Salam,
Llevo escribiendo el discurso que sigue dos horas, me disculparéis la longitud
pero no quería dejarme nada en el tintero. Lo dividiré en dos o tres partes, según me deje la "cajita" de los mensajes.
Un saludo.
Legalizar las drogas no garantiza que el estado vaya a proveer sin más a los adictos, se convertiría finalmente en un monopolio, como casi todo, aumentaría el precio según antojo privado, mezclando porquerías para ser vendidas, eso sí de forma legal, causando más dependencia y enfermedades de las que la propia droga genera. No se garantiza por tanto que el producto sea de buena calidad... a la vista está que la comida y la bebida que nos vende el estado tiene componentes desastrosos para el cuerpo humano (hormonas, pesticidas, colorantes...), así que garantizar buena calidad, precio asequible y cantidad suficiente no es a lo que acostumbra el gobierno de turno y confiar en ello es un acto de ingenuidad.
Como no podemos acabar con las drogas, pues las legalizamos, me parece un argumento de una ligereza descomunal y una superficialidad apabullante. Donde hay drogas hay violencia, así que se pide así por las buenas que se legalice la violencia, los que están a favor de la legalización, abogan a su vez, (aun de buena fe), por que la violencia campe a sus anchas en las calles, los hogares, las universidades etc y por la destrucción sin cortapisas de las familias y la sociedad entera.
Así pues considero que quien pide la legalización participa en el engranaje de la máquina del horror, fomentando y alimentando al monstruo que devora la mente y la conciencia de los drogadictos, destruye familias y sociedades enteras y pide que el mundo feliz ideado por el agente Huxley se convierta en realidad. Un mundo donde el estado provee de soma a la población para mantenerla estúpidamente controlada.
Por otra parte, al estar permitido por ley el consumo, los crios pensarán que no es tan malo y destructivo y se dirigirán hacia la esclavitud contentos y felices porque como es legal, es bueno.
Sí, llegamos al punto culminante, todo lo que está legalizado por el estado es bueno y moralmente asumible.
Las familias ya pueden estar tranquilas viendo como se destruyen legalmente eso sí, alguno o todos sus miembros. Será más barato (¿seguro?), no tendrán que esconderse, pueden chutarse delante de los niños porque es legal. Se podrá esnifar coca en una merienda campestre tranquilamente, en las fiestas infantiles podemos poner para los adultos claro, varias fuentes con drogas de diseño de varios colores, que hace más bonito, mientras les explicamos a los chavalines los efectos y en una boda se ofrece con el café y tarta varios kilos legales de heroina junto con jeringas para el que quiera darse un chute legal.
En fin, los adictos no necesitan que se legalice su infierno, aunque para ellos sea lo más cómodo y lo que desearían, pero su percepción está destrozada y lo que necesitan es poder escapar de su cárcel, al tiempo que debemos impedir que la juventud sucesiva no tenga que ingresar en ese infierno ni ser potenciales esclavos de una élite, sino que puedan tener la ocasión, aptitud y actitud para acabar con ella. Si se legalizan todas las drogas estamos normalizando y naturalizando el consumo de productos tóxicos. Para eso, que se beban dos litros de lejía y acabamos antes.
¿Garantiza la legalización que los narcotraficantes la asuman sin más y dejen de conseguir sus enormes beneficios desmontando el chiringuito y dedicándose a crear empleo en fábricas? No, simplemente pasarán a ser organizaciones y corporaciones legales, como cuando se abolió ese problema creado por los que gobiernan de verdad, llamada ley seca, los delincuentes pasaron a ser ciudadanos legales con todo el poder que habían acumulado, pero eso es aceptable porque es el estado el que decide lo que es legal y lo que no, mejor dicho quien gobierna a los gobiernos, puesto que éstos son simplemente los ejecutores, osea los sicarios.
Continúa...
-No me preocupa lo que los demás piensen de mí, me preocupa lo que yo pienso de los demás.
-Cada acierto nos trae un enemigo. Para ser popular hay que ser mediocre.
-Cuando la gente está de acuerdo conmigo siempre siento que debo de estar equivocado.