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Ver la Versión Completa : La riqueza exuberante de la doctrina de Ibn Arabi



Hawah Hussain
22/01/2009, 14:59
Se llamó Abu Bakr Muhammad Ibn Alí Ibn Muhammad Ibn Áhmad Ibn Abdallah Al-Tá`i al Hátimi, nombres que hacen referencia a su genealogía y ascendientes, siendo más conocido como Ibn Arabi. Sus apodos fueron Al-Qútb Al-Akbar, el Polo espiritual mayor, Al-Hakím Al-Iláhi, el Sabio en lo Divino, Bárzah Al-Barázih, el Discernidor máximo de la Sabiduría, Muhii Al-Haqq ua Al-Din, Vivificador de la Verdad y de la Fe, Al-Báhir Al-Dhajír bil-Ma`árif, el Mar pleno de Sabiduría, Al Kibrít Al-Áhmar, el Mercurio rojo (símbolo de la Sabiduría), Al-Sheij Al-Ákbar, el Maestro máximo, Al-’Arif Bil-Láh, el Sapiente en Allah, etc.

Nació en Murcia, Al-Andalus, el 17 del mes islámico de Ramadán del año 560 de la Hégira, correspondiente al 28 de julio de 1165 d.C. Su familia descendía de antepasados nobles venidos de Arabia, y en su época sus tíos maternos y su padre eran espirituales de alto rango. Uno de sus tíos llamado Iáhia Ibn Iagan era el gobernador de Tlemcen, en Argelia, y abandonó su cargo para seguir la vida espiritual. Otro tío destacado en el orden espiritual fue Abu Múslim Al-Jauláni, conocido por su ascetismo y prácticas devotas. Otro tío suyo paterno, Abdallah Ibn Muhammad Ibn Arabi, se destacó también por sus estados espirituales elevados. (Todas estas referencias ofrece Ibn Arabi en su obra Al-Futuhat al-Makkiah, Las aperturas -o iniciaciones- de Meca).

Su familia vivía en forma acomodada, y cuando él cumplió los ocho años ya se encontraban instalados en Sevilla, centro político y educacional de Al-Andalus, donde Ibn Arabi recibió una educación islámica, y la memorización del Sagrado Corán en su totalidad, entre los ocho y los diez años. En los años iniciales de su juventud no demostró ninguna inclinación por la vida espiritual (llamada en árabe Al-Tassauf), cuyo objetivo es la purificación ascética y la obtención de los grados espirituales, bajo el modelo de las aperturas que tuvo el Profeta (BPDyC) en su ascensión al Trono divino.

Se casó tempranamente con Mariam Bint Muhammad Ibn Abdul Rahmán Al-Bayya`i, también de la gente destacada de Al-Andalus, comenzando él a trabajar en el gobierno de Sevilla aproximadamente a los 18 años. A poco de su casamiento Ibn Arabi cae muy enfermo, al punto de creer que moriría. Su padre se mantenía las noches junto a su lecho recitando el Sagrado Corán, especialmente la sura (capítulo) 36, llamada Iasín, que es también uno de los nombres del Profeta (BPDyC). Cuenta Ibn Arabi en Futuhat Al-Makkíah: “Enfermé y estuve inconsciente en ese lapso, hasta que ya me contaba entre los muertos, y vi en sueños a una gente de aspecto horrible que deseaba dañarme, y vi también una persona bella, fuerte, de aroma exquisito, que apartaba de mí a los otros, hasta que lograba someterlos. Le pregunté: ‘¿Quién eres?’, me respondió: ‘¡Soy la sura Iasín que te defiendo!’ En ese momento me desperté de la inconciencia, y he aquí a mi padre a mi cabecera, que lloraba mientras recitaba esa sura hasta concluirla. Entonces le informé de lo que había visto”.

A partir de entonces, y con posterioridad, especialmente desde que falleciera su padre, Ibn Arabi se dedicará por entero a la vida espiritual. En el año 580 de la Hégira, 1185 d.C. aproximadamente, a los 20 años, Ibn Arabi adoptó aquella vida, y cuando ya tenía 33 años su fama había rebasado Al-Andalus, y se expandía por Marruecos y otros países islámicos, que él visitaba en numerosos viajes para entrevistarse con maestros y sabios, lapso durante el cual discutía cuestiones de interpretación del Sagrado Corán, de metafísica y de vida espiritual. En muchas oportunidades permanecía junto a aquellos sabios durante un tiempo para aprender. Cierta vez, en el 597, estando en el actual Marruecos, por entonces gobernada por los almohades, tuvo una visión espiritual en la que se le ordenaba trasladarse a oriente.

Ibn Arabi narra: “Allah dispuso una visión en que vi un trono, y ese trono tenía patas de luz, no sé cuántas, pero yo las vi. Su luz se asemejaba al relámpago, pero a pesar de ello, vi que el trono tenía una oscuridad cuyo sosiego no se puede ni mencionar. Tal oscuridad está en lo profundo de ese trono. Y vi pájaros bellos que volaban en sus extremos, y vi allí un pájaro de los más bellos, y me saludo y me comunicó después que llevara compañía a los países de oriente. Estaba yo en la ciudad de Marrakesh (el actual Marruecos) donde tuve esa revelación”.

Partió entonces de Marrakesh llevando consigo al sufi Muhammad Ibn Hassar que se trasladaba a Tlemcen, en la actual Argelia. En el 598 estuvo en Túnez, y en Egipto en el mismo año, y de allí pasó a Meca. Donde iba se reunían buscadores de grados espirituales, de purificación, gente de apertura espiritual. En el 598 arribó entonces a Meca, donde se estableció un par de años, entre doctos y justos, y en el 600 pasó a Bagdad, en el Irak. Resumiendo, luego cumple un gran periplo que lo lleva a Asia Menor (la actual Turquía), y a Armenia, y que termina finalmente en Damasco, donde vive los últimos 20 años de su vida, y allí se encuentra su tumba, en el llamado Yábal Qasiún, la montaña de Qasiún, integrada hoy a la ciudad de Damasco. &nbs p;

Sus obras

Las más importantes son Futuhát Al-Makkíah, Revelaciones de Meca, un manual de toda la ciencia espiritual islámica. Fusús Al-Híkam, Engarces de la Sabiduría, que, según dice Ibn Arabi, le fue ordenado por el Profeta (BPDyC) en visión componerla. Turuymán Al-Ashuáq, El intérprete de los amores, y otras obras, como Tafsír Al-Quran, Exégesis del Sagrado Corán, en 24 tomos, y una Exégesis y Tau`il, interpretación profunda del Sagrado Corán, en tres tomos (que he tenido oportunidad de traducir en parte).

El problema que plantean los grandes maestros del sufismo es el de la ambigüedad que existe entre la mística y la filosofía. Fueron, en realidad, filósofos y místicos, y, especialmente Ibn Arabi superó la filosofía griega, y se introdujo en el mundo extraordinario de lo que podemos llamar de la imaginación metafísica, donde han encontrado los frutos de la espiritualidad del Profeta (BPDyC), y entonces ya no pueden hablar exclusivamente como filósofos.

Ibn Arabi maneja los dos idiomas, el místico y el filosófico, y lo hace perfectamente Es un teósofo, dejando de lado el significado actual de la “teosofía” en occidente. El problema del cristianismo ha sido que en él se introdujo y predominó el racionalismo de la filosofía griega. El Islam, en cambio, superó esto gracias a sus místicos, pensadores y filósofos.

Hawah Hussain
22/01/2009, 15:00
Es lo que se llama Uáhdatul-Uyúd, la unidad de la existencia o del ser. Aristóteles había dicho que el ser se dice de muchas maneras. Esta frase figura en su obra Metafísica. Quiere decir que todo lo que existe, los seres, todas las realidades, los átomos, los astros, en multitud incontable, todo es múltiple, aparece en una forma plural, que no se puede definir, de tan numeroso. Esa idea de la multiplicidad, del ser que se dice de muchas maneras, según Aristóteles, es contradicha por Ibn Arabi con la doctrina de la Unidad del ser o de la existencia, según la cual esa multiplicidad que nosotros vemos es aparente, y que en realidad lo que hay detrás de todo lo múltiple es Allah, la Realidad.

La filosofía griega se encerró en el “fisismo”, en la naturaleza, debido a la idolatría y el paganismo en que estaba inmersa. Los dioses eran “naturaleza”, seres descriptibles, compuestos de una materia que se podía definir. Eran, pues, múltiple dioses, seres concretos, estaban al alcance de cualquiera. Para Ibn Arabi, siguiendo al Sagrado Corán, y las tradiciones del Profeta Muhammad (BPDyC), Allah es la Realidad verdadera, y toda multiplicidad sólo constituye apariencia. Fuera de Allah no hay nada: O las cosas están en Allah o no son.

Todas las cosas son manifestación de Allah, de la Divinidad, y todas tienen con Él un vínculo sagrado, secreto. Pero ninguna es igual a otra, porque Él es infinito. Todas las cosas son desborde de Su realidad, Al-faidu -l-Illáhi, la Efusión divina, en El mismo, no fuera de El. Recordemos que efundir significa rebasarse algo, como cuando cae la lluvia, y siendo Él la suma Realidad, es el desborde de la exuberancia de Su propia Realidad que ha creado todas las cosas.

Esa es la doctrina básica de la Unidad del ser. Parece fácil, pero es muy difícil, y para explicarla en forma desarrollada, y realizarla en sí cada cual se necesitan muchos años.

Una idea que surge claramente en Ibn Arabi, y de otros sabios musulmanes, que los griegos clásicos no desarrollaron lo suficiente, es la idea de posibilidad. Hoy nos parece muy fácil concebirla, pero ¿saben cuánto le costó a la mente humana llegar a esa idea? Al igual que las ideas del cero matemático, que desarrollaron los musulmanes, y la idea de unidad de toda la raza humana, de universalidad, y la idea de que Allah es el Real y todas las cosas son aparentes, y solamente luces de Él, y manifestación de Él mismo. Así pues, la idea de posibilidad es una de las grandes cosas que el Islam transmitió a los hombres, y que se incorporó a su pensamiento y lenguaje. Dicha idea se comprende a través de los conceptos coránicos de la al-Iradah, Voluntad divina, y de al-Mashía, el Querer de Allah, cuyo desarrollo requeriría mucho más espacio que el que deseamos para esta corta nota.

Dijo el Profeta (BPDyC): “Adoptad la forma de ser de Allah” (tajállaqu bijuluqi -l-Láh). Sostiene Ibn Arabi que el hombre que alcanza grados espirituales elevados, que se inicia en la Realidad verdadera, adopta el modo de ser de Allah, como la tradición muy citada por Ibn Arabi: No deja el siervo de acercarse a Allah hasta que Allah lo ama, y cuando lo ama, es el oído con que [el siervo] escucha, los ojos con que ve, la mano con que actúa, y los pies con que camina. Y los ángeles se prosternan ante él a diestra y siniestra, y cuando él pide algo se le otorga. Tal el hombre nuevo, de la Restauración, el nuevo período que está por venir, la época del Mahdí (P), el hombre de la Paz y de la Justicia. Es el hombre que preconizó Ibn Arabi, que ha reconocido la divinidad de su vínculo con Allah, y que ha llegado a la Realidad, o a la realización.

No hay dos realidades, Allah por un lado, y el hombre por otro. Según Ibn Arabi, eso es ishrak, idolatría, asociación a Allah con otra cosa. Allah es Uno y Único, Absoluto y Eterno, no hay nada fuera de El. Cierta vez alguien le preguntó a Alí (P): “¿Qué piensas tú sobre el dicho Ua la Haula, ua la Quata illa bil-Lah (No hay Poder ni Fuerza sino en Allah)?”. Y él respondió: “No hay nada fuera de Allah. Si tú dices que algo es junto a Allah, o con Allah, te ajusticiaría”.

http://www.senderoislam.net/pri_ibn%20Arabi.htm