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Hawah Hussain
22/01/2009, 14:03
OBRAS:

- Risalat Hayy b. Yaqzan fi asrar al-hikma al-mashriqiyya (Epístola de Hayy b. Yaqzan sobre los secretos de la sabiduría oriental).


Se conservan buen número de manuscritos, entre los que destacan: Bodleian Library, Oxford (año 703=1303-4); Dar al-Kutub al-Misriyya, Taymur, Hikma, nº 19, atribuido erróneamente a Ibn Sab`in con el título de al-Mirqat al-Zulfà wa-l-mashrab al-asfà; Dar al-Kutub al-Misriyya, Taymur, Tasawwuf, nº 149; Landberg, E. J. Brill, Leiden, nº 533, 573; al-Maktaba al-Ahliyya de Argel (año 1180=1766); Monasterio de El Escorial, nº 696 (3), bajo el título de Asrar al-hikma al-mashriqiyya; Museo Británico, nº 978 (10); Familia al-Tantawi de Damasco (año 1283=1866-7), copia muy exacta, aunque tardía.


Este célebre relato filosófico ha sido objeto de múltiples ediciones. La primera de ellas es la de Eduard Pococke, con versión latina incluida: Philosophus autodidactus, sive Epistola Abi Jaafar ebn Tophail de Hai ebn Yokdhan, in qua ostenditur, quomodo es inferiorum contemplatione ad superiorum notitiam Ratio humana ascendere possit. Ex Arabica in Linguam Latinam versa ab Eduardo Pocockio, Oxford, 1671 (esta ed. sirvió de base para numerosas traducciones e inauguró en Occidente la costumbre de titular la obra como "El filósofo autodidacto"); Léon Gauthier, ed. crítica con trad. francesa (Hayy ben Yaqdhân. Roman philosophique d'Ibn Thofaïl, Argel, 1900; reed. Beirut, 1936), que sigue siendo una buena referencia; en los países árabes son de destacar las siguientes ediciones: El Cairo, Matba`at al-Watan y Matba`at Wadi l-Nil, 1881-2; Yamil Saliba y Kamil `Ayyad (Damasco, 1935; 5ª ed. 1962); Ahmad Amin (El Cairo, 1952); Albert Nasir Nadir (Beirut, 1968; 2ª ed. revisada 1982); Faruq Sa`d (Beirut, 1973; 3ª ed. 1980); y `Abd al-Karim al-Yafi (Damasco, 1995).


Tras Las mil y una noches, ésta es, posiblemente, la obra literaria árabe clásica más veces traducida y a un mayor número de lenguas. Ya en la Baja Edad Media fue vertida al hebreo por un autor desconocido; en 1349 Moisés de Narbona realizó un comentario en hebreo sobre dicha traducción; en el siglo XV se supone que Pico de la Mirandola realizó una versión latina a partir también de la traducción hebrea; en 1671 E. Pococke realizó su traducción al latín, apareciendo en los años siguientes traducciones al holandés e inglés a partir de esa versión; en 1701 apareció la segunda edición de la traducción holandesa atribuida a Benedicto de Spinoza, pero que en realidad fue realizada por su colega Johan Bouwmeester; en 1708 Simon Ockley realizó una nueva traducción inglesa, directamente del árabe; en 1726 J. Georg Pritius la tradujo al alemán a partir de las versiones latina e inglesa; una nueva traducción al alemán fue publicada en 1783 por J. C. Eichhorn; en 1900 apareció la traducción francesa de L. Gauthier. reeditada en Beirut en 1936. Hay noticias de que M. Quatremère había realizado una traducción francesa en el siglo XIX y que se conserva manuscrita en la Biblioteca de Munich. Otras traducciones son las publicadas por P. Brönnle, al inglés, en 1904; Kuzmin, al ruso, en 1920; Z. A. Siddiqi, al urdu, en 1955; B. Z. Fruzanfar, al persa, en 1956; Riad Kocache, al inglés, en 1982; L. E. Goodman, al inglés, en 1983; y O. F. Best, al alemán, en 1987.


Al español fue traducida por primera vez por Francisco Pons Boigues (El filósofo autodidacto de Abentofáil, novela psicológica traducida directamente del árabe, con prólogo de M. Menéndez Pelayo, Zaragoza, 1900; reed. Barcelona, 1987) y más tarde por Ángel González Palencia (Madrid, 1934; 2ª ed. Madrid, 1948; reed. Madrid, 1995, con intr. de Emilio Tornero). Emilio García Gómez preparaba una nueva traducción antes de su fallecimiento en 1995.


La Risalat Hayy b. Yaqzan de Ibn Tufayl se caracteriza por una peculiar y bien trabada fusión de discursos narrativo, filosófico, mítico y religioso. Adoptando expresamente el nombre del personaje simbólico divulgado por Ibn Sina en un breve opúsculo, Hayy ibn Yaqzan (Vivo, hijo de Despierto), Ibn Tufayl se propone explicar la verdadera sabiduría oriental (al-hikma al-mashriqiyya) de Ibn Sina. Con este propósito, Ibn Tufayl compone su espléndido relato filosófico dirigido, según el género de la epístola clásica, a un interlocutor anónimo que lo interpela, y de acuerdo con el siguiente esquema narrativo: a) interesante introducción crítica en la que el autor marca la esfera de su versión de la filosofía oriental avicenista en relación con la mística de al-Bistami o al-Hallay, citados sólo indirectamente, y, sobre todo, frente al pensamiento de Ibn Bayya, al-Farabi, al-Gazali y el propio Ibn Sina; señala los límites de los filósofos especulativos (ahl al-nazar) y aboga por el conocimiento superior de los santos (ahl al-wilaya), que es gustativo (dawq), inefable e intransferible; b) ubicación del relato en la isla mítica de al-Waqwaq en la India en el clima más perfecto debajo del ecuador; nacimiento mítico de Hayy: engendramiento biológico del héroe por parte de la hermana de un rey, al que oculta su gestación por tratarse del fruto de un amor prohibido, y salvamento del niño, como en el relato coránico de Moisés, lanzándolo al mar en una caja; posteriormente expone, con sumo detalle, la posible gestación por generación espontánea de Hayy a partir de la arcilla y con el concurso de los cuatro elementos fundamentales (tierra, agua, fuego y aire) y el de emanación (fayd) del Espíritu (ruh) divino; el autor no se pronuncia por ninguna de las dos versiones, pero ambas subrayan la ausencia absoluta de contacto del protagonista con la civilización; como otros héroes míticos criados por un animal, Hayy es amamantado en su isla desierta por una gacela, con la que mantiene una entrañable relación materno-filial y de aprendizaje, hasta el fallecimiento de la gacela y su disección por parte de Hayy para descubrir el motivo de su muerte; a partir de aquí, el solitario de Ibn Tufayl recorre un dilatado proceso de aprendizaje por observación, imitación y cierta experimentación de los mundos mineral, vegetal y animal, que se continúa con el conocimiento del cosmos, del alma y de los principios metafísicos; cada etapa evolutiva y cognoscitiva de Hayy se produce simbólicamente cada siete años; c) la observación de la perfección del mundo y de que todo necesita un hacedor, le lleva a la certeza de que ha de haber un Ser Necesariamente Existente (al-wayib al-wuyud); deja abierto, sin embargo, el difícil escollo de la eternidad o no del mundo; la luminosidad, pureza y movimiento circular y sempiterno de los astros celestes le hace entender que son intelectos cercanos al Hacedor y procede a asimilarse a ellos a través de la ascética y los ritos giratorios hasta alcanzar el éxtasis y la visión beatífica de Dios, que expresa en términos estéticos de esplendor y belleza inefables; d) encuentro con Asal (Absal, según algunos mss.): las divergencias con Salaman, rey de una isla cercana, y prototipo de la interpretación superficial de la Revelación, y, sobre todo, el estado de corrupción en que vive la sociedad, llevan al docto y piadoso Asal a buscar la soledad, para lo cual se traslada a la isla de Hayy; Asal enseña el lenguaje a Hayy, y descubre que éste ha alcanzado el máximo nivel contemplativo y todas las verdades reveladas por su propio esfuerzo intelectual, sin enseñanza ni texto de ninguna clase. Finalmente, y cuando Hayy comprueba la imposibilidad de reformar la sociedad, se queda con su compañero en la isla entregados ambos a la contemplación; e) breve epílogo en que el autor asegura haber expuesto, de modo velado e incompleto, sutiles secretos cognoscitivos nunca antes expresados.