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Tema: La Primera guerra mundial de las palabras

  1. #1
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    Predeterminado La Primera guerra mundial de las palabras

    La Primera guerra mundial de las palabras - Palestine Think Tank y Tlaxcala declaran la guerra contra la desinformación

    Terrorismo sintáctico

    AUTOR: Santiago ALBA RICO

    “Un pistolero palestino dispara a matar en Jerusalén”, titula la primera página de El Mundo digital de esta mañana. Después la vista recula hacia la entradilla montada sobre el encabezamiento: “Al menos una persona herida”; a continuación, los que tenemos la paciencia de leer el grueso de la noticia, nos enteramos de que la única víctima mortal de esta acción ha sido precisamente su ejecutor. Dejemos a un lado el término “pistolero”, cifra de la violencia irreductible, tan despolitizador que legitima en sí mismo cualquier respuesta, tan negativamente plano que se evita incluso para los locos indiscriminados que matan en los colegios y restaurantes de EEUU; no atendamos tampoco al hecho de que los palestinos asesinados El Mundo los contaba ayer -a medida que, hora tras hora, iba creciendo su número- a pie de página, en el bolsillo de atrás de “Otras Noticias”.

    Más sutil aún, hay que prestar atención al terrorismo sintáctico, a la torsión o tortura de las frases en su estructura misma. ¿Hemos reparado alguna vez en que los palestinos son siempre los “sujetos”, activos o pasivos, de todas las oraciones? “Un pistolero palestino dispara a matar en Jerusalén”, “Un palestino muere como consecuencia de un intercambio de disparos con el ejército israelí”. ¿Percibimos toda la distancia que media entre decir “Un colono judío mata a tiros a tres palestinos” y decir, en cambio, “Tres palestinos mueren a manos de un colono judío?”. El verdadero “agente” de todos los problemas en Palestina se retira a posiciones sintácticas retrasadas y, allí agazapado, borra todos los rastros de su responsabilidad. Los palestinos matan (decisión alboral, libre, irrumpiente, negativa); los palestinos mueren -como si fuera una ley de la naturaleza. Los palestinos, en efecto, siempre mueren a consecuencia de (el más volátil de los “causales”) un misil lanzado desde un helicóptero; a continuación de una incursión de tanques en Nablus; después de un tiroteo entre fuerzas de Al-Fatah y soldados israelíes. ¿Quien los ha matado?

    Si yo digo que mi abuela murió pocos minutos después del comienzo de los bombardeos sobre Afganistán, a nadie se le ocurrirá establecer una relación hipotáctica entre los dos acontecimientos y echar la culpa a los B-52 norteamericanos. El terrorismo sintáctico yuxtapone dos acciones que están relacionadas, en cambio, por una indisoluble relación causal. “Tres niños palestinos mueren en el hospital después de una incursión israelí”: el lector tiene que hacer un esfuerzo para restablecer el verdadero sujeto, semántico y moral, de esta frase. Esos niños, ¿no habrán muerto de sarampión? ¿No se habrán caído de una tapia? En Palestina se dan todos los días coincidencias como las de mi abuela, con una frecuencia tal que sorprende que no haya más especialistas en parapsicología en las calles de Jerusalén.

    “Siete jóvenes palestinos mueren de muerte natural después de que un obús israelí pulverice su casa”. “Una mujer palestina se derrumba, víctima de un paro cardiaco, al mismo tiempo que un soldado le dispara al corazón”. Nada más paradójico que el que los periodistas hayan acabado refugiándose, sin saberlo, en la filosofía del viejo musulmán Algacel (o Al-Gazzali, muerto en 1111), el cual para defender la libertad absoluta de Dios se vio obligado a negar los encadenamientos causales; contemporáneas o sucesivas, la Ocupación y la Intifada, los disparos israelíes y los niños reventados no guardan entre sí ninguna relación. Dios es libre de hacer lo que le dé la gana y de ligar dos fenómenos como se le antoje; Israel sólo parece culpable porque, en nuestra escala cronológica convencional, los disparos preceden a los muertos. Pero, ¿no bastaría que los palestinos se murieran primero y que los israelíes dispararan después para que se nos revelase, como a los periodistas, toda la inocencia del Ocupante?



    Para leer otras entradas de esta Primera guerra mundial de las palabras, pinche en el enlace:

    http://www.tlaxcala.es/reponse_pp.as...e+las+palabras



    La Primera guerra de las palabras es una iniciativa de Palestine Think Tank y Tlaxcala.

    Los autores que deseen participar en esta “guerra de las palabras” pueden enviar sus textos a contact@palestinethinktank.com y a tlaxcala@tlaxcala.es .

    Fuente: del libro Torres más altas, Numa Ediciones (Valencia 2003) - ISBN: 9788495831057

    Artículo original publicado el 24 de octubre de 2001

    Sobre el autor http://www.tlaxcala.es/detail_auteur...&reference=438

    Santiago Alba Rico es un autor asociado a Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Este artículo se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor y la fuente.

    URL de este artículo en Tlaxcala: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=8843&lg=es

  2. #2
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    Cuantísima razón hermano, en esto me habia fijado yo muchas veces, esto demuestra que los medios de comunicación nos meten lo que quieren en la cabeza, y no sabéis hasta que punto

  3. #3
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    Cita Iniciado por Legend Ver Mensaje
    Cuantísima razón hermano, en esto me habia fijado yo muchas veces, esto demuestra que los medios de comunicación nos meten lo que quieren en la cabeza, y no sabéis hasta que punto
    Bueno... Hay un refrán un tanto grosero que dice que "el que se deja, es porque le gusta".

    Si "no nos gusta", "no nos dejemos" y participemos de esta lucha contra la desinformación.

    Un saludo

    Jorge Aldao

  4. #4
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    Cita Iniciado por Jorge Aldao Ver Mensaje
    Bueno... Hay un refrán un tanto grosero que dice que "el que se deja, es porque le gusta".

    Si "no nos gusta", "no nos dejemos" y participemos de esta lucha contra la desinformación.

    Un saludo

    Jorge Aldao
    Perdón Legend...
    Me contagié, me puse grosero y me olvidé de saludar....

    Hola

    Un saludo

    Jorge Aldao

  5. #5
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    Predeterminado Devolviendo el sentido a las palabras 1ra parte

    La Primera guerra mundial de las palabras - Palestine Think Tank y Tlaxcala declaran la guerra contra la desinformación

    Devolviendo el sentido a las palabras

    AUTOR: Mary RIZZO

    Traducido por Manuel Talens

    Hay vocablos que se utilizan para desencadenar emociones y ofuscar la mente. Han sido diseñados para embrutecer de forma transitoria las facultades críticas del intelecto, pues aunque permanecen fonéticamente vívidos y capaces de despertar una respuesta emocional en quienes los escuchan, sus connotaciones semánticas han sido parcial o totalmente modificadas por quien las propaga como emisor del mensaje. Nuestro léxico actual incluye muchas palabras y locuciones especialmente diseñadas para inspirar opiniones y obtener un apoyo “moral” a proyectos políticos o ideológicos específicos. Su objetivo último es la creación de consenso, el requisito indispensable de la “democracia”.

    El uso de herramientas lingüísticas de persuasión es uno de los aspectos más sofisticados de la denominada “guerra psicológica”, a saber, las operaciones de orden psíquico puestas en marcha por los gobiernos, particularmente en tiempos de guerra o de crisis [1]. Pero la guerra psicológica también forma parte de la comunicación periodística básica y del “discurso público”. Dado que todos utilizamos la herramienta del lenguaje, su codificación es esencial para que no sea necesario definir todos sus fonemas, lo cual facilita el intercambio de ideas. Sin embargo, hay individuos cuya única tarea consiste en convertir las palabras en armas e instrumentos funcionales de propaganda. Sabemos por experiencia que la Hasbará israelí está organizada de tal manera que crea consenso mediante la continua reiteración retórica de su indiscriminado y tendencioso apoyo a Israel [2].


    Big Brother, de Abbé Nozal (Tlaxcala)

    Este lenguaje, artificialmente modificado, está imbuido de forma tan meticulosa en el pensamiento occidental contemporáneo que el orwelliano Ministerio de la Verdad se ha convertido en la predicción novelística de lo que en Israel hacen a diario el Ministerio de la Hasbará y todas sus ramificaciones más o menos oficiales distribuidas por el mundo. Cuando uno mira las noticias por la noche, ya prácticamente ni se extraña al enterarse de los actos cometidos contra poblaciones civiles que viven bajo ocupación militar: crímenes de guerra bajo cualquier circunstancia se comunican como si fuesen actos legítimos e indispensables o incluso realizados con fines humanitarios. Esas mismas atrocidades circulan camufladas como pasos imprescindibles para la paz y la coexistencia, mientras que el sufrimiento humano que provocan permanece oculto o desmentido. Sin embargo, cuando la víctima del sufrimiento es un occidental o pertenece “al mismo campo democrático”, se pone en marcha el mecanismo opuesto, que desencadena nuestra indignación moral. Somos la clientela sumisa de los medios occidentales, cuyas informaciones ya totalmente digeridas nos parecerían repugnantes si se cambiasen las tornas y, en vez de ser los verdugos, fuésemos las víctimas.

    Quienes escriben y compilan sus informes prestan más valor intrínseco a las vidas de los de su bando y ensamblan la información de manera que refuerce este sesgo tendencioso y lo convierta en pensamiento normativo. Cuando muere un soldado occidental se lo glorifica como héroe, sin que importe dónde estaba o lo que hacía en el momento de morir, y lo mismo sucede con los israelíes que ocupan territorios sometidos a la “limpieza étnica” de la población que no es judía. Cuando se nos explicita el objetivo de cualquier acción violenta, la estatura moral que se le otorga es proporcional a su cercanía con la imagen que tenemos de nosotros mismos. Si las víctimas pertenecen a los “malos”, casi se espera que sintamos alivio y una descarga de patriotismo con el mensaje implícito de que “el bien ha prevalecido”. A la par, se espera de nosotros que nos pongamos del lado de quienes viven en Sderot, que sintamos como si sus dificultades, su actitud “altiva” o el nerviosismo de sus gatos fuesen naturalmente nuestra principal preocupación. Durante el cerco de Gaza, los medios de masas concedieron el mismo espacio informativo y otorgaron la misma gravitas a un grupo de adolescentes que se quejaban de su confinamiento entre la escuela, el hogar y los refugios antibombas que a los padres palestinos desesperados ante la destrucción de sus hogares y el asesinato de sus hijos por parte de los soldados y las bombas israelíes. Una equivalencia entre sufrimientos tan desproporcionados como éstos sería absurda en cualquier contexto, pero lo que pretenden tales reportajes es que no parpadeemos al contemplarlos.

    De igual manera, se espera que aceptemos las justificaciones israelíes, según las cuales su ejército es “el más moral de todo el mundo”, y ello con independencia de las fotografías que se fueron filtrando desde el infierno de Gaza. El primer ministro de Israel trató de acallar las quejas internacionales con las siguientes palabras: “El ejército israelí, de una moralidad sin parangón alguno, se ha preocupado celosamente de actuar de acuerdo con el Derecho internacional y ha hecho todo lo posible para impedir cualquier daño a la población civil que no estuviese implicada en el combate, así como a sus propiedades. Con este fin, entre otras cosas lanzó desde el aire muchas hojas explicativas y utilizó los medios de comunicación y la red telefónica local [3] para advertir de antemano y con todo detalle a la población civil. El ejército israelí también se ha ocupado de cubrir las necesidades humanitarias de la población civil durante los combates en la Franja de Gaza.” [4]

    Si dejamos de lado el juicio de valor inherente a dicha afirmación, según la cual el ejército israelí es de una moralidad sin parangón alguno, el comunicado de prensa oculta el contenido de las hojas explicativas “humanitarias” y elude cualquier explicación sobre “uso” de los medios y de la red telefónica locales. Las hojas advertían a la gente –que estaba en una ratonera y sin posibilidad de escapar– de la destrucción a la que se expondrían “si no se iban”. Esto demuestra la intención premeditada de causar daño y la amenaza de muerte y destrucción de propiedades civiles. Con respecto a las llamadas telefónicas, un artículo publicado en USA Today afirmó que los palestinos recibieron llamadas tanto a sus teléfonos celulares como a los fijos, en las cuales se les advertía que sus hogares iban a ser bombardeados. Era imposible rastrear o bloquear tales llamadas, porque provenían de compañías telefónicas internacionales. Según los funcionarios israelíes, fue este un servicio que prestaron a los palestinos (antes del auténtico “servicio”, es obvio), pero el comandante Jacob Dallal, portavoz del ejército, se negó a revelar cómo habían obtenido los números de los teléfonos celulares de Gaza (no existe un listín telefónico de tales números).

    El “uso” de los medios locales se debió a la efracción del ejército israelí en las imágenes de Al Aqsa TV y en la sintonía de las emisoras de radio, entre ellas las de Hamás, el FPLP y la Jihad Islámica. Según Kamal Abu Nasser, durante las retransmisiones de la Voice of Jerusalem, al ejército israelí interrumpía la señal a lo largo de una hora cada día para emitir mensajes en los que acusaba a Hamás de todos los problemas de Gaza. Estas afirmaciones han sido corroboradas por muchos gazanos que dependían de la radio como única conexión con el mundo exterior y que, a su pesar, se veían bombardeados con propaganda por los mismos que lanzaban bombas sobre sus cabezas.

    Las detalladas advertencias y la ayuda humanitaria también son fáciles de refutar. El ejército israelí ni siquiera comunicó a los médicos el tipo de armas que estaba utilizando ni cómo tratar las extrañas heridas que éstas producían, típicas de los explosivos de metal inerte denso y del fósforo blanco. Como todo el mundo sabe en la actualidad, la Franja de Gaza sufrió un bloqueo total por tierra mar y aire y únicamente permanecieron permeables los túneles subterráneos bajo la frontera con el Sinaí. Tanto los israelíes como los usamericanos no tardaron en denunciar que estaban siendo utilizados para “la introducción ilegal de armas”, no como la única vía accesible a productos necesarios, toda vez que los pasos fronterizos habían sido sellados por Israel y Egipto y en ellos permanecían estacionadas las fuerzas de seguridad leales a Fatá. La lectura de cualquier declaración de Israel exige siempre un gran esfuerzo. La verdad está en ellas, pero falseada por lo que expresan sus palabras. Y, sin embargo, tales declaraciones se aceptan sin rechistar e incluso alcanzan un estatus humanitario.

  6. #6
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    Predeterminado Devolviendo el sentido a las palabras 2da y última parte

    ¿Nos toman por ciegos, sordos y estúpidos quienes las escriben y difunden o es que somos todo eso y mucho más? ¿Acaso el hecho de vivir como seres privilegiados en este planeta, “fuera del eje del mal”, nos impide vernos tal como otros nos ven y nos exime de sentirnos asqueados ante la importancia que creemos tener y el desprecio que mostramos a los demás? ¿Nos hemos convertido en los monstruos insensibles que seguramente parecemos o sólo hemos sido adoctrinados y nos lavaron el cerebro hasta bloquear nuestras facultades críticas?

    Dado que los medios de masas no pueden censurar ni impedir que todo salga a la superficie, quienes los controlan se cubren la espalda ofreciendo la interpretación canónica de los acontecimientos, que nosotros hemos de aceptar como si fuese “factual” o incluso como la “verdad”. Si todavía somos capaces de ver, el objetivo de los expertos de la Hasbará es impedir que pensemos. Por eso, los mensajes que despiertan el miedo y las frases fabricadas a modo de eslogan están siempre a mano. Le ahorran ese esfuerzo a nuestro cerebro. Hemos de sentirnos “informados”, pero sin discurrir ni pensar (de hecho, sería perjudicial para ellos). Y, cuando hayamos cesado de pensar, guardaremos silencio frente a la violencia utilizada para oprimir al débil.

    Los regímenes totalitarios han dependido siempre de la ignorancia o el miedo para establecer, consolidar y mantener su dominio sobre quienes, de otra manera, se sublevarían contra ellos. Lo mismo parece ser verdad en las “democracias” actuales. Se presiona a organizaciones benéficas islámicas y se tacha de terrorismo a grupos que combaten la ocupación, mientras que las relaciones diplomáticas dependen del beneplácito de quienes controlan los hilos del dinero. Se establecen condiciones que prohíben explícitamente el apoyo a movimientos políticos o a gobiernos que mantienen una postura crítica con respecto al Estado sionista, como si ése fuese el criterio que inhabilita a toda una nación en el ámbito mundial. En pocas palabras, incluso las democracias (¿demonocracias?) practican un poderoso adoctrinamiento destinado a inculcar su ventaja desde los puntos de vista hegemónico, económico o incluso moral. Se utilizan los medios, tanto en su vertiente informativa como de entretenimiento, para lavar el cerebro y configurar un modelo de “buen ciudadano”, con el fin de que la sociedad apoye mayoritariamente cualquier plan político que el gobierno defienda. Los efectos se hacen sentir de arriba abajo en todos los estratos sociales, incluso en nuestros hijos, de quienes se espera que aclamen acríticamente a “héroes de la paz” armados hasta los dientes en Afganistán e Iraq. A fin de cuentas, parece ser que Orwell tenía razón.

    La lucha contra la retórica vacía, la deconstrucción de las mentiras y la reconquista de nuestro sentido crítico han dejado de ser un lujo para convertirse en una absoluta necesidad. Con el objetivo de contribuir a esta toma de conciencia, Palestine Think Tank y Tlaxcala lanzan hoy una campaña internacional de ensayos centrados en la deconstrucción analítica de muchos de esos términos y locuciones, como paso inicial para construir un lexicón alternativo con una lectura más cabal de las palabras que, en estos momentos, ejercen su asedio contra nosotros como instrumentos emocionales de propaganda. Pedimos a nuestros autores asociados, miembros y afiliados que reflexionen y escriban sobre estos asuntos e invitamos también a nuestros lectores a que colaboren con ensayos originales para su publicación, su traducción y su difusión.

    ¿Que vocablos nos interesan? Hay muchos para escoger, así que dejamos la elección al criterio de los escritores. De ninguna manera deseamos limitar los ensayos a uno solo por tema elegido, pues podría ser que otros autores deseasen aportar puntos de vista o argumentos adicionales. Esperamos que este esfuerzo de colaboración internacional pueda contribuir a una mejor comprensión de los asuntos mundiales y a una mayor conciencia de cómo podríamos incidir de forma activa en este empeño, no meramente con el rechazo de las definiciones viciadas que pretenden imponernos, sino llenando las palabras de contenido y desentrañando sus dimensiones de verdad.



    Notas

    [1] Véase http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_psicol%C3%B3gica

    [2] Véase http://es.wikipedia.org/wiki/Hasbar%C3%A1

    [3] Véase http://www.mfa.gov.il/MFA/Government...7-Jan-2009.htm

    [4] Véase http://www.mfa.gov.il/MFA/Government...month_calm.htm



    Para leer otras entradas de esta Primera guerra mundial de las palabras,
    pinche aquí http://www.tlaxcala.es/reponse_pp.as...e+las+palabras

    La Primera guerra mundial de las palabras es una iniciativa de Palestine Think Tank y Tlaxcala.

    Los autores que deseen participar pueden enviar sus textos a contact@palestinethinktank.com y a tlaxcala@tlaxcala.es.

    Fuente: La autora

    Artículo original publicado el 2 de octubre de 2009

    Sobre la autora http://www.tlaxcala.es/detail_auteur...es&reference=8

    Mary Rizzo y Manuel Talens son miembros de Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Rizzo es también editora de http://palestinethinktank.com/ y Talens pertenece al colectivo de Rebelión. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, al traductor y la fuente.

    La imagen Big Brother, de Abbé Nozal, está inspirada en una ilustración anónima del artículo Brainwashing and 911, de Terry Morrone.

    URL de este artículo en Palestine Think Tank : http://palestinethinktank.com/2009/1...isinformation/

    URL de este artículo en Tlaxcala: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=8844&lg=es

  7. #7
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    Predeterminado

    Creo que muchos de nosotros hemos ido señalando en distintos mensajes una parte de esa guerra contra la ocupación lingüística. Porque de la misma manera que se ha ocupado, diezmado, disgregado y desorganizado (en su sentido de desunir órganos) a la población de Palestina, se está ocupando el lenguaje, los idiomas, hasta convertirlos en una sucesión de palabras flash sin trabazón ninguna, carentes de lógica o ilación. El lenguaje-consigna en el que cada palabra es un islote separado e incomunicado del resto del mundo y de los conceptos y una orden de no pensar más allá de la cantidad que estipula ese vocablo consigna.

    Nada de extrañar pues que el hablar de Palestina demuestre eminentemente esa ocupación del lenguaje. El problema palestino. Todo aquello en lo que estamos dispuestos a escurrir el bulto o se nos ordena escurrir el bulto se nos camufla en un lenguaje que echa para atrás. Entonces "problema palestino". ¿Y no es más bien el problema israelí, o el problema sionista o mejor aún, el problema imperial? Porque Palestina y los palestinos no plantean ningún problema. Es la ocupación ilícita e ilegal de un territorio y la expulsión y elminación de sus pobladores lo que es no ya un problema, sino un delito. Es decir, problema no hay ninguno. Es: se consiente y se coadyuva al delito o se impide, y los amos nos mandan no impedirlo, sino muy al contrario, mandan decir que las víctimas son los malos y los que dan guerra.

    Yo hay muchas veces que me quiero morir por no ver como los malditos imperiales quiebracerebros destrozan los idiomas, la hermosa lengua castellanas y todas las que pillan, despojándolas de su sustancia y trabazón hasta convertirlas en un bla, bla, bla de idiotas.

    Vivan las lenguas hermosas de los seres que se gozan en la unidad de la vida. Viva Palestina libre e íntegra. Viva la justicia y el derecho. Abajo las imposturas.

    Salaam
    Boicot a los ocupantes de Palestina
    http://foro.webislam.com/showthread.php?t=837

    ----------

    A las aladas almas de las rosas
    del almendro de nata te requiero,
    que tenemos que hablar de muchas cosas,
    compañero del alma, compañero.

  8. #8
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    Predeterminado

    Badr… Salam

    Es muy cierto… y hace rato que los sionazis vienen haciendo esto por medio de lo que se conoce como “hasbará”.
    En la Wiki dicen lo siguiente, entre otras cosas:

    “ Aunque su significado exacto es esclarecimiento, su uso en el contexto político es controvertido. El diplomático israelí Gideon Meir ha dicho que no existe traducción exacta de hasbará al inglés ni a ninguna otra lengua, y la ha descrito como diplomacia pública, una acción emprendida por todos los gobiernos del mundo ante la importancia creciente de lo que en las relaciones internacionales se denomina soft power (es decir, la capacidad de un cuerpo político para influir indirectamente por medio de instrumentos ideológicos o culturales). Gary Rosenblatt la describe como "defensa" o "apoyo". Por su parte, Nathan Guttman ha caracterizado la hasbará como "propaganda favorable a Israel", en tanto que Avi Hyman lo distingue de la mera propaganda: "mientras que la propaganda se esfuerza en destacar los aspectos positivos de un lado en un conflicto, la hasbará intenta explicar las acciones, estén o no justificadas."
    La Hasbará surge pues como una necesidad de contrarrestrar la supuesta tendenciosidad de los medios de comunicación y la animadversión de los organismos internacionales hacia Israel.”


    Por ello creo que es tan importante que desde el lado de “los que no tienen la costumbre de estar del lado de sol que más calienta”, se haya empezado esta “Primera guerra mundial de las palabras” y te animo a que envíes este mensaje tuyo (y animo a todos) a participar en ella, acercando sus ideas a las páginas citadas en la primera nota de este hilo, cuando se señala:

    La Primera guerra de las palabras es una iniciativa de Palestine Think Tank y Tlaxcala.
    Los autores que deseen participar en esta “guerra de las palabras” pueden enviar sus textos a contact@palestinethinktank.com y a tlaxcala@tlaxcala.es


    Porque es muy cierto eso que dices de que es falso, es decir, forma parte de la Hasbará eso de hablar del “problema palestino”.
    Y tampoco es un “problema judío”.
    15 siglos de pacífica convivencia de Musulmanes, Judíos y Cristianos en las tierras de Canaán demuestran que no es un problema ni árabe musulmán (palestino) ni judío ni cristiano.
    Como bien dices, este problema comenzó cuando los sionistas “usados por” y “usando al” Imperio Británico (y hoy “usados por” y “usando al” decadente Imperialismo USAmericano) decidieron borrar de un plumazo esos 15 siglos de vivir en paz y convertirlos en un problema.

    Un saludo

    Jorge Aldao

  9. #9
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    La Primera guerra mundial de las palabras

    Colonias, no asentamientos

    AUTOR: Adib S. KAWAR أديب قعوار

    Traducido por Atenea Acevedo



    Esta es la imagen de la colonización

    La guerra de las palabras es de uso común dentro del movimiento sionista para justificar el robo de tierras y propiedades y hacerlo parecer como un acto legal. El sionismo juega con las palabras y, en lugar de usar la terminología o los vocablos que revelan los crímenes contra la humanidad de ayer y de hoy que se cometen en su nombre, recurre a eufemismos: para referirse a las viviendas construidas en tierras robadas usa la palabra “asentamientos”, no “colonias”, que es el vocablo correcto.

    Un pueblo autóctono se reproduce de manera natural y enfrenta la necesidad de construir más viviendas en su tierra, la tierra heredada de sus ancestros y a la que con todo derecho se considera propia. Se trata de un proceso natural de asentamiento y crecimiento poblacional en la propia tierra. No sería apropiado, en ningún sentido, referirse a esos asentamientos o poblados como colonias, ya que las colonias son las viviendas de los invasores extranjeros.

    Por su parte, los invasores extranjeros conquistan tierras ajenas con el objetivo de colonizarlas. Para ello esgrimirán cualquier justificación que se les ocurra. Pero el hecho es que levantan casas en tierras invadidas: desplazan al pueblo autóctono y lo reemplazan mediante la importación de su propio pueblo invasor, construyen colonias en tierras robadas a punta de fusil, sembrando el terror, algo que de ninguna manera puede relacionarse con la palabra “asentamientos”.

    Nosotros, la generación que nació y creció en Palestina, nuestra tierra, que vimos las oleadas de judíos sionistas llegar a colonizar nuestro suelo valiéndose de todo medio posible y con el apoyo de la ocupación británica, nunca confundimos las palabras. Siempre nos hemos referido a las viviendas que ahí levantaron y levantan como colonias ( musta3marat en árabe) y nunca escuchamos a nadie ni se nos ocurrió, desde luego, llamarlas “asentamientos” ( mustawtanat en árabe), término de uso popular hoy en día.


    Carlos Latuff para Palestine Think Tank


    La Primera guerra mundial de las palabras es una iniciativa de Palestine Think Tank y Tlaxcala.

    Los autores que deseen participar pueden enviar sus textos a contact@palestinethinktank.com y a tlaxcala@tlaxcala.es.

    Fuente: Colonies vs. Settlements

    Artículo original publicado el 7 de octubre de 2009

    Sobre el autor

    Adib S. Kawar y Atenea Acevedo son miembros de Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.

    URL de este artículo en Tlaxcala: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=8908&lg=es

  10. #10
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    Predeterminado Sobre el antisemitismo (1ra parte)

    Sobre el antisemitismo

    AUTOR: Nahida IZZAT

    Traducido por Victoria Blanco y Manuel Talens

    Aunque para muchas personas hablar de antisemitismo y acusar a alguien de antisemita es un asunto muy delicado, siento la necesidad de destacar algunos puntos:

    Como palestina y musulmana que ha sufrido el racismo en carne propia, tanto en el Reino Unido como en el territorio palestino ocupado, entiendo lo que significa vivirlo y, por lo tanto, me siento sumamente identificada con todos quienes sufren la amenaza del racismo y la discriminación, con quienes padecen abuso verbal, físico, emocional o de otro tipo sólo por el hecho de ser “diferentes”.

    También comprendo el horrible sentimiento y la terrible sensación de estar sometida a sutiles miradas o comentarios racistas que sólo yo percibo, no la gente a mi alrededor.

    Sin embargo, también advierto una enorme diferencia entre un comentario racista, dirigido a una persona o a un grupo por sus creencias, raza o lo que los vuelve diferentes, y un gruñido, un comentario despectivo o sarcástico en contra de una entidad ocupante criminal denominada “Israel” y su población a causa de sus CRÍMENES.

    Hay que saber distinguir entre la ira y la furia que, año tras año, han despertado décadas de crímenes espantosos, totalmente impunes, del ciego odio racista que aún pueda existir en una pequeña minoría, la cual, de todos modos y por propia naturaleza, odiaría lo que fuera y a cualquiera que fuese diferente.

    Además, esa entidad ocupante llamada Israel (una palabra que detesto pronunciar y suelo evitar) no es un ser teórico, ni funciona en el vacío; no es un concepto abstracto, pero tampoco un vacío conjetural.

    Es una entidad operada por GENTE.

    GENTE que toma decisiones.

    GENTE que elige políticos.

    GENTE que sirve EN SU TOTALIDAD a un ejército brutal.

    GENTE que fomenta creencias, actitudes y acciones racistas.

    GENTE que invadió la tierra de otros, los despojó, y ocupó dicha tierra por la fuerza.

    GENTE que encarcela niños y dispara a los corazones de bebés.

    GENTE que destruye el patrimonio mundial.

    GENTE que roba agua, tierra, mar y cielo.

    GENTE que mata la esperanza, la vida, la belleza y las sonrisas.

    GENTE que construye sus colonias sobre la sangre y las ruinas de otra gente.

    Es una entidad en la que el 94% de la GENTE votó a favor del ataque contra Gaza.

    Es una entidad en la que el 71% de la GENTE está deseosa de que USA ataque a Irán.

    http://www.haaretz.com/hasen/spages/860903.html

    Es una entidad de GENTE que no ha respetado a NINGUNO de sus países vecinos.

    Es una entidad de GENTE que vive en una tierra ROBADA desde hace más de seis décadas, sin mostrar signos de vergüenza, remordimiento, conciencia o deseo de admitir o reparar los daños que ha causado.

    Cualquier persona normal, con algo de compasión, expresaría una mueca de asco y repugnancia ante dicha entidad o dicha gente, capaz de cometer horrores tan viles.

    Por eso, me resulta difícil aceptar que una reacción así ante crímenes tan terribles –que cualquiera sentiría al escuchar los nombres Israel o israelí– sea un acto de racismo (antisemitismo).

    Por otra parte, nosotros los palestinos no tenemos ninguna responsabilidad en los crímenes del holocausto, ni tampoco somos responsables del racismo europeo contra el pueblo judío.

    Asimismo, tampoco veo diferencia alguna entre los distintos tipos de racismo, incluido el racismo dirigido contra los judíos, conocido como antisemitismo. Si aceptamos que el racismo contra las personas judías es diferente, entonces estaríamos aceptando el absurdo racista de la “excepcionalidad judía”. El racismo es racismo; con muchas causas, pero con las mismas consecuencias.

    Por lo tanto, no considero que el sufrimiento de los judíos (que fue realmente horrible) sea de un tipo exclusivo que deba ser venerado o visto como esencial o fundamentalmente distinto de cualquier otro sufrimiento; de la misma manera que no considero que nuestro sufrimiento, como palestinos, sea único o distinto de otro tipo de padecimientos.

    Se me agolpan las preguntas:

    ¿Por qué se nos recuerda constantemente a los palestinos los horrores del holocausto cuando no tuvimos nada que ver con él?

    ¿Por qué debemos sufrir los palestinos el mismo destino que las víctimas del holocausto a manos de aquellos que alardean mundialmente con la bandera del “nunca más”?

    ¿Por qué querría la ONU imponer el estudio de la historia de los opresores y los ocupantes (holocausto) a los niños que se consumen en campos de refugiados, a esos niños que, junto a sus padres y abuelos, han sido víctimas de una limpieza étnica planificada y ejecutada por esos mismos a quienes, supuestamente, deben comprender?

    ¿Por qué se nos relaciona constantemente con el antisemitismo, cuando durante sesenta años (en realidad un siglo) hemos sido víctimas incesantes del racismo más vil y maligno (una limpieza étnica que gradualmente se está convirtiendo en una especie de “solución final”), perpetrado por una población entera de sionistas racistas?

    (Con toda franqueza, a veces imagino que hubiera sido mucho más simple y menos doloroso si nos hubiesen asesinado de inmediato con gas en vez de sufrir esta política de insoportable muerte lenta que hemos estado padeciendo durante más de un siglo).

    ¿Cómo puede el mundo exigirnos que reconozcamos la “humanidad” de un colono que viene con su esposa e hijos armados hasta los dientes y, a punta de pistola, desaloja a una familia palestina, arroja afuera sus pertenencias y se instala en su casa?

    ¿Qué tipo de “humanidad” es esa?

    Y lo que es más importante, ¿por qué se nos pide con tanta insistencia que sintamos compasión por nuestros torturadores, que nos asesinan y humillan sin piedad, que intentan aniquilar a nuestra gente y nuestra historia? ¿Y por qué, con qué propósito, se nos pide que sintamos su “humanidad”, mientras que su cuchillo sigue clavado en nuestros corazones?

    Por último, no puedo hablar en nombre de todos los palestinos, pero sí en el mío, y debo admitir que los últimos acontecimientos en Gaza fueron la última gota que desbordó el vaso; antes solía pensar que aún había esperanza, que esa GENTE algún día tomaría conciencia de su “humanidad” y lamentaría el daño causado, pero lamento decir que, cuanto más veo de ellos, más me doy cuenta de que esta esperanza y este sueño son sólo una ilusión.

    He pasado los últimos años leyendo y debatiendo con muchos de esos sionistas “moderados” en los llamados “campos de la paz”, y lo único que he descubierto son grupos de personas arrogantes, incapaces de reconocer, de admitir o de querer rectificar los crímenes cometidos.

    Sólo les interesa la “paz” mientras les sirva para proteger sus intereses y para asegurar su posesión de la tierra robada.

    Además, hace muy poco tiempo y, por accidente, me topé con cierta información honorífica que revela la severidad del deterioro de la moralidad y la falta de humanidad entre esos sionistas RACISTAS (cuya intolerancia ideológica y chovinismo superan todo lo demás), que me sumió en un estado de shock durante días; llorando, temblando, asfixiándome con palpitaciones y sufriendo de graves ataques de pánico. Espero y rezo para que un día no muy lejano sea capaz de escribir sobre la terrible realidad que me causó tanta angustia y aflicción, que conmocionó mis principios y traumatizó mi esencia.

    Sin lugar a dudas, la comunidad mundial debería dejar a las víctimas la decisión sobre la manera en que esos criminales serán tratados en el futuro. Sólo las víctimas pueden atravesar los senderos del perdón y del castigo. Las víctimas deberían tener la última palabra, con independencia de cuál sea su juicio, no deberían ser vilipendiadas, acusadas o juzgadas moralmente, puesto que ya han sufrido suficiente.

    El perdón y la reconciliación requieren ciertas condiciones:

    1) Detener los crímenes,

    2) admitir la culpa,

    3) pedir perdón, y

    4) reparar el daño causado.

    Ninguna de estas condiciones se considera una opción en esa poderosa sociedad racista y enferma.

    En lo que a mí respecta, no poseo autoridad alguna para hablar en nombre de todos los palestinos, pero puedo decir con toda franqueza que NO deseo que los asesinos sionistas, aquellos que estuvieron involucrados de manera directa o indirecta en las masacres, el robo de la tierra, el sometimiento y la opresión, permanezcan en Palestina después de su liberación del ocupante. Excepto, desde luego, por aquellas pocas personas buenas que hay entre ellos, ya que ningún alma debe cargar con la responsabilidad de otra, no deseo que los racistas criminales, ocupantes e invasores permanezcan en Palestina, la tierra que han violado, destruido y maltratado sin cesar, y tampoco deseo que sean mis vecinos.

    No han mostrado respeto alguno, ni gratitud ni amor por esta tierra o su gente.

    No merecen vivir allí.

    Pero estos sentimientos son sólo míos, y sé que no he de ser yo quien tome la decisión.

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