PDA

Ver la Versión Completa : Memorias poéticas de Oscar Portela



oski2
11/04/2009, 12:11
Memorias

de Oscar Portela
a Mariela Mioni

“Abandóname infancia, Oh descíframe tus enigmas!”, grito del desesperado que no tiene respuesta, alarido sin eco golpeando contra la nada de la desmemoria y dispersión de los limites, que se hacen sombra, junto al viandante de la poesía.

No me abandones infancia que no tendría techo ni resguardo, aunque de tus oscuras fauces, broten ángeles y demonios. Cuando el insomnio hiere los párpados y la amannesis de la escritura -¡borrar las huellas, borrar las huellas, no ser sino el Otro de uno Mismo! y pasar ligeramente sin moradas por la gran Estancia del Mundo - antes de que caiga la noche- yerra la cuestión del doble olvido y este vuelve una y otra vez en forma de madre, padre, hermanos, tíos que son padres, las imágenes siguen cavando huellas en los ojos ya casi secos de tanta lágrima derramada en el camino.

Sobre esto y no otra cosa he escrito durante décadas; la imposibilidad del duelo, de cerrar las heridas y de los radiosos daimones de la suerte que vuelven a sus guaridas: de esto y sólo esto y no otra cosa.

Y luego el desamparo convertido en fiesta del asfalto, la dorada adolescencia, el mito de esa aurora primordial que me alejaba sin saberlo de las grandes y dulces aguas de las inmensas lagunas de mi pueblo, Loreto -más olvidado de si mismo que esta sombra que aquí firma- de las fosforescentes márgenes de los esteros bárbaros, de los corredores de la casa que Don Ignacio Portela y Delgado construyó allí nomás (como en la novela “Los Tumultos” de Maria Granata) junto a los viejos ranchones de mis bisabuelos o chosnos y de mi madre Marina -que aun cuida y cuidará de mi- o de mi silencioso y casi ausente padre Modesto Ignacio ( “Roquiño”) Portela Molina, (”Roquiño”, porque para sus tías galegas se parecía a un San Roque pequeño), pero años que traían consigo temblores y desconocidas cadencias, nuevas imágenes en esta ciudad que ahora, en esta ominoso 2009 silenciosamente contínua derrumbandosé como se derrumbaron hace siglos milenarios imperios.

Principado sí, coronas -o coronas de espinas que no se sienten-porque el corazón estaba preocupado por laudar el rosa del lapacho –¡tonteras!- y predicar en el desierto su bitácora de agonías y danzas en torno de la muerte y el amor.

Y Eros, hermano de la muerte o la muerte sosteniendo a Thanathos, sobre su regazo, así lo veo ahora ya ansioso por “lo vivido y encontrado”.

Y luego aquellos padres míos en Buenos Aires, insustituibles, tan padres como mis padres que todo me brindaron, Amalia Lucas y Sigfrido Radaelli, Ricardo Mosquera Eastman (El Don Gualterio y Mendiburu y de las Casas de “A la sombra del buho”, de esa otra inmensa sombra iconográfica que me cubre desde hace muchas décadas, de ser todo misterio, todo musa, ángel, duende, llamada Luisa Mercedes Levinson.

Y desde luego mi Ana Emilia personal y mi Graciela Maturo, maestra de ceremonias de ingreso a la gran literatura, y la casta de filósofos amigos con Mario Casalla a la cabeza –aunque esto viniese después:

y siempre el mundo de la traidora política –siempre hay un demos sin cracia- y sus constantes asechanzas, y las amistades particulares que se esombrecen durante el duro viaje de un alma que no encuentra posada ni cuerpo en esta tierra baldía (ah Trackl, Artaud, Eliot) y mis iconos del cancionero popular –nunca olvidarlos y la “Patética” de Beetovhen y sus sonatas, e Ingmar, Visconti, Dreyer, Wyler, Tarkovki, Wajda, Kawalerowicz, que siempre estarán en los tres éxtasis del tiempo, en el pasado, hoy y mañana, en clinica desierta de la memoria.

Tantos, tantos amigos perdidos a lo largo de los años y no dar vuelta la mirada hacia atrás, pues el hada blanca de la poesía, me dice, ahora, en que yo, Oscar Ignacio Portela Bofill, soy tío abuelo y padrino de Julieta e Inéz Portela Jantus y de mis otras sobrinas nietas, Abril y Delfina, y hermano de mis hermanos, Raul Antonio y Humberto Guillermo con sus tres hijos en volandas (pues el pájaro amarillo es mío) –nadie lo olvide- estoy aún aquí, entre ustedes, no sé por qué ni para qué, pues mañana deberé escribir otro e-mail a mi hermano virtual José Dasilva Navia y nadie debe esperar en este mundo, menos la muerte, que como el nihilismo proyectado sobre nosotros, confunda sombra y cuerpo a escuadra en mediodía para volvernos humo que se disipa en el crepúsculo.

OSCAR PORTELA Y SUS ANCESTROS PATERNOS

En 1911, procedente de Entre Rios (Ourense), llegan a las zonas desde la lejana Galicia, Ricardo Portela, Germán Portela, Ignacio Portela y Secundino Portela, acompañados por tres hermanas, que casaron en diversos lugares.

Según testimonio personal del catedrático en Historia Don Federico Palma, -Miembro de la Academia Argentina de Historia-, en textuales palabras afirma: en esa época los que viajábamos más allá de Saladas dormíamos bajo “las carreteras de Don Germán Portela”.

La familia da un poderoso empuje a la economía y a la vida social de éstas comunidades.

Desde Loreto, Don Ignacio Portela construye artesanalmente una ruta sobre el estero que se llamará durante años el “Ï Pucú”: “agua larga” y lleva los primeros motores y coches a Loreto e incita a contruir una desmotadora de algodón que dá trabajo a cientos de pobladores de la villa.

En Ituzaingó, hoy moderna y progresista localidad, Don Ricardo Portela extiende su predominio económico hacia Misiones dentro del panorama de un país que evolucionaba rapidamente .

ALGO MAS SOBRE OSCAR PORTELA: De éste poeta que se formó en un pequeño pueblo de Corrientes Argentina ( Loreto) - no más de 2000 habitantes- afectado por una labil saludad a dicho la gran novelista Luisa Mercedes Levinson: : “ Oscar Portela ha estado en toda la oscuridad y en parte de la luz. A estado o tal vez yo me equivoco. Este poéta a sido todo ésto”.

Aunque su genealogía se remite totalmente a la sangre hispana, (su familia pertenece en parte a la más antigua tradición correntina, los Arriola, los Molina, los Gomez de Barreda, los Ubeda entre otros) a la tradición màs antigua de la provincia de Corrientes, la impronta de su caracter le llega desde la lejana Ourense. Su niñez tuvo un doble carácter, la formación que le dieron los clàsicos a temprana edad, y su sentido pànico de la naturaleza.

Sus padres Modesto Ignacio Portela y su madre Marina Concepción Bofill, le dieron otros dos hermanos, el mayor Raùl Antonio, y el menor Humberto Guillermo. De carácter independiente desde niño, Oscar Portela trazò sin maestros su camino dentro de los limites de la creación artistica, y de las actividades polìticas o periodisticas, lo que transformó su estilo en el de un independiente total, en lo que respecta a tendencias estéticas o filosóficas.

Durante el año que se inicia publicara su libro de poemas “En Carne viva”mientras continúa trabajando arduamente en su autobiografía poética “Descarnado” al mismo tiempo que, en una serie de ensayos titulados “Nihilismo y polìtica”. Continúa viviendo en Corrientes Capital , desde donde colabora con los medios masivos de comunicación y continúa en algunos casos,con la tarea pedagógica de la enseñanza.

:);):rolleyes: