sólo cree en la infinitud de la poesía, todo lo demás es finito, como el dolor, pero mientras perdura corroe la cáscara existencial del que sufre. Encaramado sobre los altos torreones del romanticismo Oscar Portela no renuncia al dolor de ser, de mirar, de sentir, de crear.

Dice para sí y para quien quiera escucharlo –o en este caso leerlo- que la razón que nos persigue y a la vez perseguimos y se nos escapa, no dejan nunca de estar a nuestro lado. Y esa razón por trascender más allá de nosotros mismos es la que nos une al otro, la que nos muestra el devenir y la que nos hunde en el abismo del misterio.

Entre luz y sombra andamos los poetas. Todo nos parece fugitivo y nuestro ímpetu jamás alcanza para abordar la vida desde la palabra. ¿Será por eso que cada vivencia es una daga clavada en la carne? ¿Será por eso que cada experiencia es un drama que turba la pasión?.

Sobre las reveladoras aguas de la belleza, la poesía viaja a nuestro lado como una pasajera intemporal para aventar los recuerdos, para asomar en el devenir, para señalarnos cada traza, para dejarnos ver y sentir, para que no olvidemos que somos mortales:

…“todo aquí, todo enterrado / en un ahora eterno, / y yo esperando / la muerte / y yo esperando”… dice Portela. ¿Será cierto que la poesía nos gobierna en tanto nosotros seamos sujetos del dolor? . Si es así, que nos valga su reino. Porque sólo ella es capaz de inventar frente a nuestros ojos el aleteo de una mariposa y al otro lado del mundo transformarlo en un huracán.

A través de los bellos poemas que generaron "Claroscuro" he tratado de encontrarme con la poesía y con el poeta siguiendo la huella irreductible que traza la pasión por escribir. Quiero aclarar que sólo en dos ocasiones tuve la posibilidad de encontrarme con Oscar Portela.

Una en mi querida Santa Fe, a principios de los noventa, en una jornada de escritores “conosureños” (¿qué absurdo suena, no, existirá la literatura “conosureña”?). La otra ocasión se presentó aquí, en Buenos Aires, años más tarde, no recuerdo si fue en una mesa que compartimos en la Feria Internacional del Libro o algún escenario parecido.

Y cuento esto porque la particularidad de nuestra relación pasa por algunos cruces epistolares y por la forma de celebrar con nuestras palabras el don de la amistad y la gracia de la creación. Quizás el gran río, quizás esa naturaleza que nos alza (al decir del inolvidable Francisco Madariaga) o quizás la forma de mirar y decir que nos identifica, me ha permitido profundizar en el tiempo el gran afecto que hoy tengo por este distinguido poeta.

Creo que pensar y crear definen la cosmovisión poética de Oscar Portela.

Hecha memoria individual o colectiva, su escritura no claudica ante el inevitable discurrir de una historia que arremete contra la esencia de las palabras y las cosas. La contemporaneidad de su lenguaje otorga a los lectores/receptores la posibilidad de ingresar a un mundo poblado de otras voces que no han callado y nunca lo harán.

Allí es donde apreciamos que toda luz proviene del diálogo, del habla, del ritmo incisivo del interpelante y entonces toda sombra se disipa más allá del dolor, de la ausencia, de la soledad, de la desesperación que causa ser desoído, no contenido, no asido por la memoria que repara.

Posiblemente la actitud metafísica de Oscar Portela produce el verdadero compromiso que él tiene con el tiempo y la vida. Y posiblemente alcanzar la totalidad del ser para comprender la totalidad de mundo sea el único milagro que persiga.

Entre ambos campos simbólicos posa la realidad de una poesía digna, íntegra, subjetiva, singular. En ella, la fabulación del “yo” ante la necesidad de comunicarse con el “otro” hacen que deseos y tempestades, fulguras y silencios dialoguen entre sí y se manifiesten en un espacio de plena libertad y de esperanza, aunque siempre pese el tempo de una existencia angustiada.

En síntesis: hay en este libro un universo metafórico donde conviven filósofos con Heidegger, Nietszche, Blanchot, Derridá, o poetas como Rilke, Unamuno, Octavio Paz y Vicente Huidobro, para nombrar algunos. No estoy hablando de los preferidos de Oscar Portela, que quizás lo sean, pero sí de aquellos que se asocian con sus formar de mirar y decir.

En este mestizaje conceptual donde resplandecen la mística y la pasión es donde Oscar Portela habita poéticamente. Y para bien de todos nosotros que admiramos su poesía, digamos que él se siente muy a gusto y lo demuestra, en este "Claroscuro" al que hoy- recibimos agradecidos.

PROFANACIÓN

poema de Oscar Portela

( " La Memoria de Lacquesis")

Que profanado no sea mi cuerpo con las memorias
del clima. Lejos y en funeraria de seca y negra
arcilla enterrad las memorias que mancillan mi
carne con implacable ardor. No hay piedad ni
acatamiento fértil de la ley bajo esta estéril
luz que ciega mis ojos con arena y con humo.
Lejos me lleve la piedad del agua a la iniciática
fiesta del candor y los salados mares que llagan
con amor o con yodo y a desmemoria vuelva mi
osadía, ya vacío de mí, a propicios parajes
y revelen otras historias para mí, climas, sueños
en el vuelo inmortal donde reposo, lejos de la
profanación y del escarnio, en funeraria espera del amor.

:mad::eek::cool: