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la verdad
01/08/2012, 10:27
En verdad, esto es un recordatorio. Así pues, quien lo desee puede tomar el camino que lleva a su Señor.

Corán, 76.30

En nuestros dominios no permitimos que ningún musulmán cambie su religión, ni permitimos a ninguna otra religión que propague su fe.

Maulana Maududi (1)

El deseo de poder político del Maulana Maududi no conoció límites. La ley de la apostasía que desarrolló fue una prolongación de su dictatorial e intolerante personalidad; nada tenía que ver con el Islam. El Dr. Israr Ahmad, que trabajó estrechamente con Maududi, dijo que Maududi tomó prestados los principios de su movimiento del Maulana Abul Kalam Azad y de los hermanos Jairi y, el estilo de su presentación de Niyaz Fatehpuri. Pero era tan egocéntrico que nunca admitió que sus ideas vinieran de nadie salvo de sí mismo (2).

De forma análoga, las ideas del Maulana sobre la apostasía, aunque tienen su origen en un error de interpretación de la primera jurisprudencia ("fiqh") musulmana, están basadas de hecho en el cristianismo medieval. La escuela de Deoband (3), que por un lado colaboraba con una organización política hindú, el Indian National Congress, y por otro combatía en la retaguardia contra la campaña "shuddi", dio brillo a los pensamientos de Maududi sobre el tema. La influencia de los escritos marxistas que el Maulana, al parecer, leyó cuando era un joven e impresionable director de periódico, se evidencia notablemente en su pensamiento. El "Tahrik-i Yamaati Islami" es una curiosa mezcla de prácticas medievales cristianas, de intolerancia Deobandi/Wahabi y de incitación marxista a la ruptura.

Como vimos en el primer capítulo de este libro, el concepto de libertad religiosa no es evolutivo o lineal, es un fenómeno cíclico. Siempre que aparece un profeta de Dios o un reformador religioso, encuentra oposición. Se le acusa de dividir a la comunidad y romper la conformidad tradicional. Es duramente censurado como un apóstata. A la larga, un profeta siempre tiene éxito en establecer la libertad religiosa. La verdadera fe propagada por esta libertad religiosa se forja en el dogma rígido, que en realidad, se traduce en la pérdida del derecho a disentir.

En su última visita al Templo, Cristo (as) dijo: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Marcos 12:17). Esta clarísima afirmación separa la creencia religiosa de la autoridad política. Sin embargo, al cabo de un año de obtener la autoridad política (año 312), la Iglesia Cristiana fue rota por el cisma. Durante más de 300 años los cristianos habían sido perseguidos y crecieron rápidamente y, sin embargo, poco después de la conversión de Constantino la Iglesia se enfrentó con la secesión monástica, con el cisma Donatista y con la herejía Arriana. A lo largo de la historia de la Iglesia Cristiana la herejía o la desviación de la ortodoxia ha sido motivo de honda preocupación. Afecta invariablemente al mismo concepto de deidad, la divinidad de Cristo (as).

Si Cristo era divino en un sentido absoluto y, sin embargo, distinto de Dios, había dos dioses y el cristianismo era una forma de diteísmo y no de monoteísmo. Por otro lado, si se interpretara literalmente la relación filial, entonces el Dios Padre sería el Progenitor del Dios Hijo. Pero la lógica de esta relación significaba que Cristo no sería totalmente Dios, puesto que debió haber un tiempo en que Él "no era" y sólo existió el Dios Padre (4).

Los cristianos ortodoxos mantenían que Cristo (as) era de idéntica sustancia (Homusia??) al Dios Padre, mientras que Arrio (256-336), le consideraba solamente semejante en sustancia (Homoiusia??) a Él. Se suscitaba entonces la cuestión de su madre. Nestorio (muerto en el 451), declaró que Jesús (as) era dos personas distintas, una humana y otra divina, y que María (as) era solamente la madre del Cristo (as) humano y no del divino. Sería mejor, por lo tanto, llamarle Madre de Cristo (as). La doctrina ortodoxa dice que María (as) es la verdadera madre, no de la divinidad en sí misma, sino del "logos" encarnado, o Palabra de Dios, que contiene tanto la naturaleza divina de Cristo (as) como la humana (5).

El primer Concilio Ecuménico de la Iglesia se celebró en Bitinia, Nicea en el año 325 y dictó un Credo sobre el misterio de la Trinidad. El impenitente Arrio fue anatematizado por el concilio y exilado por el Emperador Constantino. El emperador también ordenó que se quemasen todos los libros de Arrio y se castigase su posesión con la muerte.

El ciclo de la libertad religiosa que comenzó con Jesús de Nazaret (as) cerró todo el círculo cuando Justiniano (483-565), prescribió la pena de muerte por apostasía. El castigo formó parte del Código de Derecho Romano en el año 535 dC.

Es un trágico viraje del destino que la libertad de conciencia fuese extinguida por los mismos cristianos de Roma cuyos antepasados conversos fueron quemados para proporcionar fuego y diversión a la Roma de Nerón (64 dC). Mientras los cristianos fueron perseguidos por las autoridades políticas no cristianas, los escritores cristianos defendieron la libertad religiosa. Pero una vez que el trono imperial fue atraído al cristianismo, la Iglesia miró "el individualismo en la creencia con el mismo ojo hostil que el Estado miró la secesión o la rebelión" (6). A mediados del siglo V las cosas que eran y todavía son de Dios se dieron al César. La autoridad política se había convertido en el brazo derecho de la Iglesia. En el transcurso de su campaña contra los donatistas, San Agustín (354-430) razonó: "Hay una persecución justificada que la Iglesia de Cristo inflige a los impíos. Persigue en el espíritu del amor..... puede corregir.....puede rescatar del error.....(tomando) medidas para su bien, para asegurar su salvación eterna" (7)

En el año 385 un obispo español, Prisciliano, fue acusado de predicar el maniqueísmo y el celibato universal. Negó la acusación, pero fue procesado, condenado y quemado en el poste con varios compañeros.

Martín Lutero (1483-1546), el líder germano de la Reforma Protestante, coincidió con su predecesor católico romano Agustín, y dijo: "El clero tenía autoridad sobre la conciencia, pero se creyó necesario que fuese apoyado por el Estado con castigos absolutos de proscripción, para que el error pudiera exterminarse, aunque fue imposible desterrar el pecado" (8).

Pero fue el teólogo protestante francés Juan Calvino (1509-64), quien verdaderamente inspiró al Maulana Maududi.

Él (Calvino), deseó extender la religión por la espada y reservar la muerte como castigo por la apostasía....Los católicos debían sufrir los mismos castigos que los culpables de sedición, pretextando que la majestad de Dios, debe ser vengada tan estrictamente como el trono del rey (9).

Mientras la inspiración le vino al Maulana de Calvino, la razón fundamental le fue proporcionada por el pensador inglés Thomas Hobbes (1588-1679) en su libro "Leviatán". Puesto que el poder para hacer milagros es una de la señales de un verdadero profeta y, según Hobbes, los días de los milagros se terminaron, no había posibilidad de que un profeta o la divina inspiración sirviesen de guía. El soberano por sí sólo tenía autoridad civil o religiosa. Sólo él tenía el poder para hacer la ley, "Pues cualquiera que tuviera poder legítimo sobre cualquier escrito para convertirlo en ley, tenía también el poder de aprobar o desaprobar la interpretación del mismo" (10).

La herejía, según el punto de vista de Hobbes, consistía en el juicio personal y la acción contraria a la creencia popular establecida por el soberano:

No es el error intrínseco de la opinión lo que hace punible la herejía, sino la rebelión individual contra la autoridad. Para guardar lealtad a los mandatos de la conciencia, el principio fundamental castigaría a todos los hombres que desobedeciesen a sus príncipes por el mantenimiento de su religión, sea verdadera o falsa (11).

Según Hobbes esto es subversión.

No hay apostasía sin herejía, ni herejía sin dogma. El dogma cristiano se explicó cuidadosamente en el Credo de Atanasio que dice: "Adoramos un Dios en la Trinidad y una Trinidad en la Unidad. No hay que confundir las Personas ni dividir la Sustancia".

Y en esta tradición del cristianismo medieval, y no del Islam, el Maulana Maududi desarrolló las ideas originales de Maulana Abul Kalam Azad y el "Hukunat-i-Ilahiyyah" ("Reino de Dios") (12) de los hermanos Jairi. San Agustín, Martín Lutero, Juan Calvino y Thomas Hobbes le proporcionaron los conceptos no islámicos de la ortodoxia, el dogma y la herejía, así como la retórica de la intolerancia.

Incluso los orientalistas, que nunca desaprovechan la ocasión de criticar el Islam, coinciden en que no hay dogma ni herejía en el Islam. Goldziher dice:

El papel del dogma en el Islam no puede compararse con el que juega en la vida religiosa de cualquier Iglesia Cristiana. No hay Concilios ni Sínodos que, tras una viva controversia, establezcan las fórmulas que se considerarán en lo sucesivo para abrazar toda la fe verdadera. No hay institución eclesiástica que sirva como medida de la ortodoxia, ni una única interpretación autorizada de las Sagradas Escrituras sobre la que pueda construirse la doctrina y exégesis de la Iglesia. El Consenso, que es la suprema autoridad en todas las cuestiones de práctica religiosa, ejercita una jurisdicción elástica y en cierto modo apenas definible, cuya misma concepción se explica además de forma diversa. Particularmente en la unanimidad que tendrá efecto como Consenso indiscutible. Lo que se acepta como Consenso por un colectivo, está lejos de aceptarse como tal por otro (13).

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