Muy bueno y oportuno este artículo.
Es una pena, que estas definiciones y distinciones que son tan absolutamente reales y determinantes en la vida de cada persona no sean del dominio general y de consciente conocimiento habitual de todo el mundo, porque son elementales para saber de qué se habla y quiénes somos.
En particular entre los musulmanes existe una especie de adoctrinamiento resuelto y determinado con el que se trata de hacer verdad que en cuanto a carácter, varones y mujeres son distintos, que la diferencia sexual va mucho más allá de las meras diferencias de órganos sexuales, y se pretende que esas diferencias más allá de las apreciables son parte del islam, que eso lo dice Dios. Pero eso no es así. Si se lee el honrado Alcorán recta y atentamente y sin partir de creencias dadas por descontadas la mayoría de las veces, no hay nada, absolutamente nada en el honrado Alcorán que diga que existe una diferencia sicológica entre varones y mujeres y que no sostiene ninguna de esas creencias dadas por descontadas.
La diferencia estriba en que cada uno expresa cada uno su carácter o sicología en las situaciones que le son específicas. Es evidentemente que no sale en el honrado Alcorán al pie de una palmera ningún varón dando a luz y por tanto en la situación de verse sólo frente al mundo con el sufrimiento y la vergüenza de que ese acto puede verse acompañado a los ojos humanos según las circunstancias es una vivencia específicamente femenina, pero no por el temperamento de quien la vive, sino por la vivencia en sí en la que se expresará cada persona según su temperamento, sólo que ea vivencia es exclusiva de mujeres.
Eso no quiere decir que un varón no sea capaz de experimentar esos mismos sentimientos, sólo quiere decir que no se va a ver en esa circunstancia para experimentarlos. Es decir la diferencia entre varones y mujeres no es de carácter, sino de vivencia en el caso de que se dé.
El resto de las atribuciones sicológicas, como bien muestra el artículo, son estereotipos que se admiten sin cuestionar y se transmiten y propagan de igual manera.
Está claro que hay interés consciente o inconsciente en mantener esos mitos y estereotipos sobre, por ejemplo, la emocionalidad de la mujer y la racionalidad nasculina, y eso por mucho que nos encontremos por la vida con varones emocionales a tope y mujeres racionales hasta la exasperación, sólo que en cada sexo y según el medio se reprimirán esas actitudes. Pero a un entendimiento que da por descontados ciertos privilegios de un sexo sobre el otro le es imprescindible mantener esas diferencias míticas hasta hacer desaparecer bajo ellas, las diferencias biológicas reales, que estas sí que son determinantes, en beneficio del sexo privilegiado.
Si se da por sentado que las mujeres son más emocionales y el varón más racional, entonces, ya no hay que esforzarse gran cosa en hacer valer la autoridad de él sobre ella, porque es por el bien de todos. Por lo tanto es preciso mantener el mito para que no se hunda la concepción que se inculca en los varones de sí mismos y de sus privilegios de mando y autoridad.
Esto es muy dañino para ellos, porque les da unas expectativas y exigencias sobre sí mismos que algunos pueden cumplir, pero otros más no. De la misma manera que hay mujeres dulces y apaciguadoras que no discuten, pero muy poquitas, por más que se pretenda que todas son así, también hay pocos varones que encarnen esa personalidad "tan masculina" de saber siempre qué hacer, cómo mandar y todo eso. Entonces, los que no llegan se sienten fracasados y si la mujer o las hermanas o la madre no los ven como lo que se les ha enseñado que deben ser, reaccionarán, a menos que sean muy objetivos, realistas Y HUMILDES (difícil cuando se te llena la cabeza de pajaritos) con ira, porque se les niega lo que se les debe y ellos mismos no se pueden imponer como debieran. O sea, frustración a tope. O bien todo el mundo hace el paripé, ellas de que ellos son mucho más de lo que demuestran y ellos creyéndose que los demás los tienen por lo que dicen y que de hecho no los manipulan. En suma, una sociedad basada en la mentira, en el aparentar, en el "sacrifiquemos a las personas al esquema y que éste no se toque".
Evidentemente, ni todas, ni siquiera quizás la mayoría sucumben a eso, porque en el fondo la gente está siempre por encima de las idioteces que se les inculcan, pero mucho sí que se queda pegado e impregna todo y, por mantener la paz, se sacrifican muchas cosas y se dejan pasar muchas injusticias hechas a muchas personas en loor a esas falsedades.
El honrado Alcorán vino para liberarnos de todo, solos frente a Dios, solos frente a la Verdad, Al Haqq.
Debiéramos reconocernos sin mitos, sin parches, solos y compañeros frente a nuestro Hacedor que nos hizo como nos hizo y no para satisfacer ninguna necesidad de una imagen mítica de nosotros mismos a fin de escondernos la verdad porque no podemos con ella.
El honrado Alcorán no establece roles sexuales, no los santifica, no considera que incluso cuando existen nadie debe ser acrificado a ellos.
Pero, es una tentacion con la que nos pone a prueba y nos obliga a superarnos.
Como bien muestra la autora del artículo, el camino de progreso hacia la verdad con la superación de estereotipos de género parece que en las últimas décadas se ha invertido y ahora se refuerzan más y más los estereotipos. La lucha, que en otros años fue muy consciente por la emancipación de la mujer, en muchos aspecto va para atrás. Se ha dado por descontado que hemos llegado, y lo cierto es que nos hemos dormido en los laureles de manera lastimosa. No estamos donde estábamos hace un siglo, pero no estamos tampoco con el espíritu de lucha justiciero e igualitario de hace medio siglo. Y la tentación sigue siempre presente. Es una lucha en la que no podemos bajar la guardia, por feministas, porque las mujeres no podemos ser el pedestal en el que se aúpe ningún falso diosecillo, y por los varones porque no se los puede empujar a ser lo que no son, ni pueden alcanzar con el consiguiente sentimiento de fracaso y subestima y desprecio hacia sí mismos que es la consecuencia de esa clase de vivencia y la ira y desencanto consiguientes que de poder ser valedores y adalides de los más necesitados de la sociedad, los convierten al contrario en pozos negros que absorben de todos y no devuelven nada.
Repito que a pesar de lo fuerte de la tentación, ni todos ni todas sucumben y nunca faltan ejemplos de los que aprender.
Salaam


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