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La obsesión sentimental o fascinación
La obsesión en las relaciones personales hace referencia al deseo insatisfecho de conseguir o poseer a una persona que uno se ha puesto como meta. Si el deseo es fácilmente conseguible, una vez conseguido se pierde el interés. Pero si es costoso, se vuelve un reto. El deseo se incrementa y, al no verse satisfecho, se convierte en obsesión. Muchas veces esto no refleja un sentimiento verdadero, sino sólo una insatisfacción y una necesidad, que puede ser sexual y/o afectiva. Por ello, la obsesión hace perder el sentido de la realidad. La obsesión es característica de las personas caprichosas, que han vivido mucho tiempo centradas en satisfacer sus caprichos y cuando estos deseos no se cumplen se ofuscan en sí mismos. También las personas reprimidas, que tiene dificultades para expresar sus sentimientos, son objeto de la obsesión sentimental. Suelen fascinarse por la persona objeto de su deseo y crean una fantasía alrededor de ella que no se corresponde con la realidad, pero que alimenta ese deseo y también la esperanza de que si se consigue se puede llegar a ser feliz.
¿Expuesto así podríamos tomar a lo que el personaje de Don Quijote acaba sintiendo por Dulcinea del Toboso?
Es un buen ejemplo de lo que significa la fascinación y la obsesión sentimental.
En la obsesión trabaja mucho la mente y poco el sentimiento, hasta el punto de que uno puede llegar a creer que lo que piensa es lo que siente. La falta de atención a los sentimientos hace que ni siquiera se preocupen por si son correspondidos o no. Suelen ser
personas que no actúan con sinceridad, pues suelen tener miedo al rechazo y no están dispuestas a admitirlo. Su propósito es conseguir a la persona deseada a cualquier precio, incluso pasando por encima de su voluntad si hace falta. Por eso no expresan abiertamente sus intenciones, sino que actúan con astucia para conseguir lo que quieren sin dar la oportunidad al otro de decir no. Si son físicamente bellos creen poder doblegar la voluntad y el sentimiento de la otra persona a través de la seducción. Si son inteligentes estudian las debilidades de la otra persona y utilizan ese conocimiento para poder conquistarla a través de la persuasión, el halago y la satisfacción de las necesidades y caprichos de la otra persona. Si son espíritus poco sensibles, en caso de no conseguirlo por estas vías, utilizarán otros métodos que vulneran todavía más el libre albedrío, como el chantaje, la intimidación, la coacción y la violencia.
¿Qué pasaría si llegaran a conseguir a la persona que desean? ¿Serían felices?
No. Por un tiempo sienten la satisfacción de haber conseguido lo que deseaban. Pero cuando observan que la realidad no está a
la altura de sus expectativas, sufren grandes decepciones y eso hace que se desencanten rápidamente de la relación. A sus
ojos, su ahora pareja, a la que veían antes como un dios o una diosa pasa a ser ahora alguien normal y vulgar para ellos, lo que hace que progresivamente pierdan el interés por ella. Suelen culpar al otro de que la relación no funcione, cuando en realidad su insatisfacción viene de la falta de sentimiento que se esconde tras la fascinación. Sin embargo, pueden volverse posesivos si perciben que otras personas se interesan por su pareja, porque la consideran un trofeo que les ha costado mucho conseguir y que por eso les pertenece en propiedad. Y entonces ni viven, ni dejan vivir, ya que ni son felices en la relación ni permiten que la otra persona se libere de ella y busque la felicidad por otro lado. Es como el niño caprichoso que patalea cuando los padres no acceden a comprarle un juguete que desea y, cuando lo consigue, juega un ratito y luego se cansa de él. Pero si otro niño se interesara por el juguete
entonces vuelven interesarse por él, no porque les vuelva a resultar atractivo, sino porque no quieren ceder lo que consideran de su propiedad.
¿Cómo se supera la obsesión sentimental?
Se debe superar el apego activo, esto es, la concepción del amor con derecho de propiedad. Si la persona no es correspondida en sus sentimientos, tiene que aceptar esta realidad sin intentar forzar un cambio, ya que los sentimientos son libres y no se pueden ni deben forzar, pues lo único que conseguiría es sufrir y hacer sufrir. Si la obsesión se da en una persona reprimida se supera a través de vencer la timidez y la represión, teniendo la valentía de expresar lo que se siente en cada momento con sinceridad, sin ocultar su intención por miedo del rechazo. De esta manera conseguirá que sus relaciones sean reales y no generará fantasías ni obsesiones en
torno a la persona que le gusta, pues si es correspondido podrá tener una relación natural con ella, sin necesidad de engaños ni
manipulaciones y, si no lo es, podrá pasar página con la conciencia tranquila, sin aferrarse al pensamiento de lo que pudo haber sido y no fue por no haberlo intentado.
Continuara...
Dios está separado de nada y nada está separado de Dios. Todos somos UNO. Nada más importa. Dios AMA cada ser humano que ha vivido, que vive o que vivirá...