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Tema: Discurso sobre la esencia del amor I

  1. #1
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    Predeterminado Discurso sobre la esencia del amor I

    El amor, Dios te honre, empieza de burlas y acaba en veras, y son sus sentidos tan sutiles, en razón de su sublimidad, que no pueden ser declarados, ni puede entenderse su esencia tras un largo empeño.
    No está reprobado por la fe ni vedado en la santa Ley, por cuanto los corazones se hallan en manos de Dios Honrado y Poderoso, y buena prueba de ello es que, entre los amantes, se cuentan no pocos bien guiados califas y rectos imanes.

    En nuestra tierra de al-Andalus tenemos, entre ellos, a Abd al Rahman ibn Mu’awiya, enamorado de Da’acha’; a al-Hakam ibn Hixam; a Abd al-Rahman ibn al-Hakam, cuya pasión por Tarub, madre de su hijo ‘Abd Allah, es más clara que el sol, a Muhammada ibn ‘Abd al Rahman, cuyas relaciones con Gizlan (madre de sus hijos Utzman, al-Qasim y al-Mutarrif) son harto conocidas; y a al-Hakam al Mustansir, cegado por el amor de Subh (madre de Hixam al-Mu’ayyad bi-llah, ¡Dios esté satisfecho de él y de todos ellos!) hasta el punto de que no paraba atención en los hijos que tenía de otras mujeres, sin contar tantos otros casos parecidos. De no ser porque los musulmanes venimos obligados a respetar los derechos de los príncipes y no debemos dar otras noticias suyas que aquellas en que se habla de su firmeza y de sus trabajos en pro de la religión, y aquí se trata solo de cosas que acaecen en el recato de sus alcázares y en el seno de sus familias, de las que no conviene referir nada, citaría no pocas historias, en que ellos figuran, atinentes a nuestro tema.

    Los personajes principales y pilares de sus reinos, que andan entre los amantes, tantos son, que no podrían contarse.

    El caso más reciente es el que no hace mucho vimos, cuando al-Muzaffar, ‘Abd al Malik, ibn Abi Amir, se encaprichó de tal suerte con Wachid, la hija de un jardinero, que llegó a tomarla en matrimonio, y esta mujer fue la que, luego de la ruina de los ‘Amiríes, casón con el visir ‘Abd Allah ibn Maslama y, más tarde, cuando este fue asesinado, con un caudillo bereber.

    Cosa parecida es la que me contó Abu-l-Ays ibn Maymun al-Qurasi al-Husayni, y es que Nizar ibn Ma’add, señor de Egipto, por complacer a una esclava a la que localmente amaba, no vio a su hijo al-Mansur ibn Nizar, el que había de heredar el trono y arrogarse la divinidad, sino bastante después de su nacimiento, y eso que no tenía otro hijo varón, ni quién heredara el reino, ni perpetuara su memoria, más que él.

    Entre los hombres piadosos y alfaquíes de otros tiempos y de pasadas épocas hubo asimismo muchos amantes; pero los propios versos que compusieron nos relevan de citar sus historias. Así, por ejemplo, han llegado a nosotros noticias bastantes sobre la vida y las poesías de Ubayd Allah ibn Abd Allah ibn Utba ibn Mas’ud, uno de los siete alfaquíes de Medina. Tenemos también una respuesta jurídica de Ibn Abbas ¡Dios esté satisfecho de él!, que nos llena las medidas y que dice así: “Este es un muerto de amor y, por consiguiente, no hay precio de sangre ni talión”.

    Difieren entre sí las gentes sobre la naturaleza del amor y hablan y no acaban sobre ella. Mi parecer es que consiste en la unión entre partes de almas que, en este mundo creado, andan divididas, en relación a como primero eran en su elevada esencia; perno no en el sentido en que lo afirma Muhammad ibn Dawud (Dios se apiade de él) cuando, respaldándose en la opinión de cierto filósofo, dice que “son las almas esferas partidas”, sino en el sentido de la mutua relación que sus potencias tuvieron en la morada de su altísimo mundo y de la vecindad que ahora tienen en la forma de su actual composición.

    Sabemos todos que el secreto de la atracción o del desvío entre las cosas creadas está en la afinidad o repulsión que hay entre ellas, porque cada cosa busca siempre a su semejante, lo afín sólo en su afín sosiega, y esta comunidad de especie ejerce una acción que los sentidos perciben y una influencia que salta a la vista. La mutua antipatía entre los contrarios, la mutua simpatía entre los iguales, el ímpetu que enlaza a las cosas parejas entre sí, son cosas que hallamos bien patentes en nuestro mundo.

    Pues, siendo esto así, ¿qué no ocurrirá con el alma cuyo mundo es purísimo y etéreo, cuya equilibrada esencia tiende a lo alto, y cuya sustancia está presta a percibir la afinidad y la inclinación, el deseo y la aversión, el apetito y la repulsión?. Bien sabido es, en efecto, que así pasa todo eso a nuestros ojos en todos aquellos estados en que el hombre se desenvuelve y vive.

    Dios Honrado y Poderosos dice: “El es quién os creó de una sola alma, de la cual creó también a su compañera para que conviviera con el”. Por consiguiente, dispuso que la razón de su convivencia fuera el que Eva procedía de la misma alma que Adán.

    Si la causa del amor fuese no más que la belleza de la figura corporal, fuerza sería conceder que el que tuviera cualquier tacha en su figura no sería amado, y, por el contrario, a menudo vemos que hay quien prefiere alguien de inferior belleza con respecto a otros cuya superioridad reconoce, y que, sin embargo, no puede apartar de él su corazón. Y si dicha causa consistiese en la conformidad de los caracteres, no amaría el hombre a quién no le es propicio ni con él se concierta. Reconocemos, por tanto, que el amor es algo que radica en la misma esencia del alma.

    El amor, no obstante, tiene a menudo una causa determinada y desaparece cuando esta causa se extingue, pues quien te ama por algo te desama si ese algo se acaba. Acerca de esto yo he dicho:

    Mi amor por ti, que es eterno por su propia esencia,
    ha llegado a su apogeo, y no puede ni menguar ni crecer.
    No tiene más causa ni motivo que la voluntad de amar.
    ¡Dios me libre de que nadie le conozca otro!
    Cuando vemos que una cosa tiene su causa en sí misma,
    goza de una existencia que no se extingue jamás;
    pero si la tiene en algo distinto,
    cesará cuando cese la causa de que depende.

  2. #2
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    10 abr, 09
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    Predeterminado salam Hawah Hussain

    gracias personalmente x tu relato,pues he llegado ha creer k no hay musulman k se enamore;k todos piensan k es un contrato y k el amor es un segundo plano o un pacto
    y si alguno se enamora no tiene redaños para tirar adelante dure lo k dios diga,pueden mas otras cosas
    con tu explicacion llego a la conclusion k yo si me he enamorado, él no de mi y doi gracias x su camino
    tambien es una esperanza,pues perdon pero hay muslmanes k son capaces de hacer x amor,bien o mal,solo sabe dios.
    no pretendo ofender a ningun hombre del foro pues hay alguno al k le tengo aprecio precisamente x lo k dicen aman a su esposa

  3. #3
    Fecha de Ingreso
    07 oct, 08
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    Predeterminado

    Parvane entre los musulmanes antiguos, los primeros , existen grandes historias de amor, al menos antes si se enamoraban y si le daban importancia a esto bastante, este escrito no es mio y pertenece a la historia de Al- Andalus pero si repasas la historia veras que se dieron grandisimas historias de amor, lastima que esto tambien se haya perdido y ahora se haya materializado mas todo, al fin y al cabo los primeros musulmanes pensaban que el amor tambien les acercaba a Dios, ( el matrimonio es la mitad del Din)

    En fin para muchas cosas los primeros musulmanes fueron infinitamente mejores en todo.

    Este escrito continua si te interesa dimelo y busco la fuente para darte mas informacion.


    Un saludo,

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