El eco de la música del Bien Amado
me llega en el latido de la guitarra
en el repique de las castañuelas
en los pies que taconean al ritmo mismo de la vida
en la voz que resuena melancólica de nostalgia
por el paraíso interior.
Las figuras de los bailadores
repiten la danza primordial de la creación divina:
Adán y Eva en la aurora del tiempo humano.
Los estoy viendo
pero de súbito el baile y la música cesa:
me han precipitado muy lejos,
a salvo de las zozobras de esta prisión corpórea.
Que siga la música, que siga el canto, que siga el baile:
quisiera romper mis grilletes
y quedar libre al fin
de la cadena de la existencia separadora.
Quisiera ser arrebatado en las alas de este ritmo primordial
al momento aquel en el que aún era,
y sin embargo moraba ya junto al Amado
el Bien Amado con quien hice un pacto preternatural
y cuya alianza me evoca ahora el sortilegio del arte
de estos cantantes/danzantes del Sacro Monte.
Su candencia me coloca al margen del devenir
y me devuelve al Ahora Eterno,
al instante supremo que unifica
el cuándo y el dónde
el pasado y el futuro.
Regreso al Origen Último de este ritmo cósmico.
reflejado
repetido
y representado
en el arte intemporal del flamenco.
Madrid, España
23 de Agosto de 1991.

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